¿Qué aconteció el 28 de febrero en la Tierra Media creada por J.R.R. Tolkien? Podéis descubrirlo a continuación.
Proseguimos con nuestra sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con una jornada en la que dos hobbits intentaron encontrar un camino para seguir avanzando, en la que unos cazadores continuaron su persecución y en la que uno de los Mariscales de la Marca alcanzó a una tropa de orcos. Nos gustaría recordar que todas las fechas de esta sección se corresponden únicamente con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey o el Cómputo de los Senescales) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas ellas proceden de ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ y los Manuscritos Marquette de J.R.R. Tolkien, y de otros libros de estudiosos tolkiendil como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos. Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.
Esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 28 de febrero, o el 28 de Solmath según el Calendario de la Comarca.
Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:
* Grishnákh reaparece con una compañía de orcos y se une a Uglúk.
* Los Tres Cazadores continúan la persecución.
* Frodo y Sam buscan un camino a través de Emyn Muil.
* Al atardecer, el éored de Éomer alcanza a los orcos liderados por Uglúk a la entrada del bosque de Fangorn y los cerca.
(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)
(Grishnákh, por la artista neerlandesa Suzanne Helmigh)
“Grishnákh reapareció, y detrás una veintena de otros como él: orcos patizambos de brazos largos. Llevaban un ojo rojo pintado en los escudos. Uglúk se adelantó a recibirlos.
—¿De modo que has vuelto? —dijo—. Lo pensaste mejor, ¿eh?
—He vuelto a ver cómo se cumplen las órdenes, y se protege a los prisioneros —dijo Grishnákh.
—¿De veras? —dijo Uglúk—. Un esfuerzo desperdiciado. Yo cuidaré de que las órdenes se cumplan. ¿Y para qué otra cosa volviste? Viniste pronto. ¿Olvidaste algon atrás?
—Olvidé a un idiota —gruñó Grishnákh—. Pero hay aquí gente de coraje acompañándolo, y sería una lástima que se perdiera. Sé que tú los meterías en dificultades. He venido a ayudarlos.
—¡Espléndido! —rió Uglúk—. Pero si eres débil y escapas al combate, has equivocado el camino. Tu ruta es la de Lugbúrz. Los Pálidos se acercan.“
(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).
(Los Tres Cazadores, por el artista italiano Angelo Montanini)
“—De todos modos tenemos que seguirlos, como nos sea posible —dijo Aragorn. Inclinándose despertó al Enano—. ¡Arriba! Hay que partir —dijo—. El rastro está enfriándose.
—Pero todavía es de noche —dijo Gimli—. Ni siquiera Legolas subido a una loma podría verlos, no hasta que salga el sol.
—Temo que ya no estén al alcance de mis ojos, ni desde una loma o en la llanura, a la luz de la luna o a la luz del sol —dijo Legolas.
—Donde la vista falla la tierra puede traernos algún rumor —dijo Aragorn—. La tierra ha de quejarse bajo esas patas odiosas.
Aragorn se tendió en el suelo con la oreja apretada contra la hierba. Allí se quedó, muy quieto, tanto tiempo que Gimli se preguntó si no se habría desmayado o se habría quedado dormido otra vez. El alba llegó con una claridad vacilante, y una luz gris creció lentamente. Al fin Aragorn se incorporó, y los otros pudieron verle la cara: pálida, enjuta, de ojos turbados.
—El rumor de la tierra es débil y confuso —dijo—. No hay nadie que camine por aquí, en un radio de muchas millas. Las pisadas de nuestros enemigos se oyen apagadas y distantes. Pero hay un rumor claro y distinto de cascos de caballo. Se me ocurre que ya antes los oí, mientras aún dormía tendido en la hierba, y perturbaron mis sueños: caballos que galopaban en el oeste. Pero ahora se alejan más de nosotros, hacia el norte. ¡Me pregunto qué ocurre en esta tierra!”
(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 2: Los Jinetes de Rohan).
