Historia privada
Amenazas del pasado
Maeglin llegó un mes despues de su partida desde Romennor a Minas Tirith. Esperaba encontrar una Torre con el emblema de la Casa de Elendil, por lo que escuchó, pero halló en el lugar del Arbol Blanco sobre Campo Negro el navío dorado junto al Sol poniente, el emblema de Ar-Pharazôn de Númenor. En el ensangrentado suelo del Rath Celerdain había Engwar muertos y orcos deformes, a su propio juicio.
Estel se hallaba preso en la Casa de los Reyes, lugar en el que el Ernil i Periannath y el Escanciador de la Marca reposaban junto a los grandes Reyes de Gondor y los primeros Telcontari. A la hora de la cena el propio Maeglin le encontró, diciendole:
-Al fín te encuentro, Eärendil-pues Estel, decían, tenía un parecido extraordinario al del hijo de Idril Telperinquar, Hija de Turgon-. Es hora de que me cobre la afrenta de tu malnacido padre.
El propio Estel no podía decir nada, puesto que estaba amordazado.
Apenas desenvainó una daga de los Noldor, la vida del último descendiente de Luthien se escapó de las manos del Traidor, pues tambien le ataron los orgullosos hombres de Armenelos porque dejaron por erros la puerta abierta. Estos despojos de los Edain traían cuerdas para clausurar el Fen Hollen de manera contundente. Pero al toparse con un Alto Eldar pensaron que al Rey de los Hombres le agradaría sacrificarlo a Melkor. Un craso error que costó las vidas de esos desdichados y que Maeglin salvara al descendiente más lejano de Elros.
Detras de Minas Eithel el terror de Morgul cesó hacía 15 años, mismos que el señor Barahir hijo de Boromir aprovecho para reconstruir la Torre de la Luna y repoblar la Torre de la Fuente; pues en verdad las aguas del Morgulduin fueron purificadas por Ulmo y Uinen. El río fue rebautizado como Nimeithelduin, el Río de la Fuente Blanca, pues ya nada había en Imlad Morgul que inspirase terror alguno. Allí, dicen, fueron Maeglin y Estel, pues los romennoreanos se negaron a seguirlos más allá de Bar-en-Edain, al este de Ephêl Duath.
En el recodo el camino a Cirith Ungol fueron interceptados por una guardia derivada de la Compañía Blanca, la Guardia de la Noche. Así fue como Maeglin Lómion llegó a Minas Eithel.
Maeglin se asombró de la belleza que inspiraba la Torre de la Fuente, mientras era conducido al señor Barahir. Lo que le aterró fue el grotesco puente de Morgul, único vestigio de una era ya perdida.
Los Hombres de la Fuente se asombraron, a su vez, porque no habían visto un elfo desde los días de Elessar. Tal como el nombre lo decía, Minas Eithel era el nacimiento del Nimeithelduin desde los Patios de la Torre. De ahí discurría por el cauce que formó el río Morgulduin y se unía al Anduin a unas millas de Osgiliath.
Al llegar al estudio de Barahir con Estel a su lado una puerta se abrió.
-Pasen, que no tengo todo el tiempo de los Eldar-se escuchó la voz armoniosa del que fuera hijo de Boromir, bisnieto de Faramir-. Ya me estoy haciendo viejo.
-Pues los años pasan sobre tí como el hierro fundido en las forjas de Anghabar, junto a la mina de Gondolin. Mi nombre es Lómion, hijo de Eöl de Nan Elmoth.
-Dime, muchacho, ¿Ese lugar no está en las leyendas del Oesternesse?
-Supongo, pero unca escuché de esa tierra hasta hace poco, saliendo de Minas Tirith.
-Entonces has de saber que algunos atacaron la Torre de Ecthelion hace poco. Majestad, es un honor tenerle aquí-dijo el Señor de la Fuente al rey, que estaba bañado en sangre ya seca desde ese día en Osgiliath-. Mi casa está a vuestra disposición. Si gusta puedo acondicionarla como sede del poder del reino.
-¿Que reino, engwar?-inquirió Maeglin.
-Gondor, por supuesto-responde Barahir-. Parece que estás atrasado de noticias.
