Historia privada
El Desconocido
Agil y fuerte era Haryos y en poco tiempo callo a los incredulos. Tuvo "fama" entre los orcos y las arañas pues su lanza era muy tenida por ellos. Pues siempre tenia semblante severo, ya no era el mismo.
Thranduil se empezo a distanciarse de el, ya no lo mensionaba ni hablaba con el. Haryos lo noto y se sintio triste, pero no cambio su conducta.
¡Ojala hubiera habido mas personas que le preguntaran el por que de su caracter que personas que lo criticaran por el!
Haryos ahora caminaba mucho, buscando arañas y orcos con los cuales desaogarse por el "desprecio" (segun decia el) que le tenian los elfos.
Cuando cumplio los 18 años ya conocia a la perfeccion el lugar de tal manera que"podria andar por el Bosque con los ojos cerrados". Los orcos no le preopaban, su "fama" los mantenia lejos.
En una ocasion llego demasiado lejos, al sur, estaba persiguiendo una banda de orcos.
Entonces vio una construccion extraña, eran unas ruinas. El joven sabia perfectamente que era lo que estaba viendo: Dol Guldur. El sabia que no era buena idea acercarse pero no le importo, continuo siguiendo a los orcos, hasta que por fin se le escaparon de vista, entonces se quedo callado un rato, sabia que algo no estaba bien pero para cuando desenvaino su lanza era demasiado tarde, lo habian golpeado fuertemente en la nuca.
Cuando desperto estaba rodeado de orcos y su armadura y lanza habian desaparecido, estaba atado de pies y manos. Le sorprendia que estuviera vivo aun, no se le ocurria porque lo habian dejado con vida, un momento despues entendio el por que: tortura.
Hubo un tumulto entre los orcos, estaban abriendo el paso a alguien: era un señor vestido de una capa negra, no podia verle el rostro.
Un orco musculoso se le acerco y le dijo:
- Reverencia a Khamûl, Señor del Bosque Negro. - lo hizo incarse y le dio un puñetaso en el estomago que le hizo inclinarse hacia enfrente, el orco lo tomo de la cabeza y la estrello en el suelo. Todos rieron al rededor.
El "Señor" ordeno silencio y con una voz tenebrosa dijo:
- Me has causado muchos problemas, te imaginaba mas majestuoso, pero veo que tus enemigos te sobreestiman, eres solo un niño.
- Un niño dices, un niño te causa problemas, deberia darte vergüenza, creo que a ti tambien te sobreestiman.
Todos se disponian a lanzarse contra el joven pero el "Señor" los detuvo. Khamûl sentia un fuego que lo quemaba por dentro, el comentario de Haryos lo tomo por sorpresa.
-¿Por que no vemos a quien lo subestiman mas? - contesto Khamûl mas calmado.
-Si ese es el deseo del Señor por mi no hay problema.
Le devolvieron a Haryos su lanza, y el Señor esgrimió una espada larga y negra, que estaba cubierta de un liquido acido. Haryos no habia llegado a la cumbre de sus cualidades y no tenia la mas minima posibilidad de salir con vida, Khamûl lo sabia, y por eso lo reto.
Los orcos retrosedieron. formaron un circulo de 3 metros de radio, los combatientes se pusieron en guardia.
El "Señor" dio el primer ataque, pero Haryos era mas agil (una de sus unicas ventajas) y lo esquivo, luego contesto, pero Khamûl lo bloqueo, la batalla fue breve, Haryos se cansaba rapido y el Nazgul parecia inparable, le dio una estocada a las piernas y Haryos lo bloqueo, entonces rapidamente trato de cortarle la cabeza, Haryos se inclino hacia atras y la espada paso a escasos centimetros de el, pero el acido que lo cubria le cayo en los parpados que instintivamente habia cerrado.
