Peter Jackson y J.R.R. Tolkien:
Leyendo los pensamientos
El cine y la literatura se tomaron de las manos en esta oportunidad. El neozelandés Peter Jackson ha llevado a la pantalla grande la epopeya de J. R. R. Tolkien tal como si hubiese leído sus pensamientos.
Por Maximiliano Martínez M.
Incanur
Criticar la obra de John Ronald Revel Tolkien no es fácil. Y así lo prueban las muchas interpretaciones que los expertos en literatura le han dado. Cada cual tiene su propia visión del tema, claro, somos seres interpretativos. Por eso, me declaro abiertamente fanático de la trilogía y sus anexos (El Sillmarillion, El Hobbit, Historias de Númenor, entre otras). .
El gran magnetismo que emana de su hojas es impresionante, al igual que la cantidad de fanáticos que ha cosechado a través del mundo durante algunas décadas, a pesar de en ocasiones ser una historia simple hasta lo absurdo: la eterna lucha entre el bien y el mal. Lo sobresaliente de esto recae en la simplicidad de una guerra que se remonta a edades inmemoriales y cómo Tolkien ocupando dos fuerzas diametralmente opuestas crea un universo paralelo al nuestro con razas nuevas, cada una con características propias y definidas; idiomas y genealogías
Esta construcción literaria no tiene parangón, puesto que la narración contiene una coherencia impresionante. Todo funciona en armonía, como si se tratara de la estructura de un reloj a cuerda, en donde cada una de sus piezas funciona a la perfección. Todo a su tiempo.
De su autor y su obra
El creador de la Tierra Media era un tipo sobrio, pero risueño, ultraconservador, amante de la naturaleza, el tabaco en pipa, hogareño y querendón de sus 4 hijos: John, Michael, Christopher y Priscilla . De ahí su afán por contar cuentos e historias. Nació en 1892 el 3 de enero en Sudáfrica, participó en la primera Guerra Mundial cuando sólo tenía 25.
Falleció el 3 de septiembre de 1973 a la edad de 81 años. Su capacidad como escritor la tiene bien reconocida, ya que era Doctor honorario en Letras de la Universidad de Oxford, en la que también ejercía como profesor de filología y experto en literatura escandinava. Amigo íntimo de C.S Lewis (Crónicas de Narnia) con quien compartían la pasión por las hadas y otras criaturas de ese género.
Este profesor siempre se negó a aceptar que su obra (El Señor de los Anillos) tenía un tinte religioso, a pesar de su gran fe en el catolicismo. Es imposible omitir -eso sí- que en el comienzo del libro El Silmarillion, la similitud con el Génesis de la Biblia causa estupor -por decir lo menos- ya que si se realiza un paralelo entre ambos, el relato de Tolkien parece calcado y sólo varía en algunos detalles, como el de los Valar que con su canto crean las etnias que habitarán la tierra. Pero con respecto al demonio que se revela contra su Dios creador, es demasiado semejante el caso de Melkor con Satanás. Dos entes exageradamente revolucionarios e inteligentes como para estar subyugados al poder de un ser superior, más sabio, dadivoso y omnipotente. Tal vez, una gran casualidad.
Siguiendo la huella de lo teológico, bien se puede argumentar ( y así lo he leído en una crítica aparecida en el diario El Mercurio del 21 de marzo de 1999) en la que el autor cita a un estudiante, (calificado por éste como sagaz) en la que éste le advierte que la obra de Tolkien carece de religiosidad. Yo no comparto esa visión. Puede ser que el “sagaz” no haya leído las Sagradas Escrituras. En ellas se advierte al hombre, que está lanzado al mundo en un libre albedrío, donde razona y es capaz de distinguir entre lo bueno y lo malo, crear su futuro y elegir el camino de su vida.
En El Señor de los Anillos el mundo creado por Tolkien compromete a un sin fin de personajes y géneros de razas humanas, élficas, enanas, hobitts, magos, trolls, orcos, trasgos, águilas, balrogs, por nombrar algunos.
La capacidad de Tolkien para crear un mundo paralelo al nuestro en poco más de dos décadas es una verdadera hazaña literaria que fascina a cualquiera, porque está hecha para que la disfruten personas de todas las edades.
Este trabajo narrativo de la epopeya tolkiana tiene la cualidad de ponerle al lector a prueba los sentimientos, los que van teniendo altibajos a medida que el relato avanza en la historia. La alegría se disipa con la misma facilidad con que la tristeza embarga, como simulando la muerte de un ser querido. A veces después de leer una batalla o “casi escuchar” la voz imponente de Gandalf defendiendo a la comunidad o a cualquiera que se cobije bajo su largo manto gris, lo único que uno desea es formar parte de esa historia en que grandes y chicos; buenos y malos; fuertes y débiles; mujeres y hombres tienen un rol para hacerse notar.
¡Dije hombres y mujeres o más bien sexo femenino y masculino! ¡Claro, no se me podía olvidar! A pesar de lo conservador de John Tolkien, en su libro menciona (ya sea implícita o explícitamente) su carácter de “no machista” , cuando las mujeres humanas o élficas son tan fuertes o valientes como los mismos machos. Otra casualidad o simplemente su cosmos construido no tiene prejuicios. Sí se encuentra lleno de justicia, amor, valentía, lealtad y otros valores, al igual que el eterno antagonismo entre el bien y el mal.
El filme
Para Peter Jackson la historia del anillo es simplemente fascinante. Debido a ello trabajó siete años antes del estreno oficial, distribuyendo su tiempo entre lecturas y relecturas del libro, conocer la personalidad del escritor y seleccionar con “pinzas” a los actores y colaboradores.
Pero por fin los resultados están a la vista y vale la pena verlos. La película ya se encuentra en los cines hace varias semanas y en casi todas las secciones de espectáculos de los periódicos me he encontrado con la máxima calificación para ésta. A pesar de que cada vez que un libro se lleva a la pantalla grande, los comentarios más usuales son: “nada que ver con el libro, ni se parecía o me quedo con el libro”. Es casi seguro que la gran mayoría de los fanáticos quedaron más que conformes, con la adaptación realizada por Jackson, quien no descuidó a ningún personaje ni tampoco sus locaciones (que fueron hechas en Nueva Zelanda) y le dio un gran realismo a la historia, lo que permitió crear una atmósfera de enorme empatía con los espectadores. Sin duda una obra maestra del cine que, si bien tuvo algunas variaciones con respecto al libro, éstas fueron muy pocas.
Debemos tener en cuenta que un libro de 545 páginas es muy difícil traspasarlo al cine completamente, puesto que los presupuestos serían altísimos y la duración de la película se transformaría (para quienes no han leído el libro) se tranformaría en un estoico sufrimiento que quizá cuantas horas de cinta serían, en vez del goce del séptimo arte.
Pero como en Hollywood no todo es perfecto se deslizan algunos errores de los guionistas de la película. Por ejemplo en la escena donde el protagonista, Frodo, despierta en casa de Elrond, Sam se lanza sobre su amo exclamando: “Gracias a Dios está a salvo”: ¿Qué Dios? Porque el que conocemos nosotros no es el mismo de la Tierra Media (Ilúvatar). Quien sabe, tal vez el error pudo haberse cometido en la traducción del los subtítulos.
En general creo que los fans están satisfechos. Además es impresionante como Jackson ha sabido casi leer el pensamiento de Tolkien para llevar al cine con tanta similitud la guerra del anillo y poder darle a este objeto aparentemente sin vida, un magnetismo incomparable. Al parecer Jackson y Tolkien hicieron un acuerdo de ultratumba