Perfil de Miles

Ficha de Personaje

Registro en la web 14/03/2004
Nombre del Personaje

Mhord

Raza

Humano

Lugar de la Tierra Media

Valle del Ingenio

Descripción del Personaje

Mhord es un hombre aún joven, bastante alto, de cabello moreno y ojos negros.
Sus rasgos son vulgares, poco identificativos de su región de orígen.
Su complexión parece frágil. No es robusto, pero puede ser muy rápido.

Mhord usa principalmente ropajes de colores grises oscuros y negros. Estos consiguen muchas veces que las sombras oculten su presencia a simple vista. Cuando viaja, usa un vestido de cuero negro, bastante desgastado, con costuras y parches. En ocasiones más formales usa un traje gris, ligermanente adornado. Todos su vestidos tienen numerosas capas y bolsillos interiores, que le permiten esconder armas y accesorios.

Mhord disfruta aprendiendo y descubriendo nuevas cosas de lo que le rodea. Siempre carga consigo un par de diarios repletos de notas acerca de los decubrimientos que va realizando. Gracias a ello, ha consegudio ganarse la vida en los diferentes lugares en que ha vivido compartiendo estos conocimientos con la gente del lugar. Pese a todo, no se considera un sabio, y piensa que es sólo su pasatiempo favorito, que absorve gran parte de su tiempo libre. Como es muy inteligente, a veces desarrolla nuevas teorías completas mientras pasea per las calles. En estos momentos, Mhord suele chocar con la gente, tropezar con los obstáculos y, en general, no prestar atención a nada de lo que le rodea, cosa que ha provocado que la gente que sólo conoce su faceta de pensador lo considere muy despistado y torpe.

Normalmente, Mhord es una persona simpática, bromista y divertida. Se lleva bien fácilmente con la gente. A lo largo del día siempre se le ve sonreír. Esta apariencia no es del todo cierta, ya que de hecho Mhord es una persona muy fría y calculadora. Conserva siempre la calma, y pocas cosas consiguen realmente afectarle. Su apariencia amistosa no es una actuación consciente, pero le sirve para ocultar su personalidad más oscura de la mayoría. Sólo unas pocas personas conocen esta faceta suya. De todas maneras, Mhord no se siente especialmente atraído por los actos puramente malvados, y considera más bien que tales cosas no son de su incumbencia ni interés.Tiene una extraña moral, que le permite mantener su faceta real oculta, y a la vez mostrar un lado genuinamente bondadoso en cualquier momento.

La faceta oculta de Mhord es que es un asesino muy bien entrenado. Este trabajo es el que considera suyo, e intenta perfeccionarlo hasta el límite. Cuando actúa como tal, Mhord consigue deslizarse entre las sombras sin hacer ruido y relizar el trabajo por el método que sea, como el envenenamiento, el enfrenrtamiento directo cara a cara, el ataque por soprpresa o el uso de proyectiles como dagas o flechas. En la mayoría de sus trabajos, gracias a su profesionalidad, la única persona que es consciente de lo que está pasando es la víctima juso antes de morir, llegando a casos en que ni la víctima se da cuenta de la situación.

Mhord también realiza algún trabajo como mercenario, haciendo de soldado.
Cuando lucha, Mhord conserva la calma, y muchas veces la sonrisa, cosa que desorienta y normalmente preocupa a sus adversarios. Cuando alguien se convierte en su adversario, Mhord no muestra compasión alguna, y puede ocasionar auténticas carnicerías. Cuando se irrita en combate, su velocidad y violencia aumentan de manera desproporcionada, y se puede decir que casi pierde el control sobre sus actos . Nunca ha llegado a enfadarse de verdad, de todas maneras.

La extraña moral de Mhord, de todas maneras, hace que haya algunos trabajos que pidan de su faceta oscura que nunca realize, al considerar que serían más bien malvados sin más, o sin ninguna motivación o interés.

Como miembro del Valle del Ingenio con permisos especiales en la Torre de Cristal, Mhord tiene un amuleto con una piedra preciosa engarzada, el Zafiro, que da la entrada a las habitaciones y zonas reservadas para su uso personal, además de otras zonas más comunes pero reservadas para unos pocos.

