La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Las Grietas de las Libertinas

Situadas en Nármelost, pero fuera del recinto amurallado de la Fortaleza Negra, se hallan Las Grietas de las Libertinas. En el extremo sureste de la capital.

Una calle adoquinada y algo empinada lleva hasta este local de distracción y relajación, donde se pueden satisfacer los deseos más ocultos.

Este antro de perversión que regenta la atractiva elfa Inglin, ha sido fundado por Delisse y Nulkaiel, para el reposo y descanso de los guerreros y guerreras nurnitas, y aquellos viajeros deseosos de diversión. Un lugar donde no existen las hojas de reclamaciones, pues no son necesarias ya que todos los clientes quedan satisfechos y siempre vuelven a por más...

Queda prohibida la entrada a los orcos y trolls (salvo permiso explícito de la dueña).

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

En la planta inferior se encuentra la Taberna. Se accede a ella fácilmente por unas escaleras de piedra gris que hay nada más entrar en Las Grietas de las Libertinas. Un arco de piedra con una inscripción en el friso que dice:

\"Bienvenidos al lugar donde tus peores intenciones pueden hacerse realidad\", indica que se ha llegado al lugar más lujurioso de Nurn. Al atravesarlo nos introducimos en un ambiente donde se respira el desenfreno. 4 grandes pilares sostienen la estructura, su forma se asemeja a cuatro grandes troncos de árboles, retorcidos en formas grotescas. En frente, la vista se topa con la gran barra de madera oscura con algunos taburetes del mismo material. Atienden la barra y la cocina, un fornido camarero y una sensual dama. No es raro sin embargo, ver a algún otro de los Señores de Nurn colaborando por allí. A la izquierda hay un pequeño escenario donde alguna banda local toca, y donde se suben a exhibirse los participantes del concurso Camisetas y Cotas Mojadas. En el centro y a la derecha se distribuyen las mesas y sillas.

Las dos esclavas más bellas de Nurn, y los dos esclavos más atractivos, recorren el local sirviendo las bebidas y comidas a los clientes. Tan solo llevan una ligera túnica de gasa semi transparente blanca, y sus cuerpos están untados con aceites perfumados. Sus manos están atadas con unas esposas pero las cadenas son holgadas para que puedan desempeñar bien su labor.

A Inglin, la bella y peligrosa elfa que regenta el local, se la puede ver cada día organizando los espectáculos, dando órdenes y atendiendo a los clientes más importantes.

Pero no acaba ahí, si uno alza la vista, puede ver varias grietas en cada una de las cuatro paredes del antro, a modo de nichos gigantes surcados en la piedra, donde preciosas danzarinas y musculosos bailarines suben para contonearse semi desnudos al ritmo salvaje de la música. En ocasiones, algún cliente atrevido, se anima y trepa hasta llegar a uno de estos nichos para hacer compañía a estas diosas de la danza y demostrar sus dotes en el baile.. Sin embargo, muchos vienen exclusivamente para ver el sensual movimiento de caderas de una dama misteriosa que oculta su rostro, los rumores dicen que se trata de la Dama del Odio, aun está por averiguar..

Al final de la escalera que se levanta discreta sobre un extremo del lugar, se accede a uno de los lugares más oscuros y misteriosos de Nurn; No se trata de las temidas mazmorras ni de las inalcanzables estancias de lo Señores del clan, pero las incontables puertas que desembocan en el estrecho pasillo esconden tras de sí inconfesables secretos, pasiones, deseos y traiciones de aquellos que alguna vez han descansado en dichas habitaciones. Algunas de ellas poseen camas de mullidos colchones de plumas y sábanas de satín y seda, otras en cambio no son más que cuartuchos provistos de un simple catre y una mesita de noche, otro tanto se asemejan a cámaras de tortura, y no faltan aquellas que han sido vetadas a los simples mortales, diferenciadas de las demás por sus enormes portones de madera tallada y la llama nurnita forjada en hierro e incrustada en ellas. ¿Será acaso allí, en el interior de aquellas cámaras, las grandes Señoras del clan, conocidas en todo Haldanóri por sus extravagantes comportamientos, sacian su sed de lujuria y pasión? ¿o serán sus corregentes quienes olvidando por unas horas su condición de nobleza, acuden al oscuro antro para mezclar su existencia con aquellas a quienes jamás tocarían? El misterio es inherente a Nurn... ¿te atreves a descubrirlo?

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Arattalion se encontraba abajo de la cuesta que subia hacia el Antro de Las Grietas de las Libertinas, esperando como no a Seregruin, gran Bebedor de cervezas, junto con Andir el Tasariano y como no el Maia tambien. Esperando sin cesar aparecio corriendo y los dos se saludaron. Subieron la cuesta apostando hoy a ver a kien asustaba mas a los viajeros, el o el maia.

Llegaron a dentro y estaban preparando la fiesta de inaguracion. Pidieron unas cervezas mientras iban entrando mas gente.

Arattalion, el Maia Oscuro de Señores de Nurn.

\"A llegado la hora de Luchar,

A llegado la hora de sangrar,

a llegado la hora de Matar,

Y con gusto os lo daré mis queridos enemigos\"

Seregruin comienza con su primera jarra de Grimbeorn .. un sorbo!!

Seregruin se abalanza sobre la segunda... y encuentra una nota clavada con un puñal en medio de la barra:

\"...me paso a tomar una birrita y a la espera de q esto empiece en serio, yo me tengo q marchar, pero eso si, antes de irme os deseo lo mejor, o lo peor para q todo vaya bien en esta nuestra inauguracion, no violeis, no mateis, no comais carne cruda, etc....a menos q lo hagais con permiso de los vala o sin él

pasarlo bien, ta lueeeeee!!!

Tasartir.\"

Seregruin se abalanza sobre la tercera jarra de Grimbeorn

Bajo el arco de piedra se encontraba esa noche la elfa Inglin, ¿Quein podria reusarse a tomarse un descanso de tantos viajes y batallas y dedicarse a descansar un poco?. Aunque el descanso no era completo, la elfa estaba a cargo de la Taberna, era la encargada de regentear el lugar, de controlar que hubiera el numero exacto de peleas y de heridos, de que todos estuvieran a gusto y porsupuesto de que desearan regresar.

Dando media vuelta subio las escaleras y paso bajo la arcada, decidiendose a entrar al antro, dio unos pasos y alzo la vista. A cuantas caras conocidas se enfrentaba, pensando con sumo cuidado eligio las palabras que creia correcta para ese momento -Bienvenidos mis oscuros compañeros nurnitas, solo les dire una cosa, diviertanse pues uno nunca sabe cuando se le volvera a presentar tales oportunidades-.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

En un rincón sombrío, iluminado por una lámpara vacilante, unos ojos amarillos contemplaban con interés.

La decadencia humana siempre le había interesado, su irrefrenable instinto de autodestrución... y esta noche sería para recordar... quizá descubriera las manzanas más maduras, aquellas en las que, a su debido momento, incar sus dientes ávidos.

De momento, y para no desentonar, bebía a largos tragos una cerveza turbia, cerveza de buen trigo, dulce y amarga.

Con algo de retrason ingresan los mùsicos Haradrim que Seregruin ha traido con èl de sus viajes.

Los tambores son frenèticos y ensordecedores... y se acompañan de una multitud de flautas, dignìsimas mùsicas de los salones de Melkor...

...el estruendo de los cueros, que los Harad castigan con dureza, apenas si oculta los gemidos de los hombres que, engrillados con acero a los muros del recinto, son torturados por os màs expertos verdugos de Nàrmelost..

Seregruin, satisfecho, comenta el espectàculo con Arattalion

Luego de tener todo en orden, la elfa se dirige hacia donde estaban Arattalion y Seregruin y intentando sobrepasar los estruendos de los tambores le dice a este ultimo que no se olvide de la promesa qiue le habia echo.

Inglin saluda con la mano a unos ojos perdidos en el espacio aunque no espera que el saludo le sea devuelto luego se vuelve hacia la compañia -se han retrasado los orcos que mande a pedir, tendras que esperar seregruin-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Allá, al fondo, subyugada por ritmos oscuros, una camarera se ha olvidado de servir su último pedido.

Una gran jarra de cerveza se calienta sobre la barra mientras ella se deja llevar por la música, por el ritmo de tambores.

No pasa desapercibida al hombre dragón.

Seregruin no ha olvidado la promesa hecha a Inglin, gran administradora y sàdica regenta de aquel antro.. pero aùn està esperando que digne presentarse la masajista que la camarera le habìa prometido conseguir

Seregruin acaba la quinta jarra de Grimbeorn ..y pide un buen Dorwinion como para ir alargando el rato de espera xDDD

La elfa avanza solemne entre las mesas distribuidas en orden en medio del salón hasta alcanzar su lugar cerca a Inglin, la música suena en el trasfondo y el ambiente se tiñe de juerga y diversión... la noche se muestra interesante...

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Shulak se levanta de su rincón oscuro y va hacia la camarera que, con los ojos cerrados, sigue el ritmo de la música.

Con un hábil movimiento la levanta y la carga sobre sus hombros. Recoje la jarra que se está calentando en la barra y se dirija a la mesa donde Seregruin y Arattalion conversan animadamente.

-Creo que esta jarra es vuestra- comenta con una sonrisa en los labios. La muchacha patalea... casi tira la jarra.

Un gran hombre entra a la taberna y pide la presencia de la elfa, -Karnem ya era hora, me trajiste lo que te pedi- el hombre la miro con indiferencia y respondio -Porsupuesto señora-, -Bien puedes ratirarte-. El hombre dejo cuatro orcos de senda estura y fisico, estaban encadenados en las manos y las rodillas y solo podian arrastrarse de rodillas, un pequeño orco detras les daba latigasos para que avanzaran.

Complacida la elfa dio media vuelta y fue a atender el asunto de cierto protagonista de la fiesta, volvio con una mujer de mediana edad con poca ropa, se la presento a Seregruin -Ella es Kayla, esta a tu dispocicion, y guiañando un ojo se puso a hablar con Arattalion.-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Seregruin responde con un guiño al comentario de Shulak.. y observa divertido cómo la camarera parece presentir lo que le espera allì arriba, en las habitaciones señoriales

Seregruin despide a Shulak con un alarido y su mirada se pierde viendo pasar a Lòmine, contornèandose por entre las mesas

Nulkaiel entra despacio en el antro, observa atenta a los presentes, y sonríe. Un borracho tirado en medio de la taberna le estorba el paso, le pega una patada en el trasero y continúa su camino hacia la barra.

Para su sorpresa hay una banda tocando con frenesí.. parecen Haradrim. Puede imaginarse quien los trajo..

Ve al hombre dragón al fondo, y como carga sobre sus hombros una muchacha que en vano se resiste. Le hace una reverencia, y sin más se sitúa tras la barra para empezar a atender a los clientes.

Nulkaiel se quita la capa y la deja sobre un taburete.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

la elfa se dirige hacia la barra -Es un placer tenerte con nosotros, pero que haces ahi, deja a los empleados que se encrgen del trabajo, tu ven aqui y diviertete con nosotros- termino largando una carcajada al oir los gritos de la camarera

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Seregruin aprecia detenidamente a Kayla (parece estar muy que muy bien) .. y la sienta sobre las rodillas..

-Anda, bebe un poco de Dorwinion

Seregruin hace un poco de tiempo antes de pasar a los reservados... Seregruin andaba necesitando esos masajes, si si

Seregruin ya está borracho, grita y no puede disumular una mirada lasciva a Lomine.

La muchacha, entre risas sigue patalendo -esta muchacha es un peligro evidente, podría ser nuestra arma secreta- le da un cachete en el trasero - pssst, no hagas tanto ruido, estás ante gente seria-

Si la decadencia humana es interesante, aquella surgida de los seres más oscuros de Haldanóri luce mucho más graciosa -Piensa la elfa mientras observa divertida la escena de Shulak y su camarera.

Poco a poco el antro va colmándose de curiosos visitantes e importantes personalidades mientras la música de halo siniestro invade el ambiente.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin piensa que Shulak se equivoca.. que hace falta mucho màs para emborrachar al Toro Salvaje de las Llanuras del Celeduin

...pero no en cuanto a la lascivia... que esta Lómine se ha venido especialmente atractiva, hoy

Seregruin observa el vestido ajustado de terciopelo rojo

[Editado por seregruin el 27-04-2005 23:50]

Es un placer tenerte con nosotros, pero que haces ahi, deja a los empleados que se encrgen del trabajo, tu ven aqui y diviertete con nosotros

- no te preocupes por mí Inglin, lo cierto es que desde aquí se tiene una mejor visión del panorama jeje.

Hay más gente de la esperada, las camareras no darán abasto. Nulkaiel mira la mesa donde están el maia y el numenoreano y ve que éste ya ha terminado con su bebida. Coge una jarra limpia y bien fría y la llena de dorwinion. Se la da a una camarera de pechos turgentes. –toma, una extra para el caballero de aquella mesa, le dice señalando.

La bella Lómine pasa por la barra y Nulkaiel saluda a su compañera.

- Lómine, tómate un chupito de absenta conmigo

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Shulak hace una discreta reverencia a Seregruin y busca con la mirada a Inglin, reina y señora de ese antro.

Ahí...

-dulce y hermosa Inglin... me preguntaba si me permitirias llevarme esta hermosa doncella a casa... creo que hemos conjeniado.

Por fin tiró una cerveza... bueno, era toda una bandeja llena de cervezas.

-Sí, creo, que por el bien del negocio lo mejor será que me la lleve...-

Inglin le dice a Seregruin que de a una por vez, y que no va esperar 10 años para que se ponga las pilas

Mientras el constante ritmo de la gente de Harad resuena en la habitacion, la elfa se va a hacerles compañias a las bellas nurnitas, especialmente hoy

y se dirige a Nulkaiel -Por mi esta bien, pero no te exedas de trabajo que luego hace mal- y se dirige a controlar al orquito que se esta levantando una bailarina, le pega una patada y los manda a seguir amedrentando al resto.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

-Acepto el trago querida Nulkariel!! -responde la elfa, mientras mira de reojo como Seregruin pasea la vista de arriba a abajo sobre su esbelto cuerpo.

-¿Acaso la lujuria del lugar ha alcanzado ya a los Señores de Nurn? -pregunta Lómine con aire de suficiencia mientras ríe -faltará más que un simple destello en tus ojos para obtener algo más que un desprecio de mi parte.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin, perdido entre las jarras de cerveza y vino.. que ya ha perdido la cuenta, recuerda la promesa hecha a Inglin, la discretìsima regenta

-Vamos Kayla.. comencemos con esos masajes que hoy tengo una deuda que cumplir

Seregruin desaparece discretamente por una puerta del fondo

-Ese comentario no ha pasado desapercibido, bellìsima Lòmine... ya veremos què sucede

[Editado por seregruin el 28-04-2005 00:02]

y la dragoncita rosa animadora entro a la taberna.

-weno a ver que olemos por aqui jijijiij que hoy me puse mi tanga rosita a juego :P

-ala traerme 3 o 4 barriles de cerveza :P

VIVA NURN

Shulak ya está fuera del antro de perversión y, aun con la camarera sobre un hombro, oyéndola reir, se pregunta porqué puñetas la ha cogido... el había ido ahí a investigar, a realizar un discreto y objetivo estudio de campo... y ahora iba con esa locuela a cuestas...

-Tengo que pasar por la farmacia... se me han acabado las aspirinas... y si esta loca no se calla las necesitaré-

Esto o algo parecido pensó... lástima que los hombres dragones sean tan inexpresivos e insensibles... así no hay dios que sepa lo que piensan.

Inglin sonrie y le dice a Shullak que puede llevarse todo lo que le sirva, esquivando las jarras de cerveza.

Al fin accede al pedido del numenoreano y se sube a la mesa mas a la vista

-Gente, aca un poco de atencion- Cuando tuvo las miradas de los presentes continuo -Aca les presento el boom de momento, lo que todos si todos estabamos esperando el show del nurnita mejor pagado del momento, denle un aplauso o lo que tengan a mano a Sregruin, la revelacion de la noche.-

Y asi bajandose de la mesa, le hizo una seña a Lomine a que se sentara en la mesa con ella, tal como habian quedado

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

TA_CHAAN xDD

Seregruin regresa al antro vistiendo de cuero negro todo su cuerpo... luego de vaciar de un sorbo una enorme jarra de Cerveza Grimbeorn... desenvaina un poderoso espadón oriental... y comienza a pasearse bailando, al ritmo de los frenèticos tambores del Harad, por todo el espacio que se ha abierto entre la concurrencia.

El baile es desenfrenado, y las miradas se pierden, confundidas por los reflejos del aguzado filo del espadón oriental...

En el momento de mayor tensiòn, Seregruin se despacha decapitando a dos orcos con un sòlo mandoble de la espada... la sangre negra salpica, abundante, sobre la concurrencia... y Seregruin, con un par de pasos de endemoniada agilidad alcanza el lustroso tablado del antro.

Los tambores cesan por un instante... y Seregruin se desahace del espadón con un brusco gesto...

Pero la mùsica recomienza cuando Seregruin se lanza sobre la mesa de las nurnitas y, tomando con fortaleza inigualable a la Dama Lòmine, por las muñecas… la alza en vilo para colocarla sobre el tablado... y avanza unos pasos, con ella firmemente sujetada, mientras la arrincona, lentamente, contra el muro...

Lómine y Nulkaiel brindan con la absenta.. la noldo no recordaba lo fuerte que es esta bebida.

Seregruin desaparece con la masajista y tiene una expresión de misterio en su rostro.

De repente, una bailarina baja de uno de los nichos y comienza a contonear su cuerpo al compás de la música mientras pasa por entre las mesas, algunos no pueden resistir la tentación y rozan su suave piel. A los pocos minutos un musculoso danzarín la imita, y hace lo mismo con las damas presentes.

Inglin pide atención a todos.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

La elfa intenta safar sus muñechas atrapadas en las grandes manos del Númenoreano pero resulta inutil; Seregruin se acerca más a ella, acorralándola contra la fría pared de piedra, los latidos se aceleran y la sangre fluye, el pecho de Lómine sube y baja al ritmo de su respiración acompasada a la espera del próximo movimiento de su captor, aunque su rostro continúa sereno.

-¿A que juegas Seregruin? -susurra la elfa en su oido.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin pasa sus manos por el vestido de la elfa, mientras continùa movièndose al ritmo de los tambores Haradrim... un momento despuès, con su presa junto al mura, suelta sus manos y gira a la elfa de frente al pùblico

Seregruin, desde atràs, pasa sus manos por el cuerpo de Lòmine.. desde los muslos hasta el pecho... y rasga el escote de terciopelo

La elfa sonrie ante el show de Sregruin y al ver a Lomine acorralada ante el, pero recordando sus deberes va a ver al recien llegado, -No conozco tu nombre, pero si tienes la osadia de regentar esta posada, debe tener algo que ver con la valentia, espero que te sientas a tu gusto, cualquiera de las camareras aqui presentes, eso si, nada de violencia hacia cualquiera de nosotros o lo lamentaras.

Inglin llama a un sirviente a que junte los cadaveres de los orcos que yacen en el suelo, que remedio piensa para sus adentros, pero los silbidos la distraen de su tarea, y gira la vista hacia el cuerpo se Lomine en manos de seregruin.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lómine sonríe, ¿porque no seguir el juego? se gira y pasea sus manos sobre el pecho de Seregruin escondido tras el grueso cuero mientras fija sus pupilas en las de su compañero. El escote razgado deja entrever la suave piel de la elfa a los demás espectadores.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin acompaña el giro de Lómine con lentitud.. de un lado a otro.. mientras las piernas de la elfa juegan alrededor de las suyas

Seregruin acompaña el baile suavemente y desata el pelo de Lómine echando un tirón a su hebilla...

Seregruin comienza a rasgar el vestido de la elfa a lo largo de la blanca espalda

Inglin agarra las jarras de cerveza que lleva la camarera, se reserva una para ella y vuelca el contenido del resto sobre el escenario .

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

zaghalita se rie desbocadamente y se le escapa una pequeña llamarada que le quema una ceja a un orco

-mi querida inglin tu no sabes de mi pero yo se de ti poco vengo por nurn porque yo soy como el buen vino, pocas veces lo veras en tu vida,

acto seguido azghalita se sento a desfrutar del show

La música acelera su ritmo mientras Seregruin y Lómine danzan cadenciosamente ante miradas sorprendidas y entusiastas; el vestido de la elfa cae dejando sus hombros y espalda desnudos, mientras su pecho continúa cubierto por un vaporoso trozo de seda. Acerca su rostro al cuello de Seregruin mientras aspira lentamente el embriagador aroma que desprende su piel, estremeciendose entre los fuertes brazos del hombre.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin se acerca a azghal

-Y dime guapo? que haces, a que te dedicas. dime porque eres tan bueno si acaso lo eres y como es que sabes tanto de mi?- pregunto la elfa intrigada por el nuevo señor.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Seregruin toma fuertemente a Lómine por los brazos y muerde con fiera dulzura el embriagante cuello de la Elfa...

...la sangre comienza a resbalar lentamente sobre el trozo de seda que cubre los abultados pechos de la Dama...

Seregruin toma uno de los muslos de Lómine, que se envuelve sensual sobre su cuerpo..

zaghalita acerca el morro a la cara de Inglin con sonrisa desafiante

-es guapa no guapo en primer caso y si quieres saber si soy buena o no subete conmigo a las habitaciones..... yse de ti porque siempre fui animadora de nurn desde sus inicios y siempre mellegan noticias de todos

zaghalita le da un pellizco a Inglin en el culo

Lómine sonríe con malicia mientras busca con sutileza la forma de deshacerse del traje de cuero que cubre a Seregruin, pero al parecer este se ha encargado de que la tarea resulte un tanto complicada. La elfa se aleja un poco y frunce el ceño con aires de displicencia. Los asistentes aguardan ansiosos.

-No seré yo el acto central esta noche si tu no estás dispuesto a lo mismo.

Lómine se acerca nuevamente a Seregruin y muerde con delicadeza el lóbulo de su oreja, para luego pasearse a su alrededor al compás de las voces emocionadas de los espectadores.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

La mùsica continùa a todo trapo.. acelerandose cada vez màs... el dolor que hace gotear sangre de su lòbulo, y la respiraciòn de Lòmine en sus oìdos.. y el aroma de la elfa aceleran los latidos de Seregruin...

Seregruin, sin dejar de sentir a Lòmine pasear en torno suyo se deshace del chaquetòn de cuero, dejando su torso al descubierto...

El escàndalo que hace allì abajo entre el pùblico, es notorio

Mil disculpas mi buena señora, pero animadora o no me da totalmente igual, a no se que nos quiera hacer una porra en el esencario, aunque ahora estaba muy bien ocupado.

-Ah, no gracias, tengo mis preferenicas-

Se acerco a uno de Haradim y le dijo algo al odio, inmediatamente al advertir la presencia de la elfa y su ordne este cambio su melodia por una mas rapida.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lómine abraza el torso desnudo de Seregruin, acerca sus labios al grueso cuello cubierto por hilos de sangre y paseasu lengua por aquel torrente bermellón al tiempo que clava sus uñas en su espalda. Su mirada se asemeja a una loba al acecho de su presa. Una mirada de soslayo hacia Inglin demuestra cierta complicidad.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin le sonrie a Seshat y se traga otra cerveza, mientras espera que algun angel caiga del cielo para socorrerla.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La mùsica se acelera y ambos prueban de sus sangres... las bocas perdidas en los cuellos, las lenguas paseandose a gusto por la excitante piel del otro...

Los cuerpos parecen querer fundirse...

Seregruin, de un tirón rasga el vestido de Lómine.. que cae silenciosamente a sus pies

Las perfectas piernas de la elfa, enfundadas en botas de lustroso cuero, bailan ahora en torno a Seregruin... las miradas de ambos se funden... y las respiraciones se aceleran al compás de los tambores.

[Editado por seregruin el 28-04-2005 01:00]

El público impaciente exige menos ropa y las copas repletas de licor chocan una y otra vez sobre las mesas a la salud de los Señores de Nurn.

Lómine impaciente hace un guiño a Seregruin muentras envuelve una de piernas en su cuerpo, el negro cuero de sus botas contrasta notablemente con el blanco de su piel, acentuando aun más la delgadez y perfección de sus formas.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

zaghalita sale del local y se funde con la niebla

-otra vez volvere, quien sabe cuando?

-Hombre otro lugar de perversion ke guay!! en fin yo a lo mio

Dalu Herusûl saca algo de su moxila y se pone a liar jejeje.

-Ke musica ponen aki? Ke sea wena eh? xD

Saludos

La elfa se aecrca a un barman y le dice algo al oido, con una ultima mirada al los nurnitas baja la escalera y se dirige a sus aposentos en Narmelost, luego iria a la Taberna a ver el desastroso estado en que habria quedado.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

El estruendo entre el pùblico es atroz... los Señores se lanzan sobre sus favoritas... y hasta los esclavos orcos pujan por acercarse a las damas que se hallan en el antro....

Seregruin quita suavemente, una a una, las botas de Lòmine... y las piernas de la elfa, finalmente liberadas, arrastran las exclamaciones y los suspiros del antro entero...

Seregruin recorre gustosamente el cuerpo de Lòmine con sus labios...

...y presiente que Inglin sospecha que la situaciòn en la taberna se està por desmadrar del todo

El calor es insoportable

El deseo es incontrolable, la música y el ruido se pierden en la bruma que envuelve los cuerpos lujuriosos de los dos poderosos Señores del clan; el cuerpo de la elfa se estremece bajo el tacto de Seregruin, el roce de las pieles acelera el pulso y la respiración, ambos son uno solo. La situación ha alcanzado límites inimaginables para la metódica elfa.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin siente como el calor y las ansias de la muchedumbre invaden el antro... su propia pasiòn es incontrolable en esos momentos, y alzando a Lòmine en brazos se dirige hacia una de las portezuelas traseras.. de aquellas que llevan escaleras arriba

Seregruin no tiene tiempo para pensar \"Vaya inauguraciòn que ha dado el Antro de Nurn... ya nos veremos nuevamente para la fiesta de San Morgoth\"

Antes de cruzar la puerta, Seregruin besa furiosamente a Lòmine.

A la mañana siguiente la elfa luego de una buena noche de sueño, se dispone a entrar en la Taberna pero los cadaveres de dos orcos en el piso se lo impiden. Luego de sortear los cuerpos sube los escalones de la Taberna como quien no quiere la cosa, Inesperadamente se encuentra con un orden asombroso en el salon, sin mas que hacer agarra una flecha de uno de los cadaveres y la clava en la barra. \'\'Mantengan todo asi, volvere\'\' y asi sin mas preambulos, corrio a la torre a buscar a Herod y a retomar el combate.

Algun dia volveria

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Vaaaaale sé que llego muy tarde, pero más vale tarde que nunca :P

Eärondûr Rangilion entra y mira alrededor...

¿Hay alguien vivo, despierto y limpio por aquí? Es para usarlo de camarero

Os recomendaría que contrataseis un equipo de limpieza para esto...

Eärondûr Rangilion aparta la mugre con un trapo y se sienta a esperar ^^

Sólo aquel cuya vida es breve imagina que el amor es eterno

Seregruin regresa al antro con una resaca de los mil licántropos... a qué?? ... a buscar cierto espadón oriental que ha quedao por ahí tirado, eso...

Seregruin no recuerda demasiado de la noche anterior... aunque hay algo que le ha quedado grabado en la memoria, y no sabe si se lo ha inventado...

¿Alguien lo llamó \"el nurnita mejor pago del momento\"?

No.. eso no puede ser...

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Por cierto: Buenas, Eärondûr

Se escuchan pasos descendiendo la escalera, segundos después aparece Lómine ataviada con un elegante traje azul celeste; señas de fatiga se dibujan en su rostro pero no hacen mella a su belleza. Soberbia y orgullosa como siempre se dirige hacia la barra que una camarera de cuerpo rollizo se esmera por lustrar.

-Dame un trago, el más fuerte que tengas –pidió la elfa.

-¿La señora durmió bien? –preguntó la camarera con cierta ironía.

Lómine no respondió y paseó su mirada por la estancia vacía... o casi vacía... sentado en una de las mesas se encuentra el tasariano Ëarondûr –osado y valiente al venir –piensa la elfa, tras un trago de licor; Y más allá del tasariano distingue la figura de Seregruin. Una sonrisa malévola se dibuja en sus labios.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin recoge el espadón que había quedado por ahí y se dirige de regreso a las habitaciones ...al pasar por la barra guiña el ojo a Lómine y distraídamente pasa la mano por sus cabellos...

-Nos quedan algunas cosas pendientes ¿recuerdas?

Seregruin pide a la camarera uno de esos tragos Haradrim a los que se ha hecho afecto... si, de aquellos que ya sabéis

[Editado por seregruin el 30-04-2005 00:28]

Lómine tomó un nuevo sorbo de aquel embriagante licor que la camarera le había servido.

-¿Y que te hace pensar que lo ocurrido ayer se repetirá? –preguntó la elfa con desdén – debo reconocer que pasé una magnífica noche junto a ti; este, sin embargo, no es pretexto suficiente para afirmar que volverá a suceder.

Lómine se levantó de la barra y se acercó al Numenóreano, pasando sus brazos por el cuello de aquel hombre, se acercó a su oído.

-Aun no soy tuya Seregruin Rodhraw Elugalad, no podrás darme caza tan fácilmente –le susurró la elfa antes de depositar un beso sobre sus labios. Luego se sentó tranquilamente a terminar su bebida.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin entra a la Taberna recordando haberse olvidado dentro de la cocina su anillos preferido y ve a Seregruin charlando con cierta dama que se hace la dificil

Inglin pasa por atras de los melosos, ejem ejem /me vuelve a pasar por detras de ellos xDDD

Inglin va y le da un buen golpe en la cabeza a Eärondûr Rangilion y le dice que observe mejor los lugares y los post, ejem ejem, luego se va a la barra antes de volver a emprender viaje.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Seregruin gira a Lómine sobre sí misma y la besa con pasión durante unos eternos minutos...

-Disculpa que no haya contestado antes, importantes asuntos me retenían..

Seregruin hunde su mirada en los grises ojos de Lómine. Y vuelve a besar sus carnosos, rojísimos labios... que aguardan entreabiertos, más húmedos que nunca...

-Anamóriel, no puedo resistir tu belleza por las mañanas...

Seregruin sospecha que la telenovela no es el género que más se le da... pero qué más da.. Seregruin viene muy estresado estos días, que no sabe quién les hizo ilusión a los Eithel-glin de que sacarían algo de Ainamar o de cualquier otro lado... xDDDDD

[Editado por seregruin el 01-05-2005 04:25]

Lómine ríe divertida.

-Los humanos son seres complejos y fascinantes... viven el día a día temerosos y ávidos del mañana, extrayendo de la vida todas las mieles, disfrutando cada segundo que compone su corta existencia... no les importa el riesgo siempre que puedan obtener un beneficio.

Lómine se libera del abrazo que la retiene y se pasea por entre las mesas mientras juguetea con su oscuro cabello. Es evidente la atracción que ejerce sobre su compañero nurnita, y este tampoco le es indiferente; y ante tal fascinación continúa enredando a su presa en aquel juego de seducción.

-Dime Seregruin, en tu caso ¿Cuál es el beneficio?

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Nülk se baja de un carro biplaza en el que va a compañado por una mujer rubia impresionante.

nena, espero que no te hayas quejado, te he llevado \"volando\" \"al septimo cielo\" y sin \"ser piloto\". vaya como te ponen los chicos con uniforme ¿eh? esto como dices, puede \"ser el comienzo de una gran amistad...

Nülk despide a la \"elfa Pataki\" (que tiene que ir a las termas calientes). tras esto ojea su guia de viaje de Haldanori, y luego al letrero de la taberna

¡ sin duda es este !, umm, tiene buenas criticas...veremos que nos ofrece este lugar,

Este antro de perversión que regenta la atractiva elfa Inglin, ha sido fundado por Delisse y Nulkaiel, para el reposo y descanso de los guerreros y guerreras nurnitas, y aquellos viajeros deseosos de diversión.

Seregruin se toma su tiempo para contestar, pero al ya mencionado estrés que sus ocupaciones le provocan, debemos agregar la resaca... que aún no se ha pasado.

-¿Cuál mi beneficio, preguntas... para tomar tales riesgos?

Seregruin se aproxima a Lómine, lentamente y gesticulando convincentemente... a pesar de la ya mencionada resaca. O tal vez gracias a ella.

¿Acaso te extraña que la joya más perfecta nunca vista sea motivo suficiente como para entregar la vida?

¿Os parece exagerado el placer que experimenta mi vanidad de hombre mortal al descubrir con mis manos la más sedosa de las pieles, el más bello de los cuerpos, el más cálido de los abrazos?

Seregruin hace una breve pausa, como suplicando comprensión de parte de la Elfa.

¿Qué decir del descubrir en tus pupilas la efímera felicidad que sólo mi presencia te provoca? ...y efímera por venir de quien viene, hermosa elfa renegada, por cuyo alto valor mi placer crece tanto más...

Seregruin vuelve a avanzar hacia la elfa... cada vez más convincente, quién lo diría.

¿Qué crees, Lómine adorada, que yo no pueda hacer por tí? ¿Acaso crees que pueda tolerar que te apartes de mi vista, tan sólo?

Seregruin toma a Lómine por los brazos.. y su mirada se posa, anhelante, sobre las grises y profundas pupilas.

Lómine acarició el rostro de Seregruin y por un segundo un tenue halo de luz le devolvió la apariencia que tuviera en los días antiguos en los que su alma aun no era gobernada por la oscuridad.

-Los Eldar fueron mi pueblo y obtuve de ellos la vida perenne. Para mí la felicidad es tan fugaz como lo son las horas, los años... viví momentos de enorme alegría y profunda tristeza y de ellos sobrevive solo un recuerdo desdibujado en el tiempo. El odio, la venganza y la traición han hallado cobijo en mi alma y arrojado a un oscuro rincón la bondad y el amor que antes gobernaban.

La voz de la elfa se escuchaba serena y melancólica como el cantar del viento en las noches de otoño, aunque notas perversas se hallaban entretejidas en la etérea melodía.

-Y has llegado, Seregruin, como llegaron cientos... y como ninguno has permanecido en mi mente y marcado tu piel en la mía. No seré tuya, hijo de Númenor, porque nadie jamás podrá poseerme, pero mientras un soplo de vida habite tu cuerpo, me encontrarás a tu lado.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Delisse Yestariel abrió con delicadeza la gran puerta que daba acceso a los oscuros recintos de Las Grietas. Oculta tras una negra capa, que oscurecía el destello de sus ojos violeta, entró en el establecimiento, y se detuvo un momento en el umbral, mientras cerraba la puerta tras ella.

El pequeño haz de luz que había osado deslizarse por ella desapareció, pero no necesitaba luz alguna para vislumbrar lo que acontencía en el local.

Bajó despacio los escalones, y tras saludar al visitante con un gesto solemne, se dirigió directamente hacia la escalera que llevaba a los recintos ocultos del local.

Delisse Yestariel se había acostumbrado con el tiempo a pasar ciertas noches cálidas danzando en el local, oculto su rostro siempre por un velo. Solía danzar, alzada en un de aquellos nichos excavados en las paredes, sensual, intocable para cualquiera... casi durante la mitad de la noche. El resto... cualquiera podría intuir que se había aficionado a un apuesto camarero - esclavo que la adoraba como a una diosa del amor.

Delisse Yestariel pasó al lado del muchacho, que recogía los restos de una de las mesas que habían quedado vacias recientemente, y él la miró con ojos anhelantes. Ella pasó por su lado, y no hizo gesto alguno, y el hombre ocultó la decepción en sus ojos.

Al pasar cerca de la barra, observó para su sorpresa a dos influyentes Señores de Nurn. Parecían tener una conversación privada, y ella demasiadas cosas en la cabeza. Pasó de largo sin decir nada, y desapareció en el negro tunel que conducía a las habitaciones.

Una vez dentro de la habitación, se despojó de la capa. Se quitó lentamente la ropa de viaje que llevaba, mientras una doncella semidesnuda vertía agua caliente en una tina.

Su cuerpo desnudo agradeció al instante el calor, y dio gracias a los dioses por aquella oportunidad de descanso que habían tenido a bien otorgarle. Libre del cansancio, y de la suciedad de incontables viajes y batallas, su cuerpo parecía cobrar vida gracias al efecto del agua, y las caricias escondidas de la doncella... Delissë, con los ojos cerrados, se dejaba hacer mientras ella seguía vertiendo agua, y untando de jabón cada rincón de su cuerpo.

Finalmente, abrió sus bellos ojos de fuego, y despidió a la muchacha con una sonrisa. Cuando estuvo a solas, salió del agua, y se acercó a la ventana, para observar con melancolía el atardecer, mientras dejaba que el agua descendiera por las curvas de su cuerpo de manera natural. Tomó un pequeño frasco de ungüento del tocador, y procedió a untar su cuerpo con el aceite perfumado de esencia de canela. Su piel, ligeramente tostada por el sol, brillaba con los últimos rayos de sol que se escondía tras las montañas.

Eligió uno de los vestidos que guardaba en el armario. Aquellos que nunca se pondría en ningún otro sitio que no fuera aquél lugar. Un vestido negro, de cuello alto y largas mangas, elaborado con dos capas de la más fina gasa, que se adhería a su cuerpo como una segunda piel. Poco dejaba a la imaginación. Se calzó unas altas de cuero negro, y dejó sus cabellos sueltos, engarzados con piedras negras de brillante obsidiana.

Unas pulseras de plata, y una elaborada gargantilla de plata sobre el cuello del vestido, completaron su apariencia.

Cuando bajó, se apresuró a organizar cosas detrás de la barra. Todas las noches eran movidas en aquel local, y pronto entrarían su más selectos clientes.

Delisse Yestariel sonrió al camarero. Tal vez, sino había mejor plan, volvería a disfrutar con él... El hombre tropezó con una silla, pues su mente ya estaba en otra parte, disfrutando de la leve promesa que sugería la sonrisa de ella. Y ella simplemente rió.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Seregruin sabe que recordará aquel momento, y aquellas palabras, por lo que reste de su breve vida. Tanta belleza en el rostro de la elfa, tanta esperanza e ilusión en la común mirada, que ambos parecen suspendidos en un tiempo fuera del tiempo, en un instante distinto, inaccesible a cualquier otro.

-No sabemos lo que nos espera -dice Seregruin, hundiendo aún más la mirada, como queriendo penetrar y abarcar todo el élfico corazón.

Seregruin quisiera que el momento aquél nunca terminase. Pero en derredor crece el estrépito de cacharros y muebles... los esclavos ponen a punto el antro para una nueva noche, y ya no debe ser tan temprano porque las antorchas, en las paredes y el techo, son vueltas a encender.

Seregruin, bajo la nueva luz, mira en derredor y descubre la cantidad de gente que puebla el local: advierte a Eärondûr, que ha estado allí todo este tiempo, silencioso y abstraido; a Delisse, que desde atrás de la barra le guiña uno de sus encantadores ojos; a un enano extranjero, que en la puerta dicute con la servidumbre; a Inglin, que pasa de aquí para allá, ocupada en sus labores; y a una multitud de esclavos ataereados y ruidosos.

-Permanece junto a mí -ruega Seregruin, depositando el beso más sincero que dado en mucho tiempo, sobre los encarnados labios de Lómine.

Seregruin guarda, también, un profundo dolor de días más luminosos... un dolor que recientemente ha sido desvelado por una poderosa imagen del pasado, pero no dirá nada sobre eso... al menos no por ahora.

Seregruin vuelve a cargar a Lómine en brazos, prometiendole que pronto volverán a bajar a la taberna. Ambos comparten una mirada de divertido entendimiento: y es que en sólo una noche, dos personas, por más que de hombre y elfa se trate, pueden llegar a conocerse muy bien...

-Eh, camarera... alcanzadnos nuestros tragos a la habitación!! ...y no olvidéis de llevarme aquél espadón de Oriente.

Delissë sonrió mientras observaba como se alejaban ambos a través de la oscuridad del pasillo. Sirvió dos copas de embriagante licor, y los puso en una bandeja. La camarera la recogió, y desapareció tras ellos. Llamó ligeramente a la puerta, y dejó en el suelo la bandeja. Supuso que eso bastaria.

Delissë se encontraba sentada en una de las mesas, acompañada de Inglin, mientras degustaba una copa. Se sentía relajada, después de la incertidumbre de las pasadas semanas. Ambas comentaron batallas pasadas, mientras el calor del alcohol iba haciendo efecto en su cuerpo. Observó la copa, un instante, pensativa. Poco efecto podía hacer aquello en ella, Maia inmortal, invitada en un cuerpo inventado ... Pero agradecía la ligera sensación de calor que invadía su cuerpo. Tomó un nuevo sorbo del líquido dorado...

Mientras, una banda de música tocaba una sensual melodía sobre el escenario. Las bailarinas balanceaban sus caderas al ritmo de la música, y los asistentes luchaban en vano por alcanzarlas en sus nichos.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Mientras mira como se alejan escaleras arribas la elfa siente una pizca de nostalgia, por lo que algun dia fue y no lo es mas, por lo que se perdio y no se puede recuperar. Nostalgia de sentir dos manos que te aprietan hasta mas no poder, y no justamente las manos de tu enemigo, todo lo contrario.

Mirando a Dellise piensa si tendra algun amor escondido por alli, luego obliagndose a cambiar de pensamiento le pregunto a la elfa que la acompañaba si se encontraba a gusto en el lugar mientras se acomodaba una trenza.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Cuando la noldo se fue, el clima estaba en su máximo esplendor. El bullicio apenas dejaba oír. Sin embargo, ahora el panorama era diferente, más sosegado pero sucio. Los camareros seguían atendiendo las mesas y limpiando jarras.

La música también era diferente, más melódica y tranquila. Las bailarinas danzaban en sus nichos. Al levantar la vista, Nulkaiel observó a un viajero que estaba subido en uno de los nichos, bailando completamente borracho, el ritmo le había abandonado pero él seguía danzando con movimientos grotescos.

Sentadas en una mesa tomando unas copas, vio a Inglin y Delisse. En el lado opuesto había un enano del Valle del Ingenio degustando una jarra de cerveza.

Se acercó hasta llegar al lugar donde se encontraban sus compañeras.

-¿cómo va todo por aquí, Inglin?, ¿algún desperfecto?. Umm Delisse, querida, ese vestido que lleváis hará estragos entre el género masculino –dijo guiñándole un ojo. – ¡camarero!, quiero una copa de lo mismo que toman ellas, y rapidito.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Una noche mas terminaba en la taberna, la elfa llegaba luego de una noche fatigosa de insesante vigilia. La ultima noche que habia pasado habia recordado viejos tiempo juntos Dellise y Nulkaiel.

Esta noche la taberna no ofrecia recuerdos. las sillas patas arriba sobre las mesas, solo quedaban dos borrachos tirados en el piso a quienes ella no conocia. Le hizo una seña al camamrero de los dejara afuera y se dirigio hacia las habitaciones.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La puerta de la taberna se entreabrió produciendo un ligero chirrido. En la sombra del umbral se asomaba el rostro de una mujer de oscuros ojos...

Mornaew pasó al interior del lugar, prácticamente vacío

El camarero acababa de limpiar la barra y las sillas estaban colocadas del revés encima de las mesas.

- ¿Es demasiado tarde para que una dama pueda tomar una copa? - dijo la mujer

Aquel hombre la miró extrañado... su cara no le era conocida. Claro que no... los nurnitas no la reconocerían.

Sin esperar respuesta Mornaew tomó asiento en un taburete frente a la barra y aguardó sin pronunciar una palabra, apoyó los codos sobre la barra y entrelazó sus manos reposando la barbilla sobre ellas

[Editado por Yureawen el 15-05-2005 02:26]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Inglin se retorcio en la cama, hasta que las sabanas estuvieros tiradas por el piso y el sueño no se decidio por venir, decidio bajar a ver si no habia nadie a quien pudiera hacerle compañia.

La taberna permanecia en penunbaras. la elfa vio a una humana sentada en la barra bebiendo vaya uno a saber que cosa. Se acerco cautelosamente estudiando sus gestos. Se sento a su lado sin decir una palabra. Asi paso el tiempo hasta que no aguanto mas la indiferencia, al fin y alk cabo era una elfa no era un ent, y por primera vez extraño la presencia de lomine y seregruin en el lugar -Disculpe cruel señora, se encuentra a gusto en este lugar?- No era una frase digna de una nurnita como Inglin peor a esas horas de melancolia no pensaba en nada mas apropiado.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Khazgarn entro en la taberna. La luz era mortecina.

Observo a los dos damas y inclino la cabeza a modo de saludo

-Señoras.- dijo en un hilo de voz

Se dirigio a la barra y se sento

-Vino porfavor.-

Delisse Yestariel bajó las escaleras todavía algo somnolienta. No cabía duda que estas noches en vela acabarían pasando factura, si bien la noche anterior había sido la más tranquila de todas. Simplemente mucho licor, y una conversación entretenida. Tranquila, y sin embargo, realmente agradable.

Reparó en Inglin, que parecía que había entablado conversación con una extraña mujer. Sentadas ante la barra, bebían algo, y por cómo estaban servidas las bebidas, supo que no era café mañanero precisamente.

Sonrió ante la absurda idea de encontrar a alguien tomando café en un lugar como aquél, y pasó tras la barra para servirse una copa. No muy lejos de ellas, un hombre parecía abstraido mientras disfrutaba de una copa de vino. No le había visto antes, y pensó que estaría bien hacer un poco de publicidad, por que las caras nuevas siempre eran bien recibidas en el local. Así que se acercó primero a la mujer que conversaba con Inglin, y le sirvió una copa. Y después se acercó al hombre, y le sirvió otra copa del vino que estaba tomando.

- Invita la casa - dijo sonriendoles a ambos - Habeis llegado en la Hora Feliz.

Y después cogió su copa, y fue a sentarse en la barra junto a Inglin.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Mornaew vio llegar a una elfa que tomó asiento a su lado y que trató de iniciar con ella una conversación... La mujer la miró de reojo, con recelo... no le agradaban los eldar y prefería mantener el mínimo contacto con aquellas gentes. Pero se encontraba en un lugar extraño para ella y no iba a ser descortés ni a iniciar algún tipo de trifulca...

- Es un sitio agradable este, y la bebida no está mal... aunque las he probado mejores. ¿Es acaso usted la dueña?

- Está en lo cierto, este local es de mi propiedad señora... ¿Cómo debo llamarla? -preguntó la elfa

- Si en verdad le es necesario llamarme por algún nombre... llámeme... Néhilin

- Mi nombre es Inglin, a su disposición.

Mornaew asintió y llevó el vaso a su boca mojándose los labios con lo que quedaba de aquel líquido de tonalidad dorada, y dejando que éste fluyera por su garganta, produciéndole una cálida sensación

Un hombre con rasgos sureños entró al lugar y tomó asiento no muy lejos, en la barra. Al mismo tiempo otra dama llegó procedente de los pisos superiores y, tras pasar al otro lado de la barra, volvió a llenar el vaso de Mornaew con aquel licor que acababa de probar.

- Gracias, muy amable -dijo Mornaew a la vez que se fijaba en los ojos violáceos de aquella mujer.

Mornaew tomó de nuevo su copa y bebió pequeños sorbos, deleitándose con el sabor ligeramente dulzón de la bebida, y escuchando tan solo el silencio de aquella taberna aún adormecida.

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Se escucha un fiero grito de guerra escaleras arriba. Luego, unas corridas y un golpe seco. Los clientes de la taberna observan una cabeza de orco que rueda escaleras abajo, salpicando de negro paredes y escalones.

Seregruin, poco después, aparece tras el recodo de la escalera de caracol maldiciendo en algún dialecto del sur. Su torso está desnudo aprovechando el clima siempre cálido de la taberna, y sus cabellos despeinados enmarcan una curiosa expresión de furia alegre.

-Espían tras los cortinados... -dice Seregruin, a modo de saludo. La espada que lleva en su diestra chorrea oscura sangre de orco.

Seregruin pasa tras la barra para coger una botella de grueso vidrio y extraño color, de dudoso contenido.

-Pero lo molesto es que hacen ruidos -confiesa, luego del primer y ruidoso trago, a la regenta del establecimiento que se encuentra sentada justo frente a él, al otro lado de la barra.

Seregruin percibe un perfume que le resulta familiar, y que antes no estaba en el recinto de la taberna. Parece temblar con un escalofrío y su expresión toma un gesto de extrañeza.

-¿Nos conocemos, extranjera? -pregunta Seregruin a la mujer junto a Inglin que, oportunamente, había dejado caer la cabellera sobre el rostro.

[Editado por seregruin el 15-05-2005 14:37]

Una dama relleno su copa de vino

-Es la hora feliz.- le dijo

-Gracias.- repondio Khazgarn y sonrio.- Muy amable

Khazgarn observa al recien hombre que baja por las escaleras y a su cabeza de orco y como se acerca a las mujeres sentadas en la barra.

\"Ummm, esa mujer no quiere que la reconozcan\".- pensiensa mirando a la que dice llamarse Néhilin

Inglin apoya la cabeza sobre sus manos, quien mas podia armar tanto alboroto como el numenoreano

Fijando su vista en aquel desconocido se cercioro de que no le faltara nada de beber y se volco a la conversacion con Delisse dado que el numenoreano una vez mas se habia robado a la extranjera con sus charlas.

La noche seguia su rumbo lentamente y el sueño no llegaba, poco a poco se le iban cayendo los ojos hasta que un golpe seco se oyo afuera, la elfa se desperto sobresaltada y como por instinto corrio a la puerta. El cadaver de un orco manchado de sangre , tirando maldiciones al aire volvio a subir los escalones pesadamente. Cuando volvio a entrar a la taberna algunos ojos curiosos. Tomo de nuevo su lugar al lado de Dellise y hundio la cara entre las manos -Malditos orcos, me despertaron-.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

El silencio se rompió en mil pedazos con la caída de aquella repugnante cabeza de orco escaleras abajo.

Mornaew se alertó al ver la figura de un nuevo personaje entrando a escena... No estaba segura de que fuera conveniente darse a conocer por aquellos lares. Se cubrió el rostro con sus cabellos. Miraba el fondo del vaso ya vacío...

...de pronto, esa voz. Quería saber quien era ella. La extrangera. Mornaew meditó unos instantes y, entonces, sin mirar a su interlocutor, respondió...

- Me temo que esa pregunta no sea tan fácil de responder, señor, puesto que a veces es dudoso incluso que nos conozcamos a nosotros mismos. Así pues, tal vez si respondiera, mi contestación fuera equivocada...

Mornaew vio la mano morena del hombre sobre la barra. Aquella en la que lucía un hermoso anillo que ella sí conocía perfectamente.

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Delisse Yestariel se sintió sobresaltada con el estruendo que precedió a la llegada de Seregruin. Y pensaba que iba a ser una tarde tranquila...

Se levantó y se acercó a uno de los camareros, y le ordenó que limpiara toda aquella sangre rápidamente, y que se llevara aquella repugnante cabeza de orco. ¿Espías? pensó. Si, era consciente de que tras la ligereza y el libertinaje que encerraban Las Grietas, se estaba llevando a cabo un juego oscuro y extraño.

Reconocía las insignias que llevaba el orco, y junto con la sorpresa, un leve malestar se apoderó de ella. Tendría que averiguar algo más de todo aquello.

Seregruin entablo conversación con la extranjera, y ella e Inglin siguieron conversando. Finalmente se dirigió al hombre del sur con una sonrisa:

- Acercaos, caballero, y contadnos algo de vos. Quien sois, y que haceis en este lugar, tan lejos de cualquier sitio civilizado...

Inglin miró al hombre atentamente.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La noche daba paso al dia y la charla continuaba entre estos concidos y desconocidos. Cualquiera que los hubiera visto en ese momento se hubiera reido pues formaban un gracioso grupo.

La elfa posaba la mirada sobre los extranjeros pero una y otra vez su mirada daba contra el Haradrim, le llamaba la atencion, le parecia que lo conocia de algun lado aunque no podia asegurarlo.

Luego de cerciorarse de que sus compañeros tenian la jarra llena se dio una vuelta por las mesas. Expulso a un par de orcos reveldes y volvio a su sitio.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Seregruin aparta suavemente los oscuros cabellos de la extranjera, como si de descubrir un delicado tesoro se tratase. Sabe al detalle la mirada que allí detrás lo espera; pero es mayor la necesidad de ver ese rostro una vez más, en este momento, y cuando menos lo esperaba...

-Ciertamente no sabemos quiénes somos, ni por qué estamos aquí. Pero buscar comprender lo que el otro busca en nosotros, siendo terrible las más de las veces, puede ser reconfortante con el paso del tiempo...

Seregruin aparta la vista de aquel profundo dolor: un rostro tan parecido al otro... hace tanto tiempo, antes de que fuera ella... y vuelve a besar la botella de extraño color, a ingerir el turbio brebaje de imposible gusto, a perder la mirada en la penumbra de la estancia nurnita.

-¿Qué has venido a buscar aquí, extranjera? -dice Seregruin con el tono más neutro que puede forzar.

Seregruin, para sus adentros, entona un Gotán del Lejano Harad: Volvió una noche, no la esperaba...

[Editado por seregruin el 16-05-2005 01:37]

Khazgarn oyo como le sugerian acercarse y le preguntaban.

-Vengo del lejano Rhün. El por que estoy aqui es una incognita hasta para mi.Puse mis pies en el camino y hasta aqui he llegado.- respondio.-

Khazgarn apuro el poco liquido que le quedaba en la jarra. Saco una bolsa de monedas.

-¿Podeis rellanarmla?.- solicito

Mornaew no puede impedir que él descubra su rostro, su mirada... una mirada que se debate entre la angustia y la alegría, el amor... y el odio.

Mornaew cierra los ojos en el instante en que el hombre aparta la vista de su rostro. ¿Podrá seguir soportando los sentimientos contradictorios que él le produce con su sola presencia?

- Tal vez vine en busca de algo... una respuesta... comprender... Ver con mis propios ojos al númenóreano que, dicen, trató de sitiar mi ciudad -el tono de su voz es muy leve, no desea que los demás escuchen-. Tal vez, con el deseo de que mis sospechas fueran fundadas... que no fuera sino otro de los hijos de la hundida Tierra del Don el que tuvo la osadía de acercarse a esos muros negros.

Mornaew se pone en pie siguiendo los pasos de él, buscando de nuevo su mirada inquietante. Agarra la botella por el cuerpo y la usurpa de las manos del hombre, rozando ligeramente sus dedos. Luego bebe un sorbo que apenas le humedece los labios, y deja el recipiente sobre la barra.

- ¿Y qué es lo que buscas tu acercándote a esta extrangera que simplemente tomaba aquí tranquilamente una copa, Seregruin de Armenelos?

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Lahia Morániël entra sigilosamente en la Taberna de las Grietas de las Libertinas. Siente el murmullo de la gente que bebe, habla y se distrae con los espectáculos y la música del local.

Lahia Morániël camina hacia la barra y al sentarse en uno de los taburetes de madera se quita la capucha negra que dejaba escondido su rostro pálido y su largo cabello oscuro. Mira hacia los lados y se encuentra observando ciertas caras que le son familiares. No obstante se concentra en el camarero y le pide algo para tomar.

La Elfa se queda observando las situaciones que acontesen a su alrededor, y al parecer nadie se ha percatado de la llegada de la Telpita.

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Khazgarn apuro su copa y observo a la recien llegada cuando una voz en su menta le saco de su ensimismamiento.

-\"Debemos partir rapido. Presiento que algo juega en nuestra contra y el tiempo se nos acaba\".-dijo la voz

-\"Bien, de momento tu sentido ya nos ha sacado de algunos lios.\"- penso Khazgarn a modo de respuesta

Khazgarn saco algunas monedas y las dejo sobre la barra. Se levanto y se dirigio a la puerta. Se giro y miro a la recien llegada y a la mujer que hablaba con el hombre.

-Por cierto señoritas, recuerdos de un amigo comun.- dijo y salio de la taberna.

[Editado por Valandin el 17-05-2005 13:22]

Seregruin sostiene la mirada de Mornaew con dificultad. A decir verdad, las más de las veces acaba desviándola hacia algún punto vacío del recinto, o hacia la figura del sureño que se dice oriental... un tipo que le suena conocido, quién sabrá de dónde, tal vez hace tiempo en el sur...

-¿Qué estoy buscando? -responde Seregruin con tono reflexivo- ...es una pregunta que últimamente me hacen muy a menudo -el hombre se sonríe maliciosamente- ...digamos que en esta ocasión seguí mi olfato, simplemente.

Seregruin advierte la llegada de una bella elfa que parece hacer un gesto de reconocimiento a Mornaew. Pero la conversación ha sido interrumpida por el saludo de despedida del enigmático extranjero, que al acercarse a la barra parece evitar la inquisidora mirada de Seregruin... \"quién sabrá de dónde\" piensa el mestizo.

-Pero has sido muy valiente en venir, Néhilin. Y no voy a esconder que tu presencia me afecta. Quizá podamos seguir discutiendo de nuestros asuntos en privado -dice Seregruin indicando con un gesto hacia las escaleras interiores de la taberna.

Un ruido se escucha en el local, al romperse un trozo de la entrada, miles de hojas cubren el suelo y musgo llena la cabeza de los alli presentes.

Aldamorna ha llegado...

Kurrarrrummm!! Si se abre un local, Diablos!! haced una entrada mas grande!!- La ent-mujer de Nurn mueve sus ramas, dandole en la cabeza a Serengruin- Perdona Hermano!! ups!! (publicidad subliminal XDD) dejame sitio!! no ves que casi me pisas una raiz!!

Podria alguien pulverizarme las hojas? Antes de que pierda la mitad!! Y que es este olor!! Esos orcos podrian lavarse!!

[Editado por luzelfica el 17-05-2005 15:34]

Vosotras insignificantes criaturas estais dispuestas a sangrar por vuestra tierra. Yo estoy dispuesta a derramar vuestra sangre en ella.

Mornaew observa los cruces de miradas... la marcha del sureño... La entrada de la elfa de negra cabellera. Se miran unos instantes y, por supuesto, se reconocen. Allá no van a revelar sus identidades.

La voz del mestizo vuelve a robarle toda la atención... sus palabras resultan sugerentes. Ella está recelosa de la situación, el lugar, las gentes...

-Valentía no me falta, bien lo sabes, creo.

Mornaew dirije la vista hacia las escaleras por las que antes hubiera rodado la cabeza del orco. Algo de sangre negra manchaba aún algún peldaño... Disimuladamente la mujer pasa sus manos por las empuñaduras de sus inseparables dagas. No está segura de poder confiar en él... de nuevo... si alguna vez lo hizo.

Al momento un ent entra de alguna forma en el lugar y, haciendose paso, golpea a Seregruin, esparciendo hojas por el suelo.

Mornaew mira extrañada al ser... ¿acaso querrá tomar algo en el bar? Luego... vuelve a dirigirse al númenóreano...

-Te sigo -dijo con una voz contundente, mírandolo fijamente a los ojos... escudriñando lo que éstos le pudieran revelar.

[Editado por Yureawen el 17-05-2005 16:22]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Un espiritu etereo demora su viaje a Mandos para ver de donde sale tanto ruido y movimiento... y entra a un lugar atestado con gente de los cuatro confines de Haldanori..Galadhglir del Concilio, muerto en batallla, ahora en espiritu hace una pasada entre las mesas... y como ente incorporeo, se toma algunas libertades con las faldas de las damas, que solo perciben una brisa calida entre sus piernas...

Ve en la barra, dos humanos, que en vida no ha conocido, pero que en la muerte conoce por sus nombres e historias (porque parte de la esencia de su destino era llevarles un mensaje a estos dos) que conversan, y el nebuloso elfo puede ver los hilos de tension en sus palabras... Se acerca a ellos, como el humo de la hierba que vuelve lechoso el aire.

Habran entendido el mensaje? se pregunta la sombra del laiquendi... y al no poder saberlo, como broma y despedida al mismo tiempo, vuelca sus copas sobre ellos, arrancandoles a ambos expresiones un poco fuertes aun en ese lugar... y vuela hacia el oeste, para esperar en Mandos el momento de su retorno, si es que lo habra.

Demasiadas cosas pasaron en muy poco tiempo: la aparición de la ent-mujer y el golpe de sus ramas, un vapor maloliente que atacó sus fosas nasales, el vuelco del brebaje sobre su pecho, el desconfiado \"si\" de Mornaew (que también vaciaba su copa en el firme busto)... y esa idea fija que se coló como un extraño mensaje en su mente.

Seregruin obsevó a Mornaew con súbita desconfianza: una idea surgida de la nada había ocupado su mente y se resistía a partir. Mientras veía cómo el gesto de la mujer también tomaba otra expresión, atinó a secarse el pecho con un trapo que estaba sobre la barra, y a recoger su espadón disimuladamente.

Seregruin se dirigió a Aldamorna, la ent-mujer, que aún intentaba acomodarse por entre las mesas:

-En aquél rincón, junto a Delisse e Inglin, tendrás espacio... y un cántaro con brebaje éntico de alta graduación!!! :P

Seregruin, desprendiéndose algunas hojas aún entremezcladas en sus cabellos, guiña un ojo a la bella elfa extranjera que se había ubicado cercana a la barra y, controlando de cerca cada paso que da Mornaew, se dirige hacia las escaleras en penumbras.

-Después de ti -le dice Seregruin, con fingida caballerosidad. Nunca más volvería a darle la espalda a esta mujer.

Aquel brebaje se le vino encima como movido por una fuerza intangible. Sus cabellos quedaron humedecidos y también parte de sus ropas...

Mornaew siente que una especie de conciencia ajena trata de penetrar en su mente y por unos instantes queda muy confusa...

La desconfianza se hace palpable entre Mornaew y Seregruin... tiempo atrás en una situación así los hechos hubiesen acontecido de distinta manera.

Pero allí estaban en esa taberna a media luz, entre gentes extrañas, otras todo lo contrario... y una escalera que se adentraba entre las sombras hacia las entrañas de aquel establecimiento nurnita.

Mornaew no puede dejar de dar vueltas a muchas ideas y sensaciones en su cabeza... Sube un par de peldaños caminando por delante del mestizo, luego para en seco y se gira súbitamente.

¡Tu! ¿No estarás pensando en dañar mi integridad, así, ahora, de una forma tan cobarde como dejándome caminar frente a tí? Mucho habría cambiado en tí, más de lo que podría haber sospechado, si esos fueran tus pensamientos -se dijo para sus adentros ella.

- Ponte aquí a mi lado, Seregruin; pues yo desconozco el camino y no sé a donde pretendes que te acompañe.

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Seregruin pasa dulcemente el brazo por la cintura de Mornaew, disimulando la ansiedad que lo incomoda, la atención que pone a cada sutil movimiento de la mujer en la prevención de que ella intente matarlo (¿por qué no puede deshacerse de la idea de fue ella quien lo quiso envenenar en Pelargir?)...

Seregruin siente el cuerpo de Mornaew palpitar, y temblar, junto al suyo. La escalera es demasiado angosta, y ambos han tenido que estrecharse mucho. Mientras se funden lentamente en un abrazo inquietante, la oscuridad se abre ante ellos como un enigma inmutable que se enrosca en las alturas.

[Editado por seregruin el 20-05-2005 22:56]

Dulces sensaciones mezcladas con amargos recuerdos. Todo se hace presente en aquel instante, mientras que el fornido cuerpo de él la envuelve y las yemas de sus dedos recorren su cintura... rozando en ocasiones el cinto donde guarda sus armas.

Mornaew lleva sus finas manos al cuello de Seregruin y acaricia su nuca, acercándo su cuerpo al suyo, llevando sus labios cerca del rostro de él; y las respiraciones de ambos se hacen casi palpables, volviéndose una sola. Ella le susurra suavemente al oído unas palabras...

-Y bien... ¿cuáles son tus intenciones... qué pretendes... desarmarme? - el aliento de Mornaew juguetea con la piel de Seregruin, y penetra entre sus cabellos.

Mornaew desliza sus manos a través de los hombros desnudos de él, llegando hasta su cintura... la empuñadura del espadón a su alcance. Sabe que si le pusiera fin muchos de sus sueños amargos desaparecerían, y tal vez podría borrar aquellas vivencias de una pasado no tan lejano... o no -realmente deseaba borrarlas?-. Pero no era oportuno desafiar a su suerte en aquel lugar plagado de posibles enemigos. Su torre la estaba esperando y no podía tentar a la muerte de aquella forma tan estúpida...

Mornaew empuja violentamente a Seregruin contra la barandilla de la escalera que le llega a la altura de la cintura, y dobla su cuerpo hacia adelante obligándolo a caer ligeramente hacia atrás. Ahora fija sus ojos en los de él y lo agarra con fuerza.

-¡Habla! ¡Dime algo y sácame de esta ofuscación que me invade!

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Delissë avanzó por las calles ocultas por la bruma de la mañana. La luz del nuevo día apenas se dejaba entrever entre las estrechas callejuelas que escondían Las Grietas, y eso era algo que muchos agradecían a la hora de abandonarlas.

Un frío intenso laceraba su rostro sin piedad, su piel pálida contrastaba con el rojo de sus mejillas, y su respiración agitada exhalaba un lebe vapor helado. Se cubrió con la capucha de la capa negra, ocultando su mirada de la de aquellos pocos que se aventuraban a cruzarse en su camino. El sonido de sus pasos la seguía en forma de un eco lejano, que se alzaba osado frente al silencio vespertino.

Se había despedido de Inglin, y de aquel extraño que había abandonado la taberna poco antes que ella. Pero mientras pensaba que aquella sería una mañana como otra cualquiera, alejada de maquinaciones y de la guerra que últimamente ocupaba su mente, sintió que algo la llamaba. Era importante que volviera a Narmelost.

Así que aquella noche se había despedido de aquel que últimamente humedecia sus noches, y había vuelto a ponerse sus raidas ropas de viaje. Era hora de volver a la realidad, y realmente, dudaba de que tuviera oportunidad de volver a refugiarse en la calidez de aquel local.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Lahia Morániël observó las situaciones que acontecieron mientras bebía sentada en la barra.

Sus ojos recorrieron con una mirada cansada y algo entornada por la fuerte luz que se derramaba desde las lámparas, el amplio salón y a cada uno de los que allí se encontraban con cautela y sutileza.

Pronto se sintió incómoda rodeada de tanta gente ebria y se desplazó con su vaso a uno de los rincones, donde la luz llegaba solo con un débil resplandor dorado. El aire estaba velado por el humo, pero aún así le permitió ver la guiñada que le dedicó el hombre que hablaba con Mornaew.

Allí se quedó, aguardando en la oscuridad, espectante y abstraída en sus pensamientos.

[Editado por Isilmeriele el 24-05-2005 18:15]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Aldamorna se mueve en busca de un poco de aire, pues tanto humo seca sus hojas.

\"kurrrrraaaaarrrrummmm!! tanta pipa fumando familiares lejanos mios!! les daria unos azotes!! me fumo yo el pelo de los hobbits!! kurrarruummm, y tanto ver a uno de los mios con una elfa de otro clan....no esta bien...no esta bien...\" la ent movio sus ramas ofendida

\"aun espero que alguien pulverice mis hojas!!!\" al moverse tiro una lampara con gran ruido

Vosotras insignificantes criaturas estais dispuestas a sangrar por vuestra tierra. Yo estoy dispuesta a derramar vuestra sangre en ella.

Seregruin toma fuertemente de las muñecas a Mornaew y la obliga a retroceder, clavando su furiosa mirada en ella. Ambos han olvidado las armas y sus cuerpos se tensan en un renovado enfrentamiento que parece convertir el hoy en el ayer.

Seregruin y Mornaew se observan, quietos y suspendidos en un vibrante silencio que se esconde de todas las miradas de la taberna. Amparados en la oscura intimidad de la escalera caracol, desde donde oyen claramente el tumulto allí debajo, y a medio camino entre los malos presagios y los buenos recuerdos, los viejos amantes se miden en su nueva condición:

Seregruin, convertido en un Señor de Nurn, a su característica mala fama y mala vida le ha agregado una buena dosis de soberbio y oscuro poder; Mornaew, devenida Reina de la Orden del Telpe, ya muy lejos se encuentra de aquella muchachita pirata y asesina, por más que sus motivos sean los mismos de siempre...

-Es que no hemos cambiado nada, Néhilin -dice al fin Seregruin, y todo su rostro se transforma en una inusual sonrisa que promete una carcajada.

La fuerza del mestizo ha sido mayor, una vez superada la sorpresa. Y ahora es Mornaew la que se encuentra dulcemente retenida contra el curvo y pétreo muro. Escaleras arriba, un siervo enciende las primeras antorchas de la escalera, y una tenue luz desciende ahora en cálidos y agitados oleajes...

[Editado por seregruin el 25-05-2005 07:11]

Inglin mira hacia la escalera y deja escapar una inperceptible sonrisa mientras regentea la barra.

Luego de serciorarse que todo estuviera en orden se dirigio a la ent. -Aunque puede que en otra vida nos hayamos conocido, aunque no tengo el gusto de conocerla actualmente. Inglin, para lo que desee- dicho esto se volvio hacia un camarero sentado en un rincon -Encargate de la Ent, que se sientia como en el mismisimo Taur-dîn-Girith

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Mornaew deja de forcejear y cede en su intento por mostrarse inalterable ante aquella situación inesperada y a la vez, en cierto modo, previsible. No puede evitar esbozar por unos instantes una sonrisa sincera como hacía tiempo que no mostraba.

Seregruin la agarra aún por las muñecas y ella, inmóvil, con su oscura y fría mirada fija en los ojos de él, deja que se le acerque más y más hasta que casi puede percibir como crece el ritmo de sus latidos. El mestizo deja libres al fin las manos de Mornaew y descubre la piel de su cuello sutilmente bronceada, retirando cuidadosamente los largos mechones de pelo negro que la cubren.

Los labios del mestizo recorren fervientemente la yugular de la mujer. Ella sube las manos por el torso descubierto de Seregruin. Parcialmente ocultos en las sombras, ajenos a lo que pueda suceder en la taberna, como si de nuevo se encontraran allá en el lejano Pelargir huyendo de aquellos que quisieran acabar con sus vidas…

—Bien cierto es que no has cambiado… mi querido Númenóreano, pero mi situación en este lugar es bien distinta… —susurró Mornaew a la vez que él se disponía a mordisquear su cuello aún desnudo y palpitante—. No deseo llamar la atención por estas tierras.

—Es tarde para decir eso Néhilin, pues no estarías aquí ahora mismo si no hubieses llamado mi atención —se interrumpió él, mirándola de nuevo fijamente, acariciando su pelo.

Mornaew, en su más pura debilidad, lo atrae más hacia ella y lo besa apasionadamente. Un beso que es respondido y prolongado durante un tiempo que parece desplegarse trayendo imágenes de tiempos pasados, de noches fervorosas repletas de desenfrenada lujuria.

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Algunos pasos a la entrada del antro nurnita llamaron la atención de un pequeño y desgarbado orco que tallaba el suelo.

-Mi Señora -murmuró entre excitado y temeroso -bienvenida; pase por favor... gusta usted algún trago en especial? desea que se le prepare algo de comer? o prefiere pasar a descansar en las habitaciones...

-Solo una copa de licor... -respondió despectivamente la elfa.

Lómine avanzó entre los visitantes hasta alcanzar una de las mesas periféricas, nada hasta ahora había llamado demasiado su atención, aunque la presencia de una elfa telpita en las grietas le causó curiosidad; su mente aun navegaba en el porqué de tal presencia cuendo un espectáculo de mayor trascendencia interrumpió su meditación. Al extremo opuesto de su mesa se hallaban dos figuras absortas en su propio mundo, atados sus cuerpos por sus brazos y fundidas en un apasionado beso. Un punzante dolor se apoderó del pecho de la elfa: aquel que se perdía en los labios de joven Edain era Seregruin.

El orco que la recibiera a la entrada se acercó a ella llevando consigo una bandeja cargada con un par de copas repletas de licor, pero al ver el cambiado semblante de la elfa se abstuvo de algún comentario y tras dejar los jarros sobre la mesa huyó de su lado.

Lómine guardó silencio y tras sentarse tomó un largo trago de aquella embriagante bebida. Su rostro estaba pálido, sus labios apretados y sus ojos despedían tal oscuridad que todos cuanto se hallaban a su alrededor comprendieron la verdad que escondía su nombre. Pero continuó en absoluto silencio, sumida en pensamientos imposibles de comprender, perdida en los misteriosos laberintos de su pasado... recordando tal vez como poco tiempo atrás ese mismo numenoreano que repasaba con sus manos el cuerpo de Mornaew, hubiese acariciado su piel y adentrado en sus misterios inmortales.

[Editado por Seshat el 28-05-2005 02:41]

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin advierte la llegada de la elfa, camina unos pasos hacia donde esta y se detiene en seco.

¿Que palabras serian las indicadas par calmar, ese dolor, esa angustia? -penso la elfa hacia sus adentros.

Luego de servirle una copa a un viajero se fue a sentar con la Nurnita -¿Que tal el viaje? -dijo tratando de alejar su mente de la vision ,que para todos era tan entretenida, exepto para aquel ser que frente a ella se deshacia de desconsuelo.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lómine fijó sus ojos aun distantes en Inglin.

-Las penurias de mi viaje no son nada comparadas con lo que ahora estoy sintiendo... -respondió la elfa con voz cansada -quédate conmigo Inglin y distrae mi mente y mi corazón, has que olvide por un instante la pena que me embarga, mientras que aquel que ha sido dueño de mi inmortalidad conquista a una de su propia raza.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin no aguardaba el beso de Mornaew, aunque por cierto que aquello era esperable. Mucho había pasado en el breve tiempo que compartieran... y no hacía mucho aún de aquello. Pero después de haber terminado en el modo en que lo hicieran... y ahora sus tan distintas situaciones, tan complicadas como conflictivas...

Seregruin no puede dejar de corresponder el beso de Néhilin, sin embargo... pero en tanto besa una pregunta lo taladra cruelmente... ¿Qué había de cierto en sus sospechas? ¿Qué había venido a hacer Mornaew a Nurn, cuando aún no había sido olvidado el sitio de Minas Gwaeren?

Seregruin se separa bruscamente de aquel beso apasionado. No hay modo de que aquello pueda estar sucediendo allí. Y no hay modo de que el numenóreano no sospeche que, tras el beso, algo más se esconde.

-¿Qué has venido a buscar, Néhilin? Sabes que lo nuestro es una tragedia, que no puede terminar bien... -pregunta el hombre, confundido por la presencia de la joven, y por sus mezclados sentimientos.

Seregruin se siente observado, como en una pesadilla en que la oscuridad de una habitación (o de una escalera, para el caso), se vuelve un visible espectáculo para todo el mundo.

-¿Qué has venido a buscar? -repite el mestizo. Y siente una mirada que lo fulmina desde algún sitio a sus espaldas.

-Respuestas, númenóreano -responde frente a él Mornaew, demostrando un total control de la situación.

Seregruin se aparta lentamente de su presa y toma la empuñadura del espadón.

-Yo también necesito aún muchas respuestas, Néhilin. Pero no será en este lugar donde las develemos -dice Seregruin meneando la cabeza. E invitando con un gesto a Mornaew a descender, agrega:

-Volvamos a la taberna. Nada ha sucedido.

Seregruin se pregunta qué secreto desconocido manejarían los arquitectos nurnitas que levantaron la taberna, como para que la oscuridad de la escalera caracol pudiera ser observada desde las mesas ...y es que, mientras desciende lentamente, no puede evitar la clara sensación de que alguien lo observa muy fijamente.

Mornaew siente aquel rechazo como una puñalada en su orgullo. Sus grises ojos se vuelven más profundos si cabe, llenos de ira, tan insondables como el foso abismal que rodea los negros muros de Minas Gwaeren. Aquel hombre que ha pretendido desarmarla con sus encantos, a los que es tan vulnerable, ahora la empuja con desprecio de vuelta al pie de las escaleras.

Mornaew alcanza de improviso el hombro de Seregruin: —Espera —pronuncia con voz firme—, ¿Acaso no has sido tu el que, reconociéndome en la barra de este antro, has querido persuadirme de adentrarme en las traicioneras sombras de esta escalera?

