La Primera Herida

Frodo quedó pensativo y finalmente se propuso una meta; conquistarla. Buscó de entre sus libros y escogió uno sobre la historia de amor de un hombre y una elfa, Beren y Lúthien se llamaban. Su tío la había escuchado de boca de Elrond el Medio Elfo, señor de Rivendel y la había escrito tal y como la había oído. En ella, la doncella elfa Lúthien abandonó su inmortalidad élfica por amor a Beren y su destino final fue morir como los humanos. Era la historia de amor favorita de Frodo y pensó que así ganaría un punto a su favor en su lucha por conquistar a Manzana.

 

Frodo fue al día siguiente a buscar a Manzana y la encontró tirada en el césped leyendo. Sus cabellos resplandecían al sol y él no pudo evitar quedarse quieto a contemplarla. Entonces ella se dio cuenta de su presencia y le llamó. Estuvieron paseando un rato, charlando y riendo, contándose cosas. Y los dos no podían evitar sentirse a gusto el uno con el otro. Se sentaron bajo un árbol y continuaron conversando hasta que fueron interrumpidos por Hugo, que se llevó rápidamente a Manzana. Pero antes de marcharse se acercó a Frodo y con el semblante muy serio dijo:

– No vuelvas a acercarte a mi prometida porque ella ya tiene con quién pasear.

Frodo se mantuvo pensativo porque ganarse el amor de Manzana iba a resultar muy difícil. “No creas que te saldrás con la tuya” pensó finalmente mientras les veía alejarse y discutir.

 

Pasaron varios días en los cuáles Frodo apenas vio a Manzana. “Hola” y “Adiós” eran las únicas palabras que se habían intercambiado. Pero cuando Frodo ya casi había perdido las esperanzas, Manzana apareció ante su puerta.

– Hola Frodo, antes de nada quiero disculparme por la conducta de Hugo, verás a él no le gusta que me acerque a otros chicos.

– Ya he podido notar que ese te tiene bastante anulada – se le escapó a Frodo –

Lo que Frodo había dicho le dolió a Manzana, que se limitó a agachar la cabeza. Al cabo de un momento volvió a levantarla y con voz firme dijo:

– No he venido aquí para hablar de mi novio, es más Hugo se ha marchado a los Gamos a trabajar y havia pensado en que me acompañaras al Dragón Verde a la fiesta de cumpleaños de Rosita.

– Claro – dijo Frodo casi sin pensárselo – Me encantaría

– Pues date prisa entonces, que llegaremos tarde – dijo ella muy contenta –

Frodo se disponía a ir a su habitación para arreglarse cuando Manzana le cogió del brazo:

– Por cierto, la historia de Beren y Lúthien es preciosa, muchas gracias por dejármela – dijo ella tiernamente mientras le devolvía el librito –

 

Aquella noche fue memorable. La fiesta fue muy divertida aunque Sam, el mejor amigo de Frodo, que estaba enamorado de Rosita no se atrevió a declarase. Aquella situación hacia mucha gracia a Frodo, aunque él sabía que Sam lo haría, pero en un fecha sin concretar. Manzana y Frodo se sentían muy a gusto en compañía de sus amigos, como una pareja más. Al terminar la fiesta, Manzana acompañó a Frodo hasta su casa y allí pararon:

– Me lo he pasado muy bien – puntualizó Manzana –

– Yo también, sobretodo porque estabas tú – dijo sinceramente Frodo

– Frodo, no me hagas esto, voy a casarme y tu me estás nublando el juicio – dijo temerosa Manzana –

– Si lo hago es porque me gustas y porque… sé que te gusto

– Frodo, yo…

Pero antes de que Manzana digiera algo Frodo se acercó súbitamente a ella y la besó tiernamente a la luz de la luna

– Debo marcharme – dijo Manzana y se desvaneció en la noche –

 

Pero aquel beso no había sido en vano y a ese encuentro se le unieron varios más. Cierto día, un mes y medio después, Frodo y Manzana caminaban por el bosque y empezaron a juguetear y a correr. Frodo cayó y fingió que se había lastimado, esperando a que Manzana corriera hacia allá. Ella lo hizo y al mirar como se encontraba Frodo, él la sujetó y la tiró a ella también. Revolcándose entre la hierba no paraban de reír, cuando de pronto a Manzana se le escapó su más profundo pensamiento:

– Te quiero

– ¿Qué has dicho?

Manzana se sentó, pues había pensado en voz alta y ella no podía amar a Frodo si iba a casarse con otro hobbit.

– Frodo olvida lo que he dicho, solo a sido un arrebato sin importancia

– No, no ha sido un arrebato, es lo que sientes. Oh Manzana! Si me quieres no te cases por favor!

– No quiero hablar de esto ahora

– No hablemos pues, pero una cosa si quiero, déjate llevar y bésame como nunca me has besado

 

Manzana le miró fijamente a sus bellos ojos azules y dejándose llevar por la pasión del momento besó apasionadamente a Frodo. Poco a poco se fueron quitando la ropa. Desnudos y solos, fundieron sus cuerpos en uno e hicieron el amor de la manera más dulce. Ya no había marcha atrás porque sus sentimientos se habían desatado.

 

Como ese encuentro se repitieron miles durante todo lo que quedó de primavera y verano. Durante todo aquel tiempo habían llevado su relación de forma muy discreta y solo Bilbo, Sam y Rosita la conocían y hacían de celestinos para que la pareja se encontrase. Pero el otoño llegó y con él Hugo. Manzana y Hugo se habían carteado durante aquellos meses y ahora él había ganado por fin el dinero suficiente para pagar los costes de la boda y comprar una casa, lo cual implicaba que se encaminaba peligrosamente hacia Hobbiton. Fue así como el tiempo de los amantes iba a acabar a menos que… se anulase la boda. Manzana pensó seriamente en eso y decidió que era lo mejor, aunque temía la reacción de su familia y de Hugo, que la quería a pesar de todo.

 

Al atardecer, fue a buscar a Frodo. La pareja dio un paseo y se acomodaron en las rocas de una pequeña cascada. En aquel momento Manzana se dispuso a contarle su decisión: