Pero, ¿cuánto de cierto tiene esta historia? ¿Se relata como una certeza, o como una tradición, leyenda o mito que sobrevivía entre los Hombres? Más bien lo segundo que lo primero, pues Tolkien ejerce simplemente de narrador. Si bien, en la Nota 9 de la Athrabeth ya no actúa como tal y dice lo siguiente:
“En una versión de la leyenda completa (resumida en escala temporal) se dice expresamente que se trata de una tradición númenóreana, pues Andreth dice: Esta es la Historia que me contó Adanel, de la Casa de Hador. Los Númenóreanos, al igual que la mayor parte de sus tradiciones no élficas, procedían en gran parte del Pueblo de Marach, cuyos caudillos eran de la Casa de Hador. La leyenda guarda cierto parecido con las tradiciones númenóreanas acerca del papel de Sauron en la caída de Númenor. […] Sin embargo, esto no demuestra que sea una obra por completo ficticia de los días posteriores a la caída. No hay duda alguna de que procede sobre todo de los conocimientos reales del Pueblo de Marach, muy distintos de la Athrabeth. [Nota añadida: Nada de esto prueba la «verdad», histórica o no, de la historia.] Es lógico e inevitable que las maquinaciones de Sauron fueran similares o copiaran a las de su amo. Que un pueblo en posesión de esa leyenda o tradición fuera posteriormente engañado por Sauron es triste pero, teniendo en cuenta la historia humana en general, no resulta increíble.”
Athrabeth Finrod ah Andreth. El Anillo de Morgoth. p. 394
Parece evidente que Tolkien no quiso aclarar la veracidad de esta historia. Prefirió dejarlo en una tradición o leyenda, de la que no se puede decir que sea una historia por completo ficticia, ni tampoco se puede probar la verdad de esta. Esto es recurrente en su obra, dejar premeditadamente cosas sin explicar, sin respuesta, o sin aclarar la autenticidad de algunas historias. Recordemos, por ejemplo, la leyenda de la Dagor Dagorath o la incertidumbre que tienen Hombres y Elfos con la muerte. Tolkien, hablando de El Señor de los Anillos, le decía a Naomi Mitchison que:
“Como historia, creo que está bien que muchas cosas queden sin explicación (especialmente si la explicación existe en realidad); y desde este punto de vista quizá me he equivocado al tratar de explicar demasiado… Y aun en una Era mítica debe haber algunos enigmas, como los hay siempre. Tom Bombadil es uno de ellos (intencionalmente).”
Carta nº 144. Cartas. p. 206
Recapitulemos… En un principio, existía una Caída de los Hombres, un acto grave, del que se desconocía sus consecuencias, pero no era la mortalidad. La muerte era un don de Eru y no un castigo. Como se ha visto, Tolkien repitió estas palabras de forma indudable varias veces. No hay ninguna declaración, ni ningún texto de Tolkien en el que pudiéramos pensar que este pensamiento cambiase posteriormente, aun con la escritura de la Athrabeth. Lo que surgió de esta obra fueron las palabras de Andreth y la historia de Adanel, la leyenda de la Caída. Y, en palabras del mismo Tolkien, no se demuestra su veracidad, pero algo, algo sí tendría…
Sabemos que Tolkien le daba cierto valor y credibilidad a las leyendas o mitos: “Después de todo, creo que las leyendas y los mitos encierran no poco de «verdad»; por cierto, presentan aspectos de ella que sólo pueden captarse de ese modo.” (Cartas, p. 175). Cabría aquí hablar de una conversación que relata Humphrey Carpenter entre Tolkien, C.S. Lewis y Hugo Dyson sobre la verdad del mito. Una noche de 1931 los tres amigos salieron a caminar. Lewis creía en Dios, pero no entendía la función de Cristo y de qué manera podía afectarle o ayudarle su muerte, llegando a afirmar que “los mitos eran mentiras”. Pero Tolkien no estaba de acuerdo, y le hizo ver que el mito de Cristo había ocurrido en el mundo real, “y así como el lenguaje es invención de objetos e ideas, el mito es invención de la verdad”. Unos días más tarde Lewis se convirtió al cristianismo (Biografía, pp.185-187).
Probablemente, la respuesta más satisfactoria a esta incógnita sobre la muerte de los Hombres y que podría tener mayor conformidad con los textos expuestos podría ser la de que, en efecto, la muerte es un don de Eru, y los Hombres eran mortales por naturaleza, pero en la Caída su vida fue acortada.
ACTUALIZACIÓN JUNIO 2022
La publicación del libro La Naturaleza de la Tierra Media ha sacado a la luz un texto que corrobora la conclusión anterior. Estas páginas escritas a mano se encuentran en hojas de prensa de Allen & Unwin fechadas a principio de 1968. Hablando de la Caída y de la conversación de Finrod y Andreth en la Athrabeth, Tolkien escribió:
“De esta conversación parece desprenderse que Andreth pensaba que la muerte (y especialmente el miedo a ella) había sobrevenido a los Hombres como un castigo o resultado de algún desastre (los Eldar creían que se trataba de una rebelión contra Eru); originalmente no había habido ninguna intención de que las vidas de los Hombres fuesen breves o pasajeras. […]
Porque (en la medida que podemos conjeturar ahora) [de] las leyendas (sobre todo, probablemente, las de origen élfico, aunque nos han llegado a través de los Hombres) parecería claro que los Hombres no estaban concebidos como seres de una longevidad élfica, limitados solo por la vida de la Tierra o la resistencia de esta como lugar habitable para los Encarnados. Tenían el privilegio, como dirían los Elfos, de haber abandonado el mundo físico y el tiempo (los círculos del mundo) por voluntad propia, pero después de una vida mucho más larga de la que la mayoría gozaba hoy en día. Por tanto, la vida de los Númenóreanos antes de su caída (¿la 2ª Caída del Hombre?) no era tanto un don especial como una restauración de lo que debería haber sido la herencia común de los Hombres, [la de vivir] 200 o 300 años.”
La Naturaleza de la Tierra Media. p.239