Historia privada
El Sacrificio de Snaga
Nessasurion yacia boca arriba, desplomada en el suelo, llena de arañazos y agotada. Despertó de un sueño intranquilo y se incorporó bruscamente, estaba mareada. Se escucharon unos pasos que se acercaban a la elfa, dos repugnantes orcos abrieron la celda y entraron. Empezaron a zarandear y a empujar a Nessa que ahora estaba cansada y hambrienta. Esos empujones se convirtieron en golpes y algunos eran realmente dolorosos por lo que la elfa dio algunos gritos. Snaga, pues asi se llamaba el trasgo, se percató pisos mas abajo y subio las escaleras corriendo, entro en la celda y vió a los orcos golpeandola. El pecho se le inflamo y estallo en él una furia interior, desenvaino la espada y a cada uno lo mató de un solo golpe. Cogió a la elfa en brazos y a pesar de pensarlo mucho se la llevo de alli, a las estancias de los pisos superiores, evitando miradas curiosas.
Había perdido la noción del tiempo, todo el cuerpo le dolía horriblemente, abrió los ojos y una ola de pánico la invadió, el momento había llegado, lo sabía, al igual que sabía que tendría que soportar toda una eternidad de dolor hasta que se decidiera a matarla, lo veía en sus rojos ojos, aquella mujer la odiaba y sin embargo, Nessa no sabía porqué ni qué quería de ella. La mujer se le acercaba lentamente, muy lentamente, sonriendo. Nessa intentaba moverse pero dolía demasiado y aquel ser infame se acercaba cada vez más, y más, y más.... hasta que como una nube negra se lanzó sobre ella y la oscuridad invadió todos sus sentidos.
Un ruido metálico la arrancó de su estupor y entonces recordó sus ojos rojos, abrió los ojos, despacio, aun sentía la falta de aire causada por el miedo, no estaba muerta o al menos eso creía, intentó moverse pero supo por la descarga que recorrió sus brazos que estaba atada. Observó la habitación, estaba oscuro, tan solo una llama al fondo iluminaba la estancia, su mente se aclaró un poco y comprendió de donde venía aquel ruido metálico que la estaba volviendo loca, era Snaga, el trasgo, afilando su espada.
- Qué me habeis hecho?- su voz no fué mas que un susurro y Snaga no contestó, Nessa preguntó de nuevo pero el trasgo no le prestaba atención.
-Maldita bestia inmunda- gruñó la delicada elfa. Snaga finalmente la miró con una extraña mueca en su cara, una sonrisa casi cómica que a la elfa se le tornó exasperante, la había escuchado perfectamente.
-No te hemos hecho nada....aún- Snaga se sentó a su lado y comprobó las ataduras.
-Esa mujer... -se atragantó- esa mujer me hizo algo.
El trasgó la miró a los ojos, acercó su cara a la de Nessa y antes de que ella pudiera decir nada más le metió un trozo de pan en la boca.
- Sólo fué un sueño, come.
Tres días con sus noches habían pasado desde que tuviera ese sueño por primera vez, desde entonces éste se repetía cada vez que conseguía dormirse y parecía tan real...el miedo que sentía era tan perturbador que terminó por pensar que no era casual, aquella mujer se metía en sus sueños, en su cabeza, y mientras sondeaba su mente la mantenía presa del terror enviando esa pesadilla una y otra vez. Cuál era el objetivo, qué buscaba aquel ser, la elfa no lo sabía.
Mientras no dormía, la realidad no era mucho mejor, seguía encerrada en aquel cuarto donde núnca penetraba la luz del sol, los brazos y las piernas le palpitaban, a causa de las ataduras, cada vez que intentaba moverlos, en las contadas ocasiones en que su carcelero la soltaba para darle unos minutos de intimidad. El trasgo acudía a la habitación de forma regular, nunca le hablaba, exceptuando algún que otro gruñido, le metía comida en la boca y se sentaba, cuando no se iba, en un rincón a observarla en silencio y afilar su espada. Aquel silencio, el no saber, era una tortura...
- Cuál es tu nombre?- preguntó intentando aparentar serenidad. El trasgo la miró a los ojos, señal de que la había escuchado pero guardó silencio. Nessa giró la cabeza hacia la pared contraria creyendo que no recibiría respuesta.
- Snaga- contestó finalmente - así me llaman aquí - y siguió afilando su espada.
La elfa arqueó una delicada ceja al escuchar esa respuesta ambigüa, ella no conocía la lengua negra ni, por tanto, el significado de esa palabra, pero si hubiera tenido conocimiento le habría extrañado ese nombre, pues Snaga era cualquier cosa menos un exclavo.
- Aqui? eso significa que ese no es tu verdadero nombre?
- Eso significa que es todo lo que necesitas saber- Snaga le dirigió una mirada que decía a las claras que se callara, pero la elfa no se amilanó, por algún motivo ella supo que, al menos de momento, él no le haría daño.
- Eres extraño, Snaga- una sombra imperceptible cruzó los ojos del trasgo al escuchar el nombre de labios de la joven - pareces y no pareces un trasgo, tus rasgos....- se interrumpió al ver que el trasgo dejaba a un lado su espada y se acercaba a ella con lentitud, se cirnió sobre ella amenazante y se sorpredió al ver que la elfa sostenía su mirada, sin acobardarse. Interiormente se sintió orgulloso de ella y, por eso, sólo por eso, decidió ser amable una última vez.
- Cállate!!! - lo dijo en voz baja pero su tono era firme, no daba lugar a discusión.
- Lo haré - el trasgo se decepcionó por su rápida rendición - cuando me digas por qué estoy aquí - Snaga sonrió ante su propia credulidad \"¿rendirse? aquella muchachita no lo haría hasta haberlo vuelto loco\"
- Pronto lo sabrás- el trasgo giró para volver a su asiento apartado.
- Dímelo - pretendía que su voz sonara como una dulce petición, cuando vió que Snaga apretaba los puños se dió cuenta consternada de que le había gritado y que había añadido las palabras \"maldito engendro\" a su dulce suplica. Cerró los ojos esperando que cayera sobre ella la furia del guerrero.
El trasgo se volvió lentamente con los puños y las mandíbulas apretadas, la miró y estalló en una sonora carcajada que sorprendió a ambos.