Haryos lanzo un grito de dolor, no podia abrir los ojos, los orcos se rieron cruelmente. Khamûl podia haberlo matado en ese momento pero tomo la desicion mas cruel: dejarlo ir para que vagara por el Bosque hasta que el hambre y el cansancio lo mataran. Ese dia nunca lo olvido Haryos, las burlas, la frustracion de no saber donde estaba, de repente recordo lo que habia dicho antes: "podria andar por el Bosque con los ojos cerrados", maldijo la ironia de la vida y penso:
- Andemos pues, ya una vez calle a los ecepticos, es hora de hacerlo de nuevo.
[Editado por Haryos el 29-07-2007 11:39]
Lenta y larga fue la caminata de Haryos, daba pasos torpes pues estaba exausto, no estaba solo, los orcos lo seguian, le ponian obstaculos pero no pensaban matarlo, Khamûl lo habia prohibido y habia sido muy convincente al hacerlo. El joven sabia todo esto, sabia que querian que se perdiera y muriera de hambre pero no estaba dispuesto a darles ese gusto: si tropezaba con una roca o raiz se levantaba, si chocaba con algun arbol se hacia un lado y continuaba.
Su aspecto era deplorable: su armadura estaba deshecha y su lanza se habia partido en dos, ahora la usaba como baston y sus parpados desfigurados (que le ardian intensamente) le daban una apariencia espantosa.
La caminata ya se habia alargado demasiado y Haryos se asercaba a la zona poblada por los elfos, los orcos empesaron a ponerse nerviosos, sabian que les iria mal si mataban al joven pero sabian que les iria peor si lo dejaban vivo. Asi que aumentaron sus intentos por desorientarlo. No importaba lo que hicieran Haryos no cambiaba su rumbo, tenian que tomar una desicion rapida. Desidieron matarlo: "nadie tiene por que saberlo" pensaban.
Un orco se proponia darle una puñalada por la espalda pero varias cosas sucedieron casi al mismo tiempo: El joven esquivo el golpe (A causa de su "ceguera" su oido se habia agudisado y habia escuchado el sonido de la espada al romper el aire detras de el y se hizo a un lado), el orco lanzo un alarido de sorpresa, este sonido fue como un guia para Haryos y le dijo donde estaba su oponente asi que le clavo la parte rota y punzante de su "lanza" (si aun se le podia llamar asi) en la boca, este lanzo un terrible grito y cayo al suelo. Los demas orcos, furiosos, se lanzaron contra el, este intento defenderse pero ni aunque pudiera ver podria hacerlo por mucho tiempo (creo que ni el mejor guerrero en el mundo podria hacerlo con solo una lanza rota como arma), sus enemigos se lanzaron todos sobre el, nunca supo cuantos eran (tal vez unos 50), sus gruñidos lo guiaban, ni el mismo podia creer lo que estaba haciendo, pero pronto cayo. Un sonido diferente se escucho derrepente, no era el grito de un orco, era mas como un silbido. El joven tardo solo un instante en reconocer que lo habia producido. Los silbidos se multiplicaron y los orcos empezaron a chillar y a uir: eran flechas. Al parecer los elfos al oir el grito del orco al que atraveso Haryos con su lanza se habian apresurado en averiguar su origen y ahora atacaban a sus enemigos.
Pronto no se oyeron mas gritos de orco, Haryos fue llevado por los elfos: aparte de su herida en los ojos (la cual era grave) estaba lleno de otras mas producidas por su combate a ciegas y habia perdido mucha sangre, necesitaba medicina lo mas pronto posible.
Se escuchaban susurros, Haryos podia sentir como la gente le clavaba la mirada. El joven hubiera querido dormir un rato pero el ardor de los parpados era intenso. De pronto, los elfos que lo llevaban pararon, se oyeron pasos, alguien se acercaba, los pasos sesaron a pocos centimetros a la derecha de Haryos. Podia oir unos susurros inentendibles que provenian de este ser, aunque tal vez eran sollozos. El "hombre" se alejo y la marcha prosiguio. Los minutos parecian horas. Despues de un tiempo sintio que lo tomaban por las axilas y lo ponian sobre una cama. Le untaron los parpados con un ungüento, al tocar por primera vez a Haryos el ardor aumento y lanzo un grito, pero despues el dolor se desvanecio. El joven al fin pudo tomar su tan deseado descanso.