Ella no le da tiempo a responder y, desenvainando una de sus dagas, apunta al cuello del mestizo; recorre su piel apretando ligeramente, a la vez que Seregruin voltea parcialmente su rostro. Ella no deja de agarrarlo fuertemente.

—Ni siquiera conoces mi verdadero propósito. Las preguntas para las que busco respuesta. El porqué de mi llegada a estas tierras extrañas justo en este preciso momento.

Los rubíes de la empuñadura relucen apenas en la lobreguez del lugar mientras que el filo de la daga recorre la mejilla de Seregruin, dibujando formas curvas indefinidas e invisibles.

—Y ahora que ya habías conseguido que me rindiera, ahora huyes de mi. ¡Te atreves a decirme que nada ha sucedido! ¿Qué pasa, te avergüenzas de tus actos? —Mornaew contiene una carcajada—. ¿Tal vez temes que alguna de tus concubinas se presente de improviso? Nunca lo habría imaginado Seregruin.

La daga recorre los labios de él y finalmente acaba hendiendo, provocando un pequeño corte del que empieza a fluir un hilo de roja sangre. El mestizo se desprende entonces de Mornaew y, sin pronunciar una palabra, regresa al bullicio de la taberna. Se pasa la mano por la boca tiñéndose de carmesí.

Mornaew corre tras él, cuando de pronto se para en seco y queda como petrificado, mirando fijamente hacia una de las mesas. Una elfa, sentada junto a la otra que antes ya le había servido una copa, fijaba sus ojos en él con una mezcla de furia y de dolor.

Y entonces la mujer se interpone entre ambos nurnitas y le dirige unas últimas palabras al númenóreano:

—Antes de irme debes saber que, aunque claro está que no acudí aquí por casualidad, mis razones principales no fueron tan oscuras como tu crees. Algo extraño sucedió estando yo en mis salones de Minas Gwaeren y una especie de mensaje mezclado con turbias imágenes me empujó a ir en tu búsqueda, Seregruin. Pero dejémoslo, puedes seguir con tu bella dama de orejas picudas. Volveré a mi Torre y allí me encontrarás si lo deseas y vienes solo —concluyó Mornaew.

Y allí en medio de la sala a la vista de todos aquellos nurnitas, Mornaew le robó un beso al mestizo, llevándose consigo algunas gotas de sangre de Númenor. Luego se dispuso a abandonar el lugar.

[Editado por Yureawen el 30-05-2005 02:10]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Inglin mira a la Edain que a grandes y delicados pasos baja la escalera de las grietas, nunca hubiera pensado tal cosa cuando la encontre sentada en la barra.

Volviendo la cabeza vio que la elfa miraba fijo al Numenoreano -Sera mejor que descanses, el viaje y las emociones sera mejor dejarlas atras-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Ian volvió de nuevo la vista a su jarra mientras que frente a él su compañero exhibía una amplia sonrisa, divertido por los últimos acontecimientos.

- Mujeres… -musitó para sus adentros mientras que retomaba su jarra y echaba un nuevo trago- bien harías mantenerte alejado de ellas -musitó al fin con una sonrisa.

- ¿Me lo estas diciendo a mi?, tu que estas comprometido y a un par de pasos del altar -replico el elfo que seguidamente soltó una sonora carcajada- hablando de altares, la boda con Shivalä ¿para cuándo? Maestro - dijo finalmente Morquarë con tono burlón y tomó un nuevo trago de cerveza.

Los ojos del hobbit se clavaron el rostro del melenudo elfo como puñales de hoja especialmente punzante, luego relajo su rostro con un maligno brillo en los ojos.

- Mmmm, si no me equivoco los sótanos de Thangistarion hace tiempo que se limpiaron, creo que va siendo hora que le des un nuevo repaso- comentó el hobbit con regocijo.

A Morquarë los ojos se le volvieron platos y casi se le atraganto el trago, en su memoria las bastas extensiones de muro y piedra cubierta por capas y capas de polvo y telarañas almacén de millar de trastos raros guardados sin medida con el paso de los años atormentaban su mente, sintiéndose ya cansado con la simple idea de limpiarlas. Ya iba a replicar cuando la sola idea de que el mediano añadiera la ruinosa azotea le hizo callar.

“Shivalä”.El nombre se repitió de nuevo en el interior de su cabeza, mientras que Ian intentaba recapacitar sobre como había acabado comprometiéndose con ella. No es que Shivalä no fuera una buena mujer, era inteligente y cariñosa, además de hermosa como la más bella flor, silvestre sin duda pero flor al fin y al cabo, sin embargo había piezas que aun no encajaban como si el desencadenante fuera más el apego que el propio amor. Antes de que todo aquello se hubiera precipitado gracias en parte a la muerte del bueno de Ewok Cascador, Ian solo tenía lugar en su corazón para la extraña joven que había ocupado desde hacía años sus sueños. Aún ahora el recuerdo de su imagen le seguía encogiendo el corazón haciéndole bullir extrañas sensaciones desde su interior.

Siempre que había soñado con ella la había contemplado como si la joven se encontrará en alguna dificultad, siempre armada con un arco mientras que se movía con sigilo a través de los árboles vestida con armadura de cuero, larga capa con capucha roja y botas. A pesar de su temor por el destino de aquella mujer, siempre había sentido gran regocijo al contemplar su pálido rostro en el cual se encontraban engarzados dos ojos azules de bello brillo, mientras que su dorada melena caía sobre sus hombros y se deslizaban hasta el fin de su espalda.

Ian siguió deleitándose en los detalles de sus recuerdos mientras que inconscientemente comenzaba a jugar con su anillo de compromiso, olvidando por momentos su amor hacia Shivalä.

-¿Qué pasa maestro pensando en tu prometida?- comentó el elfo burlón.

-Mm, si, la verdad es que la echo de menos – mintió el hobbit.

-Tranquilo, ¿Qué tal si te invito a otra pinta y así consigues olvidarla por el momento?- dijo Morquarë mientras que dibujaba una amplia sonrisa, y desviaba por el momento la mirada del hobbit hacía alguien situada cerca de la barra.

El particular brillo de los ojos de Morquarë estremeció al hobbit. “Oh no, otra vez no. Un día se meterá en una buena pelea por ello, ¿por qué de todos los elfos julais que recorren estas tierras me tenia que tocar a mi el dopado en testosterona?, en fin, compadezco a la pobre inocente, si es que las hay por estas tierras, a la que le amargue el porvenir.”

¿Quieres que además te traiga algo de comer?- preguntó el elfo antes de marcharse

No, gracias - respondió el hobbit recordando lo extrañamente limpio que estaban los alrededores de la taberna de ratas y gatos- por cierto, ¿de dónde viene esa intenso olor a madera podrida?...ahm, comprendo..- dijo al fin tras girarse y contemplar la enorme mole que era el cuerpo de la mujer-ent. “Hasta los árboles nacen feos en estas tierras” comento para si, “Bueno como decía mi madre, uno recoge lo que siembra y en estas tierras para nada es buena la siembra”.

“Uno recoge lo que siembra” repitió para sus adentros cuando recordó la vez que intento sembrar un árbol de monedas de oro y otro de dulces manzanas de caramelo, había perdido por aquellas palabras una moneda de oro y una manzana de caramelo que el viejo Geodan “el Ruina” le había vendido por el precio abusivo de seis monedas de cobre mientras que rezaba su legendaria frase “Y voy a la ruina”. Seis monedas por una manzana que bien podría llevar gusanos, como le había pasado al pequeño Tip, el cual, junto a su padre, había promovido la venta de gusanos acaramelados que ambos sin escrúpulos consumieron hasta que la madre de este descargo su furia sobre él y su marido arruinando el nuevo negocio de Geodan así como hacerle perder las varias horas que había pasado en la ciénaga embarrándose hasta las caderas en busca de materia prima. Bueno, a fin de cuentas todo aquello era mejor que el carbón dulce que consumían en las ferias los enanos, que ennegrecía todo aquellos dientes que después de masticarlo quedaban en pie. “Creo que comienzo a desvariar demasiado… mejor sería limitarme simplemente a beber”

-Eeeh tuu apeftao, má valé que cuide tuss palabras, yu antees quue nacieras ya había recorriiduo tre u cuatro veces todas stas tieerrass, como aqueeella veez quee fui a robbbar un webo de uno de esssoss laggarrtoos alaos…-

“O puede que ya haya bebido demasiado” recapacito Ian mientras que las anécdotas del borracho inundaban la taberna, rodeado de las burlas de aquellos que le escuchaban.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Lómine intentó abstraer sus sentidos en cualquier otra circunstancia o recuerdo pero su mirada insistente se clavaba en la penumbra de la escalera. En momentos como este habría preferido no poseer la agudeza visual capaz de traspasar el velo de la oscuridad.

-Tres mil años he habitado bajo el cielo de Arda, recorrido sus caminos, habitado entre sus pueblos y luchado contra ellos como amigos y enemigos, pero sobre todos ellos no deja sorprende la naturaleza de los hombres. -agregó la elfa tras un sorbo de licor y fijando sus ojos en su compañera quien le devolvió un gesto de interrogación -solo míralos, él se encuentra tan embelesado con sus encantos que olvida incluso quien es y a que clan pertenece. Es hermosa, lo reconozco pero ¿Acaso su efímera belleza se compara con la mía? ¿Puede su sensual mortalidad causarle tal éxtasis capaz de hacerle olvidar las noches que juntos hemos vivido?

La voz de Seregruin y su acompañante se levantaron por encima del barullo del lugar, o tal vez así le pareció a la elfa quien clavó nuevamente la mirada en la escalera. Poco después aparecieron ambos mortales aparentemente absortos en una sutil discusión. Lómine permaneció con los ojos fijos en ellos, tal vez a la espera de que aquel hombre notara su presencia en el antro, cosa que no demoró demasiado en ocurrir. Seregruin se detuvo en seco al descubrir la fría contemplación de la elfa, pero una vez más la joven telpita se interpuso entre ellos y tras algunas palabras se alejó del sitio, no sin antes sellar la conversación con un beso.

-Ve por ella –murmuró la elfa y el odio asomó en su voz –sería una verdadera lástima que la dejaras escapar...

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin ha quedado completamente absorto a causa de los últimos eventos. La reaparición de Mornaew en el momento menos esperado; los temores y deseos que con ella reavivaron; la confusión y las dudas que el pasado y aún el futuro le ofrecen... porque Seregruin tampoco esperaba los inmortales ojos de Lómine al salir de la escalera, ni las últimas palabras ni el beso de Néhilin, ni el dolor ni el amor que los ojos de Anamóriel parecen desprender.

Seregruin ha sido sobrepasado por la situación. Y, viendo partir a Mornaew, con la confusión grabada en el rostro, va a echarse en el mullido sofá que se abre junto a Lómine, sobre el muro de piedra de las Grietas siempre en penumbras. Y olvidando todas las miradas a su alrededor salvo una; extendiendo una mano suplicante -y una mirada que ofrece disculpas-, Seregruin pide algo de compresión, y desliza una invitación a la Elfa.

-Hace mucho tiempo que no me siento tan cansado, Anamóriel.

Lómine permaneció en silencio, ni una palabra, ni un movimiento, ni siquiera un suspiro obtuvo Seregruin en respuesta; Solo aquella penetrante y abatida mirada que la elfa clavaba sin piedad en sus ojos.

-Cansado... –pronunció por fin tras apartar la mirada del mestizo -¿De luchar, tal vez? ¿De las largas travesías que, como Señor de Nurn, te ves obligado a cumplir? ¿De batir al enemigo que se levanta en nuestra contra?... ¿O cansado de llevar una vida vacía sin Mornaew?

Lómine calló nuevamente y bebió el último sorbo de licor, evitando cuidadosamente posar de nuevo sus ojos en Seregruin. Depositando el jarro vacío sobre la mesa se levantó pausadamente.

-La deseas, ansías descansar entre sus brazos, posar tu cabeza en su pecho y dormitar al ritmo de su respiración –la voz de la elfa sonaba lejana y sombría –No entiendo entonces porque aun permaneces aquí, conmigo, cuando ella ha iniciado su viaje de regreso. Mornaew es como tú, mortal y arriesgada, y tal vez sea eso lo que la hace más atractiva a tus ojos; es mejor que te vayas ahora mismo y no pierdas más tu preciado tiempo conmigo; No te detendré si vas tras ella, sin embargo, si lo haces, debes saber que tu amada telpita será desde entonces mi peor enemiga.

Lómine dio la espalda a Seregruin y se alejó en dirección a las habitaciones; Estaba agotada, herida, abatida. Al observar las escaleras recordó con pena la última vez que por ellas ascendió y no pudo reprimir una lágrima.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin suspira de agotamiento. No tiene ya palabras para decir su situación. Y apenas le restan las fuerzas para torcer la voluntad de su Elfa.

Seregruin se incorpora bruscamente y se abalanza suavemente sobre Lómine, tomándola por la cintura. Y, depositando sus labios sobre el blanco cuello de la Elfa renegada, llega con su lengua -que aún sangra- hasta las puntiagudas orejas, para luego recomenzar con el beso.

Seregruin acaricia con sus fuertes manos el cuerpo de Lómine, que parece súbitamente entregada al juego. Y, girando su rostro, acierta un profundo beso en los inmortales labios.

-Qué más puedo querer, amada Anamóriel, que seguir perdiendo el tiempo contigo -dice Seregruin, y sus miradas se reencuentran, gozosas.

Lómine se debate entre lo que dicta su orgullo y la pasión que estremece su cuerpo y su corazón.

-¿Y ella? Dime si te olvidarás de ella, si seré yo tu única dueña y tus manos solo acariciarán mi piel... –musita la elfa con una voz casi imperceptible –O mejor no digas nada, déjame creer que no significa nada para ti, deja que me engañe al pensar que nunca más desearás su cuerpo ni besarás sus labios. Déjame creer que solo por hoy no existe nadie más. Quiero que esta noche solo seamos tu y yo.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin y Lómine comparten otro beso de aqeullos. Y se funden nuevamente en la oscuridad de las famosas escaleras del antro Nurnita.

-Inglin, asegúrate de que nadie nos moleste de aquí a un buen tiempo -ruega Seregruin guiñando el ojo a la regenta del local.

Inglin pierde su ultima mirada en la escalera, y volteando la cabeza piensa en que terminara todo esto, pero el grito de un borracho pidiendo cerveza la distrae del tema.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Tras el grito del borracho la puerta de la posada se abre, para dar entrada a un elfo de pelo dorado, alto y vestido de blanco. Se acerca hasta la barra y se dirije a la posadera:

-Aiya.¿Es aqui donde suele residir la bella elfa Inglin?-pregunta el elfo sin a fan de ofender a nadie y de una manera muy respetuosa.

Galandul Anim Seratil mientras le pregunta a la posadera echa un vistazo al interior de la taberna como si estuviera buscando a Inglin, pero parece no verla, Galandul está confuso, pero un momento parece que.......

Luego de poner todo en su sitio la elfa se dirige a la mesa en la que hace un tiempo Lomine habia ahogado sus penas, pero ahor esas penas habian quedado en el recuerdo. Recogio los vasos y se dirigio a la barra, pero un resplandor inusual en ella ls hizo abriri los ojos -¿Es que el sol a de llegar a esta taberna?- pero sus mejillas se sonrojaron al ver que semejante elfo habia llegado a su taberna y ella dando tal presentacion.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

- Espera te ayudo con esos cacharros. -Galandul dice esto mientras se acerca a la elfa y le recoge los vasos para llevarlos a la barra. ¿Conoce usted a Inglin, es elfa como usted un viajero me dijo que era una simpatica elfa y que solia frecuentar esta posada. Y como pasaba por aqui, pues paré a conocerla. ¿Sabe dónde puedo encontrarla? -pregunta el elfo con amabilidad.

Galandul Anim Seratil sigue buscando entre la gente de la posada a otra elfa.......

Inglin mira al elfo, sus ojos lo recorren friamente buscando algun indicio de como pudiera ser, pero sus ojos nada concreto le dicen. Tratando de parecer lo mas tranquila posible dice - Ha tenido suerteel elfo esta noche, Yo soy Inglin y no solo frecuento esta posada sino que soy su gerente, Estoy a su disponibilidad para lo que desee, siempre y cuando pueda brindarselo. Por cierto, ¿Que lo ha traido a este cruel lugar?- los bellos ojos del elfo esplandecian ante el fuego que amenizaba la taberna, la elfa no pudo dejar de reparar en ellos, todo en el elfo parecia como salido de un cuento.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil se sorprende y a la vez se sonroja por haber preguntado a la misma Inglin que quien era Inglin. Derrepente esbozo una sonrisa en su cara.

- Simple y llanamente viajar por nuevos parajes a la busqueda de nuevas experiencias, un peregrino me habló de este establecimiento y de ti, jejeje -le dice el elfo mientras contempla su cabello oscuro y sus adornos en el pelo. Bueno, ¿que tal todo?, espero que bien, antes oí un grito, ¿no habrá problemas?¿Te apetece tomar una buena pinta al lado de este elfo viajero?

Inglin mira los ojos del elfo y piensa para sus adentros -Como alguien de tan bellos ojos puede ocultar maldad, pero ese pensamiento se hunde cuando ve su reflejo en el el espejo.

Esperame un momento, la elfa se dirigio a juntar unos vasos en un mesa vacia, luego mirando a los bellos ojos del elfo repondio - Esta bien, no creo que un vaso de cerveza afecte mi cordura-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Tras largo tiempo de ausencia el elfo reapareció. Llevaba el torso del cuerpo descubierto mostrando su morena piel marcada por los fuertes músculos y empapada aún por algunas gotas de sudor, y mientras se acercaba a la mesa junto a su maestro iba apretándose el cinto de los pantalones con sus brazos siempre enguantados en grueso cuero negro.

-¿Y ya esta?¿Ya acabaste con esa mujer? - se mofó Ian soltando a su vez una sonora carcajada una vez hubo consultado su reloj -¿No me dirás que también en esto habré de enseñarte, verdad?-

Las estrepitosas carcajadas del mediano resonaban en el local mientras que el elfo paralizado por la ira lo atravesaba una y mil veces con su mirada esmeralda. El rostro de Morquarë estaba enrojecido por la furia y el sudor que recorría su rostro y espesaba su cabello comenzó a evaporase por el propio calor, mientras el mediano no paraba de reír a la vez que sus mandíbulas danzaban de arriba abajo en un frenético ritual, su rostro sonrojado por el alcohol le daba un aspecto de mayor felicidad, lo que acrecentaba aun más la tensión del inmortal.

Ian reavivado por el cómico rostro del elfo siguió dando rienda suelta a sus carcajadas mientras que profería sendas palmadas sobre la mesa, provocando así la caída de su jarra que vertió su escaso contenido en la mugrienta mesa de madera.

-Creo que va siendo hora que deje de beber. Maestro.- dijo el elfo mientras que arrebata furiosamente de un gesto la jarra del hobbit y se sentaba irritado sobre su asiento. Ian por su parte cerro la boca intentando no volver a reír, sin embargo su labios contraídos por el esfuerzo no podían evitar que los mofletes del hobbit se hincharan y deshincharan frenéticamente, como no podía evitar que sus ojos no lloraran a consecuencia del ataque de risa.

“Juraría que ha pasado más de media hora, si es que no ha llegado a la hora” se dijo para si el elfo consternado mientras que el rostro de su maestro seguía hinchándose y deshinchándose como un húmedo pez globo.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

De un rincón de la taberna reapareció la última compañía del elfo, pero esta vez acompañado por su fornido esposo. La joven aun llevaba los mechones revueltos y las ropas desaliñadas pero estaba demasiada preocupada y atemorizada por la rabia de su esposo para darle importancia a aquello.

-Mas vale que vayas a por tabaco, muchacho- dijo Ian mientras contemplaba como unos ochenta y pico kilos de pura fibra revolvía de lado a lado el local.

-¿A por tabaco? Bien sabes que podría tumbarle- exclamó Morquarë con aires de soberbia.

-Ahm, si claro, a él no le pongo en duda, pero no se yo si serias capaz de tumbar a todo el local, no te quiero bajar de tu nube, te lo aseguro, pero ¿a quien crees que ayudaran aquí?¿al elfo saucil o al cornudo nurnita?, por que te aseguro que no se quedaran quietos con las ganas que se tiene estas tierras de atizar, sobre todo si eres un elfo guapo- dijo el hobbit terminando con una sonrisa.

-Mmm, está bien. ¿Vendrás tú también?-

Ian miro la jarra de cerveza, ya estaba vacía, claro, pero siempre la podía volver a llenar. -Está bien te acompañare- aceptó el hobbit de mala gana.“Quien sabe en que mas problemas se puede meter el niñato este si lo dejo solo”.

El sol se alzaba en el horizonte, mientras que un telón de colores pastel se presentaban como revelación de la moda celestial del atardecer primavera-verano.

-En fin, es una lastima, si no contamos la mugre, la comida y la clientela que tiene, es un buen local.- dijo el elfo con un suspiro.

-Si, aunque te hayas olvidado los servicios y la fauna que hay ante, bajo, sobre y hacia la cama, tienes razón no esta mal, pero en fin, siempre nos quedará Paris- dijo Ian con la mirada distante mientras se rascaba una roncha de una picada en el antebrazo.

-¿Paris?- preguntó Morquarë intrigado.

-Si, Paris. La ciudad de las luces la llaman, pues tiene más antorchas, lámparas y faros que metros cuadrado.- dijo Ian animado -La construyó un joven hombre llamado Paris al huir de su ciudad natal con la mujer mas hermosa de Arda, al menos la más hermosa dentro de los hombres claro. Por lo que se ve el joven había metido las narices y alguna cosa más donde no debía, eso no le cayó demasiado bien al pueblo del cual era reina la joven, la que para postre el joven se había llevado a su ciudad. Tras múltiples batallas la ciudad de donde era príncipe Paris fue conquistada por el rey cornudo por mucho que el pueblo del chico se empeñara en que sus murallas eran impenetrables, cuando al final el encuernado fue capaz de hacerse con ella con solo un caballo. Pero que más se puede esperar de un reino en el que su reí siempre iba untado con aceite…-

-¿Se untaba con aceite?- dijo el elfo sin dar crédito a lo que acababa de oir.

-Si, resulta asqueroso- respondió el mediano indignado -No se como puede llegar la gente a ese extremo, y mira que he oído cosas raras de los elfos, pero aceite… con lo grasienta que debe dejar eso la boca, la verdad que cada vez que lo pienso me compadezco de su señora. Al buen hombre no podía darle por lo normal, como por miel, chocolate, nata montada, mermelada o caramelo… no, por aceite, si solo le faltaba atarlo un palo y darle vueltas sobre un fuego para dorarlo.-

El elfo seguía sin dar crédito a lo que oía. Había escuchado algo sobre la gastronomía de los medianos pero aquello le parecía demasiado -¿Miel?¿chocolate?... ¿pero tu que diablo te untas?-

-¿Yo?, yo no, al menos no suelo hacerlo, aunque la verdad no me importa..- aclaró el hobbit -pero a veces a ayuda a tragarse ciertas cosas, como las salsas y especias ayudan a la comida a ser más sabrosa, pero porque también soy goloso ¡que cojones!-

-¿Entonces ahora nos dirigimos a Paris?- preguntó el elfo cambiando de tema y haciendo todo por lo posible por suprimir toda aquella información de su cabeza.

-No, queda demasiado lejos- recapacitó el mediano -Pero algún día te llevaré, espero que para entonces aún no le hayan prendido fuego. Al menos cuando me fui había un hombre cabal al mando, un tal Nerón, un tío majo.-

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Tras sentarse y tener las cervezas ya en la mesa, entra a la taberna un conocido de Galandul, pero en principio no le hace caso.

- Pues bien......¿qué hace una elfa trabajando en un lugar como este?, sin ofender claro.- le pregunta a la elfa sin ánimo de ofender mientras prueba un trago de su pinta. Bueno.......pronto anochocerá, y no me gustaría aburrirte más, ¿tenéis habitaciones libres en la posada?

Galandul Anim Seratil tras hacerle la ultima pregunta Inglin y beber otro pequeño trago de su pinta. Observa en la elfa una mirada triste que parece que lleva mucho tiempo en su cara.

Inglin toma un largo trago de cerveza mientras en su cabeza resuenan las palabras del elfo

-¿Que hace una elfa trabajando en un lugar como este?, trata de disfrutar un poco de la belleza de su clan, pero parece que no ha sido una desicion muy acertada, por lo menos por ahora. Sigo esperando que pase algo que cambie este estado de incertidumbre, pero nada pasa. Y aqui me ves, contandole a un extraño mis mas profundos pesare-

Inglin rie mientras apura el vaso.

-Claro que tengo una habitacion- Volteandose llama a una camarera -Arregla la habitacion libre del ala norte, y por cierto, atiende al tipo de aquella mesa- La camarera se va

-Y que me dices de ti ¿Que hace un elfo del Concilio viniendo a buscarme?- pregunta mientras esos brillosos ojos la miran con curiosidad.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil da un trago a su cerveza, que está apunto de terminarse y antes de que se vaya la camarera pide otras dos pintas.

- Bueno siempre he pensado que nunca está demás conocer a gente que algún día se puedan convertir en viejos amigos y que dentro de un siglo vuelvan a estar sentados juntos frente a una mesa y puedan estar tomando otra cerveza juntos tranquilamente. Aunque en estos tiempos de sucesivas guerras es dificil entablar amistades, pero nunca se sabe, ¿verdad? -le dice a la elfa acabando la frase con una sonrisa. Y entonces Inglin, ¿qué es lo que esperas que cambie en tu vida?

Inglin mira al techo pensando que palabras serian apropiadas para responder esa pregunta.

-Una motivacion, sea cual sea. Algo por lo que vivir en este lugar, por lo que despertarme todos los dias. Apart de trabajar aqui y matar cuandos seres pueda en las guerras. Solo quiero algo que me motive, me motive a estar bien.

Dando un suspiro recordo las montañas, y aquella vos que le hablaba como nadie nunca le hablo.

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Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil se dio cuenta del suspiro de la elfa y de una burbuja de melancolia que la apresaba. Entonces se decidio a decirle...

- Buena elfa, ¿qué es lo que anelas que no puedes conseguir y te hace suspirar?- pregunta el elfo con atrevimiento mientras termina su pinta. ¿Qué serías capaz de cambiar en tu vida para darle un nuevo sentido, un nuevo objetivo, en definitiva una nueva emoción?

-¿Es que aun no te das cuenta de lo que anhelo Galandul? Anhelo la felicidad, venga en el modo que esta venga-

Inglin clava la vista en el piso

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Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil se queda con cara de incertidumbre ante la respuesta de la elfa.

La camarera llega con otras dos pintas y Galandul la coge de inmediato y le pega un trago. Cuando acaba le ofrece la otra a Inglin.

- La felicidad sin duda en estos tiempos puede tener un precio muy alto, yo diría casi imposible de conseguir del todo. Nadie en estas tierras puede ser realmente feliz, y menos en este clima de desolación y muerte que se encuentra entre los diferente pueblos de esta parte de la TM.- dice el elfo mientras mira a Inglin. Sin duda la felicidad sería un bien muy preciado en estos tiempos, algo dificil de conseguir.¿Cómo la conseguirías tu? Yo desde luego no sabría como conseguirla, pero lo que si sé es que si puedo sobrevivir a estos tiempos, podría darse el caso de que pudiera ser feliz. Pero en estos momentos no lo creo- dice el elfo con cara de resignación.

-Puede ser que tengas razon, pero hablemos de cosas alegres si es que aun las hay en este lugar-

En ese momento la camarera se acerca - Señora, la habitacion de su acompañante ya esta lista, pueden subir cuando .... - ante la mirada de la elfa la camarera pero de hablar -¿pueden? - la bandeja que llevaba en las manos le tembalda como un platillo de orquesta -es que pense.. - haciendose notar le respondio - Tu deber no es pensar, sino hacer lo que te ordeno, mas vale que lo entiendas si quieres permanecer en tu cargo - . Ante esta respuesta la chica dejo una llave en forma de llama sobre la mesa y corrio a la cocina .

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Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil ante tal situación se quedó perplejo.

- Bueno, tranquila Inglin, la muchacha seguro que no pretendia molestar, fue una confusión. - le dice a la elfa con simpatía. Bien, pues como tu dices, hablemos de cosas más alegres, por ejemplo, no se...mmmm. ¿De dónde eres? Cuentame algo sobre ti -pregunta el elfo con interes.

Galandul Anim Seratil antes de que la elfa responda bebe un trago para luego escuchar con atención.


Galandul Anim Seratil has sabido lo que deseo desde que clave los ojos en ti, hacerte el desentendido no te servira de nada, asi que o vete o quedate pero no me vengas con rodeos de ninños, que yo sepa los tassarianos no hacen eso-

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Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil sorprendido ante tal situacion responde:

- Bueno, tassariano si, pero desde hace poco, no estoy acostumbrado a pasar por estas tierras y sucumbir ante cualquiera........pero tu no eres cualquiera....jejeje. Será mejor que acabemos las pintas y sigamos discutiendo este tema en la habitacion, ¿no crees?- le comenta a Inglin esperando una respuesta.

Galandul Anim Seratil bebe de su pinta un largo trago.

Galandul, la habitacion puede esperar, y tomando la llave, la guarda en lo hondo de su vestido -Quizas si la encuentras podamos irnos, pero relajate, aqui nadie nos puede hacer nada, estan acostumbrados -

Diciendo esto se acerca al elfo, siente la suavidad de su pelo en su cuello y al odio le susurra -Si tanto deseas saber que es lo que deseaba, mas o menos esto - Y diciendo esto acerca sus labios a los del elfo, haciendose desear, comportandose como una digna elfa de Nurn.

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Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil tras oir el susurro de la nurnita decide acariciarla el cuello de tal forma que la elfa empiece a sentir escalofrios por su cuerpo, pero no llega a besarla.

- Se lo que quieres, pero no se lo que buscas ni si lo encontraras aqui- le dice a la elfa mientras acaricia su pelo.

- Eso depende de ti, no de mi, porque yo ya se que lo quiero golpeo a mi puerta esta tarde, y ahora no lo dejare escapar -

Inglin recorre su espalda suavemente, lentamente le quita su capa de viaje y la tira al suelo, acercandose cada vez mas al cuerpo del elfo.

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Inglin Señores de Nurn

- Lo que yo tengo claro es lo que está pasando ahora y por ahora no me desagrada en absoluto- le dice a la elfa. Se que algo ahora tenemos en comun, esta noche.

Galandul Anim Seratil se acerca a la elfa y roza su oreja derecha con su brazo derecho haciendo pasar primero su mano por la linda cara de la elfa.

-Entonces no hables, ¿para que opacar este momento con la frialdad de las palabras?

Inglin acerca su cuerpo al del elfo, sintiendo su respiracion en su oido, recorriendo con sus finos dedos su espalda, posando sobre su cuello sus labios, recorriendo dulcemente su piel susurrandole al oido -No te quede ahi parado, tu sabes que hacer-

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Inglin Señores de Nurn

-Se lo que hacer, lo que no se es el camino- le susurra al oido esbozando una sonrisa.

Galandul Anim Seratil levanta por la barbilla la cara de la elfa con sus dedos y la pone enfrente de su boca, donde el puede sentir su respiración y hasta el latir de su corazon que empieza a acelerarse hasta que el elfo decide fundir sus labios con los de ella en un apasionado beso.

Tras el beso:

- Ahora, ¿sabes tu lo que tienes que hacer?-le pregunta el elfo sonriendo.

Lentamente aparta sus labios de los del elfo -Lo se si, nunca lo supe mejor, pero recuerda lo que te dije, encuentra la llave o de otro modo nos quedaremos mucho tiempo aqui.

Las luces de la taberna se apagan lentamente, pero no se apaga dentro de la elfa, que cada vez recorre con mas ansias el cuerpo del elfo, mordisqueando suavemente su oreja, siente que sus suaves manos en su cuerpo, siente el cariño del elfo -No esperes mas le susurra al oido-

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Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil haciendole caso a la elfa introduce su mano lentamente acariciando la piel de la elfa hasta llegar a coger la llave.

- Bien parece que ya está, asi que....- dice esto mientras se levanta y aparta la silla de la elfa gentilmente para que ella haga lo mismo. Bien, Inglin tu delante, yo no conozco el camino.

Galandul Anim Seratil le hace un gesto con el brazo para que ella pase delante.

Inglin toma la mano del elfo y subiendo las escaleras lo conduce a la habitacion lugar donde se delatarian muchas cosas, aunque solo para dos personas.

-Espero no te arrepientas- le susurra al oido, antes de dejarse atrapar por sus manos.

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Inglin Señores de Nurn

- Tranquila, no lo haré-le susurra el elfo.

Galandul Anim Seratil acaricia suavemente a la elfa hasta tenerla entre sus brazos y.........

Con la llegada del día la taberna comienza a vaciarse. Y pasando el mediodía comienza la hora muerta previa a que las mesas sean recogidas y el espacio limpiado a fondo por multitud de esclavos.

A esa hora silenciosa de la tarde, tan oscura como la más profunda de las noches, Seregruin desciende silenciosamente la escalera, como intentando oculltar su pisada del oído de todo ser viviente.

Llegado hasta la barra del establecimiento, Seregruin toma una pluma y redacta la siguiente nota:

Cita:</TD


Dama de mis Violentas Noches,

Ayer, hacia la hora en que partías -y poco después de haber dado muerte a aquel orco espía (son ya 6 desde que he tenido acceso a Lómine)-, una secuencia inesperada casi echa por tierra nuestros planes. Afortunadamente, con un poco de simulacro he conseguido torcer la situación en nuestro favor. No ha sido difícil. Pero temo que algo hayamos perdido en el camino.

Porque ¡ay de mi! ¡Me ví a punto de sucumbir a una vieja pasión de la que ya no esperaba ninguna réplica! ...pues, quién sabe atraída por qué misterioso encantamiento, y sin aviso alguno, se ha hecho presente en nuestras Grietas la Reina del Telpe, Mornaew de los Venenos. Ya os he hablado mucho sobre ella, y sin duda más aún es lo que me dejo: tan extraña y agitada ha sido nuestra breve historia.

Pues bien, intrigado por la causa que la hubo traído desde Minas Gwaeren hasta Nurn, y anhelante de volver a gustar de aquellos viejos placeres, me dirigía con la inesperada visitante escaleras arriba, cuando un disimulado aviso me advirtió que la Dama Lómine había regresado al antro.

Así las cosas, no hubiera sido muy difícil desentenderme del asunto sin provocar sospechas. Pero lo cierto es que la situación entre yo y mi vieja amante se puso algo tensa de un momento a otro -debido a ciertas cuestiones aún no del todo resueltas-... y poco faltó para que todo terminase en escándalo en el momento en que Lómine acusó un ataque de celos viendo a la telpita despidirse de mí muy desenfadadamente y delante de todo el mundo.

Sí, dulce Dama, lamento informarte que esta incómoda situación se convirtió en el centro de atención de todo el Antro (y es notable la afluencia de extranjeros en estas últimas noches)... y que esta incomodidad no fue desperdiciada por Lómine, que no perdió la oportunidad para exagerarla.

Afortunadamente, para salvar la situación acerté a componer una actitud de lo más confusa y contrariada, colocándome en el papel de víctima inocente de todo aquello... con lo que pude distraer un poco la atención del público, a la vez que dejar la duda sembrada en el espíritu de la bella Lómine.

No puedo prever hasta qué punto esto afectará nuestros objetivos y mi misión, o sea... mi relación con ella. Por un lado, seguramente he perdido algo de la mucha confianza que tanto trabajo me ha costado conseguir. Por otro lado, es probable que, paradójicamente, esto refuerce nuestra mutua estima... y así es posible que difícilmente querramos separarnos por largos períodos, de aquí en más y hasta que sea necesario.

Lo cierto es que toda esta noche y este día los he invertido en demostrarle a Lómine hasta qué punto estoy enteramente entregado a ella y debo hacer notar que, por cierto, acaso ningún trabajo sea más grato a nadie que pise Arda.

Dama de mis Noches, de este tu encargo no tengo ni puedo tener ninguna queja, y sí -en cambio- infinidad de satisfacciones. Si de algo me lamento, es de pensar que acaso nunca tendré la oportunidad de agradecerte lo suficiente. Por favor, ¡déjame saber que pronto tendremos la oportunidad!

Esperando que vuestro urgido viaje a Narmelost haya sido bien recompensado, y que ninguna sombra aguarde por tí a tu regreso,

Entregado a ti en cuerpo y alma,

Vuestro más fiel servidor,

Seregruin.


Seregruin relee la nota y el disgusto se le advierte en una mueca. Pero unos pasos lejanos aceleran su lectura. Y, con una sutil risa, envuelve la nota en un sobre que lacra con su anillo dorado.

Seregruin, chistando a la camarera, entrega la nota, y dice:

-Ya sabes para quién.

Seregruin cachetea el trasero de la camarera y toma un botellón de la estantería.

[Editado por seregruin el 06-06-2005 06:08]

Desde el oeste, una banda de pajaros de todo tipo y color se acerca a las Haldanori, con un pergamino en su pico, o atado en su pata... rapidas y eficientes, las aves conocen su camino perfectamente... Algunas de ellas se separan del grueso del grupo y descienden a la oscura ciudad de Narmelost, la gloria siniestra del Norte. Y cuando el pajaro destinado al antro Las Grietas de las Libertinas desciende, entra por la ventana y se posa en la barra, un orco bastante bruto mira desorbitadamente el papel, y como no sabe leer, atiza un fuerte puñetazo a la paloma mensajera, dejandola reducida a una pulpa sanguinolienta y le pasa el papel al humano mas cercano, Seregruin, que lee...

EL SAUCE CANTOR:

Primer Semanario de las Haldanori de frecuencia sujeta a la Voluntad de Eru

Precio a tambien a voluntad, lo que no significa gratis... enviar cheque o efectivo a las arcas del Concilio.

Frase del día:

\"Mas vale nurnita conocido que nurnita por conocer\"

1)Editorial

A nuestros hermanos de Valle.

Todos los sauces del Concilio lloran por las victimas de la guerra fratricida con Valle del Ingenio. Es duro para los amantes de la paz enfrentarse con quien sea y mas con un clan de hermanos Elfos, Hombres y Enanos como es el Valle. Las cirscunstancias de la vida nos han puesto frente a frente, sin que por ello disminuya la profunda afinidad entre nuestros pueblos.

Sabemos que nada significó para ustedes el vil metal cuando vuestros aguerridos soldados, entre remordimientos, lo tomaban de nuestros cuerpos inertes para evitar que otros clanes pudieran aprovecharse de ello y lo usaran en contra nuestra...

Es por ello, hemanos, que con los ojos humedos les prometemos que habremos de ser tan fraternos como han sido uds, e impediremos que terceros clanes efectuen posesión de la riqueza que tantas heridas nos ha costado, Sauces e Ingeniosos por igual.

Cuidaremos de vuestro patrimonio como si fuera propio, esperando que por fin el angel de la paz se digne a descender entre nosotros.

2)Politica Internacional:

Fin de la pausa para el te:

A raiz de las complicaciones que todos conocemos, la partida estaba pausada, por los problemas de siempre, como corresponde cuando se trata de un juego tan bueno como este y tan atrapante que algunos parecen olvidar que es justamente y solo un juego. Pero esta pausa, ademas de servir para calmar los animos caldeados, descansar del fragor de la batalla y demas, habra dado lugar a muchas especulaciones alrededor de un buen te.

Esta nueva Alianza Cuatripartita, ¿hacia donde se dirige? Pues todos sabemos que es un engendro mas de la necesidad que de la estrategia, o de la estrategia transitoria al menos.

Las situaciones economicas de los clanes del Medio, los mas afectados por las batallas, sumado a una peculiar indecision o falta de vision del clan mas poderoso han llevado a la situacion actual. Pero por cuanto tiempo se sostendra?

Los dejo con la pregunta... y un comentario muy personal, sin animo de ofensa, con todo el cariño y el respeto que me merecen los miembros de tan augusto clan:

PROPUESTA del Redactor. Se recomienda cambiar la ultima palabra del clan Insular por \"Ingenuo\" lo cual sera mas acorde a la realidad... (OS LO DIJE, CAPULLOS !!!! Muahahahahah)

3)Economia:

)Cambio de moneda:

Ante la devaluacion de la moneda nacional, la hoja de sauce, el nuevo sistema monetario que se impone es el doblon nurnita. Elfos y hobbits deambulan por las calles de Suledaelessar perdidos en la maraña de precios y equivalencias y se han tenido de noticias de ancianas intentando cambiar un buen puñado de hojas de sauce por lo que ellas consideraban era la equivalencia justa, provocando disturbios en el mercado, con gran desparramo tanto de la moneda nacional como de la foranea, ademas de frutas y verduras.

Se espera que la situacion se normalice en breve. Como medida preventiva, en cada local comercial se ha puesto un cartel que pone .\"1 doblon, 3,50 hojas\"

b)Internacional.

En el Valle de Ingenio se espera una corrida bancaria larga como el camino desde Minas Gwaeren hasta Narmelost, pasando por varios otros lugares, con la correspondiente fuga de capitales.

En otro orden de las cosas, la caida general de las arcas claneriles ha forzado a los gobiernos a tomar medidas drasticas. Por citar un par de ejemplos:

En Nurn se decreto que en los pebeteros de Ainamar se cambiaria el incienso por sahumerios de pachuli y se interrumpió el suministro de lava ardiente en el foso de Narmelost sorpresivamente los dias Miercoles y jueves desde las 20:00 a las 8:00.

En Telpe, la Orden comenzó a empeñar algunos fragmentos del \"Guerrero de Plata\" a coleccionistas de Pelargir, reemplazandolos por los mas economicos y practicos fragmentos del \"Guerrero de Acero Inoxidable\", directamente importados de la ciudad industrial de Curufarme en Nurn.

Aqui en nuestra bella tierra la situacion es aun mas compleja... tanto que se ha puesto a disposicion del publico las mazmorras de Thangistarion como sitio historico de dia y como casa de citas por las noches, por no mencionar la apertura del Capitolio como salon de fiestas.

4) Noticias Locales:

a)Concierto a beneficio:

Anunciamos con alegria el concierto con el cual nos regocijaran la mas famosa banda de Rock Telpita, Kemina´s Night y el Coro de Niños Hobbit de Suledaelessar, dirigido por quien ya saben, en un hermosa noche que promete estar llena de rock sinfonico. La entrada es 5 doblones nurnitas, es decir 17,50 hojas de sauce, o un alimento no perecedero. Todo lo recaudado sera en beneficio de las arcas conciliares.

b)Suledaelessar aterrorizada.

Un extraño individuo, muy alto, peludo y de aspecto canino, aterroriza las mañanas de Suledaelessar, recolectando por las malas o por las buenas la limosna que, pensamos, reune para su propio sustento. Las autoridades negaron cualquier conexion con el individuo y hasta su misma existencia, atribuyendo el fenomeno a una alucinacion colectiva por los conflictos derivados del cambio de moneda.

c)Duelo Nacional

Se conmemorara la muerte de los caidos en batalla , entre ellos el laiquendi Galadhglir, caido en la batalla de Orod Eressea, disputada entre los clanes Concilio y Valle. La ceremonia se realizara a la puesta del sol, en la explanada frente a la fortaleza. Se recomienda traer su propia pala y mascarilla, que ha pasado cierto tiempo.

5)Sociales:

a)Escandalos reales:

Los rumores que ligaban al difunto Galadhglir del Concilio con la reina depuesta de la Alianza, Lairelosse, han sido desmentidos por el vocero oficial de la Alianza. El Laiquendi, poco antes de morir, declaró: \"Sólo me dio lembas\"

b)Triangulo Interclanico:

Otro bocadillo para quienes gustan de los lios de la realeza. Mornaew, la actual reina de Telpe luego de la muerte turbia de la reina anterior, Elbe, tuvo encuentros cercanos de una naturaleza inclasificable, indescriptible y aberrante con uno de sus enemigos, el nurnita Seregruin, en el antro de reciente apertura en tierra nurnita llamado Las Grietas de las libertinas. Parece ser que ambos comparten una larguisima y oscura historia, conociendose desde antes de su llegada aqui. Seducida por las arteras tretas del aun mas artero nurnita, la controvertida reina de Telpe cayo en sus brazos, sin reparar en que mientras tanto, el individuo este se ocupaba de una muchacha nurnita, Lómine Anamóriel.

Esto sin ningun prurito a la moral publica, a la vista de todos. No solo reprobamos tal conducta, si no tambien nos preguntamos que implicaiones politicas podria tener este extraño triangulo.

6) Los Numeros Mandan:

En un mundo frio y calculador como en el que vivimos, nada mas cierto que esta frase. Por ello, nos remitimos a los siguientes.

----253 son los soldados tercanos que resultaron lastimados en su avance sobre los bosques de la Alianza, por negarse a dar un solo paso al costado y hallarse en su camino un arbol.

Moraleja: Tanto va el terco a la fuente, que al final se rompe.

----13 fueron los miembros de la Alianza de Eithel Glin que, aun en la adversidad, renovaron su juramento de luchar por el Bien. 1 fue el que agrego \"y por el mensajerito\".

----4674 fueron los caracoles de mar que,como todos los años, emigraron desde las costas de Valle del Ingenio hasta las del Concilio, en el mismo tiempo que al primer Clan le llevo cruzar la misma extension de agua. Sin embargo, solo 1 fue el rayo que achicharro a los susodichos caracoles, en el tiempo que a los antes nombrados personajes les tomo retornar a sus tierras de origen.

Moraleja: El tiempo es relativo.

7)Anuncios por palabras:

SE ALQUILA: Oportunidad por destrozos de Batalla. Fortaleza originalmente en buen estado, destrozada por sus ocupadores barbaros. Buena vista, excelente ubicacion. Preguntar por Orod Eressea, en Suledaelessar. Precio Modico.

SE BUSCAN: Mujeres y hombres jovenes de buena presencia, para atencion de balneario proxima construccion en Losselen Tirion. Sueldo minimo mas propinas. Obra social Casas de Curacion. Consultar con Duque Arioch. Orcos abstenerse.

SE BUSCA: Objeto artesanal, robado. Anillo de Oro con inscripcion elfica, una frusleria. Sin valor sentimental para quien lo encuentre. Se ofrece recompensa. Enviar informacion por franqueo a pagar a Dol Guldur, S/n, Bosque Negro.

OBJETO encontrado: Un sentido comun. Se busca dueño. Se presume que este ultimo lo perdio al enviar a la difunta reina de Telpe un mensaje con reclamaciones politicas. Preguntar en redaccion, que lo derivara al psicoterapeuta para que se lo devuelva.

Equipo del Sauce:

Editor y redactor en jefe: Galadhglir

Dibujante: Seregruin

Direcicion de la redaccion: Habitacion 286, Mandos, Valinor

Seregruin piensa seriamente en censurar algunas de las noticias que publica el Saucecito Cantor, pero esto se le hace virtualmente imposible ... más que nada: qué es eso de aparecer como dibujante????

Además, otras preocupaciones lo tienen, valga la redundancia, más preocupado por el momento.

Seregruin deja el periódico sobre la barra y parte en la búsqueda de Tabaco Occidental.

[Editado por seregruin el 04-07-2005 22:22]

Inglin baja lentamente las escaleras, el frio matutino se hace sentir en la taberna y provoca que la elfa recuerde otro momentos mas calidos.

Lentamente se sienta en la barra, sin prestarle mayor atencion al numenoreano que en aquel momento se alejaba de alli. Saldria todo bien, no era ignorante sabia que el tenia otros compromisos, pero no se atreveria a dejarla sola en eso, no le convenia no.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lairelossë entra en la taberna, \"esto esta medio vacio\" penso, al no tener nada que hacer y despues de haber hecho un viaje largo se sienta en una mesa dispuesta a que le den mucha comida, ya que su estomago pide bastante xDD.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Inglin perdida en sus pensamientos siente unas pisadas en su espalda y el ruido de una silla que se mueve.

Contra su voluntad de permanecer recordando aquellos tiernos momentos la elfa voltea la cabeza. Sentada en una mesa dispuesta a relajarse un rato ve a una mujer. Arrastrando los pies se dirije hacia donde se halla sentada -Buen dia mi señora, que se le ofrece a una viajera de su procedencia, ruego que me disculpe pero no se su nombre ni su procedencia, pero con mucho gusto puedo darle el, mio mi nombre es Inglin, de mas esta decirle de donde soy- Aunque no estaba en su moral darle su nombre a la primera desconocida que entraba en la taberna, ese dia la cabeza de la elfa no esperaba ningun ataque repentino.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lairelossë vio a la muchacha que le hablabla, se veia distraida, por un momento, la maia penso en entrar en su mente, para darle un poco de consuelo, mas quel pensamiento se fue, esa era un tierra muy diferente a la suya no debia arriesgarse.

-Aiya, mi nombre y procedencia, son de extremo cuidado, sin embargo te dire que me llamo Eadwin y vengo del sur, nos os hare ninguno daño si es lo que estas pensando, lo unico que quiero es un buen establo donde dajr a mi nobles corceles, un habitacion, para una noche y comida, estoy algo harta de lembas. le dijo Neldoriel, era mejor dar aquel nombre, sabia bien que en aquella tierra no podia confiar en nadie y menos en su estado.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Ante este pedido una camarera salio de la cocina, quedandose cautelosamente detras de la elfa, era aquella misma a quien habia retado la noche anterior -Llama a uno de las caballerizas y diles que busquen un buen lugar donde dejar a los caballos que esperan afuera. Tu alista una habitacion digna de descansar en ella y dile a tu compañera que prepare algo decente que comer, ella sabra- Luego dirijiendose a la recien llegada dijo la elfa -Espero que comprenda, pero otros asuntos me urgen, cualquier nesesidad acuda a la chica que vio recien, y si aqui me encuentro porsupuesto puede dirigirse a mi-.

El sol se encontraba alto en ese momento aunque la elfa no podia verlo.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil se levanto en una mañana fría, en el que la luz casi no asomaba por la ventana del cuarto en el cual se encontraba. Esa frio tambien podia darse porque su compañera, ya no se encontraba junto a él en la cama. Galandul supuso que se habría puesto a trabajar pronto.

Para Galandul Anim Seratil habia sido una noche especial sin duda, no soy solo por el buen sexo, sino porque detras de ese acto podia sentirse algo mas. Podia residir en el elfo un sentimiento correspondido por la otra parte y eso le hacia feliz.

Galandul Anim Seratil , sin embargo, en el fondo de su ser pensaba que esa relacion mas que muy dificil parecia imposible, por la residencia, la cultura y todo en general en sus vidas era completamente diferente. Pero en el alberga siempre esperanza.

Galandul Anim Seratil se viste rapidamente tras quedarse pensando durante un rato, y hace la cama como le es posible. Tras acabar echa un ultimo vistazo a la habitacion y la cierra subitamente saliendo de ella y dirijiendose hacia la parte baja de la taberna donde suponia estaria Inglin. Cuando llega abajo....

- Hola, buenos dias - dice el elfo a la gente que se encuentra en la taberna. Me gustaria comer algo si es posible debo marchar cuanto antes. - le dice a una de las camareras. Digale a Inglin que se acerque por favor, es sumamente importante. - recalca el elfo

Galandul Anim Seratil coge una silla y se sienta frente a una mesa esperando

Inglin se acerca a la mesa, dejando sola a la recien llegada, al fiin y al cabo que importa eso.

Clavando una suave mirada en los ojos del elfo -¿Que es eso de que ya te vas, No te quedaras esta noche con migo, o es que no lo deseas?- Bajo esa mirada dulce y rogadora, se escondian las intenciones de la elfa. Si el elfo partia tras sus pares, si se iba la unica posiblidad que tendria de volver a verlo seria ir tras sus pasos, pero no le tentaba esa idea. Rodeando su cuellos con sus manos le susurro al oido -solo una noche mas y te prometo que no habra ninguna barrera entre nosotros- la elfa se separa lentamente dejando que el elfo huela su perfume, separandose de el, cuando...

que estabas pensando y fummm de repente aparecio el xDD, y luego algo asi como si no sabes si ir o no ir

y entonces aparesco yo xDDDDD

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lairelossë se acerca a la elfa que en esos momentos esta con un joven.

-disculpa,¿es un mal momento?.-la maia hace ojos de santa(como santa Catarina, Carlita xDDD).- si lo es vendre despues, os necesito pedir un favor.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

xDDDDDDD

Inglin mira a la mujer que se le acerco ¿Quien era? piensa para sus adentros

-No santa catarina, eh perdon, ¿Que desea Eadwin?

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

xDDDD.

-Pues veras, si me disculpa señor elfo, se la quitare unos momentos.- la maia jala a Inglin hacia el rincon.- necesito que, mi visita a esta taberna no se sepa, si alguen pregunta por mi, tu simplemente no me conoces, ahora, pasara tiempo, pero vendra una conocida, muy cercana a mi, tratarla de la mejor forma¿podras hacerlo?

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Seregruin desciende las escaleras bien provisto de tabaco y arma un cigarro sentado junto a la barra. Su mirada recorre el antro casi vacío aún -y casi en su totalidad poblado por extranjeros- para detenerse sobre la figura de un joven elfo acerca de quien le han hablado los ojos que nunca se cierran del Antro de Nurn.

-¿Quién eres, joven para los de tu raza? ¿Y qué has venido a buscar a un sitio tan lejano y distinto a tus tierras, seas de donde seas?

Seregruin percibe, con el rabillo del ojo, que el tono insidioso con que se dirigió al elfo extranjero no ha pasado desapercibido para la Elda Inglin -que sin embargo parece incapaz de reaccionar, como si se hallara entregada al sortilegio de aquella misteriosa dama embozada, unos metros más allá-. :P

[Editado por seregruin el 12-07-2005 04:55]

La noche descencía sobre Narmelost como un manto estrellado. Desde el oeste, una tibia luz cobriza parecía resistirse a desaparecer.

Delisse Yestariel entró en la taberna, envuelta en un halo de bronce y plata. Su vestido de seda y plata, era del mismo color que sus ojos, y ondeaba ligeramente sobre sus pies.

Cerró las puertas tras ella, y se dirigió a la barra del bar.

- Sirveme una copa - dijo en un susurro a la camarera que se encontraba sirviendo en aquel momento.

La muchacha se apresuró en servirla, y junto a la copa, deslizó frente a Delissë un sobre cerrado. Ella simplemente la tomó, y la guardó deslizándola bajo el corpiño del vestido.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Aranel Élvanwa entró en el local. Dos días atrás, había recibido una misiva de Inglin a través de un cuervo, de plumas azabache, en la que amablemente se invitaba a su hermana de clan a visitar las Grietas de las Libertinas, el antro de Nurn.

Aranel Élvanwa observó el local con mirada funesta. No eran de su agrado las grandes aglomeraciones de gente y el local empezaba a estar lleno de orcos ebrios, de hedor insoportable. Ni tan solo se molestó en arreglarse (tal vez, no ni siquiera lo ha hecho en su vida) ; iba ataviada con una sencilla túnica de tirantes, de color rojo sangre. Sus rizos, del mismo color que sus ropas, se derramaban sobre sus hombros, de apariencia cremosa.

Aranel Élvanwa se sentó en una de las mesas del local, apartada del resto de gente. Unos hombres, de procedencia dudosa, observaron sus hombros descubiertos entre risas. Aranel, quién había estado hasta entonces con los ojos entrecerrados, les dirigió una mirada furiosa. Los hombres, al advertir el metálico resplandor dorado de su iris, mortal y maldito, bajaron la mirada y cesaron de reir.

[Editado por Aranelita el 12-07-2005 21:45]

La vida parecía aligerarse a medida que el olor a alcohol se internaba en los pulmones de la gente.

La Grieta de las Libertinas era el lugar idópneo para dejar de lado los problemas diarios.

Casi como en una taberna de los humanos norteños que antes había visitado ... sólo que los tiempos no eran tan pacíficos ni las preocupaciones tan grandes.

La humana conocida como Ilesse entró en la taberna completamente vestida de blanco, color que no haría que pasara desapercibida a pesar de no querer ser el centro de las miradas. Echó atrás la capucha y miró el ambiente.

Orcos borrachos, humanos borrachos y elfos ... en una actitud muy suya. Nunca había visto a un elfo borracho, debía ser todo un espectáculo.

En una de las mesas al fondo vió a su compañera de batallas, recien adquirida. Aranel Élvanwa o como quiera que se llamase. Qué significaban o qué pretendía decir aquella mujer con aquél nombre era todo un misterio, no, mejor dicho era algo desconocido sin interés por ser desvelado.

Avanzó a la mesa y se sentó sin esperar ninguan contestación. Si hubiera mirado a la elfa se habría topado con una cara de pocos amigos y una mano levantándose, pero no lo hizo.

Se limitó a ver a los bardos que tocaban una canción poco conocida para ella.

El silencio gobernó un rato. El blanco y el rojo combinados en una tranquila mesa en la que sin decir nada tya se daban por supuestas muchas cosas.

Aranel estaba sentada en un rincon oscuro, apartado del resto del bullicio típico del local. Entre sus manos tenía una copa, llena de un licor de saber dulce, de baja graduación. Nunca le gustó perder el control sobre si misma y consideraba aquellos que se emborrachaban a base de alcohol cada noche seres inferiores y despreciables. Pero claro, no cometería el error de decir eso a sus compañeros de Nurn...

En esos pensamientos estaba sumida Élvanwa cuando una ráfaga de viento alborotó sus cabellos. Miró hacia la puerta y se encontró con Ilesse, capitana de su compañía. Desde que la humana le salvara la vida en el transcurso de la última batalla contra la Alianza, no había vuelto a dirigirle la palabra. Tampoco estaba demasiado interesada en hacerlo; pese a lo sucedido, no albergada ningún sentimiento de agradecimiento en su corazón. Seguramente, no lo volvería a sentirlo nunca más...no desde que lo mataran.

Siguió bebiendo por la copa, como si Ilesse le importara tanto como las cucarachas que correteaban por el local. No pudo reprimir el gesto de sorpresa cuando ésta se sentó a su lado; sin embargo, lo reprimió al instante.

Con un gesto de indiferencia, dijo:

- Es Élvanwa. Y significa Estrella Muerta, en tu idioma.

Ilesse giró la cabeza hacia la elfa que apuraba el licor de la copa.

El hecho de que la corrigieran le daba igual, nunca tuvo la oportunidad de acceder a una buena educación y los bardos en su tierra era muy escasos.

\"Perfecto, ahora ya sé el tipo de elfa que eres...\"

Aranel continuó bebiendo de la copa haciendo caso omiso de la humana.

\"... una que no tiene buen gusto al elegir los nombres.\"

¿Gusto? ¿Qué tenía que ver el gusto en todo eso? ¿Qué sabía la humana de gustos?

\"Los elfos, según he oído estáis arraigados mucho a vuestras creencias espirituales en torno a las estrellas. Reniegas de ello y te haces llamar estrella muerta. Como si alguna vez hubiera habido alguna estrella viva. Y si no es mucho peguntar, ¿qué tiene esta tierra para que las estrellas muertas vengan hasta aquí?\"

\"¿Sabéis? Nunca conviví con ningún Elfo y desconozco cuales son sus tradiciones; a decir verdad, para mi carecen de importancia. Mi nombre....ni siquiera me lo pusieron mis padres. Y puestos que no conoceis las circumstancias, no deberíais cuestionarlo. Tampoco lo elegí yo, así que no sabéis si tengo gusto o dejo de tener a la hora de elegir nombres. Y tampoco lo encuentro una cuestión...con demasiado importancia. A decir verdad, es una niñería dar importancia a un simple nombre que namás sirve para que los demás se dirijan a ti, pese que no te conozcan en realidad...\"

Dando otro trago largo a la copa, Aranel calló, pensando que había hablado demasiado. Cuando acabó la copa, sin saber que hacer, se limitó a fijar la mirada en el fuego que crepitaba en el local.

\"Pero aún así la que carga con ese nombre eres tú. Te identifique o no cuando la gente te pregunta das ese nombre. Es curioso no sabes tu nombre te ponen uno y ya te lo quedas:\"

Un rato pasó la humana pensativa.

\"Si te lo preguntas sí. Mi nombre es un nombre élfico. Y podríamos estar en las mismas condiciones sólo que yo conozco mi nombre y no se me olvida. Tengo el nombre que los tuyos me han puesto ... precisamente por no saber mi nombre y bueno las cuestiones que consideras niñerías en mi tierra son importantes. Si tu nombre no significa nada, mejor no tengas.\"

La elfa miraba el fuego atenta a sus movimientos. ¿Estaría escuchando sus palabras? No le importaba demasiado. Estaba alejando su mente del campo de batalla que era lo que necesitaba.

\"Además yo creía que los elfos ... vosotros, teníais varios nombres. Bien podríamos llamarte de ahora en adelante ... árbol caído. Me pregunto cómo quedaría en élfico.\"

El amplio uso de los venenos de Ilesse parecía haberse extendido hacia su lengua. La elfa podría obviar el comentario pero estaba ahí, vagando en el aire.

Aranel seguía mirando hacia el fuego, cada vez más pensativa...¿su nombre? ¿cuánto tiempo vivió sin nombre? Perdió la cuenta de los años que tuvo que sobrevivir a la interperie. ¿Y aun se podía preocupar por cosas tan simples como un nombre? Seguramente, la vida de aquella humana había sido muy fácil...

\"No es cuestión de que no supiera mi nombre...es cuestión de que no tuve nombre. Podríamos hablar horas y horas sobre la importancia de los nombres y si las estrellas viven o no, pero ya te dije que no me importan esos asuntos. Lo que no te dije es que no me gusta la gente que habla desde la ignorancia, y tu eres una ignorante respecto mi vida, procedencia y significado de mi nombre, y demás\"

Aprovechó el momento para apartar la mirada del fuego y fijarse en su compañera de mesa. Observó los ojos de Ilesse, hundidos en su rostro; pero la humana no pudo dejar de fijarse en los ojos dorados y metalizados de la Noldo, carentes de sentimiento y frutos de una maldición.

\"Francamente...no me importaba en absoluto conocer tu nombre. Y si es élfico o no...no me menosprecies por la sangre que corre por mis venas. Tengo menos de Elfo que la mayoría\"

Después de eso, no apartó la mirada. Quería saber que le contestaría la humana. Sabía que ella se estaría divirtiendo con la charla...pero no conseguiría transtornarla por muchos veneno que escupiera por la boca.

\"Evidentemente soy una ignorante sobre tu vida, aunque no creo que mucho menos de lo que tú eres sobre la mia. Aquí cada uno trata de superar cosas del pasado ... redimirse como hacen algunos en el Oeste con los rituales extraños que proclaman sus fes.\"

Ilesse miró a los ojos súbitamente como a una presa, escudriñando más allá de la mera apariencia ocular, como si pudiera ver la mente del enemigo.

\"Sobre si te menosprecio o no ... eso no debes demostrármelo con tu sangre. Los tan gloriosos elfos mueren como los demás ... bueno no. A decir verdad cuando mueren su aspecto no es tan rígido como los demás. Lo hacen de una forma tranquila como si fuera algo que andan buscando durante mucho tiempo pero huyendo poco a poco. Sus músculos no se tensan, se relajan como si estuvieran durmiendo y sus ojos se apagan. Su brillo interior que los hace tan populares se desvanece y un soplo de aire refresca el ambiente entorno a su cuerpo ... después de eso no son nada más. Son como los demás. Si por algo no te menosprecio es porque seas elfa, son presas más difíciles.\"

Levantó la mano y hacienod un gesto de esperar una respuesta le invitó a responder una pregunta camuflada en una advertencia:

\"Demuestrame con tus acciones, con tus gestos y con tus hazañas que tienes gran valor y no con esas palabras que inventásteis vosotros.\"

Aranel, algo sorprendida por la última frase de Ilesse, sonrió para sus adentros, aunque se preocupó de que su aparencia externa no denotara ningún cambio de actitud.

\"Teneis toda una guerra por delante para comprobar mi valor y capacidad para realizar grandes gestas. Podéis observarme, y si después me consideráis una cobarde o una persona débil, estaréis en total derecho de pedir mi abandono de Nurn\"

\"¿Abandono?\" Una risa se confundió en el cargado ambiente acústico del lugar.

\"Sería demasiado fácil un abandono. No has llegado a este punto, a ser una Señora de Nurn para que cuando falles abandones no. Si fallas me encargaré personalmente de no quitarte ojo. Estarás vigilada día y noche incluso cuando me vaya de la ciudad. Servirás a Nurn de nuevo, pero como carnaza en la primera línea de las tropas en mi compañía. No me vale con llegar aquí y si sale mal me marcho, no. El Rey te envió a mi compañía y estás bajo mi responsabilidad y créeme, no hay muchos destinos peores. Sólo puede salvarte el Rey de luchar bajo mi supervisión pero nadie te slavará de mi hostigamiento si abandonas. Ya ves, me has caído simpática.\"

\"Sí...francamente no creí encontrar alguien tan amable como tú...\" Aranel esbozó una sonrisa irónica.

\"Serás la capitana de mi compañía, y todo lo que quieras. Pero antes estuve en otras compañías y es posible que sean cambiadas de nuevo. En cualquier caso, tus amenazas no serviran para acobardarme. Y crees que luchar en primera fila es un castigo para mi, estás muy equivocado. A decir verdad, sería mejor dar ejemplo a los soldados, en lugar de esconderse en las últimas filas a salvo de las felchas enemigas ¿Quién sería cobarde, entonces? Ya ves, tú también me caiste simpática.

\"No se derrotan más de cuarenta armadas de Telpe y se lucha contra un dragón escondiendose precisamente. Mas ¿cuántos logros ha conseguido la honorable Élvanwa? Miseñora no dudo que tenéis más edad que yo y más sabiduría e incluso más fuerza, pero ninguna historia habla de elfos que superan a humanos en coraje, aunque no quiero entrar en guerras sobre razas.\"

La noche pasaba .... tranquila, para aquellas damas mientras la gente comenzaba a irse ya a sus casas.

\"No sé por qué pero algo me dice que esta no será nuestra última conversación frente al fuego, así que tranquila seguiré estando ahí para cuidarte.\"

\"No tenías porque hacerlo, si luego me lo ibas a restregar. No te lo pedí, ni le supliqué ayuda a nadie. Tampoco supliqué clemencia ante la muerte inminente ¿Edad? No tengo ni idea de cuantos años debo tener, pero no creas que tengo muchos más que tú...un año tuyo, son varios mios\"

Élvanwa siguió mirando hacia el fuego. Tal y como imaginaba, no soportaría a aquella mujer...pero ya se había encontrado gente igual anteriormente.

\"¿Debo recordarle, mi señora, que usted sola no derrotó a las cuarenta armadas de Telpe? Puede que parte del logro fuera suyo, pero evitaría ir jactandome de ello. Puede que algún día os lleveis una sorpresa si continuais siendo tan vanidosa...Y desde luego, mejor no entrar en disputas sobre razas...teniendo en cuenta que tengo menos de Elfo que la mayoría\"

Aranel respiró profundamente y cerró los ojos durante unos momentos. No pretendía perder la paciencia y no solía ignorar la charla vacía de significado de las personas como Ilesse, y aún más lo que la gente pensara o dejara de pensar de ella...

\"Tranquila que no te lo restregaré más, me advirtieron del orgullo de los vuestros y que no debía herirlo demasiado. Si te salvé fue porque estabas cerca y la ocasión era propicia. Eres una Señora de Nurn, eres una imagen, un icono que los estúpidos soldados seguirán donde sea. Tendrás algunos leales hacia ti y eso significa leales a tus ideales. Por ahora tus ideales son Nurn y eso protejo, nada más.\"

Un leve suspiró salió de la boca de Ilesse.

\"¿Y se puede saber qué hace tal criatura como tú en un sitio así? ¿Cómo llegásteis?\"

\"¿A Nurn? Supongo que buscaba venganza...a pesar de que sé que en Nurn no la encontraré, almenos si podré calmarme y postergarla hasta que sea el momento propicio... Supongo que también...aclarar mis ideas. ¿Y tú?\"

\"Por motivos de trabajo. Me encargaron asesinar a una elfa. Era una Dama de Nurn, una señora de hecho ... de la raza de los Noldor, aunque a mi me parecéis todos iguales pero curioso, sólo había 3 elfas noldo en la Corte de Nurn pero esta vez el objetivo no eras tú. La gran Aranel Élvanwa ... o eso me dijeron en la ciudad del metal al otro lado de las montañas. Ya ves lo que son las cosas, yo ya te conocía antes de vernos. Pero bueno como bien debes saber en tus noticias no hubo tal asesinato. El resto ... lo dejaremos entre la víctima y yo.\"

Aranel Élvanwa se pusó en pie, sin molestarse en girar la cabeza.

\"Interesante...pero no lo suficiente para despertar más mi atención. Suerte con tu víctima...sea cual sea el desenlace\"

Acto seguido, se dirigió hacia la barra y, cogiendo unas llaves, subió a las habitaciones de arriba.

\"Vaya he perdido mi gancho ... bueno en realidad nunca lo tuve:\"

Ilesse pagó ambas cuentas y se marchó de aquella taberna.

\"Eres fuerte emocionalmente Aranel, has esquivado bien mis preguntas, ahora sólo falta que progreses mejor en el campo de batalla, veremos que te depara el destino.\"

La puerta se abrió una vez más y esta vez fue Lómine quien avanzó hacia el salón; el antro lucía más abarrotado que de costumbre y pocos lugares se encontraban libres; la música resonaba con estridencia y algunas parejas de borrachos se tambaleaban al ritmo de los instrumentos. Una figura pasó presurosa a su lado con dirección a las escaleras que conducían a las habitaciones y poco después otra más se levantó de la barra hacia salida. La elfa tardó en reconocer en las oscuras figuras a Aranel y a la humana que se hacía llamar Ilesse, quienes por cierto, poco frecuentaban el lugar. La presencia de aquellas Señoras no fue lo único que llamó su atención, ocultos en la muchedumbre se encontraban también Inglin, Delisse y Seregruin; por primera vez el antro se veía visitado con tal cantidad de Señores del clan.

La elfa pidió una copa mientras observaba con cierta curiosidad, las visitas inesperadas siempre traen consigo inesperados acontecimientos... que habría ocurrido poco antes de su llegada? y que podría ocurrir después? Ante la mirada sorprendida de una de las camareras, Lómine rió divertida al recordar sus antiguas visitas y sus sorprendentes encuentros.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Seregruin, que observó cómo el antro se abarrotaba una vez más de un momento a otro ...y que intentó no perder palabra de la charla de las capitanas de la Ex-Compañía de la Garra Negra Nurnita -aún por sobre el estruendo cada vez más albrotado de los presentes-, siguió fumando tranquilamente junto a la barra.

Seregruin, que en ningún momento perdió de vista al joven elfo extranjero con quien intentaba dialogar por entremedio de la multitud que en poco tiempo atiborró en Antro, sonrió complacido cuando advirtió la llegada de la Dama Lómine.

Sabiendo que sus palabras no llegarían hasta ella sin llamar la atención de la concurrencia en derredor, se limitó a buscar su mirada y expresar con el rostro un \"¿por qué te has demorado tanto?\"

Seregruin ya respiraba la tranquilidad extática de sus noches nurnitas... el alcohol seguía corriendo abundante por su boca, y el tabaco auténticamente Adûnaic que recién había llegado desde Túrelondë satisfacía por completo su refinado gusto.

Además, por ahora no habría de qué preocuparse: Delisse ya estaría al tanto de lo que debía estar... y algo pensaría por él.

Lómine se acercó a la mesa en que se encontraba Seregruin y con delicadeza retiró la humeante pipa de sus labios, para luego besarlo con pasión.

-Preferiría que no lo hicieras cuando me encuentro a tu lado. -musitó la elfa ante la sorpresa de su compañero -Lamento mi retrazo, la guerra se recrudece y no puedo dejar que Andir o Allase tomen solos las decisiones que afectan a nuestra compañía, no después de los resultados que hemos obtenido en las últimas batallas.

Por un momento el rostro de la elfa se oscureció y sin notarlo cubrió su costado con una mano. Poco después su semblante tuvo de nuevo aquella aparente cordialidad que tanto confundía a sus enemigos.

-Es mejor no hablar de guerra, no es un buen lugar; mejor será aprovechar el poco tiempo que tenemos... ¿no lo crees así?

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin escucha las palabras de la extraña mujer- Bien, no dire nada con una condicion, que me dejes volver a arreglar mis asuntos, aun hay varias cosas pendientes y el tiempo apremia- Luego de decir esto y agachando formalmente la cabeza, la elfa se separo de la humana.

En un rincon de la taberna vio a Lomine y suspuso quien seria el humano que se escondia tras ella, y la figura de una humana que hacia tiempo no veia se le paso por la cabeza, pero no era hora de hacer caridad con los aliados, volvio al lado del elfo que mantenia la mirada gacha, sentandose a su lado le dijo -Solo quedate esta noche, no tienes nada que perder-.

En ese momento la elfa se percato de una persona que sentada en la barra bebia tranquilamente de su copa ,-¿La habria visto ya?- penso para sus adentros, y como si pudiera leer sus pensamientos volteo su cabeza en ese intaste.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lairelossë sonrie complacida, sin embargo ve a la elfa y siente que ha cometido un error al llamarla, con la cabeza le agradece y vuelve a su mesa, fue entonces que muchos de los compatriotas de la elfa, comenzaron a llegar, la maia no creyo conveniente quedarse ahi, llamo a un camarera

-Gracias por la comida, pero ya no me quedare mas, decidme donde estan las caballerizas, que yo ire por mis corceles, debo partir ya.- La camarera asintio en silencio y la condujo hacia donde los caballos, Neldoriel dio las gracias y monto en Irimar, despues le susurro unas palabras a Evaralas el obedecio y comenzo a avanzar detras de ella.

Asi partio en mitad de la noche, sin que nadie lo notara.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

No sabía cómo esa pequeña pipa de plata y caoba había llegado a sus manos, la talla intrincada semejaba un urulóki furioso, sus ojos brillantes de facetado rubí.

Seregruin dejó la perfecta miniatura sobre la barra lustrosa y, pasando su brazo por la cintura de Lómine, correspondió el deseo de sus labios y el fuego abrasador que despertaba entre ellos al mínimo contacto.

Aunque intentó no descuidar al joven elfo, a quien pensaba cantarle unas cuantas verdades en relación a Inglin y a su presencia en Nurn, se vio de pronto envuelto en la lujuria a la que la suave y hermosa elfa le incitaba siempre... ¿cómo resistirse a ella, en ningún momento?

Seregruin, estrechando el cuerpo de Anamóriel contra sí -aún perdidas las bocas en el cálido beso-, se preguntaba si su pasión cedería incluso en medio de alguna batalla... y se respondía que no lo creía, de ningún modo, mal que les pesara a los subordinados.

Lo cierto es que aquella misión que le fuera encomendado por la Maia Yestariel, controlar y vigilar de cerca a la Dama Elfa de la Segunda Compañía de Nurn, hacía tiempo ya que había sido ganada por un inesperado placer y una lujuria inagotable que Kalemba no conociera desde que arribara a Nurn...

Seregruin, confundido, a veces se preguntaba quién sería la verdadera presa en esta cacería doble que ambos se prodigaban permanentemente, ininterrumpidamente... como desesperados que buscaran su último refugio con una voracidad arrebatadora e insensata... y solía contestarse que -tal vez a su pesar-, ambos eran cazador y presa, víctimas y matadores por igual...

Con un vago sentido del deber (\"todavía tengo mucho que averiguar acerca de ella\"), el mestizo se entregaba por entero una vez más a su amante, y a la ferviente cacería de tan ambiguo sentido.