Por la noche todos fueron a la Minmereth, la Torre de los festines de la Torre de la Fuente. Maeglin se percató que nada era (Por desgracia) pescado, sino un cerdo abierto en canal y varias guarniciones que ni el mismo conocía. Entre ellas estaba una especie de pan de la tierra de los Naugrim. Al probarlo, sintió lo que ningún Hombre desde los días de Túrin Turambar como proscrito de una banda al sur del Teiglin. Para colmo encontró con que el vino era muy burdo comparado con la ciencia de los Eldar.
-Y entonces los Traidores del Oeste nos atacaron por sorpresa. Traeron colonias del Oeste y los Dúnedain ya no somos vistos más que como tiranos. Debemos recuperar las Piedras, mi espada y las heredades de la Casa de Isildur.
-Pero, ¿No deberíamos juntar a todos los hombres que se pueda?-Intervino un recien llegado Elured con Gamlig y su hermano.
-Es cierto-señaló Túrin, que estaba fumandose una pipa con galenas-. Los elfos de Legolas y los Rohirrim fueron barridos durante el ataque. Apenas y juntos forman una compañía. Y los lanceros de Karningul fueron aplastados por los mumakîl hace tres jornadas.
-¿Y no olvidan a los Elfos del este?-desde las sombras habló Maeglin.
-¿Que elfos de este?
-Aquellos a los que gobierno y son conocidos como Romennoreanos.
-No escuchamos nunca de ellos-terció Elurin.
-Dicen que al Pelennor fueron muy pocos Variags. Fue gracias a nosotros que los Hombres de los Caballos no tuvieron problemas más allá de los Olifantes.
-Entonces convovcalos. Necesitamos todas las espadas y lanzas posibles.
-Ahorra saliva, Aredain. Los convoque vía halcón y están en una encrucijada. Solo sé que Maglor hijo de Curufinwë se unió a mis tropas y comanda a los noldor que no se fueron ni al oeste ni al este.
-¿Te refieres al hermano de Celegorm el asesino de Hermanos?-preguntó Elured colérico.
-Exacto. Maglor y Maedhros participaron contra su voluntad en Alqualonde y Menegroth, pero en Arvernien ya lo hicieron de forma voluntaria.
-Parece que soy el único desconocido aquí-apuntó con sarcasmo Barahir.
-Dejense de bagatelas y que todos los Hombres de Emyn Arnen y Minas Eithel se sumen a los elfos. Mañana partiremos a Minas Tirith y a la guerra.
Las horas ominosas estaban a punto de forjar un hado peor que el hado de los Noldor. Y más temible que la maldición de Morgoth sobre Beleriand.
La mañana tenía insomne a Gorthaur.
Pese a haberle robado a Saeros las Piedras de las Colinas de la Torre y de Minas Avallone, sus huestes, que ahora se hallaban cerca de Brethil, tenían que batallar ahora con los Elfos Grises que se trasladaron de Lindon al norte de Beleriand. Justo cuando pensó que Gothwaldig y Scumfell serían poco de fiar, ambos llevaron a cabo sus siniestros cometidos: mientras el Edûk conquistó para la Corona dorada sobre campo sangrante las tierras de Rohan, Arnor y Eriador, el Oriental se encargó de sublevar las tribus de Harad, Rhûn y Khand para beneficio propio.
Al mediodía de esa mañana de Gwaeron, Gotwaldig se le acercó a su señor.
-Lamento la irrupción en sus aposentos, mi amo, pero traigo noticias desde la Tierra de los Jinetes-anunció taciturno el descendiente de aquel hijo de Ulfang, que no combatió entre sus traidores hijos-. Las huestes que me pidió concentrar en Gondolin son demonios blancos del este, pero, ¿Para qué quiere que luchemos junto a ellos?
-Eso, mi querido remedo de escoria-se apresuró a contestar el Amo de los designios sombrios-, es por simple estrategia. Tuve noticias de Maeglin hijo de Eöl. Nunca murió, sino que gobernó a los elfos que gobernaba Daeron de Doriath. Las huestes de jinetes que envié no son más que varios elfos que tuve que ultimar en Udún, mientras interceptaba a ese guiñapo de variag.
-Bien, entonces me retiro a las Cuevas del Teiglin* a fortificar la obra de los demonios.
-Que así sea. Envía a Scumfell sirecto a Mithlond y que intercepten a la fuerza de Hombres que se acerca por el sur de Ossiriand.