Al despertar sintio algo que le cubria los ojos, una venda, desde entonces siempre llevo una. Trato de levantarse pero alguien lo detuvo.
- ¡Que te has hecho!- dijo una voz familiar - Sabia que eras un temerario, por eso no queria que fueras soldado, ¿como te has hecho esto?
Haryos resumio los acontecimientos pasados.
- ¿Estas consiente de cuales son las consecuencias de tus actos? - pregunto el Rey - el veneno ha deformado tus parpados ahora no podras abrirlos, andar a ciegas el resto de tus dias, ese sera tu castigo.
Haryos se exalto.
- ¡Y que sera de mi vida!, ¿como podre luchar ahora?
- ¡Luchar!, ¿como es posible que sigas pensando en eso?, te quedaras aqui y esa desicion no es discutible. - hizo una pequeña pausa - pero eso si, no tendras que preocuparte por la compañia, comida o cualquier cosa que necesites.
- Lo que necesito es aire fresco no estar encerrado para siempre.
- ¡Lo que realmente necesitas es aprender a pensar antes de actuar!, arriesgas tu vida como si fueras inmortal, tu eres mucho mas valioso de lo que piensas, lo se, y se que tu vida tiene un proposito.
Asi termino la platica, el rey se fue, y Haryos se quedo muy pensativo. No estaba dispuesto a quedarse en ese lugar.
En la noche desidio poner en marcha su plan. No habia tardado mucho el joven en saber cual era el lugar en donde estaba (su cuarto) y su perfecto conocimiento del lugar lo ayudaria en sus propositos. Tanteo por toda el lugar en busqueda de su armadura que aun seguia ahi (y que aun seguia toda destruida) y de un cuchillo que tenia guardado en un cajon, encontro tambien en el objetos para escribir, tomo una hoja de papel, y esbribio en ella (imagino que con una letra no muy admirable) "El proposito de mi vida no lo encontrare aqui - Haryos". Busco una ventana y salto por ella, sabia que habia guardias a todas horas pero sabia donde estaban y donde pasar sin ser visto.
Asi fue como Haryos dejo por fin y para siempre el Bosque Negro.
Camino hacia el oeste, pues por la luz del sol era el lugar mas facil para orientarse (y el unico al que podia en ese entonces). Sobre estos viajes (que duraron 2 años) poco se sabe pues poco es lo que el joven mensiono alguna vez, creo que en parte se debe a que no habia mucho que contar, pero cuando tiempo despues las preguntas de la gente lo cansaron conto un poco de lo vivido:
"Habian pasado unos meses de el inicio de mi viaje, no sabia a donde iba ni que buscaba, el "¿ y ahora que ?" era una pregunta constante en mi mente, y aunque ya sabia orientarme mejor tenia algunas dificultades al andar, en espesial para encontrar comida, por eso cuando encontraba un lugar que la tuviera con abundancia permanecia en el mucho tiempo, pero siempre comia poco pues sabia que algun dia partiria y no debia acostumbrar mi cuerpo a comer mucho. Un dia el terreno se empezo a hacer mas rocoso, como en ese entonces no tenia mucho viajando no sabia cual era el lugar al que estaba por llegar: La Quebrada de los Tumulos, de haberlo sabido no me habria acercado, aunque... bueno, segui caminando, todo estaba muy silencioso, pronto me senti mareado y tropeze, no era la primera vez que me pasaba y ya sabia como hacer para retomar mi rumbo, pero no lo hice, algo me atraia en otra direccion, presentia que no debia segir caminando hacia ahi pero mis pies no me obedecian. Senti escalofrios y mi corazon latio con fuerza, lo ultimo que recuerdo es la sensacion de una mano fria en mi cuello..."
