Hay un párrafo en un texto de Tolkien que explica cómo ven los Elfos la diferencia entre el amor de Hombres y Elfos por la tierra:
¿Cómo explicarlo? Para mí la diferencia es similar a la que hay entre el que visita un país extranjero y habita allí un tiempo (aunque no lo necesita) y el que ha vivido en esa tierra siempre (y debe hacerlo). Para el primero, todas las cosas que ve le parecen nuevas y asombrosas y por ello dignas de amor. Al otro todo le es familiar, lo único que realmente existe para él, sus cosas, y por ello le son preciosas. (Athrabeth Finrod Ah Andreth)
El hecho de que los Hombres teman a la Muerte en la obra de Tolkien es debido a que Morgoth (el primer Señor Oscuro) arrojó su sombra sobre ella e hizo surgir este miedo en sus corazones. A causa de esto no comprendieron el don que Ilúvatar les había otorgado, y un gran terror llegó a inspirar la Muerte y sintieron el deseo de escapar de esta, pues llegaron a considerarla una condena antes que un don.
El “miedo a la muerte” y el deseo por parte de los Hombres de escapar de ésta y alcanzar la Inmortalidad acabó provocando la caída de Númenor. Esto lo explicaré más adelante, pues a mi entender tiene una gran similitud con lo que acontece hoy día en relación a la muerte en muchos casos.
Como ya dije antes, incluso los Inmortales Elfos ven en la Muerte un don, pues los Hombres no están atados a los Círculos del Mundo. Esto lo expresa Tolkien en algún comentario suyo. Dice que los Elfos están “condenados” a quedarse y a presenciar el rápido cambio y deterioro de todo lo que aman, lo cual les llena de tristeza.
“Cierto. Pero no está claro que un destino vaticinado y largamente retrasado sea en modo alguno una carga menos pesada que el que llega pronto” (Athrabeth Finrod Ah Andreth)
En este extraño destino de los Hombres los Elfos ven la mano de Ilúvatar. A los hombres les llaman los “forasteros”, no proceden de Arda y no se quedan en ella. Los sabios de entre los Elfos han debatido mucho esto.
“¿Sabes que los Eldar dicen de los Hombres que no miran a las cosas por sí mismas; que si estudian algo, es para descubrir algo más; que si la aman es sólo (parece) porque les recuerda a algo más precioso? Entonces, ¿con qué comparan? ¿Dónde están esas otras cosas? Nosotros, tanto Elfos como Hombres, estamos en Arda y somos de Arda, y el conocimiento que los Hombres tienen procede de Arda (o así parece). ¿De dónde entonces viene esa memoria que tenéis antes incluso de que empecéis a aprender? No es de otras regiones en Arda por las que halláis viajado. Porque si tú y yo fuéramos juntos a vuestro antiguo hogar, lejos al Este, reconocería las cosas de allí como parte de mi hogar, mientras que vería en tus ojos el mismo asombro y comparación que veo en los Hombres de Beleriand que han nacido aquí.” (Athrabeth Finrod Ah Andreth)
Los Elfos están atados al mundo para siempre, con él crecerán y envejecerán. La carga de los años incontables, de tantos dolores y muertes, no se les borrará jamás. De tal forma que llegarán a desear la Muerte, ese don que los Hombres temen y repudian.
Los Hombres no son capaces de entender lo maravilloso de su Mortalidad, gracias a la cual pueden abandonar el mundo tras haber vivido en él un lapso mayor o menor de tiempo. Los Hombres, no sufrirán por tanto el dolor de ver el envejecimiento, la decadencia del mundo, la muerte de tantas cosas bellas, embellecidas aun más por el recuerdo de su formación y crecimiento para los Elfos, y por tanto, más dolorosa su perdida. La Mortalidad es un don, lo mires por donde lo mires. La Inmortalidad permite a los Elfos acrecentar su saber y su habilidad, pero no les permite ese descanso que a los Hombres se les concede, y que tarde o temprano, los Elfos quizá llegarían a envidiar.
El don de los Númenóreanos.
Númenor fue una gran isla creada por los Valar al inicio de la Segunda Edad, luego de la derrota de Morgoth, para que allí habitaran aquellos Hombres que habían luchado contra la Sombra. Estaba situada en el mar que separa Valinor de la Tierra Media, aunque más cerca de Valinor que de ésta.
A los Númenóreanos se les concedieron grandes dones por su ayuda y sufrimiento en las guerras con Morgoth. De estos dones destacamos dos: una vida hasta tres veces más larga que la de los Hombres corrientes, y la posibilidad de abandonarla voluntariamente cuando sintieran que sus fuerzas menguaban, evitando así la decrepitud.
Este último es el gran don de los Númenóreanos, el poder abandonar la vida de buen grado llegado el momento. De ningún modo es un “suicidio”, como podría considerarse, ya que lo hacen en paz y si no dejan voluntariamente el mundo pronto tendrían que dejarlo a la fuerza, vencidos por la edad, e incluso habiendo perdido el juicio.
Se puede confundir esto último con un suicidio, pero no tienen nada que ver. Las diferencias las analizaré un poco más adelante cuando exponga el caso particular de Aragorn.
Sin embargo seguían siendo Hombres Mortales. Y llegó un tiempo en el que empezaron a envidiar la Inmortalidad de los Elfos, quienes les visitaban a menudo. A partir de estos días se incrementó el miedo a la muerte, y el deseo de escapar de ella. Se construían casas para los muertos más espléndidas que las de los vivos, muchos sabios buscaban la forma de alargar los días de los hombres. La tierra se llenó de tumbas en las que la idea de la muerte se confundía con la oscuridad.
“¿Por qué no hemos de envidiar a los Valar o aún al último de los Inmortales? Porque a nosotros se nos exige una fe ciega, pero también amamos la Tierra y no querriamos perderla” (Akallabeth; Silmarillion)
La caída de Númenor