Esa misma mañana de Gwaeron los jinetes de Maeglin (Que por la mala aprendió a amar a los Edain), acompañados por las huestes de Gondor, se acercaban a lo que fue la Comarca. Apenas llegaron tuvieron tiempo de comer algo y sanar a los heridos de la reconquista de Minas Tirith, de la que salieron muertos varios miles de Hombres del Oeste, entre ellos Adûnakhir y varios siervos de Ar-Pharazôn.
-¿No crees que Beleriand halla emergido de nuevo, o sí, Maeglin?-Preguntó Elúred un tanto pensativo mientras sanaba un brazo roto por el golpe de la maza de un númenóreano.
-Es posible: apenas hace dos días pregunté a unos proscritos si emergieron tierras de Belegaer y me dijeron que a Mithlond no regresarán jamás-responde Maeglin, tras haberse llenado de información que desconocía de los últimos seis mil años-. Además dicen que un tal Círdan huyó antes de los cataclismos de hace meses a Valinore.
-Los problemas que antaño correspondían a mi pariente Turgon eran de la incumbencia del usurpador de Hitlum. Pero ahora es mejor que nadie sepa que me ocurrió desde esa mañana que...-calló. Comprendió que lo del asunto de Eärendil y Tuor le traía amargos recuerdos: la Torre de Turgon cayendole encima al Supremo Rey de los Noldor, la muerte amarga de Echtelion, su caida al Caragdûr y la mordida que poco antes le dió el heredero de Hador Lórindol-. No es nada. No le hagas caso a un Eldar tan viejo como Círdan.
Ahora volvemos a las semanas anteriores de la Cabalgata de los Romenoreanos y los hombres de Gondor. La disputa por Minas Tirith fue cruenta, pero ahora vamos al grano.
Una semana despues de la caida de Gondor a manos de los hombres de Ar-Pharazôn, Adunakhîr transmitió nuevas poco favorables al rey.
-¡Señor, las huestes de Anakonhe se acercan!. Pues Anakonhe era la palabra adunaica para Gondor de acuerdo a las traducciones que hacía tiempo hizo Findegil.
-Eso no es nuevo. Llama a las tropas del Tercer nivel y que vayan al campo.
-No es por eso. Nuestros soldados han desertado en masa al menos entre las falanges de Romenna y Meneltarma. Los de la falange de Hyarrostar han huido frente a los Espias de los Valar.
-Entonces llama a los del sexto y quinto niveles a que cubran las deserciones. Que los de la falange de Umbar los ataque desde el río y los mercenarios de Nurn ataquen desde el norte.
No lejos de Minas Tirith, en Osgiliath, las tropas de Maeglin, Estel, Boromir y la vanguardia de los vanyar que Legolas había traido de Valinor avanzaron en una formación cerrada. Las armas del anterior asalto que Gorthaur había dejado eran de un genio sin escrupulos. Las Bocas de la Muerte, eran llamadas entre los soldados de Scumfell y Gothwaldig, pero entre los eldar, y especialmente entre los Sindar del Eryn Lasgalen, eran llamados Gaurlammoth, el Aullido del Lobo, en memoria por el terror que trajo a Doriath el gran Lobo Carcharoth, que se desquició al tragarse el Silmaril de Beren Erchamion.
-Las bocas de los lobos están a punto-avisó a Túrin un preocupado Eluréd-. Pero no creo que tengamos más Angrelith para los pedruscos.
-Espero sean suficientes para el asalto a la Torre de la Guardia-quiso alentar el guardia de Emyn Arnen.
-Serán suficientes-terció Boromir, que recien llegó de una campaña expeditiva en Cair Andros.- Pero el problema será que los Numenóreanos nos superan en número.
-Ya no más. Se ha filtrado información del Merethrond que dice sobre la defección de tres falanges que se nos han unido.
-Perfecto, es la hora.-señaló Boromir.
Al mediodía las tropas de Gondor y los gallardos pero letales Elfos del Este ingresaron al Pelennor. Su estrategia era sencilla pero eficaz: los Gaurlammoth se situarían fuera del alcance de los trabucos, pero teniendolos en su linea de fuego. Así los trabucos quedarían deshechos. Luego que los trabucos fuesen destruidos sería el turno de las Puertas de Adunakhîr en un fuego total.
