La Primera Herida

– Frodo, he estado pensando seriamente en lo nuestro y creo que nuestra relación debe tomar un nuevo rumbo – dijo seriamente Manzana –

– No te entiendo Manzana, a que te refieres? – preguntó Frodo un tanto extrañado –

– Me refiero a que pronto vendrá Hugo y yo he tomado una decisión: quiero estar contigo Frodo, no con Hugo y si tu me aceptas en tu casa, me marcharé allí en cuanto pueda.

– ¡Manzana! – exclamó felizmente Frodo – Con esa decisión me haces el hobbit más feliz del mundo. Oh cariño!! Nos casaremos y seremos la pareja más aventurera de la Comarca.

– Eso es lo que pretendo – dijo Manzana con una sonrisa pícara entre los labios

Y allí se besaron apasionadamente bajo un manto de estrellas. Aquella sería la última vez que la pareja haría el amor por que algo terrible pronto sucedería.

 

Manzana se lo hizo saber a su madre, que no pareció sentarle bien la noticia. A Azucena nunca le había caído bien ni Bilbo ni Frodo, aunque eran parientes suyos porque ella era una Bolsón y por lo tanto prima de Bilbo. Tomó aire y pese a sus quejas iniciales, acabó diciéndole a su hija que hiciera lo que creyera correcto si bien en realidad se oponía a su decisión. Azucena no estaba dispuesta a que su hija malgastara su tiempo con Frodo, que según ella no tenia ningún plan de futuro, ni seriedad, ni madurez. Azucena pensó en una forma de separar a Frodo de Manzana y dio con la correcta, bastaría con una sola visita y ya no volverían a estar juntos jamás.

 

Azucena llegó a Bolsón Cerrado y tras entrar se dispuso a hablar con Frodo

– Sé que estás enamorado de mi hija y su corazón se inclina por el tuyo – dijo ella en tono grave – pero también sé que junto a ti mi hija no tiene ningún tipo de futuro y que lo que ella necesita es un hombre trabajador que la mantenga y la acostumbre a una vida familiar y tu no harás eso con mi niña.

– Señora Tallabuena con todo mi debido respeto creo que está menospreciando el amor que nos tenemos su hija y yo – dijo Frodo seriamente –

– Frodo, mírate por favor, no tienes ni casa ni fortuna propia, por no decir que tus ideales no están de acuerdo con los de una familia normal – tomó un suspiró y continuó – debes dejar a mi hija en paz y que siga su camino, así que por favor líbrala de sus fantasías románticas.

– Pero señora yo la quiero! Y me gustaría pasar mi vida con ella – dijo Frodo angustiado, tratando de defenderse lo mejor que podía –

– Lo sé, pero también debes pensar en lo que dirá la gente. Así que por favor piénsalo, porque una cosa que te dejaré bien claro es que en mi familia bien recibido no serás.

De esta forma terminó la discusión y no volvieron a hablar más.

 

Frodo estuvo pensando largamente y pese amar con todo su corazón a Manzana, decidió que lo mejor era… que ella se casara con Hugo. Por ella, por su familia, por la gente, Frodo iba a renunciar al amor de su vida. Él sabía que si seguía el dictado de su corazón el escándalo que se produciría sería muy grande.

 

Así pues se encaminó hacia la casa de Manzana y pidió verla. Juntos pasearon un rato en silencio hasta que Manzana rompió el hielo:

– Qué te ocurre Frodo? Te noto extraño

– He estado pensando Manzana – dijo fríamente – y he decidido que ya es hora de acabar con este capricho

– ¿Capricho? – dijo extrañada Manzana – ¿Crees que lo nuestro es un capricho?

– Sí y debe acabar ya, tu debes volver a tu mundo y casarte con tu prometido y yo debo volver al mío.

– No puedo creer lo que me dices, yo pensaba que tu y yo nos casaríamos, como acordamos aquel día – dijo ella muy angustiada –

– Lo sé, pero Manzana ambos sabemos que es una locura que solo puede acabar mal.

– No te entiendo Frodo, si no me das un motivo no lo haré

– Manzana yo no tengo mas que ofrecerte que mi amor y ni siquiera eso es suficiente, necesitas a un hobbit que te cuide y te ofrezca más y yo eso no puedo dártelo. Además – y tomó aire – en el fondo no me quieres realmente, solo he sido una ilusión, una fantasía, nada más.

– Entiendo – dijo ella mientras se secaba las lágrimas – Adiós Frodo, yo nunca te olvidaré aunque tu si tengas prisas por hacerlo.

Y con esta última palabra se acercó a Frodo, le dio un tímido beso y se marchó.

 

Al llegar a casa Frodo se encerró en la habitación y no quiso salir más. Durante aquel fin de semana y mientras Manzana se reencontraba con su novio y preparaba el equipaje, Frodo no salió, apenas ni comió. Tenia mal de amores.

 

Manzana llegó al agujero hobbit que havia comprado Hugo en los Gamos y se sentó. De pronto se encontró con lo que iba ser su futuro allí, como una esposa esclava cuidando de los niños y preparando la cena justo a tiempo para que llegara Hugo. No le gustó. Ella sabía que Frodo no era así, que era especial, pero que era su hobbit ideal. Pensó y decidió que no podía casarse con ese hobbit. Ese destino no era el suyo, ni mucho menos el que deseaba. De algún modo sospechaba que su madre había movido algún hilo para separarla de Frodo y eso ella no podía consentirlo.

 

Acercándose a Hugo, se sentó junto a él y le dijo:

– Hugo, llevamos tiempo juntos y se que lo ideal es que formalicemos nuestra relación y nos casemos, pero yo no puedo hacerlo.

– ¿Por qué? No lo entiendo Manzana

– Verás, resulta que me he enamorado de otro

– ¡Queeé! – gritó Hugo – resulta que yo me he esforzado todo este tiempo para que tengamos una boda y una casa decente y tu te estás acostando con otro!

– Hugo, tranquilízate, sé que llevas razón, pero es que no puedo estar contigo