Hoy en la Tierra Media: 3 de marzo

Hoy en la Tierra Media: 3 de marzo

¿Queréis saber qué importantes eventos tuvieron lugar en la Tierra Media creada por J.R.R. Tolkien el 3 de marzo? ¡Os los contamos a continuación!

Seguimos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con una jornada en la que el baluarte de un mago fue destruido por la furia de unas ancestrales criaturas, en la que se produjo un curioso reencuentro y en la que comenzó una de las batallas más importantes libradas durante la Guerra del Anillo.

Queremos dejar claro que todas las fechas se corresponden con el Calendario de la Comarca o con el Cómputo del Rey (ver nota), y que todas ellas proceden de ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices) y los ‘Cuentos Inconclusos‘ de J.R.R. Tolkien, y del ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de Lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Como es habitual nos gusta acompañar estos acontecimientos con citas de los libros del Profesor y con ilustraciones y dibujos de distintos artistas, aunque no siempre encontramos imágenes que representen los momentos de los que hablamos, o que reflejen con absoluta fidelidad lo descrito por Tolkien.

Sin más dilación, esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 3 de marzo.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* Los Ents destruyen Isengard. Saruman intenta escapar, pero la furia de los Ents lo obliga a encerrarse en Orthanc.

* Merry y Pippin pasan el día solos mientras los Ents y los Ucornos cavaban fosos.

* Al recibir las noticias de la derrota en los Vados del Isen, Gandalf se separa de la comitiva de Théoden y se dirige a Isengard.

* Théoden retrocede a la fortaleza de Cuernavilla.

* Gandalf llega a Isengard, donde se encuentra con Merry y Pippin y habla con Bárbol.

* Los Ucornos abandonan Isengard y se dirigen al Abismo de Helm para saldar cuentas con los Orcos.

* Los Ents rompen todos los diques del Isen y otros manantiales e Isengard queda inundada.

* Comienza la Batalla de Cuernavilla.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

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(Bárbol destroza las puertas de Isengard, según el artista galés Stephen Graham Walsh)

“Bárbol nos puso en el suelo, y subió hasta las arcadas y golpeó las puertas llamando a gritos a Saruman. No hubo respuesta, excepto flechas y piedras desde las murallas. Pero las flechas son inútiles contra los Ents. Los hieren, por supuesto, y los enfurecen: como picaduras de mosquitos. Pero un Ent puede estar todo atravesado de flechas de Orcos, como si fuera un alfiletero, sin que esto le cause verdadero daño. Para empezar, no pueden envenenarlos; y parecen tener una piel tan dura y resistente como la corteza de los árboles. Hace falta un pesado golpe de hacha para herirlos gravemente. No les gustan las hachas. Pero se necesitarían muchos hacheros para herir a un solo Ent. Un hombre que ataca a un Ent con un hacha nunca tiene la oportunidad de asestarle un segundo golpe. Un solo puñetazo de un Ent dobla el hierro como si fuese una lata.

Cuando Bárbol tuvo clavadas unas cuantas flechas, empezó a entrar en calor, a sentir ‘prisa’, como diría él. Emitió un prolongado ‘hum-hom’ y unos doce Ents acudieron a grandes trancos. Un Ent encolerizado es aterrador.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(Ramaviva, según el artista británico Mike Nash)

“Cuando los Ents hubieron reducido a polvo la mayor parte de las murallas que miraban al sur, Saruman, abandonado por sus últimos servidores, trató de escapar, aterrorizado. Parece que cuando llegamos estaba junto a las puertas; supongo que había salido a observar la partida de aquel espléndido ejército. Cuando los Ents forzaron la entrada, huyó a toda prisa. En un principio nadie reparó en él. Pero la noche era clara entonces, a la luz de las estrellas, y los Ents alcanzaban a ver los alrededores, y de pronto Ramaviva lanzó un grito: ‘¡El asesino de árboles, el asesino de árboles!’ Ramaviva es una criatura muy dulce, pero eso no impide que odie con ferocidad a Saruman: los suyos sufrieron cruelmente bajo las hachas de los Orcos. Se precipitó al sendero que parte de la puerta interior, y es veloz como el viento cuando monta en cólera. Una figura pálida se alejaba, presurosa, apareciendo y desapareciendo entre las sombras de las columnas, y había llegado casi a la escalera que conduce a la puerta de la torre. Pero fue cosa de un momento. Ramaviva lo perseguía con una furia tal, que estuvo a un paso de atraparlo y estrangularlo cuando Saruman logró escabullirse por la puerta.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(Los Ents en Isengard, según el artista canadiense Ted Nasmith)

“Varios de los Ents sufrieron quemaduras y se cubrieron de ampollas. Uno de ellos, Hayala creo que se llamaba, un Ent muy alto y apuesto, quedó atrapado bajo una lluvia de fuego líquido y se consumió como una antorcha: un espectáculo horroroso.

