La muerte en Hombres y Elfos ¿Qué les sucede cuando mueren?

Tolkien desarrolló este tema mucho más en un ensayo dedicado a ello, la Athrabeth Finrod ah Andreth, de 1959, que es una conversación entre Finrod Felagund y Andreth, una mujer de la Casa de Bëor. Ella tenía arraigada la historia que le contaron los Sabios de los Hombres (la historia de Adanel), en la que los Hombres eran en un principio «inmortales», pero perdieron esa inmortalidad al aceptar a Morgoth como Señor y renunciar a Eru. Andreth le decía a Finrod sobre la muerte que:

“Para vosotros puede ser dolorosa y amarga, una pérdida; pero sólo por un tiempo, un poco robado a la abundancia, a menos que no se me haya dicho la verdad. Pues sabéis que al morir no abandonáis el mundo y que podéis volver a la vida.

Con nosotros es diferente: al morir morimos, y nos vamos para no volver. La Muerte es el final definitivo, una pérdida irremediable. Y eso es abominable; porque es también un daño que se nos ha hecho.”

Athrabeth Finrod ah Andreth. El Anillo de Morgoth. p. 356

Y Finrod a Andreth:

“Pues ninguno de nosotros sabe, aunque quizá lo sepan los Valar, cuál es el futuro de Arda, o cuánto se ha decretado que dure. Pero no durará para siempre. Eru la hizo, pero Él no está en su interior. Sólo el Único no tiene límites. Arda, y la misma Eä, deben por tanto estar limitadas. Nos veis, a los Quendi, todavía en las primeras edades de la juventud, y el final queda muy lejos. Igual que puede parecerle a uno de vuestros jóvenes, en la plenitud de sus fuerzas; salvo que nosotros ya hemos dejado atrás largos años de vida y de pensamiento. Pero el fin llegará. Todos lo sabemos. Y entonces tenemos que morir, debemos perecer por completo, porque pertenecemos a Arda (en hröa y en fëa). Y después ¿qué? ¿«El viaje sin retorno», como decís, «el final definitivo, la pérdida irremediable»?

Nuestro cazador camina lentamente, pero nunca pierde el rastro. Más allá del día en que suene el toque de muerte no tenemos certezas o conocimiento. Y a nosotros nadie nos habla de esperanza.”

Athrabeth Finrod ah Andreth. El Anillo de Morgoth. p. 357

El Don de los Hombres es la mortalidad, la libertad de los círculos del mundo, en contraste con los Elfos que no disponen de esa libertad, están atados a Arda: “durar mientras ella dura, no abandonarla nunca ni aun cuando se los «mata», sino retornar” (Cartas, p.175). Por ello, el Don de los Hombres es motivo de envidia de los Elfos. Obviamente este pensamiento está condicionado a tener estel, esperanza, confianza en que “haya algo más”. También los Elfos debían tenerla con el fin de Arda.

“En la tradición élfica [Eru] pide dos cosas de Sus Hijos (de ambos linajes): fe en Él, y a partir de ella, esperanza o confianza en Él (que los Eldar llaman estel)”

Athrabeth Finrod ah Andreth. Nota 2. El Anillo de Morgoth. p. 387

Aragorn tenía estel, pero Andreth no parecía tenerla. Andreth le pregunta a Finrod:

“—¿Qué es la esperanza? —dijo ella—. ¿La expectativa de un bien, que aunque incierto tiene alguna base en lo conocido? Entonces no tenemos ninguna.

—Eso es algo que los Hombres llaman «esperanza» —dijo Finrod—. Amdir la llamamos, «alzar la vista». Pero hay otra que se fundamenta en algo más profundo. Estel la llamamos, es decir, «confianza». No es derrotada por los caminos del mundo, porque no procede de la experiencia, sino de nuestra naturaleza y primer ser. Si en verdad somos los Eruhin, los Hijos del Único, Él no permitirá que lo priven de lo Suyo, ni Enemigo alguno ni aun nosotros mismos. Este es el fundamento último de la Estel, que mantenemos aun cuando contemplamos el Fin: que todos Sus designios son para la felicidad de Sus Hijos. Amdir no tenéis, decís. ¿Tampoco conocéis la Estel?”

Athrabeth Finrod ah Andreth. El Anillo de Morgoth. p. 367

Para finalizar esta FAQ nada mejor que hacerlo con una serie de pasajes sobre el comentario que el propio Tolkien realizó sobre la Athrabeth y que reflejan mucho de lo anteriormente expuesto.

Más allá del «Fin de Arda» el pensamiento de los Elfos no podía penetrar, y no habían recibido ninguna instrucción específica… Les parecía evidente que sus hröar debían de acabar entonces, y que por tanto cualquier tipo de reencarnación sería imposible… Así pues, todos los Elfos «morirían» con el Fin de Arda. El significado de esto lo ignoraban. Por tanto decían que había una sombra detrás de los Hombres, mientras que los Elfos tenían una delante.

Su dilema era el siguiente: la idea de existir sólo como fëar les resultaba repulsiva, y les era difícil creer que fuera natural y se incluyera en el propósito original para ellos, puesto que eran esencialmente «moradores» de Arda y por naturaleza estaban por completo enamorados de Arda. La alternativa, que sus fëar también dejaran de existir en «el Fin», les parecía aún más intolerable. Tanto la aniquilación absoluta como el cese de la identidad consciente repugnaba a su pensamiento y deseo.

Algunos argüían que, aunque íntegro y único (igual que Eru, de quien provenía directamente), todo fëa, al ser creado, era finito y por tanto podría ser de duración finita. No podía ser destruido dentro del plazo asignado, pero después dejaba de existir o de adquirir experiencia y «residía sólo en el Pasado».

No obstante, advertían que esto no constituía escapatoria alguna. […] Por tanto, como último recurso los Elfos estaban obligados a basarse en la «estel desnuda» (como ellos decían): la confianza en Eru, en que Su propósito para más allá del Fin sería (como poco) completamente satisfactorio para todo fëa. Probablemente incluiría alegrías impredecibles. Pero aún creían que seguiría estando en relación inteligible con su naturaleza y deseos presentes, partiría de ellos y los incluiría.