(Emyn Muil, por Michael Rasmussen)
“—Quién sabe —dijo Frodo—. Si es mi destino, como creo, ir allá, al lejano País de la Sombra, tarde o temprano algún sendero tendrá que aparecer. ¿Pero quién me lo mostrará, el bien o el mal? Todas nuestras esperanzas se cifraban en la rapidez. Esta demora favorece al Enemigo… y heme aquí: demorado. ¿Es la voluntad de la Torre Oscura la que nos dirige? Todas mis elecciones resultaron equivocadas. Debí separarme de la Compañía mucho antes, y bajar desde el Norte, por el camino que corre al este del Río y las Emyn Muil, y cruzar por tierra firme el Llano de la Batalla hasta los Pasos de Mordor. Pero ahora no será posible que tú y yo solos encontremos el camino, y en la orilla oriental merodean los orcos. Cada día que pasa es un tiempo precioso que perdemos. Estoy cansado, Sam. No sé qué hacer. ¿Qué comida nos queda?
—Sólo esas…, ¿cómo se llaman…?, ésas lembas, señor Frodo. Una buena cantidad. Son mejor que nada, en todo caso. Sin embargo, nunca me imaginé, la primera vez que les hinqué el diente, que llegarían a cansarme. Pero eso es lo que me pasa ahora: un mendrugo de pan común y un jarro de cerveza… ay, siquiera medio jarro… me caerían de perlas. Desde la última vez que acampamos traigo a cuestas mis enseres de cocina, ¿y de qué me han servido? Nada con qué encender un fuego, para empezar; y nada que cocinar; ¡ni una mísera hierba!”
(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Cuarto, capítulo 1: Sméagol domado).
(Rohirrim, por la artista rusa Julia Alekseeva)
“«Todavía lo conseguirán. Van a escaparse», se dijo Pippin, y torciendo el pescuezo miró con un ojo por encima del hombro. Allá a lo lejos en el este vio que los jinetes ya habían alcanzado las líneas de los orcos, galopando en la llanura. El sol poniente doraba las lanzas y los cascos, y centelleaba sobre los pálidos cabellos flotantes. Estaban rodeando a los orcos, impidiendo que se dispersaran, y obligándolos a seguir la línea del río.
Se preguntó con inquietud qué clase de gentes serían. Lamentaba ahora no haber aprendido más en Rivendel, y no haber mirado con mayor atención los mapas y demás; pero en aquellos días los planes para el viaje parecían estar en manos más competentes, y nunca se le había ocurrido que podían separarlo de Gandalf, o de Trancos, o aun de Frodo. Todo lo que podía recordar de Rohan era que el caballo de Gandalf, Sombragris, había venido de aquellas tierras. Esto parecía alentador, dentro de ciertos límites.
«¿Cómo podrían saber que no somos orcos? —se dijo—. No creo que aquí hayan oído hablar de hobbits alguna vez. Tendría que regocijarme, supongo, de que quizá los orcos sean destruidos, pero preferiría salvarme yo.» Lo más probable era que él y Merry murieran junto con los orcos antes que los Hombres de Rohan repararan en ellos.“
(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).
(Los orcos llegan a los lindes de Fangorn, por el artista rumano Cristi Balanescu)
“Llegó la noche y los Jinetes no habían vuelto a acercarse. Muchos orcos habían caído, pero aún quedaban no menos de doscientos. En la oscuridad temprana los orcos llegaron de pronto a una loma. Los lindes del bosque estaban muy cerca, quizá a no más de doscientos metros, pero tuvieron que detenerse. Los jinetes los habían cercado. Un grupo pequeño desoyó las órdenes de Uglúk, y corrió hacia el bosque: sólo tres volvieron.
—Bueno, aquí estamos —se burló Grishnákh—. ¡Excelente conducción! Espero que el gran Uglúk vuelva a guiarnos alguna otra vez.
—¡Bajen a los Medianos! —ordenó Uglúk, sin prestar atención a Grishnákh—. Tú, Lugdush, toma otros dos y vigílalos. No hay que matarlos, a menos que esos inmundos Pálidos nos obliguen. ¿Entendéis? Mientras yo esté con vida quiero conservarlos. Pero no hay que dejar que griten, ni que escapen. ¡Atadles las piernas!
La última parte de la orden fue llevada a cabo sin misericordia. Pero Pippin descubrió que por primera vez estaba cerca de Merry. Los orcos hacían mucho ruido, gritando y entrechocando las armas, y los hobbits pudieron cambiar algunas palabras en voz baja.”
(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).
(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