Esto los enfureció. Yo pensaba que habían estado realmente enojados ya antes, pero me había equivocado. Sólo en ese momento conocí al fin la furia de los Ents. Era asombroso. Rugían y bramaban y aullaban de tal modo que las piedras se resquebrajaban y caían. Merry y yo, echados en el suelo, nos tapábamos los oídos con las capas. Los Ents daban vueltas y vueltas alrededor del peñasco de Orthanc, feroces y violentos como una tempestad, despedazando las columnas, arrojando avalanchas de piedras a los fosos, lanzando al aire enormes bloques de roca como si fuesen hojas. La torre estaba en el centro mismo de un ciclón. Vi los pilares de hierro y los bloques de mampostería volar como cohetes a centenares de pies, para ir a estrellarse contra las ventanas de Orthanc.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(Isengard, según el artista singapurense Julian Kok)

“Fue un día triste; y anduvimos de un lado a otro, sin saber qué hacer, aunque cuidando de mantenernos en lo posible fuera de la vista de las ventanas de Orthanc, que nos miraban como amenazándonos. Buena parte del tiempo la pasamos buscando algo para comer. Y también nos sentábamos a conversar, preguntándonos qué estaría sucediendo allá en el sur, en Rohan, y qué habría sido del resto de nuestra Compañía. De vez en cuando oíamos a la distancia el estrépito de las piedras que se rompían y desmoronaban, y ruidos sordos que retumbaban entre las colinas.

Por la tarde dimos la vuelta al círculo y fuimos a ver qué ocurría. Había un gran bosque sombrío de Ucornos a la entrada del valle, y otro alrededor de la muralla septentrional. No nos atrevimos a entrar. Pero desde el interior llegaban los ecos de un trabajo fatigoso y duro. Los Ents y los Ucornos, decididos a destruirlo todo, estaban cavando fosos y trincheras, construyendo represas y estanques, para juntar las aguas del Isen y de los manantiales y arroyos que encontraban. Los dejamos allí.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(Rohirrim, según Thomas Pähler)

“A los últimos resplandores purpúreos, los hombres de la vanguardia divisaron un punto negro, un jinete que avanzaba hacia ellos. Se detuvieron a esperarlo.

El hombre llegó, exhausto, con el yelmo abollado y el escudo hendido. Se apeó lentamente del caballo y allí se quedó, silencioso y jadeante.

—¿Está aquí Éomer? —preguntó al cabo de un rato—. Habéis llegado al fin, pero demasiado tarde y con fuerzas escasas. La suerte nos ha sido adversa después de la muerte de Théodred. Ayer, en la otra margen del Isen, sufrimos una derrota; muchos hombres perecieron al cruzar el río. Luego, al amparo de la noche, otras fuerzas atravesaron el río y atacaron el campamento. Toda Isengard ha de estar vacía; y Saruman armó a los montañeses y pastores salvajes de las Tierras Brunas de más allá de los ríos, y los lanzó contra nosotros. Nos dominaron. El muro de protección ha caído. Erkenbrand del Folde Oeste se ha replegado con todos los hombres que pudo reunir en la fortaleza del Abismo de Helm. Los demás se han dispersado.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

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(Gandalf el Blanco, según Dmitry Terner)

“Mientras Théoden hablaba aún, Gandalf se había adelantado un trecho, y miraba hacia Isengard al norte y al sol que se ponía en el oeste.

—Adelante, Théoden —dijo regresando—. ¡Adelante hacia el Abismo de Helm! ¡No vayáis a los Vados del Isen ni os demoréis en los llanos! He de abandonaros por algún tiempo. Sombragris me llevará ahora a una misión urgente. —Volviéndose a Aragorn y Éomer, y a los hombres del séquito del rey, gritó:— ¡Cuidad bien al Señor de la Marca hasta mi regreso! ¡Esperadme en la Puerta de Helm! ¡Adiós!

Le dijo una palabra a Sombragris, y como una flecha disparada desde un arco, el caballo echó a correr. Apenas alcanzaron a verlo partir: un relámpago de plata en el atardecer, un viento impetuoso sobre las hierbas, una sombra que volaba y desaparecía.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

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(Gamelin el Viejo, según el artista estadounidense Daniel Mikah Govar)

“La tropa cruzó el foso y se detuvo en lo alto de la pendiente. Allí se enteraron con alegría de que Erkenbrand había dejado muchos hombres custodiando la Puerta de Helm, y que más tarde también otros habían podido refugiarse allí.

—Quizá contemos con unos mil hombres aptos para combatir a pie —dijo Gamelin, un anciano que era el jefe de los que defendían la Empalizada—. Pero la mayoría ha visto muchos inviernos, como yo, O demasiado pocos, como el hijo de mi hijo, aquí presente. ¿Qué noticias hay de Erkenbrand? Ayer nos llegó la voz de que se estaba replegando hacia aquí, con todo lo que se ha salvado de los mejores Jinetes del Folde Oeste. Pero no ha venido.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

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(Gandalf el Blanco, según la artista polaca Anna Kulisz)

“De pronto un jinete llegó a galope tendido, como un rayo de plata. Ya oscurecía, pero pude verle claramente el rostro: parecía bañado en una luz y estaba todo vestido de blanco. Me senté, y lo contemplé boquiabierto. Traté entonces de gritar, pero no pude.