¡MI SENOR! ¡SE ACERCAN LOS ESPIAS DE VALINOR!-Gritó alarmado un guardia personal de Adûnakhir, Inzilkhad, mortalmente herido por el abdomen-.¡Traen fuego como no se había visto desde Zimvalaiko hijo de Ar Iarintel!-Al exclamar esa frase cayó muerto por una flecha en la espalda.
Entonces el propio rey se dirige a los establos.
-¡Hijos de Anadûne, os habla su rey!. Estos años se está viendo un arma que dicen se ha visto solo en los tiempos de Tar-Amandil. Pero no se dejen arredrar por esos artilugios de los orcos perfeccionados por los Hombres inferiores. Ahora verán que es nuestra raza, ¡Y entonces Elros verá fortuna en su linaje de nuevo!
Semejante arenga se vió interrumpida por el estruendo de uno de los postigos del tercer nivel, mismo que estaba bajo un trabuco. Las bocas de lobo eran armas realmente destructivas, peores que las catapultas de las historias del Sitio de Gondor. Solo se esperaba que la estrategia empleada por los hijos de Dior Aranel.
-Los Gaurlammot funcionan, Estel. Cinco de los veinte trabucos han caido-.anuncia Maeglin en la tienda de Estel-. Por lo menos nadie ha caido. ¡PERO QUE...!-. Maeglin no terminó su frase. Escuchó cuernos. Dos largos, un corto y tres largos, la señal Numenoreana para una salida.
-Prepara a tus hombres, en especial a los lanceros y los jinetes. Que nadie salga del Pelennor hasta que Minas Tirith caiga. Y avísale a los gemelos que preparen sus divisiones. La correría será sangrienta.
Uno de los lanceros de Romenor, Telperildion, se encontraba cargando angrelith en los Gaurlammoth mientras la carga de los Arathain (Pues así se autonombran los Hombres del Rey) embestía los primeros quince cañones. Apenas le dieron tiempo de acomodar su lanza hacia el cuerpo de Adûnakhir y tomar su caballo.Las bocas de lobo se perdieron, más no así los artilleros, la mayoría hombres de Gondor. Al montar buscó a uno de los Herederos de Doriath, pero halló a Maeglin.
-Señor, se perdieron las bocas de lobo, pero los trabucos han caido. No hubo muchos muertos de nuestro lado.
-Perfecto, Telperildion. Reune a las tropas y toca este cuerno. Rodea las columnas y toma la Torre de Ecthelion. Y deshazte de el, para que la linea de Tuor se acabe.
-Según me enteré de una cosa, señor: Tuor, el que le usurpo a su amada, se ha vuelto inmortal. Y el rey aquel tiene una hermana de nombre Inzaphel en esa degradación que llaman lengua. Su nombre real es algo así como Vingilwen. Tal vez la tome por esposa como represalia.
-Excelente. Pero haz lo que te pido. Y que nadie se dé cuenta.
Durante aquella refriega los jinetes de Númenor abatieron a los artilleros, más todo se fue al abismo. La hermana del rey había muerto, cosa que exasperó sobremanera a Maeglin, mientras Minas Tirith fue condenada a un destino mucho peor que el de Minas Eithel en sus días de oscuridad bajo el dominio de Sauron y el Rey Brujo de Angmar.
-Señor-espetó Telperildion al entrar a la tienda de Maeglin durante su avance por Taur Im Duinath- sé como se siente, pero no es motivo para dejar de planear su venganza.
-No me reconfortes con anhelos. La descendiente del Bastardo y de Idril era ya un consuelo bastante alentador, pero tenía que estropearlo todo dejando que tus hombres la ernsartaran- recriminó Maeglin a su servidor. Este, al momento, sacó su espada para atacar a Maeglin, que reaccionó como lo hubo hecho Ecthelion de la Torre frente al Señor de los Balrogs. Su agonía fue demasiado corta, pero Maeglin ensartó su daga justo en la quijada mientras era atravesado en la pierna por el mandoble.
La sangre de un elfo sacada por otro elfo se derramó por última vez.
Durante el trayecto hacia Eriador pasaron por la Comarca, misma que fue destruida sin piedad desde Los Gamos hasta Emyn Beraid. y desde las Tierras de Tûk hasta los sembradíos de Hierba al norte de Bree, apenas encontrando hobbits en Casadura, ora un montículo de muertos en Delagua y Hobbiton. Solo encontraron unas docenas en el trayecto de Bree a Gamoburgo, mas la Historia ya nunca los menciona hasta el Fin.