Historia del Personaje

En la región de Umbar, en el camino hacia las Montañas Grises, es el primer lugar que aparece en la memoria de Mhord. Tenía diez años entonces, y sus memorias anteriores parecían haber desaparecido. Sólo conservaba su nombre, el dominio de un par de lenguas y algunas habilidades de las que en ese momento no era consciente. Fue un momento muy duro en la vida de Mhord, ya que el hecho de no recordar nada de lo que había sucedido anteriormente lo atormentaba día y noche. Su curiosidad fue la más afectada, ya que en toda su vida siempre buscó conocer el porqué de todas y cada una de las cosas que lo rodeaban.

En este estado de confusión y abandono fue encontrado por una caravana de comerciantes que se dirigían a los puertos. Estos tampoco le dedicaron un trato especial, y después de saber su situación le alimentaron, le dieron algunas ropas y lo dejaron al cuidado de un orfanato.

El edificio donde se encontraban él y un gran número de niños era un simple caserón, en muy mal estado, pero con un muro que lo aislaba del exterior, salvo en la puerta de hierro que marcaba la entrada. El sitio era caluroso durante el día y muy frío por la noche. La comida era escasa, y sus guardianes eran severos. En condiciones tan duras, no era un hecho extraño el que una mañana algún interno no se volviera a despertar.
Los maestros enseñaban todo tipo de materias a los niños, ampliando su cultura más de lo que se acostumbraba a saber en esas edades. También los entrenaban, preparándolos para futuros combates, ya que la mayoría estaba destinado a acabar luchando en los numeroso conflictos internos o disputas con otras tribus.

En los primeros años, Mhord destacó por encima de sus compañeros en todos los aprendizajes. Lo único que no consiguió mejorar fue su fuerza, más bien escasa, pero en velocidad, reflejos e inteligencia nadie le igualaba. En parte por eso y por sus extrañas maneras de comportarse, siempre estuvo solo y no se unió a ninguno de los grupos que se formaban entre los internos. Los demás solían despreciarle. Pero por ese tiempo Mhord no prestaba atención a eso. Cuando podía se encerraba en la pequeña biblioteca de la mansión, y leía los libros y pergaminos allí guardados, que trataban sobre temas muy diversos, desde cuentos hasta ensayos. Al cabo de un año ya había leído todo el material escrito del orfanato, y solía pedir a sus tutores que le llevaran más libros, cosa que a veces conseguía. Cuando no estaba leyendo, Mhord se dedicaba a pasear por el patio, observar cada brizna de hierba que crecía en él, comprobar la arena y tierra de los diferentes rincones, fijarse en la estructura que seguía la casa para aguantar el peso y, en general, estudiar todo lo que se encontraba en su camino. Los otros niños se reían de su torpeza y distracción en esos momentos de reflexión, pero él seguía sin darle importancia, en parte porque no se daba cuenta en absoluto.

Gracias a este estudio intensivo, Mhord conocía de memoria todos y cada uno de los rincones del orfanato, sus sombras, sus habitaciones, los diversos animales y plantas que habitaban el patio…..
De hecho, Mhord sabía más acerca del orfanato que cualquier otra persona del lugar, incluidos sus profesores. Eso le permitía recibir raciones extra de comida, gracias a su habilidad para atravesar las habitaciones sin ser descubierto, o conseguir esquivar el frío de la noche en el rincón más cálido, además de conocer el lugar exacto en que se encontraba del patio con sólo tocar el suelo con las manos. En estos tiempos, Mhord descubrió una de sus habilidades, la de pasar desapercibido para la mayoría de la gente si así él quería. Y aunque en sus paseos pareciese despistado y torpe, cuando se lo proponía era capaz de deslizarse hasta el rincón más bien guardado de la casa.