Los espectadores se quedaban en suspenso pues Haryos no decía más al respecto, solo decía, “es todo lo que deben y pueden saber” y se retiraba. Podía oír a sus espaldas los susurros de la gente: unos eran de incredulidad, otros de extrema sorpresa. Haryos solo reía a lo bajo, le gustaba crear en la gente esa sensación de curiosidad. Nadie lograba que dijera una palabra más, ni siquiera sus seres más queridos… pero no hay que adelantar los hechos.
Se dice que un día de primavera de año 3010, los guardias de El Abismo de Helm cumplían con su deber diario de rondar por las cercanas del lugar en compañías pequeñas de 10 jinetes. De jefe de compañía estaba un novato, había ingresado a las fuerzas hace poco y se había destacado como un hombre fuerte y valiente y por ello lo ascendieron a jefe de la compañía de vigilancia matutina, puesto no muy importante pero muy bueno para alguien que lleva tan poco tiempo en el ejército. En uno de los patrullajes les pareció ver algo o alguien que se acercaba y el jefe ordenó a un par somnolientos soldados a que fueran hacia él. Los hombres regresaron un minuto después con cara algo perpleja y dijeron que se trataba de un hombre a caballo vestido a la usanza de los elfos, que llevaba un bulto en la parte trasera de el animal y llevaba en la espalda una lanza envainada, pero la razón de su perplejidad es que el hombre tenía los ojos vendados pero aun así maniobraba el caballo como lo haría una persona normal. El jefe se quedó algo perplejo también pero dijo:
- Creo que estos hombres aun siguen soñando, si no es que están tratando de hacerle una broma a este novato.
Toda la compañía fue hacia el jinete y vieron que lo que habían dicho los soldados era verdad. El jefe iba abrió la boca para decir algo pero el jinete dijo:
- ¿No tienen algo mejor que hacer que estar espiando a este viajero?
El jefe lo miró, algo en él le era familiar y dijo:
- “Espiarlo”, como dice usted, es nuestro deber pues somos vigilantes de El Abismo de Helm.
- ¿El Abismo de Helm? ¿No es eso una fortaleza?
- Si, pero dígame, que lo trae…
- ¿Quién esta al mando? – interrumpió el jinete.
El jefe se quedó callado por un momento. – Erkenbrand, el señor del Folde Oeste, pero insisto…
- Quiero hablar con él, llévenme él o iré yo mismo – volvió a interrumpir.
- No creo que eso sea posible pero…
El jinete hizo un gesto de desprecio e hizo a un lado su caballo y fue con trote veloz hacia la fortaleza.
Los guardias lo siguieron desenfundando sus espadas y lo rodearon unos metros antes de llegar a la rampa. – Me temo que voy a tener que echarlo de aqui si no me dice que es lo que quiere en este lugar – dijo el jefe con voz potente.
El jinete frunció el ceño y dijo con voz más potente. -¡Pues unirme a las fuerzas idiota! ¿No es obvio?
Todos se quedaron en silencio, lo tomaron por un loco.
El jinete desmontó su caballo, desenfundó la lanza que llevaba en la espalda, se puso en guardia y dijo:
- ¿Quieren una prueba de mi fuerza?
Uno de los guardias, que era muy burlón, sonrió y bajando de su caballo aceptó el reto.
- Estoy listo – dijo, y girando 180º se dispuso a darle un golpe por la espalda.
El Desconocido, dando un rápido giro le golpeó con el extremo de la lanza en la cabeza y el soldado cayó al suelo dando un grito.
- ¿Este es el tipo de hombres que tienen aquí?, no seas llorón, si hubiera peleado a matar te aseguro que ahora mismo no te dolería nada. ¿Alguien mas quiere probarme? – todos se quedaron en silencio y unos ayudaban al soldado herido. – Bien, - dijo simulando paciencia - ahora, ¿pueden llevarme a ver a Erkenbrand?
