El color de piel no parece ir vinculado con el comportamiento y personalidad de los diferentes seres que pueblan Arda. Aunque puede resultar tentador pensar que el color negro u oscuro está asociado con lo malvado o maligno, no siempre pasa así en la obra de Tolkien. De los Orcos no se dice que tuvieran la piel negra, pero sí morena (swart): «La cara ancha y chata era morena» (La Comunidad del Anillo, p.382). También tenían este color de piel los Orientales, pero no todos hicieron el mal; Bór y los suyos permanecieron fieles a los Eldar. Del Pueblo de Bëor se dice que «muchos eran de tez más oscura [que los de la Casa de Hador], algunos incluso cetrina [aquí Tolkien realmente utiliza la palabra «swarthy», como los Orcos o los Orientales]» (Los Pueblos de la Tierra Media, p.358). También de los montaraces, descendientes de los Hombres de Númenor, se dice que «eran más altos y morenos que los Hombres de Bree» (La Comunidad del Anillo, p.181), utilizando la palabra «dark», y de Sam que tenía «una mano morena» (Las Dos Torres, p.372), en este caso «brown» en el original.
Por otra parte, y según la interpretación de cada uno, podríamos encontrar alguna idea supremacista entre algunos pueblos o casas. Los Noldor parecen los más poderosos de los Elfos, pero esto puede estar más relacionado con su sabiduría y sus ansias de conocimiento que por su naturaleza. Eran llamados Gnomos en los primeros escritos, del griego gnome, «pensamiento, inteligencia» (Cartas, nº 239, p.370). De la misma forma se dice que aquellos Elfos que llegaron a Aman y contemplaron la luz de los Árboles eran más poderosos, o tenían un «estatus» más elevado, que aquellos Elfos que no lo hicieron.
«En aquellos días Elfos y Hombres tenían parecida fuerza y estatura, pero era mayor la sabiduría, la habilidad y la belleza de los Elfos; y los que habían morado en Valinor, y contemplaran a los Poderes, sobrepasaban a los Elfos Oscuros en estas cosas, tanto como ellos sobrepasaban a su vez al pueblo de la raza mortal. Solo en el reino de Doriath, cuya reina Melian era del linaje de los Valar, pudieron los Sindar igualar en cierta medida a los Calaquendi del Reino Bendecido».
El Silmarillion, De los Hombres, p.140
En una de sus cartas Tolkien escribía sobre los Hijos de Eru, Elfos y Hombres, diciendo que los primeros eran una «casta superior» (Cartas, nº 154, p.232). ¿Se puede llamar a este pensamiento, y lo que deriva de él, racismo? Veamos algunos fragmentos de la obra…
Un primer caso a valorar podría ser el de Thingol, Elrond, sus respectivas hijas y sus pretendientes. Thingol consideraba a Beren un ser inferior, un Hombre, un mortal, indigno de su hija Lúthien. «Pero Thingol miró en silencio a Lúthien, y pensó en su corazón: «Hombres desdichados, hijos de pequeños señores y reyes de corta vida, ¿ha de poner alguien semejante las manos en ti, y sin embargo seguir con vida?»» (El Silmarillion, De Beren y Lúthien, pp.226-227).
Thingol le pone como condición a Beren para acceder a la mano de su hija una tarea que en ese momento se consideraba imposible. Es decir, tenía que demostrar su valía. Algo similar ocurre con Elrond. Este sabía quién era Aragorn, descendiente de Elendil e Isildur, pero no le parecía suficiente para su hija. Dice lo siguiente:
«¡Aragorn, hijo de Arathorn, Señor de los Dúnedain, escúchame! Un gran destino te espera, sea el de elevarte más alto que todos tus antepasados desde los días de Elendil, o caer en la oscuridad con todos los sobrevivientes de tu estirpe. Pasarás por largos años de prueba. No tomarás esposa, ni te unirás a mujer alguna con promesa de matrimonio, hasta que llegue tu hora, y hayas demostrado ser digno […]
[…]Por ahora no te comprometerás con la hija de ningún otro. Pero en cuanto a Arwen la Bella, señora de Imladris y de Lórien, Estrella de la Tarde de su pueblo, es de un linaje más alto que el tuyo, y ya ha vivido en el mundo tanto tiempo que para ella no eres más que un retoño del año, frente a un joven abedul de numerosos estíos. Está muy por encima de ti. Y así, creo, ha de parecerle a ella».
El Retorno del Rey, Apéndice A, p.392
Unos cuantos años más tarde, después de emplearse en la causa contra Sauron, adquirir gloria y fama y explorar tierras lejanas, Aragorn se encuentra con Arwen en Lórien. Allí, en la colina de Cerin Amroth, se juran eterna fidelidad, y cuando Elrond se entera de la elección de su hija le dice a Aragorn:
«…aunque te amo, te digo a ti: Arwen Undómiel no desmedrará la gracia de su vida por una causa menor. No será la esposa de ningún Hombre, a menos que este sea al mismo tiempo el rey de Gondor y de Arnor».
El Retorno del Rey, Apéndice A, p.394
Este tipo de peticiones, mejor dicho, exigencias o requisitos, son como aquellas historias o cuentos medievales en las que el plebeyo se enamora de la hija del señor feudal, y este (si lo consiente) le pide a cambio una hazaña heroica para hacerse digno. De hecho, Dimitra Fimi defiende la idea de una gran inspiración medieval en el mundo de Tolkien. Un mundo que utiliza la scala naturae o «gran cadena del ser», una metáfora visual jerárquica de la Edad Media que clasifica todas las formas de vida según su proporción de «espíritu» y «materia» (Was Tolkien really racist?, Dimitra Fimi).