Lómine, apenas separándose del abrazo, dijo entonces: \"Es mejor no hablar de guerra, no es un buen lugar; mejor será aprovechar el poco tiempo que tenemos... ¿no lo crees así?\"

Seregruin, en tanto, se preguntaba: \"¿cómo puede ser que nos entendamos tan perfectamente bien?\"

[Editado por seregruin el 13-07-2005 16:53]

Largas y tediosas semanas habían pasado desde la última noche que compartieran en las oscuras habitaciones de Las Grietas, semanas cargadas de ansiedad e inquietud al soportar aquella interminable ausencia; semanas en las que vagó a través de los intemperantes recuerdos que su mente y su cuerpo atesoraban con recelo; semanas en las que no le fue posible descansar porque el viento se encargaba de traer a sus oídos la voz de aquel que intentaba borrar de su memoria... tan solo un momento... jamás el transcurrir del tiempo le había importado demasiado, hasta ahora. Y es que nadie esperaría que la terrible dama Lómine se hallase de pronto envuelta en tan intempestiva e inusual relación.

La elfa observó con detenimiento el rostro de Seregruin y recordó aquel amanecer en Túrelondë en el que le vio por primera vez; desde entonces decidió seguirle con cautela, ni demasiado cerca para intimidarlo ni demasiado lejos para perderlo, pero las cosas se salieron de control y de repente se halló sumida en un torbellino de pasión y deseo del que no podía ni quería escapar. Nunca, ningún Edain le causó tal placer ni ejerció tal poder sobre ella como aquel que la retenía entre sus brazos.

Pero algo estaba robando la atención de su apasionado amigo y aquello no era algo que la elfa pudiese soportar, siguió la mirada de Seregruin hasta descubrir a un Elda no muy lejos del lugar en el que se encontraban.

-¿Quién es él? ¿Por qué lo vigilas con tal insistencia? –preguntó con un cierto aire de reproche –Si tanto te preocupa ¿Por qué no lo invitas a tu mesa? Seguramente tendrán tanto que contarse el uno al otro que los sorprenderá la mañana en medio de sus relatos, y no te preocupes por mí, sobreviviré a una noche solitaria en las habitaciones de las Grietas.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Delissë observaba oculta por la semipenumbra creada en torno a las velas que iluminaban la estancia, cómo sus planes tomaban forma. Una ligera sonrisa asomaba a sus labios mientras tomaba un sorbo de aquel líquido ardiente.

Siguió por un instante la mirada de Seregruin, y descubrió que algo inquietaba al hombre. Al fondo de la sala, Inglin conversaba en actitud íntima con un elfo desconocido. Podía vislumbrar el oro de sus cabellos, pero las sombras cubrían sus ojos.

Se dio cuenta al instante que no podía permitir que aquella distracción estropeara el curso de la misión que había encomendado. Desde la distancia, oyó las palabras de Lómine, y se dirigió hacia la mesa donde se encontraban Inglin junto al desconocido. Al pasar junto a la mesa donde se encontraba Seregruin, rozó ligeramente el hombro de él con un dedo, dándole una señal que pasó inadvertida para los demás.

Al llegar junto a la mesa de Inglin, se acercó a esta y su voz apenas fue un susurro:

- Buenas noches, hermana. Lamento la intrusión, quizás inoportuna. Pero sabes que no puedo reprimir mi curiosidad natural... y he pensado que podrías presentarme a vuestro acompañante...

Delissë observó al elfo subrepticiamente. Ahora podía ver el color de sus ojos, y no tuvo duda de que aquél hombre ocultaba grandes misterios tras aquel velo gris. Cumpliría su parte de aquella trama... y de paso, investigaría los pasos de aquél extranjero...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La elfa permanecia al lado del elfo, pensando en los sucesos de los ultimos dias. Pensando en como habia cambiado todo, y pensando en varias cosas a la vez.

Pero Dellise interrumpio su pensamiento, preguntandole sobre el elfo que lo acompañaba, que querria ahora esa mujer, no estabva siendo oportuna en lo absoluto, la elfa esperaba una resùesta que Galandul no se atrveia o no se decidia a dar.

-Buenas Noches Dellise, espero que la velada te sea grata. Respecto a mi acompañante y su procedencia, puedes preguntarselo personalmente, el raton aun no le ha comido la lengua- Levantandose se alejo del lugar dejando a Dellise con el elfo.

En el camino vio que Lomine ya habia vuelto a hacer de las suyas, o seria seregruin

Inglin pensaba que nunca lo averiguaria.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Delissë alzó una ceja mientras miraba como Inglin se alejaba de la mesa. Dio un sorbo a su bebida, y miró fijamente al elfo silencioso.

\"Inglin se ha molestado, parece...\", pensó mientras se giraba a observar a la elfa. \"¿Pero acaso ha de importarme?\" Este pensamiento la hizo sonreir. Dirigió su mirada hacia su objetivo real. \"No escatimaré en nada, con tal de conseguir mis objetivos. Ella ya debería saberlo... Me conoce lo suficiente. Tantas batallas...\"

El elfo no decía nada, y el ánimo de Delissë se volvió turbio al mirarlo de nuevo.

- Quizás mi estimada Inglin se equivocaba al decir que aún no se os había comido la lengua el gato... ¿Pero que ocultais en vuestro silencio señor? - Delissë se inclinó sobre el apoyándose sobre la mesa - ¿Acaso pretendeis hacerme enojar? Os asombraría quizás descubrir lo fácil que es... ¡Hablad pronto, pues la paciencia no es desde luego una de mis virtudes!

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Haradriel ve la puerta de aquella taberna, decidida entrar y tal vez fuera el destino a no, pero un viento muy fuerte la acompaño, la muchacha solo sintio como todas la miradas se posaban en ella, les miro desafiante y se dirijio a la barra.

-Disculpad pero busco a una elfa de nombre Inglin.- la camarera la vio y con un tono mordaz le indico donde se econtraba Inglin.- gracias

Haradriel se dirijio hacia ella despacio, no sabia que hacia ella en esa tierra tan diferente a la suya, suspiro, al llegar por fin a su destino,sintio miedo, sin embargo y con mano firme toco el hombro de la elfa que al parecer estaba algo enojada.

-Buenas noches es usted Inglin?

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Inglin miro lentamente a la elfa, le recordaba a alguien, aunque no sabia a quien.

-Si mi elfa, yo soy Inglin- mitad miraba a la elfa, y mitad miraba hacia donde se encontraban el elfo y la maia - ¿Que deseais de mi?-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La atani mira curiosa a la elfa, despues le dice.

-Vera, hace tiempo.- es entonces cuando Haradriel, repara en Galandul, como era posible que el estuviera ahi.- si me disculpa, ahora vengo.

Haradriel camino hacia donde estaba el elfo, que se entontraba con una mujer extraña, la muchacha sintio un escalofrio, una maia, debia andarse con cuidado.

.-amigo mio que sorpresa encontrarte aqui, ven debemos hablar.- despues miro a la maia y dio gracias por llevar el rostro cubierto.- si me disculpa mi señora, le quitare unos momentos a este joven, se lo regresare en un momento.- sin esperar respuesta de ninguno de los dos, la muchacha jala al elfo en direccion a la elfa, despues toma de la mano a Inglin y le susurra al oido.- rapido llevanos a un lugar donde la maia no nos moleste.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Seregruin atinó a sonreir al ver a Lómine inquietarse por sus asuntos pendientes con el elfo extranjero. Y hubiera reido de buena gana, cuando para su sorpresa la elfa dijo:

-Seguramente tendrán tanto que contarse el uno al otro que los sorprenderá la mañana en medio de sus relatos. Y no te preocupes por mí, sobreviviré a una noche solitaria en las habitaciones de las Grietas.

Seregruin observó a la Dama con extrañeza y detenimiento \"¿Será cierto que esta mujer se halla dispuesta a tales cosas por mí?\". Pero rápidamente descartó tal idea por absurda y se concentró en el hecho más probable de que le estuviera probando. Así las cosas, quizá pudiera intentar jugar un poco con ello.

-Míralo -dijo el mestizo, súbitamente interesado por el extranjero-: se presenta un día de la nada, en búsqueda de Inglin. Como es natural, pasan la noche aquí... pero obsérvalo con deteniemiento: ¿no notas algo extraño en él, en cómo se miran con nuestra camarada Inglin? Y, por sobre todo ¿no pareciera estar al tanto de muchas más cosas de las que un simple viajero estaría?

Recalando en los grises ojos de Anamóriel, agregó: \"¿Qué crees? ¿Habrá venido para quedarse?\" y concluyó, remarcando el tono de sus palabras con una ceja en alto: \"¿Qué intereses se traerá entre manos?\"

Seregruin y Lómine, compartiendo en todo momento un aire entre divertido y preocupado, volvieron sus rostros nuevamente hacia la pareja élfica en la mesa vecina. Y el hombre estaba ya dispuesto a arrastrar a su compañera hasta allí -en la intención de iniciar una charla y, claro está, prolongar su juego de dilaciones con Anamóriel-, cuando Delisse pasó junto a ellos como un misterioso halo e intervino de pronto en la mesa de Inglin.

Una sensación desconcertante se apoderó del mestizo cuando la Maia rozó su cuerpo y acarició sutilmente su brazo. Como cuando observara su estampa en los poderosos tapices de los oscuros pasillos de las Torres de Nármelost; o como cuando la encontrara por vez primera en el cruce de caminos algo al sur de Curufarmë, en los días en que las Albas Sangrientas marchaban hacia Minas Gwaeren y la Muerte Silenciosa traía el botín de Barad Avathael de regreso a las amplias estancias de Ainamar, Seregruin se sintió embargado por su enorme poder, y por un enloquecedor sentimiento de desesperanza: Delisse Yestariel era mucho para él, como para la enorme mayoría de quienes pisaban las Haldanóri.

La impresión aquella acabó pronto, sin embargo, ya que no parecía estar destinada a él en esta oportunidad. Y el mestizo pudo observar entonces cómo el mismo efecto de desconsuelo que él hubo de mostrar en el pasado se reflejaba ahora en el rostro del elfo extranjero: la presencia de la Maia, y la presión que evidentemente estaba ejerciendo sobre aquel desdichado lo habían tomado, evidentemente, por sorpresa.

Seregruin tuvo entonces la clara sensación de que Delisse estaba viendo mucho de la mente del elfo, y supo que Inglin se había apartado de allí para no ser testigo de aquello. Extrañado por esto, mas no sorprendido, decidió averiguar definitivamente qué era lo que sucedía entre su camarada Inglin y el noldo sureño.

Volviéndose a Lómine, y con una sonrisa ambigua marcando su rostro -finalmente devolvería a la elfa un poco de lo que ella le daba-, dijo:

-¿No crees que Inglin está actuando un poco extrañamente en relación con todo esto? ¿Qué podrías averiguar si hablaras con ella?

****************************

Seregruin, esperando una respuesta, notó ahora cómo una extranjera de su raza solicitaba la presencia del misterioso elfo que, de la noche a la mañana, se había convertido (¿a su pesar?) en el centro de atención de todo el Antro nurnita. Pero, a fin de cuentas ¿cómo un extraño puede pretender envolverse con una Dama de Nurn y salir de aquí como si nada hubiera pasado?

Sin embargo, como viera que Delisse le permitía al interesado levantarse de su mesa y partir, el nurnita se aseguró finalmente de que Ella ya habría sacado del visitante todo aquello que buscaba, y se despreocupó del asunto por completo.

Seregruin sintió entonces una urgente curiosidad por saber qué querría la Maia de él en aquel momento. Pero su buen tino le advertía que no podían delatarse tan alegremente, conversando en medio de aquella multitud. Esperaría, por lo tanto, una nota de Delisse más tarde esa noche, o en el siguiente día.

Mientras tanto, sus ojos volvían a encontrar las profundas e inmortales pupilas de la encantandora Anamóriel...

[Editado por seregruin el 14-07-2005 11:48]

Se giró repentinamente cuando aquella figura con el rostro cubierto se acercó hacia ella. Con palabras atribuladas, se llevó de allí al elfo, y Delissë, silenciosa observó como se acercaban a Inglin.

Aquello fue realmente lo que avivó su curiosidad. Realmente, Seregruin no se había equivocado. Allí ocurría algo realmente extraño, y no cabía duda de que era algo importante si una mujer como aquella se había atrevido a llegar hasta allí.

Su risa resonó en el local, y la puerta de la taberna se abrió, dejando paso a una guardia de Elfos. Sin dar tiempo a movimiento alguno, apresaron rápidamente al elfo y a la mujer, que no tuvieron modo alguno de resistirse.

Delissë se dirigió entonces a la mujer, mirándola a los ojos:

- ¿Acaso pensaste que puedes llegar a mi casa, y tramar tus miserables trampas sin que debas dar más que un par de explicaciones, infeliz? - inquirió, tan cerca de ella que podía aspirar su inquietud - ¡Llevadlos a los sotanos, y encerradlos! Inglin, podeis acompañar a la afortunada pareja... si os parece bien, Hermana. Pero no quiero juegos. Quiero respuestas. Vos respondeis por ellos... Y no dudeis que llegaré hasta las últimas consecuencias si no obtengo lo que quiero. Os espero en mis habitaciones en cuanto hayais conseguido \"acomodar\" a los prisioneros, pero no sin antes conseguir las respuestas que quiero... A no ser que prefieras que sea yo la que baje a las mazmorras a conseguirlas...

La guardia se llevó a los detenidos rápidamente, e Inglin los siguió algo inquienta también. \"¿Quereis jugar?, juguemos. ¿Un Noldor y una hija de una maia aquí? Demasiada casualidad... Demasiada. Aquella mujer sólo podía traer problemas, como todo lo que provenía de aquellas tierras de Eithel-Glîn... Si realmente cree que podría llegar aquí y pasar desapercibida... esta muy equivocada....\"

Delissë se dirigió a su habitación... Y volvió a concentrar su mente en aquello que consideraba realmente importante. Seregruin... Se detuvo un instante en la barra y escribió una corta nota:

Cita:</TD
Os espero en mi habitación, sabeis cual es. En cuanto encontreis una excusa...

No hacía falta siquiera firmarla, y ella no estaba dispuesta a dejar prueba alguna. El sabría lo que tenía que hacer, y ella ahora sólo tenía que esperar.

- Ya sabes para quien es. - dijo, entregándole el sobre cerrado a la camarera - Entregala sin que nadie se de cuenta... Te va la vida en ello.

La muchacha tembló ligeramente, y asintió. Delissë se dio la vuelta y se dirigió a su habitación cerrando la puerta con cerrojo. Un suspiro de alivio escapó de sus labios.

- ¿Por qué pierdo mi tiempo en nimiedades? - se recriminó en voz alta mientras dejaba caer a sus pies el vestido... Pero mientras preparaba un baño de espuma, su mente respondió... - Por que tal vez no sean tales nimiedades...

Se deslizó en la tina, y cerró los ojos. \"Espero que realmente sólo se trate de eso... Nimiedades...\"

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Inglin se detiene en seco en la puerta de la taberna y se dirije frente a Dellise.

-¿Es que no me crees capaz de dominar la situacion, o ha sido tu ego el causante de la demostracion que hemos visto hasta ahora? Haradriel y Galandul, son solo amigos mios que he conocio hace tiempo.Al elfo lo conoci cuando nuestra compañia batallaba en el concilio, muchas noches cabalge sola en la oscuridad, asegurandome de volver antes del alba, pero es de suponer que no te hubieras dado cuenta- .

-Respondere por ellos lo que desees, y si quieres arreglaremos nbuestros asuntos en privado, pero por lo que mas quieras no los trates como rateros porque no han echo nada malo en este lugar, y sus intenciones no son malas-

Luego de decirle esto, la elfa salio corriendo tras los apresados.

[Editado por Carlita el 14-07-2005 15:41]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Inglin desciende a las mazmorras, y alcanza al escuadron de elfos, que estaban colocando a Galandul y a la humana en una celda.

Luego de que se fueran, se acerco a los prisioneros -Disculpenme, esto no estaba en mis planes, pero lo echo echo esta, intercedere ante Dellise por ustedes, espero que hoy ya se encuentren libres-

Dicho esto la elfa volvio a la taberna a buscar a la maia.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Unos golpes leves sonaron a través de la puerta, y Delissë abrió lentamente los ojos de su ensoñación. Se incorporó, y salió de la tina mientras el agua descencía rápidamente por su cuerpo. Se cubrió con una bata ligera, y abrió la puerta.

- Pasa, Inglin - dijo, haciendose a un lado para dejar pasar a la elfa de oscuros cabellos. Cerró la puerta tras ella, y se volvió para mirarla - Supongo que vienes a traerme respuestas...

Caminó hacia el tocador que se encontraba frente a la ventana, y se sentó mirando hacia la elfa.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-Supongo que querras saber que lazo me une con ellos y porque razon estaban en esta taberna- La elfa caminaba de un lado al otro de la habitacion, como explicar el lazo que unia a los elfos si nisquiera ellos lo sabian del todo bien. -Supongo que recordaras aquel tiempo que luchamos en el territorio del concilio, muchas noches salia a cabalgar sin que nadie se diera cuenta, alli conoci al elfo, cuando aun no pertenecia a Tassarion, nos hicimos amigos, y cuando me entere que pertenecia al clan lo invite a venir, ahora de la humana no puedo responder, traela aqui y ambas nos encargaremos de que nos diga lo que nos tenia que decir-

[Editado por Carlita el 14-07-2005 17:22]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Alzó una ceja sorprendida.

- ¿Realmente lo desconoces? - preguntó - Mis preguntas son muy simples... ¿Qué busca un Noldor en las tierras de Nurn, envuelto en ese misterio? ¿Qué es lo que busca la hija de Neldoriel en estas tierras.. más cuando sabes que es miembro de un Clan con el que llevamos mucho tiempo de batallas encarnizadas? Sólo necesito una respuesta aclaratoria a esas preguntas...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-Le respuesta a tu primera pregunta es facil, viene a buscarme a mi, a aclarar una vieja relacion que iniciamos hace un tiempo ya, en cuanto a la humana no se mas que tu que desea, dejamela yo le preguntare-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Delissë meditó un segundo las palabras de Inglin. Dudaba mucho de aquella relación, pero tampoco era algo que pudiera poner en duda. ¿Hasta que punto no podría ser Inglin sólo una forma de entrar en Nurn y descubrir los secretos manejos del Clan? Sólo el tiempo podría aclarar el asunto, pero un elfo de mirada tan oscura desde luego que no podía deambular libremente por aquellas tierras.

¿Y que había de Lalwendë, amada hija de Neldoriel? ¿Acaso estando la situación en la que se encontraban actualmente, podía confiar en Inglin...? Hasta encontes, pero sólo hasta entonces, nunca le había fallado.

Y la verdad era que la confianza era un bien escaso en Nurn, pero más aún lo era en ella.

Y también era cierto que la relación de Nurn con el Pueblo del Sauce siempre parecía pender de un hilo... a pesar de la reciente tregua establecida. Quizás no convenía tampoco mantener prisionero a aquél Noldor.

- Inglin, tu responderás por ellos. Espero que no defraudes la confianza que deposito ahora en tí, pues a pesar de tus palabras, el corazón me dice que puede que tu misma estes siendo engañada. No pierdas de vista a ninguno de los dos, pero advierteles, que sólo aquí en Las Grietas estarán seguros. Pues no puedo responder por lo que ocurra si traspasan esas puertas...

Delissë habló con voz segura... Pero su mente llevaba otro camino. \"Pondré a mis espías a trabajar. No los perderé de vista... Ni a ellos... ni a Inglin tampoco.\"

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-No seras defrudada al menos si de mi depende- Y bajando la vista acoto -No me molesta que me vigiles, no tengo nada que ocultar, pero lo quiero y no deseo que tu desconfianza lo arruine, pero eres mi señora y repsondo antes vos antes que nadie, hare lo que me ordenes-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Una sonrisa asomó a los labios de la Maia.

- No te preocupes, Inglin. Largas batallas llevamos sobre nuestros hombros, y el peso de ya muchas heridas. No será esta la razón de que yo pierda la confianza en tí ni mucho menos, pues has estado junto a mi, y has sangrado junto a mi, y eso pesa mucho más que cualquier cosa. Y es por eso que te considero como una Hermana. Marcha ahora tranquila, y libera a aquellos por quienes abogas. Sólo espero que ninguna debamos arrepentirnos de esta situación, por su bien...

Inglin respondió con una sonrisa, y salió de la habitación dejando a Delissë sumida en sus pensamientos.

\"Es posible que ella me esté mintiendo. Y no puedo confiar ahora mismo como antes confiaba en ella... ¿Acaso no sería yo la primera que ocultaría una serpiente en la misma alcoba de mi enemigo? ¿Quién más cercano a mi ahora mismo que Inglin, y más propicio acaso para traicionarme que ella?\"

Se dió la vuelta, e hizo sonar una campanilla para llamar que acudiera uno de los asistentes del local. Se acercó al escritorio y rápidamente redactó una nota. Y mientras lo hacía... su pensamiento no dejaba de ser extremadamente sombrío.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La tensión cedió luego de la salida de Delisse e Inglin, así como la captura de los prisioneros, poco a poco la tranquilidad del antro fue recuperándose, las voces y la música inundaron nuevamente el salón y las jarras y copones de licor de nuevo golpearon las mesas. Para Lómine aquello era preocupante, la escena de ambas Señoras enfrentadas bien podría interpretarse como una notable contradicción en la autoridad que gobernaba el clan, y eso no era conveniente en tiempos de guerra.

-Los calabozos –susurró a Seregruin al oído –Te espero.

La mirada de la elfa había comunicado mucha más que estas cuatro palabras, y estaba segura que Seregruin comprendería. Se levantó de la mesa y ocultándose en las sombras se deslizó a través del pasillo que conducía a la planta inferior; por ahora liberar a los prisioneros era lo más importante, ya tendría tiempo de sobra para aclarar algunos asuntos con Inglin y su aparente amistad con los extranjeros.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Haradriel estaba demasiado sorprendida para hablar, los momentos que siguieron despues del breve instante en que estuvo con Inglin, fueron demasiado rapidos como raccionar, cuando se dio cuenta, se encontraba sumida en la oscuridad de un calabozo, Galandul se encontraba igual que perplejo que ella, respiro y se levanto.

La muchacha empezo a caminar de un lado a otro, mientra miraba al noldor.

-En que problema me he metido, no debi venir, ahora esa maia sabe quien soy, maldita sea la noche en que me pare por estas tierra, por simple curiosidad.- se dirijio al noldor.- y ahora me arriesgado por ustedes, queriendo hacer un bien, he recibido como pago esto.- la muchacha golpeo la pared.- arggg.

Haradriel respiro, debia relajarse y pensar en como salir de aquello.

[Editado por tari el 14-07-2005 19:49]

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Seregruin nunca dejaba de sorprenderse con las exaltadas reacciones de Delisse. Aquello era sinónimo de Nurn: la carcajada y el trueno golpeando sobre los enemigos. Sin réplica posible... aunque, en esta oportunidad, sí había habido réplica.

Y esto era más serio de lo que Seregruin podía esperar: la reacción de Inglin era desconcertante de todo punto. Que defendiera a los extranjeros, vaya y pase si era su parecer, pero... ¿que reconociera una relación con el tasariano?.

Y por sobre todo eso: ¿acaso sus espías no le habían informado que Inglin y el tal Galandul aparentaban no conocerse de antemano?

Seregruin se convenció de que algo estaba muy podrido en Nurn.

********

\"Los calabozos\"

Seregruin nunca supo quién de los dos lo dijo primero, pero un instante después de que Lómine lo hiciera, el mestizo se incorporó del taburete aparentando indiferencia e intentando pasar por completo desapercibido por entremedio del salón ...pero, ¿a quién estaba intentando engañar? : todos los ojos seguían el paso ligero de Lómine hacia las escaleras descendentes...

Unos momentos antes de desaparecer tras ella por debajo de las oscuras arcadas de piedra, el hombre sintió una mano en su hombro, y un sobre que se deslizaba hasta caer en su palma. De inmediato lo abrió, para leer de un tirón la nota de Delisse... ya, no cabía duda alguna de que deberían compartir unas palabras muy pronto.

[Editado por seregruin el 14-07-2005 21:50]

La oscuridad del calabozo era tan profunda como aquellas noches sin luna en los bosques de Nurn, tan solo una pequeña llama iluminaba débilmente los bajos de la taberna en los que se hallaban las celdas de prisioneros. La elfa avanzó sin mucho problema a través del estrecho corredor hasta una gruesa columna de la que colgaban algunos juegos de llaves. Podía escuchar los vacilantes pasos de Seregruin a su espalda, olvidaba lo difícil que les resultaba a los hombres mortales desenvolverse en el dominio de las sombras. Regresó silenciosa sobre sus pasos hasta alcanzarlo, y cobijada por la penumbra le sorprendió con un apasionado beso. En aquel momento hubiese dado todo por hallarse dos pisos más arriba, en la intimidad de su habitación; pero el deseo habría de esperar.

Le tomó de la mano y lo condujo hacia en interior de las mazmorras, en donde la luz de la pequeña lámpara se perdía casi por completo.

-Deben estar por aquí, en una de estas celdas ¿quieres que llame a los guardas para hacerlo oficial o prefieres una liberación furtiva? –musitó la elfa mientras acariciaba el rostro de Seregruin.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Llamaron nuevamente a la puerta, y Delissë concluyó su nota rápidamente.

- Adelante - dijo, mientras metía la nota en el sobre. Su apuesto camarero entró en la habitación, y ella sonrió levemente. Se acercó a el, dejando entreabierta su bata para que admirara las curvas de su cuerpo... tantas veces acariciadas. Rodeó al hombre, y besó suavemente su cuello mientras deslizaba el sobre bajo sus pantalones - Ya sabes que hacer con ella... - susurró en su oido - Pero esta noche la pasaré... Te espero en la madrugada, no tardes.

El hombre tembló bajo su contacto, y salió de la habitación con una sonrisa expectante reflejada en sus labios.

Nuevamente sola, Delissë se deshizo de la bata y se recostó desnuda en la cama. Algo le decía que los acontecimientos acabarían por precipitarse...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Eleanor Ronaele llega al antro con su caballo.

Eleanor Ronaele descendió de Dante(su caballo) y tapada por la capa que llenaba de oscuridad su rostro.

Al entrar ruidos molestos,borrachos llenaban aquel antro.Un poco molesta pide alojo para ella y su caballo.

Paga por adelantado y se sienta en una mesa alejada luego de pedir una bebida

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Eleanor Ronaele ve llegar al maia desde la oscuridad.

Antes de que la elfa hiciera algo su felino ya había aparecido frente al maia....

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Offtopic

Cita:</TD
Delisse Yestariel (Indil) escribió (el15-07-2005 04:21):

Ya sabes, alcohol, sensualidad y fantasia. Todo lo que deseeis :P

Huy qué ilusión ^^ ya que mi personaje no se compromete hasta dentro de 30 siglos pues vamos a ver si cae algo para ir matando el tiempo :P (Ancalimë tú ya sabes, no leas mis posts de por aquí XDD)

No va a haber un fregado en las TTOO sin que meta la portera las narices :P y más ahora que tengo algo más de tiempo ^^

Fin del Offtopic :P

Una oscura figura llega a las tierras de Nurn, necesita un lugar para reposar unos días. Entra en una extraña posada (¿?) y tras conseguir una habitación se sienta a refrescar su cansado cuerpo

Sólo aquel cuya vida es breve imagina que el amor es eterno

Eleanor Ronaele nota que su gato prosigue su camino...¿Su destino? Ni ella lo sabía pero mejor dejar que se aventurara.

Mientras la elfa dennota un cierto clima extraño en ese lugar,la lujuria que allí se presentaba era notable pero no era ese factor el que molestaba a Kapelusz

Eleanor Ronaele veía sombras subir,algunos personajes llegar. como¿miembros del concilio?...Parecía que en aquel lugar varias cosas se estaban tramando...

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Árchaon llegó al lugar atendiendo a la invitacion del clan nurnita, a decir verdad no sabía lo que se tramaba allí, pero las palabras: alcohol, sensualidad y fantasía no hacian mas que repetirse en su mente..

Árchaon se acercó al tasariano Earondur...

oye, sabes de que va esto?

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Eärondûr mira al Maia \"Ni viajar de incógnito se puede ya...\"

-Yo pasaba por aquí, entré, vi movimiento y decidí quedarme. Algo se trama por estos oscuros lugares y no quiero perdérmelo

(Si es que el elfo es igual de cotilla que el \"dueño\" XD)

Sólo aquel cuya vida es breve imagina que el amor es eterno

Seregruin descendía las escaleras envuelto en muy negros pensamientos. Ensimismado, preocupado, ciego a lo que lo rodeaba. Iba, literalmente, envuelto en ellos.

¿Cómo podía ser que estos extranjeros hubieran penetrado tan profundamente en Nurn como para conseguir que Inglin les defendiera del modo aquél?

¿Tan desatento había estado Kalemba (o sus espías, tal vez) a todo lo que venía sucediendo durante estos días como para verse tan sorprendido, de pronto rodeado por tantos viajeros de tierras lejanas?

Y más cerca suyo, casi frente a él, cuando encontraran a los prisioneros ¿Qué extrañas mentiras dirían estos, viéndose descubiertos? Pero, por sobre todo ¿Cuáles eran las intenciones que Lómine albergaba con respecto de ellos?

No estaría pensando en liberarlos...

Pues, en ese caso... Seregruin debería notificar a Delisse de la abierta traición de su compañera... y ¿cómo decirlo? ...bueno, esto era algo de lo que no estaba muy seguro de querer hacer a esta altura...

¿Lómine Anamóriel torturada cruelmente en las Yaimë Farnë por un desliz tan absurdo, fruto de lo imprevisto de estas indeseables visitas?

No, no. Definitivamente... no era una opción que le pareciera viable. En todo caso, más valía encontrar los motivos de la traición, en la suposición de que la hubiera. Y para eso, nada mejor que el silencio y la intimidad ...nada más propicio que la oscuridad y los secretos de alcoba.

Seregruin se sentía desesperar mientras descendía las escaleras sin reparar en los pasos que daba, tan velozmente como si se deslizara un palmo por sobre los escalones. Y siempre envuelto en la profunda negrura -cada vez mayor- de sus atribulados pensamientos...

¿Por qué se habría dejado llevar a esta situación cuándo no hacía cinco minutos se hallaba a tan pocos pasos de regresar a la Habitación Señorial que él y Lómine habían convertido en su favorita cada vez que se hallaban en Nármelost?

¿Qué trama se ocultaba detrás de toda esta situación que se desenvolvía tan rápida y desordenadamente, y que apenas podían contener los muros de la siempre despierta y tumultuosa taberna?

**********************

Seregruin fue recibido por un cálido y amante cuerpo justo al desembocar en el oscuro pasillo que hacia ambos lados se abría, al final de la escalera. Los brazos de la elfa tomaron fuertemente su cintura y sus labios sepultaron cualquier posible exclamación.

Por unos minutos, sólo unas llaves tintinearon en el negro silencio de los subsuelos del Antro Nurnita. Y sólo entonces, cuando el frío sótano comenzó a volverse habitable... y cuando a lo lejos oyeron las marciales pisadas de la Guardia Élfica, Lómine habló en voz muy queda, sin dejar de acariciar el rostro del mestizo:

-Deben estar por aquí, en una de estas celdas ¿quieres que llame a los guardas para hacerlo oficial o prefieres una liberación furtiva?

Seregruin permaneció paralizado por unos momentos \"¿Lómine en abierta rebelión contra las órdenes de la Maia Yestariel?\" La sorpresa era doble: no sólo descubría entonces que Delisse no se había equivocado acerca de la Elfa, sino que la bella Anamóriel finalmente se había confiado a él.

Pero, sin embargo... de algún modo, debía evitar que aquello sucediera. Y sin dudas, la mejor solución para un problema tan delicado, no era otro que el dejarse llevar por el instinto menos premeditado...

Seregruin, tomando fuertemente el cuerpo de la Elfa, volvió a besarla, llevándola hasta el muro frente a ellos. Y aunque toda la encopetada e impoluta Guardia Élfica pasó junto a ellos, uno tras otro -en recia actitud marcial remontando las escaleras-, nada ni nadie interrumpió el profundo abrazo de los nurnitas.

...................................

Pronto, muy pronto, las llaves cayeron levemente sobre el pétreo y húmedo suelo... y ni Lómine ni Seregruin notaron al felino que descendía suavemente, gatunamente hasta ellos... el mismo felino que, muy sutilmente -y haciendo gala de una inteligencia insospechable en un ser de su clase-, se hacía con las llaves de los calabozos... el mismo felino que, en fin, con un muy esmerado disimulo - a la vez que demostrando una extraña voluntad y un aún más extraño conocimiento de causa-, se alejaba cadenciosamente por el pasillo de los calabozos ...en dirección de los prisioneros.

[Editado por seregruin el 16-07-2005 01:32]

Liberar al enemigo... una idea peligrosa que debía ser llevada a cabo con increíble audacia si deseaba conservar su cuello intacto. Siendo una Señora de Nurn sabía muy bien lo peligroso que resultaba oponerse a las órdenes de Delisse, así que no era difícil adivinar lo que sucedería si la Maia descubría la alta traición que estaba cometiendo y a la que arrastraba, sin reparos, a Seregruin. Pero el riesgo era necesario, necesitaba a ese par de extranjeros fuera de los calabozos... luego se encargaría de escapar a la tortuosa muerte que le esperaba en caso de ser señalada artífice de tal complot.

Sumida en el deleite de hallarse entre los brazos de su Edain, la elfa no cesaba en preguntarse las razones por las que aquel mortal actuaba de forma tan contradictoria y apasionante ¿la aparente rendición a sus encantos sería acaso una forma de someterla y controlarla? Y de ser así ¿qué beneficio obtendría por ello? La idea resultaba absurda pero nadie mejor que ella sabía que en Nurn cualquier absurdo resulta peligroso.

Un chasquido inusual le sobresaltó y deshizo el apasionado abrazo en que ambos se hallaban envueltos, pasos delicados e irregulares avanzaban a lo largo del túnel a poca distancia del lugar en que se hallaban. El sonido iba acompañado por un tenue trepidar metálico y el liviano sonido de una respiración.

-Alguien... o algo... nos ha tomado ventaja –musitó la elfa –es mejor que continuemos y esta vez con mucha más cautela.

La oscuridad se cerraba más y más al interior de las mazmorras, Lómine temía alcanzar las tinieblas absolutas ya que allí sus ojos no verían más que los de cualquier otra criatura. De repente el sonido metálico se detuvo y la respiración cambió de ritmo, avanzaron presurosos hasta alcanzar la última celda del largo laberinto, resguardados en las sombras se acercaron cuidadosamente. Cual sería su sorpresa al descubrir un minino apostado ante la puerta, con las llaves en la boca y arañando la madera para llamar la atención a los prisioneros que tras ella se encontraban.

“pequeño ladrón –pensó Lómine –no tienes idea de cuan útil me has resultado, aun sin que lo sepas”

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Eleanor Ronaele comenzó a impacientarse no sólo por la extraña desaparición de su felino sino por conversaciones que llegaron a sus oídos....Su lugar no era seguro y necesitaría de Etnad(su gato)

Eleanor Ronaele se levanto y fue a la barra dónde vio por última vez a su felino,los mozos estaban lejanos y las mesas no iban a dirigir su mirada a otro lado más lejano que la mirada o el cuerpo del ser más cercano

Aprovechando esto la elfa comenzó a soplar levemente causando un sonido suave que no escucharian aquellos que no debían escuchar.

Eleanor Ronaele escucha un maullido....Etnad no estaría lejos y ya debería estar volviendo.

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Seregruin se dejó llevar por Lómine. Ya no tenía nigún sentido seguir reteniéndola cuando tan empecinada parecía en concluir su absurda, desquiciada, idea. Una obcecación que sobrepasaba, o por lo menos igualaba, el deseo entre ambos. Incluso por encima de éste, el mestizo se dejaba arrastrar por el absurdo callejón.

Seregruin nunca se había comportado de aquél modo con nadie... tal vez sí medio siglo atrás, en Rómenna o en Armenelos. Pero, en definitiva, aquello era parte de otra vida ya: tan lejanas de él se hallaban aquellas mañanas (que no olvidadas -y el númenóreano no podía deshacerse del reflejo del pasado que se había detenido junto a la Barra de las Grietas pocos días atrás-) que, ciertamente, no podía explicarse a sí mismo por qué cedía ahora a este impulso suicida de su hermosa Elfa.

LLegados al calabozo donde se había detenido el extraño animal, la elfa y el hombre se miraron subrepticiamente con franca curiosidad. Un instante después, el mestizo dio el primer paso intentando coger al gato. Pero este fue más rápido, y -acaso respondiendo a un llamado misterioso- desapareció raudo por el oscuro corredor, abandonando las llaves en el sitio que un instante antes ocupara su cuerpo.

Seregruin miró entonces a Lómine y la vio sonreir extrañamente. Sus miradas se encontraron en la tenue y oscilante luz de las antorchas para fundirse en un imposible conjuro: tal vez el destino de Nurn pendiera de algo más sutil que un hilo.

[Editado por seregruin el 16-07-2005 03:44]

Eleanor Ronaele se levanta de la barra y sube viendo regresar a su felino

El que le daría las respuestas acerca de su pequeña misión.¿Cuál fue o de qué se trataba esta?

Sólo dos seres saben,una dama pelirroja y un felino de pelaje oscuro

[Editado por Eleanor_Ronaele el 16-07-2005 04:20]

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Ahora Haradriel se econtraba sentada, sumida en la oscuridad de aquel calabozo, respiraba lentamente y ponia antencion en cada ruido que se producia del otro lado de la puerta; miro al noldor, estaba sumido en sus pensamiento, como si no le importara lo que pasaba...

Pasaron unos minutos y entonces oyo un sonido muy familiar, los maullidos de minino, y sus rasguños en la puerta, la muchacha sonrio era el gato de Eleanor, se arrastro sin hacer ruido hacia la puerta.

-Aiya Etnad, nos llames la atencion de los guardias, escucha atento.- le susurro Lalwendë, muy quedito para que solo el felino le escuchara.-llevale las llaves a tu ama, ella sabra que hacer.

De repente escucho unos pasos acercandose, puso atencion, sin duda era una elfa y era acompañada por un hombre que hacia demasiado ruido al caminar, el segundo intento coger al gato, pero este salio disparado en busca de su ama, tal vez ella buscandolo le habia llamado, no lo sabia; la mujer de nuevo suspiro, opto por levantarse y comenzo a caminar dentro de la celda, se detuvo delante del elfo y se inclino hacia el.

-Mirame Galandul, tienes que raccionar, ¿ es acaso que no te has dado cuenta en que lio nos hemos metido?.- el elfo no le prestaba atencion, entonces Haradriel vio algo extraño en sus ojos.- Galandul respondeme.

Sin embargo el noldor no lo hizo y Rochwin comenzo a preocuparse por el.

[Editado por tari el 16-07-2005 20:07]

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Dormitaba placidamente. Apenas cubierto su cuerpo desnudo por una ligera sábana de seda roja, dejando al descubierto sus piernas y sus senos, soñaba con lejanas tierras bosques verdes cubiertos de rocio.

Paseaba por un bosque de inmensos árboles de hojas verdes y plateadas, brillantes con la luz del atardecer, acariciadas por una brisa suave con intenso aroma a mar. Sus pies desnudos apenas rozaban la fértil tierra del bosque, mientras sentía la brisa del mar acariciando su cuerpo a través de la fina tela del vestido blanco de gasa.

De repente se hizo la noche. El bosque, sumido en una profunda oscuridad, parecia susurrar un peligro creciente, pero Delissë no era capaz de entenderlo. Se detuvo, y el bosque pareció girar a gran velocidad a su alrrededor, mientras ella luchaba por detenerlo... y por entender el mensaje que estaba intentando transmitirle.

Unos minutos parecieron una eternidad, y cuando por fin el bosque cejó de sus giros incesantes, se encontró en un claro iluminado por la luz anaranjada del fuego. Sintió un calor sofocante, que le impedía la respiración.

Al fondo del claro, grandes piras de fuego se alzaban una tras otra. Delissë se sintió de nuevo engullida por aquella sensación de vértigo, y la imagen se acercó hasta una de aquellas fogatas donde un cuerpo permanecía atado a una viga de madera en llamas.

Un grito intenso escapó de lo más profundo de su ser, mientras observaba su propio rostro en carne viva... Y como el fuego lamía todo su cuerpo, para consumir cada rastro de ella.

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Delissë se incorporó de golpe en la cama, con la mano en el pecho y la respiración entrecortada. Sus senos subían y bajaban rápidamente bajo la sábana de seda, mientras ella luchaba contra sí misma intentando recobrar el sentido de la realidad.

Se levantó de la cama bruscamente, envolviendo su cuerpo en la sábana, y se acercó hasta la mesa donde se sirvió una copa de un licor fuerte, que se tomó de un solo trago.

¿Por qué demonios había vuelto a soñar con aquello esa noche? Había conseguido desterrar aquella pesadilla recurrente muchos años atrás, cuando había comprendido que la venganza era el único modo de restituir la justicia en Arda.

¡Malditos sean! El infierno que crearon no bastará para pagar su pecado... No señor. Delissë todavía anhelaba enfrentarse cara a cara con aquél que había sido el causante de su desgracia, y no dudaba que pronto llegaría el momento.

Pero algo había cambiado mientras dormía. Algo importante. Delissë sentía una presencia de fuego que no había sentido ... en miles de años. Y se preguntó que significado tendría relacionándolo ahora con su pesadilla.

Consciente de que no podría volver a dormir, Delissë se dio un baño rápido, y se vistió con un traje negro de gasa, que cubría todo su cuerpo con una délgada tela semitransparente. Dejó sus cabellos dorados caer libremente por su espalda, mientras enmarcaban su rostro. Y se decidió a bajar, e intentar relajarse con el ambiente festivo que debía reinar en el local en aquel momento.

Pero nada más acabo de descender las escaleras, comprendió que era lo que le había hecho repetir su sueño. Unos ojos verdes y un poder oculto. A su lado, un Elfo Noldor de ojos grises y mirada curiosa.

Delissë no quiso acercarse a ellos... ¿Qué buscaban dos personajes tan dispares en aquél lugar? Se acercó a la barra y pidió una nueva bebida, y rogó por que de una vez le hiciera algún efecto a su mente, y se perdiera de la consciencia de aquella pesadilla... Y de la realidad que ahora tenía frente a ella.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Exelder entra la barra, con su habitual mirada altiva y perspicaz inspecciona el lugar...

-Asi que este es el famoso antro nurnita...

Se acerca a la barra y pide algo de beber, observa meditabundo el ambiente... todos al parecer estan muy entretenidos en sus propios asuntos, como para prestar atencion a otro sucesos.

-Y bien, pensó, una enigmática invitación en la taberna de Telpe y ahora que llega no ve nada extraño....

-A no ser que se vayan a montar un show exótico o algo bueno.....

Exelder enciende su pipa y su rostro se confunde entre las densas bocanadas de humo

-Algo de compañía no me vendria mal -pensó- mientras vaciaba de un solo trago el vaso de cerveza

Habitaré en las sombras y dormiré lada a lado con la muerte, hasta que en el horizonte el alba dorada ceda su lugar al resplandor de Telpe

como relámpago en la oscuridad...

A la par que escuchaba las palabras del Noldo, el maia sintió una presencia un tanto familiar. Quiso darse la vuelta, pero su cuerpo parecía estar aprisionado entre una pared, mas no podía darse la vuelta.

Al fin lo consiguió, giró su cuerpo y oteó con recelo a toda la gente que estaba en aquel lugar. Escrutiñó todos los corazones allí presentes, y sí, por fin lo encontró. Una mujer a sus ojos, un gran poder a su interior, cuyos dorados cabellso resbalaban ligeramente por esa tuníca negra semitrasparente que cubría aquellas esbeltas formas de tal cuerpo.

Árchaon no lo pudo evitar, y como si lo hubieran atado a un lazo y como si estuvieran tirando de el, se acercó a aquella mujer...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

En un rincón mal iluminado fumaba Lófar. Parecía complacido consigo mismo pero no dejaba de sorprenderle el gentío que se concentraba esa noche en Las Grietas.

Había cerrado un buen negocio no hacía bien una hora y una sonrisa pícara asomaba a sus labios.

Y mientras perdía su mirada escrutadora en los rostros ajenos se decía a sí mismo -Sí señor, un buen lugar para sacar tajada, la guerra siempre ha sido un buen negocio... Sin duda mejor que el Mar... ese maldito Ar-Pharatôn...-

y volutas de humo azul ascencían lentamente hasta quedarse flotando junto a las oscuras vigas del techo.

Ilesse entró en la taberna con la capucha puesta.

El vestido que llevara en la anterior visita había sido reemplazado por unos ropajes más cómodos y su capa negra.

Algunos de los presentes le dedicaron algunas cortas miradas pensando en qué se habría metido otra vez, aunque eran asuntos de los que realmente no querrían saber nada.

Ilesse avanzó hacia los bardos que tocaban música animada en el local mezclándose entre el gentío y escabulliendose entre las grandes personas que bailaban o caminaban entre ella y su objetivo.

Al fin llegó a la tarima y dió unos golpecitos en la madera que resonaron lo justo para que el élfico trovador del laúd se percatara de ella. Se agachó e Ilesse, sonriendo le dijo:

\"Sonata de las almas perdidas.\"

El resto de los integrantes de la banda sulpicaban para que no hubiera pedido su canción \'preferida\' y que sólo fuera una petición corriente como las demás, pero ni el atuendo de Ilesse ni sus formas hacían entrever muchas esperanzas.

El elfo del laúd se incorporó y se giró a sus amigos. Con un semblante triste aintió y todos pararon de tocar.

El público miró a la tarima, pero Ilesse ya no estaba allí, de nuevo estaba escondida entre la gente y camino de la salida.

Los trovadores se miraron entre ellos y a un gesto al unísono comenzaron a tocar una canción melancólica y lenta que provocó un amplio silencio en la taberna. Más miradas se centraron en aquellos trovadores y en lo que la canción significaba.

No era una pieza del agrado de nadie. Presagiaba la tristeza de alguna familia y la dulce alegría de algunos pocos, alegría que no se vería reflejada en un abietro público sino en la intimidad.

Cuando sonaba la \'sonata de las almas perdidas\' la gente comprendía que aquella noche habría una víctima en la ciudad. Ilesse se cobraría la vida de algún ciudadano antes del amanecer.

Hacía ya unos meses que se había comenzado con aquella práctica maquiavélica que muchos aún no entendían. Los extranjeros preguntaban muchas veces acerca de este extraño ritual cuando lo presenciaban y el camarero siempre les respondía algo similar.

\"Si tenemos suerte, viajero, esta noche seguiremos con vida. Bebamos por nuestro mañana, porque a uno de nosotros hoy no le llegará.\"

Nadie se atrevía a detener la música. A pesar de que Ilesse no estaba en el local el último ser con un orgullo suficiente como para pedir un cambio de pieza musical no volvió a despertar. Nadie sabe como se entera Ilesse, quizás una amplia gama de espías o chivatos, quizás magia negra.

Los asiduos a la taberna empezaban a pensar en el día que habían vivido y en los posibles errores o atrocidades que habían cometido. Las víctimas de Ilesse eran personas de dudosa reputación con fama de violentos, irascibles y tramposos que habían hecho del engaño o el miedo su forma de vida. Si una vez hubo algo parecido a una cofradía de ladrones ahora se había disuelto en unas meras bandas de cortabolsas.

Nadie sabía por qué Ilesse hacía eso, ni quién pedía los asesinatos. Rumores decían que los vientos le murmuraban en la noche si un marido pegaba a su mujer o si un niño era echado de su casa, si algún matón acuchillaba a un mendigo o si un mafioso extorsionaba a un comerciante, pero morían.

Una vez acabada la pieza que no duraba más de diez minutos, todos pedían una copa más e intentaban disfrutar al máximo de lo que quizás fuera el último trago de sus vidas pues Ilesse amenazaba la corrupción, extorsión y la maldad dentro de las fronteras de Narmelost y en aquella ciudad ... había demasiado.

Sintió que se acercaba a ella. Y su primer pensamiento fue huir. Correr escaleras arriba y encerrarse en su habitación hasta que él se hubiera marchado de allí para siempre...

Su cuerpo temblaba, y sentía una sensación ya olvidada... el miedo. Miedo de los recuerdos, de sentimientos enterrados, de aquellas sensaciones lejanas que su presencia despertaba en ella... de tiempos remotos antes incluso de la existencia de Arda.

Pero debía superar esa sensación. Se volvió hacia él, y su mirada de color violeta quedó suspendida en un mundo de sensaciones que latían en su interior, como dormidas.

Una extraña melodía comenzó a inundar el local, mientras ella se sentía incapaz de pronunciar palabra. Finalmente, el llegó hasta ella, y Delissë, apenas pudo pronunciar en un susurro:

- Bienvenido a Narmelost, Mi Señor Valyë. Largos han sido los años desde que nuestros caminos se separan, cuando las estrellas del cielo brillaban como ninguna otra luz en el cielo.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Hacía días que no se sentía agusto en la soledad de sus estancias privadas de Minas Gwaeren. Y, aunque en el poco tiempo que pasó allí –pues la guerra la llamaba de nuevo a emprender largos viajes- buscó satisfacer sus más lujuriosos deseos con varios de aquellos jóvenes soldados que la servían, sentía que esos imberbes que no hacían otra cosa que obedecer a sus designios no le aportaban más que una momentánea evasión de las preocupaciones y quehaceres de su vida actual a la cabeza de la Orden de Plata –además, en algunas ocasiones tales encuentros acababan por ensangrentar el piso-.

Y navegando en alta mar camino de la batalla recordó su encuentro con el mestizo. Mornaew había renegado hacía unos años ya de volver a rozar su curtida piel, de saborear sus labios; pero cuando llegó el momento no pudo resistirse, y cayó en sus brazos como un corderito indefenso -no, eso no era propio de ella. Ella que acostumbraba a llevar las riendas de las situaciones en que se veía involucrada...se dejó llevar por el deseo que creía borrado-… Y luego aquella elfa de ojos grises… -tal vez aquello le dolió más que nada de lo acontecido en la taberna nurnita-. Juró para sí que llegaría al fondo del asunto. Cómo Seregruin se había dejado doblegar por aquella dama inmortal, y cómo pareció sentirse mal –¿Arrepentido? Jajaja- luego de que ella los viera juntos.

***************

Mornaew entró en el local. Lucía un vestido de seda negro con bordados en plata, y por encima una negra capa. Llevaba la capucha puesta, pero pronto se descubrió el rostro permitiéndose ver toda la estancia con mayor claridad.

El bullicio era mucho mayor que el que recordaba de su última visita. Una lúgubre melodía sonaba en la Grietas –que gustos extraños estos nurnitas para animar un lugar de ocio- y los rostros de muchos de los allí presentes se mostraban algo preocupados. No había rastro del Númenóreano ni de su acompañante. Sin embargo Mornaew pudo divisar entre el humo y las gentes a Exelder que, curiosamente, también se había dirigido a las tierras de Nurn sin que ella tuviera conocimiento de ello.

—Extraña coincidencia… dos señores de Telpe en este antro —profirió ella, tomando asiento junto al elfo.

—En verdad lo es. Tómese algo mi señora —respondió Exelder.

—Lo cierto es que no tengo sed, ni apetito... Gracias. —Mornaew llevó la vista a la escalera de caracol de la taberna que conducía a las estancias que no llegó a visitar en la anterior ocasión. Y permaneció con la mirada en esa dirección mientras sonaban las últimas notas de aquella canción.

[Editado por Yureawen el 17-07-2005 13:36]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Cita:</TD

De Galandul :

La oscuridad deambulaba en cada rincon de ese endiablado lugar, no recordaba como habia llegado alli, solo recordaba que una mujer, como no habia visto nunca, unos ojos furiosos que le indagaban cada rincon del cuerpo, se quedo paralizado, no pudo decir nada. Solo recordaba que una mujer lo jalaba hacia otro lugar, pero las manos de la mujer cambiaban por las de un elfo, un elfo nurnita que lo llevaba a la oscuridad y lo sumian en un sueño de que se habia despertado hace instantes.

Sentia el respirar de la humana que estaba a su lado, desconocia quien era y que razones eran las que la llevaban a permanecer a su lado, quiso hablar, pero ninguna palabra salio de su boca.

Una y otra vez volvia a su pensamiento la imagen de la mujer, esos ojos llenos de furia, le recordaba en cierto aspecto a Inglin, pero no, no podia ser, ella era diferente, era dulce, pero en algun rincon de su ser, se encontraba esa maldad, ese rencor hacia valla a saber que. Pero debia concentrarse en hablar con ella, al fin y al cabo esa era la unica razon aparente por la cual habia ido alli, pero no estaba seguro de que esa razon fuera creida tan facilmente.-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel continuaba mirando al elfo, porque no le respondia, algo demasiado raro pasaba con el y aquel brillo en los ojos, no era normal y tampoco era el brillo de las estrellas, no no aquella mirada precenciaba algo mas, recuerdos de una mujer con furia. La muchacha abrio los ojos como platos.

-Galandul, por favor si aun hay algo de conciencia sobre tu propio cuerpo respondeme.- Lalwendë no recibio respuesta.- ¡Por Eru!.- exclamo desconsolada.-Aquella maia te ha hechizado con sus ojos; ¿que debo hacer ?.- se pregunto la mujer.

Se levanto y se dirijio hacia la puerta a escuchar, ahi seguian el hombre y la elfa, ¿pero que esperaban?.

De nuevo se acerco al elfo y le tomo de la mano, despues le susurro unas palabras en una lengua extraña, no sucedio nada, ella no podia competir con el poder de esa maia, su madre si, pero no se econtraba ahi; suspiro y le solto la mano al elfo.

[Editado por tari el 17-07-2005 04:37]

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

- Yestariel..- suspiró el Maia mientras acariciaba los finos cabellos de la mujer.- Mucho habéis cambiado externamente, mas vuestra oscuridad interior es única de vos.

Acarició sus pómulos suavemente con su mano, y clavó sus penetrantes ojos verdes en aquellos iris violeta que lo miraban ahora intensamente.

Besó la frente de la Maia, y con una mirada insinuante, habló mientras se alejaba de ella:

- Estaré por aquí, si queréis nos podemos ver más tarde...

y marchó a sentarse en un rincón y observó los movimientos de la gente que rondaba por aquella morada...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Nülk marchaba a pie sujetando las riendas de su poni. Por su mente pasaban cercanos, los recuerdos de sus anteriores visitas a Narmelost, cuando su bestia se mostró alarmada al cruzar el Morelimbar. Como otras veces le tranquilizó a base de una cancioncilla elfica muy sencilla, lo que le evitó llamar demasiado la atención. A el personalmente le inquietaba mas la visión de Morna Selmë y sus llamas rojas en los pendones, que un simple río, pero no iba a discutir ahora con su compañero de fatigas…

Viraron al suroeste y fuera de los recintos de la fortaleza encontraron las grietas de las libertinas, un lugar de alterne donde iban los peces gordos de Nurn a descansar. ¿Qué habría allí que no hubiese en Elenmorna?... se preguntaba muchas veces el enano.

No acababa de dejar su poni en manos de un mozo de cuadras, cuando su mirada se topó con la de un encapuchado que salía de la taberna. Dejaba tras de sí una triste melodía que Nülk reconoció al instante... “sonata para las almas perdidas” …, todo un clásico por aquí _se dijo_, y en ese instante comprendió que esta persona era a la que llamaban Ilesse, y si era cierto lo que le dijeron antaño…, aquella noche algún delincuente pagaría por sus crímenes.

Nülk se quedó paralizado durante un momento, quien sabe si demrando su entrada en aquel antro rebosante de miedo o contemplando aquella misteriosa figura que se alejaba

Hecil tras una larga ausencia al llegar a casa encuentra la siguiente invitacion:



Atención:

Se busca gente con ganas de participar en trama misteriosa.

Requisitos: gente sin compromisos amorosos (o dispuestos a hacer ver que no lo tienen)

Lugar: Grietas de las Libertinas, Narmelost, Nurn.\"

Hecil con bastante tiempo libre y pocas cosas que hacer decide acudir a la cita.

Vayas donde vayas, el cielo es cielo y la gente es gente.

Un viejo conocido se acerca a Hecil desde el interior de la sala:

-Vaya vaya, parece que no seré el único Sauce por aquí. Vamos a tomar algo, invita Nurn.

Sólo aquel cuya vida es breve imagina que el amor es eterno

Hacia rato que el Maia meditaba acerca de sus cosas en su habitación, estaba recostado de costado sobre el colchon de plumas situada al lado dela ventana. Miró por ella. Pudo ver como extraña gente entraba y salía del local, casi todos envueltos en oscuras capas, cuyos rostros eran semicubiertos por una capucha que solo dejaba entreveer sus ojos.

De repente, un color inundó el pensamiento de Árchaon: color violeta. Y a cada instante, ese color fue tomando forma, primeramente en unos ojos cuyos iris tenían ese mismo color, a continuación se dejó ver una cara de piel lisa y suave, con cabellos dorados, la cara de Delisse, y entonces, el deseo de verla se apoderó de él, así que, sin pensarlo, se colocó rápidamente una bata de terciopelo dejando ver su pecho y su abdomen parcialmente.

Bajó escaleras abajo , e incluso chocó con su hombro a un viejo que subía tranquilamente las escaleras..ni siquiera se disculpó...por fin, llegó a la gran estancia, mucha gente estaba en ella, y él buscó, busco no sólo con sus ojos, sino con su interior, buscó aquel poder ahora mismo sumido en un letargo tranquilizador, pero no la encontró...con un poco de decepción, pidió algo de beber en la barra y volvió a subir a su habitación para sumirse de nuevo en sus pensamientos...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

-\"Dejeme que sea yo por esta vez quien navegue\"\"Tranquilo, no crea que es el primer navio al que me he puesto al mando\", condenado mil veces seas elfo- masculló con rabia una voz tras la puerta de la taberna.

-Mia no es la culpa que se nos atravesará aquel barco- dijo la otra voz mientras la puerta comenzaba abrirse y se comenzaron a divisar sus siluetas.

-Quedate aqui Annawen- dijo Ian a la loba de humedo pelaje blanco, que obedeció las ordenes sin antes dejar caer una mirada de pura cólera a Morquarë.

-Elfos... se jartan de que pueden acertarle en el ojo a cualquier criatura situada vete a saber donde sea de noche, llueve, nieve o haya nubosidad con posibilidad de lluvias moderadas, y luego no son capaces de ver como se cruza un galeón en el cual se podría meter una pareja de cada especie- espetó Ian, tras dejar a la loba moqueado y estornudando en el porche.

-Bueno que ha pasado, un leve accidente en la popa sin consecuencia-

-¿¿¡Leve accidente!?? Maldita sea, por poco mandas mi barco al fondo del puerto. Aún me extraña que siga aun a flote, eru sabra cuanto tiempo y dinero me costará arreglarlo de nuevo-

-No querías introducir cambios, mejorarlo, añadirle más de tus mecanismos, pues mira ahora tendrás la posibilidad de hacer las reformas de forma anticipada-

Ian gruño, pero ya habia centrado su atención sobre la lanzadera celestial, aún llena de agua y lodo trás el naufragio.

Una caricia peluda provocó un respingo en el hobbit que pudo ver como un gato escapaba corriendo de entre sus patas tras haber conseguido como botin el pescado aun parcialmente vivo de sus botas inundadas.

-Por alli se escapa nuestra cena- comentó con alegria el elfo. Sin embargo el comentario enojó aun más al mediano que clavó con renovado odio los ojos en el elfo.

Ambos estaban empapados de pies a cabeza además de la capa de lodo que les cubría las piernas, y aún asi el elfo consideraba aquella situación divertida a pesar de que tendrían que quedarse una buena temporada en aquel lugar.

Y de pronto un destelló.

Ian había seguido comprobando el estado del artilugio y sin cuidado había accionado la palanca de activación, provocando un estallido eléctrico a causa de la humedad que impregnaba el artefacto. Elfo y hobbit habían sido despedidos a causa de la explosión eléctrica y ahora se reincorporaban de los restos de mesa destrozados bajo sus pesos.

-Condenado cabezudo, tu y tus malditos artilugios, casi nos matas desgraciado- levantandose el elfo con sus pelos chambuscados, que al igual que al hobbit se les había encrespado.

-Callate, no es sino culpa tuya que funcionen mal- mientras tanto, el mediano seguía corroborando que el buen funcionamiento de sus artefactos, en este caso el de su lanzavirotes.

Antes de que el elfo pudiera evitarlo Ian ya había accionado el mecanismo y a pesar que la mayoria de los orificios chorrearon lodo, otros virotes consiguieron escapar del muro de barro y clavarse sobre el suelo justo a los pies de Morquarë que los esquivó en un estrepitoso baile.

-Maldito adorno de jardin movil, te revanaría el pescuezo si lograras levantar uno palmos más del suelo- agarrando al hobbit por el pescuezo, mientras que este lo miraba con una maliocisa sonrisa.

Lento estuvo el elfo y no llegó a reaccionar antes de que un nuevo destello lo golpeara y despidiera contra otra mesa.

-Estatura no me falta para vencerte- respondió Ian mientras que lanzaba una esfera de cristal -y ahora, duerme- mientras que una nube de gas escapaba de la esfera echa ahora añicos en el suelo.

La nube de gas parcialmente rosada envolvio un par de mesas de las que comenzarón a levantarse una nube de ronquidos, pero de estre ella comenzó a surgir de nuevo la silueta del elfo, más enojado que nunca.

Tras ser embestido y recorrer dando tumbos por el local, chocando con las mesas aqui y allá, recordó con amargura que aquellas sustancias no hacian efecto a aquel elfo, pues era raro aun para ser elfo.

Herido y con el cuerpo amorotona el mediano volvio a ergirse, y mientras que de la brecha de su cabeza su sangre se derramaba se atravesó con un delgado puñal el reverso del antebrazo.

La dosis que el puñal contenía y que debía ser la justa para convertirse en un humanoide, semejante a cualquier hombre, sin llegar a su forma licántropa erró a causa de la ira del hobbit y ante los ojos del elfo como a aquellos atentos a la pelea acabo surgiendo un enorme licántropo de penachos negros.

Ya estaba el inmenso lobo a punto de atacar cuando una flecha silbó en el aire y se le clavo en la base del cuello. No habia acabado de abrirse la puerta por la que había pasado la flecha cuando otras dos volvieron a hacer blanco y derribaron finalmente al licántropo.

Guardando el arco a sus espaldas atravesó el arco de la puerta una nueva figura cubierta con una enorma capa roja.

Descubriendo su blanca tez y sus doradas melenas, la joven se deshizo de la capucha sin dejar de caminar hacia el peludo Ian. Tras llegar a su altura sacó de sus ropajes dos frutas rojas que exprimió en el hocico de la bestia.

-\"Marcha ahora que tu sed y la de tu dama se apaga, marcha a la oscuridad y de alli no salgas\"-dijo la joven en el lenguaje de los lobos tras retirar los frutos exprimidos y desclavar las flechas.

Al reincorporarse Morquarë quedo prendado de su hermosura, pues a pesar de que no fuera elfa su hermosura no dejaba por ello de ser menor, y la misma luz que entre los elfos resplandecía también parecía resplandecer en aquella mujer, pero sus ojos azules se clavaron gelidos y colericos sobre el elfo.

-¿Quién eres?¿Cómo te llamas?- preguntó el elfo pero ninguna respuesta obtuvo. La joven haciendo gala de una espectacular fuerza ya estaba cargando a Ian a través de las escaleras que llevaban a los dormitorios.

Tras reaccionar de su inesperada paralisis Morquarë atravesó la estancia y busco a la mujer por las habitaciones pero solo encontro al licantropo dormido y una ventana abierta. La joven había escapado.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

(Joer thauld te has kedao bien agusto )

Hecil acepta de buen grado la invitacion del elfo (nunca hay que despreciar una copa y menos si es gratis).

-Vamos para la barra, haber si entre copa y copa sacamos algo en claro de esta misteriosa invitación. .

Vayas donde vayas, el cielo es cielo y la gente es gente.

Ya estaba cansado de fumar. Con unos golpecitos vació la cazoleta de su pipa. Los restos de la perfumada hierba, aun incendiados y humeantes, cayeron al sucio suelo de local. Lo apagó con la suela de su bota.

Estiró las piernas y se metió la pipa en un bolsillo.

Hacía unos pocos meses que se había instalado en Narmelost. Había comprado una pequeña casa de dos plantas en la zona no reservada a los Señores. De la zona \"oscura\", como él llamaba a la parte de la ciudad reservada a los grandes y terribles Señores, nada quería saber. Y mucho menos de su torre, habitáculo siniestro e inexpugnable, fortaleza de Nurn. Allí el Mal se concentraba hasta hacerse irrespirable. Y Lófar quería respirar... y llenar su bolsa.

Dos meses era mucho tiempo para un hombre como Lófar, ya se había hecho un lugar entre la chusma de la ciudad (que era mucha y variada) y los negocios le iban bien.

Incluso había logrado relacionarse con algunos de los Señores. Pero siempre estaba pendiente de lo que ocurría en la ciudad... porque Lófar sabía que tan importante como saber el momento y el modo de meterse en un negocio, es saber el momento de abandonarlo. Y ese era un lugar realmente peligroso, donde uno debía tener siempre el equipaje listo y un caballo cerca... y quizá ni siquiera eso fuera suficiente.

Y ahora esa asquerosa música -Están locos en esta ciudad... más que en Umbar- Pensó Lófar mientras carraspeaba (la hierba que había conseguido dejaba mucho que desear). Bebió un largo trago de cerveza.

[Editado por Lofar el 18-07-2005 17:42]

Un reguero de fuego parecía haber quedado impregnado en su rostro. Podía sentir todavía el roce de su mano en su mejilla, como si hubiera quedado detenido allí para siempre. Y aquel beso... Delissë alzó la mano y sintió su piel ardiente, en el punto exacto donde había sentido el calor de sus labios.

¡Maldita sea! pensó, mientras comenzaba a pasear en círculos recorriendo su habitación, ¿Qué me esta pasando? Sentía un calor creciente dentro de ella, mientras su pecho subía y bajaba rápidamente, debido a su respiración entrecortada.

Finalmente, se sirvió una copa de licor dorado, y se acercó a la ventana abierta de la habitación. La ligera tela de las cortinas revoloteaba a su alrededor envolviendo su cuerpo. Se llevó la copa a los labios, y tomó un sorbo de aquel líquido ardiente e intenso.

Inesperadamente, como si se hubieran elevado en el tiempo y en el espacio, sintió en sus oidos un lejano suspiro. Yestariel... Sintió nuevamente cómo él había susurrado su nombre, y fue como si acariciara cada rincón de su ser.

Dejó la copa sobre una mesa, y salió apresuradamente de la habitación. La oscuridad de los pasillos desiertos la envolvió. Se dirigió hacia la taberna, y encontró cierta desolación. No había nadie. Y menos aquél que ella deseaba ver...

Volvió sobre sus pasos, pero algo la hizo detenerse ante una de las puertas cerradas. Alzó sus manos, y acarició el umbral de la puerta, mientras sentía cómo el fuego que la quemaba latía al otro lado de la misma... Y en su mente, sintió la mirada de sus ojos verdes nuevamente sobre ella... Y allí se quedó, inmóvil, mientras dudaba entre golpear la puerta, o salir corriendo a esconderse de sus sentidos nuevamente.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Lómine levantó el juego de llaves y se acercó a la enorme puerta, a través de la pequeña ventanita enrejada podía distinguir a la joven Atani y su Elda acompañante, así como la perpleja expresión que acompañaba sus rostros. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios al introducir la pequeña pieza de hierro en el cerrojo y darle vuelta con facilidad, sin que esta emitiera el más mínimo sonido.

-Hay dos formas de salir de este sombrío lugar –dictó la elfa sin reparo –Podéis confiar en mí y alcanzar la libertad, pero para ello debéis explicar la relación que os vincula a Inglin; o aguardar la sentencia que Yestariel os tiene preparada, y creedme, no os gustará en lo absoluto...

Pero un escalofrío recorrió su cuerpo y sus palabras se deshicieron en el turbio aire, reconoció en el elfo una oscuridad tan profunda como aquella que reina en las insondables simas de la desesperación, se aproximó a Galandul y posó su mano sobre la fría mejilla del prisionero.

-Haradriel –dijo volviéndose hacia la preocupada viajera –El tiempo de tu amigo se agota, debe salir pronto de este lugar si quieres que sobreviva, pero para ello deberás decirme la verdad ¿qué es aquello tan importante como para traeros a tierras de Nurn en busca de Inglin?

Mientras aguardaba la respuesta de la joven Engwar, la voz de Lómine se convirtió en susurro, antiguas palabras brotaron de sus labios como lo hicieran en tiempos pasados y una sutil calidez invadió la pequeña celda; pocas veces usó la sabiduría de su raza más aquel instante así lo requería.

-Te lo diré una última vez –pronunció la elfa alejándose del prisionero enfermo -¿qué asunto tenéis con la Dama Inglin?

Más el silencio fue su única respuesta.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Confusamente, pensaba las determinadas situaciones ocurridas desde que llegó a aquel lugar, cuando de pronto, una presencia familiar le hizo levantar de la cama de un respingo. Se puso en pie, pero no se movió, miró hacía la puerta que daba al pasillo y se acercó lentamente tendiendo su palma de la mano hacia la misma.

En ese momento, una confusión mayor que la que ya yacía en su mente se apoderó de él...¿sería sólo una sensación por el deseo de estar con ella?...¿o sería de verdad la presencia de Yestariel?

No lo supo, y ahí quedó, pensando en abrir la puerta o dejar correr aquella sensación...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Durante un momento que pareció eterno Delissë no supo qué hacer. Su mente viajaba veloz, intentando discernir si debía por una vez acatar la voz de su cabeza, y huir de allí lo más lejos posible; o si por el contrario, debería dejarse llevar por lo que su corazón acelerado le rogaba desde lo más profundo de su ser...

Como llevada en contra de su voluntad, se acercó nuevamente a la puerta. Pero finalmente consiguió separarse de ella, y retrocedió unos pasos, sin dejar de mirar fijamente esa puerta que separaba apenas la razón de la locura, sin saber muy bien en que lado de la misma se encontraba cada una.

El destino acudió entonces a ella. No sabría hasta mucho tiempo después si aquello finalmente era un hado afortunado del mismo, o quizás un castigo... Pero en su afán por retroceder, Delissë tropezó en la oscuridad con uno de los aparadores dispuestos a lo largo del pasillo. Una jarra de vino cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos, y ropiendo así mismo el silencio reinante con un gran estruendo.

Y ella, sin saber muy bien qué hacer, se arrodilló e intentó recoger una a una las piezas. Levantó el bajo del vestido empapado de vino, y fue despositando en él los trozos rotos rápidamente.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Aún confuso entre la realidad y la fantasía, Árchaon seguía dudando, y entonces, un estruendo sonó tras la puerta, y dejando atrás esa duda, abrió la puerta para ver lo ocurrido.

El tiempo se detuvo...y una muchacha estaba en frente de él recogiendo los trozos de una jarra de vino que había caído al suelo: era Delisse.

El maia la miró, y clavó en ella su mirada, una mirada fija y penetrante.

Sin decir nada, él se acercó a ella y tendió su mano, la cual la maia cogió y se incorporó...ambos sin dejar de mirarse...

Apretaron sus manos como si quisieran parar el tiempo, y un deseo irremediable se apoderó de los dos, hablándose tan sólamente con la mirada.

Entraron en la alcoba y cerraron la puerta tras de sí.

- Tenía ganas de veros- sonrió Árchaon.

- Algo parecido me ocurrió también- y tendió una bonita sonrisa.

Y sin decir nada más al respecto, el colocó sus manos en la fina y delicada cintura de Yestariel, y la trajo junto a su cuerpo...

Y haciendolo con todos sus deseos, el maia acercó sus labios lentamente a los de ella, y, como si el tiempo les dedicara más minutos de los posibles, se besaron abrazándose fuertemente como para no dejar escapar al otro...

Así comenzó una noche que, a pesar de todo, no sabían si fue el destino, o el fuerte impulso deseado por los dos, lo que había logrado aquel fin...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Una luz iluminó repentinamente el pasillo, y la oscuridad se alejó repentinamente, escondiéndose en rincones más alejados. Sus cabellos reflejaron la luz como si de un espejo dorado se tratara, y sus ojos brillaron con asombro, al descubrir su figura recortada en el umbral de la puerta.

Él la miró, y ella fue consciente de que ya no podía seguir huyendo. Y cuando se acercó a ella, sus ojos verdes la hicieron temblar, mientras aceptaba la mano que él le tendía.

Su contacto fue como un estallido que recorrió cada centímetro de su cuerpo, hasta alojarse en aquél secreto rincón de sus deseos. Y ella le siguió, sin soltar su mano, y el mundo pareció no abarcar más allá de aquella habitación.

Y el sonrió, con sus labios, y con sus ojos, y sólo dijo:

- Tenía ganas de veros...

Y ella respondió a su vez con una sonrisa radiante, y dijo apenas en un susurro:

- Algo parecido me ocurrió a mi también...

Y simplemente sucedió. El se aferró a su cintura, como un naúfrago que se aferra a una tabla de salvación, como si no pudiera evitar tenerla cerca. Y ella se sintió presa de sus brazos, del calor que el cuerpo de él trasmitía a través de la tela de su bata, y que la delgada tela de su vestido apenas podía mitigar.

Sus pechos, aprisionados al torso de él, y sus labios deslizandose sobre los de ella, humedeciendo sus sentidos, y llenando su mente de deseos.

Y ella se separó un instante de él, y lo miró a los ojos, y el pudo ver en ella todos los deseos que ella guardaba dentro de sí. Y sin decir nada, deslizó su vestido por su cuerpo, quedando desnuda sus ojos, y volvió a sus brazos para besarlo con una pasión encendida.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Mientras que su maestro descansaba en su habitación escaleras arriba Morquarë se obsesionaba con la joven. El elfo se había quedado prendido de la bellaza del rostro y cuerpo de aquella muchacha deseándola para él pudiendo así satisfacer la sed de lujuria que le devoraba el interior y que ninguna otra mujer había conseguido saciar salvo una, muerta ya mucho tiempo atrás. Pero algo había en aquella mujer, algo extraño pero familiar, la había visto en algún lugar, pero ¿dónde?¿dónde habría podido ser? pues estaba seguro de que el rostro de una mujer asó no se le habría olvidado y mucho menos pasado inadvertido. Estaba claro que ella si parecía saberlo pues aquella mirada de odio intenso como barras de hielo no podían ser consecuencia de la primera impresión.

Y así en mitad de sus pensamientos la aparición de una silueta en las escaleras le llamó la atención. Ian había vuelto al fin en sí y por lo que parecía los efectos de la droga aún se les había pasado, por ello en vez de ser aquel diminuto hobbit, aunque en realidad fuera extraordinariamente alto entre los hobbits, su estatura era la de un hombre, y un hombre era en lo que realidad parecía. Celvarán se hacía llamar en aquella forma, hombre sabio pero un tanto despiadado, pues a pesar de que la sabiduría y conocimientos del hobbit seguían volcados en aquella personalidad no lo estaba así su bondad ni felicidad y pocas cosas le regocijaban a parte de la guerra y la caza, aunque en menor medida si lo hacían la comida y bebida así como las largas estancias en parajes frondosos, lleno de animales a los que amaba pero también cazaba.

Celvarán se encontró con la mirada del elfo y le otorgo una amplia sonrisa, no había encontrado en la habitación ropa alguna para su estatura por lo que se había debido contentar con unos simples pantalones que al hobbit le iban holgados y al él le quedaban prietos y hasta las rodillas. “Al fin de vuelta, aunque el elfo melenudo no parece muy contento de volver a verme, pero en fin, tanto mirar para arriba me estaba cansando, por no mencionar aquellas miradas que nos subestimaban por nuestra altura, infelices… ains, Ian que sería de ti sin mi…”

Y así camino descalzo hasta la barra saciando su sed al fin, pues muchas habían sido las horas desde que el hobbit se hubiera llevado agua a la boca (sin contar con la que se había llevado al naufragar).

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

La cabeza de la elfa daba vueltas, la noche caia lentamente inundando de oscuridad la habitacion de la elfa. Recostada sobre la cama a medio hacer pensaba en cual habria sido el destino del elfo y la extraña humana. Pero habia cosas que la preocupaban aun mas, ¿Que haria Dellise luego de semejante parodia?. No podia quitarse de la cabeza los ojos de la maia cuando le hablaba, jamas habia sentido esa rigidez en las palabras.

