– Entonces si es eso lo que quieres no te importara que te pida que te marches
– ¿Qué me marche? Hugo tu has visto el mal tiempo que hace?
– Y que mas da, tu ya no eres nada mío y no tengo porque albergarte, así que fuera de aquí ahora mismo! – gritó fuertemente Hugo, si bien parecía que iba a reventar de la furia que tenia –
Manzana cogió sus cosas y salió rápidamente de la casa.
Durante el camino le cayó una fuerte tormenta y pasó la noche entera a la intemperie bajo un árbol. Durante el día consiguió que un hobbit la llevara en su carro junto a un montón de paja y al anochecer llegó a Hobbiton, pero sentía muy mal y tenía mucha fiebre. Como pudo llegó a Bolsón Cerrado y tocó a la puerta. Nada más abrir la puerta Bilbo, Manzana se desmayó. Bilbo llamó rápidamente a Frodo y este la llevó a una habitación de invitados y la acostó.
Manzana sudaba mucho. Estaba muy caliente porque la fiebre era muy alta. Tosía fuertemente. Deliraba. Frodo y Bilbo intentaron bajar la fiebre pero no lo consiguieron. Los síntomas parecían indicar una pulmonía en avanzado estado. Frodo lloraba porque la mujer de su vida parecía apagarse y quiso avisar a los Tallabuena, pero Manzana le pidió que no lo hiciera. No le apetecía verles. Su última voluntad era pasar sus últimos momentos junto a Frodo. Y así se hizo.
Juntos en aquella habitación Manzana le pidió su último deseo a su amado Frodo.
– Frodo no me queda mucho tiempo, por favor llévame al lago dónde solíamos jugar de niños y déjame contemplar por última vez el amanecer – dijo mientras una lágrima resbaló por su bello rostro –
– No Manzana, no te despidas. Te pondrás bien, aguanta lo que queda de noche y avisaremos al médico por la mañana. No puedes morir cariño, no sería justo.
– Nada en esta vida es justo, Frodo.
– Pero Manzana yo no sé vivir sin ti. Te quiero.
– Tranquilo, mi amor, con el tiempo aprenderás. Llévame al lago… – dijo con una voz cada vez más tenue –
Frodo asintió con la cabeza y sacó a Manzana de la cama. En brazos la llevó al lago, que quedaba relativamente cerca de Bolsón Cerrado y allí se sentó con ella y abrazados esperaron el amanecer.
Con el primer rayo de luz, Manzana, que notaba como se apagaba su aliento, agarró la mano de Frodo fuertemente y en sus últimos momentos, dijo:
– Frodo, amor mío, prométeme que vivirás todas esas aventuras por mi y que aunque no logres salvar mi vida, lograrás salvar las de muchos más. Ahora más que nunca tienes que ser fuerte.
– Pero como voy a hacer eso Manzana, sin ti no podré cariño – dijo Frodo entre sollozos, acariciándola –
– Claro que podrás. Sigue viviendo por mi y por ti, prométemelo.
Y con esas últimas palabras, expiró. Su mano, que tan fuertemente había sujetado la de Frodo durante aquel momento, se soltó. Y él destrozado, lloró amargamente a su amada. No podía, ni tenía fuerzas para moverse de allí.
Bilbo avisó a la familia. Manzana había muerto de una pulmonía en estado grave y no pudo hacerse nada por ella. Tan joven, tan bella y ya estaba muerta. En la flor de la vida se había marchado. Un noviembre se la llevó. La noticia de su muerte conmocionó a Hobbiton y los alrededores. Todos lloraron la pérdida de Manzana, pero nadie, ni siquiera su propia familia, la sintió más que Frodo Bolsón, su amante y el amor de su vida.
Durante las primeras semanas tras su muerte todo el mundo estaba triste, pero poco a poco la alegría volvió a la aldea porque a fin de cuentas los hobbits intentaban llevar consigo los buenos recuerdos de la persona fallecida y no los malos. El matrimonio Tallabuena alivió sus penas junto a la única hija que les quedaba y sus nietos. Hugo no tardó en buscarle una sustituta y en poco tiempo se casó con otra hobbit; Donnamira Tuk. La normalidad había vuelto a Hobbiton.
Pero Frodo no lo superó tan pronto. Delante de la tumba de su amada muerta, hizo una promesa que mantuvo hasta el fin de sus días: No enamorarse nunca más. Para él, la idea de que otra mujer ocupara el lugar que había dejado su Manzana era impensable. Jamás volvería a amar a una mujer de esa forma. Estaba muy triste, aunque al final, con la ayuda de su tío y de sus amigos, y sobretodo recordando la promesa que le hizo a Manzana, también acabó superándolo y la sonrisa volvió a su rostro. Nunca más volvió a hablar del tema, aunque tampoco lo olvidó, porque esa fue la primera de las muchas heridas que recibiría su corazón más adelante y la causante de que en su vida ya no hubiese más amor.
NOTA DE LA AUTORA:
De los hobbits siempre nos vienen relatos que nos hablan de su alegría, de sus gustos, y de cómo ven ellos la vida. El amor es para ellos un sentimiento inocente ya que los hobbits cuando escogen a alguien, su amor es para toda la vida y eso es algo que nuestro querido profesor Tolkien nos dejó claro.
Pensando como adaptar una historia de amor a los hobbits me di cuenta que ellos son los seres más tradicionales que en cuanto asuntos del corazón. Así que decidí que mi historia se centraría en un hobbit diferente a los demás; Frodo Bolsón. Si Frodo se enamoró es un misterio, pero si lo hizo, seguro que fue algo especial y con alguien especial. De esta forma su historia sería, como él, fuera de lo común.