Cuando tenía trece años, los problemas de Mhord aumentaron. En el orfanato, los internos se dividían en grupos, y en esa época se formaron sólo dos, con lo que los enfrentamientos entre niños eran más frecuentesy violentos. El joven más violento y hostil de todos, que lideraba uno de los grupos, se llamaba Sardhul, y tenía ya quince años, a punto de salir del orfanato para participar en algún enfrentamiento de los diversos que había en la región. Sardhul quería que se le considerase el líder del orfanato, y por eso los dos bandos de niños se enfrascaban en peleas más bien serias, con los adultos aparantemente contentos de que se produjeran, y sólo interviniendo cuando alcanzaban un nivel demasiado violento.

Mhord hacía caso omiso a todo esto, y hasta ahora, aparte de considerarle torpe e inútil, no le había causado ningun problema con el resto de los internos. Pero Sardhul estaba harto de su neutralidad, y empezó a rovocarle y a molestarlo. Mhord recibía pequeños castigos en forma de puntapiés, empujones y demás, siempre fácilmente atribuidos a accidentes o descuidos, de manera habitual esos días. Pero el carácter de Mhord, extremadamente introvertido, hacía que tal cosa no le importara en absoluto, porque carecía de interés para él.

Un día Sardhul se hartó, y junto con otros jóvenes ya mayores, rodearon a Mhord para pelearse con él. Sardhul empezó, dirigiendo un puñetazo con su enorme brazo directamente a la cara de Mhord. Éste llevaba aún un cinturón con el que lo habían encontrado. Si apenas darse cuenta, Mhord esquivó con facilidad el golpe, sacó de su cinturón una minúscula pero muy cortante daga, hasta ahora ignorada incluso por él, y se limitó a cortarle la yugular a Sardhul. En ese momento, Mhord sintió una extraña sensación de ligera euforia, con algo de temor, pero fueron muy débiles y poco importantes. Mhord nunca dió demasiada importancia al asesinato. Lo único que le impresionó fue la sorpresa de haber cogido una daga escondida mediante un acto reflejo, cosa que le hizo pensar durante largo rato después que había pasado en sus primeros diez años de vida.

En un primer momento, los maestros castigaron a Mhord en una habitación aislada del resto del mundo, pero parecieron cambiar de opinión y decidieron mantener las cosas como antes. Desde entonces, Mhord siguió estando solo y no varió sus costumbres usuales, pero nunca más nadie le molestó, ridiculizó, o habló mal de él delante suyo, y una sensación de temor se encendió en las mentes del resto de jóvenes, hasta el punto de que los diversos grupos, antes de enfrentarse, pedían a veces permiso a Mhord para hacer tal cosa, momento en que Mhord alcanzaba su mayor grado de interacción con el resto del orfanato.

Al cabo de un año, al considerar que el orfanato no tenía nada más que ofrecerle, Mhord escapó. Nadie se dio cuenta hasta llegar a la noche, cuando todos los jovenes eran conducidos a las habitaciones. Para ese entonces, Mhord llevaba varias millas de distancia. Había cogido provisiones suficientes para un par de semanas, además de algo de ropa.

Empezó a viajar hacia el sur, y consiguió llegar a una zona boscosa. Allí sobrevivió con dificultades durante bastante tiempo, pero eso le sirvió para adquirir, junto a lo que había aprendido en los años de internado, un conocimiento profundo de su entorno. Descubrió recetas hechas con plantas medicinales, preparó comidas con todo tipo de animales, aprendió a cazar y pescar, además de recolectar los futos y raíces que se encontraba en su camino, y en general, sin apenas llegar a una edad de adulto, Mhord adquirió los conocimientos de un experto montaraz. También aprendió que entre sus actos reflejos, adquiridos en su pasado olvidado, contaba con la capacidad de usar cualquier objeto de su entorno como arma mortal, aparte de unos reflejos muy buenos a la hora de esquivar ataques, o producirlos, sabiendo en muchos casos donde golpear al adversario(en ese entonces animales salvajes) para ganar el enfrentamiento.

Mhord no vivía en un lugar concreto, y se dedicaba a moverse por toda la región. Cuando pensó que había aprendido todo lo posible en ese entorno, decidió volver a la civilización para seguir adquiriendo conocimientos, pues su curiosidad sólo aumentaba con el paso del tiempo.