Los sonidos en la taberna se iban apagando lentamente aunque en el aire la elfa reconocio una voz, una voz que esperaba oir hace mucho, pero que todos los acontecimientos dados habian relegado. Sin pensarlo dos veces salto de la cama y corrio a su encuentro.

Ni bien salio a la taberna el camino que conducia a las mazmorras le atrajo, pero no le haria mal olvidarse un poco del tema. Entre la multitud diviso un hombre, el hombre que estaba buscando, acercandose lentamente sin llamar mucho la atencion se refirio a el -Estaba esperandote, enhorabuena que has venido, tenemos mucho de que hablar-. Los ojos verdes de la elfa, indagaban en aquellas cansadas pupilas, pero nada le decian de donde venia el misterioso ser, ni que habia echo en su trayecto, un instante de curiosidad se apodero de la elfa.-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Hecil tras tomar una copas y charlar un rato con Eärondûr, decide que es hora de volver

para casa, pero antes de partir esribe en un trozo de papel una nota, busca al encargado de las Grietas Libertinas.

-Debeis entregar esta carta a la Dama Nulkaiel Milyawen, de parte de Hecil



Tal como os prometi, he pasado por aquí en busca de la copa que me ofrecistis.

Muy a mi pesar mio no os he podido encontrar por aquí.

Aun así podeis pasar por el Sauce que de muy buen grado yo pagare la mia.

Hecil despues de entregar la nota regresa con Eärondûr para tomar la ultima copa.

Vayas donde vayas, el cielo es cielo y la gente es gente.

Tras quedar desnuda ante sus verdes ojos, la Maia volvió a besar sus labios mientras un fuerte deseo latía dentro de ambos. Así pues, Árchaon dejó caer también su bata al frío suelo ahora cubierto por la ardiente y radiante temperatura a la que estaba la sala.

Sin hablar nada, ella empujó al Maia al colchón situado bajo la ventana, y corrió todas las cortinas dejando la estancia sumergida en la más inmensa oscuridad, pero sus ojos de Maiar les permitían ver sus formas y sus deseos a pesar de aquella no-luz que bañaba la estancia.

Él pudo ver como unos brazos se aferraban a su cuerpo y como unos dulces labios besaban su cara y su boca, y al poco, el Maia recorrió con besos todos los rincones del cuerpo de la maia, y mostrando, con sus caras, la sensación de cada uno de ellos tras aquellos besos y caricias.

Así fue como fusionaron sus dos cuerpos en uno durante aquella noche, mezclando la pasión y el deseo con un toque de salvajismo y ternura....

[Editado por legolaragorn el 19-07-2005 16:18]

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Fuera, ya noche cerrada, corría una fresca brisa.

Y dentro de la Taberna quedaba poca gente.

Lófar e Inglin se sentaban el uno muy cerca del otro, hablando bajo, como si fueran dos enamorados... pero no era de amor de lo que hablaban.

No, porque hablaban de negocios.

-Sin duda nos reportará buenos beneficios- decía Lófar -Conozco bien a este tipo de gente, necesita que alguien le alegre la vida, que alguien le diga que su futuro será mejor... Pero debemos ir con cuidado con la Oráculo, aunque no fuera una auténtica adivina, no hace falta ser muy listo, estando tan cerca como ella estará, para ver que en todo esto hay algo más-

Se separó un poco de la elfa, cuya belleza le hacía bajar la guardia en ocasiones. -Pero no debemos ir con prisas, lo primero es afianzar la figura del Oráculo: aumentar su prestigio y nuestra bolsa-

[Editado por Lofar el 19-07-2005 19:20]

La pasión se desató incontrolable. Sus cuerpos entrelazados sobre la cama, presos de un mundo de sensaciones hacia mucho tiempo olvidados, y sobre ellos, un torbellino de fuego que se alzaba hasta el techo de la habitación, envolviendo sus cuerpos, sin llegar a consumirlos.

El fuego inmortal se alzó como una suave cortina roja que los arropaba en su deseo. Llamas alzadas que danzaban al ritmo que ellos marcaban. El fuego de él, lleno de matices dorados. El fuego de ella en cambio, con un matiz de un color violeta intenso.

Las llamas se entrelazaban unas con otras, lamiéndose, buscándose, separándose y acercándose siguiendo ritmos ancestrales y eternos, durante horas y horas. A veces, el fuego de él parecía consumir el de ella, haciéndolo suyo, y dominando con sus tonos dorados. Pero después, las llamas de color violeta renacían y brillaban con fuerza, envolviéndo el de él en su profundo calor.

El calor inundó cada rincón del local. Y el suelo comenzó a temblar, como si las mismas profundidades de la tierra comenzaran a hervir a causa de su fuego. Las paredes temblaron, y temblaron también los cristales.

Y fuera del local la tormenta, rayos y truenos, resonando sobre ellos. Y una lluvia torrencial e inclemente, que parecía querer sofocar el fuego desatado.

Las ventanas de la habitación estallaron en mil pedazos, y las cortinas ondearon salvajemente al viento, mientras el agua penetraba incotenible a través de las ventanas rotas.

Y finalmente, los gemidos de ambos se alzaron, apagados apenas por el sonido del fuego y la tormenta, hasta un punto más allá del cualquier sueño mortal e inmortal, para dejar paso después a una paz infinita.

Y el fuego se convirtió en una ligera columna de humo dorada y violeta, y la tormenta cesó tan repentinamente como había llegado, llevándose los restos con un último golpe de viento.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Eleanor Ronaele bajaba cuando un viento casi la hace caer.

Eleanor Ronaele sonrie y maldice...por lujuriosos acabareis destruyendo la posada,insensatos xDD

Al bajar un temblor la hace caer sobre una mesa...una elfa y un extraño hombre le miran

Antes de decir o hacer algo otro viento azota la posada,el cual es aprovechado por Ronaele quién desaparece en las sombras

Eleanor Ronaele espera unos segundos en la oscuridad del lugar en los cuales se detienen los sucesos....Luego de esto se escabulle de la posada y viendo los destrozos que ocasionaron los maias se va al establo mientras que su felino se aparecía ante Haradriel dandole un mensaje

Cita:</TD


Es tiempo de marchar compatriota,

Los corceles oscuros fueron escondidos en\" casas\" construidas para esconderles y recuerda que los amos de la oscuridad nos guian en nuestra huida.

No decaigas frente a interrogantes,las mentiras siempre los han avasallado



Esta lo recibió mas debía pensar las palabras de su compatriota

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Nülk ve alejarse a Ilesse, pestañea y mira al cielo. El viento se levantaba huracanado y era hora de meterse de una vez a calentar las barbas. La musiquilla había terminado y algunas voces le increpaban que cerrase la puerta de una ... vez. decididó cerrarla justo en el momento en que un felino que le resultaba familiar, lógraba colarse en la taberna, no sin pillarse levemente la cola por desgracia, ya que el vengativo felino se revolvió contra él y le clavó sus colmillos en la desgasada bota del enano...

_ ¡ ah, ya me acuerdo de ti pequeño granuja! -bramó _ esta vez no te escaparás... ven michino, ¿?michino¿? ¿?michino¿?...

Nülk dejó de buscar al gato cuando vió unas suculentas jarras y tapas en manos de un elfo...

¡camareroooo ...lo mismo para mi!, por cierto... menudo alboroto, van a tirar la lámpara de aqui arriba...¿necesitan gente para trabajar en la obra?, soy experto constructor, aqui tiene mi tarjeta

[Editado por gorathion el 19-07-2005 23:06]

Seregruin pensó que ya nada tenía que hacer en aquella situacion y, encendiendo rápidamente un cigarrito armado con experimentada mano, se recostó en el vano de la puerta abierta del calabozo.

Las preguntas de Lómine le parecieron sensatas, dada la situación, y se dispuso a escuchar una respuesta que no parecía próxima.

Seregruin oía pasar el tiempo en la respiracion afiebrada del elfo tendido en el frío de la celda, que tan fuertemente destacaba en el silencio imperante... los élficos conjuros de Anamóriel ya se agotaban en la negrura del ambiente...

Y entonces, sólo entonces, cuando la brasa del cigarro ya ardía en las puntas de sus dedos, el mestizo pensó en que Lómine no estaría actuando por simple curiosidad. Y en que, si fuera cierto -como lo pareciera- que se trataba de una traidora, tanto interés en las actividades de Inglin no debía ser un dato menor.

Seregruin, comprendiendo súbitamente el riesgo en que se hallaría Nurn en caso de que Lómine se saliera con la suya ...pero también temiendo las consecuencias de la liberación de los prisioneros, decidió actuar rápidamente.

Seregruin arrojó el cigarro al suelo y lo pisó con la punta de su bota... y ya estaba buscando entre sus ropas un pequeño frasco, cuando vio que la humana -tanto tiempo silenciosa- se disponía hablar.

[Editado por seregruin el 19-07-2005 23:42]

Haradriel escucho claramente el sonido de la llave al abrir, despues vio a la elfo y aquel hombre que comenzaba a fumar un tabaco, y atenta escucho lo que le decia Lomine. Silencio incomodo silencio que embargo la estancia, la muchacha pensaba detennidamente en sus palabras, fue entonces que se dio cuenta que aquellos que pretendendian ayudarlos, llevaban otro tipo de intenciones.

-Se lo que le pasa a Galandul y no hay poder que pueda ayudarlo, al menos claro.- callo, respiro y continuo su frase lentamente.- que alguien con un porder semenjante a la maia, le vea a lo ojos, entonces el hechizo se rompera, en cuanto a que relacion tengo con Inglin y este elfo, respondere que nada y no no vengo a espiar como la mayoria cree.- Haradriel los miro.- es todo lo que tengo que decir, ahora preguntare ¿porque la ayuda? si es acaso que un ayuda o simplemente el hecho de molestar a su compatriotas.

Haradriel sabia perfectamente que esa respuesta, tal vez no encajaria con lo que querian oir los nurnitas, debia esperar la respuesta.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Después de la tempestad siempre llega la calma...

El fuego de aquella pasión se consumió en aquel momento, al mismo tiempo que cesaron aquellos fenómenos provocados por los mismos.

El sudor empapaba sus cuerpos agotados, cuerpos que acaban de salir de un inmenso mar de sensualidad y placer, un mar atrayente, capaz de enganchar hasta la más arisca de las personas en aquellas influyentes fantasías...

Los dos Maiar se miraron con una sonrisa en sus caras, aún tendidos en la cama, y a la vez que acariciaba su flequillo dorado, él la volvió a besar sin pronunciar si quiera un leve susurro en su oído que sólo ella fue capaz de entender, y Delisse lo repitió, y volvió a acariciar los labios de Árchaon con los suyos al mismo tiempo que las llamas comensaron a avivarse de nuevo...

Hacía años que no se veían, hacía años que que ninguno disfrutaba a causa del otro, y en aquella noche no quisieron separarse, así que las llamas doradas y las violáceas se elvaron de nuevo en la estancia rodeándolos por completo.

De nuevo el sudor comenzó a brotar de sus desnudos cuerpos, y relevando aquella calma, la tempestad volvió a hacer acto de presencia acompañada de truenos y vientos huracanados, y a la vez con los relámpagos caían en aquel lugar, dos gemidos volvieron a alzarse en el aire...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

El humano y la elfa habían salido hacía unos minutos. Estaban de pie apoyados contra en muro de la fachada principal de la taberna.

Lófar intentaba encender su pipa cuando la tormenta que había comenzado hacía un rato arreció. Rayos y truenos rompían la noche de nuevo. La lluvia caía con timidez, como avergonzada de no estar a la altura de tanto rayo y tanto trueno.

No sería un débil viento racheado el que le impediría fumar un poco... no a él, no a él, que había navegado en mil tormentas, que había domado el mar y el viento.

Mientras pegaba la primera calada, ansioso, y volvía a recordar la pésima calidad de esa hierba, vieron pasar dos mujeres que corrían bajo la lluvia y oyeron un trozo de su conversación -Espero que valga la pena, vamos a quedar empapadas- dijo la una, y la otra contestó entre el chapoteo de sus pasos -Por supuesto que sí, no es una típica adivinadora, es un auténtico oráculo, dicen que ha estado en el reino de Mandos y ha vuelto para...-

Un trueno imposibilitó que pudieran oir nada más.

Las mujeres se perdieron en la noche terrible, dirección Sur, hacia un pequeño bosque de robles raquíticos.

La impaciencia empezaba a dominar a la elfa, la tentacion de volver e ir hacia las mazmorras se hacia cada vez mas fuerte, pero debia aguantar, hacerlos esperar un poco mas, total ¿que podia pasar? , no podia dejar al humano plantado y mucho menos ahora que al fin el oraculo comenzaba a dar sus primeros pasos.

No podia ver su cara en la oscuridad de la noche, pero un humo debil, delataba que estaba frente a ella -Parece que los rumores corren rapido, mas rapido que nosotros aun-.

No podia demostrarle cual era su preocupacion, debia demostrarse imperturbable.

Acercandose al humano de modo que ni una rafaga de viento pudiera pasar entre los dos le susurro al odio - Espero que ninguno de los cuatro sospeche nada, en todo caso ya sabes que hacer. Lo que no se es si conviene hacerlo cuando este conciente o no, si para mañana a la noche no recobra sus sentidos, lo llevare asi, sino aprovechare un poco- .

Luego de decir esto volvio a entrar a la taberna dejando que el olor de sus cabellos se mezclara con el del humo, quizas el humano cayera en cuenta de con quien estaba tratando.

[Editado por Carlita el 20-07-2005 18:57]

[Editado por Carlita el 20-07-2005 19:06]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

El semblante de la elfa cambió repentinamente y en su rostro se dibujó la cólera y la irritación que aquel disimulado mutismo le causaba, de haber llevado consigo alguna de sus armas la pequeña mortal ya habría fallecido. Pero este no era el momento de perder los estribos, debía calmarse y pensar con serenidad; aparentemente la joven viajera no sabía nada, en su voz ningún misterio parecía ocultarse y la nitidez de su mirada reafirmaba la veracidad de sus palabras, por lo tanto el único dueño del secreto no sería otro que Galandul, quien yacía inconsciente y próximo a la locura. De repente todo tomaba un giro inesperado, la situación se salía de las manos y el tiempo no dejaba de correr en su contra. Abandonarlos sería sentenciar al Elda a la oscuridad eterna y a la Edain a una tortura sin fin en manos de Yestariel, pero al hacerlo devastaría una oportunidad única de reafirmar la confianza que Inglin depositaba en ella... eso, y algunos cuantos detalles que le serían en verdad útiles. Y liberarlos, tras no obtener ni la más mínima pista sobre la relación entre Inglin y Galandul, se tornaba ahora en una maniobra insensata e inconsecuente, cuyos riesgos no le aportaban ya ningún tipo de beneficio.

-Escucha bien, querida Haradriel –pronunció por fin la elfa tras un prolongado silencio –No te concierne si es un sentimiento de bondad y deseo de ayudar lo que me impulsa a liberarte a ti y a tu amigo, o si por el contrario busco fastidiar a mis corregentes. Vosotros dos no sois para mi más que pequeñas sabandijas enjauladas, pero hay ocasiones en que me es más divertido liberarlas y verlas huir que dejarles morir en su encierro. Más no será así esta vez.

Lómine salió de la celda y cerró el enorme portón con tal fuerza que las vigas trepidaron sobre sus cabezas y a lo largo del pasillo. Cerró los ojos y apoyó su cuerpo contra la fría y tosca pared de roca labrada, estaba enojada consigo misma, se sentía burlada por el destino, burlada por un par de chiquillos pertenecientes a la Alianza, burlada por Nurn. Se sintió sola y perdida en aquel laberinto, más la tibieza de un abrazo la rescató de sus abismos.

-Sácame de aquí –susurró la elfa casi suplicante –Quiero olvidar las penumbras que habitan este lugar y quienes por siempre han sido condenados a ellas; llévame contigo y has que en tus brazos esta noche se convierta en olvido.

Pero allí, resguardada en el pecho de su amante, Lómine hizo su última jugada; un juego de llaves rodó silencioso sobre la seda de su vestido y se depositó con suavidad sobre el suelo.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Las llamas de su pasión volvieron a alzarse entonces, quizás con más calma, con un deseo quizás menos salvaje, pero igual de intenso que la vez anterior.

Las horas se consumían entre suspiros apenas contenidos, para dar paso a un amanecer de luz, que los halló frente a frente entrelazados entre las sábanas, deslizándose mutuamente en caricias suaves y ardientes. Saciados quizás de su sed por el momento, sus cuerpos parecían no querer perder el contacto a pesar de ello.

Y ella, poco a poco fue despertando del encantamiento, y sus ojos se encontraron irradiando la luz del amanecer.

- Tanto tiempo ha pasado desde la última vez... Y todo vuelve a ser lo mismo, aunque todo sea a la vez diferente. Pero decidme, ¿qué azar del destino ha sido el que ha provocado nuestro encuentro? Pues quizás mi deseo era mayor que mi cordura, y no alcanzo a comprender qué buscais en estas tierras en este momento...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Seregruin pensó entonces que tal vez Lómine no fuera una traidora, que -acaso- sólo se había dejado llevar por la precipitación del momento aquel. Olvidado ahora de sus intenciones de hace tan sólo un momento, detuvo su vista en aquella Dama Elfa, terror de sus enemigos y sinónimo de mil muertes.

Seregruin se fijó en su belleza, demasiada para un lugar como ese... o para un hombre -miserable transfuga de mil reinos- como era él. Y la vio entonces tan indefensa... extrañamente olvidada de todo, echada contra el muro de piedra y con sus ojos cerrados acentuando el élfico encanto del rostro... que no pudo resistirla.

********

Como fantasmas animados por algún prestidigitador borracho, las sombras bailaban en torno a Lómine, guiadas enojosamente por la oscilante llama de la pequeña antorcha sobre el muro. El mestizo -sintiéndose acaso en medio de un sueño del que no podría responder-, se veía de pronto llevado por un impulso inexplicable. Algo que tal vez no fuera ya un simple deseo lujurioso.

Seregruin no pudo menos que tomarla entre sus brazos. Con gran delicadeza. Como si no se hallaran en el sitio en que se encontraban. Como si no fueran estos dos los que se abrazaban... inverosímiles asesinos despiadados que se fundían -susurrantes- en la penumbra abandonada, cada uno buscando un resguardo en el pecho del otro.

Seregruin recordaría que no era esta la primera vez que encontraba a la Elfa con la guardia baja. Y sospechó que tampoco sería la última.

Poco tiempo después, Lómine y Seregruin pasaban junto a la Guardia Élfica que cerraba el acceso a los calabozos. Volvían al mismo Salón de las Grietas de las Libertinas que tantas veces les viera pasar.

Nada en derredor parecía importarles demasiado.

[Editado por seregruin el 21-07-2005 21:48]

Unos ojos parecieron encenderse en la oscuridad de las celdas de Nurn

El acto de la elfa no había sido advertido por este pequeño ser ni por su ama.

Las llaves quedaron solas en aquel pasillo oscuro,solas en apariencia pues unas manos las tomaron y abrieron la puerta.

El escape iba a ser esa noche

Interminables corredores que recorrieron los prisioneros,el guía felino y una elfa que en la retaguardia guiaba los pasos de los guardias....la huida parecía fácil,demasiado y esto era lo más temido por Kapelusz

Así casi llegan a un lugar alejado dónde los prisioneros se hallaron a salvo.

Mas no todo fue como lo planeado,la elfa de temibles ojos verde había sido vista.

Haradriel cambió sus ropas por otras y huyeron en un caballo que no les pertenecía a ninguno de los prisioneros

En cambio la elfa de ojos verdes mató a varios guardias y se escapó llegando a la oscuridad de su habitación.

Todo aquél que la vió había sido asesinado...

Así tomó varias ropas que le eran ajenas y se las puso...ató sus cabellos y se puso una máscara que en la oscuridad no dejaría ver el detalle del color de sus ojos.

Una tempestad recobró el poder sobre la posada....ningún sitio de Nurn sería seguro mas una vieja amiga podía ayudarle con la huida...En su mente apareció un mensaje\"Oraculo de Nurn\"

Eleanor Ronaele sonrio y bajo las escaleras vestida de negro.

La posada se hallaba casi desierta y ella sólo atino a sentarse en la barra a tomar algo....\"extraño es que halla alguien sirviendo algo\"pensó,los ojos de la elfa se llenaron de ausencia al recorrer el paso de su caballo con su mente...agradeciendo a la elfa nurnita la ayuda y queriendo no ser la próxima encerrada rogo en su mente a los Valar que salvaran a sus compatriotas mientras que tomaba una copa pareciendo estar imperturbable.

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Largo tiempo meditó Elboron el contenido de la misiva que hasta las puertas de su despacho en la Biblioteca le había llegado.

El misterioso billete firmado en sangre decía así:

Cita:</TD


Distinguido Señor de los Anales del Valle:

Ha llegado a mi conocimiento, tras largos años de estudio de los habitantes de estas nuestras tierras de Haldanóri, vuestra afición a recopilar, traducir y decodificar antiguos escritos, cuya conservación garantizáis en vuestra justamente bien afamada Biblioteca.

Pues bien, sabed que han llegado a mis manos unos extraños códices, pésimamente conservados y de tal antiguedad que siento temor de que el frágil pergamino se rompa. Mas no ha sido posible encontrar a nadie que sea capaz de descrifrar su secreto contenido, pues se hallan escritos en una lengua misteriosa, nunca oida por ningún ser de Haldanóri, ni siquiera los que nos vagnagloriamos de ser los seres más antiguos de ella.

Recurro a vos como última instancia, y vos debeis saber bien las razones. Pero si estuvierais interesado en prestarme ayuda, os estaré esperando en la Ciudad de Narmelost. Preguntad por un extraño local, Las Grietas de las Libertinas. Y podremos tratar con más calma estos asuntos.

Atentamente, y en espera de vuestra respuesta

Delissë Yestariel, Señora de Nurn

¿Quien sería esa tal Delisse y lo que le intrigaba aún más... ¿de que misteriosos y antiguos códices estaría hablando?

Nunca había sido un elfo temeroso mas... adentrarse hasta el corazón del territorio nurnita en plena guerra y siendo quien era bastaba para hacer temblar a cualquiera. No obstante, al final pudo más la curiosidad y aprovechando una nocturna velada en su biblioteca Elboron se despidió de sus amigos y allegados.

Al día siguiente cogió su gastado bastón de viaje, su vieja pipa y tras quitarse la diadema real, la insignia del Valle y los otros signos que lo identificaban como Elboron se vistió como un mercader y se dirigió al muelle de Nardazda con la intención de subirse en el primer mercante con destino a las oscuras tierras del norte.

Varios días después desembarcaba en Turelonde y tras un viaje sin incidentes por el territorio nurnita llegó a Narmelost, la gran capital y feudo de Nurn. Un escalofrío sacudió entonces al elfo y dudó, dudó si debía cruzar unos muros a los que tal vez nunca debería haber llegado. Apretó fuertemente su bastón y musitando una plegaria a Varda se encaminó hacia la gran puerta, custodidada por un piquete de soldados.

Afortunadamente unas cuantas monedas fueron peaje suficiente para evitar preguntas incómodas y tras zarandearlo un poco el elfo se encontró en el corazón de las tierras de los señores de Nurn.

Tras varios intentos infructuosos que casí acaban con derramamiento de sangre preguntando por la dirección de su misiva finalmente un joven edain le indicó el lugar donde podría encontrar la famosa posada de \"las grietas de las libertinas\" que su misterioso convocante había mencionado.

Armándose de valor traspasó el umbral y se adentró en el local. Suponía que la tal Delisse sería conocida por alguien y por experiencia propia sabía que esa información la obtendría en la barra y no esperando en la puerta...

Elboron había llegado a Nurn

Su voz se ausentó de pronto. No supo percibir muy bien qué había cambiado, pero algo la impulsaba. Se incorporó repentinamente en la cama, con la mirada perdida a través de los cristales rotos de la ventana.

- Debo marchar, Mi Señor Árchaon. Algo reclama mi atención, y no se siquiera explicar bien qué es. Pero algo extraño ocurre.

El la miró extrañado, y sus ojos verdes se velaron por un instante. Delissë tuvo la repentina sensación de que ocultaba algo. Algo importante. Se prometió a sí misma que aquella conversación no iba quedar postergada por mucho tiempo.

- Marchad, Mi Señora - dijo él, con voz suave - ¿Volvereis?

Ella sólo dijo \"Si\", y depositó un suave beso en sus labios.

Se levantó de la cama, y se puso de nuevo el vestido negro, que apenas cubría su cuerpo. Sus cabellos caían con soltura enmarcando su rostro. Salió por la puerta, y se volvió una última vez para lanzarle un beso.

Al salir, por encima de todo trató de recuperar su compostura. Descendió la escalinata de piedra, y paseo su mirada a lo largo del local. Y no vio nada que le pareciera anómalo en aquel lugar.

Por un momento pensó que su instinto le había jugado una mala pasada. Esperaba a alguien, sí. Pero desde luego, ninguno de los presentes parecía ser aquél a quien ella esperaba.

A lo lejos, un mercader elfo se acercaba a la barra. Y algo en su actitud, le llamó la atención. Quizás fue que aparentaba confianza, pero en cierta medida, la inseguridad de sus movimientos no pasó desapercibida para ella.

Delissë se acercó a la barra, llegando prácticamente a la vez que él.

- Vaya, vaya... - dijo, apoyando levemente la espalda en la barra, mientras miraba al hombre de abajo a arriba, para acabar mirando directamente a los ojos grises del elfo - Me asombra el valor que demuestran algunos extranjeros, llegados quien sabe de donde, y osan entrar allí donde esta prohibida la entrada a todos aquellos que no posean las más perversas intenciones.

El la miró un momento sin decir nada, y ella, desató su risa dulce y traviesa.

- Veo que el gato ha saboreado otra lengua - dijo nuevamente acercándose a él, de manera que casi podía saborear sus palabras. Luego se retiró de nuevo, riéndose - Pero decidme, ¿qué perversiones os traen a este local, pues más bien pareceis perdido...? Y realmente espero que vuestra respuesta satisfaga plenamente mi curiosidad, pues de lo contrario, la visión que ahora teneis ante vuestros ojos será la del mismísimo infierno.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Inglin cruzo rapidamente la sala principal de la taberna, no presto atencion al cruzarse con Lomine y Seregruin, ni ellos le prestaron atencion, tendrias sus asuntos que atender, pero algo le decia que pronto tendria que cruzar varias palabras con la elfa.

Las antorchas casi estinguidas, agonizaban en la oscuridad y la incertidumbre de aquel frio pazadiso. Tomo una en sus manos y la llama se reavivo al instante, por cada paso que daba su corazon se aceleraba y su respiracion se hacia mas fuerte. Los elfos que custodiaban a los presos de nurn habian sido muertos no hacia mucho tiempo, eso delataba que alli habia pasado algo, y que ni Seregruin ni Lomine tenian cuenta de lo ocurrido.

Soltando la antorcha comenzo a correr buscando en las celdas algun rastro que le dijera que era lo que habia pasado, al llegar a la ultima celda vio que alguien estaba sentado con la cabeza echada hacia un costado, la cabellera rubia cubria su rostro, la elfa se acerco a el retirando el pelo de su rostro, los ojos cerrados y una lenta respiracion debelaba que el estado del elfo no era el mejor en el que se podia esperar. Beso su frente y lo deposito en el banco de piedra. No habia rastro de la humana que debia encontrarse con el, las mazmorras estaban sumidas en un silencio de muerte, silencio que era testigo de un escape, de un escape que podria resultar muy problematico.

Inglin volvio junto al elfo preguntandose que hacer, era capaz de responder por el, pero no sabria como lo tomaria Dellise.

Sin otro testigo que el tiempo, y abrazada a un ser inconsiente de consolarla, se sento alli, intentando pensar, cual seria el proximo paso, no podia abusar de el en ese estado, pero donde estaba su alma nurnita, si habia llegado a para alli no era porque en su ser estaba la compasion.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Lófar venía frotándose las manos: la mañana estaba naciendo realmente fria; la lluvia había parado pero densos girones de niebla se deslizaban en el llano y esquivando los árboles.

Cuando se había separado la la Señora Inglin había ido hacia el robledal y había observado la entrada de la cueva del oráculo. Era una cueva grande, con muchas salas y muchas galerías oscuras, pero su entrada era angosta y flanqueda por frias yedras.

Pronto los Señores conocerían la existencia del Oráculo (si es que ya no lo conocían) incluso sería bueno: le daría una posición más relevante. En eso no había problema, siempre que lo supieran manejar con discreción.

Después de hablar con algunos de sus hombres y de asegurarse de que todo marchara bién regresó a la taberna. La mañana despuntaba.

Sus ropas eran elegantes y hermosas. Pero su túnica, negra y gris, de finos bordados, sin embargo, no era lo más adecuado para un día frío como ese.

Al pasar junto a la taberna, de camino a casa, vió a una muchachita que se arrebujaba bajo una capa gruesa. Le sonrió mientras se colocaba más elegantemente la capa -Creí que ya no vendrías, hace frio aquí fuera-. Lófar la miró divertido.

-Debiste esperarme dentro, tontuela.

-Es que ya me iba, decidí esperar un último minuto.

Exagerando un escalofrío metió medio cuerpo bajo la capa de la joven camarera de la Grietas y la agarró por la cintura. Con un movimiento brusco la chica se apartó -tienes la ropa empapada ¿de donde vienes?- Lófar, le besó los labios, un roce apenas -He pasado unas cuantas horas a la intemperie, pero no hay nada que no arregle un buen baño... un baño y unas pocas horas de sueño.

Y caminando abrazados, riendo de cualquier estupidez, entraron en la ciudad. Y dentro, las risas ya no sonaban tan alegres, se pegaban a los muros negros de Narmelost y la oscuridad las amortiguaba.

Haradriel miro a la elfa y en sus ojos vio furia, si aquella respuesta habia causado el efecto deseado, Lomine le respondio como debia, la muchacha sabia que podia matarla ahi mismo, asi que con cuidado tomo la daga de sus ropas por si acaso; entonces la elfa y el hombre salieron y Haradriel vio como las llaves caian del otro lado de la puerta sonrio, el escape ya estaba proximo, sin embargo vio al elfo, no podia llevarselo, era demaisado peligroso, pero tampoco podia dejarlo ahi, divago durante un momento y entonces rapidamente de sus ropas saco un pequeño frasco, no supo si el destino quiso que encontrara un papel o tal vez no, lo vio tirado lo recojio y con cuidado escribio una nota para Inglin:

\"lee esto con atencion Inglin: dale el frasco entero a Galandul, no preguntes que es solo daselo, despues busca a un maiar llamado Archaon, el te ayudara. Haradriel\"

puso la nota a lado del elfo y la botella la escondio en las ropas de este, fue entonces que vio a la que tanto esperaba, Elanor estaba ahi, no dijeron nada y salieron rapido sin ser detectadas, Haradriel cambio sus ropas y con mucho pesar se quito su velo y se puso una tunica que lo cubria en las sombras.

Ya estando en las caballerizas, le dio indicaciones a Elvaras y despues monto en el corcel de la elfa, para sali en la oscuridad de las tierras de nurn sin ser detectada.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Inglin se encontraba sumida en la oscuridad del calabozo, la cabeza le daba cueltas tratando de poner los sucesos en orden y principalmente intentando decidir que hacer.

A su lado vio un tarrito con un papel, aunque no sabia de que se trataba lo tomo y lo guardo.

Como si una luz se encendiera en su cabeza, se incorporo y le susurro al elfo unas palabras intengibles en elfico, él lentamente se levanto del asiento, sus brazos pàrecian inertes, colgando a su lado. La elfa paso uno de ellos alrededor de su cuerpo y comenzo a caminar lentamente, como si en cada paso que diera sintiera que un holor horrible le punzaba el cuerpo.

Una vez que llego a la taberna no se detuvo a ver quienes se encontraban alli, subio lentamente las escaleras con Galandul a cuestas hasta que llego a su habitacion. Entro y acosto al elfo en la cama a medio hacer, le retiro la ropa sucia, y lo tapo con las sabanas, luego fue al pequeño fogon que tenia en su cuarto y puso unas cuantas ramas a arder.

Luego se sento al lado de elfo, que yacia totalmente inconciente en la cama. Puso su mano en el bolsillo y saco el papel , este decia \"lee esto con atencion Inglin: dale el frasco entero a Galandul, no preguntes que es solo daselo, despues busca a un maiar llamado Archaon, el te ayudara. Haradriel\" ,Haradriel, ¿Habria matado ella sola a los guardias? y ¿Que habria sido lo que la habia llevado a preocuparse por el elfo en tal situacion? se preguntaba la elfa olvidando que la humana pertenecia a la Alianza y no a Nurn.

Deslizo la tapa del frasco y un olor dulce inundo la habitacion -¿Debia darle la mezcla o seria solo una trampa de la humana?- se preguntaba la elfa, decidiendo que no habia nada mejor que hacer. Acaricio la mejilla de Galandul y este abrio los ojos, no dijo nada, pero escucho las palabras de la elfa que decian -Tomate esto, ahora estas en mis manos y no dejare que nada te ocurra- dandole el frasco al elfo salio de la habitacion, aun resonaba en su cabeza el nombre Archaon, ¿que podria hacer el para ayudar al elfo?

En la sala de la taberna solo vio a Dellise hablando con un desconocido, pero incapaz de preguntarle si era la persona que estaba buscando se retiro a una mesa, alli vio que Lofar charlaba animadamente con una chica y recordo cuales eran sus intenciones, no podia permitir que el elfo se fuera, tenia todas las de ganar, no debia desaprovecharlas.

Hacia tiempo que se habia olvidado de sus obligaciones alli, asi que decidio que si las desatendia un tiempo mas no habria problema. Sentada en la mesa, se retiro a pensar, y esperar al maia.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Eleanor Ronaele vio con cierto temor que la posada volvía revivir y a llenarse de posibles enemigos.

Eleanor Ronaele tomo la copa de un trago y recordando el ajustado traje negro que llevaba se dió cuenta que la unica forma de llamar menos la atención era estar con algún desconocido o entablar conversaciones

Su mente le recordaba el tener que ser cautelosa...allí todos podían ser enemigos,.\"Lo de estar en el corazón de Nurn\"Eleanor Ronaele se sonrio pensando en lo que pasaría mañana

\"¿Mañana?Mañana será otro día\" pensó mientras salía de la barra y se sentaba en una mesa lejana.

\"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira,

les diré que llegué de un mundo raro..\"

Serrat

Seregruin y Lómine llegaron a sus habitaciones sin echar una mirada sobre el Salón... y durante muchas horas nada interrumpió su placer ni la dedicación con que cada uno se entregaba al otro, a cada momento en modo más apasionado.

Sólo cuando Seregruin mandó buscar un botellón de licor de mieles a la despensa del antro, se le entregó una nota informando de los sucesos en los calabozos... de la aparente fuga de Galandul y Haradriel por manos ignotas, y de la muerte de la Guardia Élfica de élite de las Grietas.

Seregruin releyó la esquela en voz alta a Lómine. Ambos se habían echado sobre los cojines de la extensa Cama Señorial, y se divertían tanto de su propio asombro -y de que ellos no se hubieran enterado de nada, tan en ellos mismos como estaban-, como de que alguien hubiera tenido semejante osadía y valor como para llevar a cabo un rescate tan sangriento allí donde sólo hacía falta echar la llave...

Aparentemente, estos hechos habían ocurrido muy poco después de que ellos salieran de allí, y la misteriosa libertad de los prisioneros vino de parte de una desconcida elfa embozada que -los espías dudaban en este punto-, probablemente tuviera rojos cabellos y viajara con un gato.

Seregruin y Anamóriel compartieron una mirada que parecía una carcajada: \"ese gato\"

Y -extrañamente, también- la misteriosa extranjera que había dado vía libre a Haradriel para huir, habría dejado a su suerte en el calabozo a Galandul, el Tasariano ...antes de salir abriéndose paso por entre los Elfos de Nurn. Pero ¿quién podría haber realizado semejante acción con la sangre fría digna de un nurnita?

Seregruin y Lómine rieron de buena gana una vez liberada la tensión de aquella tarde en los calabozos. Haciendo las preocupaciones nuevamente a un lado, se entregaron a sus placeres fundiéndose en un renovado abrazo.

-----------

Sólo más tarde, cuando Anamóriel ya hacía un rato había entrecerrado sus élficos ojos, su rostro vuelto hacia los grandes ventanales estrellados de la noche de Nármelost, el hombre redactó una nota para su querida Yestariel.

Cita:</TD


Ay, Dama, la Más Terrible de todas ellas,

Hoy ha regresado Lómine desde el frente de batalla, y de ningún modo hubiera permitido que me ausentara de su lecho y de su alcoba esta noche ...¡Qué pesar para mí no poder acudir contigo a tus salas! ¡Qué desgracia no poder hendir el rojo de tus sedas!...

Espero que entiendas mi situación, y que desees conmigo que esta mi tarea alcance los resultados que buscamos, prontamente y de la mejor manera... Creéme: todo lo que hago es para que así sea, querida mía.

En cuanto a los recientes sucesos de las Grietas de las Libertinas (la encarcelación y posterior fuga del tasariano y la haradrim), has de saber que, en compañía de Lómine, hemos ido hasta el calabozo de los prisioneros (ni bien fueron allí recluidos), en la intención de averiguar de qué se trataba todo aquello -en especial en relación a nuestra querida Inglin, como sospecharás-.

Pues bien, nada hemos sacado en limpio, ya que el Elfo se encontraba en un calamitoso estado, postrado por efecto de tu propio e inigualable poder. Y la humana aparentó ser inocente, y así lo creímos finalmente con Lómine ...en fin, muy poco después nos marchamos de allí con las manos vacías y un profundo deseo de quitar toda aquella lastimosa situación de nuestros espíritus.

Así que aquí estamos, mi Señora. Lómine duerme finalmente, agotada de las batallas, el viaje y el molesto incidente de hoy...

Pero yo no puedo dormir, en cambio. Mis informantes me han dejado una esquela con el relato de lo sucedido en los calabozos (era hora de que te lo confesara, mi Dama... también poseo espías destacados aquí en Nármelost, a mi propia cuenta)...

...y lo que este informe dice no es nada grato, para nadie. Quien se ha cargado a la guardia de élite de las Grietas, y liberado a los prisioneros, es una elfa extranjera, de rojos cabellos, que viaja acompañada por un felino de extraña inteligencia. Luego de abrir la puerta a los prisioneros, dejó el lugar en medio de una carnicería de los nuestros...

Pero lo más extraño de todo es que, aunque la intrusa Haradrim parece haber escapado, el elfo tasariano ha quedado allí donde estaba ...¡y ha sido rescatado por nuestra querida Inglin!

Mi Dama, disculparás mis confusiones al respecto ¡pero es que ya no sé qué pensar acerca de todo esto! ..¿no crees que sería hora de investigar entre los papeles de la Elda Inglin?

Estaré en la habitación acostumbrada...

A tu entera disposicion...

Y profundamente inquieto...

¿Qué es lo que estará sucediendo entre los nuestros?

Sospecho que pronto lo averiguaremos.

Aquí van mis pensamientos contigo, Dama de mis Noches.

[Editado por seregruin el 24-07-2005 00:54]

Un hombre vestido de negro se acercó hasta Delissë, con las manos temblorosas ante la interrupción que debía llevar a cabo.

- Mi Señora... Si me permitís un momento... - dijo suavemente.

Ella se volvió de golpe, clavando su mirada violeta en él, de manera que el hombre empezó a temblar visiblemente.

- ¿Qué sucede? - preguntó, con un tono que dejaba bien a las claras el peligro que se avecinaba.

- Tengo una carta urgente para Vos, Mi Señora Yestariel - dijo él, sin mirarla a los ojos.

- ¡Retirate! - respondió, mientras tomaba ávidamente la carta que el hombre le tendía. Y él desapareció de la sala rápidamente, conteniendo la respiración.

Miró nuevamente al mercader elfo, y su mirada seguía siendo fría y distante:

- Más os vale no moveros de aquí, extranjero.

Delissë se separó de él, y leyó la nota rápidamente. Y volvió a leerla. Y una vez más la leyó, antes de que la nota comenzara a arder en sus manos, cayendo al suelo consumida en cenizas.

Y cerró los ojos un instante, y miles de imágenes aceleradas acudieron a su mente. Pero cuando volvió a abrir los ojos, el fuego de la ira había cambiado su color, y el violento destello rojo iluminaba la estancia mientras ella escudriñaba los rostros de aquellos que se encontraban allí.

La sala entera enmudeció de pronto. El miedo se apoderó de ellos, pues no sabían a ciencia cierta qué era lo que estaba ocurriendo, pero sí que algo terrible estaba a punto de ocurrir.

Delissë avanzó entre las mesas, mientras una tormenta parecía haberse desatado dentro de la taberna. Sus cabellos se alzaban al viento, y sus ojos lanzaban destellos de fuego. Y finalmente se situó frente a la mesa de aquella mujer. A sus pies, un felino. Pero fueron sus cabellos rojos los que la delataron.

La mesa frente a la que se hayaba sentada estalló en mil pedazos, clavando en la piel de la elfa de rojos cabellos miles de diminutas esquirlas de madera. Y Delissë alzó la mano, y acarició primero su pelo, mientras una sonrisa asomaba a sus labios.

- Así que aquí te escondías, miserable. No concibo siquiera a entender cómo te atreves a seguir aquí después de tus actos. ¿Valor, o quizás estupidez? Me inclino más por la segunda opción, por que nada de lo que has hecho ha pasado de ser más que una estupidez tras otra - Delissë detuvo su caricia, y agarró violentamente a la mujer de los cabellos, arrastrándola hacia ella - ¿Pero no pensarías siquiera por un instante que todo iba a ser tan fácil, verdad?

La puerta de la taberna se abrió con un fuerte golpe, y una guardia de Elfos entró, situándose tras la elfa y sujetándola con fuerza. Delissë la soltó entonces, para golpear después el rostro de la mujer con fuerza salvaje, rasgando su mejilla y dejando un reguero de sangre.

- ¡Seguidme! - ordenó. Y salieron de Las Grietas, dejando atrás un local arrasado por su ira, y arrastrando consigo a la culpable de tan violento atentado contra las leyes Nurnitas.

El sol comenzaba ya a inundar las calles de Narmelost, y la ciudad comenzaba a vivir tras una noche de descanso. Ver pasar aquella comitiva, encabezada por la imagen viva de la furia desmedida, auguraba quizás cierta paz para otros. Pero no para la mujer arrastrada por el suelo empedrado, mientras sangraba de cientos de heridas en el cuerpo y el rostro.

Penetraron en Morna Selmë por una entrada lateral, y se dirigieron directamente a las mazmorras de Yaimë Farnë. Bajaban las escaleras rápidamente, mientras la oscuridad se hacía cada vez más intensa a su alrrededor.

El sonido del llanto y del dolor llegó hasta ellos como un golpe intenso, quizás nunca tan placentero para Delissë como en aquella ocasión. Entraron en una sala iluminada tenuemente con antorchas, y los elfos encadenaron a su prisionera de pies y manos, con fuertes grilletes que Delissë misma cerró con un encantamiento.

- Y ahora - dijo, acercándose a la elfa nuevamente - esperarás aquí la sentencia de los Señores de Nurn. Pero ten por seguro que la espera no será aburrida. Desde luego que no.

Y salió de la sala, dejando a la mujer sola, sumida en la oscuridad.

- Si alguien osa si quiera acercarse a esta sala, sea quien sea, matadlo.

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Delissë caminaba rápidamente por los brillantes suelos de mármol negro del pasillo. Desde luego, no entendía en absoluto por qué la irrupción de aquella elfa en la trama que hacía tiempo se desarrollaba en Narmelost, pero lo que era seguro, que la destrucción de la Guardía de Elfos que se había producido no quedaría impune.

Y mientras su mente volvía de nuevo a Seregruin y Lómine. Desde luego, había sido astuto. Ahora, quedaba revisar aquellos textos. Y se encontraba ahora mismo en el sitio adecuado. Pero primero lo primero. Ajusticiar a esa elfa mal nacida, o quizás sacar provecho de ella.

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PD.- Esta parte de la historia deberá seguir en Narmelost. Se enviará un mensaje a los Valar, solicitando la consideración de Eleanor Ronaele como prisionera de Nurn, por haber llevado a cabo actos contrarios a la legislación Nurnita publicada en este foro.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Khazgarn entro en la taberna. Oculto bajo su capa solo dejaba entreber uno brillantes ojos claros.

Se sento en la barra.

-Cerveza.- solicito

Miro a su alrededor. Aqui habia una presencia que conocia. Habia alguien al que hacia tiempo que habia buscado.

El sol del mediodía iluminaba con fuerza el camino, mientras Delissë se apresuraba de camino a la taberna. Abrió rápidamente la puerta, a fin de resguardarse del calor, entre el frescor de piedra.

Los camareros habían conseguido recomponer el local rápidamente, y algunos se encogieron al verla de nuevo. Pero ella simplemente pasó entre las mesas como una visión vestida de blanco y plata, con los cabellos recogidos en una larga trenza que caía por su espalda, coronando su cabeza con una ligera diadema de plata y perlas.

Sonrió levemente a uno de los camareros, y ordenó que le sirvieran algo, mientras buscaba con la mirada al mercader elfo que había ordenado que la esperara allí.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Tres días pasaron desde que Fëathoron partió sin demora de las ahora lejanas tierra de la Alianza hasta el lugar citado por la misteriosa dama, mas no solo tres días pues a ese tiempo se le debería sumar la noche del día siguiente en la que Fëathoron contemplaba las estrellas brillar con intensidad…

La noche estrellada se vio precedida por el fulgente sol cuyo calor penetraba en Fëathoron a su antojo fue entonces cuando divisó a lo lejos las Grietas Libertinas, lugar donde estaba citado…

Se dispuso a entrar y solo la figura de una bella dama cuya figura quedaba estilizada como si su cuerpo estuviese recorrido por ríos de oro y plata resplandeciente…entonces se pregunto quien seria cual bella criatura.

Delissë había pasado tres días vigilando la suerte de su prisionera, y desde luego necesitaba un respiro después los largos quehaceres en Narmelost. Mientras tomaba un trago del líquido dorado, pensaba acerca de las cartas que Seregruin le había instado a consultar. Tener acceso a ellas era ahora sumamente importante, a fin de desentrañar la maraña de sucesos que acontecía de manera subrepticia a todo lo que ellos podían ver.

Además, era consciente de que hasta cierto punto, el fantasma de los celos rondaba al hombre, tras su encuentro con Archaon. Y Delissë, quién también había sido acosada por el mismo fantasma en favor de sus propias intrigas, no sabía muy bien qué pensar al respecto. Pero sobre todo, esperaba que pronto llegara el momento de encontrarse, y quizás de conseguir aclarar entre los dos qué era lo que estaba sucediendo después de todo... La inquietud al pensar en un próximo encuentro recorrió su cuerpo, haciendola temblar levemente.

Las puertas se abrieron de par en par, y la luz del sol inundó la taberna, cegando momentaneamente a los que allí se encontraban. Y un elfo entró en la taberna, portando insignias visibles de que era miembro de la Alianza de Eithel-Glîn.

Cuando las sombras volvieron a cubrir la taberna, una vez cerrada la puerta tras él, ella lo miró a los ojos, y supo que era alguien a quien había estado esperando. Y él quedó preso un instante de su mirada violeta, pero ella no dijo nada, y esperó que se acercara.

- Entiendo que sois vos quien yo esperaba - dijo, con un tono de voz que sonaba dulce - Mi nombre es Delissë Yestariel, Señora de Nurn.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Fëathoron notaba como su cuerpo permanecía petrificado ante aquella dama…mas reunió fuerzas y le dijo:

-Soy Fëathoron, recibí vuestro mensaje e inmediatamente partí para solventar la incidencia con Eleanor Ronaele…¿Permaneceremos aquí o en Narmelost será donde tendremos la reunión?...

El elfo sentía una extraña sensación con la presencia de aquella mujer…y le preguntó:

-¿Os conozco de algún tiempo anterior?

Delisse Yestariel miró a los ojos del hombre, y se encontró con una mirada de color pardo, que reflejaba por encima de todo, nobleza y valor. Entendía que habían enviado a encontrarse con ella a un digno emisario.

Pero eso no impediría en modo alguno que ella llevara a cabo los planes que le tenía reservados. Sólo que sería para ella un placer mayor si cabe. El encantamiento creado a su alrededor no tardaría en desvanecerse, y la taberna volvería a ser lo que era antes de su llegada...

- Quizás... Señor, es posible que nos conozcamos. Muchos nombres tomé en el pasado, y muchos lugares conocí, más no siendo quien soy ahora. - dijo, rememorando tiempos lejanos - Acompañadme a Morna Selmë, Señor, donde podremos resolver este asunto con mayor tranquilidad.

Y ella se dio la vuelta, y el quedó por un instante perdido, lejos de la intensidad de sus ojos, y de la dulzura de sus palabras. Como si hubiera dejado de ver por un instante. Y ella salió de alli, seguida del elfo, y cuando cerró la puerta tras ella, el hechizo de la taberna desapareció, dando de nuevo vida al bullicio que siempre latía en ella.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Mientras que ahogaba su sed en la jarra de cerveza Morquarë vigilaba a su maestro tras su húmeda mata de pelo. Ian, mejor dicho Celvarán, descansaba aparentemente en la barra, disfrutando como sus anillos de humo surcaban la taberna hasta estrellarse contra el mugriento techo, pero sin embargo éste estaba atento de las conversaciones y los acontecimientos que pasaban en la taberna al igual que lo estaba elfo desde su mesa.

La puerta volvió a abrirse y esta vez fue para dejar pasar a dos marineros cargando en sus brazos un pesado cofre de detalles dorados.

-Señor donde puedo encontrar a vuestro amigo, pues supongo que deseará recuperar sus pertenencias ahora que hemos comenzado a llevar su barco de nuevo a flote- dijeron los marineros tras dar con Morquarë entre la multitud. Annawen que se había arrastrado junto a los marineros no pudo reprimir un gruñido al ver al elfo comenzar a apoderarse del cofre, pero su gruñido fue pronto apagado cuando sus ojos azules se encontraron con los dorados de Celvarán ya sobre el cofre.

-Si no te importa yo seré quien me haga cargo, no estoy dispuesto a pasarme toda la estancia así vestido- sonrió Celvarán dejando entre ver su hilera de diente levemente afilados, preludio de unos afilados colmillos blancos. Y tras esto se echó el cofre al hombro y abandonó la taberna, encaminándose de nuevo hacia su habitación.

Entre las pertenencias del hobbit se encontraban el Taurëndili, la armadura y armas de Thauld (regalo del rey Thrym), una serie de artilugios y pociones, así como un cúmulo de ropas y finas armaduras. De entre ellas Celvarán escogió una armadura de cuero negro, hecha principalmente por piel de lagarto y galvorn, solamente decorada por finos detalles en oro y mithril. La armadura le cubría además del torso los brazos a los cuales quedaban firmemente cogidos gracias a una tira de escamas encajada en el hueco entre índice y pulgar. El resto del conjunto iba acompañado por unos corrientes pero cómodos pantalones aderezados por un cinto, y unas lustrosas botas, ambos atuendos de la misma negrura que la armadura.

Contento con el resultado volvió a la taberna no sin antes hacerse con unos cuantos puñales y dagas de galvorn, así como ganzúas, y pequeñas pócimas y artilugios que escondió hábilmente bajo la armadura, enfundados en el cinto. Ya iba a marcharse cuando reparo en el Taurëndili, y envolviéndolo en una bolsa y anudándoselo por la cuerda al cinturón marchó finalmente de la habitación llevándose también consigo una nueva bolsa de hierba para pipa.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Lómine, sentada en el marco de la enorme ventana, observaba como la dorada luz de Anar asomaba lentamente sobre los riscos que rodeaban el valle en el que se levantaba Narmelost, para luego perderse bajo la cenicienta atmósfera que cubría el territorio nurnita. Los recientes hechos ocurridos en las Grietas le dejaban un especial sinsabor, le preocupaba la sutil antipatía surgida entre Inglin y Delissë a raíz del incidente con Galandul y su joven acompañante, un incidente provocado por la singular estima que la elfa aparentaba sentir por el extranjero; Y luego la noticia de la fuga y el asesinato de los guardas en las mazmorras, seguido por la furia incontenible de la Maia y la arresto de aquella elfa de rojos cabellos conocida como Eleanor Ronaele, ocurrido tres noches atrás. Desde entonces se comentaba en los corredores del antro que se encontraba prisionera en las mazmorras de Yaimë Farnë y que la propia Delissë se hallaba a cargo de su vigilancia.

Un escalofrío recorrió su espalda, la elfa dobló las rodillas y las acercó las piernas a su pecho hasta abrazarlas, mientras su cabello revoloteaba con la gélida brisa ¿Y si alguien descubría su participación en la fuga de los prisioneros? Imposible... Tanto ella como Seregruin fueron vistos en los oscuros pasillos subterráneos absortos en sí mismos y sumidos en el placer de encontrarse uno en brazos del otro, demasiado distantes, ajenos a la realidad que los envolvía a su alrededor; Y ese era argumento suficiente para exonerarlos de un posible acto de traición; en cuanto a Seregruin, bueno... había resuelto ese detalle de forma un tanto diferente...

Lómine fijó su mirada en el trozo de papel que descansaba sobre el escritorio, tal vez era hora de redactar una nueva carta...

Cita:</TD
Querida amiga,

¿Qué ha pasado contigo? No tengo noticias tuyas desde hace varios días y quienes te han visto aseguran que tu semblante se ha opacado y el brillo de tus ojos desaparecido. ¡Ay amiga! Rompe tu silencio y dime ¿qué es aquello tan grave que te ocurre? ¿Acaso tiene algo que ver con las acciones de Delissë? Fui testigo de su furia y las voces apagadas que resuenan en los pasillos dan cuenta de su enojo... y del tuyo. Ten cuidado, sabes mejor que yo que Yestariel es tan voluble, tan inestable, tan peligrosa como el río de lava que circunda la ciudad ¡y aun así te enfrentas a ella! Empiezo a pensar que, tal vez, tu seas tan peligrosa como nuestra Maia... Las relaciones entre vosotras se hallan tensas y eso, querida, no es conveniente para ti ni para el clan en general, solo imagina las nuevas que los espías han llevado a las tierras más allá de nuestras fronteras: “una crisis de autoridad sacude a Nurn” ¿ves la inconveniencia de vuestro enojo? Intenta calmar los ánimos y por nada del mundo pierdas la confianza que Delissë ha depositado en ti, y si para reafirmarla necesitas mi ayuda, sabes que cuentas con ello.

Pero no solo consejos lleva esta carta, mi oscura compañera, en ella debo dar cuenta de mis acciones, porque sé que tarde o temprano llegará el rumor a tus oídos y podrías malinterpretarme. La noche del incidente, poco después que dejaras el salón principal de las Grietas, Seregruin y yo nos escabullimos hacia las mazmorras en busca de los prisioneros. Te preguntarás ¿Por qué lo hice? Pues bien, pude ver que algo te liga a ellos -aunque ignoro qué podrá ser y respeto tu silencio- y temiendo que pudiesen ser interrogados y sus palabras ser causa de un grave daño, decidí probar la astucia y lealtad que pudieran tener por ti y cuan dispuestos a confesar podrían estar; Les prometí la libertad a cambio de sus palabras y sin embargo nada pude descubrir, tu secreto está a salvo... y por mi dulce mestizo no habrás de preocuparte, el llevarlo conmigo me ha asegurado su silencio, una sola palabra en mi contra y él también caerá.

Ahora debo dejarte, los cuervos revolotean en mi ventana en busca de carne fresca; al anochecer buscaré tu respuesta.

Con infinito cariño,

Tu fiel e inquieta compañera.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin sentada en el alfelizar de la ventana vio como un cuervo negro brillante (estilo hamburgo xD) con una carta atada a sus pies. Rapidamente abrio la ventana y tomo la carta, con un graznido se alejo volando.

La elfa tomo la carta y suspiro de alivio cuando vio que pertenecia a Lomine. Leyo la carta con detenimiento, era bastante real lo que decia en ella, pero habia cosas que la elfa no sabia y que debia enterarse en ese mismo momento.

Busco en sus cajones una hoja de papel y deslizo una silla en frente de la chimenea, cuyas llamas crepitaban alegremente en la oscuridad de la habitacion.

Cita:</TD
Querida Lomine:

No te das una idea del alivio que siento al recibir noticias tuyas, ultimamente no hay nadie con quien poder hablar, y creo que hay muchas cosas de las que te debes enterar.

De la humana no puedo decirte mas de lo que sabes, si ella en las mazmorras no confeso nada desconozco porque razon lo hizo. No he podido hablar con ella, por lo que no se decirte que busca de nosotros y en cuanto a porque buscaba a Galandul yo tampoco lo se, y lamentablemente no puedo preguntarle aun, aunque dudo mucho de que la conozca, y si le debelo sus intenciones en el calabozo, cosa que me parece bastante improbable, no creo que lo recuerde en el estado en que se encontraba. Cuando todo vuelva a la normalidad, o a lo que mas se parezca a ella, la buscaremos si es nesesario hermana, despreocupate por eso, hay cosas mas importantes ahora.

Sobre el elfo, ay amiga mia, que decirte sobre el elfo cuando yo misma aun no se que sera de nosotros. Es un amigo con el que me reecontrado, si bien simulamos que no nos conociamos fue solo para no levantar las sospechas de nadie, pero creo que ahora este acto se nos volvera en nuestra contra. Hoy reposa en mi habitacion, aun le quedara un tiempo para recuperarse.

En cuanto a su recuperacion debo contarte algo de gran incertidumbre para mi. Cuando fui al calabozo a buscarlo encontre a su lado un frasco y una nota. Estos pertenecian a la humana que habia estado junto a el en ese endiablado lugar. El papel decia que debia darle el contenido del frasco y luego buscar a un maia llamado Archaon. No lo he encontrado aun, pero parece que el contenido del frasco le ha hecho bien, pues progresa dia dia. Peor mi pregunta ante este echo es ¿Que fue lo que llevo a la humana a interesarse por el bienestar de alguien a quien supuestamente no conocia? tengo dos respuestas a esta pregunta, pero me gustaria que me dijeras cual crees que puede ser la mas acertada. La primera seria que ella lo conociera de algun lado, por lo que le preocupara su salud y la segunda, la que creo yo es mas probable, es que lo halla echo solo por ayudar a alguien que se encontraba en nesesidad, esa idea no me cabe en la cabeza, aunque he tratado de pensar como un alma noble, no lamento que he olvidado casi todo lo que se relaciona con ellas. Espero que me ayudes en esa cuestion.

Sobre Dellise, creo que es un tema delicado, le he dicho lo mismo que a ti sobre el elfo y la humana, pero dudo de que me haya creido. Trate de demostrarle con palabras que puede depositar en mi su confianza, pero como estan las cosas dudo que me haya creido completamente, pero deberia saber que no tiene nada que temer. Creo que su cabeza estara ahora en otro lugar, pero si no me equivoco volvera pronto hacia nosotros, y debemos estar atentos y actuar con sabiduria, se que sabes como manejarlo.

Espero que la relacion con el mestizo este bien, siempre y cuando te haga bien sabes que te apoyare. Espero verre pronto.

Un abrazo desde las tinieblas de Nurn.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Tras casi dos semanas de largo sueño de recuperación abrio muy lentamente y pestañeando sus ojos. No se sentia con fuerzas de hablar y mucho menos de levantarse, incluso le resultaba extremadamente dificil pensar con claridad.

Algo extraño habia sucedido, ya que el elfo habia perdido su memoria, no recordaba nada desde que se desperto, ni si quiera su nombre, ni que le habia pasado, ni donde estaba.

Se encontraba asustado por lo que acontecia el no recordar nada. Cerro de nuevo los ojos para volver a abrirlos y dirigir su mirada hacia la ventana, la luz le dio de lleno en la cara, y esta le dio fuerza para pronunciar algo:

- ¿Qué ha pasado?

Tras decir esto, el elfo volvio a cerrar los ojos derrotado, por un esfuerzo que ni siquiera a un niño le hubiera costado decir y volvio a caer en un sueño profundo como si asi pudiera recordar algo.

Una nueva misiva se deslizó bajo la puerta de Inglin, ningún sello delataba su procedencia, sin embargo la elfa sabía muy bien de quien se trataba...

Cita:</TD
Á! Melda Inglin! (Oh! Querida Inglin)

¡Me hace tan feliz recibir tu carta y me mortifica tanto la angustia que estás viviendo! Imagino la soledad de tu espera frente a quien comparte con nosotras el don de los primeros nacidos, y que lucha incansablemente por no caer en la oscuridad de la agonía sin muerte; más me dicen tus palabras que el extraño brebaje que descubriste a su lado le ha devuelto la vida y luz a su mustio semblante. Ignoro las razones por las cuales la extraña viajera le ha dejado abandonado y sin embargo tuvo la “gentileza” de esconder el pequeño frasco y una nota entre las ropas del agónico prisionero, tal vez sea como dices, que la bondad de su alma no pudo ser ignorada y decidió acallarla con una última buena acción, capaz de salvar la mente y el alma de tu protegido. No te preocupes por ello, tarde o temprano descubriremos las verdaderas razones que llevaron a la pequeña Edain a actuar de forma tan singular.

Me dicen también que aquel a quien buscas, Arcano, fue visto con Delissë días atrás y ese detalle me tiene inquieta, no sé que planea nuestra Maia pero confío en que sus intempestivas y misteriosas maniobras traigan buena finalidad en beneficio de Nurn.

En cuanto a Seregruin puedo decirte que aquello que comenzó como una simple maniobra en mi tarea de vigilarlo, se ha convertido en un placer tan insospechado como paradójico, pero que con enorme deleite seguiré llevando a cabo.

Merin hilyalë tengwalilya, Meldonya (volveremos a escribirnos, amiga mía)

Namárië

Anamoriel

[Editado por Seshat el 27-07-2005 20:04]

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Pasó un día y de nuevo los ojos del elfo se volvieron a abrir de una forma más enérgica. Tras un momento de interes en el techo de la habitación se sentó en la cama. Miró detenidamente por la ventana desde la cama y se incorporó al momento vió a una hermosa elfa sentada en lo que parecia o mejor dicho era una incómoda y sin intentar no despertarla la agarró en brazos y la echó a la cama. La elfa parecia muy muy cansada y no podia recordar quién era la hermosa elfa, pero desde luego su cara le recordaba a alguien y si ella estaba alli el elfo supuso que le estaba cuidando y no podía dejar a alguien que le estaba cuidando de esa forma. El elfo se dio cuenta que se encontraba desnudo y aprovecho para ir a bañarse.

Intentando hacer memoria de la chica que estaba ahora en la cama sólo le venía un nombre a la cabeza, Inglin, pero aún así no sabía quién era ni si su nombre era ese, simplemente era lo que se le ocurrió.

De un momento a otro la elfa paso de estar sentada en la ventana a encontrarse en medio de la cama, puesta alli por el el elfo y oyendo el ruido del agua en el baño.

Un ruido se escucho detras de la puerta, sin ganas la elfa se levanto de la cama y recogio la nota. Tirandose nuevamente en la cama abrio el sobre y leyo la nota que solo podia pertenecer a alguien. Una sonrisa asomo en su rostro -Ojala termine lo mejor posible - penso y dejando la carta en la mesita de luz se recosto mirando al techo, que nunca le habian parecido tan interesante. Unas posbiles ideas sobre una contestacion surgian en su cabeza, pero decidio dejarlas para despues.

El ruido en el baño habia cesado.

[Editado por Carlita el 28-07-2005 02:33]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Había terminado de ducharse y seguía pensando en ese nombre. Aún no del todo seco, el elfo sale del baño totalmente desnudo confiando en que la elfa está dormida y no fija su mirada en la cama donde esta y se limita a empezar a vestirse, cuando en un momento se mira al espejo y en su reflejo ve a la elfa en el fondo despierta. Rápidamente se dispone a taparse con lo primero que encuentra un trapo y dice:

- Hoooola, eee buenos dias, siento....¿y mi ropa?- dice el elfo. Por cierto, ¿donde estoy?

Inglin fijo los ojos en los del elfo.

-Tu ropa esta en el placard donde se guarda la ropa, aunque no veo para que la quieres, para mi gusto estas bien asi- Liberando una fluida risa se levanto y acariciando la mejilla del elfo le dijo -Soy inglin, y hasta que no te recuperes estaras bajo mi severo cuidado, sabras que no te conviene hacerme enojar bello elfo- Ante la mirada perpleja del elfo, la elfa siguio hablando como si nada -Ya veremos que hacemos para que recuperes la memoria, aunque sospecho que vendra sola- y dandole un beso se recosto nuevamente en la cama y cerro sus ojos -Si es tu deseo los cerrare, aunque no tienes nada que ocultar, y si lo tenias ya lo he visto-.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

El elfo se quedó perplejo al escuchar su nombre y se quedó inmovil en cuanto la elfa cerró de nuevo sus lindos ojos se puso los pantalones y susurrandole al oido de la elfa le dijo que si podía acostar junto a ella y la prometió no hacer nada mientras ella durmiera, ya que en parte era una desconocida para él.

- ¿Me podría acostar en el otro lado de la cama?- le susurro al oido. Sino no me importara dormir en la silla.

Al ver que la elfa estaba dormida, no dudo en no molestarla mas y se acomodo en la silla. La silla era tan incomoda que no se podia dormir en ella, entonces comprendio el sueño de la elfa. Y no tuvo mas remedio que ponerse a pensar y a intentar hacer memoria. Fue entonces cuando el elfo cayo en un profundo sueño en el que aparecian el y la elfa llamada Inglin, era la elfa que le estaba cuidando y ella le llamaba Galandul, ese debía ser su nombre.

En el sueño se encontabran en una pradera, ambos corriendo y jugando, tipico de elfos, cerca de la pradera se hallaba un oscuro bosque. Los elfos seguian jugando a esconderse, y la elfa se adentro en el oscuro bosque en el cual Galandul no logró encontrarla y entonces el elfo desperto empapado en sudor.

[Editado por Galandul el 28-07-2005 03:19]

La elfa escuchaba las palabras del elfo, iba a responder, pero decidio ahorrarse las palabras y ver que hacia, despues de todo esas acciones podian demostrar mas de lo que parecian.

La elfa abrrio los ojos y miro a su costado, el elfo dormia, o parecia dormir, se levanto lentamente y se asomo en la ventana, la noche se abria paso en las tierras nurnitas.

Debia encontrarse con el, si no mejoraba no le serviria de mucho, y recordo con nostalgia aquella noche -ojala todo pudiera ser como antes- penso, lamentandose por la situacion ocurrida.

Se sento en el borde de la cama y le parecio que una mano se deslizaba por su cintura, abrio los ojos, la oscuridad habia inundado la habitacion, miro hacia la cama y el elfo no yacia en ella. Se recosto nuevamente, no podia ir muy lejos con la puerta cerrada, y ahogando una risa cerro los ojos.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Cuando despertó el elfo encontro a Inglin en el borde de la cama y sintió la extrema necesidad de darla un abrazo. Se levanto de la silla y se dispuso a hacerlo. Con ella Galandul parecia sentirse seguro, tras el abrazo le contó su sueño y se sento al lado de ella, entonces le dijo:

- Me gustaria que me contaras si tu y yo nos conocemos anteriormente. Porque creo que es asi y no logro recordar nada. ¿Qué es lo que ha pasado?. No logro recordar nada, ¿soy algo tuyo?, si es asi siento no recordarlo.

El elfo se sentia realmente preocupado por lo que habia pasado, como es que no habia recordado ni su nombre sino llega a ser por el sueño en el que ella aparecia, ¿que tenia que ver la elfa con el? Tenia un monton de interrogantes sin respuesta y Galandul pretendia encontrar algunas en Inglin.

[Editado por Galandul el 28-07-2005 03:30]

Sintiendo piedad como no la habia sentido hacia mucho tiempo, miro a los ojos a ese elfo -Como lamento que no recuerdes nada, fue una noche muy linda - Habia sido solo una noche porque los aconteciemientos asi lo habia requerido, pero en su cabeza la elfa se preguntaba que habria sido si nunca hubiera sido calabozo.

Inglin acaricio la mejilla de Galandul - ¿No recuerdas nada? -una lagrima se asomo en la cara de la elfa, pero no debia mostrarse debil, no era digno de un nurnita. Y cambiando el semblante, se dirigio al elfo y le susurro al oido -olvidate por completo de lo que no recuerdas, concentrate en lo que ves, en lo que sientes, lo otro volvera-.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Un asunto urgente llevó al Maia de nuevo a la tierra de Eithel-Glîn, pero raudo como el viento, mas transportado por el mismo, llegó a la ciudad de Narmelost en el mismo corazón de las asoladas tierras de Nurn.

Entró en las Grietas y notó como poco ha, un gran poder fue liberado allí...

pensó mientras dejaba entreveer una irónica sonrisa entre sus labios.

Se acercó a la barra y pidió una bebida, y mientras bebía sorbo a sorbo, observó al detalle a los que había en aquel local, gente mu rara, a decir verdad...pero ni rastro de aquella mirada violeta...

Árchaon se levantó de la banqueta y subió escaleras arriba, entró en su habitación y cerró la puerta tras de sí..

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Separandose del elfo la, Inglin recordo el mensaje de la humana -Archaon - penso para sus adentros, habia tomado el picaporte de la ouera cuando se echo hacia atras.

Un nuevo pensamiento habia asomado en la mente de la elfa, algo en este Galandul le gustaba mas que en el anterior, quizas probaria un tiempo esta idea, quizas de este modo sera mas facil de dominar, mas facil de hacerlo caer en su proposito, aunque la elfa no sabia muy bien cual era.

Dando un paso atras, se limpio la lagrima de la cara y buco la nota de Lomine, que habia dejado en la mesa, la tomo y la guardo en un bolsillo, bajo la mirada de dos ojos curiosos que se movian junto a ella.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Seregruin no estaba seguro de qué opinaría Lómine en caso de enterarse de la situación. En realidad, ni siquiera sabía si ella sospechaba algo al respecto.

Lo cierto es que hacía unos días ya -desde el día siguiente del suceso de los calabozos-, que una habitación señorial de las Grietas de las Libertinas alojaba a Mornaew, Reina del Telpe -que había arribado de regreso a Nármelost en la noche-; y que otra habitación colindante había sido destinada por el mestizo a Exelder, dignatario de la Orden y acompañante de Néhilin en estas extrañas -aunque temporariamente aliadas- tierras de Nurn.

La operación aquella se había llevado a cabo en el más estricto de los secretos con que Seregruin podía manejarse con visitas de ese nivel en pleno corazón de Nurn. En definitiva, era algo de lo que -en principio- sólo deberían estar al tanto él mismo, y la Elda Inglin, regenta de las Grietas.

Y, aunque Lómine no preguntaba demasiado acerca de las prolongadas ausencias del mestizo -ya durante el día, ya en medio de la noche-; el cambido semblante y la distinta actitud de la Elfa -cada vez más inquieta y meditabunda con el correr de los días- se le hacían patentes -y preocupantes- al hombre, aunque bien poco podía conocer él de su élfico mundo interior.

Seregruin, por su parte, no dejaba de hacer notar estas aparentes transformaciones a Delisse, que -por cierto- parecía día a día más interesada en los pormenores de su relación con la Elfa ...hasta niveles un tanto incómodos -se decía el númenóreano- aunque sin saber muy bien si no era que él andaba precisando una nueva y mayor intimidad para sus propios asuntos.

*****************

Seregruin pareció sorprender a Lómine al entrar en la habitación. La elfa ocultó precipitadamente un escrito, colocando unos pesados libros encima, y sin volverse hacia él -ni dejar de observar la tarde calurosa y pesada de Nármelost en la ventana frente a sí- le preguntó qué era lo que buscaba de ella.

El hombre dudó su respuesta durante unos momentos, mientras avanzaba tranquilamente hacia su amante. De algún modo u otro, ya se esperaba algunas preguntas por el estilo... aunque ambos supieran que la verdad de sus respectivos asuntos nunca sería develada...

...al menos mientras compartieran un sillón en el Consejo de Nármelost...

Seregruin pasó sus brazos en torno al cuello de la elfa, y juntó sus manos entre los suaves senos que respiraban agitadamente bajo una delgada seda. En silencio durante una pequeña eternidad, ambos observaron las afiladas Torres de aquella ciudad bestial recortándose contra el celeste nebuloso y húmedo de la media tarde ...hasta que el sol comenzó a declinar en algún sitio invisible, tiñendo los lejanos reflejos de carmesí.

-Ya sabes la respuesta, amada Anamóriel -dijo el hombre, depositando un beso en la negrísima cabellera de la Elda.

Y se alejó rápidamente, en pos del bullicio de la taberna... y de alguna distracción para su atribulado espíritu.

[Editado por seregruin el 30-07-2005 03:43]

Ântleïntzar Altariel entra en la recamara donde se encuentra el Seregruin. Vestida con suaves telas de gasa en tonos azules y verdes, como el color de sos ojos, La falda del vestido se movia como si una brisa marina la llevara... y con una bandeja llena de aceites elficos para el masaje.

-Salve Seregruin, hace unas horas que llege y he oido que necesitabas los servicios de una elfa, si aceptais los mios.... , Como no estoy cansada del viaje, me dije ¿porque ayudar a un viejo amigo?

Seregruin no podría negarse, de ningún modo, a los servicios de una elfa -y más, a los de una de tan reconocida experiencia como Ântleïntzar del Valle-.

-Ha costado traerte hasta Narmelost, querida Ântleïntzar, pero estoy seguro de que valdrá la pena la sesión -dice Seregruin, mientras se cerciora de que todo esté en orden en la habitación ocupada especialmente al efecto.

Los Avari ejecutando suaves melodías en la penumbra; las doncellas (así era como se les decía, claro) regando de flores y sustancias arómaticas el recinto -muy livianas de ropas, ellas-; la cálida habitación a la tenue luz de los candiles coloreados...; y por detrás el silencio.

-Todo en orden -dice Kalemba besando a su vieja amiga.

Seregruin se echa, sonriente, sobre los mullidos cojines, y se dispone a olvidarse del mundo en torno por unos buenos momentos.

Ântleïntzar Altariel se sienta comodamente al lado del joven Nurnita...empezandole a extender suavemente el aceite esencial de miel y rosas por la espalda.

-Relajaos amable capitan, por esta vez olvidemos de la guerra y centremonos en relajarnos.

LA suave brisa que provenia del exterior de la casa, hizo que los vapores de aquellos aceites delicados y extravajantes invadieran toda la estancia, provocando un estado de extasis a todos los que alli se encontrban.

Seregruin, como muy contadas veces a lo largo de sus años nurnitas, pudo entrar en el placentero olvido con absoluta entrega e inocencia...

Confiaba en Âltleïntzar como en nadie que pisara las Haldanóri en aquellas épocas. Acaso en esa ocasión pasada en que se abandonara a ella por primera vez (en una situación extremamente desesperada -hay que decirlo-), viera su entrega recompensada por la naturaleza bondadosa de la Elfa ...y desde entonces tomaba aquello como un rasgo extraordinario en medio de un mundo feroz, del que sacar provecho dejando de ser él mismo por unos momentos...

En definitiva -y ante cualquier emergencia-, también se hallaba allí presente su guardia personal, oculta en las sombras y detrás de los pesados cortinajes del cubículo.

Seregruin veía desdibujarse el mundo de las Guerras, del Clan, de sus tortuosos amoríos y espionajes ...y se sumergía en el ambiente de una lejana tarde de Bainsûl ...pesada y húmeda ...e infernalmente tormentosa.

Como respondiendo a sus ajados recuerdos, oyó unos poderosos truenos más allá de las recias ventanas de la habitación ...y se hundió en un dulce olvido.

[Editado por seregruin el 30-07-2005 22:54]

Mientras la elfa la hacia el masaje a Seregruin, a esta le vino a la mente el recuerdo del primer encuentro con el nurnita.