Estando en Tirada Nueva, la última semana previa a Gwaeron, Maeglin encontró un libro en carácteres extraños, mismos que decían entre borrones y fluidez:
Historia de una Ida y una Vuelta. Aventuras de Cinco Hobbits
El Anillo y nosotros. Historia de los Anillos
La Guerra del Anillo, vista por nosotros.
La Caida del Señor de los Anillos y el Retorno del Rey
La pasada noche, ya estando en los lindes sudorientales de Nan Elmoth, Maeglin discutió eso con Estel.
Estando ya la hueste de Númenor en la Falas y la hueste combinada de Maeglin, Estel y los gemelos de Dior en Tol Galen, los traductores de Gondor, descendientes del famoso Findegil de Minas Tirith, se empeñaron en traducir el extraño idioma de la Comarca. Lo más que entendían eran varios nombres que en esos días estaban llenos de polvo: Elessar Telcontar, Sauron, Mithrandir, Gimli, Ephel Duath (Que ahora se llaman Mornephel Urambar, el Cerco Negro de la maldición, Pelennor, entre otros. Nadie logró descifrar esos escritos hasta el hallazgo de una traducción que Peregrin Tûk hizo para los Belinfantes de la Torre, el año 63 de los Días Nuevos.
Maeglin y Elúred conversaron un tiempo respecto a la traducción al quenya, ahora relegado al olvido salvo por los elfos y los khâzad que lo hablaban.
-Los Pheriannath dejaron eso en Emyn Beraid hace décadas. No sería justo que lo destruyeran- declaró Elúred frente a su interlocutor mientras este daba cuenta de una oblea de Lembas.-Es todo lo que sabríamos de los Años de Sauron y la forma de vencer a este tal Gorthaur.
-Si mal no tengo entendido, Adanion*, Gorthaur es la palabra sindarin para Aborrecible*, de forma que ese tipo no es más que el mismo Señor de los Anillos.
-No es conveniente, entonces, que el terror se asocie con el, sino en ultima instancia, en la obra de Belegurth y Ugoliat*. Mejor aclaremos esto con el hijo de Thranduil y el Rey de Ondorë.
En Carn Dum, la cosa era muy distinta, pues desde el rompimiento de Angmar y su cambio al este de Angband los habitantes del lugar aprendieron a evitar Thangorodrim por fuera. Estando Gorthaur esperando, sus heraldos y lugartenientes (Incluido Gothwaldig) se encontraban reunidos en la otrora sala del Trono de Morgoth. Estaban debatiendo donde asestar el primer golpe.
-El golpe deberá ser en Gondor. La guerra la llevó Númenor allí y ahora sé de buena fuente -señalando a uno de los espías con la librea de Rhûn- que los ejércitos de Elenna están en Gondolin.
-Mi señor, esa es una mala idea. Gondolin está fortificada de nuevo y los Romenoreanos se unieron a los hombres de Gondor y una escolta Vanyar de Légolas Hojaverde. No podrémos con esas armas que tienen el Polvo de Cúrunir-objetó un heraldo de Haradwaith.
-¡Y que esperas que nuestro amo haga! Los Enemigos de la Tierra Media son crueles al enviar una hueste aborrecible. Y nosotros estamos discutiendo como niños mientras Saeros y Tar Calion se fortifican.
-¡BASTA!-gritó Gorthaur-Gothwaldig tiene razón. El Traidor de Doriath y el orgulloso de Númendor se robustecen. Tuve la idea de atrapar las almas de dos de sus seguidores muertos y les envié a Doriath y Tumladen con las heridad borradas. En este momento debe haber disenciones en ambos frentes.
En ese momento un Eduk llegaba a los Portales de Angband con noticias del sur. Fue pasado y, despues de haber comido y bebido un potrillo muerto y cerveza, fue llevado ante el Señor Oscuro.
-Mi señor- se inclina-, traigo noticias de Barad Nimras. La torre del Cuerno Blanco fue levantada de nuevo. Mi tropa fue aplastada y mis hombres apresados y muertos. Fueron esos Tarcos hediondos y los sanguinarios elfos del Este.
-¡Preparen a sus legiones! Y tú -tomó a Gothwaldig del hombro- asegurate de que para esta noche Menegroth se derrumbe a los ojos de Saeros. Mata a toda su gente.
-Como diga, mi señor.