En su camino hacia el norte, se encontró con una vieja cabaña. Allí conoció a Ormel, un sabio que vivía en el bosque. Mhord se enteró entonces de que había llegado a las fronteras de Umbar otra vez, y que cerca del lugar había un pueblo. Se ofreció de ayudante a Ormel, y éste aceptó.

En este lugar Mhord aprendió un gran número de cosas. Ormel parecía feliz con los progresos de Mhord, además del hecho de que trabajaba duramente, pero le preocupaba la frialdad que notaba en el joven. Mhord no le explicó nunca de donde venía, y Ormel no quiso preguntar. En un par de años, Mhord llegó a un nivel intelectual parecido a su maestro, aunque aún desconocía muchas cosas.

Mhord visitaba a menudo el pueblo, y la gente se preguntaba quién era el nuevo ayudante de Ormel, siempre envuelto en telas oscuras, que había aparecido de la nada. De todas maneras, por ese entonces Mhord consiguió modelar más su personalidad exterior, y se convirtió en una persona amable y amistosa, que enseguida se ganó la confianza de la gente. Mhord y Ormel se dedicaban a ofrecer sus conociemientos para problemas cuotidianos de los habitantes del lugar.

Pero después de esos dos años, Mhord decidió partir otra vez. Ormel y el pueblo le desearon suerte y lamentaron su marcha, pues había ayudado mucho en el lugar.

En su estancia, Mhord se había sentido bien y había aprendido mucho, pero notaba que había algo que echaba en falta….su mente seguía siendo tan fría como siempre, simplemente ahora presentaba una cara amble hacia el resto del mundo, que en su momento era totalmente sincera.
Lo que Mhord quería era esa extraña sensación que obtenía al combatir. Era uno de los pocos momentos en que realmente sentía emociones más fuertes que las usuales. Aparte, utilizaba conocimientos de antes de perder la memoria, aunque se preguntaba siendo tan pequeño cómo los había adquirido.

Después de un tiempo de viajar hacia el norte, Mhord se vió asaltado en medio del camino por cuatro bandidos. En el pueblo le habían regalado una simple y algo vieja espada para que se defendiera en caso de problemas, así que Mhord estaba listo para tal eventualidad. Antes de que pudieran organizarse mejor, Mhord había acabado con dos de ellos en un instante. Los otros dos observaron los movimientos de Mhord, furiosos y nerviosos también. Sin pensarlo demasiado, Mhord paró los golpes del ataque conjunto de los dos bandidos y mató a un tercero. Ya sólo quedaba un rival, y Mhord sentía que se lo estaba pasando en grande. El ladrón sostenía su espada, blanco, con temor, mientras Mhord se acercaba sosteniendo la suya de una manera casi indiferente. En un par de movimientos, el bandido había perdido su arma. Mhord iba a acabar con él, ignorando los gritos de clemencia, pero a medio golpe se lo pensó mejor. Su espada quedo a pocos centrímetros del cuello de su adversario, el cual se desmayó en ese momento. Mhord le ató los brazos, y se lo llevó a un lado apartado del camino, rodeado de algunos árboles. Allí esperó con calma que su víctima se despertase. Cuando lo hizo, Mhord interrogó a su prisionero. Se enteró de que formaban parte de un pequeño grupo de asaltadores que robaban por esos caminos, y que estaban cerca de los puertos de Pelargir.
Entonces, Mhord le propuso a su asaltante que lo llevara hasta el resto de bandidos, puues quería unirse a ellos. Mhord pensaba que así prendería cosas interesantes acerca de los combates, aparte de emboscadas y estrategias. El bandido, extrañado, aceptó la propuesta. Mhord fue presentado ante el líder de los renegados, un hombre corpulento llamado Rameth. Este aceptó tenerlo bajo su mando.

