Historia privada

La Incertidumbre

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Fragmento 1 por cuervo_de_la_tempestad

La oscuridad era ya bastante intensa y apenas podía ver treinta pies más allá de sus ojos. Se encontraba en un pasadizo subterráneo lóbrego siniestro y sinuoso. Las paredes irregulares le ocultaban que se encontraba a cada giro y tan solo un sonido acompasado, como si de un goteo se tratase, era su compañia.

Gareth estaba muy nervioso en ese túnel primitivo. Quién sabe que viles criaturas habían morado por esos lares. Se arrepentía cada vez más de su decisión pero ahora no podía echarse atrás, estaba todo su honor y credibilidad en aquella gesta y ... la admiración de Andunewen. Oh la bella Andunewen.

La más preciosa de las mujeres que recordaba en su corta vida. De ella decían que tenía la gracia élfica en su linaje. Él no sabía si en verdad tenía parte élfica o no, pues nunca observó orejas puntiagudas ... y nunca le preguntó si de verdad se trataba de una descendiente de los \'Primeros Nacidos\' como decía su abuelo.

Él sólo sabía que era una dama bellísima, de tez blanca y fina, rasgos delicados y mirada tierna. Alta y esbelta y con un toque de arrogancia que a sus ojos le hacía irresistible.

Jamás supo que decirle en verdad si algún día tenía la oportunidad de encontrarse con ella ... aunque puede que eso nunca pasara en verdad. Ella pertenecía a la nobleza de la ciudad. Duquesa o Condesa de algún título perdido en los anales de la historia de su pequeño pueblo.

Pero ahora no podía echarse atrás. Estaba allí, transpirando por la frente que le empapaba las cejas y le empezaba a nublar los ojos. Paró un instante a mirar en su mochila y coger un trapo que envolvía un medallón. Un regalo para Andunewen si se la encontraba y si resultaba ser tan valiente como para dárselo.

Pensó: \"Vaya, si utilizo el trapo para secarme la sudor ... creo que sería mejor no envolver con el el medallón.\"

Guardó el medallón en la mochila otra vez, envuelto en la manta que llevaba para dormir, ya pensaría que hacer con él más tarde.

De momento algo le extrañó. Se quedó de pie mirando hacia adelante. Se giró y miró hacia atrás. No veía nada ... y lo más importante no oía nada. El incesante repiquetear contínuo que le había acompañado ya hacía largo rato no se oía. ¿Por qué se había detenido?

El miedo empezaba a acosar a Gareth, él era un simpre ayudante de un herrero que se había metido en una misión que no le convenía.

La Dama Andunewen había desaparecido y en el pueblo no se hablaba de otra cosa. Gareth escuchó a lo viejos en la taberna hablando de los trasgos de las montañas. Según su opinión todo era culpa suya. Ahora Gareth empezaba a desconfiar de sus palabras, o quizás no.

Quizás tenían razón y Andunewen andaba perdida, acosada por viles criaturas. Además él era joven y rápido. Seguro que esos trasgos no le alcanzarían. O eso prefería pensar.

El ruido sonaba de delante, así que más cuidadoso si cabe, avanzó por ese pasillo, deseándo no encontrarse con nadie y que todo fuera sólo un cuento de viejos en una taberna.

Fragmento 2 por Mekare

Estaba oscuro. O eso creía. Cuando recuperó el conocimiento se dio cuenta de que tan sólo tenía los ojos tapados. Quiso quitarse aquello que le tapaba la vista, pero tenía las manos atadas detrás de su espalda. Quiso levantarse y echar a correr, pero también tenía los pies atados.

Comenzó a jadear de miedo. No recordaba nada de lo que había sucedido. No sabía cómo había llegado allí. Ni quién la había arrancado de las entrañas del Bosque para retenerla en aquel lugar frío y maloliente en el que estaba presa ahora. No recordaba si quiera las voces de quienes la habían atacado. ¿Las voces? Quizás era sólo una voz.

Se sentía impotente al no poder levantarse. Al no poder hacer nada más que lloriquear por encontrarse en ese estado lamentable. Podía comenzar a gritar, pero se arriesgaba a que viniera alguien a hacerla callar. Y ¿quién sabía dónde se encontraba? No lo sabía, no sabía si quiera si por aquel lugar pasarían viajeros en busca de aventuras, a los cuales pedir ayuda.

Estaba sola. Maniatada, con los ojos cegados por un estúpido pañuelo. ¿Qué estaría pasando en su Pueblo? ¿Se habrían percatado de su desaparición? Había perdido la noción del tiempo y no sabía si llevaba ya varios días en aquel lugar. Comenzó a desesperarse. Y finalmente estalló, y su voz se alzó en gritos de socorro, teniendo la esperanza de que alguien digno de alabanzas y con un buen corazón, la oyera en la lejanía y acudiera a su llamada.