No fue necesario. Se detuvo junto a nosotros y nos miró desde arriba. ‘¡Gandalf!’, dije finalmente, pero mi voz fue apenas un murmullo. ¿Y creéis que dijo: ‘¡Hola, Pippin! ¡Qué sorpresa tan agradable!’? ¡Qué va! Dijo: ‘¡A ver si te levantas, Tuk, pedazo de bobo! ¿Dónde rayos podré encontrar a Bárbol, en medio de todas estas ruinas? Lo necesito. ¡Rápido!’

Bárbol oyó la voz de Gandalf y salió inmediatamente de las sombras, y aquél sí que fue un extraño encuentro. Yo era el sorprendido, pues ninguno de los dos mostraba sorpresa alguna. Era evidente que Gandalf esperaba encontrar aquí a Bárbol; y Bárbol rondaba sin duda por los alrededores de las puertas con el propósito de ver a Gandalf.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(Legolas y Gimli en Cuernavilla, según el artista canadiense John Howe)

“—Esto me gusta más —dijo el Enano pisando las piedras—. El corazón siempre se me anima en las cercanías de las montañas. Hay buenas rocas aquí. Esta región tiene los huesos sólidos. Podía sentirlos bajo los pies cuando subíamos desde el foso. Dadme un año y un centenar de los de mi raza, y haré de este lugar un baluarte donde los ejércitos se estrellarán como un oleaje.

—No lo dudo —dijo Legolas—. Pero tú eres un Enano, y los Enanos son gente extraña. A mí no me gusta este lugar, y sé que no me gustará más a la luz del día. Pero tú me reconfortas, Gimli, y me alegro de tenerte cerca con tus piernas robustas y tu hacha poderosa. Desearía que hubiera entre nosotros más de los de tu raza. Pero más daría aún por un centenar de arqueros del Bosque Negro. Los necesitaremos. Los Rohirrim tienen buenos arqueros a su manera, pero hay muy pocos aquí, demasiado pocos.

—Está muy oscuro para hablar de estas cosas —dijo Gimli—. En realidad, es hora de dormir. ¡Dormir! Nunca un Enano tuvo tantas ganas de dormir. Cabalgar es faena pesada. Sin embargo, el hacha no se está quieta en mi mano. ¡Dadme una hilera de cabezas de Orcos y espacio suficiente para blandir el hacha y todo mi cansancio desaparecerá!”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

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(Ucorno, según la artista británica Katy Grierson)

“‘Los Ucornos ayudarán’ dijo Bárbol. Y se alejó y no volvimos a verlo hasta esta mañana.

Era noche cerrada. Yacíamos en lo alto de una pila de piedras y no veíamos nada más allá. Una niebla o unas sombras lo envolvían todo como un gran manto, a nuestro alrededor. El aire parecía caluroso y espeso; y se oían rumores, crujidos y un murmullo como de voces que se alejaban. Creo que centenares de Ucornos pasaron por allí para ayudar en la lucha.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(Los Ents en Isengard, según el artista ruso Anatoly Muschenko)

“Debía de ser cerca de medianoche cuando los Ents rompieron los diques y volcaron todas las aguas a través de una brecha en el muro norte, en dirección a Isengard. La oscuridad de los Ucornos había desaparecido y el trueno se había alejado. La luna se hundía en el oeste, detrás de las montañas.

En Isengard aparecieron pronto unos charcos y arroyos de aguas negras, que brillaban a los últimos resplandores de la luna, a medida que inundaban el llano. De tanto en tanto las aguas penetraban en algún pozo o respiradero. Unas nubes blancuzcas de vapor se elevaban siseando. El humo subía, ondulante. Había explosiones y llamaradas súbitas. Una gran voluta de vapor trepaba en espiral, enroscándose alrededor de Orthanc, hasta que la torre pareció un elevado pico de nubes, incandescente por abajo y arriba iluminado por la luna. Y el agua continuó derramándose, e Isengard quedó convertido en algo así como una fuente enorme, humeante y burbujeante.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

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(El ejército de Saruman llega al Abismo de Helm, según el artista estadounidense Chris Rahn)

“De súbito, desde la Empalizada, llegaron los alaridos y los feroces gritos de guerra de los hombres. Teas encendidas asomaron por el borde y se amontonaron en el foso en una masa compacta. En seguida se dispersaron y desaparecieron. Los hombres volvían al galope a través del campo y subían por la rampa hacia Cuernavilla. La retaguardia del Folde Oeste se había visto obligada a replegarse.

—¡El enemigo está ya sobre nosotros! —dijeron—. Hemos agotado nuestras flechas y dejamos en la Empalizada un tendal de Orcos. Pero esto no los detendrá. Ya están escalando la rampa en distintos puntos, en filas cerradas como un hormiguero en marcha. Pero les hemos enseñado a no llevar antorchas.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

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