Los soldados lo guiaron, llegaron a la rampa, abrieron la puerta, dijeron que esperara ahí afuera, se apearon y entraron al salón el Desconocido le quitó el bulto a su caballo, le acarició la cabeza y lo dejó que descansara. Él hizo lo mismo.
Otros soldados en el interior lo miraban. Pocos minutos después volvieron los guardias con un hombre, el jefe le susurraró algo al oído y el hombre dijo:
- ¿En que puedo servirle señor?
- El Desconocido se paró, hizo una reverencia y dijo: - Señor Erkenbrand, quisiera saber que debo hacer para unirme a sus hombres, creo que ya le demostré a unos de ellos que soy capaz de pelear.
- Entre, para que hablemos en un mejor lugar pero dígame, ¿Cómo se llama?
El Desconocido se quedó pensativo un momento y dijo: - La gente me llama Úatar, Haryos Úatar.
Entraron en una espaciosa habitación y no estaban solos. Erkenbrand pidió a su extraño invitado que se sentara y este dijo:
- No soy ninguna especie de loco, señor, ¿podría decirle a sus hombres que guarden sus espadas?
Todos quedaron sorprendidos y Erkenbrand dijo:
- En efecto, he visto muchos locos, y usted no se les parece - y le pidió a sus hombres que se retiraran. - ¿como supo que mis hombres estaban aquí?
- Por mas que lo intenten ser silenciosos no pueden evitar respirar, parece que el rumor de mi llegada se ha corrido rápido, pues tus hombres estaban nerviosos, su ritmo respiratorio los delata. ¿Y si nos concentramos en el tema que me interesa?
- No puedo dejar que cualquier persona que aparece e ingrese a mis filas, aunque sea el mejor guerrero de la Tierra Media, ¿de donde viene y por que tanto interés en ser uno de mis hombres?
- Hogar no tengo, he tenido varios pero eso fue hace tiempo. Nunca pertenecí a ninguno de ellos por eso no diré sus nombres. Quiero unirme por que al igual que ustedes detesto las malditas criaturas de Mordor, quizá más.
Erkenbrand no sabía que decir, el tal Haryos parecía ser una persona cuerda, pero su aspecto le seguía pareciendo extraño.
- Te daré una oportunidad - dijo al fin, pero lo tendría bien vigilado, eso es algo que no mencionó.
Haryos salió de la habitación aparentemente satisfecho por su logro. Un guardia lo llevó a su cuarto.
El joven decidió que sería bueno familiarizarse con el lugar así que salió a caminar. La gente no dejaba de mirarlo sorprendido, el ignoraba sus comentarios, hasta que una voz dijo susurrando:
– Ese hombre me parece conocido – Haryos reconoció la voz: era el capitán del grupo de soldados que se lo habían encontrado cuando caminaba hacia el Abismo de Helm, por alguna razón también le parecía conocida, como si la hubiera escuchado tiempo atrás, hasta que por fin recordó quien era, giró hacia él furioso y dijo.
– Primero traicionas y después olvidas, vaya forma que tienes de pagar una amistad Draug.
El capitán palideció, ahora lo recordaba. Haryos se lanzó contra él dispuesto a ahorcarlo pero un grupo de hombres lograron detenerlo.
– Escucha Haryos, – dijo Draug. – siento todo lo que te hice, de verdad cuando se supo que no habías sido tú quien acecinó a Brannon no tienes idea de cómo me sentí.
– ¡Calla!, no eres más que un cobarde, no tienes idea de cuanto esperé para tenerte en frente y darte lo que mereces.
Haryos logró soltarse y en una rápida maniobra toma la espada de uno de los que lo sostenían y se dispone a dar muerte a Draug.
– ¡Haryos!, gritó sorprendida una voz femenina que detuvo por completo a Haryos.
– ¿B, Brennil?