Era una noche fria y tormentosa y en mitad de un bosque mientras la elfa disfrutaba del camino bajo la lluvia, oyó unos gritos....Se acerco hacia el lugar donde provenien equellos alaridos, que parecian de una bestia muy mal herida, mas en el orgulo que fisicamente.

-Maldita sea, como puede ser que un bicho tan horrible y pequeño haga tanto daño.

Ântleïntzar Altariel observo la escena, con detenimiento. El que gritaba era una numenoreano mal herido y junto a el habian una araña negra del tamaño de un sarcofago elfico. y al otro lado un ciervo hermoso. El humano empezaba a tener sudures y a temblar por culpa del veneno de la araña. Ântleintzar corrió a socorrerlo. el hombre asustado al ver aquella sombra embuelta en una capa negra, trato de huir, pero la elfa consigio calmarlo al transmitirle paz.

Le curo las herida y cargo con aquel hombre y el ciervo hasta la cuidad mas proxima. Desde entonces pese a ser de clanes distintos la amistad siempre se habia mantenido entre ambos.

Ântleïntzar Altariel volvio a la realidad y esbozó una sonrrisa al ver que su amigo segia confiando en sus manos.

-Espero que no demores tanto en llamarme de nuevo Seregruin ya sabes que cuantos mas aguantas el dolor mas duro resulta la curacion

-Mmmm, aquí dicen que una da rienda suelta a sus más secretas perversiones, veamos si dicen la verdad.

Nármor entra en el antro y se acerca a la barra.

-Tomemos una botella y veamos después qué pasa.

Aburrido de la soledad de su habitación, el Maia decidió bajar a tomar una copa y ya de paso observar a la gente que anduviera por allí abajo.

Mientras bajaba por las escaleras se cruzó con una \"doncella\" (como las llama mi buen amigo Seregruin). La bella muchacha pasó insinuante junto al maia, marcando una provocativa sonrisa en sus labios.

- ¿Os apetece tomar algo conmigo?- dijo ella.

Árchaon se volvió lentamente y enfrascó su cara en pose de confundido.

- ¿Perdonad?¿Acaso me veis necesitado?

La sonrisa de la mujer desapareció de su rostro:

- Pues bien- prosiguió el Maia-, no lo estoy, así que, si me permitís, proseguiré mi camino...

No dijo más, marchó escaleras abajo y se sentó en la barra de aquel antro a la vez que pedía una copa.

Fue entonces cuando un arrebato de furia recorrió su cuerpo, y sin pernsarlo salió del local. Algo sentía que lo desafiaba por dentro. Apretaba sus puños pero no sabía por qué.

A la vez que se giraba para mirar hacia el norte, una espada caía a toda velcidad sobre su cara, pero, con los reflejos oportunos el Maia desenvainó la suya y contrarrestó el golpe a la vez que clavaba una daga en el abdomen de aquel villano.

De pronto se vió rodeado por seis hombres. Sus aspectos eran grotescos, y su tosca cara reflejaba la maldad y el odio en sus corazones. Lo que si tenía claro es que aquellos no eran de estas tierras, sino que serían de tierras mucho más al norte de Haldanóri.

Todos habían desenfundado sus oxidadas y bastas espadas y se lanzaron contra el Maia, el cual se defendía como podía de aquellos salvajes vestidos con gruesas pieles de oso.

Árchaon sintió un pinchazo en su cara, en su mejilla izquierda. Una espada había hecho un pequeño corte, y un pequeño reguero de sangre comenzó a brotar de él.

Y mientras seguía blandiendo su espada a la vez que una furia asesina lo dominó, acabó con la vida de aquellos que intentaron matarlo desconociendo el motivo.

Así pues, guardó su espada y se dejó caer al suelo apoyando su espalda en la pared de las Grietas.

pensaba el Maia mientras se limpiaba la sangre de su cara. . La desconfianza se apoderó de él, y millones de rostros comenzaron a pasar por su mente, y finalmente, fue uno el que se quedó grabado, ojos violetas...- Yestariel- murmuró. Y con un genio enloquecido se levantó y fue a buscar a aquella que él pensaba que era la que deseaba su muerte..

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

La luz azul iluminó la noche por unos instantes, y un segundo más tarde un terrible estruendo se hizo presente. No fue el único. Otros truenos siguieron al primero y aun más fuertes. Tenía encima una buena tormenta. Se refugió en la capa, se echó la capucha por encima, y sin más compañía que la de su sombra entró.

Otros asuntos la habían mantenido alejada de Las Grietas de las Libertinas. No tenía mucho tiempo pero decidió acercarse a ver qué ocurría en el antro. A sus oídos habían llegado rumores inquietantes, y era de la opinión que nada mejor que averiguarlo en primera persona, no quería perder información a través de terceros. Pero ese no era el momento, solo estaba de paso. Antes debía atender otros asuntos.

La mayoría de las mesas estaban ocupadas. Le sorprendió la cantidad de gente que había y sobre todo, el gran número de extranjeros.

- ¿Desea la Señora tomar algo? – le preguntó uno de los camareros.

- No, ahora no.

No recordaba haber visto a tantos seres de Haldanóri allí. Desde luego algo estaba pasando, o se habían vuelto todos locos. La elfa Inglin no se encontraba a la vista en ese momento y decidió no perder tiempo, ya la buscaría otro día.

Se estaba poniendo de nuevo la capucha cuando alguien la tocó el hombro.

- Tengo algo para vos. –le dijo un sirviente. – Lo dejó Hecil hace unos días a vuestro nombre.

Nulkaiel cogió la carta y la leyó.

- Dame papel y algo con lo que escribir – pidió la elfa.

El esclavo le trajo al instante lo que había solicitado y esperó órdenes de la noldo. Contestó a la invitación del Tasariano:

Espero que os agradara la estancia en nuestro antro. Siento no haber estado, asuntos urgentes requerían de mi presencia. Por el momento he de declinar la invitación al Sauce. Aquí se os atenderá bien si os animáis a venir de nuevo.

Entregó la nota al sirviente y le ordenó que se la hicieran llegar a Hecil.

Salió de la taberna y se dirigió hacia el Sur de la ciudad. Poco sabía del camino que debía seguir, apenas unas pistas que su guardián le había dado el día anterior: “Les seguí hasta el Sur de Nármelost, y en el pequeño bosque les perdí de vista”. Llegaría hasta el lugar indicado, y allí con algo de suerte, encontraría alguna señal de donde podía estar lo que buscaba.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

El sonido de la lluvia torrencial que caía sobre el suelo adoquinado ahogaba el sonido de sus pasos. Abrió de golpe la puerta de la taberna, y entró huyendo del agua que traspasaba su capa, empapando su vestido.

Se quitó la capa rápidamente, y observó a su alrededor buscando indicios de lo que pudiera haber sido una pelea reciente. Se acercó lentamente hacia la derecha. Varios regueros de sangre oscura manchaban el piso y la pared. Pero no había cuerpo alguno...

- ¿Qué demonios ha ocurrido aquí? - preguntó a uno de los camareros que pasaba por su lado.

- Mi Señora... - tartamudeó el joven - Ha habido una terrible pelea, y el Señor Archaón salió de aquí hecho una furia...

- ¿Y qué pasó con los cadáveres? ¿Dónde están?

- La Guardia se los llevó, supongo que en estos momentos estarán sirviendo de alimento a los gatos de Lassinoiri...

- ¡Maldita sea! - exclamó, dándose la vuelta y dejando al hombre con la palabra en la boca - ¡Que regrese la Guardia de inmediato! Quiero verlos aquí y ahora...

El hombre corrió a cumplir sus órdenes, y Delissë se acercó a la barra y se sirvió una copa. \"Incompetentes...\", pensó, \"¿Y donde demonios se ha metido Árchaon?\".

[Editado por Indil el 01-08-2005 02:42]

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Lófar jugueteaba con \"su\" camarera. Ella, con su suave vestido de generoso escote y él con sus elegantes ropas negras y grises. Estaban sentados en una mesa cualquiera, ella sobre las piernas de él.

-debo irme, estoy trabajando- decía durante una aparente lucha con el pirata que en un suave abrazo la retenía junto a él.

-pssst, estate quieta- pero no se estaba quieta...-sólo un segundo... y te dejo ir- Con una sonrisa se miraron y, en ese momento de calma, Lófar acarició el rostro de la muchacha y le colocó un mechón de pelo que le caía sobre los ojos. El marinero la miró divertido- ¿Ves?, ha sido fácil... yo solo quería colocarte ese mechón-

-Sí, ya veo, ya veo...- se echó sobre él con mirada etornada y sugerente... pero con una sonrisa pícara y con un rápido movimiento le quitó el lazo que le ataba su negra cabellera en una cola sobre la nuca. Se levantó de un salto y se estiró el vestido sin parar de reir- Me quedo la cinta hasta que aprendas a comportante como un caballero-

-¿Yo? pero si soy un perfecto caballero, ninguna dama se me había quejado...

-Ni yo soy una Dama ni tu un caballero... y la cinta me la quedo yo-

Con una alegre sonrisa en los labios, la joven y dulce camarera dió media vuelta y siguió con su trabajo.

Lófar se quedó sentado, riendo alegre y con el pelo suelto que se le darramaba sobre la cara. Se peinó como pudo y bebió un sorbo de cerveza.

-¿Mornaew? –gritó la elfa garrando del cuello a la joven camarera y estrechándola contra la pared -¿Mornaew, Reina del Telpe?

-Si mi señora –respondió la mujer con esfuerzo –Llegó hace un par de días y...

-Un par de días ¿y apenas me lo dices?

-No... yo quería decírselo... pero usted estaba ocupada... lo siento... –las palabras apenas y salían de su garganta aprisionada por las delgadas manos de Lómine –Y el señor Seregruin...

-¡Calla! –rugió la elfa arrojando a la asustada doncella contra el suelo -¡vete de aquí, no quiero verte más!

La mujer se levantó y salió presurosa de la habitación, aterrorizada ante la reacción de su Señora, aquella elfa era en verdad la cruel Dama Anamoriel de quien muchos viajeros hablaban y a quien miles temían, y ella lo había visto con sus propios ojos y sentido en su propio cuerpo.

Lómine permaneció de pie frente a la puerta, a la espera tal vez de Seregruin, tal vez de Mornaew; En sus pupilas se reflejaba la cólera que las palabras de la doncella despertaran en ella, mientras su pecho subía y bajaba al compás de su agitada respiración. La reina del Telpe en una visita clandestina a tierras nurnitas y convenientemente alojada en Las Grietas de las Libertinas ¿dónde más podría pasar desapercibida una Dama de su distinción que en un antro atiborrado de borrachos y viajeros sin gloria ni fortuna? No hay mejor lugar para ocultar un tesoro que entre la basura.

Y Seregruin... la camarera había mencionado su nombre ¿tendría que ver con la inesperada presencia de Néhilin en Nurn? La elfa clavó su puñal en el delicado escritorio de madera labrada; No era cierto, la Edain no podría estar allí por él... tal vez la doncella se refería al mestizo como impedimento para anunciar la aparición y el nombre de la recién llegada.

Lómine tomó una de las copas que descansaba sobre la mesa; Debía actuar con cautela, la Orden del Telpe era ahora un aliado estratégico y actuar impulsivamente en contra de su reina solo traería problemas a Nurn... pero el solo hecho de saberla cerca de Seregruin la encolerizaba, el pensar en él y en su aparente debilidad por ella crispaba sus nervios; la delicada copa de cristal se deshizo en su mano, y el vino mezclado con sangre tiñó la blanca piel de la elfa y su elaborado traje de seda.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Sigilosa, callada y atenta a todo cuanto se movía a su alrededor.

Lúmenel no solía frecuentar ese tipo de lugares. El contacto con el aire viciado le hizo entrecerrar los ojos. Ya había estado allí antes, de paso, mientras la noche se hacía oscura y los vientos que azotaban las tierras Nurnitas no le permitían establecerse a la intemperie.

Pero ahora, era algo diferente lo que la había arrastardo fuera de sus límites. Algo por lo cual dejar las bellas costas de su ciudad.

Sería capáz de esto y de mucho más, pensó mientras una sonrisa tímida asomaba en sus labios.

Lúmenel se acercó a la barra, pasar desapercibida en aquel sitio era lo mejor, por el momento.

[Editado por Isilmeriele el 01-08-2005 21:06]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Tras recorrer toda la ciudad de Narmelost buscando a la que él creía la culpable de aquello, Árchaon volvió de nuevo a las Grietas para olvidarse de aquello por un poco, mas no podía creer que Yestariel hubiera podido hacer aquello..pero claro, todo eran suposiciones inseguras, mas solo paseaban por la cabeza del Maia los \"por ques\" de aquello.

Y sí, allí estaba, Delissë andaba desconcertada por el local, y con toda la furia latente en su cuerpo se fue hacia ella:

- ¡¡Maldita víbora!! ¡¡¿¿Por qué querías matarme, eh. Tanto estorbo soy para tí??!! ¡¡¿¿O es el rencor el que ha podido sobre lo demás??!!

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Delissë miró al Maia a los ojos y tomó un sorbo de su bebida. Después dejó la copa sobre la mesa lentamente. Se acercó a él, con los ojos inundados de luz violeta, y alzó la mano hasta apoyar la Daga Blanca que empuñaba en el cuello de Árchaon.

- ¿Quién dice que si quisiera matarte no disfrutaría más de ello haciéndolo yo misma? Acaso pareces pensar que no he tenido la oportunidad de hacerlo antes, o quizás los medios... No me subestimes Árchaon - dijo ella con una sonrisa, dulce, pero irónica a la vez - Si quisiera matarte, no dudes que ya lo sabrías.

Él alzó la mano, y la sujetó con fuerza por la muñeca, pero ella se zafó y se alejó, guardando el puñal pero acariciando levemente la empuñadura de la espada.

- Me sorprendes... - continuó ella, pero sus ojos lanzaban chispas de ira, y su rostro demostraba la furia que bullía en su interior - Demuestras muy poco sentido común al venir aquí a insultarme y acusarme, sin prueba alguna, en mi propia casa, donde una palabra mía basta para condenarte a muerte...

La Guardia entró en ese momento, y quedó esperando en la puerta.

- Y ahora dime... ¿para qué puedes estorbarme tú? ¿Qué rencor debo tenerte? Pues ahora, depende de tus palabras que deje paso a mi furia, y desde luego, bien sería una batalla digna de verse. De aquellas que no se han cantado desde la mísmisima Guerra de la Cólera.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

El destello de los ojos del diminuto roedor desaparecio. Consciente de nuevo abandonó con premura la protección de la mesa, precipitandose hacia su ratonera mientra intentaba pasar desapercibido ante la elfa, mientras dejaba con junto a sus huella parte de aquell brebaje mezcla de vino y sangre.

[...]

A la distancia, aun sentado sobre la barra de la taberna los ojos de Celvarán volvia a recobrar la normalidad. Frente a él, sobre la barra se encontraba el Taurendili envuelto aún en un brillo blanquecino que poco a poco se iba apagando hasta volver a ostentar su apariencia normal, similar a la de una perla.

Celvarán se encontraba satisfecho de lo que acababa de contemplar. Una pequeña fisura en la confianza y la unidad nurnita que habia sido producida por los simples y vanales lazos de la sentimentalidad. Una delgada brecha que si siendo meticulosamente azuzada bien podria ser de utilidad. ¿Quien sabe? Uno nunca sabe si debera actuar en un momento dado, sin embargo lo minimo es preverlo y estar preparado.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Una figura enorme se recorto contra el marco de la puerta, la capa bailaba al ritmo del viento, mientras con paso firme y decidido Ariul entraba en la taberna mirando hacia todos los lados -hm, muy propio de nurn rodearse de escoria y basura ¿y este es el sitio del que tanto se habla?-.

La vista de Ariul reparo en una cara conocida y muy familiar, Lumenel se encontraba en aquel lugar ¿que habia llevado a la elfa alli?, se acerco a la elfa sin que esta apenas se diera cuenta -Hola Lumenel, ¿que te a traido a este lugar lleno de...basura?- el maia levanto la vista y pudo ver el color violeta de los ojos de Delisse clavados en él, sostubo su mirada sin apartarla mientras esperaba la respuesta de su amiga y compañera de telpe, sonrio con ironia a Delisse -por fin la veo señora mucho he odido hablar de ti y poco es lo que me ha impresionado, ¿como va todo por estas tierras llenas de escoria?-. Los ojos de Delisse brillaron con ira -oh señora no es mi intencion ofenderla tan solo es curiosidad- volvio a sonreir, -¿seria posible el tomar una jarra de la mejor cerveza que se puedan permitir? si no es mucho pedir, claro-.

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Delissë miró los ojos negros de aquel ser oscuro. Por un momento no dijo nada, mientras recordaba al Demonio.

- No ofrecemos cerveza a los animales, Airul. Si deseas beber algo, quizás nos quede algo en el abrevadero para las alimañas... De momento, creo que te has equivocado, o bien de sitio, o bien de actitud. No se si en vuestra tierra teneis costumbre de que la gente que os visita entre insultándoos... Pero desde luego, no es la costumbre aquí, por muy bajo que os parezca el lugar. Os recuerdo un pacto que quizás a vuestra Reina no le gustaría que rompierais, y por si teneis alguna duda, ahí fuera están expuestas las Leyes que rigen en Nurn. O cumplís, u os marchais, o todavía os queda la opción de pasar una temporada en la acogedora Yaimë Farnë. Un sitio a vuestra altura, sin duda alguna.

[Editado por Indil el 02-08-2005 04:23]

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-Hm veo que la amabilidad sigue siendo la misma, siempre tan hospitalarios- Ariul miro a Delisse -y no, no he olvidado el pacto a pesar de que no me gusta el estar aliado con gente como la de nurn, pero claro yo solo soy un guerrero la politica es demasiado aburrida...respecto a lo del abrevadero seguramente encontraria bebida de mejor calidad alli-

La mano de Lumenel se poso sobre el antebrazo tenso de Ariul -tiene razon Ariul, tenemos un pacto y como tal nos debemos mutuo respeto-

-¿respeto dices?o si desde luego que les respetare, pero no olvido las veces que intentaron aniquilar por completo mi compañia o el haber saqueado mi ciudad, en fin supongo que eso se arregla con respeto- volvio a mirar a Delisse -¿y ahora si a la dama le ha parecido apropiado mi caracter podria servirme una cerveza?-

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Delissë rió, y su risa se derramó como lluvia sobre el local.

- Perdonad, pero no puedo contener la risa ante semejante idea... ¿Realmente pensais que estoy aquí para serviros? ¿Llevo acaso puesto un delantal, me veis aspecto de esclava o de sirvienta? - intentó contener la risa, y haciendo un esfuerzo llamó a una sirvienta - ¡Servidle una jarra de cerveza! Sólo por conseguir hacerme reir la merece. Pero no hace falta que sea de la mejor, sin duda no sabrá apreciarla. Y ahora, Señor Ariul, recuerde bien... No olvide las veces que saqueamos su ciudad, y no olvide las batallas que nos enfrentaron. Pero si fuera un buen guerrero, debería saber que al enemigo se le respeta, a pesar de todo. Quizás fue eso lo que le llevó a la derrota... Y lo lamento en el grado que eso afecta a nuestra alianza. Pero es la grandeza del enemigo que derrotamos lo que nos hace grandes a nosotros. El menospreciarlo, el rebajarlo, sólo consigue hundiros más en la derrota.

La camarera dejó la cerveza sobre la mesa, y volvió a esconderse tras la barra.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Flotando en la luz del eter, la esencia de lo que alguna vez fue Galadhglir no se decide a partir a Mandos aun; quizas, esperando algun destino ulterior. Pero la espera se hace larga, y entretanto, espia las vidas de mortales y encarnados que luchan, viven y hablan en las Haldanori.

Una vez mas desciende a las tierras oscuras, al lugar donde esta el concurridismo antro de los Señores de Nurn.

Entrando en la taberna, oye conversaciones de todo tipo... y entre las tantas historias que se entrecruzan, decide al menos, colaborar en una.

[Editado por Galadan el 02-08-2005 04:52]

[Editado por Galadan el 02-08-2005 04:57]

-¿Menospreciaros? al contrario mi querida Delisse, nuna he osado menospreciar a ninguno de mis enemigos, si es cierto que tal vez sea a vostoros a los que mas he odiado y odio pero no menospreciado pues sin duda habeis sido la mayor fuerza de las haldaroni durante mucho tiempo, y no olvido las veces que habeis saqueado mi ciudad o derrotado en combate, al igual que no olvido las veces que en el campo de batalla nos hemos cruzano y ni siquiera hemos cruzado nuestas espadas ¿respeto tal vez? ¿o esperanza de una humillacion mayor?- Ariul tomo un sorbo de la amarga cerveza.

-por otra parte me alegro de haberla echo sonreir apesar de mis modales siempre se aprecia una sonrisa bonita aunque esta venga de un ser como tu-

[Editado por Ariul el 02-08-2005 05:00]

[Editado por Ariul el 02-08-2005 05:02]

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Dos maias corrompidos conversan, el espiritu del Laiquendi puede decirlo por el poder y el color de sus auras.

Uno, encarnado en masculina envestidura y con indicios que lo señalan como soldado telpita, con altisonantes palabras increpa a la otra, la Señora Delisse. Luego de un aspero intercambio de palabras y ante una indicacion de su compañera, el guerrero modera sus palabras, y la Señora consiente en ordenar una cerveza para el.

Pero de todas formas, el laiquendi considera que esa no es forma de hablar, mas aun a una dama, pese a compartir sus sentimientos sobre los nurnitas. Por lo cual ejerce una vez mas sus pobres tretas de espiritu descarriado, y cuando finalmente el guerrero lleva la cerveza a su boca, lo hace atragantarse.

El guerrero se para entre toses y movimientos espasticos, ante las carcajadas de los alli reunidos. Y para reforzar la hilaridad, cuando se ha parado, ha derramado su cerveza sobre si, mojandose las vestiduras desde el pecho hasta las piernas, quedando bien destacado el peqqueño bulto entre ellas.

Considerando suficiente el castigo, el espiritu vuelve a retirarse al eter, donde seguira esperando algo que desconoce.

Tras atragantarse y mirar en derredor ve una estraña figura casi imperceptible moverse con calmada paz, clavando los ojos en ella para poder adivinar lo que en realidad es aquella forma.

-¿Acaso un espiritu laiquendi no sabe que puede ser invisible a los ojos mundanos pero no a los de un ainur? ¿tan bajo a caido la sabiduria de los eldar? deberias de tener cuidado pues aunque los Aratar han abandonado la tierra muchas de sus obras aun perduran aqui y muchas de ellas son armas que con tan solo su roce podrian destruirte-

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Delissë observa los rápidos acontecimientos, y no puede contener la risa. Pero pronto recuerda su deber como anfitriona y aliada de Telpe. Con el borde de su vestido se acerca al demonio e intenta secar el caos provocado.

- Disculpad la presencia de estos espíritus burlones, que a veces irrumpen provocando el caos. Vuestra propia reina lo padeció en sus carnes no hace mucho...

Intentó que las ropas de él quedaran más o menos secas, y ordenó que le sirvieran otra cerveza, esta vez de la buena.

- Si llegó a saber que veníais interesado en hacer un concurso de camisetas mojadas, hubiera preparado algo más adecuado... - dijo entre risas, sin poderse contener. Luego, simplemente añadió con una sonrisa - No creo que vos debais juzgar cómo es un ser como yo... pues vuestra senda es la misma, Servidor de Melkor.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-si realmente es gracioso ¿verdad?- los ojos del maia desprendian chispas, si hubiera podido agarrar aquel espiritu se le habrian quitado las ganas de volver hacer mas bromas, pero lo echo echo estaba habia sido motivo de jacta y eso era algo que no podia soportar.

-no juzgo como eres, pues como bien has dicho yo sigo tu misma senda, y seria estupido por mi parte hacerlo, por otra parte te agradezco este ultimo detalle apesar de mi entrada, supongo que tendre que dejar mi odio para hacia vosotros para otro momento- Ariul hizo una inclinacion de cabeza a Delisse y luego sorvio un trago de la nueva jarra de cerveza.

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

- Quizás sea lo mejor... No seré yo quien os pida que no me odieis. Más a vuestro pesar ahora la situación ha cambiado. Quién sabe si acaso estaríamos aquí uno de los dos, de haberse cruzado nuestras espadas anteriormente... Pero no fue así, y sólo Eru sabe la razón. De momento, podeís disponer de descanso en una de nuestras habitaciones. Lujo y placer es lo que puede ofrecer este lugar, descanso del guerrero. Tal parece ya una reunión oficial, pues sois varios los Señores de Telpe que os encontrais aquí... incluyendo a vuestra reina. Y se os atenderá en vuestros deseos, salvo que atenten contra nosotros, por supuesto... - sonrió finalmente.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-Asi sea pues, ahora no te entretengo más, tendras cosas que hacer y yo estoy cansado del viaje- Ariul apuro las jarra de tres grandes tragos y luego pidio que se le indicara la direccion de su aposento.

-oh, una ultima peticion, podrian subirme un poco de comida, me muero de hambre- sonrio y siguio a la sirvienta.

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Riendo todavía de lo curioso de la situación, Delissë ordenó que atendieran a Ariul en lo que necesitara, y que le enviaran lo que había pedido. Incluso Árchaon parecía divertido de la situación, aunque la ira con que la miraba no se había apagado.

Y ella se volvió hacia él, y lo miró a los ojos.

- Decidme ahora, pues esta interrupción os habrá dado tiempo a encontrar las respuestas que espero...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

El Maia no dijo nada, miraba fijamente a Delissë, pero hablaba en su interior.

Era cierto, si ella lo hubiera querido matar ya lo habría intentado tiempo atrás, y disponía de todo un ejército para ello.

decía para sus adentros.

- Sois imprevisible Yestariel- prosiguió acusándola, pues aunque sabía de su inocencia, no quiso retirarse sin más-, mucho odio es el que corre por vuestras venas, no hacia mí, sino hacia casi todo el mundo. Pero..-hizo una pausa-... supongo que me he precipitado y os he acusado sin motivo más que mi mala lógica. Ruego me disculpéis mi señora. Pero debo de averguar quién ha sido el resposable de eso, y deberá pagar por sus actos...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Ella se acercó al Maia de ojos verdes, con una sonrisa en los labios:

- Imprevisible? - preguntó - Seguramente. Pero no es mi odio lo que visteis hace apenas unas noches... - añadió acercándose a él, y besándolo suavemente en los labios. Luego retrocedió y tomó nuevamente su copa, tomando un sorbo antes de continuar - No os confundáis entonces. Acepto vuestras disculpas, y ahora contadme los hechos. Pues debeis saber que mi corazón está intranquilo, sin saber de dónde proceden aquellos que os atacaron, y que intención tenían, ni qué hacían en Nurn.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La entrada de Ariul sorprendió mucho a Lúmenel. El Maia se sentó junto a ella, y la saludó amablemente.

-Sabía que habían distinguidos miembros de la Orden visitando las tierras de Nurn, pero no sabía de tu partida, ni de tu llegada a las Grietas.

Lúmenel vió las miradas significativas que intercambiaron Delissë y Ariul, pero para ella en ese momento mantener la calma y no estropear las alianzas entre ambos Clanes era fundamental.

-Ahora vuelvo Ariul- dijo la Elfa en un susurro al Maia- intenta mantener la calma.

Lúmenel se levantó, mientras recorría el lugar con la mirada, como buscando o esperando a alguien.

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Seregruin -medio adormilado luego de la intensa y reconfortante sesión con Ântleïntzar-, desciende las escaleras del Antro con la impresión de que la feroz tormenta desatada en la campiña nurnita se ha introducido violentamente en el Salón de las Grietas.

Pero ¿qué clase de tormenta veraniega, por más potente que sea, podría descargar tanta furia y vibrar con tanta tensión como la disputa de los Maiar, que fueron antes que el mundo, y que serán una vez que Arda acabe?

Seregruin, por entre las hojas que el viento arremolina a través de la brumosa estancia, advierte cómo la lluvia comienza a golpear cada vez con mayor fuerza, parloteando en las rocas del descampado por fuera de la sala... pero enseguida detiene su vista ante las enormes figuras que se miden, desafiantes, junto a las puertas de grueso nogal que no cesan de batir al compás de la tempestad.

-Poderosos entre los todos los seres son los Maiar -piensa el hombre-. Incrédulo era yo, antes de arribar a Nurn, en descreer que tales Poderes podían andar entre nosotros... e incluso compartir nuestra alcoba... ¡Vaya ignorancia la mía! ...y cómo pago mi poca fe ahora, viéndome impotente ante la furia y la astucia de estos prodigios.

Seregruin, sintiéndose apenas un hombre entre tanto despliegue supernatural, repliega su vista sobre el Salón, para pronto advertir -con enorme gusto de su parte- a una bella elfa telpita que parece perdida en medio de la poblada estancia ...y que pronto cruza su mirada con la de él, como si buscara algo, o a alguien.

Seregruin sonríe, encantado de la vida, y guiña el ojo a la atrevida visitante extranjera.

[Editado por seregruin el 02-08-2005 22:57]

Ântleïntzar Altariel desciendio la escaleras, de aquel lugar, tratando de evitar que el feroz viento levantase las faldas de su vestido, y refujiandose de la torrencial lluvia que atravesaba los ventales abiertos de par a en par.....

-Me lo debi, de heber imaginado....-Digo la elfa sonrriendo al ver a su estimado amigo Ariul en aquel lugar....- Ha pasado mucho tiempo, mi estimado Maiar. ¿como estais?...-

Ântleïntzar Altariel se acerco sutilmente y envuelta en una suave neblina que evitaba que se le levantara el vestido de gasas y tules....

-Me encuentro bien gracias, ¿y tu como te encuentras?, no esperaba encontrarte por aqui...- Ariul hace una mirada por toda la sala -bueno, no esperaba ver a muchos de los aqui presentes, pero solo Eru sabe por que nos hemos reunido aqui, muchos somos los miembros de Telpe aqui reunidos ya sean por razones politicas u otro tipo al igual que otros muchos de otros clanes conviven aqui en sus silencios...- El Maia haza una pausa -pero dime ¿cuentame algo de tu viaje?-

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Aún el estrépito de la discusión de los Maiar no había terminado, cuando Lúmenel decidió echar un vistazo al amplio salón, donde hombres y mujeres ebrios contaban historias y bebían, mientras la música descendía sobre ellos como una lluvia lenta y calma.

Lúmenel caminó entre las mesas, clavando los ojos en la oscura atmósfera. Abstraída en sus pensamientos aún, percibó como un hombre le guiñaba un ojo. Lo he visto antes, aquí mismo, en tierras Nurnitas, pensó la Elda, al tiempo que el sonreía.

La Elfa se acercó al Edain, sin quitarle la vista de encima, examinando sus pensamientos con cautela. Seregruin!, si, había oído hablar de el, más de una vez. Sonrió.

Estaba cerca de el, tanto que podía sentir el sonido de su respiración.

-¿Seregruin, verdad?- susurra ella casi en el oído del Hombre.

[Editado por Isilmeriele el 03-08-2005 18:35]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Ântleïntzar Altariel sonrrie a Ariul, mientras se acerca a el...lentamente. ^Pide una copa de vino e invita al maiar a sentarse con ella.

-Mi viaje como todos los viajes fue largo intenso y peligros...la verdad es por mis tierras, las cosas andan un tanto revueltas..igual que por aqui...alli tambien hay guerras entre pueblos.- La elfa se quedo callada y por un segundo una lagrima asomo por sus bellos ojos azules tronadolos de color gris, al igual que aquella tarde tormentosa de verano.

Ântleïntzar Altariel miro al cielo y brindo la copa al aire.- Propongo un brinsdis, para estos tiempos haciagos en los que estamos. Por que en noches como esta y pese a nuestras diferencias, tengamos sitios como estos para recuperar viejas amistades y hacer nuevas. Por nuestros caidos, y su memoria. Que Eru nos bendiga a todos.

-Por nosotros que estamos vivios- Dijo el maia firmemente mientras alzaba la copa al aire. Su animo no era el de otros encuentros con la elfa, estaba consternado, en un lugar al que odiaba con toda su alma y al que ahora debia respeto y en caso de necesidad, ayuda.

[Editado por Ariul el 04-08-2005 14:28]

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Cita:</TD


Miró nuevamente al mercader elfo, y su mirada seguía siendo fría y distante:

- Más os vale no moveros de aquí, extranjero.

Ante la estentórea órden de tan singular dama, Elboron sintió un frío sudor resbalar por su nuca mientras asentía con la barbilla.

Algo iba mal, se dijo a si mismo, había venido a buscar un códice y no a entablar discusiones con los peligrosos habitantes de Nurn.

Mientras cavilaba sobre estos negros pensamientos el observador elfo se dedicó a escudriñar el misterioso lugar a donde su insaciable curiosidad le había llevado en busca de algun rincón sosegado para esperar a la intrigante Delisse.

Una vez divisado el ansiado rincón Elboron se alejó sigilosamente del lugar donde había dejado a la irritable nurnita y envolviéndose en su manto se fue a sentar en un cómodo sillón para meditar pues una corazonada le decía que algo iba mal en la Biblioteca. Sacó su inseparable pipa y, a pesar del placer que le solía producir fumar, esta vez no encontró descanso en los azulados anillos que con maestría creaba.

- Tal vez no debería haber abandonado el Valle - musitó mientras una silueta se aproximaba a grandez zancadas hacia él.

Antes de que Árchaon pudiera siquiera recuperarse de la sorpresa, y de la actitud divertida de ella, Delissë reparó en una figura sentada en un rincón. Desde luego, al menos no había tenido la osadía de alejarse de allí. Pero tenía una conversación pendiente con aquél mercader elfo, y sin duda ahora el momento.

Recogió con un gesto su vestido blanco, dejando visibles sus piernas.

- Disculpadme un momento, pues tengo un asunto que no puedo demorar. Volveré en seguida...

Avanzó entre las mesas, y se sentó frente al elfo, que la miró sorprendido un momento.

- Veo que al menos sabeis obedecer una orden... - sonrió ella - Y varios días habeis esperado, pero quizás ha llegado el momento de reanudar nuestra conversación... Si es que esta vez habéis recuperado la lengua - rió alegremente, como si imaginara realmente la situación - Y ahora decidme ¿qué buscais en estas tierras? Puedo ver en vuestros ojos que venis de lejos...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Ensimismado como estaba en sus pensamientos no esperaba volver a encontrar a la misteriosa mujer que le seguía desde que entró en la taberna.

- Sin duda acertáis señora pues vengo de lejanas tierras y mis grises ojos han visto recónditos lugares cuyos nombres son apenas susurros audibles en el tiempo. Esta... taberna - dijo levantando una mano y haciendo un gesto - no es más que otra parada en el largo camino que mis pies han recorrido y recorrerán. Mis asuntos... míos son pero no quiero ser descortes y debo al menos presentarme. Mi nombre es Eriol y... ¿el vuestro?

Miró al elfo fijamente...

- Así pues... Eriol? - repitió ella pensativa - Digamos más bien Eriol, que aquél que atraviesa las fronteras de Nurn deja en cierto modo de ser dueño de sus propios asuntos. Y más cuando uno de los Señores de Nurn requiere sobre los mismos... Así pues, os daré una segunda oportunidad, Eriol, si es ese vuestro nombre... Preguntais mi nombre... Y mi nombre es impronunciable para vos. Una bendición de Arda fui una vez, cuando fui conocida como Almië. Ahora, en estas tierras castigadas por la desolación de la guerra, Delissë Yestariel, Doncella del Deseo, Dama del Odio, Señora de Nurn... Y nuevamente os requiero... ¿Quién sois y qué buscais en mis tierras?

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Seregruin, como todos los circunstantes de la taberna, mantenía un ojo en la trifulca de los Maiar y el otro en sus propios asuntos. Las conversaciones continuaban, animadas y como disimulando la preocupación -que todo el mundo sentía- de que, de un momento al otro, la furia de los Maiar hiciera estallar el recinto por completo.

En tanto, la elfa de los bellos ojos verdes se acercó despreocupadamente al mestizo, como si hubiera encontrado de pronto aquello que había venido a buscar tan lejos de sus tierras.

-Yo soy el que buscas -contestó el hombre al requerimiento de la elfa telpita, algo sobrecogido por la súbita próximidad de su cuerpo.

Sus respiraciones se entremezclaban -los rostros casi rozándose- en medio del atestado Salón ...y Kalemba se preguntaba si la presencia de esta elfa extranjera, ataviada con insignias telpenianas, no se debería a una treta que Mornaew pensar en jugarle. ¿O acaso se debiera, tal vez, a un mensaje de la Reina? (Pero, ¿es que Néhilin habría partido de Nurn sin avisarle?)

Seregruin cogió a la misteriosa elfa por la cintura, y ambos se apartaron hasta una oscura esquina del recinto. Mientras la calma regresaba a los turbios espíritus que poblaban el antro -al tiempo que los Maiar deponían sus eternas rencillas y desconfianzas-, el mestizo detuvo su andar junto al muro en sombras y posó su mirada sobre los verdísimos ojos de la visitante: infinitos se le hicieron en su profundidad y hermosura...

Seregruin, embargado por una urgente necesidad de develar las causas de aquel inesperado encuentro, susurró junto a las puntudas y blanquísimas orejas:

-¿Para qué me buscas, extranjera?

Elboron se sorprendió al escuchar el nombre de Delisse en boca de la mujer que tenía frente a él. Así que la misteriosa Delisse era ella... Como casí siempre, las suposiciones eran desacertadas y los hechos resultaron muy distintos a como los había concebido.

- Si Delisse es vuestro nombre tal vez tengáis en vuestro poder algo que me interese. Busco unos códices antiguos y mi nombre es.... - suspiró antes de continuar y la miró fijamente a los ojos - Elboron

Un mensaje había llegado desde tierras Nurvitas, este era de Archaon y le decía:

“Hermano el momento a llegado mas debes reunirte conmigo en Las Grietas de las Libertinas, viaja lo mas rápido que puedas y no traigas ninguna escolta”

Este preparo el viaje más solo le acompañarían sus fieles armas en esta larga y peligrosa travesía. Monto en su blanco corcel y con la complicidad de la noche salió a todo galope, el reposo no existía para él, más rápida como el rayo era su marcha. Este observo las tierras de Nurn y se dijo:

- Ahora deberemos guardar estas ropas e intentar pasar desapercibidos. Vamos Furia debemos encontrar a Archaon- le dijo mientras maiar y caballo se encaminaban hacía Las Grietas de las Libertinas

!Que las cabezas de nuestros enemigos sean rebanadas y que rios de sangre bañen sus tierras!

!No habra piedad alguna para ellos, la muerte es su destino y yo su verdugo!

Así que era eso. Delissë alzó una ceja, con expresión sorprendida. Se reclinó suavemente en la silla, mientras meditaba su respuesta.

- Muy bien, Elboron - dijo entonces, y su rostro era serio, pues sus palabras atendían a un asunto importante - Veo que también vos sois desconfíado... dando un nombre falso, y viniendo aquí escondiendo vuestra condición real. No es prerrogativa única de los Señores de Nurn la desconfianza en estos tiempos. No volvais a engañarme. No os lo aconsejo. Pero ante todo, debéis demostrar vuestras palabras... Mostradme el mensaje que os envíe, y entonces podremos hablar del asunto, Señor de los Anales de Valle.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Árchaon etaba inquieto, pensando, andando de un lado hacia otro e intentando dar una explicación a su malestar...

A decir verdad esperaba a alguien, mas mandó una carta con destino la Alianza y esperaba que pronto llegase quien necesitaba para aclarar las cosas..

De momento necesitaba hablar con Delisse acerca de aquellos asuntos, así que fue a buscarla..

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Muy amablemente, la elda llamada Inglin les había ofrecido a ella y a Exelder una habitación en la que guardar reposo. Ambos habían aceptado el ofrecimiento. Dado que Nurn era por el momento un aliado de la Orden de Plata no había razón para temer segundas intenciones... ¿O sí?

Mornaew estaba extrañada por no haber visto al mestizo por el lugar, y pensó que tal vez él hubiera tenido algo que ver... ¿Y si Seregruin había hecho mandar que la ocultaran para evitar que aquella odiosa elfa la viera de nuevo rondando por el lugar? Bien, si así fuera... largo rato había pasado desde que la instalaran en aquella estancia...

Llamaron a la puerta. —Adelante... —dijo la mujer. Y seguidamente una figura se apareció en la media penumbra de la estancia.

—Llegas tarde —dijo secamente Mornaew—. Ya se me estaba acabando el aire.

—¿Acaso me esperabas? Veo que tu perspicacia sigue funcionando —respondió el mestizo—. Mi demora está justificada, Néhilin. Hay muchos asuntos de los que debía encargarme...

—¿Esa nurnita de orejas picudas es uno de ellos verdad? —lo cortó ella— ¿Crees posible que, pese a tu discreción, ella no se haya enterado aún de mi llegada? Yo no la conozco y, aún así, dudo mucho que le haya pasado por alto. En algún momento he llegado a pensar que sería ella la que me viniera a hacer una visita.

Seregruin cerró la puerta con llave y fue a sentarse junto a la mujer, sobre la cama, y llevó las puntas de sus dedos a los labios de ella, acallándola. —¿No sentirás celos de una elfa, verdad? —rió por dentro el mestizo. —Veo que el corte de tu labio ya ha cicatrizado —Mornaew se evitó responder a aquella pregunta y, sintiendo tan cerca la respiración de aquel con el que pasara tantas noches en el lejano Pelargir, lo besó con pasión –sin sangre, aquella vez- y él le devolvió uno tras otro los besos, y rememoraron esas noches que ninguno de los dos había olvidado.

*****

Mornaew despertó y se incorporó en la cama. Su oscura cabellera se deslizó suavemente por las relucientes sábanas blancas hasta tocar de nuevo su espalda desnuda. Como ya había sucedido un par de veces desde que se instalara en aquella cálida habitación de las Grietas, Kalemba había abandonado la estancia hacía ya un puñado de horas, mientras ella dormía. Mornaew posó sus pies descalzos sobre el frío suelo, se puso en pie y avanzó hacia una jarra de agua que le habían provisto. Llenó una tinaja de cerámica y se lavó la cara. Luego se vistió y dejó su pelo suelto cubriendo el amplio cuello del traje que apenas le cubría los hombros.

No pienso quedarme entre estas cuatro paredes como un pájaro enjaulado. Si pretenden que permanezca aquí para no causar disputas, lo siento... no voy a consentirlo-pensó.

De modo que Mornaew se acercó a la puerta de la habitación e hizo girar el tirador. Pero no pudo abrirla... estaba cerrada por fuera. ¡Esta es la gota que colmó el vaso! No pueden dejar encerrada a la Reina de Telpe como si fuera una delincuente...

Mornaew, de un mal humor considerable, decidió esperar un poco por si Seregruin se dignaba a liberarla de aquella reclusión. Tomó asiento en una butaca situada en una esquina del cuarto, tapizada con piel de Araw.

[Editado por Yureawen el 07-08-2005 18:32]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Gwyllion cruzó el arco de piedra del portal, con paso sereno y cauto. Silencioso.

Antes de traspasarlo se detuvo a leer la inscripción que anunciaba en vanos términos lo que hallaría una vez dentro. ¿Acaso no lo sabía ya? Tragó saliva y entró.

Pero no le espantó en absoluto lo que vio adentro, a pesar de ser aquella, la primera vez que concurría a un local como ese.

La movían razones distintas a los lujuriosos delirios de los seres que frecuentaban el lugar, e intuía solo ahí podría hallar respuestas a sus dudas y alivio a los pesares que aquejaban su existencia.

Su presencia en el lugar pasaría desapercibida a los menos atentos, su rostro era fácilmente olvidable y los vestidos azules, austeros y fríos que portaba casi repelían las miradas. Tampoco hablaba mucho ni armaba escándalos, y sus parlamentos si bien no escatimaban un acento de autoridad, jamás llegaban a ser molestos.

Echó un vistazo a los múltiples seres que se esparcían por el local y sintió el poder y la seguridad que irradiaban, mas no los envidió. Por ahora prefería mantener un bajo perfil, sin levantar sospechas de su identidad, hasta que otro la descubriese. Hasta que fuese inevitable sacar a relucir el arma del prejuicio que se generaba en torno a los títulos.

\"Sé de una ventana en una torre del Oeste, que se abre a los mares celestiales, y el viento que ha soplado en torno a las estrellas, viene a refugiarse en sus ondulantes cortinajes\"

Haradriel miraba la taberna desde afuera.

No se habia ido, pues para ella era de cobardes huir se habia quedado ahi esperando a que llegara el momento oporutno de entrar y mientras esperaba hombres extrañamente vestidos entraraon a la taberna, olyo el chocar de las espadas y supo que algo habia pasado, posupuesto vio sali a alguien y lo reocnocio enseguida era Archaon que iba enfurecido buscando quien sabe que cosa; la muchacha de nuevo se sumio en las sombras y espero...

Llego el momento y de nuevo entro sin embargo esta vez nadie le tomo atencion, asi que paso entre los presentes no sin antes mirar fijamente a Delissë, con ella tenia una platica pendiente y debia acabarla porque no queria malos entendidos en aquellas que no eran las tierras a las que amaba. Subio las escalerasy pronto se encontro con la puerta que buscaba, toco suavemente dos veces.

Toc Toc xDD

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Solo Morgoth sabia el tiempo que la elfa habia permanecido en la habitacion. Se incorporo en la cama y vio que el elfo estaba a su lado, la ropa arrugada, el cabello despeinado le harian pensar a cualquiera que la habia estado pasando bien en aquel lugar, pero todo lo contrario, resultaba desgastante tratar de hacerle entender al elfo cual era su relacion, si bien a la elfa le convenia que permaneciera en ese estado podria llegar aser muy traumante para ella. Un vago sonido llego del corredor, alguien estaba tocando la puerta. En otra ocasion no habria respondido, pero nesesitaba saber que estaba pasando en el mundo exterior. Movio suavemente el picaporte y la puerta no cedio, recordando que tenia la llave en su bolsillo la saco, esperando que quien sea que estuviera esperando se hubiera arrepentido y se hubiera ido de alli.

Inglin abrio la puerta lentamente y le basto con ver un par de ojos enmascarados para tomarla de la capa y hacerla penetrar en la habitacion

-¿Que quieres ahora?, que se confunda aun mas o intentar llevartelo al mugroso territorio en el que vives?-

Cerro la puerta de un portaso con la humana dentro, tendria una larga charla por delante.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel rio divertida ante la furia de la elfa.

-Mi querida Inglin ni una ni la otra y no llames asi a mi tierra que es hermosa ante muchos de los ojos que la admiran, mas no vine hablar de eso.- camino por la habitacion y vio que Galandul se econtraba dormido y el color ya habia regresado a su piel.- pienso que tu recibimiento no ha sido muy bueno que digamos y tampoco diste las gracias por haberte ayudado, me lo esperaba.- se sento en la orilla de la cama y miro la elfa su enojo iba en aumento.- que la furia no cegue tus acciones, vine a ayudarte y responderte las preguntas que quedaron en el aire durante nuestro primer encuentro.

Haradriel miro a la elfa y espero la respuesta, tal vez aquella platica seria larga si, pero en verdad muy amena .

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Lanzando una voluta de humo Elboron asintió despacio tratando de excusar su desconfianza, algo que, no obstante, él encontraba de lo más natural, pues se hallaba en el corazón del territorio enemigo y tanto su procedencia como su persona no eran los mejores salvoconductos para entrar en Nurn, desde luego.

Sin embargo, sabía que no corría peligro alguno, de momento, pues lo necesitaban para descifrar el códice y sus arcanos conocimientos no podían ser sustituidos por ningun maestro del saber que se encontrara en las tierras de Haldanori. Realmente la curiosidad del elfo se veía acrecentada con cada segundo de espera. Numerosos habían sido los pergaminos y legajos que había encontrado y descifrado a lo largo de su extensa vida pero esta situación era nueva para él pues seguía una pista que pendía de un hilo y no sabía con que se iba a encontrar.

Este pensamiento lo relajó y le permitió afrontar con mayor gallardía la conversación que le aguardaba con la, hasta el momento, hosca Delisse. Sacando de su zurrón la misiva que le llegara a la Biblioteca varias semanas atras se la entregó a la altiva maia aguardando pacientemente una respuesta.

- Y bien... - dijo pasados unos segundos que le parecieron interminables - ¿dónde está el famoso códice?

El sonido de la música, que hasta ese momento había estado inundando el amplio salón Nurnita, calló por un momento. La furia de los Maiar se calmó también, pero a través de las ventanas cerradas se sentía el repiqueteo constante de la lluvia.

Lúmenel dejó que el mestizo la condujera a través del recinto, hacia la parte más oscura, un rincón cerca de las escaleras que llevaban hacia las habitaciones de arriba.

De pronto la invadió un temor repentino. Se hallaba allí, en el corazón de las tierras enemigas, y sin embargo la presencia de Seregruin le traía cierto tipo de tranquilidad en el alma perturbada. Podía verlo en sus ojos, le transmitían una confianza que no podía justificar. La Elda no podía quitar su mirada de el. Pasiva y tranquila, tan serena como un mar de verdes olas, insondables y profundos.

Las manos de Seregruin la tomaron por la cintura, al tiempo que caminaban y se detenían en aquel rincón. Aquel instante, mientras el se acercaba a ella para hablarle, le pareció eterno, se perdió en los recuerdos de su primera visita a Nurn, en la primera vez que lo había visto, y todas las cosas que la habían arrastrado hasta allí, quedaron perdidas, apartadas, sin ninguna importancia.

-¿Qué buscas, extranjera?- le susurró el casi rozando con sus labios las picudas orejas de la Elfa.

-Tú mismo te has respondido esa pregunta, Seregruin- le dijo ella con una nota de ansiedad en su voz- te busco a tí.

Lúmenel miró las escaleras que llevaban a la planta alta de las Grietas. Se volvió hacia el mestizo y le dijo:

-Quizá quieras hablar de esto, en un lugar más tranquilo.

[Editado por Isilmeriele el 06-08-2005 23:16]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Seregruin tenía la molesta impresión de que estaba siendo manipulado por la insinuante elfa telpita. Mucho le costaba refrenar sus impulsos ante la irresistible oferta de la extranjera. Pero su conciencia acerca de los importantes asuntos que serían negociados en secreto por la Reina del Telpe y los Señores de Nurn (dentro de unos pocos días, ya) le exigían no perder la cabeza, ni arriesgar su relación con Mornaew (que, aunque largos años interrumpida -y no de la mejor manera-, parecía ir reencontrando un camino ...el más apropiado, por lo menos, como para encarar una negociación).

-Ven conmigo -ordenó el hombre, tomando a la elfa por el brazo y haciéndola subir por una de las estrechas escaleras que los oscuros rincones del Antro disimulaban.

Pocos escalones arriba, dos guardias éficos bien pertrechados guardaban una puerta cerrada con llave -una llave que sólo algunos señores poseían- ...una puerta que daba acceso a una pequeña habitación, apenas elevada unos tres metros por sobre el nivel de la taberna, tallada en la maciza piedra del Antro y amoblada sencillamente con una mesa de roble y dos amplios sillones forrados en cuero de Araw.

Unos estrechos ventanucos horizontales, tallados en un ángulo muy agudo, se abrían en la pared izquierda del cubículo, permitiendo observar el Salón de las Grietas sin ser vistos.

Seregruin echó el cerrojo, una vez dentro de la cálida estancia, y se volvió para observar a la telpita apoyada en el borde de la mesa, despreocupadamente curioseando el trajín de la ebria multitud en la taberna, allí debajo.

De un tiempo a esta parte, el mestizo había aprendido mucho más de lo que nunca hubiera imaginado conocer acerca de la raza élfica, de sus caprichos y sus vicisitudes ...pero el altivo comportamiento de las orgullosas elfas nurnitas no parecía manifestarse en esta muchacha. Por el contrario, la Elda telpita aparentaba una actitud contrapuesta: de sencillez y dulzura... y que parecía buscar protección y consuelo...

Seregruin no sabía cuánto más podría resistir esta situación.

-Bien dices que me debes respuesta, ¿Pero que tipo de recibimiento te esperabas despues de lo que hicistes?, que buscabas alejarme del elfo, pues si era eso lo has logrado estupendamente, el no se acuerda de nada y solo porque tu intercedistes ante Dellise llevandolo de su lado, ¿o es que nadie te habia hablado de Dellise? si es asi dejame decirte que eres muy imprudente-

Inglin le indico un silla, la que se encontraba mas lejos de Galandul para que se sentara

-Presiento que estaremos un largo tiempo hablando, a no se que te escapes como sucedio la ultima vez.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

-¿Que no se de Delissë?, los que se es por labios de alguien mucho mas elevado que tu amiga mia.- se levanto y se sento en la silla lejos de Galandul.- no busco alejarte de este noble elfo y si mi acto fue imprudente, fue precisamente para ayudarte a vos.- Inglin le miro sorprendida sin entender nada.- no me subestimes Inglin, hay ciertas cosas que pasan desapercibidas para ti y que sin embargo son en extremo importantes.- se levanto y se acerco al elfo y le susurro unas palabras al oido.- sera mejor que duerma, esta conversacion solo nos atañe a ti y ami, cuando acabe el despertatara y buscaremos al que le ayudara a recordarte, ¿o acaso quieres lo contrario?.

Haradriel se acerco a la ventana y miro hacia afuera.

-Porsupuesto no escapare y mi huida anteriormente no se completo, por eso me tienes aqui.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Inglin miro minusiosamente a la humana

- Haradriel, no se quien te crees para venir a preguntarme cuales son mis designios con y para el elfo, eso no te atañe, por el momento al menos. No se si eres conciente de que no tienes mi confianza, ahora habla y aclaremos esto, no deseo una guerra de titulos sino que me digas lo que tanto deseas y te marches si lo que nos espera es separarnos-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel miro a elfa fijamente y continuo.

-Creo que es dificil que alguien aqui confie en mi, te dire en principio que mi intencio al llegar aqui, era.- penso sus palabras detenidamente.- simple curiosidad, se que es dificil de creer pero asi, no vine hacer ningun mal a una tierra que no es la mia, pero el deseo de ayudar se hizo grande y paso lo que paso, Inglin tal vez no meresca tu confianza pero ayude a Galandul en el momento en que lo necesito y vos recibiras mi ayuda si la quieres y si puedes depositar tu confianza en mi, si no mi venida habra sido en vano y por lo tanto tendria que partir ya.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

La puerta de la habitación se cerró sin emitir ruido alguno mientras la elfa avanzaba a través del corredor apenas rozando la madera con sus pies desnudos, la suave seda que cubría la esbeltez de sus formas ondeaba con gracia siguiendo el ritmo de sus delicados movimientos, y su oscuro cabello, recogido ligeramente en una trenza, caía hasta tocar la base de su espalda; más la belleza de tal visión se transformaba en terror al observar sus ojos grises, tan profundos que la luz de las estrellas parecía no habitarlos más.

La casi espectral figura se detuvo ante el portón de una de las habitaciones habilitadas para recibir a grandes personajes, y que se hallaba custodiada por un guardia de amenazante aspecto.

-Así que es aquí donde se oculta –musitó la elfa, luego se dirigió con dulce voz al centinela –¿Eres tú el vigía de Mornaew, gran señora del Telpe? Si es así abre esa puerta y déjame presentar mis respetos a la Reina.

-Lo siento, señora, pero tengo órdenes de no dejar que nadie entre o salga de esta habitación –respondió el guarda, aunque en su voz un leve temblor delataba su inquietud –además, no tengo la llave.

La ira iluminó la mirada de Lómine y el filo de un puñal centelleó en la penumbra del pasillo antes de segar la garganta del hombre. La elfa limpió la hoja de exquisita forma y la escondió nuevamente entre sus ropas, la llave no sería necesaria.

Al extremo opuesto del salón se encontraba Mornaew, recostada sobre un enorme y mullido sillón y sus ojos fijos en la figura de Lómine, quien permanecía bajo el umbral de la puerta.

-Veo que me reconoces querida Néhilin, y seguramente te sorprende verme aquí, en tu habitación, tal vez con la idea de cegar tu vida y deshacerme para siempre de tu detestable cercanía a Seregruin –la voz de Lómine sonaba extrañamente serena, más el rostro de la Edain denotaba desconfianza –Puedes tranquilizarte, no es esa la intención de mi visita, no soy tan tonta como para atacar a una reina aliada.

La Edain se incorporó algo confundida, su visita a Nurn era un secreto guardado por pocos, pero desconocía que a los penetrantes ojos de los señores nurnitas no escapaba ningún secreto. Lómine se acercó hasta quedar a menos de dos pasos de Mornaew y distinguió en su piel el sutil aroma del mestizo... por ello la noche pasada no compartió su lecho.

-Vine a hablar de Seregruin –pronunció la elfa mientras paseaba la vista por la habitación –quisiera que me aclares la relación que ambos sostienen y, si es posible, la razón de tu misteriosa visita. Pero hay algo más... pude notar que permanecías encerrada en este lugar, tan pequeño, tan asfixiante, tan aburrido... así que ¿quieres acompañarme al salón principal y beber una copa de vino mientras charlamos?

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Examinó el pergamino por encima. Reconocía perfectamente el escrito, y sabía con sólo mirarlo que era el auténtico. Pero figió detenerse a observarlo, pues eso le daba tiempo para pensar.

Su corazón no le había fallado. Hacía días que su mente volvía una y otra vez al mercader elfo que había entrado tímidamente en Las Grietas, y ahora que lo veía, realmente era consciente que bajo el disfraz tenía ante ella al mísmisimo Rey de Valle.

Finalmente, alzó su mirada violeta del pergamino, y la fijó en el Elfo de ojos grises. Y el la apremió diciendo:

- Y bien... ¿dónde está el famoso códice?

Ella lo dudó antes de responder.

- Creo que a partir de este momento - dijo, con voz suave, mirando alrededor disimuladamente - podemos empezar a tratar este asunto. Pero no aquí, donde hay oidos por todas partes... Antes que nada, deciros que ambos somos enemigos, pero que en este tema solicito una confianza absoluta. Cualquier información que me oculteis, finalmente la descubriré. No traicioneis mi confianza... Pues descubrireis en mi una aliada de confianza, pero no os gustaría descubrir las consecuencias de vuestra traición.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Elboron empezó a sospechar de la importancia del famoso códice que Delisse guardaba en su poder y se preguntaba si había hecho bien en acudir a tan lejanas tierras dando a conocer su identidad.

A pesar de ello el buen elfo era de corazón animoso y no desfallecía ante los peligros que pudieran presentarse en su camino. Sostuvo la intensa mirada de la maia y con sosiego respondió a la advertencia apoyando sus dos manos en el gran cayado e incorporándose del asiento.

- Tenéis mi palabra señora; y me huelga decir que no es cosa baladí. Jamas se dirá en los círculos de Arda de mí que falté a una promesa. Mi enemigo siempre ha sido y será el mal en todas sus formas y si ese códice contiene algún mal que podáis utilizar no dudéis que actuaré en consecuencia y lo destruiré. De no ser así no tenéis de que preocuparos. No obstante - repuso sonriente mientras recogía sus cosas - me inspiráis confianza. Contad con mis conocimientos para esta empresa. Decidme pues... no hay sitios seguros alejados de indiscretas miradas y audaces oídos en las tierras de los nurnitas...

Celvarán exhausto dejo la última cerveza y marcho hacia su habitación. Tras no encontrar nada interesante ni en la taberna ni a traves del Taurendili, creyó que había llegado el momento de tomarse un descanso.

La última cosa que había observado a traves de aquella piedra era como la Reina de la Orden de Plata y Lómine tenian un cara a cara, pero lo había dejado pasar, aquel triangulo amoroso le comenzaba a cansar.

Celvarán no era capaz de comprender aquello, pues para el ningún hombre merecia tanta atención, pero aquel Seregruin a parte de tener una buena fama como combatiente parecía gozar de cierta virtud para este tipo de casos. Hombre dichoso, y que asi lo fuera hasta el fin de su corta vida.

Ian Jeckyl (ahora Celvarán) sonrió

Al final le tendría estima a aquel hombre, era digno, lo que no se podía decir de aquellas dos mujeres. Y una era reina.... cada pueblo tiene el gobernante que se merece....

Tras llegar a su habitación se dejo caer en la cama, pero antes de dormirse rebusco entre sus pertenecias, sacando finalmente una dejada aguja y un frasco. Tras impregnar la aguja con aquella sustancia envasada se la clavo en el antebrazo donde se encontraba la vena.

Los ojos de Celvaran se dilataron y el dorado de sus ojos se encendieron. Aquella dosis deberia ser suficiente para evitar la vuelta a su forma originaria durante su descanso.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Delissë asintió, y se acercó a el dejando una ligera caricia sobre su rostro:

- Ahora, seguidme el juego - susurró en su oido, pero en sus ojos brillaba una sonrisa insinuante.

Y se incorporó suavemente, tomándole la mano, y acercándola a sus caderas. Y le instó a levantarse, como si una provocadora muchacha le invitara a participar en un juego seductor.

Y atravesaron el salón de Las Grietas, como cualquier pareja que busca un rincón propio donde dar rienda suelta a sus deseos.´

Subiendo por las escaleras, Delissë reía y bromeaba, animada sobre todo por el desconcierto del elfo. Y finalmente, ella lo guió hasta su habitación, cerrando la puerta por dentro. Se apoyó en la puerta cerrada tras ella, y sonrió al Elda:

- Ahora ninguno podrá sospechar nada... Sólo imaginarán lo que todos aquí desean imaginar...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Estupefacto por el súbito cambio que había tenido lugar en Delisse y la capacidad de la maia para la actuación; un desconcertado Elboron fue siguiendo a trompicones a su curiosa acompañante tratando de representar su papel con dignidad, mas ese arte no se contaba entre sus virtudes.

No era un elfo pudoroso en absoluto pero los largos años de estudio y de búsqueda de conocimientos perdidos lo habían alejado de los sórdidos antros de los cuales, la taberna en la que se encontraba era el mejor ejemplo, y se encontraba ciertamente sorprendido por la situación y por que no decirlo, algo azorado.

Una vez dentro del aposento privado de la maia y tras reponerse de la sorpresiva actuación de Delisse y dejar atras la perplejidad que atoraba su mente el elfo se rehizo y con la mirada escrutó la habitación en busca del códice, el famoso códice que tanto le atormentaba.

Sería posible, se repetía incesantemente, que el códice que Delisse había encontrado fuera el mítico Código del Fuego que durante tantos años había buscado.

[...]

Recuerdos de Elboron

Hacía muchísimos años, en el transcurso de la búsqueda de los escritos perdidos de los noldor de Beleriand, el intrépido elfo había encontrado por casualidad unas cuevas próximas a las estancias de Nulukkidzin, excavadas sin duda por los noegyth nibim. Estas estancias estaban vacías y tras una breve exploración que no reveló nada a su experto ojo, Elboron se dispuso a abandonarlas y proseguir con su búsqueda. Sin embargo el azar quiso que tropezara con una pequeña pieza labrada en un mineral deconocido borrando parcialmente su significado. Apenas tenía el tamaño de un pergamino y era extremadamente ligero. Tenía grabado en un lenguaje primigenio una curiosa inscripción que desgraciadamente y por su culpa estaba borrado en algunas partes y seriamente dañado en otras.

Entusiasmado de cualquier modo por el hallazgo, el entonces joven Elboron, partió de Beleriand y se internó en las misteriosas minas de Khazad-Dum donde el pueblo de Durin le ayudó a descifrar el oculto mensaje que contenía la Roseta Mezquina, como la llamó entonces, pues estaba labrada por los noegyth nibim sin duda. El texto decía aproximadamente lo siguiente:

Los .... y muchos años pasaran hasta ....en un futuro volverem...para encontrar ... Código del Fuego ...seres oscuros ...no debe caer ... proteger Arda ... Haldanori .... Concilio .... los maiar .... Batalla Final ...

Desde entonces pasó largos años buscando el misterioso \"Código del Fuego\" mas no logró más que vagas pistas que lo llevaron al fracaso una y otra vez. Pasado el tiempo se olvidó de él y guardó la roseta en la seguras estancias de la Biblioteca del Valle, pero la subita llamada de Delisse y los extraños acontecimientos que estaban teniendo lugar en Haldanori lo inquietaron.

¿Porqué no había traído consigo la roseta? ¡Maldición!

[...]

Y bien - dijo tras no encontrar nada parecido a un códice en la sala - ya estamos solos Delisse...

Delissë rió ante el azoro y el desconcierto del Elda. Le divertía la situación, cosa que desde luego no esperaba. Quizás se debiera al lugar donde se encontraban, aunque también era consciente de que su lado perverso jugaba un papel también importante.

Se alejó de la puerta, y se acercó a él, con la risa todavía reflejada en sus ojos. El observaba la habitación buscando algo, y ella sabía bien lo que buscaba.

- Y bien - dijo él, cuando pareció haber terminado su inspección - ya estamos solos Delisse...

- Bonita apreciación - respondió ella, y su voz era como una caricia. Se acercó a él, mirándolo a los ojos, y acercó sus labios a los de él - ¿No pensaríais por un instante que el Códice podría estar en un sitio como este verdad?

Se retiró después, y se volvió dirigiéndose hacia la chimenea. Un gestó de su mano fue suficiente para abrir el pasadizo secreto. Elboron la miraba, y ella le hizó un gesto.

- Pasad - le dijo - Este pasadizo nos llevará directamente a Mornä Selmë, la fortaleza de los Señores de Nurn. Allí podremos hablar y así mismo podré enseñaros lo que tanto ansiais ver.

[Editado por Indil el 07-08-2005 03:08]

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La camisa no le llegaba al cuello. Delisse Yestariel, maestra en artes y engaños, lo estaba confundiendo cada vez más. Acaso estaba jugando o tal vez provocándole. Fuera lo que fuera, no importaba, el códice era lo que le había llevado hasta allí y era lo que debía ocupar su mente. Se sulfuraba por perder el tiempo de esa forma y de preocuparse por las frases de soble sentido de la bella maia.

Se levantó con decisión y armándose de coraje cruzó el pasadizo y al entrar se vio sumido en la más negra oscuridad dándose cuenta de que estaba totalmente en las manos de Delisse. Quizá se había precipitado...

- ¿Delisse? - preguntó al no escuchar ni oir a la oscura señora de Nurn - Esta oscuridad es demasiado profunda hasta para mis élficos ojos. Voy a encender una antorcha...

Elboron había sacado una tea y se disponía a encenderla cuando oyó los pasos de Delisse detras suyo mientras gritaba:

- ¡No, insensato, no lo hagas! Apaga esa antorcha...

Tarde... la antorcha había sido encendida y la visión dejó al elfo sin palabras mientras la tea se le caía al suelo de la impresión.

¿Qué había visto Elboron?

La antorcha cayó al suelo se apagó emitiendo un ligero humo rojizo. Delissë suspiró exasperada... ¿Por qué demonios no hacían caso de las advertencias... nunca?

- No te apoyes en la pared, no toques nada, no enciendas luces... ¿Crees que podrás seguir esas sencillas instrucciones? - preguntó con ironía - Mejor déjame pasar a mí delante. Para ser un cazador de reliquias de fama... te noto algo torpe.

Delissë pasó junto al elfo, intentando no rozarlo a él ni rozar la pared...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

De repente, un sentimiento de orgullo recorrió el cuerpo del Maia. Había visto como Delissë se fue con un elfo agarrado de su cintura escaleras arriba, y todo eso en sus propias narices.

Intentó reprimirse, pero al final optó por subir las escaleras. No lo pensó dos veces, asíq ue llegó frente a la puerta de la habitación de Yestariel, pero por un momento dudó, dudó en girar la manibela de la puerta y quedó pensativo mientras agarraba el pomo..

Pero algo le decía que allí no había nadie, así que resguardando sus dudas, abrió la puerta, y efectivamente allí no había nadie.

Ahora, el orgullo daba paso a la preocupación, mas sabía que en Haldanóri algo raro ocurría, y algo muy malo estaba apunto de cernirse sobre todos ellos, y desconfió de aquel elfo, mas para su consuelo, sabía que Delissë sabía muy bien defenderse.

Dio la media vuelta y bajo de nuevo las escaleras, pensando cuanto tardaría en llegar Telimektar...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Telimektar diviso ya el lugar de reunion, ¿que extraños motivos llevarian a Archaon a llamarle y a traerlo a estas tierras?

Este se apeó de su caballo y tras dejarlo en las caballerizas entro en Las Grietas de las Libertinas, intentando ocultar sus ropajes y su cara. Observaba a la gente allí congregada, notaba sus fuerzas y pronto desubrió que había mas de un maiar allí dentro.

Este se dirigió hacía una joven y le dijo:

- Busco al Sr. Archaon,¿no sabras donde puedo encontrarle?- le dijo

Pronto una voz familiar le dijo desde las escaleras:

- ! Ya era hora de que llegaras! ¿ se puede sabere porque has tardado tanto?- le dijo mirandolo

- Galope tan rápido como pude y no es que este cerca este lugar- le respondio mirandolo.

!Que las cabezas de nuestros enemigos sean rebanadas y que rios de sangre bañen sus tierras!

!No habra piedad alguna para ellos, la muerte es su destino y yo su verdugo!

Elboron dejó pasar a la exasperada Delisse mientras se reía por dentro.

- Sabes - le dijo - estó me recuerda a las cavernas de los trolls en los páramos del norte. Tienes un toque un tanto... digamos grotesco para decorar las paredes.

Ahhh como añoro los pulidos muros de mis estancias en el Valle del Ingenio.

Ante el obstinado silencio de la maia, el animado Elboron prosiguió con su conversación.

- Y dime... ¿no le podrías poner una barandilla a este pasadizo? Seré un cazador de reliqiuias pero ya he resbalado dos veces.

Obtuvo más silencio por respuesta y después de varios minutos cesó de hablar viendo que la maia no pensaba dirigirle la palabra mientras estuvieran en el pasadizo.

[Editado por jarvis el 07-08-2005 19:08]

Delissë no dijo nada. Avanzaba concentrada en seguir el camino... ¿Barandillas? Desde luego, no era este un lugar donde pensara que fueran necesarias... Como si fuera un lugar normal de paso, pensó. Lo que había que escuchar...

Delissë sabía que lo que había en las paredes podía haber causado una cierta impresión al elfo. Ella lo había visto tantas veces... Pero aquello que llevaba allí miles de años, ni siquiera ella misma sabía quien lo había hecho ni por qué. Simplemente, estaba allí.

Siguieron avanzando en la oscuridad. Subiendo y bajando por galerias excavadas en la roca. Pareció una eternidad de oscuridad y silencio para el elfo, apenas rota por sus propios sonidos al tropezar de vez en cuando con algún escalón.

Finalmente, al final se vislumbró una luz apenas filtrada por unas grietas. Delissë se acercó hasta allí, seguida de Elboron que apenas podía esperar a salir de allí. Musitó unas palabras, y el secreto pasadizo se abrió, dando paso a una sala enorme, de la que salieron por detrás de la imponente figura de un Dios nurnita. Habían llegado a la sala principal de Mornä Selmë.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Un Grito de furia surgió de los más profundos sótanos de Barad-dûr, y atravesó Endor hasta alcanzar las Haldanóri.

Los Maiar que poblaban estas tierras, testigos de las perdidas Edades del Mundo, y sus vástagos -herederos de sus poderes-, sintieron claramente el sonido de un Terror primigenio ...y supieron con total certeza que una Edad del Mundo estaba próxima a acabar.

Todos ellos, reunidos en Nármelost, recordaron entonces un sueño y un mensaje que les fuera enviado poco tiempo atrás y, reconociendo entonces que la presencia de todos ellos en este oscuro y terrible sitio no era un hecho fortuito, se observaron -de pronto- entre sí, y temieron -por un instante- al Futuro.

Cita:</TD
Los .... y muchos años pasarán hasta ....en un futuro volverem... para reencontrar ... del Código del Fuego ... serán Seres Oscuros ... y no deberá caer ... para proteger Arda ... en Haldanóri .... Concilio ...de los Maiar ....en la Batalla Final ... será en Nármelost

Pasó el Terror... pero todos los Fuegos de Mordor y Nurn elevaron sus poderosas lenguas súbitamente... y en la Ciudad Industrial de Curufarmë, los eternos trabajadores de las fraguas sintieron la próximidad de un nuevo Odio llegando del norte.

Como un oscuro presagio, tronarán las trompetas del Fin.

Mornaew no se movió de su asiento cuando vio como la puerta se abría y una esbelta figura se recortaba bajo el umbral. No había errado al dudar de que la elfa no se hubiera enterado aún de su presencia en el antro Nurnita. De hecho, incluso recelaba de que ella misma la hubiera mantenido allí encarcelada…

Haciendo alarde de la finura y gracia propias de los elfos, Lómine, mientras hablaba, se aproximó al rincón en el que Mornaew permanecía acomodada. Observó detenidamente sus movimientos y sus gestos.¿Que me he sorprendido dice?Jajaja…

—Pues claro que reconozco tu rostro. No los olvido con tanta facilidad; aunque lo preferiría, a veces —habló por fin la edain, después de un largo silencio— Tampoco he vuelto a este lugar en tu búsqueda, Anamoriel —aclaró, a la vez que se ponía en pie—. Y estoy muy calmada… Ni se me pasa por la cabeza que vinieras a solucionar tus problemas de celos quitando de en medio a tu, por el momento, aliada en la guerra. Ciertamente no sería muy acertado por tu parte crear problemas políticos de este nivel.

Mornaew avanzó rodeando a la elfa y acercándose a los pies de la cama donde tenía dispuesto su calzado. Luego de ponerse las botas, se recogió el cabello con una especie de punzón de marfil que traía consigo. Lucía unos ajustados pantalones de cuero negro y un ceñido corpiño de seda, de un tono tostado con encajes plateados, que realzaba su figura. En su escote un rubí reluciente, colgaba de una cadena de plata.

—Así que viniste a interrogarme sobre mi relación con Seregruin —prosiguió Mornaew con pausada voz—. Me preguntó qué tendrá para atraer a tantas damas a su alcoba. ¿Serán esos ojos? —añadió, con una sutil sonrisa, sin esperar una respuesta—. No veo por qué debería responder a tus cuestiones; y las razones por las que me encuentro en tierras extranjeras no son de tu incumbencia —puntualizó secamente—. Pero está bien, acepto tu invitación; tomemos una copa.

Néhilin se cubrió con una chaqueta del mismo cuero que sus pantalones, abrió la puerta, y entonces sí se sorprendió. Un hombre con la garganta cortada se desangraba en medio del pasillo. Entonces no había sido Lómine quien mandara encerrarla…

Mornaew se giró hacia la elfa. —¿Tanto interés tenías en encontrarme que ni siquiera buscaste a quien me dejó aquí enjaulada? —inquirió la edain—. Tal vez deberías llamar al servicio de limpieza —sugirió en tono sarcástico, saliendo de la habitación y esquivando el charco de sangre que se extendía por todo el suelo.

Anduvieron silenciosas por todo el pasadizo. Por un instante el fuego de las antorchas crepitó, creando sombras informes en las paredes del lugar.

Las dos damas se dispusieron a bajar la escalera de caracol que llevaba al salón principal. —Podrías cortarte, yendo descalza por la taberna… —comentó la Telpeniana.

[Editado por Yureawen el 07-08-2005 20:30]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

por fin había hecho acto de presencia. Mientras bajaba las escaleras Árchaon vio a Telimektar y no tardó en llamar su atención.

- Bien hermano, os demorásteis un poco, mas ya es agua pasada, loimportantes es que estáis aquí. Ahora os contaré cual ha sido el motivo de mi aviso, mas cosas importantes se ciernen sobre nosotros en estos momentos.

Mientras iban a sentarse en una pequeña mesa cercana para hablar de sus asuntos, un escalofrío recorrió los cuerpos de los Maiar y ambos dieron un respingo.

