El antiguo amor por intercambiar historias y esto ha sido sugerido por más de un erudito que muchas mitologías clásicas toman prestado de otras más antiguas. Todas las infidelidades de Zeus, por ejemplo, pueden representar intentos de fusionar varias leyendas sobre un antiguo dios del cielo dentro de una mitología coherente. A lo largo de los siglos, los narradores de historias han acumulado gran sofisticación. La tecnología, lentamente captó la habilidad de la audiencia para absorber más información también. Eventualmente, Herodoto, estuvo capacitado para componer el primer diario extendido. Su “Historia” recoge sus pensamientos acerca de las tradiciones que aprendió de algunas gentes con las que los griegos mantenían contacto. No estaba analizando las tradiciones tanto como preservándolas. Pero sus escritos eran sofisticados aun con los estándares modernos, podía revisitar los temas, algunos capítulos (o libros) después de su introducción.
Muchos de los escritores romanos intentan escribir largas historias, también, pero además desarrollan el arte de escribir historias encapsuladas, una habilidad que pasó a la Iglesia Católica Romana. La historia por sí misma se hace menos importante como la historia contada que retorna a la prominencia. La temprana literatura medieval nos ofrece la Eclessiastical History of England (Historia eclesiástica de Inglaterra) de Bede, que los modernos historiadores pueden a la vez alabar y maldecir. Bede deseaba contar unas pocas y buenas historias y reñir a algunos de los reyes contemporáneos acerca de sus fallos. Al hacerlo, aludió a cosas que hacía mucho que habían sido olvidadas. Pudo haber sido bonito si hubiera ofrecido unas pequeñas notas aclaratorias explicando a qué se había querido referir.
Tolkien nos provee de notas al pie… y notas finales… y notas dentro de las notas, indirectas, anécdotas, argumentos, fuera de línea y todo así, incluyendo trozos de papel y garabatos en periódicos de la mañana. Él quería documentar todo lo que pudiera sobre la Tierra Media, pero tuvo demasiado poco tiempo para realizar el proyecto, y crear una literatura para sostener las historias no era su prioridad. Las historias son más importantes que la literatura, justo como las historias de Bede eran más importantes que su historia real, justo como las anécdotas de Herodoto eran más importantes que relatar simplemente los hechos que después conocía.
Las anécdotas de Herodoto son, habitualmente ridiculizadas como una mezcolanza que no debería haber sido incluida en el primer intenta de escribir una historia formal. Pero si Herodoto nos habló de los hermanos egipcios que intentaron robar una tumba, liderado pro el trágico sacrificio de un hermano para salvar al otro, ¿pudo esta historia haber sido la mitad de interesante para leer que lo que realmente es? Había mucho que Herodoto quería preservar y él tuvo que escoger entre cuentos populares y mitos. Entendió bien bastante que parecía increíble para su audiencia contemporánea. También entendió que las siguientes generaciones quizás no creerían cada cosa que tenía que contar.
Sin embargo, la mano de Herodoto es algo evidente en las historias de Tolkien sobre la Tierra Media. Tolkien, como Herodoto, intentó preservar “algo”. Como San Juan viendo el Apocalipsis, Tolkien confiere una visión y se apresura en escribir todo lo que ha visto. Pero Tolkien ve mucho que no puede describir, él no lo puede grabar todo. Se distrae de su cometido una y otra vez. Para Tolkien, la historia sólo se convierte en interesante cuando está atada a una palabra. Una palabra es algo muy simple, y él tiene una larga historia. Las palabras rara vez aparecen, aunque nos parece que las tenemos todo el tiempo. Ellas, las más veces, nos vienen de otras personas, y, habitualmente el delicado cambio que se hace en los usos y los significados de las palabras hace comprimir volúmenes de historia que serán olvidados.
Tolkien habitualmente se detiene en la explicación del origen de una palabra, y eso, por supuesto, conlleva a relatar la historia de una cosa que describe la palabra, que lleva a otras palabras. Como un historiador formal, Tolkien era peor que Herodoto. Herodoto, al menos sigue un plan. Tolkien solía empezar un libro y dejarlo sin finalizar, abandonando el trabajo cerca del final, a la mitad, o cerca del principio, como le diera el capricho. Quizá, alguna vez en todos los planes sin realizar, Tolkien hizo, de hecho, un intento de crear una literatura para la Tierra Media.
Él, ciertamente no careció de argumentos básicos: los hijos de Hurin, Beren y Lúthien, Aldarion y Erendis, Fëanor y al menos media docena de otras historias que actualmente están en proceso de moldearse en las que Christopher Tolkien realmente no necesitó mucho trabajo.
Uno de tales experimento pudo haber sido el “Athrabeth Finrod ah Andreth”. Tolkien dijo que la intención para el “Athrabeth” era “dramática: para exhibir la generosidad de la mente de Finrod, su amor y lástima por Andreth, y las situaciones trágicas a las que deben rebelarse en los encuentros con los hombres y los elfos”. El comentario de Tolkien en “Athrabeth” esclarece que la narrativa es simplemente una perspectiva moderna en las diferencias culturales entre los Eldar y los Edain. Pero no le debió llevar mucho trabajo, desde que la narrativa consiste más que nada en el diálogo, para presentar el “Athrabeth” como una traducción de un texto antiguo. Sin embargo, Tolkien parece tener abandonado el motivo de la traducción de muchos de sus escritos de ESDLA.