El único cuerpo insignificante de las traducciones simuladas fue publicado en “Las aventuras de Tom Bombadil”, pero esa colección de poemas es insatisfactoria, como muchas que fueron escritas independientemente de El Señor de los Anillos y el Silmarillion, y no reflejan mucho de los pensamientos de Tolkien sobre los estilos y voces de los antiguos narradores cuyas tradiciones han desaparecido. Para legitimizarlo, uno debe caer dentro de los textos Quenya y Sindarin, que son insuficientes para representar una literatura. El lamento de Galadriel no cuenta una historia. No relata la historia. Más bien, implica lo mucho que ha pasado, y algunas cosas que pueden ser. Como la alusión de Bede a los reyes contemporáneos, el lamento de Galadriel realmente requiere que el lector posea un considerable conocimiento sobre la vida e historia de Galadriel para entender sobre qué está hablando. De otro modo, su canción es solamente un bonito poema con una gran pena pegada a él.
Pero aunque la arqueología quizás un día prevalezca y nos dé entendimiento a las oscuridades de Bede, estaremos como estrellas en el mundo de Tolkien en su distancia, con los ojos medio cerrados y como errantes a lo largo de un escape mental de prioridades confusas. Nuestro conocimiento de la historia de la Tierra Media y su literatura nos es filtrado como si fueran estudios de Shakespeare, donde sus palabras son el único recurso que ha encontrado para las tradiciones concernientes a Hamlet, Ricardo III, el rey Juan, Enrique V y Julio César.
Shakespeare escribió sobre gente real e imaginaria, y sus más famosas líneas han sido citadas una y otra vez. “Et tu, Brute” puede ser una de las más citadas frases de Shakespeare, y alguna gente dice que él solamente tomó estas palabras de la tradición. Si es así, Tolkien (al que no le gustaba Shakespeare) apunta para sí mismo las reglas del juego de Shakespeare para la Tierra Media. Rescribe las historias con algo nunca escrito, vuelve a contar cuentos nunca contados, e inventa tradiciones que desaparecieron albergadas por generaciones.
La pretensión que Tolkien hizo al copiar estas historias de la antigua literatura, no es realmente original. Alguna gente clama que Atlántida de Platón no es más que una fabricación, una pseudo historia que nunca se tomó en serio. La historia de la Atlántida ha excitado la imaginación a lo largo de 2000 años. Y, de hecho, encontró un lugar en la Tierra Media, porque Tolkien admitió más de una vez que la historia de Númenor es una derivación de la historia de la Atlántida.
Aun el sueño de Faramir de una poderosa ola alzándose en el océano, se debe a una experiencia real. Tolkien mismo confesó haber tenido un sueño. Como cualquier escritor anterior, y como cualquiera posterior, Tolkien puso algo de sí mismo en su creación. Y, por supuesto, Tolkien tomó prestadas cosas de las antiguas tradiciones para contribuir a su propias e imaginarias tradiciones. Desde el sacrificio de una mano de Beren con el lobo, el sueño de Faramir sobre la ola que se acercaba, Tolkien no siente ningún remordimiento al hacer de las tradiciones reales los recursos para su literatura perdida.
Las nuevas historias son ciertamente interesantes en sus propios términos. No merecen lo mismo que las historias viejas. Tolkien exploró un nuevo ángulo en el tema de la muerte y la búsqueda de la inmortalidad. Nosotros iremos desenmarañando estas anécdotas para las generaciones venideras y arguyendo sobre cuál de los héroes ha tenido el mayor impacto en su mundo imaginario. Y sólo el tiempo nos dirá si Tolkien nos ha dado el equivalente de “Et tu, Faramir”.
Traducido por @Krasnaya.