Su rostro se tornó preocupado, mas ambos habían sentido el terror de aquel grito que surcó, durante un segundo, sus adentros.

pensó el Maia,

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Lómine sonrió ante el último comentario de la Edain pero un sorpresivo temor se apoderó de ella para deshacerse en el aire, algo extraño ocurría en Haldanóri... pero este no era el lugar ni el momento para averiguarlo. Bajaron las escaleras hasta encontrarse en el enorme salón repleto de extraños y propios del lugar, algunos borrachos por el vino y otros embriagados de placer... La elfa señaló a la Edain una pequeña mesa semi oculta en uno de los rincones del antro, si la visita de la reina del Telpe era un secreto, deberían tratar de mantenerlo oculto a los demás. Tras tomar asiento una de las camareras se acercó y depositó dos hermosas copas llenas de vino, tan rojo como la sangre derramada en las antiguas batallas que se libraron entre ambos clanes.

-Imagino que ambos habéis pasado una maravillosa noche envueltos el uno los brazos del otro, olvidando todo a vuestro alrededor, olvidando las diferencias que os separan... -pronunció la elfa y su voz era como un susurro exento de toda pasión -Tal vez son sus ojos, tal como dices, o tal vez sea su naturaleza imperfecta y seductora lo que lo hace tan irresistible a damas y doncellas, mortales e inmortales, nurnitas o... extrañas. Ahora sé que fue contigo con quien pasó la noche y en cierta forma siento algo de alivio, más confirmas las sospechas que albergaba mi mente y que nacieron en los labios de mis espías, alguien más parece habitar su corazón.

Lómine se sorprendió a si misma ante tales palabras, se hallaba allí, en medio del famoso antro nurnita, bebiendo una copa de vino y charlando con su rival sobre temas tan inverosímiles, cual par de chiquillas confidentes.

-No soporto saberte cerca de Seregruin –continuó la elfa –más prefiero que seas tú y no otra quien comparta su lecho, además esa extraña decisión de dejarte encerrada me inquieta... sabe muy bien que un guardia no me detendría si quisiera matarte, si es que su intención era protegerte... algo se trae entre manos, y puedo jurar que ese algo tiene un cuerpo esbelto y hermoso rostro...

La elfa bebió el contenido de la copa de un solo sorbo e invitó a Mornaew a hacer lo mismo.

-La noche es joven, querida Néhilin, y no me equivoco al suponer que prefieres la libertad a ese encierro, así que solo por un rato dejemos a un lado a nuestro común amante y tormento y disfrutemos de la bebida y la comida de Narmelost –Lómine llamó a la camarera y ordenó que trajeran el mejor vino y prepararan para ellas el más exquisito platillo; pronto desfogaría su ira en aquel que la causara: Seregruin.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Lúmenel pareció entonces indiferente hacia el mestizo, que la observaba después de haberle echado el cerrojo a la puerta de la pequeña y cálida habitación. Sus ojos vagaron durante unos instantes, perdiéndose en la decoración y los más mínimos detalles del cuarto, esperando una reacción por parte de Seregruin.

No pudo resistir por más tiempo la mirada del hombre, que aunque callado, parecía preguntarle cientos de cosas a través de esta. La Elda se sentó en uno de los sillones, levantando la mirada hasta encontrarse con una sonrisa que le quitó todo tipo de temor y de arrepentimiento que podía haber sentido hasta ese momento. La situación se tornaba difícil, podía sentir la tensión que había entre ambos, quizá no por el hecho de estar ahí a solas con el Nurnita, sino por lo que podría pasar, si alguien más se enterara de ese encuentro.

Lúmenel, con un movimiento de manos, le indicó a Seregruin que se sentara a su lado. El mestizo accedió, acomodándose junto a la elfa.

-Quizá te sientas sorprendido por el modo tan brusco en que me acerqué a ti-le dijo mirándolo fijamente- pero no tenía otra opción.-

La poca luz que había, descendía sobre su rostro, resaltando el suave destello verdoso de sus ojos. Seregruin, por su parte, parecía divertido y deleitado, atento a cada movimiento de la Telpita. Ella se acercó más, pudo escuchar los latidos rápidos del corazón del hombre y su respiración, que se iba acelerando.

-Tranquilo mortal, no he de hacerte daño, no he venido desde tan lejos con ese propósito.- le volvió a susurrar, tal como unos minutos antes.

Las manos de Lúmenel se acercaron lentamente a las mejillas del mestizo. Acarició su rostro, con sus delicadas y blancas manos inmortales, mientras el cerraba los ojos y se dejaba llevar.

[Editado por Isilmeriele el 08-08-2005 00:17]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Seregruin estaba encandilado por la mirada de esta Elda extranjera y extraña. No podía apenas reaccionar a un misterioso embrujo que parecía apresarlo.

¿Cuáles serían las ocultas intenciones de esta muchacha desconocida?

¿Qué sería lo que buscaba de él?
y ¿Qué tendría que ver Mornaew con todo esto?

Seregruin, a pesar de sus dudas, se acomodó junto a la elfa en el diván forrado en Araw. Que no era muy amplio, por cierto, y que los mantenía a una muy estrecha distancia el uno del otro. Poco a poco, mientras la silenciosa Elda iba aproximándose a él, fijos los verdes ojos en los suyos -reteniéndolo inmóvil donde estaba-, su corazón comenzó a palpitar con furia desconocida...

Algo temía el hombre... aquella invitación a cerrar los ojos, y aquella dulce pero fría caricia sobre su rostro no presagiaban algo bueno para él. Se hallaba en un sitio seguro, en pleno Nurn, en una habitación privada... en plena posesión de sus fuerzas, y bien dispuesto ...ninguna elfa -aliada, para más datos-, podría lastimarlo en estas condiciones. Y sin embargo, un terror inexplicable parecía atenazarle los miembros...

...Esta misteriosa extranjera trae consigo unas muy oscuras intenciones se dijo el mestizo, de pronto.

Seregruin apartó apenas el rostro de Lúmenel del suyo, e intentó sobreponerse al embrujo de sus ojos. La elfa estaba muy próxima a él, su cuerpo casi echado sobre el pecho del hombre.

-¿Cuáles son tus intenciones, y a qué has venido de tan lejos, si es que no pretendes dañarme, pequeña elfa?

Curiosidad, deseo de ayudar, esos sentimientos no tenian cabida en la cabeza de Inglin, que trataba de encontrar alguna causa a los hechos acontecidos desde la llegada de Haradriel a Nurn, pero nada encajaba.

La humana pertencia a un clan enemigo, ella no podia darse el lujo de dejarla libre con el poder de ir a donde quisiera. Recordando una antigua charla con Dellise, si no hubiera sido por aquella mujer ella estaria todavia tras las rejas.

-Bien, he tomado una desicion. Dado que has vuelto a presentarte frente a los señores dueños de las mazmorras donde estuvistes cierto tiempo, he de suponer que valentia no te falta- Los ojos verdes, ardian en su interior, el paso que iba a dar seria clave, y lo mas probable era que se le volviera en contra suya en algunas ocasiones, pero no veia nada mas adecuado .

La habitacion parecio quedarse a oscuras por un momento, el sonido de la respiracion lenta y remota del elfo invadia el ambiente, mientras que las dos mujeres se debatian en una lucha de miradas hasta que la elfa volvio a hablar -Nadie te ha dado la orden de partir de los calabozos por lo que podrias volver alli si tan solo lo quisiera, pero esa maia que dices conocer, me ha encomendado tu cuidado, a partir de ahora permaneceras con migo y no podras salir de las Grietas a no se que yo lo avale, espero que entiendas lo que esto significa, cualquier incumplimiento por tu parte me obliga a encerrarte en aquella oscuridad sofocante- La elfa prosiguio como si lo que estuviera diciendo fuera solo un comentario entre amigas - Pero espero que sepas lo que te conviene, en ese caso nada de lo antes dicho sera puesto en practico, aunque espero que sepas que no me afectaria en lo mas minimo-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Delisse Yestariel rió ante el comentario...

- No has de preocuparte - dijo sonriendo. Se detuvo delante de la puerta de Las Grietas - Si un buey es lo que deseas, un buey tendrás. La hospitalidad nurnita no es algo muy común, desde luego. Pero cuando la ofrecemos, la ofrecemos con generosidad... Y a pesar de tu mala memoria, creo que tu te la has ganado con creces.

Le guiñó un ojo, con picardía, y abrió la puerta. El local estaba a rebosar de gente, absortos en sus propios quehaceres lúdicos.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

tras haber dormido por el largo viaje y los nervios desatados al ver a delisse una de las damas de nurn Ariul salio de la habitacion, ataviado como siempre con su negra armadura y sus dos espadas. \"Ahora somos aliados pero eso no quiere decir que todo sea seguridad en estas tierras si no es por sus señores bien sera por la carroña que les rodea\", el maia bajo las escaleras que daban al piso bajo de las grietas, mirando atentamente a todos los alli reunidos, en especial a los recien llegados.

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Elboron rebosaba felicidad. El asunto del códice había resultado ser mucho más serio de lo que en un principio pensó, pero la sola idea de recibir pronto la compañía de su gran amigo Gaur lo llenaba de felicidad. Y, por que no decirlo, empezaba a sentir una gran simpatía por la nurnita.

- Un elfo de Farbala siempre sabe agradecer un cumplido - dijo con satisfacción y gentilmente cedió el paso a Delisse mientras lanzaba volutas de humo de curiosos colores.

Ante la atónita mirada de algunos de los parroquianos Elboron prontó se dispuso a explicarse:

- Son....

Antes de que pudiera continuar Delisse lo había interrumpido poniendo un dedo en su boca y diciendo:

- No tienes por qué dar explicaciones a nada ni a nadie. Eres mi invitado

- Vaya - suspiró comicamente el elfo esbozando una fingida mueca de disgusto - Adiós a mi ocasión de hacer nuevos amigos

Haradriel miro a Inglin, aquella respuesta no era la que esperaba, sin embargo sonrio de cierta forma(porsupuesto aquella sonrisa no la podia ver la elfa), las palabras amenazantes de la elfa le sirvieron para darse cuenta que tal vez se estaba ganando su confianza o al menos no le interesaba que ella partiera de la tierras de Nurn; de nuevo se levanto y mientras caminaba hacia la ventana le dijo.

-Bien si eso es lo que te han ordenado o lo que tu quieres eso haremos, no me molesta en lo mas minimo, sin embargo tienes que entender que no vine hacerte daño, aun cuando en tu duro corazon no entiendas que estoy aqui para un fin muy diferente al que tu crees.- abrio la ventana de par en par, y escucho antentamente al viento.- ven aqui hija del viento.- le tendio la mano aunque la elfa no la tomo y se acerco a la ventana.- hay algo diferente en el viento y demasiados maiar en esta taberna hay, algo esta pasando y no es de mi confianza.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Riendo, se aceraron a la barra. Delissë sonreía al elfo, al que a pesar de todo empezaba a tomar cariño. Se dirigió a una de las camareras:

- Dispón una mesa, y ordena que preparen una gran cena. Y disponed también de una habitación para el señor Elboron. Creo que todavía no se ha tomado un descanso desde su llegada a Nurn... - le sonrió nuevamente - ¿Por que supongo que también querrás una cama y un baño no?

La camarera corrió a cumplir las órdenes de su señora, pero antes sirvió para ambos dos copas de vino.

- Bebed ahora, y brindad conmigo por la rapidez del Hijo del Viento - rió Delissë.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Inglin observo el viento, nunca le habia parecido interesante, pero le gustaba el viento frio del mar que rara vez llegaba al bosques donde aun ansiaba pasar sus dias en paz.

Los ojos de la elfa se tornaron hacia un pequeño bosque en la lejania y se pregunto que estaria pasando por alli. Volteo la cara y miro a su acompañante, la bondad reflejada en ese rostro no era posible de describir con palabras, pero la elfa no entendia que era lo que notaba en Haradriel pues ella se habia olvidado de la bondad hacia mucho tiempo.

-Bien, supongo que te buscaremos una habitacion, pero espero que no intentes escaparte, no nos conviene a ninguna de las dos-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

- Por la pronta llegada del velocípedo Gaur y el éxito de nuestra empresa - dijo alzando su copa y apurando de un trago el dulce vino servido por la camarera - y por el espumoso baño que me espera - añadió con una sonora carcajada mientras dejaba la copa en la mesa.

Elboron sacó de su bolsa un nuevo paquete de tabaco para rellenar su pipa ofreciendo a su anfitriona cortesmente.

- ¿Queréis probar el tabaco? Traigo conmigo una pipa de más por si se me extraviaba la labrada pipa de ébano tallada por un maestro enano de mi tierra.

No pareció agradarle mucho a la dama esa idea y, a pesar de sonreir cortesmente, no dijo nada.

Pensaba que tal vez querriáis probar el dulce tabaco importado de las minas enanas del este mas aguardad - y rapidamente buscó un pequeño frasco de su inagotable bolsa - traigo conmigo también un licor que tal vez queráis probar. Está destilado en los grandes alambiques en los lejanos parajes de la floresta de Farbala por mi familia desde tiempos que ni siquiera yo recuerdo. Hacedme el honor... - y sirvió el verdoso licor en dos copas que había sustraído habilmente de la barra.

Haradriel puso mas atencio en el sonido del viento, le susurraba cosas un mensaje que no llego a comprender del todo, lo guardo muy profundamente en su memoria, era un aviso que no podia olvidar, fue entonces que reparo en las palabras de la elfa, le dedico una mirada calida.

-Esta bien, no creo que me quieras aqui, tu y el elfo tienen asuntos que resolver y que no me atañen a mi.- cerro la ventana.- no me voy a escapar, estare aqui esperando a quu las respuesta que quieres tener sean dadas, ahora bien, he comido demasiadas lembas y estoy algo harta de ellas, ¿tendras algo que ofrecerme?

Haradriel vio como Inglin, se ponia pensativa como si recordara las palabras de alguien que estuvo ahi hace tiempo.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

- Con gusto acepto la copa, Elboron - dijo ella tomando una de las copas de cristal delicadamente labrado. Tomó un sorbo, aspirando el aroma del licor, y paladeando el sabor ligeramente amargo - Un licor exquisito... - afirmó, tomando un nuevo sorbo.

Delissë miró entonces a su alrededor. Tomó nota mental de la presencia de Lómine y Mornaew, las cuales parecían enfrascadas en una conversación importante. Sintió curiosidad, más no reveló nada.

En una mesa lejana observó a una mujer. Pero no era una mujer común. Ni mucho menos, aunque aparentarla serlo.

Algo más alejados, vio a Árchaon, sentado a la mesa con un hombre de mirada seria... Y tampoco, en ningún caso, era un hombre cualquiera.

Se sintió algo confusa, y miró a Elboron con una sonrisa tímida, cosa poco habitual en ella.

La camarera interrumpió la corriente de su pensamiento, avisando que ya estaba preparada la cena, y la habitación destinada a Elboron.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Preocupado como estaba en degustar el cálido licor de su tierra cuya fragancia embriagaba y transportaba a los felices años de su niñez en las verdes praderas de Farbala no se había percatado de la turbación de Delisse hasta que notó como enrojecía levemente al mirar a dos corpulentos hombres que dialogaban en una mesa lejana.

Por su aspecto, pensó Elboron, eran gente de armas mas no se preocupó pues parecían enfrascados en una interesante conversación y prestaban escasa atención al elfo. Algo que agradeció pues no tenía intención alguna de trabarse en una trifulca. No obstante, deslizó con suavidad su mano por debajo de su pesado manto de viaje y palpó su afilada daga liberando el correaje que la ceñía a su funda.

- Delisse - dijo - ¿Quien es ese hombre con el que habéis cruzado la mirada? Siempre que me giro siento como si tuviera su mirada clavada en mi nuca. Juraría haberlo visto antes en algún sitio...

Se sentó junto a Elboron en la mesa, y al principio tardó en contestar. Realmente, no le hacía mucha gracia la pregunta. ¿Qué contestar a eso?

- Es quien me espera... - dijo, tomando un nuevo sorbo del licor - Pero sabed que se trata de Árchaon, Señor de Eithel-Glîn. Se encuentra desde unos días visitando nuestras tierras, a pesar de ser enemigo declarado de Nurn. Pero aquí eso no importa... en esta taberna sólo tienen cabida las pasiones del cuerpo y del corazón, y las guerras parecen quedar fuera de ella.

Miró nuevamente de reojo a Árchaon, y rememoró con deseo la noche pasada en sus brazos, rodeados del fuego de su deseo. Pero no dijo nada más... Y Elboron quedó también pensativo, quizás sospechando que había más de lo que la Maia le decía.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Ariul reparo en dos mujeres que parecian discutir, miro fijamente a las mujeres y pudo observar que Mornaew era una de ellas, corrio la vista un poco mas y reparo en la presencia de otro maia otro al cual no habia visto la noche que llego y al cual...no conocia. \"parece que todos los maia de la tierra media hayan venido aqui a pasar una temporada\". Los ojos de Ariul se posaron sobre todos los presentes en la sala, pero su atencion estaba centra en su reina ¿que hacia alli?, sabia de la existencia de la alianza, pero no esperaba encontrar alli a Mornaew y eso le intrigaba.

Tras unos minutos de observacion el maia comenzo a caminar en direccion a la mesa en la que su reina hablaba con otra mujer ala que aun podia diferenciar.

-Saludos bellas damas- Ariul lanza una rapida mirada a Mornaew -¿no las importara que me siente con ustedes? espero-

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Pues bien- continuó Árchaon-, eso es todo lo que sé hasta el momento, mas poca es la información, como habréis visto, de la que dispongo.- Una vez más volvió a guiar la mirada hasta Delissë, que aún estaba más cerca de aquel forastero.

- Bien hermano, esperemos que pronto sepamos todo- afirmó Telimektar.

El maia de ojos verdes asintió con la cabeza:

- Ahora vuelvo- dijo.

Se levantó de la mesa y sus pasos lo guiaron hasta las mesa en donde Yestariel y aquel elfo charlaban.

Sus ojos verdes se clavaron seriamente en el elfo, y tras observarlo fijamente durante unos segundos giró su cuello hasta ver a la maia.

- Nose de que habláis, y a decir verdad tampoco me concierne, eso sí, Dama de Nurn, tenemos pendiente un concilio en el que no debemos demorarnos. Si no hay ninguna nueva, marcho, mas tengo que buscar a Haradiel, me habló de un asunto que no llegué a entender bien...

Antes de irse volvió a lanzar una mirada amenazadora al elfo, que lo miraba perplejo...

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Elboron estaba degustando la opípara cena que le habían servido en compañía de Delisse cuando el sujeto en que se había fijado anteriormente se acercó hacia ellos y se dirigió con secas palabras hacia la maia no sin dedicar hoscas miradas hacia la gentil persona del elfo.

Animado por el dulce vino y la algarabía reinante en la cantina se levantó y dijo:

- Perdoneme caballero... no nos han presentado y me parece descortés por mi parte no hacerlo a pesar de vuestros escasos modales. Mi nombre es Elboron... bibliotecario y señor del Valle - dijo en alta voz sin reparar que estaba en tierras nurnitas rodeado de enemigos.

Antes de que pudiera proseguir Delisse tiró fuertemente de su manga y le obligó a sentarse de nuevo susurrándole:

- ¡Necio! Acaso has olvidado que nos encontramos en Narmelost, capital de Nurn. No has hecho sino ponerte en grave peligro y perjudicar gravemente nuestra misión...

Consternado por la cruda realidad de las palabras de la astuta maia, Elboron miró a su alrededor y observó como decenas de ojos se fijaban en él y muy pocos con expresión halgaüeña. Sin embargo, no podía dejar así la conversación con el maia y esperando su respuesta se levantó de nuevo apoyando sus manos la cadera en expresión de desafio.

Lúmenel se alejó bruscamente. Sus manos se posaron sobre el sillón de cuero. La mirada de la elfa se volvió a centrar en el hombre, esta vez, algo más sorprendida, puesto que no se esperaba una pregunta tan tajante en aquel momento.

-¿Cuáles son tus intenciones, y a qué has venido de tan lejos, si es que no pretendes dañarme, pequeña elfa?.- había preguntado.

Lúmenel se incorporó, quitándose la gruesa capa negra que llevaba, aquel lugar pequeño y cómodo, era también muy caluroso. Llevaba un vestido de un gris suave, que marcaba sus formas, lucía un hermoso colgante de plata con una insignia Telpeniana. Volvió a sentarse, más calmada que antes, clavando sus ojos en los de Seregruin.

-¿Porqué tienes miedo?, tu mismo sabes que estás a salvo aquí. Un poco de temor es prudente si, pero tu mirada me demuestra que hay más de eso. No he de dañarte, ya te lo he dicho, aunque veo que me crees capaz. Pronto sabrás el porque de mi visita a Nurn.

La Elfa volvió a acercarse al mestizo, pasó las manos sobre su camisa, jugueteando con los broches.

-No solo veo tu temor, Seregruin, hay algo más de lo que me entero a través de tu mirada... ¿Porqué retienes tus instintos?, si quisiera, ya te podría haber matado, mortal. Hay miles de formas en las que podría acercarme a ti para acabar con tu vida, y sin embargo ya ves... No lo hice. No solo por la alianza que hay de por medio, sino por otro motivo.

Repentinamente, sin que el hubiese terminado de comprender el sentido de las palabras de Lúmenel, ésta se acercó a su boca, y lo besó.

[Editado por Isilmeriele el 08-08-2005 19:15]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Árchaon miró incredulo al elfo que lo había detenido... y sin pensarlo lo agarró de la camiseta y le dijo al oído:

- Si no fuera porque el único no enemigo de mi tierra es la suya propia, descuidad que hoy habría un duelo de espadas aquí, pero no es cuestión de echarnos más enemigos sobre nuestras espaldas...- se apartó-, mi nombre es Árchaon, Señor de la Guerra de la Quinta Compañía de los ejércitos de Eithel.- dijo sin quitar aún la mala expresión de su cara.

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

La música cesó de sonar y los presentes miraron con curiosidad la escena. Tal vez la velada se animara más de lo esperado...

Pues si que es mañoso este Árchaon, pensó Elboron, es capaz de atravesar mi manto y mis ropajes y agarrarme de la camiseta en menos tiempo del que yo empleo en pestañear. Fabuloso...

Alisando sus ropas y retomando la compostura sonrió con malevolencia:

- Veo que vuestros modales no mejoran señor - dijo asperamente - En mi tierra no tenemos por costumbre zarandear a desconocidos. Nunca se sabe que pueden esconder debajo del manto... - y dejando entrever la empuñadura de una repujada daga retomó la palabra en grave tono - Volved a tocarme y este será el último sitio donde pondréis jamas los pies.

Tomando su copa lentamente la alzó hacia el colérico maia y haciéndole un gesto con el mentón la bebió de un trago sentándose de nuevo en la mesa.

Al ver que el enfurecido Árchaon no se movía le dijo secamente:

- Y ahora... marcháos y no me molestéis más. Buenas noches

[Editado por jarvis el 09-08-2005 00:46]

Inglin asomo su cabeza por la ventana, un viento frio le pegaba en la cara, le recordo aquellas noches en Laissinori, noches que nunca volverian a ser como antes.

-Puede ser que en esta taberna alla mucho movimiento, pero no creo que debas preocuparte por cosas que no puede controlar, o acaso me equivoco-

Inglin fue hacia el escritorio y tomo un lazo negro, luego de trenzarse el pelo se dirigio a la humana que permanecia parada en la ventana. -Ahora bajaremos, si no me equivoco hay algunos temas que aclarar, luego te buscaremos una habitacion-

Tomando el picaporte de la puerta, le lanzo una ultima mirada al elfo y llamo a Haradriel con la cabeza.

AL COMEDOR xD

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel miro a la elfa y despues a Galandul.

-te sigo entonces, pero he decirte que ahi abajo esta el maiar que ayudara al elfo y sin duda me hara preguntas.- llego a la puerta.- y las respondere pues vos no puede impedir hacerlo y no es para retarte amiga mia, es simple y sencilla libertad, sin embargo no le pedire que venga a ver a Galandul,, hasta que tu me digas que quieres para el.

Haradriel cerro la puerta detras suyo y siguio los paso de la elfa.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

El silencio que se había adueñado del salón se hizo eterno y pesado, casi tangible. El enfrentamiento se hacía ya casi insostenible, aunque parecía que Elboron quería dejarlo por zanjado.

Delissë notaba las miradas malévolas en torno a ellos. Ninguno de ellos podría salir indemne de allí... Ambos eran enemigos de Nurn, aunque por un momento parecían haberlo olvidado.

Se levantó de su asiento, y miró alrededor instando con la mirada a que alguien dijera algo. Desde luego, si alguien osaba atacarlos, no iba a salir vivo de allí.

Árchaon seguía alli de pie, sin decir nada, mirando a Elboron. Y su rostro denotaba la furia de fuego que podia sentir empezaba a bullir.

- Mi Señor Árchaon, como decis, nuestra reunión no puede esperar. Pero el Señor de Valle ha llegado a estas tierras con un propósito importante, que creo tiene relación con aquello que nos preocupa. Mañana por la mañana tendrá lugar el Concilio. He ordenador preparar una sala en el Templo, donde podremos hablar con tranquilidad. ¿Seríais tan amable de avisar a los demás? Descansemos esta noche... y mañana podremos tratarlo con tranquilidad.

Árchaon parecía renuente a marchar.

- Ya hablaremos, Señor de Valle. Pero esto no quedará así. - dijo mirando fijamente a los ojos de Elboron. Luego se volvió a Delissë, pero evidentemente no de mejor humor - Esta bien. Será como desees...

Se alejó para avisar a su amigo, y Delissë respiró con cierto alivio.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Ariul desvio la atencion de las damas al darse cuenta de la disputa que se formaba entre un elfo y maia en la mesa de delisse \"vaya si que causa pasiones esa maia\" penso para si, miro aun lado y otro buscando una silla libre en la que sentarse tras el zarandeo del maia al elfo, -esto se pone interesante, tal vez no sea tan malo venir aqui despues de todo, siempre hay algun espectaculo digno de ver-

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Inglin se freno en seco y dio media vuelta sobre si misma. Tomando a Haradriel por los hombros la acorralo contra la pared.

-Que sea la ultima vez que lo nombras, ¿Que le puede importar a alguien como tu lo que sucede entre un simple Tasariano y yo? o es que tienes otras intenciones, porque desde que te he visto hoy no me has dado a entender otra cosa, o eso o no sabes hablar-

La elfa solto bruscamente a la humana, sus ojos verdes parecian salirse de su lugar, su respiracion agitada se oia en el pasillo - El no hizo nada por el elfo, tu lo hicistes, ¡no el!- por un momento parecio que el pasillo quedaba en tinieblas, pero lentamente volvio a la normalidad -Mucho cuidado con lo que dices, recuerda donde estamos-

DERECHO DERECHO, CUIDADO ELFA SUELTA xD

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel solo miraba a la elfa estaba impacible como si no hubiera nada en su interior que mostrara miedo o consternacion, despues sonrio ante el comentario: \"- El no hizo nada por el elfo, tu lo hicistes, ¡no el!- \"; comenzaba a ganarse su confianza.

-Por que te molesta tanto.- la elfa le miro y pudo ver sus ojos.- hay Inglin, mi ayuda no es suficiente; no le hablare de el si me prometes no tratarme de esa forma, porque yo no le he hecho y aparte no querras enfrentarte a la hija de una maia.- por un momento Inglin se soprendio, pero despues le miro desafiante.- ya te dije que no vine a pelear, no nos demoremos mas, mi estomago pide comida y un poco de entretenimiento.

Sin esperar palabras tomo de la mano a Inglin y bajaron las escaleras.

2^Khamul^ q tierno una elfa sin corazon ni compasion

^Carlita^ dejan flores por donde pasan

^Khamul^ haciendose amiga de una humana

^Khamul^ muy bonito

> xDDD te parece si dejamos chocolates tambien? xDDDDDD

^Carlita^ sip

xDDD

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Elboron observó como Árchaon marchaba en busca de su compañero y cruzando las piernas se dispuso a continuar con su cena y su pipa.

A pesar de la reciente trifulca el elfo no estaba dispuesto a aplazar su cena por motivo alguno y con las miradas de los tertulianos clavadas en su espalda saboreó el festín como si estuviera en el mejor mesón del Valle.

Durante la cena Delisse permaneció callada con serio semblante y probó escasos bocados mas al cabo del rato sus preocupaciones debieron esfumarse pues comenzó a charlar animadamente con Elboron.

- ¿Queréis oir un chiste? amiga Delisse - dijo al cabo de un rato Elboron

- Desde luego - repuso sonriente la maia

- Resulta que se encontraban dos nurnitas en un barco en los más lejanos confines de Arda y le dijo uno al otro:

* Oye Andir.... si te subes a lo alto del mástil... ¿ves la tierra media?

* Aibalaostia Shulak, pues sí, igual que si la estuviera pisando

* Y oyes... ¿ves ahí Haldanori?

* Ostia, pues sí tú, como no la iba a ver.

* Y... ¿ves Narmelost ahí entre las montañas?

* Aibalaostia! Sí, claro que la veo

* ¿Y ves allí el frontón?

* ¿Que si veo el frontón? Amos si veo el frontón, joer claro!

* ¿Y a qué ostias esperas para sacar, pues?

Ante la atónita y colérica mirada de la maia el elfo se desternillaba riéndose por todo lo alto. Delisse furiosa se levantó y se dispuso a golpearlo cuando por la puerta entro un hombre de aspecto lastimoso y cubierto de barro envuelto en un manto verde. A su lado aleteaba orgullosa una imponente águila real.

Se acercó hasta donde estaba Elboron y ll quitarse la capucha revelo su misteriosa identidad.

¡Se trataba del mismísimo Gaur! Había recorrido las largas leguas que separaban Narmelost de Ciudad del Dragón en apenas tres días. ¿Cómo era posible? Solo el velocípedo Gaur, \"el hijo del viento\" era capaz de tal hazaña.

¿Llevaría encima la imprescindible Roseta Mezquina de Elboron? ...

Mañana más

Delissë escuchó el chiste atónita. Y sentido del humor no le faltaba a la Maia, ni mucho menos. Pero desde luego, no en aquellas circunstancias. Se levantó airada, mientras observaba impasible como el elfo se reía. \"Humor élfico\", pensó, \"no hay quien lo entienda, ni quien les haga entender el sentido de la palabra oportuno\".

Alzó la mano para darle la merecida colleja, que la había estado pidiendo a gritos aquella noche. Pero antes de que pudiera reaccionar entró la figura oscura de un hombre. Antes de que ninguno de los dos dijera nada, Delissë bajó la mano con fuerza dejando una marca roja en el rostro del elfo.

Desde luego, él no la esperaba. Ella lo miró fijamente, y no dijo nada. Simplemente se marchó de la mesa, y atravesó el salón para subir las escaleras que llevaban a las habitaciones, con porte digno.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

- ¡Maldito elfo!- Dijo Árchaon repleto de furia mientras se sentaba al lado de Telimektar, el cual lo miraba confundido.-, si hubiese sido nuestro enemigo le habría dado lo que se merece.

Telimektar se levantó y desenfudó su espada:

- Lo haré yo, hermano- pronunció mientras se iba hacia Elboron, lo que provocó que los nurnitas allí presentes lo miraran con desagrado.

Árchaon lo agarró del brazo y tiró de él:

- Estaros quietos insensato, no es plan de armar una trifulca ni aquí en Nurn ni con Valle.

Árchaon había visto como Delissë subió escaleras arriba, pero su orgullo le impidió seguirla y esperaría a que ella viniese, de momento optó por avisar a los maiar que hubiese cerca, mas sus ojos penetrantes los reconocían a pesar de sus atuendos que ocultaban su verdadera identidad.

Se levantó de su silla y se acercó a una mesa cercana, en donde un hombre bien fornido de negra armadura estaba sentado, se sentó:

- Ariul, uno de los señores de Telpe- dijo mientras dejaba escapar una sonrisa con un tanto de ironía.- Aquel que un día dispuso sus poderes al mal. Pero descuidad, no he venido aquí para enfrentarnos, mas eso ahora debe estar de lado, pues algo me dice que debemos estar unidos, y como bien sabéis habéis sido citado aquí, pues mañana se celebrará el concilio que esperamos. Espero que os quede todo claro..Ariul..

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Ariul observo como se le acercaba el maia que antes hubiera estado discutiendo con el elfo, lo saludo con un leve movimiento de cabeza.

-Archaon de la Alianza de Eithel-Glîn, se por que estoy aqui y tengo todo claro, mañana asistire al concilio, tan solo...tengo una duda ¿me lo parece y el orgullo que antaño impedia que un ser inferior nos rebajara se ha perdido? no es de mi incumbecia pues no quiero saber nada de elfos, hombres o enanos...-

El maia se recosto un poco mas en la silla, -respecto a quien dispuse mi poder no creo que ahora tenga mayor importancia pues Delisse como sabes tambien lo hizo y no parece que eso te importe-.

El maia sonrio con sarcasmo, sin quitar la vista de Archaon el cual tras la pequeña trifulca estaba algo irascible, -oh, pero perdona mis modales, ¡camarera dos jarras de cerveza una para mi y otra para...mi nuevo compañero-

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Gaur entró en el salón donde tanta gente estaba tomando unas buenas viandas. La urgencia del mensaje de Elboron hizo que se desplazara sin parar ni para comer ni para dormir.

Buscaba a Elboron con la mirada, mas era difícil verle entre tanta gente y con la debilidad incipiente que se apoderaba de él.

En la mesa central había cierto alboroto, algo estaba ocurriendo, pues se veía una discusión bastante acalorada. Entre los involucrados en la discusión, Gaur distinguió a una figura conocida y al percatarse de la situación tomó su espada con firmeza y se lanzó en su auxilio.

Elboron se alzó con la gracilidad que le caracterizaba y gritó con fuerza:

-¡Detente! Enfunda tu espada, que tantos servicios me ha prestado. La situación ya ha acabado, todo ha sido fruto de un lamentable error.

Elboron miró con cierta ironía a unos personajes que tenía a su vera, como quien acaba de cometer una pillería. En la distancia que todavía separaba a Gaur de la escena, estos personajes le parecieron miembros de la raza antigua.

-Mi Señor - susurró Gaur.

- Sígueme. Quiero hablar contigo lejos de orejas indiscretas.

Celvarán dejo la habitación cerrando la puerta tras de si. Los mareos que le provocaba la nueva dosis le estaba remitiendo un estado de atontamiento. Agitó la cabeza logrando al fin hacerse de nuevo con el control. Aquel cuerpo solo estaba preparado para su forma de hobbit y en ocasiones la de licántropo, pero aquel estado intermedio le estaba matando, metaforicamente claro.

Tras despejar sus pensamientos consiguió al fin introducir la llave en la cerradura.\"Maldito hobbit, algún dia conseguire prevalecer y entonces seras historia\". Mientras que las palabras vagaban por su mente un aroma que comenzaba a subir por la escalera le llamo la atención, ahora que tras la fatiga sus sentidos se habian despertado.

Aquel aroma.. los ojos de Celvarán se iban dilatando mientras que su cuerpo comenzo a enrojecere bajo un corazón desbocado y entonces toda su mente quedo fundida bajo un cortocircuito hormonal.

Celvarán no era de verdad un hombre, poseía un gran parte animal y tal desequilibrio natutal se la estaba jugando por hacer trampas en la carrera evolutiva. Su pecho no demasiado velludo y enfundado en la armadura de cuero negro estaba inchandose y desinchandose como un pez globo, y el aroma se acercaba...

Tomando con fuerzas las cuerdas de la evolución, Celvarán consiguió al fin rescatar el razocineo perdido, pensando otra vez con claridad. Ahora que los pasos por la escalera estaban a punto de llegar al piso, su imagen era ahora más tranquila, casi normal. Ahora que estaba de nuevo en si, terminó de cerrar la puerta a la que había gastado al mirarla durante todo aquel tiempo.

El hermoso rostro de una mujer de figura no menos bella apareció por la escalera.

Las hormonas recorrían con frenesi el largo cuerpo de Celvarán que haciendo un esfuerzo por apaciguar su lado más salvaje sonrió a la recién llegada dejando ver una hilera de dientes más propia de la hermandad canina que de la humana.

-Buen dia- saludó Celvarán haciendo gala de una aparente tranquilidad.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

El recien llegado asintió y mostrándose conforme se dispuso a seguir a Elboron fuera del mesón.

Habían atravesado casi la totalidad de la distancia que los separaba de la gran puerta cuando el elfo se percató de que su gran águila Argo estaba posada en el alfeizar de un gran ventanal esperando ser liberada por su amo. Acercándose a ella abrió la ventana y susurrándole unas dulces palabras mientras la acariciaba el plumaje la dejó volar.

- Vuela ahora, amiga mía, pues tal vez te necesite pronto... - dijo mientras las cerraba de nuevo y volvía junto al desfallecido Gaur.

- Pensándolo mejor... tal vez te haga falta probar un bocado antes de nada amigo mío - observó al comprobar el lamentable estado de su fiel emisario. Esta hazaña tuya se cantara dentro de no mucho en las largas veladas de la Biblioteca. Te lo garantizo - y sonriendo le acercó el élfico cordial que guardaba en su bolsa mientras le ofrecía un asiento en la mesa donde había estado antes.

Mientras su audaz compañero se recuperaba del inhumano esfuerzo al que se había enfrentado Elboron no dejaba de pensar en la sonora bofetada que Delisse le había proporcionado.

Al cabo de pocos segundos se levantó y masculló:

- Esperame aquí Gaur. Será cuestión de un momento. Come algo mientras tanto - y haciendo una seña a la mesonera para que sirviera algo de comida se dirigió a las escaleras a grandes trancos. Por el camino se tropezó de nuevo con los dos soberbios maias de la Alianza y fingiendo no verlos pasó de largo.

Mientras subía las escaleras se tropezó con un extraño hombre que bajaba al salón y cuyos continuos espasmos y tosidos hicieron pensar al sanador elfo que aquel hombre sufría de alguna afección pulmonar.

Pensaba detenerse y ofrecerle sus servicios mas al levantar la vista observó como Delisse cerraba la puerta de su habitación y olvidando su sagrado deber de ofrecer ayuda al enfermo corrió escaleras arriba y se acercó a la familiar puerta de Yestariel.

Un extraño escalofrío recorrió su cuerpo cuando cerró la puerta tras de sí. Delissë recordó el rostro del hombre, y ella simplemente le hecho una seña de respuesta. Sabía que había entendido la sutil invitación, si bien ahora no era el momento. No después de cómo había salido del salón. Quizás más tarde... Había algo en aquél hombre que prometía algo realmente salvaje.

Se alejó de la puerta y se quitó el vestido manchado todavía de cerveza, además del polvo que arrastraba tras el viaje a través del pasadizo. Finalmente se dirigió a prepararse un baño, cuando sintió golpes en la puerta. Molesta, agarró su bata y se la puso rápidamente. Cuando abrió la puerta, se sorprendió al ver a Elboron allí.

- Pasa - dijo secamente, si bien sonrió levemente al observar una sombra roja todavía en el rostro del elfo.

Cerró la puerta cuando hubo entrado, y volvió al baño. Mientras se afanaba en llenar la bañera preguntó:

- ¿Y bien? Qué es lo que te ha traido por aquí... - su voz sonaba apagada por el agua - Espero que no vengas a contar más chistes... esta vez te iría mucho peor...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Elboron se sentó en un sillón ante la inesperada visión de la maia por la rendija de la puerta del baño y acompañando los pasos de Delisse con la mirada cruzó las manos detras de la cabeza. Sonriendo se estiró y contestó a su fina ironía:

- No he venido a contar más chistes aunque dado tu sentido del humor mi señora - dijo mientras se acariaciaba la marca de su rostro - creo que no te gustaría ni contado por el mísmisimo Chiquito del Ingenio, archiconocido humorista de mis tierras. Tal vez no hayas reparado en ello pero en el salón aguarda mi infatigable amigo y porta entre sus ropajes la roseta mezquina...

Al pronunciar estas palabras el ruido del agua cesó y Delisse salió del baño con sorprendida faz.

- ¿Cómo? ¿Ya ha llegado? A fe mía que vuestro amigo es veloz. Bajemos pues sin demora - respondió mientras dejaba caer su bata y se vestía con ropas de viaje ante la maravillada mirada del elfo.

Una vez vestida cogió sus armas y se aproximó a la puerta. Abriéndola se volvió hacia Elboron y apoyando la mano en la cadera le riñó:

- Vamos señor elfo. ¡En marcha! Cualquierda diría que habéis visto un fantasma.

Sacado de su ensimismamiento el avergonzado Elboron carraspeó y poniéndose de pié de un salto carraspeó un:

- En marcha. Claro si... digo no ó... si. O no lo sé. Salgamos - y alisando sus ropas salió de la habitación con porte digno ante la mirada divertida de Delisse que cerró la puerta y palmeó al pudoros elfo en el preciso sitio donde la espalda pierde su digno nombre

[Editado por jarvis el 10-08-2005 00:55]

Mientras que descendía las escaleras Celvarán clavo una fria mirada en el elfo que lo observaba con expresión divertida. Si estaba en lo cierto aquel hombre era uno dirigente de Valle, no por que recordara su cara personalmente pero si que se encontraba en la nebulosa de recuerdos pertenecientes al hobbit y al licantopro, y al él mismo claro. A pesar de que en otra ocasión no habría permitido semejante mofa, se guardo su rabia, algún dia la pagaría, podía esperar.

Tras llegar a la taberna pidio una copa de vino tinto, esperaría allí hasta que aquel elfo se fuera, mientras debería tranquilizarse pues hacía ya muchos años que había dejado de ser un chiquillo.

Habia algo en aquella mujer, algo especial.. aquellos ojos.. Sin embargo no le importara quien realmente fuera o que se tramaba con aquel ingenioso, todo esto parecía sobrar.. solo era ella.. y el deseo que le producia..

Mientras tomaba la copa se tranquilizo, sin embargo debía admitir que aquella mujer estaba provocandole cambios que jamás habría creido, aquello podía ser peligroso, por primera vez en su existencia se sentía vunerable. En cambio no podía resistir aquella sensación que le llevaba hacia aquella mujer, al igual que nadie podía resistir no llegar al suelo tras precipitarse desde las alturas.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Todavía reía cuando bajaban las escaleras que llevaban al salón de la taberna. Algunos de los presentes los miraron extrañados, mientras Elboron todavía no parecía reaccionar.

Se dirigieron a la mesa que habían ocupado antes del chiste de Elboron. Gaur se incorporó cuando los vio llegar y miró a Delissë con cara de pocos amigos, seguramente todavía molesto por la bofetada que le había asestado a su señor.

- Bienvenido a las Tierras de Nurn. No hace falta que me mireis de esa forma - dijo arqueando una ceja - No volveré a hacer daño a vuestro Señor, siempre que deje de lado los chistes \"ingeniosos\" - Delissë rió, ante la cara de consternación de Gaur.

Elboron acusó la ironía de ella, pero todavía parecía algo perplejo después de lo que había presenciado en su habitación.

- Es una larga historia, Gaur. Mejor será que nos sentemos, mientras terminas de cenar... Y ya te la contaré otro día, cuando la Maia mejore su sentido del humor...

Delissë se acercó a la barra, y pidió más vino, y tres copas vacias para el licor élfico que Elboron había traido, y al que se estaba aficionando. Apoyada en la barra, mientras esperaba que le sirvieran, vio a su lado al hombre con el que se había cruzado en el pasillo.

Se acercó a él, y le susurró algo al oido, y él palideció, pero no dijo nada. Sonriendo, recogió la bandeja y volvió a la mesa, sabiendo que entre ellos dos quedaba una promesa por cumplir, y un deseo por satisfacer.

- ¿Por dónde ibamos? - preguntó sentándose ante la mesa, y sirviendo las copas.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Celvarán no había tenido que girarse para saber que la mujer acababa de bajar a la taberna pues su dulce aroma la precedia.

Pudo ir como charlaba en una de las mesas para luego acercarse a la barra. Cuando estuvo junto a él piendo que le trajeran vino y tres copas vacias, Celvarán pudo notar su presencia sin tan quisiera mirarla.

Podía sentir cada aroma exhalado por los poros de su piel asi como el leve de susurro del batir de sus labios al hablar y el roces de sus prendas sobre la sensual figura.

Celvarán temía volver la mirada pues estaba seguro que si lo hacía se convertiría en piedras al encontrarse con aquellos lilaceos ojos como se contaba que ocurría en algunas leyendas. Entonces la mujer hablo...

El vino que acababa de tomar hizo que se atragantara a mitad de camino y su piel se puso palida para irse enrojeciendo paulatinamente, hasta volverse de un rojo iridiscente, tan vivo que sus puntiagudas orejas parecíar arder en llamas. Tan solo la falta del humo excapando por ellas daba cuenta que no era literalmente asi.

Mientras que su cerebro se debatía por no sucumbir a la quema de tan altas temperaturas, neuronas aún cabales intentaban desesperadamente mantener el control bajo la erupción hormonal que proseguía su camino totalmente descontrolada.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Tras recobrar la compostura, Celvarán se levanto de su asiento y se dirigió hacia las escaleras no sin antes fijar su mirada en aquel preciosa mujer que le devolvió la mirada.

Tras llegar a su habitación lleno la bañera de agua asegurandose de que estuviera especialmente fría. Una vez despojado de sus atuendos, se introdujo finalmente en la bañera consiguiendo con las frias aguas apagar el inmenso calor que le cubría el cuerpo.

Una vez habituado el cuerpo sumergió tambien la cabeza, aguantando la respiración mientras esta calenturienta tambien se apagaba. \"¿Qué demonios le estaba pasando?\"

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

- Esta claro, Ariul, que no es tiempo de discutir a quien pone el servicio de su espada cada uno- dijo Árchaon mientras daba un trago a al cerbeza que había invitado el maia oscuro-, mas ahora somos aliados, no creáis que me da gusto compartir la misma mesa queun servidor del mal, mi enemigo, como tantos de aquí, mas igual supongo de vos, pero en fin, así es la vida, pues hoy bridemos por estar aquí dejando atrás nuestras rivalidades- y alzó su jarra mientras la brindaba con la de Ariul.

Mientras lo hacía observó a lo lejos a una señorita que intentaba pasar desapercibida de la multitud, pero un maia no es engañado tan fácilmente por otro de los Ainur.

- Permitidme- dijo a Ariul mientras se le vantaba y se fue hacía la mesa aquella.

- Buen día, señorita...¿o puedo llamarla Gwyllion?

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Inglin sentia el contacto de Haradriel en su mano, un escalofrio le recorrio el cuerpo y se solto de su mano antes de llegar al principio de la escalera. Tomandola del cuello como un pequeño agarra a su mejor amigo le susurro al odio - Una palabra de mas y no dudare en hacer que te arrepientas- Y pasando por delante de la humana bajo las escaleras como quien va a charlar un rato con viejos amigos.

Muchas caras conocidas se veian desparramadas en la taberna, pero mayor era la cantidad de desconocidos de los que se habia poblado el lugar en pocos dias. Sin detenerse a ver si la humana permanecia cerca de ella, se dirigio a la barra y le pregunto a la camarera si todo marchaba en orden, luego de obtener el gesto positivo que deseaba se detuvo en una mesa donde dos mujeres charlaban animadamente -Espero que luego de esto tenga noticias tuyas- penso, mientras su mente volvia una y otra vez a cierto personaje que hablaba seriamente, penso la elfa, con otro de su misma condicion.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Que bien se sentia la muchacha al ver la confusion de la elfa, la siguio de cerca sin embargo, vio como se dirijia a la barra y opto por sentarse en una mesa, una camarera paso.

- Puede traerme algo de comer y un poco de cerveza por favor.- la camarera asintio y se dirijio a la cocina.

Haradriel comenzo a observar a su alrededor, entonces vio a Archaon hablando con una mujer que no era del todo mujer y a Telimektar que lo esperaba impaciente, Haradriel opto por hacer no escandalo y menos si el que queria como padre estaba ahi.

Llego la comida.

-Gracias.- despues se puso una capucha que ocultaba su rostro en las sombras se quito el velo por un momento y comenzo a comer.

Cuando termino, de nuevo se puso el velo y avanzo hacia Inglin.

-bien, mi querida amiga el tiempo apremia.- se acerco a ella y le susurro en voz baja.- ¿Que hago Inglin? porque aunque no quiera que mi gente me vea ya lo hizo y Archaon vendra a buscarme y Telimektar tambien asi que...

volteo a Inglin delicadamente y le señalo a los maiar que ya la miraban entre confundidos y alegres.

[Editado por tari el 10-08-2005 03:32]

[Editado por tari el 10-08-2005 03:38]

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

La elfa miro a los ojos de su nueva compañera -¿Quien te ha dicho que no puedes hablarles a tus compañeros? Pero no veo que les importara a ellos la existencia o no de Galandul, por lo tanto creo que te conviene que no menciones el tema- Dandole la espalda a la humana agrego -Reencuentrate, pero no te olvides de decirles cual es tu actual situacion. ¡Ve! No los hagas esperar!-

Si la humana pensaba que la elfa se iba a arrodillar ante ella pa`ra que no dijera nada estaba muy equivocada, sabia que no diria nada, no le convenia, al fin y al cabo las cosas eran como estaban señaladas y nadie podia cambiarlas.

Inglin se hundio en sus pensamientos nuevamente, no sin antes dar un vistazo hacia donde Mornaew y Lomine hablaban. Intentando ahogar una risa penso de que hablarian, pensaba en vano pues el tema de charla estaba claro, pero donde se encontraba el en ese momento.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

-Ay Inglin.- le dijo la muchacha, debia tener demasiada paciencia si queria llegar algo.

La muchacha sabia perfectamente de lo que era capaz la elfa, pero ella tenia sus cartas ya puestas sobre la mesa, podia hablar de lo que ella quisiera y lo sabia, siempre y cuando las palabras adecuadas, tomo el hombro de la elfa y la obligo a mirarla a los ojos, despues hizo una reverencia y se fue hacia donde se encontraba Telimektar, el maiar le miro y le dio un gran abrazo.

-Sois demasiado confiada mi querida niña.- le susurro al oido.- ten mas cuidado con tus actos, porque a mas de uno preocupaste.

-Perdoname, no era mi intencion hacerlo.- le dijo ella, como si una hija se disculpara ante el padre.- Ahora dime¿ que haceis aqui?.

Los dos se sentaron, mas Telimektar no le respondio de inmediato se quedo un momento callado, la muchacha lo miro y comprendio, despues miro a Archaon fijamente como si lo invitara a formar parte de esa conversacion con su mirada, Haradriel espero...

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Mornaew no acababa de comprender aquella situación, y por supuesto desconfiaba de la elfa aunque ella quisiera aparentar que el hallarse allí ambas bebiendo y comiendo era algo normal.

No iba a ponerse a revelar confidencias, ni mucho menos. Y aún dudaba de la parte que hubiera podido tomar Lómine en dejarla encerrada. ¿Y si había escenificado todo aquello para ganarse algo de su confianza y ponerla en contra de Seregruin?-pensó mientras que tomaba un trago del vino rosado que le habían servido.

—¿Alguien más ocupa su corazón? ¿Acaso crees que todas las mujeres que ha conquistado le tienen robado un pedacito? Me parece que estaría ya muy concurrido a estas alturas si así fuera —rió Mornaew.

El bullicio en la taberna era considerable, y asombraba la presencia de varios Maiar en el lugar. Se podía percibir ese poder que ocultaban bajo sus mortales envolturas. Mornaew distinguió al comandante Ariul entre la multitud del lugar. ¿Qué asuntos traían allí al oscuro maia de Telpe?

Mornaew sentía cierta diversión al escuchar las palabras de Anamoriel, como si fueran dos jovencitas luchando por ganarse al caballero más apuesto de la aldea. Ella sabía bien que, a pesar de aprovechar la ocasión para satisfacer ciertas necesidades, el mestizo tenía otros propósitos con la Nurnita. Nunca se sabía que ocultas intenciones albergaba Kalemba en cada paso que daba; y, por más que lo conociera bien, la confianza depositada en él hacía años no era la misma ni por asomo. Pero no sería tan absurdo como para encerrarla con la intención de protegerla… Ella sabía protegerse de sí misma.

—Subestimas a Seregruin si crees que él pondría a un guardia custodiando mis aposentos para nada. No estoy convencida de que fuera él quien me encerrara —Mornaew se mostraba muy desconfiada; algo quería de ella aquella elfa y no podía tratarse de una cena íntima—. Por el momento, te agradezco que me liberaras de esa reclusión pero no deja de intrigarme el propósito de todo ello.

El camarero llenaba de nuevo las copas cuando Ariul se dio cuenta de la presencia de la Reina en el antro, y se dirigió hacia su mesa pidiendo permiso para ocupar un lugar.

—Por supuesto mi querido Ariul, toma asiento y bebe algo —respondió amablemente la mujer, a la vez que Lómine asentía educadamente.

De hecho, Mornaew no tenía demasiado interés en que aquel rincón se llenara de curiosos pero… rápidamente el maia se distrajo hablando con otro de su condición, uno de Eithel Glîn parecía ser… Extraño encontrar a un enemigo charlando con otro pero, ¿Acaso, de algún modo, ella no estaba haciendo lo mismo?

Algo de la conversación que tenían ambos Maiar a su lado le llamó la atención, pues el de la Orden dijo algo de un Concilio al que tenían que asistir. ¿Por qué ella no estaba al tanto de eso? Algo se avecinaba…tendría que indagar.

—No vamos a pasar horas aquí como si no ocurriera nada, Lómine. De verdad me tiene sin cuidado lo que hagas en tu lecho pero, desde el momento en que vienes en mi búsqueda es que algo quieres de mí —insistió Mornaew, y tomó otro sorbo de vino.

[Editado por yureawen el 10-08-2005 04:24]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

- Mi Señor... Bella Dama... os agradezco la hospitalidad y me disculpo por mi atuendo. Después de recibir la urgente llamada de mi Señor Elboron, no he descansado ni de día ni de noche para traeros el objeto que solicitasteis.

Gaur intentaba ser locuaz, si bien los modales nunca fueron su fuerte.

- Traigo conmigo el objeto, mi Señor...

- Tienes bien merecido un descanso - dijo Delisse - entrega el objeto a tu Rey y podrás retirarte a descansar, soldado.

- Nada deseo más en este momento, Señora, mas quiero notificar que extraños sucesos están ocurriendo. La incursión clandestina anónima en la biblioteca, extrañas tormentas que he encontrado en mi camino, tormentas de gran virulencia y totalmente anormales en esta época.

- No hables de los que no te concierne -amonestó Delisse- deja estos temas para tu Señor.

Elboron sonreía divertido por la situación y simultaneamente escuchaba atentamente las nuevas que Gaur portaba.

- ¡Es la hora! - dijo....

Ântleïntzar Altariel mira a Elboron y al recien llegado Gaur...con cara extrañada....

Se acerca al recien llegado, y le invita a sentarse con ella.

-Toma asiento camarada, y cuidado no tientes a la suerte con preguntas indiscretas, que con Delisse por medio, corres el riesgo de recibir lo que no te buscas xDDDD.

Ântleïntzar Altariel mira con cara de sorna a Elboron...

Lómine rió divertida, la astucia y el aplomo que la joven Edain demostraba eran atípicos a su raza y sin embargo fluían en ella con tal naturalidad que algunos elfos bien podrían verse intimidados solo con su presencia, por algo era la Reina de la Orden del Telpe.

-Nada quiero que provenga de ti porque aquello que deseaba ya me lo has concedido –respondió la elfa depositando su copa vacía sobre la mesa –tus vagas respuestas, tus movimientos controlados, el brillo de tus ojos... incluso tu compañía en medio de esta singular algazara ha dicho más de ti de lo que tus palabras pudieran revelar, y en cierta forma me han ayudado a confirmar mis sospechas.

Lómine nunca imaginó que aquel trabajo encomendado por su oscuro tutor pudiese tomar tales matices, pero su debilidad hacia la naturaleza de los Hombres parecía ser más fuerte que su lógica. De todos sus amantes mortales solo Seregruin le causaba tal placer y bienestar; cientos cayeron bajo su encanto élfico pero ahora era ella quien sucumbía al dominio de un simple Engwar, dejándose arrastrar por la marea de sensaciones y percepciones que la abrumaban al estar con él, y cediendo al absurdo sentimiento de celos que crecía desbocadamente en su interior. Y sin embargo aquí estoy, acompañada por aquella que fue dueña de sus noches mucho antes que yo, y quien permanece grabada en su memoria cual marca de fuego, sobreponiendo mis intereses a mi dolor.

-Soy curiosa Mornaew –continuó la elfa cambiando un poco de tema –y mi curiosidad va más allá de la cautela, si Seregruin no es el responsable de tu encierro ¿quién más podría ordenarlo? ¿Y porque?

Lómine no imaginaba que otro Señor de Nurn pudiera verse beneficiado confinando a Néhilin en esa habitación, y más aun, resguardada por un solo centinela; Sin embargo los Señores nurnitas eran reconocidos por sus ardides sutiles y arteros, capaces de engañar a sus propios compañeros, así que la idea de un cuarto actor en esta trama no resultaba tan incongruente...

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Árchaon dejo por el momento a Gwyllion y se acercó a Haradiel para hablar con ella

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Árchaon llego y se sento junto a Telimektar.

-Bien, explicame bien aquel asunto del que me hablaste hace poco y que no entendi bien.

Haradriel le miro y por un momento dudo, sentia claramente la mirada de Inglin sobre ella.

-Sabes bien que fue lo que le explique, solo necesito que mire a un elfo que ha caido bajo el hechizo de Delissë, sin embargo, la elfa que custodia a Galandul duda ante la posibilidad de que el recupere la memoria; por lo pronto no puede ayudame no hasta que ella quiera..- le dijo sin que palabra alguna saliera de sus labios.- Pero por lo pronto expliquenme que ¿hacen aqui ustedes dos?, proque hay por lo menos 3 mas de su condicion aqui, ¿que esta pasando?.

Haradriel sabia que las cosas no andaban bien y entonces recordo aquella advertencia que el viento le habia susurrado.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Inglin dio vuelta la cabeza lentamente hacia el lado que se encontraba Haradriel, hablaba con dos hombres animadamente.

Dando media vueltas se levanto del banco en el que estaba sentada y entro hacia la cocina.

Quizas luego se arrepentiria de esto, quizas no.

ACCESO SOLO PARA EMPLEADOS EH xD

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Delissë dejó nuevamente la mesa un momento, y se acercó a dar instrucciones para que atendieran adecuadamente al soldado. Cuando volvió a la mesa, le vio a lo lejos hablar con una mujer. Las Grietas tenían esas cosas, pensó. Luego volvió su atención nuevamente a Elboron.

- Finalmente tenemos la Roseta - dijo, sentándose nuevamente. Se reclinó hacia atrás en la silla, y apoyó una pierna ligeramente doblada sobre una silla cercana - Pero se ha hecho tarde para consultarla. Mañana habrá una reunión, y espero que consigas hacer que lo que este ardiendo deje de arder...

Elboron parpadeó, y luego abrió la boca para preguntar algo, y luego volvió a cerrarla. Delissë tomó una copa de licor, y se la acercó a los labios.

- No pongas esa cara. Me refería a lo que dejamos en Mornä Selmë.

- ¿De verdad que es tarde? - preguntó él una vez recuperada el habla. Parecía deseoso de volver a examinar el Códice, sin que estuviera ardiendo... Y ahora que tenía la Roseta, esta parecía quemarle en las manos.

- De verdad. No os aconsejo salir de este local a estas horas... Nadie sabe lo que podríais encontrar por las calles de Narmelost. Y sin duda seríais un bocado apetitoso - respondió con una sonrisa.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

los dos maiar se quedaron callados, entonces Árchaon hablo.

-si esta pasando algo, pero no es momento de decirtelo.- le dijo el maiar.- lo sabras despues, cuando nosotros mismo sepamos que es exatamente lo que sucede.

Haradriel miro a los dos maiar y hablo, sus voz se oia tranquila sin embargo su interior estaba gritando.

-Que no es momento, ven Árchaon te voy a mostrar algo.- se levanto de la silla y luego miro a Telimektar.- esperadnos aqui no tardaremos, tal vez cuando regrese me diran que pasa.

Haradriel tomo de la mano al maiar y lo guio hacia arriba, despues se dio cuenta que no tenia habitacion asi que para su pesartuvo que entrar a la de Inglin; Galandul seguia dormido, la joven le solto la mano a Eltharion y despues se dirijio a la ventana para abrirla, entonces y como presintiendo algo, volteo Archaon veia al elfo y se acerco a el para despertarlo.

-No Amigo mio. le dijo pero en ese momento entro Inglin y su mirada denotaba ira.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Seregruin sabía ya, por propia experiencia, que el tiempo transcurría de muy distinto modo para los diversos habitués de las Grietas. En efecto, sentía que aquel extraño momento que compartían en la calidez de una estrecha habitación, con la no menos extraña visitante telpita, se dilataba ya por días. Tanto tiempo parecía durar ese beso robado al azar, que incluso una veloz criatura de Manwë podría haber cubierto el trayecto de Nármelost a Ciudad del Dragón... de ida y de vuelta, y sin despeinarse siquiera.

Pero estas especulaciones eran irrelevantes ya. Sobre el diván de Araw, el nurnita y la elfa habían perdido toda noción del tiempo: la telpita se había echado sobre Kalemba, y éste había bajado la guardia por unos interminables momentos, entregándose al calor de la inesperada visita.

A través de las estrechas ranuras del pétreo muro, se colaban el griterio de la multitud que atestaba el salón de las Grietas (que a veces parecía transformarse en abierta lucha) y el embriagante aroma de la cena nurnita, que era servida siempre a estas horas (fuera el día que fuera, o tal vez tres días más tarde).

De cualquier modo, más allá de los suaves gemidos y de las apagadas exclamaciones -que gradualmente cobraban intensidad, envolviéndolos y apartándolos en un mundo propio-; y algo más lejos de los muy reales disfrutes que la extranjera le brindaba -y que a cada momento le absorbían más-; Seregruin sentía una enorme tensión en rápido crecimiento, debajo, en la taberna... serían esos Maiar, que concentrábanse poco a poco en sus asuntos y en sus disputas ...o acaso serían otros sentimientos más hostiles, de otra naturaleza y con otro -y muy distinto- objeto surgidos.

*******************************

Seregruin mandó a los Guardias que cerraban la puerta del cubículo a pedir algo de comida a la cocina ...que ya el hambre arreciaba. Y luego se volvió hacia la bella telpita que -algo ruborizada (o esto le parecía al hombre)- lo aguardaba, echada sobre el estrecho diván y apenas cubierta por la negra capa con la que había llegado.

Seregruin se acercó a la elfa, y pasó dulcemente la mano por sus cabellos desaliñados. Mientras echaba una distraída mirada hacia la taberna y su concurrencia (aún no habían reparado sus ojos en algo que -sin dudas- mucho le sorprendería), volvió a preguntar a la extranjera qué era lo que buscaba de él y de Nurn, y qué tenía que ver Mornaew con su llegada a este sitio.

[Editado por seregruin el 11-08-2005 12:20]

Había subido a la habitación en donde un elfo reposaba tranquilamente en la cama, pensó que sería el elfo del que le había dicho ser hechizado.

Se acercó a él peró Haradiel lo agarró del brazo, cuando la puerta se abrió y una elfa entró, a decir verdad con cara de pocos amigos, pero Árchaon no reparó mucho en su cara, y siguió observando al elfo.

- Delissë- dijo mientras soltaba una sonrisa un poco sarcástica. Se giró pues hacia la elfa, a la que no parecía que le agradase que el maia se acercara al elfo- Con todos mis respetos, os agradecería que guardéis los modales, mi señora, pues no es más que ayuda mi intención con este joven elfo, y os aseguro que alguien que no sea yo no arreglará este desperfecto, asíq ue quitad esa cara y no me miréis como si fuese...uno de vuestros orcos asquerosos- habló mientras se acercó a ella.

Árchaon paseó por la habitación y observó por la ventana.

- Ahora bien, ¿me van a explicar lo sucedido?

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

Fueron segundos. Instantes fugaces que se prolongaron en el tiempo, tanto, que Lúmenel y Seregruin perdieron toda noción de éste. Juntos, sus cuerpos recostados sobre el sillón de Araw, perdidos en un beso que apartó al mundo de sus mentes. Momentos después la Elfa se separó apenas del mestizo, los murmullos les llegaban ahora, menos apagados, mientras volvían a la realidad.

El hombre pidió comida y algo para beber a los centinelas que custodiaban las puertas de la pequeña habitación. Mientras tanto, Lúmenel, se quedó acostada, perdidos sus pensamientos en los ojos de Kalemba. Ahora dudo, si en realidad cumpliré mi cometido. Se dijo para sus adentros ¿O será que acaso el destino me tenga reservado otro camino, junto a aquella persona que una día fue el blanco de mis ideas?. No quiso pensar más, pues se conducía a un laberinto de oscuros pasajes.

El hombre regresó entonces, y ella percibió que aquella incómoda tensión que guardaban sus ojos se había desvanecido, al menos en gran parte. Se acercó a ella, y tocó suavemente sus cabellos despeinados. Tanta dulzura desprendía aquella caricia, que Lúmenel se estremeció.

Lúmenel le tomó la mano, entre las suyas, mientras Seregruin volvía a sentarse a su lado. Sonrió tímidamente, al tiempo que el preguntaba otra vez cual era su propósito.

-Aún no entiendo, Elfa, la razón de tu llegada, de este encuentro...-

La Elfa dejó escapar un suspiro, quizá de cansancio, quizá porque estaba maravillada con las actitudes que había tomado Seregruin a lo largo de la noche.Tenía que decirle algo, darle un motivo, aunque fuese una pequeña explicación que calmara sus dudas. Se embarcó entonces en un relato de cómo había llegado allí, mientras dejaba escapar, de tanto en tanto, algunas indirectas en cuanto a su misión.

-Asuntos de guerra, en días de guerra, ese es quizá, mi principal motivo-.

El siguió callado, durante algunos minutos, atento a cada detalle que ella le había comentado. ¿Derribarán mis palabras sus dudas y temores?. Eso era lo que ella más deseaba en ese momento.

[Editado por Isilmeriele el 11-08-2005 18:25]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


La tranquilidad reino de nuevo en la mente de Celvarán. Sea lo que sea lo que le había ocurrido habia terminado, al menos por ahora. El reguero caótico de hormonas había cesado condesandose en una fuerte estructura como si del metal derretido hubiera surjido un firme objeto. El deseo era aún latente y bien arraigado pero al fín había dejado de ser incontrolado. La conciencia de Celvarán volvía a ser fuerte, avergonzandose ahora de sus reacciones pasadas, \"como un vulgar chiquillo\" se decía.

Un destelló le golpeo la mente mas que la vista. Saliendo con rapidez de la bañera y empapando el suelo con el agua que aun recorría su cuerpo, abrió de nuevo el fardo sacando de nuevo uno de los frascos.

\"Aun el mediano no volvería\" se dijo mientras se bebía de un trago todo el contenido de la botella.

Aquella dosis era mucho mayor de las que había realizado hasta entonces, sin embargo confiaba que al no habersela inyectado directamente en la vena el efecto sería menor, más retardado y dudadero.

Envuelto en espalmos regreso a la bañera, llevando consigo una botella de dulce licor y una copa.

Poco a poco los temblores remitirieron e Ian regreso a las mas profundas oscuridades de su ser.\"A tu salud mi pequeño hermano\" se dijo Celvarán alzando la copa y bebiendo un sorbo.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

El ambiente, entre festivo y tenso, que se vivía en el salón principal de las Grietas había contagiado a la elfa, una cierta tranquilidad nacida a raiz de su inverosímil encuentro con Mornaew se leía en su rostro y sin embargo, sus ojos conservaban la oscuridad creciente que dominaba su interior. El antro, repleto de nurnitas y foráneos, bullía en actividad, las camareras corrían de un lado para el otro cargando sus bandejas con enormes jarras de cerveza o botellas de embriagante licor, o con platos exquisitos para aquellos quienes prefiriesen llenar sus estómagos a perder la razón en la bebida. Nada en el gran salón podría considerarse inusual, excepto tal vez la curiosa reunión de los Maiar, sin embargo una singular procesión de guardias cargados de comida, en dirección a los oscuros pasillos del lugar atrajo la atención de Lómine.

Aquellos no eran simples soldados nurnitas, los conocía bien, les había visto por primera vez en Narmelost poco tiempo después del nombramiento de Seregruin como Señor de Nurn, aquel grupo de hombres de imponente presencia hacían parte de la guardia personal del mestizo, y ahora se dirigían presurosos hacia la entrada del pequeño cuarto suspendido y oculto en la parte superior del salón. Tras disculparse con Mornaew, la elfa siguió los pasos de los centinelas hasta alcanzar la base de la escalera, lo que sea que estuviese ocurriendo en ese cuarto no sería de su agrado, de eso estaba segura. Aceleró sus pasos hasta tropezar con los guardias apostados ante la entrada superior.

-A un lado –ordenó la elfa con enojo

-Lo siento, el Señor Seregruin ha dado órdenes expresas de no dejar pasar a nadie.

-¿Otra vez con el cuento de las órdenes? He dicho que se hagan a un lado. –y sin que los hombres pudiesen detenerla, Lómine abrió de par en par la portezuela... y a pesar de sus sospechas, sus ojos no daban crédito a lo que veían.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Haradriel miro a Inglin y despues a Árchaon, definitivamente si el maiar no hubiera estado ahi, la elfa ya le hubiera matado.

-Inglin quita esa mirada, porque no traje a Árchaon a que viera al elfo, mi intencion era otra, no es mi culpa que no confies en mi palabra.- luego miro al maiar.- dejemos el asunto de este elfo aun lado, ahora ven y escucha.- el maiar se acerco a la ventana y por un momento los dos ignoraron a Inglin.- pon atencion el viento susurra.- se quedaron callados y entonces los dos escucharon la advertencia.

Las arenas del Harad se mueven inquietas, los bosques murmuran entre si: algo a despertado en mordor en la tierra llana donde nadie a puesto su mirada, el Helcaraxë ha crujido y el viento de la muerte ya se alza sobre nosotros; las oscuridad cubrira el mundo y el fin llegara.

-Asi que no sabes que pasa Árchaon.- le dijo la muchacha.- porque esto lo he escuchado desde hace tiempo ya, y ahora me alarma mas, con esta reunion o lo que sea de los maiar.- la muchacha miro a Inglin.- Y bueno mi querida amiga ¿ piensas matarme o mandarme a los calabozos? pero de una vez te digo que este elfo no se recuperara si tu no quieres y Eltharion no lo ayudara a menos que se lo pida.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Inglin miro al maia que acompañaba a Haradriel

-Sepa el señor que yo a los orcos no los miro siquiera, solo les ordeno- Volviendo la mirada hacia el elfo dijo- Por lo visto ambos buscamos explicaciones, en cuanto a porque Haradriel permanece con migo, su explicacion es larga y aburrida, pero creo que a ambos nos complaceria escuchar su explicacion de por que razon a venido a las tierras nurnitas. Su unica respuesta ha sido por curiosidad, pero esa razon no complace a nadie como podras ver-

Inglin los invito a tomar asiento en los dos sillones que se encontraban debajo de la ventana, mientras ella se sentaba al borde de la cama.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Este post pertenece a la historia conjunta de Haldanori

Elboron escuchó el jocoso comentario de Delisse y reparo en sus palabras sobre lo avanzado de la hora. Al escrutar la ventana desde su alejada mesa sus penetrantes ojos élficos se perdieron entre la oscuridad de la fría noche nurnita encogiendo el ánimo de su corazón.

- De cualquier modo - se dijo buscando consuelo - aquí siempre es noche cerrada. Deben llegar los humos y la inmundicia al aire desde la ciudad de Curufarnë cubriendo estas tierras con la desesperación y la apatía.

Suspiro largamente anhelando las verdes praderas de su tierra natal y recordando el aroma de los altos árboles y la belleza de las hermosas flores. No llevaba gran tiempo lejos de su hogar pero la ausencia de luz lo estaba marchitando y se sentía inquieto. Pero era el porqué de esa inquietud lo que realmente lo atormentaba.

Decidido a no permanecer en tierras nurnitas más que el tiempo imprescindible para desempeñar su tarea se incorporó y con decisión apartó de la mesa las viandas y los cuantiosos enseres que la ocupaban. Alzando la vista en dirección a Deilsse se dirigió a la divertida maia con serio semblante:

- Oh Delisse, me turbas con tus palabras. Debe ser el tiempo que llevo entre estos muros pero mis sentidos se están embotando y no haces sino asombrarme y ruborizarme. Mas creo que el asunto del códice requiere todos nuestros esfuerzos y debemos procurar abordarlo sin demora. Y ahora - la dijo - te importaría acercarme un candelabro y derretir una vela en un cuenco.

Ante la cara sorprendida de Yestariel y del recuperado Gaur se apresuró a aclararles sus palabras.

- No me miréis así. Me hace falta para leer la roseta. Gaur... - dijo - entregame ese preciado tesoro que llevas contigo.

Ante las palabras de Elboron, el siempre eficiente edain se aprestó a entregarle la reliquia de los noegyth nibim. El elfo la tomo con sumo cuidado y la depositó encima de un paño sobre la mesa. Los años no habían hecho mella en la roseta - apreció con júbilo - se encontraba tal y como él la dejara siglos atras en una recóndita cámara de su biblioteca.

- Veamos - dijo hablando para si y captando la atención de muchos curiosos con sus inexplicables acciones - no te me resistiras dos veces vieja amiga. Los años me han vuelto más sabio. Gaur... - repuso alzando la vista y dejando su monólogo - alumbrame un poco más cerca y alcanzame esa vela derretida por Delisse pues estos grabados de los enanos tienen un secreto que solo la sinuosa cera puede desvelar... - y para asombro de los presentes vertió el contenido del cuenco en la piedra dejando el cuenco a un lado.

Un instante después, la derretida vela se dispersó por la mágica piedra revelando cuantiosas y secretas runas que se encontraba escondidas por la maestría de los artífices naugrim de antaño.

- Es... magnífico - acertó a balbucear Gaur

- Este, amigos míos, es un truco que aprendí de los maestros naugrim de las lejanas minas de Belegost en una edad pasada. Ahora - dijo levantando la vista y observando los ojos atónitos de sus amigos - solo queda esperar que se seque y podré interpretarla sin dejar fragmentos como en el pasado. Y no me miréis así... llevo toda la vida dedicándome a esto. Elboron, \"cazador de reliquias\" ¿recordoáis?

[Editado por jarvis el 12-08-2005 03:15]

Que se traia entre manos la elfa, porque preguntar eso ahora.Rochwin se sento y penso un momento en sus palabras.

-No logro entender, porque eres tan terca, Inglin estoy aqui por curiosidad hubo alguien que estuvo aqui hace tiempo y yo en mis esperanzas de verle otra vez he venido, pero ya no la encontre; curiosidad saber si estaba aqui, esa es la verdad.- miro a Inglin a lo ojos.-Ya no os dire mas, porque esos solo son parte de mis asuntos y de nadie mas.

Si habia algo que molestara en el mundo a la muchacha era la insistencia en una pregunta sobre que pensaba o cuales eran sus intenciones, se levanto enojada y le dijo al maiar.

-Vamos Telimektar nos espera y si nos estamos con el quien sabe que cosas hara, ya lo conoces amigo mio.- luego miro a Inglin y paso delante de ella luego cuando salio Archaon de la habitacion le susurro.-Inglin yo confio en ti, tu deberias hacer otro tanto, solo te dire que mi paciencia tiene limites y cuando los toca soy demasiado peligrosa.- le acaricio el pelo como un gesto de un amiga a otra.- contigo no los tocare, pero aun asi te lo digo para que lo tengas en cuenta.

Haradriel de nuevo la miro a los ojos y salio de la habitacion, siguio a Archaon que ya bajaba las escaleras y luego se reunieron con Telimektar.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Telimektar estaba sentado en un lugar apartado, intentando concentrar su mente e intentar discernir tal reunión, mas tuvo que morderse la lengua al ver a la Reina de Tercano por allí. Este vio a Haradriel acercándose junto a Archaon y esta le dijo:

- ¿Que es lo que se agita dentro de ti, Telimektar?- le pregunto intranquila.

- Es solo que me altera estar junto a aquellos que son mis enemigos, mas deseara poder desenfundar la espada y dar muerte a aquella que dio orden de atacar a mi pueblo- le respondió mientras hacia estallar la jarra de cerveza.

