“La historia de Aragorn y Arwen” es, probablemente, la cita más larga que Tolkien incluyó en sus trabajos de la Tierra Media. Por supuesto, alguna persona puede argüir que “Aldarion y Erendir: La esposa del marinero” es otra historia traducida, pero la presentación es completamente diferente. Y Tolkien nunca finalizó esa historia, así que no tenemos pistas claras sobre de quién es la voz del narrador, Tolkien o algún antiguo escritor imaginario. Aun “El desastre de los Campos Gladios” no supera la prueba porque está acompañado de notas del autor que claramente muestran que Tolkien estuvo entrelazando textos para rellenar la historia que da en El Señor de los Anillos (incluyendo “Cirion y Eorl”).
La ficción de Tolkien no es sobre historias olvidadas tanto como que él pretende que lo sean. No actúa mucho como traductor sino como propagador, resucitando la vieja tradición del campo de batalla que Aragorn practica cuando les cuenta a Frodo y los chicos una historia sobre Beren y Lúthien. Las historias en la historia de la Tierra Media son contadas y renarradas, rara vez escritas, y el Libro Rojo de la Marca del Oeste preserva esas historias en un estado que les confiere artificialidad. Esto es, está permitido que creamos (o asumamos) que las historia deben haber sido narradas de tan sólo una manera cierta.
De hecho, el rastro de la traducción y la re-narración es muy largo. El Libro Rojo que Tolkien reclama poseer no es el libro original que Bilbo y Frodo escribieron. Es una copia “escrita en Gondor, probablemente por el requerimiento del tataranieto de Peregrin, y completado en 1592. Es un copista del sur el que añade esta nota: Findegil, escritor del rey, terminó este trabajo en IV 172. Es una copia exacta en todos los detalles del libro de Thain en Minas Tirith. Ese libro era una copia, hecha por requerimiento del rey Elessar, del Libro Rojo de los Periannath, y me fue brindada por el Thain Peregrin cuando se retiró de Gondor en IV 64.”
Así, el Libro Rojo de Tolkien era una copia de una copia. El libro original contiene, actualmente de cuatro volúmenes: el diario de Bilbo y Frodo, completado por Sam, y los tres volúmenes de Bilbo titulados “Traducciones del élfico” son presumiblemente los recursos tomados del material del Silmarillion. Y, ¿Quién escribió esas historias? Elrond nació tan sólo 58 años antes del fin de la Primera Edad. Muchos de los acontecimientos más importantes ya habían ocurrido. Así, aun él mismo escribió todo el material de la fuente de Bilbo, si hubiera incluido más historias secundarias.
De hecho, en La Guerra de las Joyas, nos dicen que “Narn i Chin Hurin” “fue escrita por Dirhavel, y Adan que entrevistaron a supervivientes en Arvenien y compusieron su Narn. El relato de Dirhavel debió ser memorizado o puesto por escrito antes de que los Feanorianos destruyeran Arvenien. Elrond quizá obtuvo una copia de Maglor, o quizá tuvo que esperar antes de encontrarse con el reino de Gil-Galad en la Segunda Edad para aprender sobre la Narn. Si esto fue preservado tan sólo oralmente, luego cualquiera la puso por escrito para la búsqueda de Bilbo que fue provista de una tercera narración más.
Como un lingüista que conocía las relaciones entre la Indoeuropea *dyeu- y sus descendientes Tyr (un dios noruego de la guerra), Zeus (el rey de los reyes griegos) y el latino Dios, Tolkien entendió muy bien que palabras y tradiciones estaban relacionadas con ello y podían cambiar a lo largo de los siglos. Tyr, Zeus, Júpiter y otras derivaciones están asociados con el cielo, pero Tyr se convirtió en un dios de la guerra de segunda importancia (su aventura más destacada consiste en el sacrificio de su mano derecha en la captura del lobo Fenris, en el cual está indudablemente inspirada la confrontación de Beren con Carcharoth).
Por tanto, Tolkien no debió tener problema con todas esas historias entre historias. En algún lugar de cada una preservó bastante de la leyenda verdadera que el lector puede entender que Tolkien está compartiendo una memoria de lo que realmente ha ocurrido. Pero no está compartiendo la literatura que originariamente preservó esa memoria. Para ser fiel al concepto Tolkien pudo haber tenido que escribir justamente simples versos y narraciones.
Por ejemplo, “La épica de Gilgamesh” es habitualmente citada en la primera gran aventura, pero las traducciones modernas inglesas de ella -lo presentan como trabajos originales- pueden ganar duramente algunos lectores por su absoluto tedio textual:
El que vio algo en los amplios huesos de la tierra, y conoció lo que debía de conocer
que experimentó lo que había sido, y se familiarizó con todas las cosas
Él, a quien la sabiduría se adhirió como un manto, y que habitó junto con la Existencia en Armonía
Él conoció el secreto de las cosas y se tendió con ellas desnudo. Y dijo que antes de la Anegación
en su ciudad, Uruk, él hizo los muros, que formaron una muralla que se extendía
Y el templo llamado Eanna, que fue la casa de An, el dios del cielo
Y también Lanna, diosa del Amor y la Batalla.
Fuente: <;
Es justo reconocer, que una moderna traducción queda abandonada largamente al talento del traductor, pero los modernos lectores tienen la lujuria de comprar libros de bolsillo concisos, mientras que los lectores originales de la épica de Gilgamesh tienen que colgar tabletas de arcilla. El cuento fue preservado de una verdadera tradición oral, también, y muchas de las audiencias no estaban capacitadas para permanecer en la historia con el camino que podían seguir los Hobbits de un libro a otro, noche tras noche, semana tras semana. Las historias verdaderamente grandiosas eran, probablemente narradas en fiestas, bodas y en eventos especiales que se celebraban en las vacaciones.