Pero, ¿en qué estado se encontraba «El Silmarillion»? Un año antes, Tolkien, con ayuda de un mecanógrafo, había realizado una copia de los Anales y del Quenta Silmarillion que incorporaban las alteraciones hechas en 1951-1952. Aunque era esa la intención, no siempre ocurrió; algunos cambios se perdieron y no se reflejaron en esta copia. No obstante, fue el inicio de una nueva revisión y reescritura en los meses posteriores. Apareció de esta forma el Valaquenta, nuevos capítulos y ensayos. Pero, de nuevo, Tolkien no llegó a la última parte del Quenta Silmarillion.
Para el tema que nos ocupa, entre los varios textos y ensayos que Tolkien escribió en esta época, hay que destacar una idea que había aparecido con anterioridad. Tolkien pensó que su cosmogonía, es decir, el origen del mundo, debía ser más «real», y elaboró un comentario con la idea de «regenerarla». Hasta entonces, en su mitología la Tierra era plana y el Sol y la Luna eran creados a partir del último fruto de los Dos Árboles, Laurelin y Telperion, tras haber sido mancillados por Melkor y Ungoliant.
«…me sentí inclinado a adherirme a la Tierra Plana y a la tarea astronómicamente absurda de la hechura del Sol y la Luna. Pero no puedes inventar historias de ese tipo cuando vives entre gentes con el mismo fondo imaginativo general, cuando el Sol «de verdad» sube por el Este y desciende por el Oeste, etc. Cuando, no obstante (independientemente de lo poco que sepa o piense la gente sobre astronomía), la creencia general es que vivimos en una isla «esférica» en el «Espacio», no puedes seguir haciéndolo».
El Anillo de Morgoth. La Transformación de los Mitos. p.422-423
Tolkien escribió unas ideas generales sobre esta «nueva mitología»: El Sol estaría desde un principio junto a la Tierra y Arda sería lo que nosotros conocemos como el Sistema Solar. La llegada de los Hombres se trasladaría mucho más atrás, pues «no es creíble que en apenas 400 años surja la variedad y el desarrollo (p. ej. de los Edain) de la época de Felagund» (El Anillo de Morgoth p.431).
Sin embargo, estos nuevos conceptos no se vieron reflejados en un relato, en una nueva versión del Quenta Silmarillion o los Anales. Esta falta de desarrollo de la «nueva mitología» llevó a Christopher a suponer que su padre vio que la «antigua mitología» estaba demasiado interrelacionada entre sí.
«aunque decidido en mente a abandonar el antiguo mito del origen del Sol y la Luna mi padre dejó en suspenso la formulación y expresión del nuevo. Es posible, aunque no dispongo de pruebas en una dirección o en otra, que este texto experimental le hiciera ver que la vieja estructura era demasiado global, demasiado interrelacionada en todas sus partes, de raíces demasiado profundas, para soportar una cirugía tan devastadora».
El Anillo de Morgoth. La Transformación de los Mitos. p.437
Si bien estas ideas no se plasmaron en una revisión de la vieja mitología, tampoco Tolkien volvió a tocar el Quenta Silmarillion en lo que le quedaba de vida. Su interés se fue hacia otros asuntos, muchas veces de manera errática. Tolkien era una persona que se distraía con facilidad.
«Invertía una considerable cantidad de tiempo en contestar la correspondencia. Sus lectores le escribían elogiando, criticando, o pidiendo información sobre algún elemento de sus narraciones. A veces […] extraviaba una carta después de escribirla […] la búsqueda solía revelar otras cosas olvidadas […] y entonces abandonaba lo que hubiera comenzado, para dedicarse a leer o a reescribir lo que acababa de descubrir».
Biografía. p.295
También pasaba mucho tiempo con solitarios, crucigramas, dibujos heráldicos…. «Pero luego se sentía avergonzado por lo que no consideraba sino métodos dilatorios, e intentaba volver al trabajo. Entonces sonaba el teléfono, o Edith le pedía que la acompañase a hacer compras o a tomar el té con una amiga» (Biografía, p.296). Esta sensación de perder el tiempo, de la que muchas veces era responsable, no ayudaba a un hombre que tenía cierta tendencia a la depresión, aunque por breves períodos (Ibid. p.297).
Falta de disciplina, distracciones, la edad que fue haciendo mella en sus energías (escribía en 1965: «Encuentro difícil trabajar; empiezo a sentir la vejez y el fuego que se extingue», Biografía, p.290) podrían explicar, en parte, que Tolkien no llegara a publicar El Silmarillion. Pero sabemos que siguió escribiendo durante la década de los 60 y hasta el último mes de su vida muchos otros textos sobre su legendarium: escritos filológicos, ensayos, textos sobre Galadriel, Glorfindel, etc. Parece evidente que perdió el interés por acabar el Quenta Silmarillion, unificar los textos, reescribir esos últimos capítulos. Prefería otras cosas. Quizá la (nueva) cosmogonía le hiciera dudar. Incapaz de eliminar el antiguo mito de la creación del Sol y la Luna y rehacer buena parte de sus escritos, pero, a su vez, incapaz de acabar una obra cuya cosmogonía le parecía poco creíble.
T.A. Shippey aporta otro posible motivo: el peligro de contar esos relatos que daban «impresión de profundidad» a El Señor de los Anillos. «Una cualidad […] creada de la misma manera que la antigua épica por las canciones y digresiones como la balada de Tinúviel que canta Aragorn, las alusiones de Sam Gamyi al Silmaril y la Corona de Hierro […] Contarlos en su propia forma y esperar de ellos que retengan el encanto que tuvieron en su marco más amplio sería un error tremendo» (El Camino a la Tierra Media, p.262). Citaba Shippey a Tolkien en una carta de 1963:
«Yo mismo tengo dudas sobre la empresa [presentar las leyendas de El Silmarillion de forma coherente, integrándose con El S. de los A. y darles cierta forma progresiva]. Parte del atractivo del S. de los A. radica, creo, en los atisbos de una historia más amplia desarrollada en el fondo histórico: un atractivo como el que tiene ver a lo lejos una isla que no se ha visitado, o las torres de una ciudad distante que resplandecen entre la niebla iluminada por el sol. Ir allí es destruir la magia, a no ser que vuelvan a revelarse nuevos panoramas inasequibles».
Cartas. Carta 247. p.388