En un principio, Tolkien pensaba en ese regreso del espíritu de un Elfo a un cuerpo a través del renacimiento. Así se reflejó durante muchos años en las distintas versiones del legendarium, o mitología. Incluso en el ensayo de Leyes y Costumbres de los Eldar, de 1958 o 59, se conservaba esta idea:
“Un fëa sin hogar que escogiera o pudiera volver a la vida se reencarnaba en el mundo mediante el nacimiento de un niño. Solo de esta manera podía regresar (excepto casos raros y extraños como Míriel que regresó a su propio cuerpo)”
Leyes y Costumbres de los Eldar. El Anillo de Morgoth. p. 257
Pero poco después la opinión de Tolkien cambió y la posibilidad de volver a la vida encarnada mediante el nacimiento dejó de existir, manifestándose en varios textos: La reencarnación de los Elfos y la Athrabeth Finrod ah Andreth.
“Los Valar, […] recibieron el poder de convocar, con completa autoridad, a todos los fëar sin hogar de los elfos a Mandos. Allí se les ofrecía la alternativa de seguir sin hogar o (si así lo deseaban) de ser realojados en la misma forma y cuerpo que tenían antes. No obstante, normalmente debían permanecer en Aman.»
Athrabeth Finrod ah Andreth, nota 3. El Anillo de Morgoth. p. 388
Hemos visto que los Elfos son «inmortales» mientras dure Arda, están atados a ella, pero ¿qué pasará cuando llegue el Fin? ¿Qué será de sus espíritus?
Tal vez hayáis leído u oído que los Elfos desaparecen completamente y para siempre con el fin de Arda, o que al menos esa era la concepción inicial; que los Hombres tienen una vida mucho más corta en la Tierra pero disfrutan de la vida eterna, mientras que los Elfos pueden vivir mucho, mucho tiempo, pero cuando llega el Fin, desaparecen. Esto no es cierto. Parece, más bien, un acto de consuelo y envidia por parte de los Hombres. En la obra de Tolkien no sabemos con certeza el destino de los Hombres tras la muerte y tampoco sabemos el de los Elfos tras el fin de Arda.
“No obstante, ya desde hace mucho los Valar declararon a los Elfos que los Hombres se unirán a la Segunda Música de los Ainur; mientras que Ilúvatar no ha revelado qué les reserva a los Elfos después de que el Mundo acabe, y Melkor no lo ha descubierto.”
Del Principio de los Días. El Silmarillion. p. 51
“En esta «prehistoria» mítica, la inmortalidad, estrictamente una longevidad coextensiva con la vida de Arda, era parte de la naturaleza dada a los Elfos; más allá del Fin, nada había sido revelado.”
Carta nº 212. Cartas. p. 334
“[los Eldar] Creen que el nuevo fëa, y, por lo tanto, todos los fëar en el principio, proviene directamente de Eru y de más allá de Ëa. Por tanto muchos de ellos sostienen que no puede afirmarse que el destino de los Elfos está confinado dentro de Arda para siempre y que acabará con ella. Esta última opinión procede de sus propios pensamientos, pues los Valar, al no haber participado en la creación de los Hijos de Eru, no conocen por entero los propósitos de Eru para ellos, ni el final definitivo que les prepara.”
Leyes y costumbres de los Eldar. El Anillo de Morgoth. p. 256
La idea original fue siempre la misma, antes incluso de que Tolkien empezara a escribir El Señor de los Anillos. Como hemos visto, el final del capítulo Del principio de los días de El Silmarillion dice: “Ilúvatar no ha revelado qué les reserva a los Elfos después de que el Mundo acabe, y Melkor no lo ha descubierto”. Esta frase procede realmente de la Ainulindalë, pero Christopher cambió su ubicación, como hizo con gran parte del texto. Y en la Ainulindalë B, la versión de los años 30, anterior a El Señor de los Anillos, ya se podía leer esa incógnita sobre el futuro de los Elfos:
“Ilúvatar no ha revelado qué les reserva a los Elfos y a los Valar tras el fin del Mundo, y Melko no lo ha descubierto”
Ainulindalë B. El Camino Perdido. p. 191
Esta frase se siguió manteniendo de forma similar en las versiones posteriores, siendo la última «D» (1951), que aparece en El Silmarillion publicado. Años más tarde (1958) escribiría la carta citada y el ensayo de Leyes y Costumbres de los Eldar (1958-1959) manteniendo esa incertidumbre.
La percepción de la muerte para Hombres y Elfos es muy distinta y eso hace que en la obra de Tolkien encontremos diálogos o conversaciones entre ellos reflejando las dudas, el dolor, la esperanza o la falta de ella. Una muestra de ello fueron las últimas palabras entre Aragorn y Arwen, aunque Arwen no era estrictamente un Elfo, sino un Medio Elfo.
“No hay más navíos que puedan conducirme hasta allí, y tendré en verdad que esperar el Destino de los Hombres, lo quiera o no lo quiera. Pero una cosa he de decirte, Rey de los Númenóreanos: hasta ahora no había comprendido la historia de tu pueblo y la de su caída. Me burlaba de ellos, considerándolos tontos y malvados, mas ahora los compadezco al fin. Porque si en verdad éste es, como dicen los Eldar, el don que el Único concede a los Hombres, es en verdad un don amargo.
Así parece -dijo él-. Pero no nos dejemos abatir en la prueba final, nosotros que otrora renunciamos a la Sombra y al Anillo. Con tristeza hemos de separarnos, mas no con desesperación. ¡Mira! No estamos sujetos para siempre a los confines del mundo, y del otro lado hay algo más que recuerdos. ¡Adiós!”
Apéndice A. El Señor de los Anillos.