La caída de Nargothrond
«La caída de Nargothrond» es el undécimo capítulo de *Los hijos de Húrin*.
Sinopsis
Durante cinco años reinó la paz en Nargothrond. Fue entonces cuando dos Elfos se presentaron ante el rey Orodreth: Se trataba de Gelmir y Arminas, que habían recorrido un largo camino desde Círdan, en la Desembocadura del Sirion, y traían un mensaje de Ulmo; pues el Señor de las Aguas había dicho que el peligro se cernía sobre Nargothrond. Les había ordenado que cerraran sus puertas y derribaran el puente del Narog.
Pero Orodreth acudió a Túrin Mormegil en busca de consejo, quien, en su orgullo, no quiso hacer caso de las palabras enviadas por Círdan, quien, según Túrin, se ocultaba de las guerras en el lugar más recóndito de Beleriand, lejos de la sombra de Morgoth.
Llegó entonces el otoño, y, efectivamente, Morgoth desató una gran horda preparada desde hacía tiempo, encabezada por Glaurung, el Padre de los Dragones. En el valle septentrional del Sirion, Eithel Ivrin fue profanado y la Planicie Guardada, Talath Dirnen, fue incendiada. Llegaron Túrin y Ordoreth, al frente del ejército de Nargothrond, pero la multitud procedente de Angband era mayor y nadie, salvo Túrin, protegido por su máscara de enano, pudo hacer frente al dragón.
Los soldados de Nargothrond estaban agotados y derrotados; y Gwindor, en su lecho de muerte, dijo: «Daos prisa en ir a Nargothrond y salvad a Finduilas». Pero Túrin llegó demasiado tarde, pues Glaurung y un ejército de Orcos se le adelantaron, y el puente sobre el Narog quedó en ruinas, ya que irrumpieron con fuerza en las Puertas y todas las salas fueron tomadas y arrasadas.
En ese asalto, Túrin llegó a las Puertas de Felagund, ahora en ruinas, y allí le esperaba Glaurung, de modo que Túrin quedó hechizado por la mirada del dragón. Allí permaneció Túrin, inmóvil como una piedra, mientras a Finduilas y al resto de los cautivos se los llevaban, en medio de una horda de Orcos, para atormentarlos en Angband. Y Glaurung retuvo al hijo de Húrin para atormentarlo con los gritos de aquellos inocentes, de modo que le atormentaran para siempre.
Con el paso de aquella terrible comitiva, Túrin se sintió liberado; pero, una vez más, Glaurung se burló de él y, aparentemente, lo liberó por piedad. Al concederle la libertad a Túrin, le dijo que se apresurara a ir a Dor-Lómin, junto a su madre y su hermana, y que no se demorara pensando en el destino de Finduilas.
Referencias
1. Esta ficha se ha importado inicialmente de TolkienGateway.net el día 30/05/2026.