En esa época, Mhord acabó de dominar la espada, además de aprender tácticas. En sus incursiones, Mhord decidió llevar una máscara, ya que no quería ser identificado, para tener más libertad de movimientos en cualquier ciudad en que se encontrase. Rameth vió las cualidades de Mhord, y al cabo de poco ya se había convertido en su mano derecha. Además de idear asaltos, Mhord tambíen hizo de sanador y realizó algunos trabajos de herrero. En esa época el grupo de bandidos consiguió grandes éxitos, y se empezó a temer sus actuaciones en la región. La máscara de Mhord se convirtió en un símbolo a temer. Pero precisamente eso fue lo que les llevó su perdición. Después de un asalto muy bien preparado a un cargamento dirigido a los puertos de Umbar, que estaba fuertemente defendido, los Númenóreanos hicieron caso de verdad a su presencia y prepararon un pequeño ejército que empezó a peinar la región en su búsqueda. Encontraron su refugio al cabo de pocos días, y combatieron contra ellos. Los bandidos no tenían la experiencia de los soldados, además de estar en una inferiodidad de condiciones de diez a uno, así que fueron vencidos ráipdamente. Los que no murieron en el combate fueron hechos prisioneros. Rameth luchó con el capitán del ejército, pero no era rival suficiente y fue derrotado.

Mhord, por su lado, consiguió dar muchos problemas a los soldados. Había escapado del refugio durante el combate, y sus perseguidores se encontraron numerosas emboscadas, ataques por sorpresa y trampas. Mhord había acabado ya con quince hombres cuando fue herido y capturado. Pese a la insistencia de los soldados y el uso de su fuerza, Mhord conservó su máscara cuando fue llevado a prisión. EL futuro no era demasiado bueno para él, ya que era muy probable que después de causar tantas molestias fuera ejecutado.

Así que esa noche, usando dagas y otros instrumentos que tenía ocultos entre sus ropas, Mhord escapó. Vagó por un tiempo en la ciudad de Pelargir, pidiendo limsona y robando cuando no había peligro de ser descubierto, pensando en que podría hacer ahora. Y fue así cuando una figura vestida de negra se apareció ante él. Le informó de que sabían quién era, ya que lo habían seguido desde que escapó de la prisión, pero que no tuviera miedo, ya que no lo iban a delatar. Todo lo contrario, querían ofrecerle un trabajo, para el qual sus hailidades irían muy bien. Mhord, curioso, aceptó de inmediato.

Fue así como Mhord entró en el gremio de los asesinos, una organización creada en la oscuridad de la ciudad, que se dedicaba a realizar trabajos por encargo, además de intentar influir en la política local. A Mhord se le entregó nuevas ropas y numerosas armas, con una nueva espada, fina, ligera y precisa, muy resistente, de un sólo filo y bastante larga, que mostraba que su principal y más importante función era el ataque. A Mhord le interesó mucho esta arma, y le puso de nombre Súlimë, pues fue cuando la consiguió.
Este trabajo hizo resurgir en su máxima expressión sus habilidades latentes, y se convirtió en uno de los mejores asesinos del gremio. Quizá no tenía tanta fuerza como algunos, o su dominio de la espada podría ser más elegante, pero sus reflejos, puntería, estrategias y habilidad para deslizarse hasta su objetivo, sobretodo, eran impresionantes.
Durante esos días vivía en una posada de la ciudad, y cuando no tenía nada que hacer pasaba horas en la herrería, aprendiendo y trabajando un poco, y en la biblioteca, leyendo todos los libros que se encontraba a su paso.

Junto con su temporada de bandido, estos días fueron las etapas más negras de la vida de Mhord, pero éste las disfrutó, y después de ellas siempre le gustó realizar este tipo de trabajos.

Además, el paso del tiempo le hizo tomar total control sobre sus actos. Mhord era una persona fría en el interior, pero muy simpática aparentemente, con grandes dosis de ironía y sarcasmo. Se podía decir que había alcanzado una gran madurez mental, y ya no tenía tanta confusión como en su juventut. Pese a todo, aún era muy joven, y además su aspecto no había cambiado demasiado en varios años, indicativo de que tenía algo de sangre númenóreana y de que, por tanto, tendría una larga vida.

Pasaron un par de años, y Mhord, en el submundo de la ciudad gobernada por la decadente Númenór, se convirtió en un personaje famoso, aunque naturalmente no se sabía su nombre ni su aspecto, y sólo se le conocía con el sobrenombre de Mórë, o también Muerte nocturna, pues se le consideraba una sombra y algunos le consideraban una especie de espectro. Sus víctimas ya se contaban por decenas, y siempre conseguía eliminar a su víctima sin testigos, aún caundo algunas de ellas habían sido advertidas de la amenaza.