- Trae la mano te esta sangrando- le dijo Haradriel mientras le limpiaba con un pañuelo.

- Ya llegara el momento de saldar las cuentas, ahora ten paciencia y intentemos llevar a cabo la misión que se nos encomendó- le dijo Archaon

- Ya lo se mi compañero pero la rabia me corre por las venas y no es de mi agrado compartir mesa con aquellos que nos atacan.- le dijo mientras llamaba a la camarera para que le trajera otra jarra de cerveza.

!Que las cabezas de nuestros enemigos sean rebanadas y que rios de sangre bañen sus tierras!

!No habra piedad alguna para ellos, la muerte es su destino y yo su verdugo!

Le gustaba la turbación del Elda. Conseguía divertirla de una manera que hacía mucho tiempo que no conocía. Mientras observaba maravillada la magia de la cera en la piedra, pensaba en lo extraña que le resultaba la confianza que parecían haber adquirido.

Sus ojos violetas miraban con atención la piedra. Alzó la mirada hacia Elboron:

- Y bien, Señor Cazatesoros. ¿Cuál es la palabra? - preguntó impaciente.

Elboron se concentró en la piedra, olvidándose de todo alrededor, y Delissë suspiró exasperada. Se sirvió una copa, mientras dejaba que Elfo llegara a una conclusión.

En lo alto, se oyó un estruendo que le hizó alzar la vista al techo, y Delissë se preguntó que ocurriría. Pero luego lo borró de su mente. No era nada extraño en aquel local. Seguramente, formaría parte de alguna perversión privada. Recordó entonces al hombre extraño. Aquel que parecía prometer con la mirada la más salvaje de las pasiones. Sus labios temblaron un momento, y volvió a mirar a Elboron.

- ¿Conseguiremos algo antes de que amanezca? - preguntó de nuevo, y había cierta ansiedad en su voz.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Seregruin sintió la puerta abrirse con un estruendo desusado, e inmediatamente tomó el espadón que descansaba a sus pies. Esa interrupción no podría tratarse de otra cosa que de un motín o un atentado contra su vida ¿Para qué habría puesto la llave en manos del guardia aquél? Después de todo, 10 años de fiel servicio no garantizaban una eterna lealtad...

Pero la escena que se montó a continuación fue terriblemente cómica, de no ser porque allí operaban otros asuntos -de esos que duelen y regocijan mucho más profundamente, tal vez:

Seregruin, de un lado, completamente desnudo y empuñando el pesado espadón oriental con gesto fiero y amenzante, pretendía defender a la elfa extranjera que se había incorporado en el sillón -apenas cubierta por una capa y sosteniendo dos filosas dagas telpenianas, para mayor detalle.

Del otro lado, Lómine expresaba una extraña mezcla de furia y estupefacción ante el recibimiento aquél ...y algo por detrás, los guardias nurnitas intentaban contener una carcajada con las bandejas rebosantes de suculenta comida temblando en sus manos.

Seregruin, pasado el extraño instante aquél en que todo pareció detenerse, arrojó el espadón al suelo y se dirigió con paso firme hacia la puerta. Haciendo entrar a Lómine en la habitación con brusquedad -la elfa aún no reaccionaba a la sorpresa-, volcó de un golpe el humeante contenido de las bandejas sobre los guardias -que gritaban de dolor, al tiempo que reían y caían escaleras abajo, tropezando entre ellos y dando muy pronto contra los escalones... y luego así hasta el salón del Antro.

Seregruin, aún indeciso entre el enojo y la carcajada, cerró la puerta del cuarto con gran estruendo.

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Estos son los fragmentos restantes de la carta que Delisse Yestariel recibió días después, y que inmediatamente destruyó y mandó a quemar...

Cita:</TD
...aún no había averiguado sus intenciones, cuando con enorme estruendo y no menor impertinencia, se apresentó mi querida Lómine, justo en el momento en que acallaría mi hambre...

...que la situación en que nos hallábamos los dos no era la más adecuada como para andarse con sutilezas si rodeos, y que la furia de mi Elfa había estallado a una presión de días de...

...fue así que su furia se transformó pronto en pasión (no hemos de soslayar que esto hace al carácter de todo nurnita que se precie), aunque en cambio fue más extraño el modo en que la telpita...

...creo que no puedo quejarme de lo que me ha tocado en suerte, mi Dama. Este encargo tuyo a cada momento me da nuevas y más satisfactorias sorpresas. Por cierto, que deberíamos, nosotros dos...

...y qué decir de cuando finalmente nos dispusimos a devorar un banquete de lo más reconfortante, como para aliviar nuestros cuerpos agotados!! (al margen, los guardias involucrados al comienzo de la historia no han sobrevivido a un lamentable...

...por lo que el afecto que nos tenemos no pareció dañarse sino en cambio incrementarse más aún, tal vez a causa de la variación y la novedad (dichos del estilo eran vox populi en la decadente corte de Ar-Phârazon, en mis días de Armenelos...

...que ha sido una magnífica velada, de las mejores que he pasado en Nármelost, en lo que va del tiempo que me instalé casi definitivamente aquí. He de exceptuar, por supuesto, las que contigo, mi muy querida...

[Editado por seregruin el 12-08-2005 21:41]

Gaur estaba turbado ante lo que estaba ocurriendo ante sus ojos. Su señor le sorprendía con su habilidad y la presencia de Delisse le inspiraba respeto.

El sonido que se había producido rebotaba en las paredes multiplicandose y dificultando la concentración de Elboron.

- Mi Señor. ¿Quereis que vaya a ver lo que ocurre en esta casa de locos?

Despertó. Las luces de la mañana se filtraban por las ventanas semiabiertas de su habitación, así como el murmullo de decenas de conversaciones, que a pesar de la hora, parloteaban en el salón principal. Estaba un poco abrumada, abatida por lo acontecido la noche anterior. No era el mejor momento de pensar en ello, pues las cosas no habían salido exactamente como lo había planeado o mejor dicho, como lo hubiese querido.

La interrupción de Lómine los tomó muy por sorpresa. Sin poder aún darse cuenta de la situación a la que se enfrentaban, Seregruin y Lúmenel se vieron armados con lo primero que tuvieron al alcance de la mano. La Nurnita no reaccionaba de la estupefacción que tenía, sus ojos dejaban entrever la rabia y la sorpresa. La Telpita nunca se había visto enredada en una historia como aquella... miedo, frustración, rabia, vergüenza. ¿Qué era lo que sentía?. No había tiempo para analizar la situación con detalle. Miles de cosas pasaron por su mente.

Una extraña experiencia fué aquella, pero cuando la noche moría y ya las estrellas dejaban paso a la mañana, la Elfa se marchó de allí, pues entendía que los Nurnitas necesitarían tiempo para hablar, a solas.

Lúmenel me dirigió a una de las esclavas, que se hallaba limpiando las mesas...

-¿En qué habitación se aloja la Reina de Telpe?- preguntó con impaciencia.

-En la planta de arriba, según me han dicho, aunque no estoy segura de cual es la habitación que la aloja- respondió ella mirando con atención las insignias de la Hermandad de Plata, que la Elfa llevaba en sus ropas.

Lúmenel caminó rumbo a las escaleras. Sus ideas volaron sobre las Haldanóri. Pensamientos perdidos en cosas que habían sucedido tiempo atrás. Comenzó a subir, lentamente, preguntándose como haría para enfrentar lo que acontecería. Lo mejor es que hable con ella, ¿Porqué dudo de eso, si es lo que me dice el corazón que debo hacer?. Al pasar por el salón, sus ojos vacíos se habían posaron sobre la puerta de la pequeña habitación que había compartido con el mestizo.

Volvió a concentrarse en el pasillo, oscuro, que la llevaba directamente a Mornaew (aunque no dejaba de sentir cierta nostalgia por aquel momento y por aquel hombre). En una de las puertas había un guardia. Allí era. Tras esos muros se hallaba la renombrada Reina Telpita.

Golpeó, dos o tres veces sobre el portal de madera. No sentía ruidos adentro, por lo que pensó, que quizá la mujer aún se hallaba descansando. Luego, sus sentidos le dejaron escuchar algunos murmullos dentro, apagados y débiles, pero que le llamaron la atención.

La puerta se abrió lentamente y la figura de la reina de la Orden se recortó contra la luz que se derramaba de la habitación.

-Necesito hablarte Mornaew, es un asunto importante- le dijo Lúmenel con un tono de voz bastante alarmante.

[Editado por Isilmeriele el 12-08-2005 20:38]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Aparte de la carta de Lómine a Inglin que relata, a su modo, el porqué de los excepcionales hechos ocurridos la noche anterior en el cuartucho superior de las Grietas, y en el que se vieron envueltos Seregruin, Anamoriel y Lúmenel.

Cita:</TD
...No podría explicarte qué pasó, qué me llevó a ceder ante ellos y a dejarme llevar por el deseo y la pasión, tal vez fue su lejanía en días recientes y mi necesidad de sentirlo cerca, de envolver mi cuerpo al suyo y desaparecer en la embriagante sensación de saberlo mío... o tal vez fue la irresistible curiosidad de descubrir si la extravagancia y el encanto que desborda a mi lado se igualaban a aquel que irradiara junto a ella; más el disfrute inexplicable que produjo en mí no deja de sorprenderme, la lujuria de los cuerpos entrelazados y sumidos en el deleite de las sensaciones, la conjunción de las pieles y los aromas únicos, la sensualidad de las razas fundidas en el goce de la mutua satisfacción son detalles que no alcanzaría a describirte en ninguna de las lenguas que se hallan bajo el cielo de Arda.

Pero no te confundas, querida Inglin, mi condescendencia ante su traición no es más que una estrategia, sabes mejor que nadie el terrible dolor que guardo en el centro de mi pecho y que Seregruin acrecienta con sus constantes amoríos y aventuras, más si hubiese cedido a mi primer impulso estaría, en este momento, recluida en las profundas mazmorras de Yaimë Farnë, acusada del asesinato de uno de los Señores de Nurn y de una entrometida telpita; No, amiga mía, el camino es largo y el mestizo aun se encuentra bajo el hechizo de mi cuerpo, de mi piel, pero nada me asegura que lo estará por siempre, es por ello que debo actuar con cautela e incluso ceder a algunas de sus pretensiones, más el tiempo y el destino se encargarán de brindarme la oportunidad de un desquite... aunque debo reconocer que esta singular actuación me ha sido tan placentera como ninguna otra, mi ser aun se estremece al recordar las caricias de la noche pasada y mi piel palpita al pensar en él.

Te dejo, mi amada compañera, imaginando que una sonrisa se dibuja en tu rostro, la insensatez de nuestros actos tiñen de comedia la tragedia de nuestra existencia.

Entencuvalvë,

Anamoriel

[Editado por Seshat el 12-08-2005 21:54]

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Los decibelios del salón subían por momentos y la dificultad para concentrarse en tal alboroto estaba importunando seriamente al quendi. En el colmo de su indignación las palabras de Delisse sisearon en sus oídos como maliciosas serpientes.

- Y bien, Señor Cazatesoros. ¿Cuál es la palabra? - preguntó impaciente.

No se daba cuenta de que le hacía falta tiempo. La cera no había terminado de secarse y los relieves no se podían interpretar en ese estado. Mientras se esforzaba en recordar los secretos de los naugrim, aprendidos antaño, la voz de la impaciente maia se elevó de nuevo por encima de los demás presentes atcando los frágiles nervios del elfo.

- ¿Conseguiremos algo antes de que amanezca? - preguntó de nuevo, y había cierta ansiedad en su voz.

En otra ocasión la impertinencia de Delisse no hubiera hecho sino dibujar una sonrisa en sus labios y una ácida respuesta; mas importunarle ante la, posiblemente, más complicada interpretación que se había enfrentado nunca, no era una buena idea.

Alzó la vista con disgustada expresión y se disponía a contestar cuando la rápida perspicacia de Gaur se interpuso exclamando, con sabiduría e indignación:

- ¡Que escándalo! Mi Señor. ¿Quereis que vaya a ver lo que ocurre en esta casa de locos?

La oportuna intervención del edain capeó el temporal que se estaba formando en la mente del elfo cuyo trabajo no entendía pero suponía harto complicado.

- Decís bien, amigo mío - repusó seriamente sin entender lo que se avecinaba - pareciera que acaso estuvieran degollando algún marrano para singular festividad o tan sólo será el exceso alcohol dispensado por la tabernera.

Gaur se levantó y ajustándose el cinturón se dirigió al grupo más ruidoso con pasos firmes y torva faz.

- Si no me equivoco - dijo divertida Delisse siguiendo con la vista al hombre - tu amigo es algo temerario.

- ¡Oh! no te preocupes por él. Preocupate más bien por aquellos infelices que se pongan en su camino - contestó Elboron para acto seguido observar a un corpulento enano estrellarse contra la barra golpeando al irsacible Árchaon en la espalda.

Éste, rojo de ira, pues el golpe había derramado su jarra sobre sus ropas se volvió hacia el enano y, agarrándole de la barba, lo retó con amenzadoras palabras:

- Dime, enano, un solo motivo por el cual no deba segar tus cortas piernas y acercar tu horripilante cara aún más al suelo.

El atemorizado enano acertó a señalar a Gaur, que se batía en duelo con los vocingleros amigos del enano que atrajeron la atención de la taberna provocando simpatías y enemistades por igual.

- ¿Que diablos está pasando aquí? - preguntó ofuscada Mornaew, la elegante reina de Telpe, cruzando los brazos con grave rictus, separando a dos contendientes.

Antes de que nadie pudiera contestarle una voladora jarra de hidromiel cayó sobre sus delicados vestidos formando una pegajosa mancha con forma de pizza.

Nota del autor: Ella me entiende xdd

Enfurecida golpeó en la mandíbula al elfo que separaba involucrandose activamente en la pelea.

Observando la escena, Árchaon soltó al enano y se encaminó con lentos pasos a la trifulca mientras crujía sus dedos. Por el camino tocó en el hombro a su compañero Telimektar quien sin mediar palabra se levantó y siguió a su amigo. Mientras tanto, Gaur había derribado a dos oponentes y se debatía con un tercero que se acababa de unir sin mayor motivo que el provocado por una jarra de más del peleón vinillo de la taberna.

Lejos de allí Elboron asistía incrédulo a la escena mientras veía a nuevos curiosos animarse a la pelea que tenía visos de acabar en batalla campal.

- Pero... ¿que les han dado de cenar? - dijo balbuceante a Delisse apresurándose a guardar la roseta y sus pertenencias - Aguardad aquí Delisse, voy a intentar sacar a Gaur de esa vorágine destructora antes de que las espadas sean desenvainadas.

Y dejando a la maia, cuyo único gesto fue cruzar las piernas y tomar su copa alzándola hacia Elboron a modo de brindis, cogió una silla y estampándosela al primer fulano que encontró en su paso exclamó con alegría:

¡Es la hora de las tortas!

Nota del autor: Batalla campal inspirada en los geniales Goscinny y Uderzo. Va por ustedes

[Editado por jarvis el 13-08-2005 02:01]

Una jarra de cerveza salió despedida, y pasó por encima de ella más que nada por que se agachó para esquivarla. Se estrelló contra la mesa que se encontraba justo detrás de ella, donde un hombre cayó al suelo inconsciente golpeado por una silla que había surcado los aires siguiendo al objeto anterior. Bruscamente volvió la mirada contra el lanzador, donde vio a Elboron sujetando a un enano por las barbas.

Volvía a acomodarse en la silla, cuando el desafortunado enano tuvo la mala suerte de aterrizar a sus pies, lanzado hábilmente por Elboron. Delissë levantó el pie y lo golpeó en la cabeza, dejándolo incosciente en el suelo.

\"Esta claro que una no puede estar tranquila ni en su propia casa\", pensó. Luego miró la mesa donde Elboron había dejado la piedra. La cogió y la guardó bajo su corpiño.

Pasó por encima del enano, y por el camino fue pisando un regero de cuerpos, cristales rotos y trozos de mesas. Elboron y Archaon habían tropezado en un lance de la pelea, y ahora estaban inmersos en una pelea en la que la sangre había comenzado a hacer su aparición. Sin hacer mucho caso, y sin ganas de intervenir, se dirigió a Elboron:

- A ver, Señor Cazatesoros. Creo que ha perdido algo ...

Elboron se agachó para evitar un golpe furioso de Árchaon:

- Mi querida Delissë - dijo con la voz entrecortada - No se si te has dado cuenta de que este no es el momento....

Ella lo miró furiosa. El género masculino no lo entendería jamás. Aunque volvió la mirada y pudo observar a la mísmisima Reina del Telpe golpeando con una botella a un hombre en la cabeza. Bueno, quizás no era propio sólo del género másculino, pensó. Gaur pasó detrás de ella dándole un empujón, y la miró un segundo con gesto arrepentido, antes de recibir un puñetazo en la cara. Luego siguió con la pelea, rogando por que la Maia no se hubiera sentido ofendida.

- Bien, señor elfo. Pues cuando tengais un momento, ya sabeis donde encontrarme. Yo me voy a la cama. Procurad no hacer mucho ruido...

Elboron la miró sorprendido mientras se alejaba, y Árchaon le propinó un golpe que le hizo doblarse por la mitad.

Y mientras se alejaba, las carcajadas de Delissë resonaron por el pasillo.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La pelea se había extendido a lo largo de la taberna, y ahora todos se sumaban a la lucha contra todos. Morquarë que había sido una victima añadida de una embestida, levantandose para arremeter contra aquellos que había perturbado su paz. Así mismo lo hacia Annawen, a la cual le habían pisoteado varias veces las cola blanca, cosa que hizo pagar con dolorosos zarpazos y mordeduras. Por primera vez elfo y loba salvaron su discrepancias y luchaban a duo en mitad de la contienda.

Mientras tanto pisos arriba, Celvarán contemplaba la pelea a través del Taurëndili. Hacía unos momentos que había comenzado a oír el tumulto, pero tras indagar en la piedra había comprendido que era más divertido observar la batalla campal desde lejos, acomodado en la bañera y provisto de bebida, que en la batalla misma. A fin de cuentas allí se habría perdido más de un detalle de ésta al tener que luchar, y se habría fatigado (algo de lo que no estaba dispuesto, pues era un gasto innecesario de energia, más aún cuando contemplo la marcha de la maia).

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Delissë pasó por encima de un montón de cuerpos caidos al pasar por las escaleras que daban al piso superior. Sintió curiosidad, pues sabía que muchos de ellos pertenecían a la Guardia Personal de Seregruin. Se agachó junto a uno de ellos, que permanecía inconsciente, pero vivo. Dudó un momento en la escalera y luego pasó de largo. Fuera lo que fuera, no le concernía a ella.

Siguió por el pasillo y entró en su habitación. Lo primero que hizo fue esconder la piedra. No quería correr riesgos innecesarios. Después, se quitó las gastadas ropas de viaje, y se puso nuevamente la bata negra, que apenas cubría su cuerpo.

Se tumbó en la cama, pero no podía dormir. El ruido que subía desde el salón haría imposible conciliar el sueño. Intranquila, se levantó y salió nuevamente al pasillo. Recordaba una mirada oscura, y su instintó le guió unas puertas más allá.

Decidida, llamó a la puerta y entró. El hombre se encontraba cómodamente en el baño, y no pareció sorprendido al verla. Ella le sonrió:

- ¿Me esperabas? - susurró, mientras dejaba resbalar la bata de seda por su cuerpo, y se deslizaba junto a él en la bañera, completamente desnuda.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Cuando Haradriel salio de la habitacion sintio como la mano de ella rozaba su cabello. Este juego de perro y gato la tenia cansada, no sacaba nada en limpio y hacia dias que no disfrutaba de una noche en la taberna.

Se deshizo las trenzas que decoraban su cabello y se sento en el alfelizar de la ventana mirando hacia afuera, pensando en un bosque de altos arboles cuando una lechuza golpeo en su ventana, en una pata llevaba una nota. La elfa la tomo en sus manos y se dispuso a leerla.

Cita:</TD
Para mi unica señora de Nurn

He de decirle antes que nada que su presencia se extraña, nada se compara a trabajar a su lado, y desde ya decirle que la esperare todo el tiempo que sea nesesario, mucho mejor si es pronto.

En cuanto al negocio en si, he de decirle que hemos tenido nuevos \'\'clientes\'\', la joven pareja ya ha pasado a ser parte del pasado asi que le recomiendo no preocuparse por talese cosas.

Ahora pasando a los asuntos dignos de ser relatados, debera saber que una elfa llamada Nulkaiel Milyawen ha aparecido en vuestros aposentos. No nos ha debelado sus pretenciones y desconozco de si el señor Lofar sabe de su presencia, pero no creo que sea una mariposa facil de atrapar como usted entendera.

Espero que lo que he averiguado e informado sea de su agrado.

Su servidor Angrand.

Luego de leer la nota, la elfa la tiro al fuego sin vacilar -Nulkaiel...- penso - Solo Morgoth sabe cuales han sido tus intenciones desde la hora que pisastes ese inmundo lugar, solo espero que no tengas que arrepentirte-. La lechuza ululo y se sumergio nuevamente en la oscuridad del cielo nurnita.

La elfa se reclino nuevamente en la ventana

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Una nota se deslizo debajo de su puerta, el suave rose del papel con el suelo de madera hizo que Inglin se sobresaltara y corriera a tomar el papel del piso, como si de un momento a otro este comenzara a arder.

Sus ojos recorrieron el papel de arriba a abajo una y otra vez, y luego de exhalar un suspiro, miro al elfo que dormia en su cama, ¿Que podia reprocharle ella a Lomine?-

Sentandose en su escritorio como no lo hacia hacia muchas noches tomo papel y pluma y se dispuso a comenzar a escribir.

Cita:</TD
Ay Lomine, mas mi mente no encuentra palabras que puedan ayudarte a superar esa endiablada situacion que esta viviendo, mas solo espero que sepas lo que haces y que ello te resulte virtuoso. Mas no soy nadie para darte consejos, pues ya ni mis propios designios puedo controlar.

Sabras que Haradriel, aquella en la que en esas lejanas noches estuvistes compartistes los calabozos, aunque de posiciones diferentes claro, ha vuelto a estas tierras y se encuentra en la taberna, la tengo bajo mi minuciosa observacion, pero se niega a decirme porque motivo esta aqui. No se que hacer amiga mia.

Mas el elfo sigue en su constante sueño, solo se ha despertado una vez, y mi cabeza piensa una y otra vez que sera lo mejor para el, si Archaon lo hace volver a la realidad lo mas probable es que parta sus tierra para nunca mas volver, pero no creo que se mantenga mucho tiempo en este estado.

Volviendo sobre vos, solo he de decirte que tengas mucho cuidado, no te ha de convenir jugar con fuego, y tampoco debes confiarte de que podras controlar tus impulsos porque esa confianza es vana.

Acuerdate de mi, siempre estare alli aunque sea para ayudarte a mantenerte en pie cuando no puedas hacerlo, Adios por ahora. Espero volver a saber de vos

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Las frías aguas no parecía poder parar el avance del fuego del deseo que envolvian el cuerpo del hombre, enrojeciendo y tensando cada centimetro de su piel.

Los labios de ambos se encontraron, y Celvarán pudo saborear la carnosa comisura mientras los senos turgentes, y ahora humedecidos, de la maia acaraciaba su pecho. Mientras que ésta se aferraba con sus esbeltas piernas alrededor de las caderas del hombre, apretando el fin del vientre de éste contra ella.

Montado al igual que un corcel, Celvarán se dejó dominar por Delisse que abandonando sus labios descendió por el cuerpo del hombre recorrio con ellos cuello y pecho, mientras que sus cabellos castaños rasgaban su piel en un mar de sensaciones. Para que luego la maia volviera a subir de nuevo a sus labios, recorriendo vientre y pecho con sus pezones, duros ahoras tras ser objeto de caricias.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

El agua parecía calentarse por momentos, mientras ambos se dejaban llevar por la más salvaje de las pasiones. Deslizó sus labios por el cuello del hombre, saboreando y tanteando con la lengua.

El agua parecía querer salirse de la bañera, mientras ella se deslizaba sobre él, saboreando cada centímetro de la piel ahora caliente del hombre. Se detuvo un instante en el pecho del hombre, disfrutando de los leves suspiros de él mientras se dejaba hacer. Cuando llegó por fin al lugar donde el placer de él era más intenso, sintió el gemido que se escapaba de sus labios incontrolablemente.

Mientras sus labios tanteaban, él cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones que aquella mujer le despertaba. Cuando los abrió de nuevo por fin, ella levantó el rostro y lo miró con el deseo reflejado en sus ojos, acariciandose los labios con la lengua. Y él, sin poder controlarse más, se levantó, y la tomó en brazos para llevarla a la cama.

Ella rió mientras la llevaba. Lo besó en los labios de nuevo, mientras caían entre las sábanas. Él intentó de nuevo besarla mientras trataba de retenerla entre sus brazos, y ella escapó furtivamente para deslizarse encima de él y acariciarle con su cuerpo, sin dejarle tocarla, como un juego cruel. Él disfrutó del juego, hasta que finalmente la agarró firmemente por las muñecas y tumbándola sobre la cama, se puso encima de ella, mientras besaba su boca presa de un deseo salvaje.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

-¿Pero que?.- se pregunto Haradriel, ahora los dos maiar estaban metidos en una trifulca. Y ella tambien lo hizo un momento despues, un hombre ya borrracho le habia aventado una jarra de vidrio en la cabeza,la esquivo rapido con la mano, despues se la trono en la cabeza y el hombre callo inconsiente.-¿Ni siquiera puedes fijarte a quien le asestas un golpe?, todo sea por armar trifulcas ¡salvaje!.

Haradriel se quedo quieta y comenzo a reirse, al parecer todo el mundo le asestaba golpes a quien se le pusiera enfrente; entonces capto a Telimektar ya luchaba con varios hombre y no tardaba en sacar su espada y matarlos, despues vio a Árchaon peleando con un elfo que al parecer no estaba aconstumbrado a ese tipo de relajos, la joven tomo una desicion, controlario a Telimektar, camino lentamente entre mesas y una que otra pelea y tomo del brazo al maiar.

-Vamos a ver: ¿te vas arrebajar a esto?.- le dijo tomandole del brazo.

-Haradriel vos deberias estar a salvo lejos de estos salvajes.- le respondio, controlando perfectamente la situacion.

-Que va, no tienen solucion, solo te digo que aquel al que golpea Árchaon no es otro que el unico aliado en esta guerra y no creo que nos convenga que les aseste otro golpe.- le dijo ella.- asi que tu que tienes una rabia mas grande que el, controlalo antes de que haga una locura.

Haradriel le miro y le guiño un ojo, era una persona razonable y no iba a meterse en peleas tontas, se alejo y para su pesar tuvo que golpear a uno o dos que tenian la intencion de meterse con ella; subio las escaleras y entro en la habitacion de Inglin.

-Mmmm me parece, que aqui en tus tierras son poco razonables a la hora de entablar relaciones amistosas.- Rochwin se sento en el sillon mas proximo y suspiro.- Ay Inglin comienzo a cansarme de este juego de perros y gatos que estamos llevando acabo.- le dijo como adivinando sus pensamientos.- y aun asi, al parecer no te has dado cuenta del porque estoy, te lo dije antes y te lo repito hay cosas demasiados insignificantes pero que son en extremo importantes, mira mis ojos y recuerda.

Entonces la muchacha miro de nuevo fijamente a la elfa, tal vez ahora si comprendiera el motivo del porque la hija de Neldoriel estaba ahi.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Telimektar tras hablar con Haradriel y observar como ella se iba, se encamino hacía Archaon el cual estaba rodeado por un grupo de hombres y dijo:

- A llegado la hora, venid con el Tío Telimektar- les grito abriendo los brazos.

Los hombres pronto pudieron ver por la expresión de su cara que no sería fácil ganarle pero estos se dividieron e lucharon contra los dos maiar. Entonces uno se le lanzó por la espalda, pero con un movimiento rápido lo lanzó contra el techo, y este atravesó los maderos entrando al otro piso.

La escena de la taberna era caótica, las mesas volaban y se estrellaban contra todo aquel que no fuera con cuidado, los hombres no fueron rivales para él, pero uno en un ataque de cobardía le ataco por la espalda y hundió en su carne una daga. Este grito de dolor y girándose lo cogió por el cuello, su mano ocupaba toda la cara del hombre que intentaba deshacerse de esta. Pronto el hombre empezó a gritar y un olor a quemado inundo la taberna, Telimektar le grito:

- Como te atreves ahora pagaras tal osadía- le susurro mientras de su cara empezaba a salir humo, tal era la rabia del maiar que había desatado su poder y estaba quemando la cara al hombre, fue entonces cuando recibió el impacto de una silla en la espalda.

- ¡Ahora morirás!- le increpo uno de ellos.

- Eso habrá que verlo- le respondió telimektar

La pelea se estaba desmadrando demasiado y en una oportunidad y sin soltar al otro hombre, le golpeo con este y los dos cayeron inconscientes al suelo. Intento llegar hasta Archaon el cual estaba aun enfrascado luchando y le ayudo con sus hombres cosa que al maiar no le gusto y le dijo:

- ¿Se puede saber que haces?

- Me mandan a por ti no quieren que te enfrasques mas en esta pelea estupida ya basta- le dijo

- Y eso me lo dices tu el que un poco mas y hace una barbacoa con ese- le dijo señalando al hombre

- He dicho que ya basta- grito mientras golpeaba aun hombre en la cara y este caía al suelo- ahora será mejor que nos retiremos ahora que podemos, tengo que ir a que me miren esto de la espalda

Los dos maiar se abrieron camino entre los que aun se peleaban, no sin que Archaon refunfuñara por haber tenido que dejar de pelear.

[Editado por Tulkas_el_Valar el 13-08-2005 13:36]

!Que las cabezas de nuestros enemigos sean rebanadas y que rios de sangre bañen sus tierras!

!No habra piedad alguna para ellos, la muerte es su destino y yo su verdugo!

Sin ni siquiera terminar de saborear el suculento plato de cerdo asado que habían servido puntualmente los camareros del lugar, Lómine puso fin a aquella inusual reunión con la Reina de Telpe. Casi dejando de lado la compostura que le era propia, apartó bruscamente la silla en la que estuviera sentada y, disculpándose a la vez que ya emprendía su marcha, huyó del rincón en que se encontraban y se apresuró a subir las escaleras hacia los pisos superiores.

—Elfos… —se dijo Mornaew, hastiada de haber tenido que soportar aquel interrogatorio sumado a las reflexiones de Anamoriel. No le importaba lo más mínimo que la Nurnita se sintiera celosa o incomodada por su presencia en las Grietas.

Mornaew se sentía turbada por el ir y venir de gentes, y el griterío incesante comenzaba a producirle punzadas en la cabeza.

El plato había quedado ya vacío frente a su mirada perdida, y la Telpeniana comenzó a juguetear con su anillo de rubí a la vez que se concentraba en descifrar las conversaciones entre Maiar que no habían cesado en toda la noche.

Pasado un buen rato aunque le pareció que el tiempo no avanzaba, Mornaew hizo una señal a uno de los camareros de la taberna que acudió rápidamente a su llamado.

—Cerveza. Una jarra bien fresca —pidió la Edain—. Y haz el favor de llevarte esto de una vez. Menudo servicio —replicó refiriéndose a la vajilla extendida sobre la mesa.

Era bien entrada la noche ya, y pareciera que en el antro aquel la animación aumentaba por momentos. Mornaew sorbía pausadamente su bebida cuando poco a poco se fue percatando de que el alboroto la rodeaba por completo. Examinó a la multitud allí presente, reconociendo algunos rostros que ya le resultaban habituales. No se sentía con ganas ni siquiera de interrogar al Maia de Telpe, y se preguntaba si Lúmenel se había estado encargando de los asuntos que le correspondían. Sea como fuere, la elfa no parecía encontrarse por allí y Mornaew no tenía nada que tratar con ninguno de los que causaban el jaleo.

Pero al fin la paciencia de la Telpeniana llegó al límite. Se había iniciado una pelea y su mesa ya se tambaleaba con los continuos golpes.

—¿Qué diablos está pasando aquí? ¡Ya es suficiente! —gritó enérgicamente. Furiosa, se puso en pie y trató violentamente de separar a aquel par que estaban apunto de caerse encima suyo.

Todo sucedió tan rápido que apenas pudo reaccionar cuando una jarra de hidromiel surcó el incoloro pero viciado aire del lugar y la golpeó en el pecho, manchando todo su corpiño. Ni siquiera su encuentro con la amante elfa de Seregruin la había sacado tanto de sus casillas. La Reina fulminó con la mirada a uno de los que se estaba metiendo en la trifulca y golpeó encolerizada al elfo que había tratado de separar con una botella que encontró a su alcance.

Tratando de esquivar otras copas que volaban por los aires, Mornaew asestó algunos puñetazos a los que se interponían en su camino por escapar de aquel agobiante lugar; buscó a uno de los guardias de su escolta para que le fuera preparando un baño -aunque estaba algo bebido, al parecer-. Cuando pasó cerca de un elfo al que reconoció enseguida como el señor del Valle, viendo como el tipejo reía a carcajada limpia, agarró una copa de vino tinto que había sobre la barra y le echó el rojo fluido encima -No sería una mancha fácil de quitar (je je je xD)-. —Disfrute de la velada señor Elboron —le escupió en toda la cara antes de encaminarse hacia el piso superior para tomarse un respiro.

El baño, aunque lo tomó sin compañía, resultó muy agradable. El agua olía a hierbabuena y a rosas, y varios candelabros alumbraban la estancia aunque Mornaew permanecía con los ojos cerrados tratando de no pensar en nada.

Desnuda, secándose el cabello con una toalla, fue hacia el armario de roble que había en la habitación y sacó de él un camisón de seda gris oscuro. Se vistió y se tumbó en el lecho de blancas sábanas.

Le fue difícil conciliar el sueño aquella noche, pero no bien entrada la mañana aún seguía dormida y despertó por unos golpes en la puerta de la habitación.

—La dama Lúmenel desea verla, mi señora— anunció el guardia asomando cautelosamente la cabeza desde la entrada.

Mornaew se incorporó y, aún confusa por su repentino despertar, asintió para que la elfa pasara.

—¿Qué nuevas me traes Lúmenel? ¿Qué son tantas prisas a estas horas? —se dirigió Mornaew a la gobernadora de Kemina Anka—. Ven, toma asiento —la invitó, señalándole el sillón de Araw, mientras ella se sentaba en el borde del mullido lecho.

[Editado por Yureawen el 13-08-2005 15:21]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Elboron despertó de madrugada con un amargo pero conocido sabor de boca. El desagradable sabor de la resaca hacía acto de presencia. La noche anterior había sido movidita se dijo para si, mientras se frotaba la nuca con la mano. No se oía ruido alguno en el salón excepto los ronquidos de los activos participantes de la pelea que dormían a pierna suelta esparcidos por el salón.

Mirando a su alrededor observó la devastación que había causado la trifulca y, notandose algo ebrio, volvió a recostarse sobre la enorme superficie que ofrecía el barrigudo enano que yacía incosciente a su lado. Antes de caer rendido entrevió con los ojos medio cerrados la figura de Gaur tumbado en una mesa con un ojo hinchado y una endiablada cara de satisfacción dibujada en su rostro.

- ¡Demonio de edain! - murmuró - Aunque... he de reconocer que hacía años que no me sentía tan joven - y acto seguido cayó en un profundo sueño sólo interrumpido por la mopa de la criada horas después.

Cuando el mocho de la malhadada mujer empezó a molestarle; el elfo acabo por asumir que ya iba siendo hora de levantarse si no quería que la aguerrida criada lo pusiera en remojo junto a la vajilla que milagrosamente se había salvado de la destrucción.

Aún así, le costó un mundo levantarse y cuando por fin consiguió ponerse en pie resbaló con un charco de sangre cayendo de nuevo.

- Jooooder - exclamó exasperado incorporándose una vez más - Necesito un vaso de agua - masculló con la boca seca mientras apartaba con el pie el cuerpo de un hombre que le franqueaba el paso.

Atravesando la sala tropezó con un espejo y, mirándose por curiosidad, se percató de su lamentable estado. Sangre reseca y líquidos varios al punto indefinibles manchaban las desgarradas ropas que aún le quedaban.

- Debo lavarme y cambiar estas sucias ropas - pensó mientras cambiaba de dirección y se encaminaba a las escaleras. ¿Cual era la habitación que me había asignado Delisse? Maldita memoria la mía... - se peguntaba mientras caminaba por el pasillo.

Finalmente llegó a una puerta que le resultaba familiar y, entrando sin llamar, se encontró con una incómoda situación. Delisse y el extraño sujeto que se encontrara la noche anterior en las escaleras intimaban en el amplio catre de la maia en medio de sonoros gritos.

- Vaya - rió Elboron - veo que esta no es mi habitación - y ante la azorada mirada de Delisse levantó las manos mientras retorcedía - no no, no te levantes. Disculpadme y no os cortéis pero recordad echar el pestillo la próxima vez - y dando un portazo se fue por el pasillo riendo entre sonoras carcajadas.

Por segunda vez se detuvo ante una puerta que creía familiar mas no estaba seguro dado el bochorno de la puerta anterior y precavidamente la abrió dejando una pequeña rendija por la que pudo ver el interior de la sala, observando lo siguiente:

Cita:</TD
Desnuda, secándose el cabello con una toalla, fue hacia el armario de roble que había en la habitación y sacó de él un camisón de seda gris oscuro. Se vistió y se tumbó en el lecho de blancas sábanas.

- ¡Mornaew, la reina de Telpe! Pero... ¿acaso soy el único de este endemoniado lugar que cierra con pestillo? - exclamó para sus adentros y recordando la noche anterior se introdujo sigiloso en la habitación presto a devolver la ofensa sufrida.

Mientras pensaba divertido en que hacer para vengarse, la edain protestó en sueños balbuceando:

- Hacerme esto a mí, ¡a mí!, la mismísima reina de Telpe - y volvió la cara hacia Elboron con ojos cerrados para alivio del elfo.

Dandose cuenta de lo arriesgado de la situación, pues si le encontraban allí se vería en serios problemas, decidió llevarse las ropas de Mornaew. Al abrir sus baúles se percató de la inutilidad de su plan ante la inmensidad de su vestuario y sin pensarselo dos veces abrió la gran ventana resuelto a arrojarlo a la calle.

Una vez acabada su fechoría se acercó a ella y robandole un beso de los labios salió de la habitación marcando en la puerta sus iniciales con un cuchillo que la sustrajo de entre sus armas.

Poco después encontraba al fin su habitación y tras cerrar con pestillo () dispuso de un imprescindible baño que lo devolvió a su ser.

Se sentó en la cama con intención de repasar los acontecimientos de las últimas horas mas el cansancio lo sumió rapidamente en un dulce sueño.

[Editado por jarvis el 13-08-2005 16:58]

Ahora era él el jinete que sobre la salvaje montura cabalgaba luchando ésta por no ser jamás domada.

Robándole un profundo beso de los labios la diestra mano de Celvarán recorrió desde los altos montes hasta los más suaves valles explorando con sus dedos la frondosa selva de rizados cabellos hallando entre la maleza laguna de gruesos labios. Sumergiendo en las aguas de ésta sus cansados dedos, exploró allí mil veces el ancho bosque haciendo desbordar la laguna, provocando la rotura de un río.

Abandonando los labios de ella, y bajo la agitación de un bosque animado, tomó con fuerza su cuello, sonrojándolo bajo sus labios y rasgándolo entre dientes, a la vez con zurda mano acariciaba el torso de la maia, posando y apretando con dulzura el seno duro coronado con pezón altivo, origen del leve gemir.

Cubriendo de besos el cuerpo de Delisse, los cinco soldados fueron relevados del espeso bosque por los labios de Celvarán que con gran gustó pudo al fin saborear el dulce néctar de unos gruesos labios, manjar de un banquete triunfal. Las manos y brazos del hombre rodearon entonces los tersos y claros muslos de la mujer apretándolos con suave fiereza a la vez que, allá en el bosque de incesante agitación, sierpe emplumada de rugosa y rosada piel reptaba por las lindes de su nuevo hogar, saboreando sus dominios con aire vivaz.

Las piernas de la maia apretaron con fuerza el rostro del Celvarán desahogándose al fin en un gemido y liberando al hombre de aquellos barrotes blanquecinos.

Celvarán complacido, arrastró hacia sí el cuerpo de la maia penetrando al fin en la rugosa y húmeda caverna de placer. Apretando, Delisse, con todas sus fuerzas las paredes de la caverna, cedieron éstas aprisionando al hombre en su interior, reo en la prisión del deseo y la pasión. Reo que sin querer salir se batía en la placentera huida.

Mientras que el frenesí de la huida seguía, más allá, los labios del hombre se deleitaron sembrando de besos las piernas y muslos de Delisse que ahora se extendían a lo largo del cuerpo de Celvarán, alzándose hacía las alturas por sobre los hombros de éste.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

El amanecer la sorprendió casi inconsciente en la cama. Extendió la mano, y acarició la espalda del hombre que dormía plácidamente junto a ella. Una noche memorable... Sonrió con satisfacción, estirándose entre las sábanas. Pero pronto la sonrisa se borró de sus labios. \"Estúpido elfo\", pensó incorporándose de pronto y arrojando la sábana lejos de ella, \"No se que costumbre tienen en esas tierras salvajes de Valle, pero aquí la gente suele llamar a la puerta antes de entrar\".

Se puso la bata, y salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente para no despertar al hombre que dormía. Cuando llegó a la suya propia, cerró dando un portazo.

Se vistió rápidamente, y no olvidó esconder nuevamente la piedra bajo su corpiño. Y mientras lo hacía, imaginaba miles de torturas posibles para el entrometido elfo. Eso la hizo sonreir, y aplacó un poco su ira, afortunadamente para el elfo.

Salió de la habitación. Caminando rápidamente por el oscuro pasillo, llegó hasta la puerta de la habitación de Elboron. Intentó abrir, pero estaba cerrada por dentro. \"Ingenuo elfo\", rió, \"¿acaso piensas que un pestillo puede determe a mi?\" Se dió la vuelta y entró en la habitación contigua, que estaba vacia. \"Después de haberme seguido por tantos túneles, no se le ocurrió pensar en los cientos de pasadizos que construimos en este local...\" Se internó a través de la chimenea, como hiciera hace apenas unas noches, y entró en la habitación del elfo a través del armario vacio.

Él dormía, y encima sin ropa alguna. Delissë lo observó a placer, pero todavía no sabía si incendiarlo, ahogarlo o tirarlo por la ventana. ¿Quizás las tres cosas? Mmmmmmmmm la ventana no. Lo necesitaba vivo de momento. \"Maldición\". ¿Pero el resto si era posible no?

Se dirigió al baño, tomó un cubo con agua, y volvió a la habitación. De pie frente a la cama, se dió cuenta del lamentable estado del elfo, con varios moratones en la cara y en el cuerpo. Elboron se dió la vuelta en sueños, y la sábana terminó de deslizarse por su cuerpo revelando lo que Delissë todavía no había visto. Enarcó una ceja, mientras sonreía.

Se acercó y sopló suavemente junto a su oido, y Elboron alzó la mano en sueños. Tuvo que contener la risa. Después, de pie junto a la cama, sopló suavemente sobre esta, creando un fuego que rodeó la cama, caldeando muy pronto la habitación. Y mientras observaba cómo se levantaba el muro de fuego alrededor del elfo, se sentó en una butaca, riendo.

Elboron despertó sobresaltado, y se levantó de golpe mirando sin poder creer lo que veía. Medio dormido, miró a la Maia en la butaca, y enrojeció a tal punto que pareció que el fuego le venía de dentro del cuerpo.

- ¿Pero estas loca? - preguntó en un grito, intentando taparse y al mismo tiempo alejarse de la fogata que se había creado alrededor de la cama - ¡Apaga esto ahora mismo! ¿Quieres matarme?

Delissë reía mirando la escena.

- Desde luego que no - dijo - Sólo por que necesito de tu cerebro, Señor Cazatesoros. Sino, ahora mismo seríais un pequeño rescoldo de brasas. Pero esto te enseñará a llamar antes de entrar en habitaciones ajenas...

- Fue un error - balbuceó él - La puerta me era familiar...

La risa de ella interrumpió la explicación del elfo.

- No sabía que erais de esos \"gustos\" - dijo entre carcajadas - Ni sabía que Celvaran tenía esa afición tampoco... - meditó un momento - No se en que momento tuvisteis vuestro encuentro, pero tampoco me sirve de excusa. Lamentablemente, como os decía, os necesito vivo.

Se levantó y tomó el cubo de agua, lanzandolo sobre el elfo, y apagando el fuego de alrededor.

- Creo que tenemos un Concilio al que asistir - dijo entonces, como si nada, sentandose de nuevo en el sillón, mientras reía mirando a Elboron empapado y con la boca abierta.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Como cualquier otro lobo, el olfato de Celvarán era agudo, y tan pronto como fue notando la ausencia de su amada, fue despertando de su sueño. Al comprobar que se había marchado recordo la figura de aquel maldito elfo que lo había importunado nuevamente, mofandose una vez más.

Saltó de la cama y aferrando el taurëndili en su mano escruto cada habitación de aquel lugar hasta dar con su presa. Una vez localizada, se enfundo las ropas y las excelentes armaduras y armas que habían pertenecido al Thauld el Grande. Colgandose el inmenso martillo sobre la espalda, se precipito por la puerta armado con la gran hacha de batalla mientras que con la otra observaba como su futura victima descansaba ajena a los acontecimientos que se le avecinaban.

[...]

Cuando Delisse y Elboron salieron de la habitación se toparon con la figura del hombre apoyada contra la pared contraria. Su cara estaba enrojecida y sostenía una amplía sonrisa y lagrimas que hacía bien poco se le habían derramado de la risa.

El abdomen fatigado por la agitada noche le dolía terriblemente de reír, siendo incapaz casi de mediar palabra -Venía a saldar una deuda de sangre con vos elfo, pero por lo visto ya cumplisteis una, y la mía podrá esperar- terminó de decir mientras se le escapaba un hilillo de risa.

Irguiendo y tomando la enorme hacha que había dejado caer sobre la pared se acercó a la pareja.

Rodeo a la maia por la cintura robandole un profundo beso. -Tendre en cuenta los pasadizos mi señora, quizas así pueda sorprenderla y poder reanudar lo que ambos tenemos pendiente-

Celvarán se giró al fin hacia las escaleras y desapareció por esta sin poder borrar de su cabeza el patetico rostro del elfo empepado de agua sobre una cama consumida en algunas partes por las llamas.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

apenas sabía como había llegado hasta allí, los recuerdos se presentaban en su mente de forma rapida e inesperada, varias lagunas interrumpian el como el cuando y el porque de todo. un remolino de imagenes de todo tipo le consumía cuando un dolor punzante en el hombro le hizo volver a la realidad, abrió los ojos y se encontro un techo. le dolían los ojos y la nuca pero acerto a explorar con sus manos los alrededores, hasta encontrar una especie de callado. lo aferro y con el se puso en pié a duras penas. todo daba vueltas y ne una de ellas vio sobre la mesa .. a Gaurwaith. ¿que hacía allí? ¿era el? no perderia nada por adivinarlo, tenia muy mal aspecto y un ojo destrozado...

Nülk agarró su bastón y empezó a dar golpecitos repetitivos a Gaur en la tripa, y en la espalda.... ¡despierta...eh, eh, vamos... vuelve! ¿tienes habitacion reservada? nada de dobles espero... eh eh eh ....

Interrumpiendo impertinente el reposo del elfo entrando en sus aposentos sin error alguno y solo guiada por su venenosa mente, Delisse usó su poder para montar un espectáculo digno de los fuegos especiales de un famoso maia que fue amigo de afamados hobbits en la T.E., asustando a un somnoliento Elboron.

Tras la breve diversión de la maia a su costa, Elboron se puso trabajosamente en pie y vistiéndose con nuevas ropas se dispuso a buscar la roseta entre las ajadas ropas del día anterior. Por más que buscaba no encontraba el delicado artefacto y presa del pánico comenzó a revolver con ansia la habitación.

Delisse lo miraba sonriente y con gran calma, cosa que sorprendió a Elboron, quien acabó por comprender que la maia tenía la roseta en su poder mas fingió seguir buscando la piedra.

- ¿Qué buscas? - preguntó ella al cabo del rato

- ¡Oh!, nada en particular. Esperaba que me devolvieras la roseta para poder marchar al concilio de una maldita vez - contestó mirándola.

Se levantó y cogiendo algunas pretenencias que le harían falta, entre ellas el puñal de Mornaew, abrió la puerta.

- Ahora, Delisse, después de tí - y gentilmente la cedió el paso.

Al salir se econtró de nuevo con el grotesco ser que parecía aparecer en su camino en los momentos más inesperados portando un enorme hacha y amenazándole con huecas palabras.

Impaciente por que se marchara Elboron asintió y dijo:

- En otro momento estaré gustoso de jugar a Pedro y el lobo con vos, mas asuntos urgentes me requieren y seguro que a vos os espera Mowgli o tal vez Tarzán en cualquier incivilzado lugar. Si me disculpáis...

El sujeto se marchó sin mediar palabra escaleras abajo mientras Delisse permanecía en silencio.

- Y bien, ¿dónde es ese concilio? - preguntó Elboron cruzando los brazos - estoy esperando.

- Desde luego no será aquí en el pasillo - respondió ella, dándose la vuelta para continuar.

El espectáculo la dejó helada. A pesar de los esfuerzos por recomponer el salón, parecía un tifón había asolado el local. Cuerpos desperdigados dormitaban en posturas inverosímiles. Observó como sorpresa como un enano golpeaba repetidamente a Gaur, intentando despertarle.

Elboron corrió a ayudar a su amigo, y Delissë se dirigió a la barra silenciosa. Pasando detrás de la barra, sirvió cafe mientras le gritaba al elfo sin importarle el sueño de los demás:

- ¡No pienso marchar de aquí sin tomarme un café primero, ya puedes hacerte a la idea! - luego sentándose tras la barra, añadió riendo - Y de la piedra te puedes olvidar, la llevo encima, y no creo que te la devuelva. No te lo mereces después de lo que has hecho esta noche...

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Regresando a su habitación dejo de nuevo la armadura en su lugar y puesto que había abandonado la cama a toda prisa, se dispuso a tomar un baño.

Aquel elfo había respondido algo a la pequeña amenaza, pero lo que había dicho ni lo había escuchado, había concentrado toda atención en las lilaceos ojos de la maia. No sabía cuando volvería a tenerla desnuda entre sus brazos, pero solo aquella mirada rememoraba toda una noche.

A fin de cuentas el tenía muchos temas que tratar, pero podían esperar un simple baño.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Gaur despertaba de su letargo. Unos molestos golpes le estaban devolviendo a la realidad, la situación era un poco molesta.

Al abrir los ojos se encontró con la visión todavía borrosa, pero distinguió perfectamente como un enano le estaba pegando con un bastón. Se levantó de un salto, intentando fijar la vista ante su agresor para defenderse convenientemente.

- Por Eru! Desde que he llegado a esta tierra no han hecho otra cosa que atizarme.

Unas risas provenientes del otro lado del salón contribuyeron a relajar un poco el ambiente, puesto que Gaur reconoció inmediatamente la risa de Elboron.

Elboron tenía un aspecto lamentable también, parecía que una procesión de ents durante la Semana Santa de Eru habían arrasado todo a su paso.

De pronto, un suave olor devolvió la vitalidad a Gaur. Era café. Una espléndida mujer de melena larga estaba preparando el preciado brebaje, que por el olor que desprendía debía de haberlo llevado hasta Nurn el propio Denethor Valdez, aunque prefería que se le llamara Juan.

Le dijo al enano, al cual todavía no había reconocido, pues tenía la vista borrosa tras los golpes recibidos:

- Déjate de golpecitos y vámonos a la barra. La hora de las tortas ha terminado....de momento.

Lúmenel se retiró de la puerta y la cerró revelando algo en la parte interior. Algo que antes no estaba allí. Mornaew tardó unos instantes en darse cuenta de que alguien había arañado la madera. La mujer se puso en pie antes de que Lúmenel pudiese preguntar qué sucedía pero, cuando se disponía a ponerse una bata, descubrió que no estaba donde la había dejado.

—Alguien ha estado aquí, mientras yo dormía —dijo la Reina en tono grave. Buscó en los baúles donde llevaba su equipaje y estaban vacíos. Se acercó al armario y vio que toda la ropa estaba amontonada dentro.

Tan solo alguien que hubiera estado frente a la Edain dentro del armario podría haber descrito su cara de estupefacción.

—¿Qué sucede? —se decidió a preguntar la elfa.

—La ropa. Está toda apilada y revuelta —respondió Mornaew considerablemente enojada; y rebuscando entre aquel desorden halló su bata y se la puso por encima del camisón.

—No comprendo qué significa esto —comenzó a hablar Lúmenel, mirando de cerca los gravados en la madera de la puerta—, parecen solamente un par de garabatos.

La Reina no tenía palabras ante lo que estaba sucediendo. ¿Alguien había entrado en su habitación para tirar la ropa al armario? Y en cambio las joyas seguían sobre la mesita…

—¡Algún cretino borracho se ha colado aquí durante la noche, eso ha tenido que ser! —gritó Mornaew de muy mal humor— ¿Hay algo que debieras contarme, tal vez? —inquirió al guarda que, al encontrarse escuchando tras la puerta estuvo a punto de caer al suelo cuando la Reina la abrió— ¿No habrás estado durmiendo cuando yo te había encomendado vigilar?

—No… nada de eso. Verá señora… No quería perturbarla justo ahora que acababa de despertarse, pero un elfo estuvo aquí durante la noche —comenzó a relatar el hombre—. Estaba completamente ebrio, y se pasó mucho rato haciéndome preguntas sin sentido y pidiendo entrar en la habitación, pues decía que él dormía allí.

—¿Pero qué me estás contando? ¿Y tu le dejaste pasar sin más? —preguntó Mornaew.

—Se puso realmente pesado mi señora. No paraba de hablar y hablar… Yo quise mostrarle que este no podía ser su cuarto, que usted estaba durmiendo —aclaró el guarda—. Pero entonces se me escapó de las manos y estuvo moviendo las cosas de lugar. Lo cierto es que fue muy gracioso —trató de disimular una carcajada.

Mornaew miró a Lúmenel, y ambas parecían contener también la risa.

—¿Y cómo fue que tiró toda la ropa dentro del armario? Y... ¿Supongo que te aseguraste de que no se llevaba nada? —dijo Mornaew.

—El extraño hablaba solo señora… Al verla, por lo visto la reconoció y entonces decidió que le iba a tirar las cosas por la ventana. Eso dijo… Y también que iba a robarle una de sus dagas —Mornaew se alertó al oír aquello, pues aquellas armas le eran muy preciadas—, pero en lugar de eso cogió uno de esos cuchillos de carne —señaló el hombre hacia la vajilla que estaba dispuesta sobre una pequeña mesa.

—¿Se llevó uno de esos cubiertos nurnitas? —Mornaew no pudo contenerse más, y también Lúmenel se unió a las carcajadas causadas por el cómico relato.

—Sí eso mismo… señora… —el hombre no podía seguir, estaba riendo sin parar.

Pero entonces Mornaew lo interrumpió… —¿Y los garabatos de la puerta?

—Ah, eso… él dijo que le iba a dejar su firma… para que viera quien le había tirado las ropas por la ventana… —las risas se oían desde la otra punta del pasillo.

—¿Algo más que quieras contarme? —añadió Mornaew, viendo la expresión algo nerviosa de su escolta.

—Pues… no… sólo…

—¡Habla! —le ordenó la Reina.

—Debe disculparme señora… Esos elfos son muy rápidos, y se me escapó… se acercó a su cama y me pareció que le daba un beso —el hombre quería desaparecer después de decir aquello.

—¡¿Qué?! —chilló Mornaew— ¿Permitiste que un elfo completamente bebido e inconsciente me besara mientras dormía? ¡Esto es inaceptable! —la Reina pareció reconocer entonces un regusto de vino en sus labios—. Jamás, ¡me oyes!, jamás vuelvas a permitir que un cualquiera se meta en mi habitación sin mi permiso, aunque se pase la noche narrándote su vida en verso, ¿Entiendes? Si esto se vuelve a repetir no vivirás para contarlo, tenlo por seguro. Ahora quiero que vayas a avisar a alguien de esta maldita taberna, y le expliques lo sucedido. Lo del beso puedes ahorrártelo, claro. Y diles de mi parte que la seguridad deja mucho que desear en este antro —dicho eso, la mujer entró en la habitación y dio un portazo que seguro hizo despertar a los que aún dormitaban a aquellas horas.

—Estoy perpleja ante todo esto, Mornaew. Como el tipejo ese vaya presumiendo de que posee la daga de la Reina de Telpe… alguien va a reírse muchísimo —comentó Lúmenel, divertida.

—Más me reiré si por casualidad yo misma veo a alguien exhibir un cuchillo como su fuera unos de mis puñales. Entonces sí reiría un buen rato, y le mostraría cual es en verdad el arma que buscaba —dijo Mornaew—. Pero bueno, volvamos a los asuntos que requieren mi atención. Habla Lúmenel; te escucho.

[Editado por Yureawen el 14-08-2005 00:12]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Esa intromisión a los aposentos de la reina Telpita había sido algo extraño, extraño y divertido. Por mi parte no le perdonaría una falta como esa a un guardia. Que poco cuidado, que desfachatez, pensó la Elfa mientras se sentaba en uno de los sillones de Araw que formaban parte de la magnífica decoración de la habitación de la Reina.

-Pues bien Mornaew, hablemos de una vez- dijo Lúmenel echándole una mirada de reojo a los rasgones de la puerta, que de algún modo, aún atraían su atención.

La Reina de la Hermandad asintió con un movimiento de cabeza.

-Verás- comenzó a decir la Elda- Pensé que todo sería más fácil, nunca imaginé encontrar tantas trabas en mi camino. Lo sabes, no me es difícil enfrentar situaciones complicadas, de vida o muerte, en esas que lo arriesgas todo. Pero esta vez no luchaba contra el miedo a la muerte, sino contra el miedo a equivocarme. Temo que te he fallado- en sus ojos se reflejó la frustración que sentía-.

-Tranquila- respondió Mornaew con una calma que se detectaba en su tono de voz suave y pausado- Hay tiempo Lúmenel. No estoy al tanto de cuales son esas trabas de las que me hablas, pero me sorprende si, que no hayas podido hacerles frente. ¿Qué sucedió?.-

Elensérkë recordó al mestizo, la noche junto a él, todo iba tan bien, hasta que llegó la Nurnita. ¡Ya!, olvídalo, olvídate de ellos dos, se dijo mientras volvía la mirada a Mornaew.

-No he tenido tiempo de analizar los hechos aún, pues como tú misma debes saber, el tiempo aquí en las Grietas pasa muy rápido, tanto que hasta un ser inmortal como yo puede sentirlo. Y sin embargo hay momentos en que un segundo se prolonga una eternidad. ¡Tierras y gentes raras!- sonrió- Tal vez sea mejor que regrese a Kemina Anka... ¿Qué dirías, Mornaew?.-

-Qué no- se apresuró a decir la Reina- Lúmenel, ¿Tan profundo te ha tocado esa falla, ese pequeño error?, ¿Hay algo más que deseas que sepa?.-

Lúmenel se incorporó caminando hacia una de las ventanas. Miró para afuera, perdiendo los ojos en la luz del sol, mientras sus dedos recorrían el colgante de plata con la insignia de la Orden. Luego se volvió mirando a Mornaew, lista para relatarle lo acontecido noches atrás.

-Todo iba muy bien, al comienzo pensé que sería tan fácil que no me llevaría mucho tiempo conseguirlo. Había tensión entre nosotros, quizá porque me sentí atraída por el brillo de sus ojos, y no pude controlar ese deseo imperioso de ver en su mente y extraviarme en su mirada. Supongo que luego mis palabras aliviaron un poco sus sospechas y sus miedos... Se dejó llevar por mi.

-¿Entonces?, ¿Cómo fue posible?.- dijo Mornaew mientras intentaba buscar una razón lógica para que la Elfa no hubiese podido lograr su cometido.

-Una interrupción, Mornaew- le respondió Lúmenel –algo que realmente no me esperaba, y creo que él tampoco.-

[Editado por Isilmeriele el 14-08-2005 02:09]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Inglin se levanto del escritorio lentamente y fijo su mirada en los ojos de la humana.

-Hablas con sabiduria pequeña humana, pero si esta es tu forma de resolver los problema no te sera muy eficiente con migo, pues sabras que veo muchas caras dia a dia y no las recuerdo todas-

En ese momento una rafaga de viento abrio la ventana de par en par, revolviendo los papeles que se encontraban en el escritorio y dispersandolos por toda la habitacion.

Haradriel no reacciono ante tal evento, su mirada seguia fija en la elfa. Inglin miro a la humana y un nombre le vino a la mente -Eadwin- pronuncio pensando en voz alta. El semblante de la humana cambio al escuchar ese nombre y este echo no le paso desapercibido a la elfa -Asi que has venido por eso, has recorrido el mismisimo infierno para averiguar algo de una persona- La elfa solto una carcajada -Si, tipico de ustedes, debi suponerlo. Ahora si Haradriel, te dire que quiero una explicacion y no saldras de aqui sin ella-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel miro con sorpresa a la elfa y camino hacia la ventana cerrandola lentamente.

-Asi que era verdad, estuvo aqui.- le dijo en voz alta.- entonces mi venida no fue en vano, pude haberla encontrado y entonces me hubiera explicado muchas cosas.-su tono de voz denotaba esperanza.- Y tu la viste, como te lo dije antes vine con la fe de verle otra vez, por fin lo has entendido.- la muchacha se sento en el sillon.- Ella te dijo que se llamaba Eadwin, pero en mi tierra era conocida como Neldoriel una maia que tenia gran poder en las artes de la curacion y un control magistral sobre el viento, pero ademas ella fue la primera reina de la alianza de Eithel Glîn.- el rostro de la elfa cambio por uno de sospresa, asi que eso habia causado que se abriera la ventana.- Vine a buscarla por que ella era...

Haradriel fue interrumpida por dos hombres que entraban en la habitacion y no eran otros que Telimektar y Árchaon, el primero venia herido y salia sangre de sus espalda.

-¿Que ha pasado?.- les dijo la muchacha asustada.- ven aqui Telimektar dejame ver eso.

El maiar se acerco a ella, entonces Haradriel miro a Inglin y con la mirada le dijo \"nuestra platica sera despues, cuando no haya nadie que la interrumpa\"

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Habían entrado en la habitación de Inglin, y mientras Haradiel curaba la herida de Telimektar, Árchaon observó por la ventana y algo le vino a la mente, algo le decía que Delissë no tramaba nada bueno, es más, se apresuró a pensar que no se había portado nada bien, pero no quiso ocupar su mente con esas cosas por el momento, ya habría tiempo para hablar, se acercó a Inglin, que aún miraba con desprecio, menos, a decir verdad, pero aún quedaba un resquicio.

- Mi señora Inglin- sonrió Árchaon mientras miraba al elfo- ¿qué es? ¿vuestro amante?

Ella no dijo nada, solo lo miraba, y este volvió a sonreir:

- Si no fuero por eso, y por la cara con que me miráis, descuidad que la invitaria a una copa..

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

El dulce aroma del café poco a poco fue despertando el salón. Algunos más afortunados, pudieron levantarse por su propio pie, entre gemidos e intensos dolores. Otros, tuvieron que ser llevados a sus habitaciones entre varios, agradeciendo la suerte de seguir con vida.

Delissë salió de detrás de la barra, y dejó a una de las camareras que se encargara de servir el cafe. Aunque hubo muchos que prescindieron del desayuno, pasando directamente a cosas más fuertes. Lo mejor para la resaca, decían entre risas. Delissë se encogió de hombros. Esa era una sensación que ella nunca tendría.

Elboron parecía contento de haber encontrado a Nulk allí, y mientras hablaban ella sólo los miraba. Observó a Gaur tocarse el ojo con cuidado, lo que contrajo su rostro en un gesto de dolor.

Ordenó que le trajeran pluma y papel, y se sentó en una mesa alejada del ruido.

Cita:</TD
Señores de los Poderes de Arda,

Os hago llegar por la presente las indicaciones para celebrar nuestra reunión a la mayor brevedad. Todos nosotros hemos notado la inquietud que crece día en Haldanóri, y que no tiene nada que ver con los guerras que asolan nuestras tierras. Más allá de amigo o enemigo, nuestro destino parece correr por un sendero conjunto, en pos de algo que ninguno sabemos en qué concluirá.

He solicitado que una Guardia Élfica de Élite os guíe por Narmelost, y os conducirán al Templo de Tossub y Adrena. Allí, los grandes sitiales de los Señores de Nurn estarán disponibles en el Nokkrom, donde podremos celebrar la reunión con tranquilidad.

Atentamente,

Delissë Yestariel, Señora de Nurn

Redacto varias, copias, y dio instrucciones para que fueran entregadas a Árchaon, Telimektar, Ariul y la reina de Tercano, y para que después fueran guiados a través de las calles de Narmelost hasta el Templo, más que nada por su propia seguridad. Las calles de Narmelost eran peligrosas...

Se levantó de la mesa y se dirigió a la barra.

- Señor Cazatesoros, creo que ha llegado la hora de marchar. Gaur y Nulk estarán seguros aquí. Por su bien, espero que no se aventuren demasiado fuera de este reciento. Intentaremos volver lo antes posible... Pero nunca se sabe.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

Mornaew fijó la vista en la profundidad de los verdes ojos de Lúmenel, y antes de decir nada empezó a deducir lo que habría sucedido.

—¿Una interrupción dices? —preguntó esperando una respuesta que creía conocer ya— ¿Justo cuando ya habías conseguido seducirlo? Parece que ni puertas ni cerrojos sirvan de nada en este maldito lugar.

—Fue la nurnita Mornaew. Lómine nos descubrió, aún estando en un cuarto cerrado y con la escolta del mestizo vigilando afuera —explicó Lúmenel—. Tienes razón... Ni siquiera las paredes sirven de mucho aquí.

Mornaew confirmó sus más temidas sospechas, que había dejado de lado con los incidentes y el alboroto después de que Anamoriel huyera repentinamente.

—Lo imaginaba. Fui poco hábil al dejarla ir cuando tenía la oportunidad de retenerla a mi lado mientras te encargabas de tu cometido —dijo Mornaew, decepcionada consigo misma.

—¿Y ahora?¿Crees que debería volver a intentarlo? —dudaba la elfa— Tal vez ahora esa nurnita se interponga más si cabe.

—No estoy segura, Elenserkë. Estoy algo confusa aún, y me temo que tengo algo de resaca de la pasada noche —la cabeza le daba vueltas aún; se acababa de despertar y habían sucedido mil cosas en tan poco tiempo—. Por el momento, creo que deberíamos desayunar algo.

—Me parece bien. De hecho ayer ni siquiera cené... pues Lómine llegó justo con la comida —se lamentaba la elfa—. ¿Vas a llamar al servicio?

—No. Iremos abajo. Poco importa ya que permanezcamos entre estas cuatro paredes. Tal vez incluso el bullicio de la taberna resulta más discreto —dijo la Edain con su acostumbrada ironía.

Mornaew sacó el montón de ropa del armario y lo lanzó sobre la cama deshecha. Se vistió de nuevo con sus pantalones de piel y se puso la blusa menos arrugada que encontró, blanca con pespuntes en rojo. Se calzó las botas y, dejándose la melena suelta, sacudió un poco la cabeza y se apartó de la cara los mechones que le tapaban la visión.

—Vamos —Mornaew abrió la puerta, sin antes poder evitar echar un vistazo a lo que había tallado en la puerta. Algunas de las rascaduras parecían formar una \"E\"—. Haz algo útil para variar y ordena toda esa ropa —dijo secamente al guardia que permanecía en el pasillo.

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Elboron estaba oyendo las nuevas que el capitán enano Nülk le traía desde sus tierras mientas un humeante café le era servido y al que adornó con unas gotas del licor destilado que siempre llevaba consigo.

Al parecer, extraños sucesos habían tenido lugar en la Biblioteca durante su ausencia. Mas, según decía Nulk, nada parecía presagiar nada grave. Una vez acabó de relatar su informe el enano, sorprendido por el estado de sus dos amigos, preguntó que había pasado.

- Buena pregunta, amigo mío, buena pregunta - fue todo lo que contestó Elboron antes de emitir una sonora carcajada y comenzar el relato de sus andanzas corroborado punto por punto por Gaur.

Mientras estaban conversando Delisse escribía en una mesa y, una vez debió acabar, se acercó a él diciendo:

- Señor Cazatesoros, creo que ha llegado la hora de marchar. Gaur y Nulk estarán seguros aquí. Por su bien, espero que no se aventuren demasiado fuera de este reciento. Intentaremos volver lo antes posible... Pero nunca se sabe.

- Al menos dejadme acabar mi desayuno - repuso el hambriento elfo - mis tripas reclaman algo sólido.

En semejante tesitura se encontraban cuando por las escaleras oyeron el ruido de unas pesadas botas que se tornaron al aparecer en el salón en ajustados pantalones de piel y blanca blusa bajo un rostro conocido...

- ¡Mornaew! - exclamó en silencio un sorprendido Elboron arqueando las cejas - ¿cómo es posible? Yo mismo lancé sus ropas por la ventana... ¿Qué brujería es esta? - y cogiendo el puñal que había robado entre sus armas se sorprendió aún más dandose cuenta de que era un vulgar cuchillo nurnita.

El asombro del elfo iba en aumento tras observar como la edain sonreía al cruzar la mirada con él mientras le enseñaba con sorna uno de sus preciados puñales.

Ante el evidente reto de la edain, el quendi se levantó y excusándose ante los presentes se dirigió hacia ella jugando con el inofensivo cuchillo mientras pensaba en que decirle.

- Disculpadme - dijo con falso pero afectado tono - no querría importunaros mas... he oído que ultimamente están desapareciendo cubiertos de la vajilla de la taberna y tal vez os falte alguna pieza de vuestro servicio. Supongo que no querréis ser acusada de hurtos menores, amiga... Lobelia, creo que el castigo para tal delito es el humillante cepo - repuso con sorna mientras extendía la mano hacia la edain mostrando el cuchillo que usara para raspar la puerta la noche anterior y que sustrajera de la habitación de la telpita.

- Cogedlo, me afectaría gravemente veros recluida en el cepo mientras los mozalbetes nurnitas os lanzan podridas hortalizas.

Y saludando cortesmente con una leve inclinación de cabeza se giró dispuesto a retirarse, mas, pensándolo bien se volvió de nuevo hacia Mornaew rascándose la cabeza.

- Por cierto, mi señora, no quería decirlo pero tal vez deberiáis limpiaros vuestros rojos labios - observó llevándose la mano a la comisura de su boca - pareciera que habéis bebido tinto vino en exceso y a estas horas, en estos lares, no es lo más apropiado para una dama de alta alcurnia como vos...

La edain se sonrojó y se dispuso a responderle mas cuando las primeras palabras llegaban a su garganta, el elfo ya se encontraba en la barra apurando su cargado café y recogiendo sus enseres.

- Ya podemos irnos Delisse - dijo a la impaciente maia - un pequeño asunto requería mi atención. Nülk... esperadme aquí junto a esta asolación andante de Gaur - y sonriendo acercó una taza de café a su renqueante amigo - Espero estar pronto de vuelta.

Se dirigieron a grandez trancos a la puerta y al pasar a la altura de la reina de Telpe, Elboron señaló una servilleta y su boca alternativamente mientras reía y salía por la gran puerta del salón.

La puerta se cerró de golpe. Delissë creyó ver un brillo plateado mientras salía por la puerta, pero todo fue tan rápido, con el elfo prácticamente empujándola para que salieran, que no supo que ocurría hasta que se dio la vuelta.

Entonces comprendió. Elboron permanecía enganchado en la puerta, con la chaqueta clavada a la altura del hombro por un puñal telpita que aún temblaba ligeramente. La cara de asombro del elfo no tenía precio. Delissë intentó conservar la compostura, pero no pudo evitar reir mientras el elfo trataba en vano de arrancar el puñal de la puerta. Había sido lanzado con toda la furia de Mornaew, y a pesar de que la ira le hiciera errar el blanco, había penetrado profundamente en la puerta. Y la postura en la que permanecía atrapado Elboron no le facilitaba la tarea de arrancarlo.

Delissë se acercó a él entre risas.

- Deja que te ayude - asió el puñal con las dos manos, y lo arrancó dejando un agujero en la chaqueta del elfo, y otro importante en la puerta. Tocó el agujero de la puerta con la mano - Tendré que avisar para que vengan a arreglar esto - dijo pensativa, y luego volviéndose a Elboron, añadió - El puñal me lo quedó yo para devolvérselo después a su dueña. Y a ver si dejas de meterte en lios de una vez. No se que te traes con la Reina de Telpe, pero a pesar de ser una Atani tiene un genio y un carácter impredecible... No te aconsejo ofenderla de nuevo...

Elboron parecía recobrarse de la sorpresa, mientras pasaba un dedo por el agujero de su chaqueta.

- No será para tanto - dijo riendo, luego miró su chaqueta y metió un dedo en el agujero - Una chaqueta tan bonita...

Delissë suspiró.

- No se si llevo un elfo o un niño a cuestas. Vámonos antes de que yo misma acabe el trabajo de Mornaew.

El elfo no dijo nada, pero no le quedó más remedio que seguir a Delissë. Ella tenía la piedra, a fin de cuentas. Las calles de Narmelost eran un hervidero de gente, pero el rostro de ella, Señora de Nurn, les abría el paso con un temor casi reverencial.

Soberana cruel seré ahora de aquellos a quienes un día protegí en mi ignorancia. Así sea entonces. Mi nombre será Delisse a partir de ahora, Dama del Odio... y he aquí que mi venganza pronto será cumplida.

La elfa miro al maia que en ese momento de dirigia la palabra - Veo que conoces mi nombre pero no me he presentado aun. Sere sencillamente Inglin para vos como lo soy para muchos otros, y soy una de las personas a cargo de el lugar donde os hospedas, que por cierto espero que te esten tratando como te lo mereces- Agacho modestamente la cabeza escondiendo una sonrisa en sus labios. -En cuanto a mi mirada, me extraña que un maiar tan sabio como vos se deje engañar, no es mas que una simple mirada y puede cambiar de un momento a otro-

Inglin volvio la cabeza a la ventana, y luego a donde Haradriel permanecia curando a Telimektar.

Mirando nuevamente al maiar le dijo -En cuanto al elfo te dire que es alguien al que aprecio mucho y si bien me han dicho posees la capacidad para curarlo, cosa que creo seria bastante provechosa- En ese momento su charla se vio interrumpida por un golpe seco a la puerta pero antes de abrirla esbozo una sonrisa y dijo -Mas no faltara ocasion para que me invites a una copa-

Fuera de la habitacion un hombre permanecia de pie -¿Que desea?- inquirio la elfa pero el hombre ya habia ingresado en el aposento y refiriendose a Archaon y a TelimeKtar salio del mismo rapidamente cerrando la puerta con un golpe seco.-

[Editado por Carlita el 15-08-2005 02:49]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Le quito la ropa que traia encima y entonces observo la herida, era profunda, pero siendo un maiar el mismo habia abolido el dolor, la muchacha sonrio despues busco algo en la habitacion que le ayudara a cubrir esa herida, econtro una camisa tirada cerca del armario la tomo y la rompio en algunos pedazos, despues fue por un poco de agua y le limpio la herida.Aquel trabajo lo hacia en silencio,mientras escuchaba a Árchaon hablar con Inglin; entonces la joven se dio cuenta que tenia que cerrarla la herida pero no tenia los elemntos necesarios para hacerlo, recordo al instante la botella que le habia dado Inglin.

-Inglin,¿ recuerdas el frasquito que te di?.-la elfa asintio y le señalo el buro que estaba a lado de la cama.- gracias.- camino hacia ahi y tomo el frasco aun tenia un poco de la sangre de su madre, regreso junto a Telimektar, tomo un poco entre sus manos y se la puso directamente en la herida, que comenzo a cerrarse lentamente.