Fragmento 3 por cuervo_de_la_tempestad

Avanzó un poco más por el pasadizo hasta que llevo a una pequeña caverna más o menos circular.

Otros dos pasadizos de salida delante suyo, izquierda y derecha, eran las nuevas salidas de la pequeña sala. La exploró un poco.

Había una pequeña mesa carcomida y dos sillas que casi no conseguían mantener el equilibrio. Nada más.

Inspiró hondo y exhaló un largo vaho. ¿Qué camino coger? Siempre le había gustado la izquierda, a pesar de ser su mano torpe. Su madre siempre decía \'la derecha trabaja y la izquierda cobra\' y eso de cobrar le interesaba, pero el pasadizo de la derecha parecía menos siniestro. Dió un paso a la derecha para observarlo mejor y casi resbaló. El suelo parecía húmedo, pero no de moho sino de otro tipo de cosa.

Se agachó, era algo espeso. Era como si ... Miró hacia arriba temiéndose algo extraño y sus miedos se vieron expuestos cara a cara.

Una ardilla mal despellejada y con los ojos abiertos le miraba como pidiendo clemencia.

El sonido contínuo que había estado escuchando era el del salpiqueteo de los restos de gotas de sangre contra el suelo.

Malditos trasgos. ¿Cómo unas criaturas podían ser tan viles?

De repente se sobresaltó. Abrió los ojos al completo mientras pensó \'Andunewen\' y como por arte de magia y casualidad siniestra del pasadizo de la izquierda, aquel más sombrío, retumbó una voz de mujer que estallaba en un grito de desesperación.

¿Qué debía hacer? ¿Cómo podía obrar? Un simple hijo de campesino y ayudante de herrero, armado con una espada corta herrumbrosa intentaba entrar en una madriguera de trasgos.

El miedo rebosaba por todos los poros de su cuerpo. Asomó la cabeza por el pasadizo siniestro sin saber si correr hacia delante o hacia detrás.

Fragmento 4 por Mekare

El grito cesó. Su voz se había quebrado en la desesperanza. ¿Qué hombre, valiente o no, viajaba en aquellos Últimos Tiempos, buscando aventuras? Había sido estúpida al pensar eso, al creer ver una pequeña luz en la oscuridad de la cegera provocada por un pañuelo. ¿Qué podía esperar? No. Tenía que ser realista. Tenía que aceptar que quizás aquellos eran los últimos momentos de su vida y que desgraciadamente, no podía hacer nada para impedirlo. \"No te rindas\" le dijo una vocecita que procedía de lo más profundo de su mente. \"¿Cómo no me voy a rendir?\" se dijo para sí entre sollozos. \"Tengo las manos y los pies atados...\" y de nuevo su voz se quebró.

Sintió de nuevo una agonía que le apretó el estómago. En un momento de histeria, comenzó a gritar con fuerza y a patalear con los pies juntos. Más no podía hacer. Sabía qué podía provocar aquella actitud, pero le daba igual. Aquella confusión de sentimientos e impotencia provocaron en ella unas rabietas demasiado fuertes como para controlarlas. Siguió gritando y gritando, blasfemiando contra aquellos o aquello que le hubiera secuestrado.

Su oído se agudizó, y sus gritos cesaron en cuanto comenzó a oír susurros, una respiración intensa y unos pasos pesados. Unos gruñidos y un idioma (si es que eso era un idioma) que no reconoció. Y junto aquello que se le acercaba, percibió también un fuerte olor a ... deshecho, descuidado... ¿Quién iba a \"visitarla\"? No lo sabía. Sus sentidos se agudizaron, pero sin la vista no conseguiría gran cosa.

Aún así, esperó. El momento de descubrir quién le había hecho aquello estaba muy cerca.

Fragmento 5 por cuervo_de_la_tempestad

Avanzó lentamente y con cautela.

La oscuridad reinante no le daba otra opción. No veía apenas nada y tenía que guiarse con el tacto. Las paredes húmedas y mohosas resultaban poco menos que repugnantes pero debía seguir. Aún pensando en huir, ¿quedaba más lejos la salida o la entrada del principio? No tenía ni idea.

Después de un largo rato escuchó, por donde él había venido, un sonido constante ... era algo así como ... ¡¡pasos!!

En una madriguera de trasgos escuchar pasos no podía ser nada bueno, así que temiendo más lo que le acechaba a lo que le esperaba corrió.

No pocas fueron las veces que trastabilló y cayó, pero se levantaba de nuevo. La adrenalina le daba las fuerzas necesarias para continuar hasta que al final de la caverna algo brillaba, como un fuego.

Llegó al final y asomó su cabeza lo mínimo. Se seguían escuchando pasos, pero aún debían estar lejos ... o eso suponía.

La caverna estaba dominada por una pequeña fogata con restos de un animal asado y un trasgo semidormido en una silla de metal, parapetado por una mesa de madera. Había tres sillas más y algo raro encima de la mesa. Tres pasadizos más ... ahora estaba completamente perdido.