Sus trabajos no se limitaban a la ciudad, y a veces realizaba largos viajes para cumplir uno de sus encargos. En una ocasión, viajó hacia el sud. Mientras cabalgaba con su caballo, empezó a reconocer el camino. Estaba cerca del lugar en que había vivido durante su juventud, el orfanato. Se desvió del camino, y no tardó en encontral el viejo caserón. Parecía que había sido abandonado, y por su estado hacía mucho tiempo, no debió de mantenerse mucho después de su escapada. Curioso, entró en el edificio. Aún recordaba todos sus rincones, y se distrajo inspeccionando el lugar. Había numerosos paquetes en el medio de las habitaciones de los cuidadores, parecía que había sido abandonado a toda prisa. Algunos tenían alguna indicación o inscripción respecto a su contenido. De pronto, en un rincón vió un paquete que le llamó la atención. Era muy pequeño, y parecía apartado del resto. Fue a abrirlo, y se encontró con una inscripción que ponía “Mhord“ . Rápidamente lo desenvolvió, y se encontó con las viejas ropas con que lo habían encontrado. Sólo había conservado el cinturón, en el que había descubierto esa daga escondida. Se le ocurrió de pronto que quizá había más cosas escondidas en sus antiguos ropajes, así que rebusco entre sus telas. Muy acostumbrado a llevar todo tipo de bolsillos ocultos para realizar su trabajo, Mhord no tardó en encontrar la carta. La abrió, y dentro encontró otro misterio. El sobre sólo contenía tres cosas: Una pequeña caja de metal muy adornada con oro y plata, una especie de refuerzo para su mano de entonces, que parecía permitir parar el filo de una espada con la palma sin mayor daño que el fuerte golpe, y un trozo de papel. El trozo de papel tenía una extraña runa. Mhord había leído muchos libros, y aunque no supiese numerosos idiomas, sabía identificar las escrituras de cada uno. Pero no conseguía identificar esta. Parecía una letra, a medio camino entre una n y una m, sobre un fondo rojo/naranja, que se iba oscureciendo en uno de los lados. Además, parecía que otras pequeñas runas adornaban también el fondo, y envolvían a la principal.

Intrigado más aún acerca de su pasado, Mhord guardó la runa en su bolsillo, y abrió la pequeña caja. Contenía hilo, aparentemente de plata, extremadamente fino. Una memoria asaltó la mente de Mhord. Con el protectro de la palma adaptado a su mano, mucho más grande ahora, cogió el hilo, y desenredó un par de metros. Lanzó el hilo alrededor de uno de los paquetes más grandes. Con el protector por un lado y cerrando la caja en el otro, hizo un fuerte y súbito tirón con las dos manos. Lejos de partirse, el hilo partió en su lugar en dos el paquete. Era mithril, extremadamente resistente, y tan fino que cortaba con mucha facilidad. Mhord guardó el hilo. Había al menos diez metros de éste, y con algo de práctica podía hacerse servir como arma oculta….era tan fino que apenas se veía una vez extendido.

Algo confuso por sus descubrimientos, Mhord volvió al camino para dirigirse a su próxima víctima.

Al cabo del tiempo, Mhord seguía con sus asesinatos. Pero últimamente le aburrían, ya que su reputación había crecido tanto que algunas de sus víctimas, al saberse amenazadas, optaban por suicidarse o huír, y los pocos que tenía ocasión de realizar eran demasiado fáciles para su gusto. Empezó a pensar en cambiar de aires, para seguir aprendiendo y eliminar su fama.

En una de sus incursiones, Mhord estaba realmente distraído pensando en marchar de la ciudad, y fue descubierto. Los guardianes que vigilaban a la víctima le vieron, y dieron la alarma. Además, Mhord fue suficientemente descuidado como para que su cara fuese revelada, así que decidió huír por el momento. Al cabo de poco los carteles con su retrato colgaban de toda la ciudad. Ante tal complicación, y perseguido de cerca por los soldados, Mhord escapó de la ciudad y empezó un largo viaje hacia el este…..