-Asi que te dio un poco.- le dijo Telimektar en voz baja sintiendo como curaba rapidamente.

-Si me dio un poco.- le vendo la herida con la tela.- bien ya esta.

-Gracias Lalwendë.- le dijo el poniendose sus ropas, fue entonces que recibieron los sobres los dos lo abrieron y se miraron a los ojos.

-Asi que eso era.- les dijo Haradriel.- Por eso estan aqui, el viento no mintio,. se quedo callada un momento dandose cuenta que no estaban solos.- bien no los detengo vayanse antes de que les haga mas preguntas.

Árchaon y Telimektar salieron sinmas demoras, entonces las mujeres se quedaron solas, Haradriel guardo el frasco cuidadosamente en sus ropas.

-Bien Inglin en que estabamos.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

El sonido de la voz del señor del Valle fue lo primero que escucharon las Tepenianas al alcanzar el último de los escalones de aquella mareante escalera de caracol.

Mornaew no daba crédito a lo que llegaba a sus oídos, y menos aún a lo que tenía ante ella. ¡Ese cuchillo!De modo que esa \"E\"... estaba en lo cierto, había sido él. ¡Maldito elfo!.

Cuando Néhilin creía que iban a reirse de lo lindo sacando a relucir lo acaecido durante la noche, Elboron se adelantó e inició una charla burlesca para la que la Reina no estaba preparada a aquellas horas de la mañana cuando ni tan solo había podido desayunar.

Tras las palabras del molesto Ingenioso, Mornaew se pasó instintivamente la mano por los labios. Le entraban arcadas cada vez que recordaba que los labios de aquel odioso inmortal habían llegado a rozar los suyos dejando el rastro del vino que le causara la terrible borrachera.

—Tu desearás ese cepo más que nada cuando tenga la oportunidad de despedazarte lentamente... —murmuró Mornaew con una ira incontenible reflejada en aquellos ojos grises.

A su vez lanzó una de sus dagas hacia la puerta de salida de las Grietas, justo cuando Elboron se apresuraba a salir del lugar y cerrarla tras de sí. Por desgracia no llegó a alcanzarle la mano como pretendía; solamente parte de la chaqueta quedó atrapada por el puñal clavado en la madera maciza. Podría haber corrido a cortarle el cuello mientras forcejeaba para extraer el arma que había hendido la madera hasta casi atravesarla, pero Yestariel, que no podía contener las carcajadas, se adelantó y lo liberó; y la Maia abandonó el lugar entre comentarios burlescos.

Pero no le había devuelto la daga... Nurnitas... Tendría que devolvérsela a su retorno, o np llevaría a nada bueno

—¿Puedes creer que la mañana haya acabado resultándome más agotadora qu la noche? —se dirigió la Reina a Lúmenel, tomando asiento en un taburete de la barra—. Ahora que se han marchado a ese misterioso concilio, tal vez podremos disfrutar de algo más de tranquilidad. Cuando regresen... estaré preparada... ¡Camarero! Café. Solo.

[Editado por Yureawen el 15-08-2005 03:39]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

Inglin miro como los maiar salian de la habitacion y por un momento se lamento de que no se quedaran un rato mas.

Volviendo la mirada hacia Haradriel - Ibas a decirme algo sobre la mujer esa que estuvo aqui hace mucho tiempo-

Volviendo la mirada hacia el elfo, se sento a su lado y le tomo la mano, mientras una lagrima asomaba en su cara. Metio su mano en el bolsillo y sintio el contacto con el papel, en que situaciones tan diferentes se encontraban ambas, pero cual grande era su sufrimiento.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Elboron caminaba calle abajo pensando en la agresividad de la telpita y en lo divertido de la noche anterior, que se había saldado con una costilla rota y la mandíbula amoratada.

- Oye Delisse - murmuró - ¿tu crees que ha querido hacerme daño? Esas gatas que tienen puñales son peligrosas. Mmmmm me gusta cuando se hacen las duras. Aunque vaya lástima... una chaqueta tan bonita - suspiró de nuevo mientras sacaba su pipa dispuesto a fumar tranquilamente mientras paseaban.

Se detuvo un instante pues no encontraba su tabaco, cosa harto rara, pues lo llevaba siempre en el bolsillo de su chaqueta. Pensando se percató que el puñal de Mornaew le había agujereado el bolsillo perdiendo su bolsa de tabaco.

- ¡Vaya! - dijo - Esperame aquí un segundo. No tardo ni una milésima parte de un año valiano - y corriendo calle arriba entró en el antro nurnita de nuevo.

Encontró su tabaco al lado de la puerta y lo recogió. Aprovechó para acercarse a la barra y tomarse otro café (con leche por supuesto).

Entonces se acercó a Mornaew, que se encontraba de espaldas a él y asiendola de los brazos la giró con fuerza y la estampó un prolongado beso.

Tras retirarse la susurró al oído:

- Adios gatita

Nota del autor: Parte importante la que viene a continuación

Y salió ileso y sin ninguna putada a cuestas ni reacción alguna contra su persona del mesón presto a encontrarse con Delisse, amargada por las continuas excentricidades del peculiar elfo.

Fin nota del autor

Llegó jadeante tras la carrera pero con su pequeño tesoro a cuestas.

- Pero... ¿a ti quien te ha elegido rey? ¡Calamidad! - le dijo cariñosamente

- Buena pregunta... - contestó mientras encendía su pipa y pensaba en la más que segura y posiblemente sangrienta venganza de Mornaew cuando volvieran a encontrarse...

[Editado por jarvis el 15-08-2005 03:57]

Haradriel miro a Inglin.

-¡La mujer esa dices!.- le clavo la mirada y luego la suaviso.- ella te lo repito fue una reina, que se iba a un lugar mejor para dar a luz a sus hijos.- camino hacia la ventana y recordo a su madre.- Por eso he venido bucandola, Inglin Eadwin era mi madre.

La cara de Inglin cambio por una de sorpresa.

-¿Como es que estoy aqui?, no lo se, han pasado 20 años desde que yo naci en las tierras de Harad,el ultimo lugar que vio Neldoriel fue este y despues partio ahi para darme luz a mi y a mi hermano.- camino hacia la ventana.- despues yo regrese a las tierras de Eithel Glîn y me interne en su bosque, algo paso una noche y yo, yo me encontre de pronto 20 años atras, como paso no lo se, pero mi madre tubo algo que ver.

Haradriel se sento y recordo a su madre, tirandose al vacio en las tierras del norte, bajo la mirada triste, pero la cambio rapido y contemplo a la elfa que aun seguia esperando.

-Entonces un dia, recorde que ella habia partido poco tiempo antes y que seguramente estaba de camino hacia aqui, tome entonces la desicion de venir a bucarla para que me explicara que cosa habia echo en el bosque y para verle otra vez.- se sento en un sillon.- sin embargo y porque el destino lo quiso asi, no he llegado tiempo y ahora paso todo esto y yo no puedo regresar a mi tierra y menos si algo raro pasa.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Árchaon salió de la habitación de Inglin junto con Telimektar, pues una guardia de elfos los esperaban fuera de local para guiarlos al lugar del concilio. Pero antes de salir entregó una nota a un camarero, mas dijo que la entregase cuanto antes.

Cita:</TD


Bien mi querida Inglin,no he podido evitar caer en la tentación de escribiros a vuestra respuesta de tomar una copa, pero ahora un asunto de gran imporancia me urge más que nada, pero descuidad, si vos queréis os invitaré en cuanto vuelva a una copa, o las que surgan, y disfrutaremos del dulce aroma de la noche.

PD: Os aseguro que vuestra mirada ha sido tomada e interpretada como vos decís, y espero que cambie pronto mostrando toda la luz de aquellos bonitos ojos...

Atentamente: Árchaon, Señor de Anor

A Continuación ambos Maiar salieron de allí bajo la guía de aquella escolta....

[Editado por legolaragorn el 15-08-2005 15:02]

\"Temedme, mortales, porque soy el Azote del Mundo. Los ejércitos de los dioses están a mis órdenes y vuestros imperios no podrán sino caer bajo el peso de mi espada y de mi férrea voluntad\"

Árchaon, Señor del Fin del Tiempo

La elfa escuchaba con atencion cada palabra que salia de la boca de Haradriel, sus frases parecian ser sinceras, pero aparte de sinceras eran tristes y parecia que evocaban a un pasado lejano que ya nunca volveria.

La elfa se acerco a la pequeña humana y posando la mano en su hombro le dijo:

-Bien, me alegra que seas sincera con migo, si es que alegrar es la palabra indicada. Mas has de saber que que la desconfianza no siempre es mala. Pero olvidemonos de esto por ahora- Separandose de la humana se sento en el sillon proximo -Mas mi mente no alcanza a entender cuales son tus intenciones, no me molestaria saberlas si es que puedo. En cuanto a mi respondere cualquier pregunta siempre y cuando sea indicada-

En ese momento se sintio un ruido detras de la puerta, y un pequeño papel se deslizo por debajo de la misma -Disculpame un momento- Y sin esperar respuesta tomo la nota del suelo. Sus ojos la recorrieron una y otra vez, y no pudo evitar disimular una sonrisa ante tal mensaje. Tomnando una trozo de papel del escritorio escribio unas pocas lineas pero que cumplirian por demas su cometido:

Cita:</TD
Asi que has caido en la tentacion de escribirme, mas espero que no sea la unica tentacion en la que caigas. Mi mirada y yo esperaremos tu regreso, a ver si develamos algunos secretos que la noche puede tener en si.

Deseando que os vaya bien, Inglin.

La misma lechuza blanca que hacia un tiempo habia desendido trayendole una nota, entro por la ventana y se poso en el hombro de la elfa, la cual le dio la nota y le susurro al oido -Ve y entregale la nota, luego vuelve y haz la tarea que te ha sido encomendada desde siempre-

Una vez que la lechuza partio, Inglin volvio con Haradriel la cual parecia sumida en sus propios pensamientos.-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Nülk y Gaur seguían en la barra de la taberna deleitandose con una gran fuente surtida de los mas ricos pastelitos y frutas dulces de todo Nurn, que por suerte no parecía disminuir. el cafe podía levantar el animo, pero aquel desayuno contribuiria a mantener una burbuja de felicidad entre tanta intriga.

¿que mas se podía pedir? ¿que un par de chicas guapas se sentasen a tu lado a tomar un cafe? _bromeo Nülk con una sonrisa irónica

Gaur da un codazo al insolente enano,

Nülk mira a su lado y comprueba como Mornaew y su acompañante estaban muy cerca, parecen mirarlos... juraría que no le entenderían pero no pudo evitar que un escalofrío recorriera su cuerpo de solo pensar la cara de odio que habían dirigido al *insolente* de Elboron. azorado se dio la vuelta hacia su amigo y tartamudeó un improvisado tema de conversación, como si no hubiese pasado nada

pues... emm, entonces ... las instrucciones... que nos quedemos esperando aqui sin movernos, hasta que nos reclamen..._dijo el enano mientras elegía un gajo de naranja escarchada de la fuente_

pero cuando la cosa parecía que había pasado, y Gaurwaith no contenía la risa de una forma poco teatral, Nülk noto como un dedo de tacto electrizante se posaba de forma repetitiva sobre su cuello. justo en aquel momento rememoró aquella extraña sensación, que hace unos de hace unos dias, y que casualmente se había dado al llegar a aquel antro. No podía explicar aquella especie de temblor que le dificultaba la respiración, le ruborizaba, y no le dejaba hablar de forma coherente, apenas podía controlar sus reacciones. interpretaba aquello como una debilidad, una verguenza que había que ocultar, un error, algo que no podía darse en un guerrero, sentimientos al fin y al cabo, algo con lo que debía acabar de una vez por todas,

Parecía ser, realmente, que no había lugar donde la Reina de Telpe pudiera estar tranquila. La elfa y la mujer, habían bajado hacía algunos momentos, buscando un poco de paz para discutir los asuntos que tenían pendientes. Sin embargo, el ambiente en el salón a esas horas, no era el que esperaban.

Antes de que la vista les permitiera distinguirlo, la voz del Rey del Valle les llegó, y fué entonces cuando se dieron cuenta de que era lo que había sucedido en la habitación de la edain, y quién había sido el autor de las extrañas marcas en la puerta.

Elboron se atrevió a desafiar el ánimo de la Reina de la Orden a esas horas de la mañana. Hablaba en un tono bastante burlesco. Lúmenel se sentó en la barra junto a Mornaew, las palabras del elfo comenzaron a hacerle gracia, aunque se guardó comentarios y risas para otro momento.

Rápidamente el elfo se marchó de allí (quizá sabiendo lo que sería capaz de hacer Mornaew en un momento como ese), no obstante la enfadada Reina le lanzó una de sus dagas, que lamentablemente, no alcanzaron su objetivo, sino que solamente hicieron la situación aún más divertida.

Lúmenel sonrió y pidió un café. Empezaba a sentir el hambre y la debilidad de no haber ingerido alimentos durante casi un día entero.

-Ya tendrás tiempo de vengarte cuando regresen, Mornaew- dijo la elfa riendo- mientras tanto disfruta este desayuno, antes de que llegue alguien más a interrumpir.-

-Si- suspiró la mujer- cada vez estoy más segura de que no tendré mucha paz en este lugar.-

Sirvieron el café. Un aroma fuerte y dulce invadió el aire. Las Telpenianas se dispusieron entonces, y de una vez, a tomar el desayuno y platicar acerca de aquellos temas que aún no habían terminado de aclarar.

[Editado por Isilmeriele el 16-08-2005 19:42]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta como Inglin escribia una nota que poco despues era entregada a una lechuza para llevarla a un destino que ella conocia bien; entonces se dio cuenta que no estaba en su casa y que una elfa se acercaba a ella de nuevo.

-Pues, ahora mi intencion es ver que Galandul sane,asi lo que empece terminara.- suspiro.- esperare a que Telimektar y Árchaon vengan y tal vez y si tu me dejas partir marchare con Telimektar a mis tierras, porque creo que mi amigo Eltharion se quedara aqui.- le miro picarescamente.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Las luces de la mañana iluminaban el pequeño cuarto, mientras un rayo de sol bañaba el cuerpo desnudo de Seregruin, quien dormía plácidamente sobre el cómodo sillón de Araw. La desolación de la guerra y los complicados asuntos del clan, parecían no existir en aquel instante; su rostro apacible y despreocupado reflejaba la serenidad de un dulce sueño y un descanso reparador. Lómine permanecía de rodillas a su lado, abstraída en la contemplación de su amante, ajena al tiempo y al espacio, sumida en el simple placer de mirarlo.

No comprendía como todo su orgullo y su fortaleza desaparecían bajo el hechizo de aquellos ojos, como su enojo se transformaba en complacencia y su cólera en sosiego, nada alteraba su comportamiento más que la presencia de Seregruin, y nada le angustiaba tanto como perderlo. Le besó con ternura antes de levantarse y vestir su traje de terciopelo, las horas avanzaban y pronto tendrían que abandonar la calma de aquel refugio para enfrentarse a los frívolos asuntos que invadían Nurn. Quisiera que este instante jamás cesase

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin miro a la humana con cierto interes.

-Quizas te sorprenda saber que tambien deseo que este elfo sane, lo que fue solo un rato de diversion, un desahogo se ha transformado en una tortura, encadenada aqui a merced de este elfo- Un silencio mortal se concentraba en la habitacion -Mas espero que ustedes puedan hacer algo, mas yo prometere ayudarte en lo que pueda respecto de tu madre, si es que mi promesa vale de algo-.

Se acerco a Haradriel y se puso frente a ella -Has de saber lo dificil que es ganarse mi confianza, mas dificil es ganarse mi aprecio, aunque mi aprecio es la ausencia de odio, mas es lo que te puedo ofrecer- Sus ojos se clavaron en los de la humana-Mas te pido un favor antes de irte, haz lo posible por reestablecer a este elfo, por lo menos intenta que se pueda valer por si mismo, habla con Archaon si es nesesario, insistile,mas no aguanto mas esta situacion-

La elfa miro al elfo que dormia inocentemente en la cama -Vamos abajo, te invito a una copa, no aguanto mas aca adentro-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Mornaew había observado -casi aterrada- el comportamiento de ciertos personajes que pululaban por la taberna a la hora del desayuno.

Por si las burlas de Elboron y el descubrimiento de su culpabilidad al respecto de la incursión en la habitación de la Reina de Telpe no hubieran bastado, cuando pareció que ya se habían librado de su molesta presencia volvió a aparecerse. El quendi recogió el tabaco que había perdido por el camino.

Mornaew no entendía por qué, pero ese elfo se acercaba de nuevo hacia ella. Los ojos de Elboron estaban brillantes, su cara reflejaba una mueca de absurda felicidad. La Reina dio un estirón a una mujer que acababa de llegar al local justo cuando el bueno del elfo se abalanzaba peligrosamente con los ojos cerrados hacia ella.

—Quédatelo si quieres —le dijo Mornaew a la mujer. Mientras, Elboron seguía diciendo idioteces sin sentido. La taberna parecía un circo y la Telpeniana no quiso romper ese momento de diversión. Permitió que el elfo se marchara, esperando su regreso para tomar su venganza.

—Me pregunto qué lleva ese tabaco que fuma. Ahora ya estamos tranquilos. Menudo alivio —le dijo a Lúmenel.

Cercanos a donde se sentaban las Telpenianas, un par de Ingeniosos tomaban un completo desayuno a base de pastas dulces variadas. Mornaew sorbió el café que le acababan de traer y giró la vista hacia su compañera.

PD: con este post quiero poner fin a la larga lista de disparates que se han estado inventando y tratando de hacer a mi personaje. No voy a permitir que se le atribuyan acciones, o se inflinjan sobre ella, sin habérmelo consultado antes. Repito, que no lo voy a permitir. Es totalmente imposible que cualquiera se abalance sobre Mornaew y le plante un beso sin su consentimiento. A partir de ahora, si alguien desea hacer cosas por el estilo, que sepa que mi personaje actuará como corresponde con su forma de ser... y si nadie quiere resultar herido, mejor que se abstengan de hacerle cosas sin mi permiso. Espero que quede bien clarito. Que estoy hasta las narices ya.

[Editado por Yureawen el 17-08-2005 01:49]

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos...

¿Podía ser que estuviera pensando lo mismo que Lómine? ¿No estaría soñando acaso?

Fuera como fuera, despertó con los profundos ojos grises de su amante fijos en su propio mirar, envuelto en la calidez del sol que filtraba por entre las ranuras de ventilación practicadas en el abovedado techo de la pequeña estancia.

Abrió sus ojos con la sensación de que estaba compartiendo un sentimiento infrecuente en su vida con esta Elfa tan deliciosamente hermosa que lo tomaba de las manos, cogiéndolo en medio de un sueño placentero y extraño.

Seregruin acarició el rostro de Anamóriel con delicadeza, como si se tratara de un rezago evanescente de su propia ensoñación.

-Una pena que hayas vuelto a vestirte, Lómine -dijo el hombre, con la media voz del sueño.

Tras el largo baño Celvarán se vistió de nuevo. Se sentía al fin relajado, asi que se dispuso a bajar a la barra para disfrutar de un buen lingotazo por muy de mañana que fuera.

Tras bajar las escaleras enfunzado en unos pantalones marrones y una holgada camisa blanca se encontró con lo que por lo que el recordaba era la taberna. Su estado era ahora aún más lastimoso, pero aquello no parecía importarle a la gente que comenzaba a desayunar en el.

De entre las marañas de cuerpos tumbados cubiertos de sangre y bebida a la par que por los escombros de mesas y sillas se encontro con Morquarë y Annawen.

El primero tenia el labio inferior partido, el ojo izquierdo amorotonao, más una brecha sobre dicha ceja de propina, y junto a sus melenas, ahora más grasienta a causa de la bebida, recubierta de serrin y su verde capa y armadura plateada manchadas de sangre y alcohol, daban un aspecto lastimoso del elfo.

Annawen por su lado estaba tenia el pelaje mancillado por una mezcla similar a la que cubria el pelo del elfo, además de padecer molestias en una de sus patas traseras.

Desenfundado su espada (pues Celvarán tenia la absurda costumbre de que un arma cuanto mas grade y pesada mas mortifera y util resultaba) rasgo los ropajes de un cuerpo insconciente he hizo un vendaje sobre la pata herida de la loba.

En fin, teneis mala cara, aunque seguro que os lo pasasteis bien en la pelea. Me hubiera gustado acompañaros pero no me quejo de mi suerte

- sonrió el humanoide.

Junto con sus compañeros Celvarán se dirigió a la barra- Por favor, sirvame su licor mas fuerte y en el recipiente mas grande que tenga, hoy es un bonito dia, verdad amigos- dijo al fin con gran burla.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Haradriel miro a la elfa, finalmente estaba rompiendo esa coraza. despues miro a Galandul, entendio a Inglin , si ella estuviera en esa situacion estaria asi o tal vez peor.Pero siempre existe espacio para la esperanza Penso, se levanto siguendo a la elfa, entonces le dijo.

-Espera.- se encamino hacia la cama.- no puedo dejarlo asi, veras Inglin lo he dormido, pero no a la manera en que descansan ustedes los elfos, he hecho algo diferente con el.- la muchacha le tomo la mano al elfo.- esta en un tipo de trance, tengo deshacerlo, es peligroso que su espiritu vague por los cielos.- entonces saco una pequeña hoja de sus ropas y se la puso en la boca susurro unas palabras que ni siquiera Inglin entendio y despues finalmente se paro.- despertara despues y no te preocupes el maia podra curarlo eso solo depende de ti.

Regreso a la puerta y le dijo al oido.

-Mi nombre de nacimiento es Lalwendë y solo aquellos que se han ganado mi confianza me llaman asi.- luego le miro a los ojos.-si tu quieres puedes hacerlo, pero solo cuando no haya oidos indiscretos, debo decirtelo porque solo la reina Nararië y Telimektar saben que soy hija de Neldoriel, la mejor ayuda que puedes darme es que guardes ese pequeño secreto yo ante el mundo soy la hija de los haradrim, ¿espero que lo hayas entendido cierto?

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

-Si lo deseas puedo deshacerme de él, o tal vez prefieras hacerlo tu –respondió la elfa y le besó una vez más, pronunciando luego, en su lengua natal, el saludo de los buenos días –Alassë’Arin, Melda Seregruin

La lógica de sus razonamientos desapareció una vez más, dejando a su paso un sentimiento de bienestar y calidez que no experimentaba desde sus antiguos días en Lindon; abrazó el torso desnudo de su amante y apoyó la cabeza en su hombro; el aroma de la piel, su tibieza, la seguridad que aquellos brazos le ofrecían, el inigualable placer que le proporcionaba su simple compañía, hubiese dado su inmortalidad a cambio de permanecer junto a él, el resto de sus días.

-¿Qué soy para ti, Seregruin Rodhraw Elugalad?–preguntó repentinamente Anamoriel, llamándolo por el nombre con el que le conociera -¿Un simple objeto de distracción? ¿Una más de tus conquistas? ¿Un objetivo que pretendes alcanzar a cualquier costo?

La sorpresa pareció apoderarse del mestizo, más Lómine, al percibirlo, se estrechó contra su cuerpo, previendo una verdad amarga, una verdad que tal vez, destrozaría su alma, y que sin embargo, necesitaba escuchar.

-Tu imagen habita mi mente y domina mis sentidos –continuó la elfa –tu simple presencia doblega mis fortalezas y acrecienta mis debilidades y temores; pero a pesar de todo esto no cambiaría un minuto a tu lado por una eternidad a solas.

Lómine acarició el rostro de Seregruin y le besó apasionadamente.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

La elfa cerro la puerta tras ella con un fuerte golpe y dirigiendose a la elfa le dijo -No veo la hora en que termine ese maldito concilio asi terminara toda esta pesadilla, no tendria que importarme, pero su \'\'dependencia\'\' me molesta Haradriel, hacia tiempo que no ms sentia tan invadida-

Se dirigieron hacia las escaleras olvidandose por un momento del mundo exterior y las preocupaciones que invadian sus cabezas parecieron disiparse por un momento. La ausencia de los maiar parecia notarse, algo le faltaba al ambiente, por una vez en tanto tiempo la elfa añoro ver caras conocidas.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La elfa cerro la puerta tras ella con un fuerte golpe y dirigiendose a la elfa le dijo -No veo la hora en que termine ese maldito concilio asi terminara toda esta pesadilla, no tendria que importarme, pero su \'\'dependencia\'\' me molesta Haradriel, hacia tiempo que no ms sentia tan invadida-

Se dirigieron hacia las escaleras olvidandose por un momento del mundo exterior y las preocupaciones que invadian sus cabezas parecieron disiparse por un momento. La ausencia de los maiar parecia notarse, algo le faltaba al ambiente, por una vez en tanto tiempo la elfa añoro ver caras conocidas.

Invitando a Haradriel a tomar asiento junto a ella en una mesa, se dirigio al interior de la cocina excusandose de que tenia que ver que todo estuviera en orden.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel se sento en la mesa y vio como Inglin se metia en la cocina, lo mejor que pudo hacer fue pedir una copa, cuando ya la tenia en frente la vio por un rato y comenzo a jugar con ella. Llego Inglin y se sento junto a ella.

-Invadida, yo me siento extraña piensalo Inglin en toda la historia de Arda jamas se ha vitso algo asi, maiar oscuros y de la luz en un concilio?, demasiado extraño algo pasa que me incomoda.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Offtopic

Pido disculpas publicamente a Yureawen por todos los posts relativos a su pj en esta taberna pero quiero aclarar que no tenía intención de molestarte y para mi era un juego. De cualquier modo, lo siento

Jarvis

Galandul Anim Seratil se despertó y no había nadie en la habitación, con energías repuestas tras casi tres semanas de largo letargo. Parecía que ese descanso le había sentado sin duda muy bien, sus heridas estaban curadas y procedió a quitarse los vendajes, en cuanto a la memoria solo recordaba la charla con la elfa Inglin. Fue a darse una ducha tras quitarse los vendajes. El agua estaba fría y tardó poco en salir de ella. Rápidamente se seco y vistió tras más o menos hacer la cama salió de la habitación y comenzó a bajar las escaleras hasta llegar a la planta de abajo y se dirigió hacia la barra donde pidió algo de comer. El elfo estaba bien, pero sin duda necesitaba abundante comida. Tras pedir su comida decidio sentarse en una mesa tranquilamente. Tras comer se volvió a dirigir a la barra y pregunto allí por la elfa a la camarera.

- Hola, ¿sabes dónde está Inglin? Necesito hablar con ella rápidamente, dile que estoy en la habitación, por favor -le dice el elfo a la camarera.

Ariul bajo de las habitacion que unos dias antes Delisse hubiera mandado disponer para él mientras se encontrara en nurn, mientras bajaba las escaleras que llevaban al salon principal de la posadas intentaba sentir la presencia de los maia que hubiera visto la noche anterior sin exito -han debido de partir ya y se preguntaran donde estoy-. Esa idea hizo que Ariul riera con sarcasmo -¿quien lo diria?-.

Al final de las escaleras se encontro a los parroquianos que solian frecuentar la posada, hizo una vista general buscando a una de las sirvientas de la maia.

-Podrias traer mi caballo, tu señora me espera en el templo de Adrana y Tossub ¿y no querras hacer que su ira recaiga sobre ti, verdad?- la esclava no sin una clara muestra de ira y odio hacia el maia hizo una reverencia forzada y salio en direccion a los establos.

Poco despues Ariul se encontraba en el camino en direccion al templo y las tareas que alli lo atañian.

[Editado por Ariul el 18-08-2005 23:59]

En la vida hay dos cosas ciertas, tu vives...y tu mueres

Ni bien la elfa salio de la cocina, una de las camareras del local, a la cual ella no conocia, le informo que un elfo de nombre Galandul la esperaba en su habitacion.

Sin otra habitacion posible que la de la elfa, subio las escaleras y entro a su habitacion. El elfo miraba tranquilamente por la ventana -Toma tus cosas- ante la orden de la elfa, Galandul miro a su alrededor y dijo -Me encantaria hacerlo, pero no recuerdo cuales son-. Ante esta respuesta Inglin que se disponia a salir de la habitacion lo antes posible cerro de un portazo la puerta, tomando una o dos prendas dispersas por la habitacion y tomando al elfo de la mano lo conducio a una habitacion que se encontraba al otro lado de la taberna.

Cerrando despacio la puerta, se dirigio a la ventana la abrio, la altura era considerada como para intentar alguna estupidez. Dirigiendose nuevamente al elfo le dijo -A partir de hoy y mientras decidas o decidamos tu partida, que te quedaras aqui- Acariciando la mejilla del elfo le dijo -Se que deseas hablar con migo, te prometo que volvere, ahora descansa, ya nos encargaremos de restaurar esa cabeza- Salio dejando solo al elfo, cerro la puerta tras ella. Un elfo uniformado se paro delante de ella y sin mirar a la elfa le dijo -Despreocupese, nadie pasara este umbral exepto usted- .

Tras liberarse momentaneamente del elfo, se encontro con la camarera de mas antiguedad en el local -Manda a que cambien las sabanas, a que aireen la habitacion, si es nesesario trigan un pedazo de bosque a la habitacion, quiero sentirme como en mi hogar- Sin pronunciar una palabra la camarera salio dejando a la elfa sola, la cual bajo las escaleras y se sento finalmente junto con Haradriel en la mesa.-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel despues de decirle esto a la elfa, le pregunto.

-Asi que ha despertado.-Inglin asintio.- me da gusto, ahora la que debe descansar soy yo, no he dormido en dias y lo que he hecho con Galandul me ha dejado algo mas agotada.- se levanto y vio la botella de vino aun llena.- mmm creo que me llevare esto, no no te levantes, ahora mismo le pido alguien que me lleva a una.- hizo una reverencia y se alejo caminando, entonces encontro a una joven.

Haradriel le pidio a una joven que la condujera a una habitacion, cerca de la de Galandul e Inglin, la muchacha le vio y luego a la elfa que le indico que lo hiciera; la guio a travez de las escaleras y despues le indico la habitacion que seria suya, dio las gracias y entro.

Era parecida a la de Inglin, con una cama y un armario cerca de la puerta, un escritorio se alzaba cerca de la ventana y en el fondo habia una puerta que conducia al baño. La muchacha se quito el velo y se dirigio a la ventana ahi se tomo el vino y despues busco ropas en el armario; encontro una bata y se la puso, se acosto en la cama y cerro los ojos, tratando de dormir .

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

La elfa siguio con la mirada como Haradriel subia las escaleras junto con la joven. Se levanto sigilosamente y subio las escaleras tras ellas - ..en lo posible que este junto a la habitacion de Inglin y de Galandul ...- se oyo en el corredor, la elfa se detuvo en seco -..me temo que eso no sera posible señora, sus habitaciones se encuentran muy distantes ..- oyo que decia otra voz.

Inglin seguia pegada en la pared detras del corredor de donde llegaban las voces.

-ay, lo temia. Bien, que sea cerca de la de elfa entonces- Los pasos se alejaron y la elfa entro en su habitacion.

Las jovenes habian echo bien su trabajo, un suave brisa entraba desde la ventana, las sabanas habian sido reemplazadas por unas nuevas. Desvistiendose, se sumergio en la bañera, dejandose llevar por el suave sonido del viento, y dejando que las preocupaciones se fueran.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

“Tu imagen habita mi mente y domina mis sentidos. Tu simple presencia doblega mis fortalezas y acrecienta mis debilidades y temores; pero a pesar de todo esto no cambiaría un minuto a tu lado por una eternidad a solas.”

Seregruin nunca hubiera esperado que Lómine se entregara de aquél modo a él. En su vida lo hubiera esperado de una elfa, seres tan incomprensibles a su limitado entendimiento de hombre mortal ...y mucho menos lo hubiera esperado de una Señora de Nurn, con todo lo que aquello implicaba. Y sin embargo toda su desconfianza, y la enorme sorpresa del caso, el hombre no pudo dudar de que aquella Dama Elfa, dignataria del oscuro y terrorífico Señorío Nurnita, le estuviera hablando sinceramente en aquel momento.

Todo su comportamiento le daba muestras de ello: como si no quisiera que sus cuerpos se separaran apenas, la elfa lo tomaba fuertemente entre sus brazos; besándolo continuamente, como si de besarlo dependiera su existencia.

Al compás de su respiración, el cuerpo de Lómine temblaba ligeramente; y su voz delataba una nota distinta, desconocida para el hombre... y fatalmente atractiva a sus sentidos.

Seregruin se vio entonces asustado en su sorpresa. ¿No habrían ido, tal vez, muy lejos ya? ¿No habrían franqueado una frontera que nunca podrían desandar? ¿Qué tan lejos podía ir el juego aquel como para que esta Soberana de Nurn despreciara su inmortalidad en nombre de una vulgar y controvertida compañía?

Por sobre todo, debía poner un límite a sus propios sentimientos. De dejarse llevar por sí mismo, esta relación podía llevarlo muy lejos: incluso nuevamente al exilio, aunque esta vez partiera muy bien acompañado.

Seregruin sintió que Anamóriel podría –al fin- con él, y con la mayor de las facilidades. Estuvo seguro -de pronto- que la Elfa, de proponérselo, podría llevarlo consigo a dónde quisiera.

Y en la confusión en que entonces se vio el hombre, sus dedos acariciaron distraídamente a élfica cabellera, al tiempo su cabeza caía sobre el respaldo del sillón y su vista se perdía en el abovedado techo. Sin embargo, no veía más que un cegador abismo de luz solar en torno suyo.

Exhalando un suspiro muy comprometedor, y cerrando los párpados, dijo al fin:

-¿Qué eres para mí, Anamóriel, me preguntas? Eres una sorpresa. De las más gratas que un hombre podría jamás imaginar. Eres lo inesperado, y lo temido: lo que puede arrastrarme en su corriente.

Volviendo su vista hacia la Elfa, y desafiando sus ojos grises -que asomaban tan cercanos a los suyos-, el hombre se encontró diciendo, para su propia sorpresa:

-Debemos terminar con esto. De continuar por este camino, Nurn se hundirá a nuestro alrededor y nosotros seguiremos entrelazados sobre una cama.

[Editado por seregruin el 19-08-2005 20:21]

Muchas millas habiamos caminado ya. Estabamos en tierras lejanas de nuestra patria y necesitabamos un descanso.

El animal permanecio en la espesura mientras el hombre se acercaba a la taberna.

Se paro en la entrada con la puerta abierta y observo al gentio del local. Nada fuera de lo normal. <> penso Khazgarn al observar al numeroneano.

Khazgarn se acerco a la barra observando al hombre.

-¡Una cerveza1.- pidio

<> se preguntaba Khazgarn mientras esperaba su bebida.

Muchas millas habiamos caminado ya. Estabamos en tierras lejanas de nuestra patria y necesitabamos un descanso.

El animal permanecio en la espesura mientras el hombre se acercaba a la taberna.

Se paro en la entrada con la puerta abierta y observo al gentio del local. Nada fuera de lo normal. <> penso Khazgarn al observar al numeroneano.

Khazgarn se acerco a la barra observando al hombre.

-¡Una cerveza!.- pidio

<> se preguntaba Khazgarn mientras esperaba su bebida.

-Nurn ¿Y que es Nurn? –La elfa se levantó contrariada –Una mentira que inventamos y nos empeñamos en aseverar, un juego de intrigas y maquinaciones, una batalla eterna entre nuestra gloria personal y el esplendor del reino. No existe Nurn y sin embargo su voluntad nos domina y nos enfrenta unos a otros en este absurdo juego de letales apariencias.

Lómine enmudeció repentinamente, demasiadas palabras, demasiadas afirmaciones, demasiados comentarios críticos, gracias a su imprudencia ahora se encontraba expuesta en demasía frente a su amante, su compañero y a la vez su contrario.

-¿Cómo es posible que aquello que nos une pueda, de igual forma, distanciarnos? –exclamó apesadumbrada –si tan solo fuese libre de continuar mi camino, si ningún hilo me atase al destino de Nurn... si las cosas fuesen diferentes dejaría todo por estar contigo...

Una corriente de aire se coló a través de las rendijas y sacudió sus cabellos; su suerte y la de Nurn eran una misma, el juego debía continuar aun a costa de sus sentimientos, la fidelidad al clan prevalecería sobre cualquier otra; Pero allí en aquel cuartucho ninguna ley regía sobre ellos. Sin pensarlo dos veces se quitó el anillo que la identificaba como Señora y tras depositarlo sobre una mesita se volvió hacia Seregruin.

-Olvídate de Nurn tan solo por un instante, olvida las insignias, olvida nuestros nombres y deja que esta vez sean dos simples viajeros quienes se entreguen en cuerpo y alma, uno al otro.

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Dûrthaur entra a la taberna de la libertinas y se sienta a contemplar como sirven las camareras.

El quinto trago recorrió la gargante de Celvarán, empapando de fuego todo su ser. La jaqueca le estaba martirizando, tres personalidades eran demasiadas para un mismo cuerpo, demasiado pensamientos, demasiadas formas de estar y actuar, demasiado ser para un solo. Celvarán lo negaba pero en el fondo temía, igual que temía Ian, a la última de todas éstas y de la que él mismo era antesala, el terror rasgaba su mente cada vez que esta se desplazaba por sus pensamientos con su naturaleza horrible. Ian era en realidad valiente, a su manera claro, aunque jamás lo reconocería, ya que éste se arriesgaba ha ceder su mando al humanoide cuando las condiciones de subsistencia le eran adversas a él o a otro pobre diablo al que quería o del que tal solo se compadecía. Aunque no era siempre asi.\"La rabia hace bestia hasta al más sabio\".

El sexto trago inflamó una vez sus entrañas, pastos del alcohol. Tomando el anillo de compromiso del hobbit en la mano, cerró esta sobre el hasta que los nudillos se tornaron blancos. Habia algo, una fuente oscura de poder, quizás ella le diera el dominio que necesitaba, quizas el libro fuera la llave hacia su perpetua libertad.

Celvarán marchó raudo hacia la puerta seguido por el extraño elfo y la loba. Ya nada le rentenía en aquel lugar, nada de su importancia se encerraba tras aquellas puertas.

Sus pasos le alejaron de aquel lugar hasta nuevas tierras, hasta que el dia en que tuviara que volver sobre estos.

Habia una vez un hobbit que alegraba a todos el corazón...

Abrio los ojos lentamente, el sueño fue reparador si, pero Haradriel sabia que en aquellas tierras no encontraria el descanso que le daban los arboles Täurenúva, se levanto y se metio al baño, lleno la tina de aguas calientes que salian de un pequeño agujero(algo asi como una tuberia), cuando estubo listo se sumergio en ellas y comenzo a pensar de nuevo, ¿que pasaria despues del regreso de Archaon y de Telimektar de ese extraño concilio?, mas aun ¿que haria Inglin con el elfo?; la muchacha comenzaba a dudar que la elfa quisiera permanecer al lado de Galandul, sin embargo no hizo teorias sabia perfectamente como era esa gente; salio del agua embriagada en su propia desnudez, salio de la habitacion sin pudor alguno y se puso sus ropas, la ventana estaba abierta asi que corrio a cerrarla, pero se detuvo el viento de nuevo le susurraba advertencias.

Haradriel las guardo en su memoria y salio de la habitacion, ya con el velo puesto, entonces toco en la de Inglin.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Seregruin se había incorporado cuando escuchó a la Dama Elfa despotricar contra Nurn. Se había refugiado junto al muro que daba a la taberna, pretendiendo distraerse con lo que allí debajo sucedía, por más que nada sucediera entonces. Tan sólo unos borrachos despertando de la resaca de la noche anterior.

Estaba inquieto por lo que su amante decía acerca de Nurn, pero más inquieto aún porque no quería pensar -y menos aún decir- lo que se le ocurría al respecto.

*********************

Pronto Lómine calló, sin embargo, acaso asustada de sus propias palabras. Su tono cambió de pronto, así como el sentido de lo que decía. Pero lo que ahora decía no era menos inquietante para el hombre, aunque por muy distintas razones esta vez: \"...si las cosas fuesen diferentes, dejaría todo por estar contigo...\"

Seregruin, sobresaltado al oír esas palabras, cesó su distraido mirar sobre la taberna revuelta por la trifulca. Se giró hacia la Elfa y apoyó las curtidas manos sobre el respaldo del sillón: la vio entonces tan bella como nunca nadie la viera... tratándose de Anamóriel, eso tal vez fuera demasiado...

*********************

Sin el anillo -su hermosa mano de pronto desnuda y blanca- Lómine parecía otra: por entre los agitados cabellos, las sombras fugaban su rostro y dejaban ver una hermosura inmaculada; ceñido de terciopelo bajo el sol, su cuerpo se adivinaba fresco como el de una doncella elfa del primer amanecer.

Seregruin prendió su mirada de aquellos ojos eternos, libres -de pronto- de toda sombría preocupación. Y, convocado irresistiblemente por esos deseados labios que habían logrado conjurar el temor, tuvo el impulso de seguir su ejemplo.

Mientras una de sus manos buscaba el anillo señorial para retirarlo de la otra, el hombre imaginaba que ambos partían de Nurn para tomar cualquier rumbo que el destino les deparase... y pensaba en ella, tan bella como ahora la veía -más allá de cualquier descripción posible-, definitivamente libre de toda sombra...

Mientras dos de sus dedos tomaban la sortija de un tercero, el hombre sentía su propio espíritu rejuvenecer, tal como a veces sucede con los Hombres -cuya corta vida les permite jugar con ella tal como deseen-. Se veía -en paz- junto a Lómine, definitivamente libre de todas sus ansias de poder y de lujo: una vida sencilla, tal vez en alguna lejana playa del Sur...

**********************

Seregruin ya había quitado el anillo de su sitio habitual, y lo deslizaba a lo largo de su moreno dedo, cuando sintió la voz de Delisse en su interior. Y recordó el juramento de sangre y de dolor. Su alma quedó aferrada en aquel recuerdo, y el anillo volvió rápidamente a su sitio.

La expresión del hombre había vuelto a cambiar. Sus ojos aún humedecidos seguían posados sobre Lómine, pero ya no la veían.

Su rostro se ensombreció... y Seregruin bajó la vista, apesadumbrado.

-Ya no es posible librarnos de nuestro destino, Anamóriel -dijo.

Lúmenel sonrió a Mornaew y bebió un sorbo de aquel fragante café.

-Mornaew, parece que estemos donde estemos llamamos demasiado la atención.- dijo la elda.

Mornaew fijaba sus ojos en los de Lúmenel, pero parecía ensimismada. Detrás de ellas hablaban un par de Ingeniosos, intentando disimular su tema de conversa, aunque a oídos de Elenserkë era algo más que evidente. De pronto Lúmenel recordó el porque de su visita a tierras Nurnitas, y la necesidad de encontrar la forma de enmendar el error. Rompiendo el silencio, añadió:

-Pues bien, quisiera saber que hacer, más no tengo idea. Irme sería un error, y quizá permanecer más tiempo aquí también.- suspiró esperando quizá, que la Reina Telpita le diera una solución.

[Editado por Isilmeriele el 20-08-2005 23:37]

Ha estado muerta muchas veces y conoce los secretos de la tumba; se ha sumergido en los mares más profundos y aún conserva su agonizante luz...


La elfa se encontraba recostada en su cama mirando el techo hundida en sus propios pensamientos cuando el golpear de la puerta la trajo a la cruel realidad.

Se levanto de la cama y abrio la puerta lo nesesario como para ver quien estaba afuera. El hecho de que fuera Haradriel quien esperaba afuera y no alguien mas desilusiono un poco a la elfa, pero sin perder un momento salio al pasillo, dejando ver lo menos posible el interior de su cuarto. Esbozando una sonrisa medio fingida se puso delante de la humana -Haradriel, tanto tiempo ¿Te has perdido y no sabes donde queda tu cuarto o algun tema de mayor jerarquia reclama mi presencia?-

La puerta se cerro tras la elfa, y el silencio se apodero del corredor.-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel permanecio impacible, mientras la elfa le hablaba sarcasticamente.

-Yo tambien te extrañe amiga mia.- le dijo ella en el mismo tono.- necesitamos hablar.- camino hacia las escaleras.- ya veo que no es el momento, lo haremos despues por lo pronto yo tengo que bajar por un poco de comida.

Se alejo, pero cuando ya bajaba las escaleras le dijo.

-Estas inquieta, y no es por la misma razon que yo, aun cuando tu razon la conosco de pies a cabeza.- bajo las escaleras, y se detubo en la barra, una muchacha se le acerco.- Buenos dias llevad un buen desayuno a mi habitacion por favor.- la mesera asintio y se metio en la cocina; Haradriel de nuevo subio las escaleras y paso delante de Inglin que seguia ahi.- bien si quieres podemos hablar mientas desayunamos.

Lalwendë se metio a su cuarto y dejo la puerta entre abierta porsi la elfa quisiera entrar.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

La elfa vio como Haradriel entraba en su habitacion y sin dudarlo un instante fue tras ella -¿Quien te crees? ¿La adivina de Haldanori? No se quien te crees para venir y hablarme de mis asuntos como si fueras amiga mia y me conocieras, no me conoces Haradriel, muy pocas personas saben que cosas me aflijen, mas no creo que quisieras hablar con migo de eso-

La humana le hacia perder la paciencia, que podia saber una humana que hacia menos de una semana la conocia que pasaba por su cabeza en ese instante -Habla, ¿Que quieres?- pregunto la elfa.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Haradriel se sento, y comenzo a reir y su risa callo como lluvia en la habitacion.

-Adivina, no no Inglin, no soy adivina, ni tampoco dije que te conociera.- tocaron a la puerta y una muchacha entro con el desayuno, cuando salio continuo.- me subestimas hija del viento, te seinto inquieta, no preguntes como lo se, porque ni siquiera yo se como explicarlo; mas no hablaremos de eso si no quieres.

Haradriel se paro y saco una tunica oscura del armario se la puso y cuando se aseguro que su rostro estaba entre sombras, se quito el velo, se sento y comenzo a comer.

-Lo que quiero es sencillo, esperar a los maiar y partir de aqui a mi tierra, sin embargo.- tomo un poco de vino.- Archaon se quedara aqui, y tu y yo sabemos la razon de eso.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Parecia que habia pasado una eternidad desde que los maiar abandonaron la taberna, pero solo habian pasado un tiempo. La elfa se encontraba ya sentada en la barra sumida en sus propios pensamientos. El normal bullicio que concernia a ese lugar se habia escapado vaya a saber alguien por que lugar, donde rara vez uno podia estar tranquilo y pensar un rato aquel dia se hallaba a la perfeccion para tales fines.

Los sucesos de este ultimo tiempo pasaban por la cabeza de la elda Inglin, que se encontraba de espalda a la barra mirando fijamente a la puerta de las Grietas.

Por un momento se sintio aliviada al ver que todo estaba marhcando relativamente bien cuando alguien se le vino a la cabeza ¡Lofar! de simple pirata se habia olvidado. No debia olvidarse del oraculo, dejar al hombre solo no era conveniente podia subirsele el entusiasmo a lla cabeza y en un abrir y cerrar de ojos todo se terminaria, pero todo para siempre.

Se levanto de su asiento y subio las escaleras rapidamenre

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Pocos dias, que se le habian hecho eternos, sin poder salir de ese lugar, solo lo hacia cuando visitaba a Elvaralas y lo hacia en compañia de aquella elfa, la muchacha comenzaba a impacientarse, no le gustaba estar encerrada y lo que era peor esperar algo que sabia no era bueno.

Se levanto de la cama, se vistio y comio un poco de la charola, depsues abrio la ventana y dejo que el viento sucara su rostro.Asi se quedo mucho tiempo hasta que decidio bajar a pedir un trago. Se puso su velo y salio de la habitacion, ya iba a bajar las escaleras cuando alguien choco con ella.

.- Tened mas cuidado.- le dijo levantandose, entonces vio la cara de Inglin.- mmm al parecer llevabas prisa, ¿A donde ibas?.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

La elfa Inglin se encontraba sentada en el alfelizar de la ventana mirando hacia un pequeño bosque a la distancia cuando un escalofrio le recorrio el cuerpo. Se aparto en silencio de la ventana y se sento en el borde de la cama, con su mano recorrio la suave colcha y la tela de la que estaba echa, mientras algunos recuerdos empezaban a aflorar en su mente. Se levanto bruscamente de alli y salio de la habitacion. Habia demasiado calma en la taberna y se sentia melancolica, extrañaba aquel tiempo donde andar en la taberna era todo un aventura, pero en el fondo confiaba en que algun dia volverian.

El salon principal estaba en penumbras, tomandose del pasamanos de la escalera bajo lentamente los escalones. Una tenua luz brillaba, se sento en la mesa contigua, mientras sentia que el calor volvia a su cuerpo. Mientras esperaba a alguien que le hiciera compañia, recordo lentamente los sucesos de los dias anteriores, y un deseo se apodero de su mente.

Pero luego un pensamiento no tan acogedor vino a su mente, hacia varios dias que no veia a Harardriel y su ultimo encuentro no habia sido nada bueno. La mente de la elda estallaba de preguntas

2 pon algo en la grietas ^Carlita^

[Editado por Carlita el 19-10-2005 00:48]

[Editado por Carlita el 19-10-2005 02:57]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Se desperto muy lentamente, miro a su alrededor los arboles seguan igual que antes. Haradriel habia salido de aquella taberna secretamente con Elvaralas y se habia internado entre los arboles, no se podia ir lo sabia, pero tal vez entre las espesura del bosque podia tener un poco de paz; se levanto suavemente y llamo al Elvaralas que no estaba muy lejos, aquello no era como Taureúva y al corcel no le daba confianza, la muchacha subio al caballo y comenzo avanzar lentamente, al llegar llevo al caballo a las caballerizas y entre susurros le dijo.

-Perdoname amigo mio, pero no nos podemos ir.- le acaricio las orejas y se despidio.- vendre a verte despues.

Haradriel salio de las caballerizas para internarse en la taberna, con el rostro debajo del velo, el lugar estaba vacio \" que trsite penso\" nohabia nada interesante, se dirijio a las escaleras cuando sintio la mirada penetrante de alguien.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

-Veo que no nos gusta Nurn- dijo una voz desde el salon -Tendrias que aprender a disfrutar de los placeres de esta tierra, no os propongo matar a nadie tampoco no te preocupes-

Inglin se levanto de la mesa. Hacia tiempo que lla idea de ir a Narmelost le rondaba la cabeza. Extrañaba mucho ver gente, y el local la tenia cansada. Pero el dilema era que iba a hacer con la muchacha. ¿Dejarla libre?, ¿llevarsela con sigo?, ¿Que pensarian los otros nurnitas cuando la vieran entrar con una muchacha de la Alianza. Necesitaba consultarlo, pero desconocia donde se encontraba Lomine en aquel momento.

-¿Quieres hacerme compañia?, no nos vendria nada mal, o al menos eso creo-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

-gustarme?.- le pregunto Haradriel volteando lentamente.- todas las tierras tienen su propia hermosura Inglin, pero en la tuya hay algo que no me da confianza, pero he de decirte que es muy hermosa.

Haradriel se acerco a la mesa y se sento junto a ella.

-bien te hago compañia, vos al parecer tambien la necesitas.- miro a su alrededor.- bueno invitame algo no?

^Carlita^ al fin yo pago el pato

^Carlita^ xD

> xDDD

> mm pato

> el taberna hacen pato?

^Carlita xDDDDD

^Carlita^ perro si queres podemos hacer uno asado

> exelente

> xD

^Carlita^ ahh xDDD

^Carlita^muajajaja

* [tari] pedira pato asado XD

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Lómine intentó acercarse a Seregruin pero un abismo de insondables profundidades parecía abrirse entre ellos tras cada paso que la Elda daba, una sima de oscuridades y tormentos eternos, infranqueable, infinita. Tal vez pedía demasiado a un simple mortal, tal vez aquel inusitado sentimiento que se albergaba tímidamente en su pecho inundaba su mente con absurdas ideas jamás realizables, tal vez todo fuese una simple fantasía nacida de su irremediable fascinación hacia los Edain, pero tras el cristal de esos ojos oscuros en cuya mirada amaba perderse, advertía un alma encadenada a un lóbrego destino, debatiéndose en una penosa lucha por alcanzar su libertad extraviada; y eso precisamente, reafirmaba su paradójica confianza en el nurnita.

Apoyó sus manos desnudas sobre las manos del mestizo adornadas aun por el anillo de la orden, que pareció resplandecer por un segundo con un brillo siniestro; Desafiaba a su destino tal cual lo hiciera tiempo atrás, pero esta vez no le asustaban las consecuencias que pudiera acarrearle su desobediencia; debía fidelidad a Nurn, era cierto, pero… ¿acaso Nurn dominaba sus instintos, sus pasiones, sus sentimientos? Acercó su rostro al de Seregruin y en sus ojos reconoció el agobio que también albergaba su alma… y tuvo miedo, pero no a los tormentos que supondría cambiar las reglas de juego, ni a la cólera de los demás Señores… temía perderle a él… para siempre.

Se abrazó a su cuerpo buscando refugio en el pecho desnudo del mestizo, tímida y frágil, en un intento desesperado por obligarle a permanecer a su lado, por arrebatarlo a la oscuridad que se cernía amenazante sobre ellos.

-Si tu destino ha sido escrito, si tu vida mortal se halla atada a los designios de Nurn, yo reescribiré el mío y ataré mi vida a la tuya.-las palabras de la elfa se escuchaban ansiosas y sin embargo una innegable certeza las revestía -Seguiré representando mi rol en este aborrecible juego de confabulaciones e intrigas, manipulando y mintiendo, moviéndome como una sombra a través de la penumbra que habita los pasillos… si es lo que quieres así lo haré, pero no pretendas me olvide de todo y te deje partir como si nunca hubiese ocurrido nada entre los dos.

Un último pensamiento cruzó su mente antes de abandonarse en los labios del mestizo, sumida en un beso salvaje y apasionado: si llegasen a él estas palabras… estaría absolutamente perdida…

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Inglin miro alrededor para asegurarse que estaban solas y al fin se decidio a hablarle.

-Hace tiempo que evitas el tema, hace tiempo que pretendes olvidarte de ello, pero se que no puedes. yo en tu lugar no podria. Se que desea volver a tu pueblo y yo tampoco puedo vivir encadenada a ti, eso no es digno de un Señora de Nurn, por mas de que en este tiempo te haya concido y haya visto en ti un ser agrdable.- La mirada de la elfa se perdio en la oscuridad. Haradriel no hablaba, sin embargo ella sabia que la estaba escuchando. Una vez mas se acordo de Lomine, ¿Donde estaria en ese momento? Nesecitaba verla y sospechaba que de algun modo ella tambien nesecitaba de Inglin.

Una sonrisa invadio su rostro. -Aun queda tiempo para pensar las cosas, disfrutalo-

Subio las escaleras, pero no se dirigio a su habitacion, sino por el corredor opuesto. Llego hasta una puerta y se freno en seco, su mano rozo el picaporte, sus dedos recorrieron las finas decoracion, hasta que al fin se decidio. Dio media vuelta y recorrio el camino inveros hasta sentirse en la seguirdad de su habitacion.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

¿Porque me ha dicho eso?, es acaso que piensa dejarme ir, aun cuando los deseos de volver a pisar mis tierras invaden todo mi ser, no puedo irme no antes de terminar esto

Penso Haradriel, habia llegado la comida pero ya no se sentia con el mas minimo apetito, se levanto de la mesa y subio las escalera, tenia que hablar con la elfa y tenian que decidir que hacer, ya no podian reuir el tema.

Fue hasta la habitacion de Inglin, pero no toco, no era el momento penso asi que mejor se fue a la suya, ya veria que hacer, ahora necesitaba un bue baño.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Seregruin besó a Lómine como nunca antes, como si lo que quedase de su vida se decidiera en la tenue y dudosa frontera de sus labios y en el incansable juego de las bocas.

-Nunca me iré de tu lado, Anamóriel. Ya es demasiado tarde para desvincularme de ti -susurró en sus oídos mientras los cuerpos pugnaban por unirse en un definitivo encuentro.

Seregruin levantó el pliegue del vestido de su compañera por sobre la cintura, sus ojos perdidos en la belleza inenarrable del rostro élfico, sus cabellos revueltos por las inquietas y adoradas manos que parecían perder el control.

El númenóreano era un esclavo más de Nurn, pese a considerarse y ser considerado un Señor. Sólo al sentir que fundiría definitivamente su vida con la de la oscura elfa pudo atisbar una puerta entreabierta en su prisión ...una luz diurna para sus encadenadas noches.

Y sin embargo, Lómine también era Nurn. Y al sentir, en el calor de su abrazo, que la elfa retiraba el anillo señorial de sus morenos dedos, el númenóreano temió que se tratara de una última prueba, de una nueva maniobra ...de la burla más cruel que los sádicos carceleros de su encierro podían prepararle.

Seregruin se entregó de lleno a su destino. Los cuerpos abrazados giraron hacia el muro y lucharon por derribarlo. En el ardor de su inconsciencia, el anillo señorial rodó por el suelo...

-Debemos huir de este sitio de una vez -dejó caer Seregruin en el oído de Anamóriel, por sobre los élficos gemidos que confundirían la más cabal de las conciencias.

[Editado por seregruin el 23-10-2005 23:57]

Una lagrima caia por la mejilla de la elfa, mientras miraba hacia un lejano bosque. Hacia tiempo que se sentia sola, pues su unica compañia era una humana a la cual no conocia y era dependiente de ella.No habia elfo , no habia humano con quien compartir el tiempo, solo una soledad expandida en todos los rincones . No sabia nada de Lomine, no sabia si eso era algo bueno o algo malo, no sabia, ni se llegaba a imaginar lo que pasaba por su cabeza en esos instantes y en cierto modo le dolia que no confiara en ella, pero eso era parte de un dolor general que estaba instalado en su cuerpo.

Fue en ese momento que la idea de ir al oraculo crecio en su mente como una salvacion, como un desahogo, alli seguramente podria ocupar la cabeza en algo. Pero ..¿Que haria con Haradriel?, ¿La dejaria libre?, ¿La llevaria con ella o la meteria en un calabozo hasta su vuelta?. No, no podia hacer eso, necesitaba su ayuda. Con acelerados pasos, que parecia que estaba corriendo salio de su habitacion y llego a la de Haradriel. Toco la puerta y entro. Ella estaba peinandose frente a un espejo, con los cabellos mojados aun -Hola Haradriel. Os traigo novedades- dijo Inglin sin permitir que la otra hablase continuo -Mañana a la mañana partiremos hacia un lugar y me acompañaras. No preguntes a donde, solo te dire que si te comportas dignamente al lado de una señora de Nurn te cpmpensare con la libertad- Espero respuesta, pero no la recibio por lo tanto siguio hablando -No cargues con demasiado, lleva abrigo suficiente y estate lista a la salida del sol en la taberna- .

Dicho esto partio de la habitacion, pero no fue a la suya. Se dirigio al corredor contrario, a una habitacion a la que hacia ya un tiempo que no entraba, tenia que hacerlo, de otro modo resultaria muy sospechoso. Entraria hablaria un rato con el y se despidiria por un tiempo, diciendole que esperaba que la esperase en su regreso. La idea de llevarlo en ese momento la tento, pero para eso tendria que mostrarle a Haradriel los pasadizos secretos y no podia hacerlo bajo ningun punto de vista. Tendria que tener paciencia. Suspirando, abrio la puerta y entro en el cuarto, nada habia cambiado alli, ella si.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La pequeña sala desapareció en medio del torbellino de sensaciones que experimentaba al hallarse cautiva entre sus brazos, vencida por ese deseo indómito e irreflexivo que despertaba al sentir el suave tacto de aquellas manos recorriendo su piel. Nada existía más allá de las fronteras de sus cuerpos, nada capaz de reprimir el salvaje frenesí que los envolvía, que entrelazaba sus almas y sus destinos…

En medio del desenfreno y el delirio la voz de Seregruin, hecha un susurró, rezó las palabras más temidas por la elfa y a la vez las más anheladas: Debemos huir de este sitio de una vez.

Lómine posó sus ojos grises sobre los de su amante, una mezcla de incredulidad y felicidad se hacía visible en el semblante de la elfa. Huir… dejar todo atrás y dar un nuevo comienzo a sus vidas... juntos… sin juegos, sin tretas, liberados para siempre del dominio de Nurn… Más una sombra oscureció por completo la idílica visión: Escapar significaría despertar la temible cólera de los Señores. Los recuerdos de las cámaras de tortura y los aterradores castigos infringidos a los prisioneros y enemigos del clan se mezclaban y confundían formando una danza trágica con las imágenes de su idealizado futuro en compañía de Seregruin; Y por primera vez sintió miedo al evocar los nombres y rostros de quienes regían el territorio nurnita. Pero el tibio roce de unos labios sobre los suyos deshizo hasta el último de sus temores.

-Iré contigo hasta el fin del mundo, si es lo que deseas –respondió la elfa antes de sumirse nuevamente en el desenfreno de sus pasiones.

[Editado por Seshat el 30-10-2005 03:41]

Conserva la distancia y mantén la vista baja porque no dudaré en castigar tu arrogancia arrancando tu vida con mis manos.

Señores de Nurn

Un viejo orco de aspecto apesumbrado va caminando por la calle nurnita y se detiene justo en frente de la entrada del antiguo antro. No sin antes dar una ojeada a ambos lados de la calle penetra en aquella taberna. Pasa un rato hasta que sus ojos se acostumbran a la oscuridad del lugar. Se acerca a la barra y le entrega un pequeño papel a la camarera de turno la cual asiente con la cabeza.

La noche fue cayendo en Narmelost y una vez terminado su trabajo el viejo orco salio de la taberna.

Sobre un estante en la barra se podran apreciar ahora y por siempre sendas estatuillas de oro con forma de wargo, en cuyas placas se lee:

Wargo de oro al \"Más guapo\"

Cuervo_de_la_tempestad (Illese)

Wargo de oro \'\'Cometa Halley\'\'

Para los que se pasan por los clanes cada 76 años

Luzélfica ( Aldamorna)

Wargo de oro al \'\'posteador secundario\'\'

Para aquell@s que siempre están de acuerdo en todo

Feadin (Durthaur)

Wargo de oro al \"Mejor Usuario de EAU\"

Elfo_Negro (Shulak)

Wargo de oro a la \"Mejor Historia del Taller de Historias\"

Nargothrondhim (Andir)

El árbol de oro

Felicitaciones para nuestros nurnitas campeones

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Una nueva sombra entra en la taberna, una sombra nueva, pero de silueta conocida por muchos habituales en la taberna, ya que no es la primera vez que se adentraba en ella. Era Galandul, pero algo habia cambiado

Galandul Anim Seratil entra a la taberna y la observa como haciendo memoria de hechos vividos en el pasado. Se acerca a la barra y tras coger un taburete y sentarse en él llama a la camarera, la cual se asombra al ver de nuevo al elfo por la taberna tras su mala fortuna en la última visita, y le pide una cerveza y algo de comer.

Ya con la cerveza en la mano el elfo le pregunta a la camarera si sabia donde podría encontrar a Inglin, ya que deseaba verla y conversar. Tras decirle esto siguió bebiendo y comiendo hasta que obtuvo una respuesta, ella estaba en las habitaciones.

- Muchas gracias - contesto el elfo tras la respuesta de la camarera.

El elfo se quedo pensativo, no sabía que debía hacer, pensó que lo mejor sería esperarla abajo, y asi lo hizo...

Pronto sentiréis el frío acero de mi cimitarra en vuestros cuellos,

pues como vuestra sombra yo soy

Bajo del caballo y entro rapidamente a la taberna, una mesera se le acerco y le dijo que sus habitaciones estaban listas, Haradriel les dio las gracias y avanzo rapido entre las mesas, tenia mucho que pensar, la mujer estaba tan abstraida en sus asuntos, que no noto la prescencia del elfo que esperaba impacientemente a Inglin, subio las escaleras y se metio en los aposentos, se acerco a la ventana y ahi se sento. Se quito su velo muy lentamente, una lagrima cayo levemente por su mejilla, estaba tan sola en esas tierras, necesitaba volver a sentir los murmullos de las hojas de su amado bosque, oir la voz de los seres a los que apreciaba- que eran muy pocos- de estar sentada remojandose los pies en el rio Linderant; se levanto y se recosto en la cama y trato de pensar, pensar en todo lo que tenia que hacer para largarce de ahi.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

La ultima charla entre Lofar Nulkaiel e Inglin dejaba varios huecos en blancos los cuales habría que llenar llegado el tiempo, pero en ese momento lo único que importaba era llegar rápido a las Grietas, pues sabia o creía saber que alguien la esperaba allí. Mientras corría por aquel pasadizo le dio un brinco el corazón, -¿Seria él, que finalmente venia buscarla para charlar sobre todas aquellas cosas que la guerra no los había dejado?- Y una voz le respondió en su cabeza ‘‘No, dijo que se haría ver en el bosque. No es él’’ Entro a su habitación en las grietas un rato después. Todo estaba dispuesto como lo había dejado la ultima vez. Casi todo, algunos papelitos se habían caído de una forma casi indistinta sobre la cama. La elfa los tomo y vio que se trataban de viejos esbozos de cartas, sin darle importancia los tiro al fuego que en aquel momento había empezado a arder. No sin antes darse un baño y cambiarse de ropa la elfa finalmente se decidió a bajar al salón a ver quien necesitaba hablar con ella.

Pero la duda no duro mucho, pues esa cabellera rubia era casi inconfundible. Camino suavemente hacia él, que permanecía de espaldas, sin hacer ruido y poco suavemente la mano sobre el hombro del elfo – Así que finalmente te has dignado a volver a Nurn .

¿Puedo preguntar cuál ha sido la causa? – Y luego de mucho tiempo sus ojos se volvieron a encontrar.

En su cabeza daban vueltas varios asuntos, pero debia tratarlos de a uno, no habia otro modo.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Galandul Anim Seratil nota una mano en su hombro, entonces pensó en ella, debía ser ella.

Una elfa bajo por las escaleras y llegó hasta donde el elfo y le tocó en el hombro. Al girarse sus ojos se encontraron, parecía una situación bastante especial, entonces ella le pregunto la causa de su vuelta, pero el elfo no respondió se quedo pasmado ante la imagen de la elfa frente a él, por un momento enmudeció

- Tengo algo que contarte, puede que este no sea el mejor lugar para hacerlo, hay muchos oidos que no son de mi confianza. -le dice el elfo a Inglin. Por favor, vayamos a otro sitio.

Pronto sentiréis el frío acero de mi cimitarra en vuestros cuellos,

pues como vuestra sombra yo soy

Analizo un rato la propuesta del elfo \'\'Quizas este no sea el mejor lugar para hacerlo\'\' ¿Que podria ser tan importante como para no poder hablarlo alli? sabia que no debia dejarse llevar pero la curiosidad empezaba a hacerse cada vez mas grande.

-Sigueme y no preguntes si realmente deseas hablar en privado- Por un momento tomo la mano del elfo con intencion de guiarlo pero la solto de inmediato, habia algo en su piel que le provocaba dolor.Le indico que la siguiera y tomo el camino que varias veces habia seguido cuando iba a ver a Haradriel a su cuarto, pero un par de habitaciones antes doblo y tras pasar por un estrecho pasillo oculto en una puerta entro en una pequeña habitacion. Un fuego ardia alegremente en la chimenea, si es que en Nurn habia algo que podria considerarse alegre y frente a el habia dos sillones y una pequeña mesa. Era una de las tantas salas escondidas de las grietas que estaban a dispocicion de los nurnitas que por alli pasaban.

-Sientate- Le indico la elfa sin mirarlo. Luego de cerrar la puerta hizo lo mismo que el elfo y mirandolo finalmente le dijo -¿De que querias hablarme?-

[Editado por Carlita el 15-01-2006 22:31]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Ante él la elfa le hace un gesto para que le siga y el elfo accede a ello. Una vez en el punto deseado...

- Verás Inglin, se que lo que ha pasado durante los últimos meses no ha sido de tu agrado, tampoco del mío, pero ahora tengo problemas y he recurrido al exilio en tierras nurnitas. Parece raro, pero las causas que me han llevado a ello han sido bastante grandes y he de tomar represalias contra los autores. Necesito hablar con vuestros mandos para intentar ser aceptado en el ejercito de Nurn, ya que estar sin protección tampoco es recomendable en mi situación.- le comenta el elfo en voz baja.

La elfa puso cara de duda, parecía que no sabía que hacer. El elfo se dio la vuelta dándola la espalda a Inglin y entonces dijo...

- Lo que te quiero decir ahora es mucho más importante. Se que el irme así de aquí no estuvo bien y entendería que ahora tu me dieras la espalda, pero me gustaría que supieras que lo que sentía por ti aún perdura en mi interior.- susurro Galandul.

Pronto sentiréis el frío acero de mi cimitarra en vuestros cuellos,

pues como vuestra sombra yo soy

La elfa escucho antentamente las palabras del elfo, y espero un tiempo antes de responder.

-Desconozco lo que te ha pasado, pero si lo que deseas es ser integrarte a las filas nurnitas has de saber que yo solo soy una en un monton y no es a mi a quien debes acudir. No dire mas- Luego de un momento de silencio se acerco al elfo y tocandole el hombro le insistio para que se diera vueltay mirando a sus ojos le dijo - No soy quien para juzgar tus actos, eres libre de hacer lo que desees, de quedarte o de irte, pero he de decirte que si deseas sincerarte no bastara con decirme que lo que sentias por mi aun perdura en tu interior, pues nunca me dijistes que es lo que sentias por mi mas no te lo impedire si deseas hacerlo- Luego se sento en una butaca y sin dejar de mirarlo espero una respuesta.

Una brisa se colo por debajo de la puerta y dejo al fuego a punto de extinguirse -Parece que se acerca una tormenta- dijo la elfa esbozando una timida sonrisa.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La elfa le habia pedido que se diera la vuelta y asi lo hizo Galandul

- No se si te lo he dicho con palabras, pero el amor es algo que no que se demuestra sino que debe ser mostrado con acciones y hechos aunque ellos hagan que las consecuencias no sean las esperadas. Se que por mi forma de irme podrias pensar que no siento nada por ti, pero no es asi, no lo es.- le susurra el elfo. Puede que tus sentimientos hacia hayan cambiado, puedo aceptarlo, pero los mios no lo han hecho y creo que era oportuno decirtelo.-termina el elfo.

Pronto sentiréis el frío acero de mi cimitarra en vuestros cuellos,

pues como vuestra sombra yo soy

Inglin percibe que el elfo baja la voz hasta convertirse en un susurro en su oido.

Los suaves ojos elficos encuentran lentamente a sus semejantes, con una mirada expectante -Me conoces demasiado bien, sabes que desde aquella noche en los territorios del Concilio nada ha cambiado, pero me has echo sufrir, con tu silencio y con tu distancia. Pero has vuelto y eso es lo que importa- dijo acariciando dulcemente la mejilla del elfo. Ante su precencia la elfa dejaba sus ataduras, las que la hacian aflorar su crueldad y su maldad. Aquellas desaparecian sin dejar rastro cuando estaba a su lado y eso era precisamente lo que le gustaba, el sentirse una persona diferente a su lado. Pero no podia dejarse llevar, lo primordial era mantener la cordura.

Sin poder aguantar mas una lagrima recorrio la mejilla de la elfa -No me dejes, no me importa a quien pertenezcan tus lealtades, solo quiero tenerte a mi lado-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Una lágrima recorría la mejilla de la elfa cuando él la retiro con sus dedos lentamente, como si ella fuera la más frágil porcelana que existía en ese momento en la Tierra Media. Tras esto el elfo, la miró y dijo...

- Mi lealtad siempre a pertenecido a una elfa y no a una bandera, ya que no hay mejor causa y consecuencia que tú. Pronto me reuniré con alguien que me pueda unir a Nurn, de esta forma también estaremos más cerca.- dijo Galandul

Tras esto el elfo volvió a tocar la cara de Inglin y tras pasar un dedo por sus labios, la beso intensamente

Pronto sentiréis el frío acero de mi cimitarra en vuestros cuellos,

pues como vuestra sombra yo soy

Antes de que pudiera reaccionar a las palabras del elfo sus labios se habian posado sobre los suyos y se habian fundido en un apasionado beso pero la elfa se separo de el cuando sintio su mano rodeando tu cintura -Tu no te quedaras con migo, solo quieres usarme para entrar en Nurn- Su cara se habia transformado progresivamente. Se levanto del sillon y le grito -¡Dejame! Tu no me quieres, nunca me quisistes - tras intentar tirar a Galandul al suelo y sin pensarlo dos veces salio del pequeño salon y se dirigio corriendo a su habitacion y entro en ella pero cuando quiso cerrar la puerta solo consiguio golpearla contra el elfo que se mantenia parado en la entrada. Le tomo del brazo a la elfa sin dejarla moverse y cerro la puerta tras ellos. -Me canse de jugar Inglin. Puedo ser paciente pero todo tiene un limite. ¿Hasta donde tengo que llegar para que me creas que te quiero? - Y volvio a unirse a la elfa en un beso. Un beso con gusto salado, pues las lagrimas no paraban de deslizarse del rostro de la elfa, mientras le pegaba con el puño a la espalda del elfo, cada vez con menos fuerza.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La puerta se cerro tras ellos. Por un momento, unos minutos que pasaron en silencio mirandose mutuamente parecio como si toda distancia se acortara, como si todo lo imposible se hiciera posible y todo lo deseado estuviera al alcance de sus manos sin nada que lo impidiera hasta que la voz de la elfa rompio el silencio y el tibio encanto que mantenia sus mentes unidas - Solo quiero saber si me quieres como yo a ti, si la esperanza de verte una vez mas que renacia cada dia en mi corazon permanece aun en el tuyo- Y poso su mano sobre el pecho del elfo el cual respondio - Te quiero si, no quiero separarme nunca mas de tu lado, para no albergar esperanzas, sino certezas- Y acaricio suavmente la mejilla de la elfa.

El viento doblaba los arboles, la lluvia mojaba cada hueco en aquel desolado lugar, pero ya nada importaba, solo saber si alguna vez podria volver a encontrarte en este desierto como aquella vez... ¿Donde te vere? ¿Donde vere tus negras trenzas ondeando al viento¿

-Dejame hoy festejar nuestro encuentro, pues algo me dice que no voy a poder tenerte en mis brazos por siempre y ese pensamiento me hiela la sangre- Susurro el elfo al oido de Inglin - Te dejo si, pero procura que no me arrepienta de darte el permiso-.

Las manos del elfo envolvieron a Inglin en un abrazo, un abrazo deseado durante mucho tiempo, un abrazo en el cual no importaran los secretos del pasado ni los acontecimientos del futuro importaban, solo importaba de disfrutar aquel momento, de brindarse el uno para el otro, aunque al fin y al cabo esa noche solo fuera un recuerdo en un mar de hechos, unos mas sombrios que otros.

Y asi diviso entre la oscuridad de la guerra esa suave cabellera, rubia como el trigo, pero una vez mas se alejaba, se iba y no podia alcanzarla

Sintio el peso del elfo sobre su cuerpo mientras lentamente sus ropas se alijeraban, por las ventanas abiertas entraba una fria brisa, quizas anunciando un futuro cercano, pero ya nada importaba.

Tomo su mano y la sintio lejos -Vuelve, vulve- te necesito con migo, no me dejes aun, no podre aguantarlo

Sus cuerpos fundidos en uno solo acompañaban a sus mentes que vagaban en una tregua pasajera. una tregua mutua, y mientas acariciaba su espalda con sus manos, como si el solo fuera un niño que busca consuelo en su madre y tras un prolongado suspiro cayo junto a el.

Es el fin, no hay mas remedio. Te esperare, me has enseñado a esperar

Apoyo su cabeza en el pecho del elfo y finalmente pudo descansar en paz.

Te seguire, sabes que te seguire. No podria dejarte, no ahora.

A la mañana siguiente ambos partieron al ultimo concilio, dejando atras un largo camino que no seria recorrido nuevamente nunca jamas...

Fin....

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Vaya telaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa por fin una historia terminada en el foroooooooooooooooooooooooooooooooo Que chula os ha quedado!!!!!

Besitos Carlita : @@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@

los felicitoo!!!

quedo muy buenaa!!!

PARA NACER DEBES DESTRUIR UN MUNDO