Tenía que andar sigilosamente para que el trasgo no se despertara, si lo conseguía no había nada que temer, aunque los pasos le daban algo de prisa. Temía fallar. No se decidía a actuar o no. Actuó.

Fue por el lado opuesto al del trasgo, esquivando huesos en el suelo y telarañas en las paredes. Restos de una fiesta habían dejado el suelo pegajoso en algunas partes y resbaladizo en otras. Había que ir con mucho tiento.

Por fin llegó al primer pasadizo. Una reserva de alimentos. ¡Maldición! Un intento gastado por dos estanterias mal colocadas y semivacías.

Había que intentarlo otra vez ... ¿tendría más suerte?

Fragmento 6 por Mekare

El ruido cesó. Los pasos se habían detenido, y desgraciadamente (o no, según se mirara), no era a su altura. Se habían detenido antes de llegar. Murmullos, palabras irreconocibles. Se habían alarmado. Poco a poco, las voces se iban haciendo más fuertes. Eran dos o tres. Discutían. Debían ser unas malditas criaturas las que la habían secuestrado. ¿Qué hombres podían hacer semejante acto salvaje? Sin memoria, sin posibilidad de recordar, y como si fuera una deshecha en medio de aquel frío lugar, sin comida ni bebida...

Se agitó. Se movió con fuerza. Quería deshacerse de aquellas malditas ataduras. Pero estaban demasiado apretadas. La hacían daño. De nuevo, comenzó a desesperarse. La angustia era ahora mucho mayor que antes, incapacitándola incluso para respirar. Se estaba ahogando. El aire no le llegaba. No podía hacer nada. El miedo y la angustia se apoderaban de ella cada vez más y la dejaban débil y sin recursos con los cuales luchar. Por su mente pasaron miles de imágenes. Sus padres, su Ciudad, su amado, sus amigos, aquellos verdes paisajes, su hogar... Todo parecía tan lejano, tan inalcanzable... Cada vez le faltaba más el aire. Comenzaba a ahogarse. ¿Por qué no podía conseguir respirar? ¿Aspirar aire, para llenar sus pulmones? Algo se había interpuesto en aquel innato acto, natural, que la limitaba a ser nada más que una mujer medio muerta.

Sus fuerzas se esfumaban. Debía tranquilizarse antes de que el fatal accidente la visitara. Las voces se fueron alejando, cada vez más alteradas. ¿Tenía que comprender que estaba fuera de peligro? ¿Cómo iba a estarlo, si seguía ahí dentro, atada y desprotegida? No había punto de vista positivo. ¿Tenía que dar las gracias por algunos cuántos minutos más? De repente, le llegó el aire. Recuperó la compostura, y la sensación de ahogamiento se fue esfumando poco a poco. Cuando se recuperó completamente, lo intentó de nuevo. Se dijo a sí misma que esos minutos debía aprovecharlos, y no esperar a que nadie hiciera por ella lo que ella misma tenía que hacer. No, se acababan ya que le arreglaran otros la vida. A partir de ese día, empezaría a tomar ella misma sus propias decisiones y haría ella misma sus propias acciones para cambiar lo que no le gustaba.

Se levantó. Con las manos atadas detrás de la espalda, se impulsó desde la pared, para coger fuerza en las piernas, y avanzar torpemente con pequeños saltitos. Tropezó y cayó al suelo. \"¡¡Maldita venda!!\" exclamó con furia. Pero no. Algo había crecido en su interior, y no dejaría que se esfumara. Se levantó una vez más y avanzó con cautela. No sabía cómo era de largo aquel lugar y en qué momento podía topar con una puerta... o alguna piedra.

Fragmento 7 por cuervo_de_la_tempestad

Dos caminos y un sólo pensamiento, que el maldito trasgo no se despertara. ¿Y si lo hacía? ¡Estaba perdido! No, eso no podía suceder ... ánimo.

Quedaban dos y uno estaba demasiado cerca del trasgo así que tomó el que le parecía más seguro.

Poco a poco avanzaba cauteloso, pisando primero con la punta de sus botas y luego con más pie para asegurar el paso. Una y otra vez a un ritmo que hubiera parecido incluso cómico visto desde una tercera persona. Ya le hubiera gustado a Gareth ser el observador y no el observado.

Una vez llegado a la entrada no divisó nada, sólo oscuridad tendiéndose más allá de sus ojos ... al menos no era otro cuchitril de comida.

Dejó escapar un suspiro.

Maldición. El trasgo le oyó y parecía que empezaba a despertarse.

Gareth avanzó por el pasillo sin tener muy en cuneta que había delante sino qué había detrás. El trasgo parecía continuar una ronda pausada por la siesta.

Cada vez las cosas iban peor ... ahora había pasado ese problema, pero ... ¿y si tenía que volver más atrás?