Historia privada

La Noche y La Sangre

Finalizada 2 fragmentos Página 1 de 1
Fragmento 1 por Eleanor_Ronaele

Año 3017 de la Tercera Edad

Minas Tirith

Posada la Gaviota de Plata.

- Bueno, ¿y ahora qué? –preguntó Raven con hastío.

Beindir la miró con ganas de meterla de cabeza en uno de los barriles que les servían de sillas. La joven solía ser bastante impaciente para todo, pero ese día incluso él, que la había estado soportado desde Dol Amroth, estaba al límite.

Los pocos clientes de la posada donde estaban los miraban con atención: era muy raro ver forasteros en Minas Tirith durantes esos tiempos de oscuridad y con la Sombra tan cercana… pero estos eran más raros aún, dado su aspecto.

Principalmente, el de la muchacha.

Por su manera de moverse y hablar podía ser tomada por una muchacha de unos veinte años, algo vulgar y varonil… pero su rostro no engañaba: tenía sangre élfica. Alta y delgada, sus rasgos no eran tan finos y etéreos como los de los elfos –al menos, los que se recordaban en la ciudad, pues hacía mucho que no veían pasar a uno de la Gente Hermosa por esos lares-, pero eran sin duda más bellos y perfectos que los de la mayoría de las mujeres mortales, y su pelo largo y negro –plumas de cuervo venían a la mente de los que la observaban- estaba recogido en una trenza que se movía como la cola de un gato. Pero no eran estos detalles los que llamaban la atención… donde debían estar unos ojos claros y hermosos, se hallaban dos bolas de fuego rojo que mantenían a distancia a todos en el salón.

A todos, menos al hombre que la acompañaba. Varios años mayor que la muchacha, alto, de pelo castaño y ojos verdes, tenía un aire a barrios bajos que contrastaba con la expresión de su rostro: nobleza y lealtad se mezclaban en su sonrisa casi permanente.

Y “casi” estaba bien dicho: en esos momentos el hombre se veía cansado, no sólo de la conversación de la joven (a la que ya estaba más que acostumbrado), sino por un largo viaje que sólo había acabado esa mañana.

Lo escuchado por los allí presentes no tenía desperdicio: Dol Amroth, elfos, orcos y Lórien eran palabras que se escapaban de la boca de la joven y que el hombre trataba de silenciar. Pero una palabra se abría paso entre todas: Dinero.

- No nos llevamos dinero de la ciudad, y la comida nos la dieron en Lórien… -dijo Beindir en voz queda-: es hora de que volvamos a nuestro trabajo, ¿no crees? ¿O cómo piensas pagar la estancia en la posada?

Raven miró a su alrededor en busca de alguna “presa”… pues esa era su profesión: ambos eran ladrones en la ciudad portuaria. Una serie de hechos le condujeron a aliarse para huir de la ciudad, y hasta ese momento no habían vuelto a delinquir… no había sido necesario, dado que no encontraron muchos seres a los que robar…

Pero ahora la necesidad apremiaba. Echó una rápida ojeada al salón de la posada, pero lo que vio no le interesó: hombres de aspecto poco halagüeño, seguramente con poco dinero en sus saquillos. La muchacha bufó: necesitaban algo más “pudiente” para pagar la habitación…

En eso, la puerta de la posada se abrió, y todas las miradas fijas en Raven pasaron a posarse en la recién llegada: una mujer de aspecto aún más extraño que la joven Media Elfa.

Curiosamente, también había sangre élfica en la dama, pero en ella adquiría un tono de distancia y frialdad, acorde con sus verdes ojos. Estaría cerca de los treinta años, pero tratando con elfos, esto sólo podía ser una aproximación. Una melena roja como la sangre bajaba por su espalda como un río tras una cruenta batalla. Llevaba una capa verde que ocultaba su esbelto cuerpo… y una espada que colgaba en su cinto de cuero. De ese cinto colgaban, igualmente, varios saquillos de telas. Su porte era gallardo, digno del de una reina, pero también furtivo, como un cazador que no quiere ser visto por su presa.

- ¿Quedan habitaciones? –preguntó al dueño de la posada en un tono que no admitía silencio.

- Sí, señora –respondió temeroso el posadero- hay varias libres… le aconsejo la del primer…

- La más aislada de las demás, no quiero que me molesten –dijo la mujer cortante, y añadió de forma que todos la oyeran- No deseo tener… ni causar problemas.

Lanzó una mirada hacia los allí reunidos, que bajaron apresurados la cabeza. No todos, pues Beindir se quedó mirando a la extraña mujer pensativo: recordaba una vaga conversación sobre otra Media Elfa en un bosque…

Raven, por su parte, la miró con desprecio. “¿Quién se cree esa mujer que es? ¿La dueña de la ciudad?” No recordaba que ella también era una Media Elfa, y que en su ciudad natal se había comportado del mismo modo con los hombres para mantenerlos a raya, pero el hecho de que hubiera dejado de ser el centro de atención la sobrepasaba.

Eleanor, pues así se llamaba la recién llegada, no vio a Raven –estaba tapada por una columna-, pero sintió la mirada de desprecio. Sonrió cínicamente para sí misma: si supiera esa persona lo que era capaz de hacerle, no la miraría de esa forma…

Pero decidió obviar ese suceso. Su vida ya estaba llena de problemas como para empezar una confrontación. Había viajado por toda la Tierra Media, enfrentado a seres poderosos –y peligrosos- contra los que hasta el guerrero más avezado se hubiera echado a llorar… no desperdiciaría sus artes mágicas aprendidas con tanto dolor contra un pobre diablo.

- Pagaré por adelantado, no sé cuántas noches me quedaré –Eleanor dejó caer varias monedas de oro sobre el mostrador- ¿Esto será suficiente para el alojamiento y la comida, tanto mía como de mi caballo? –hizo un gesto hacia la calle, señalando un hermoso animal que esperaba fuera.

Los ojos de Raven siguieron la caída de las monedas con anhelo. La extraña mujer colocó el saquillo de las monedas en su cinturón, junto con todos los demás.

“Sin duda” pensó, “hay más monedas en esos saquillos. De sobra para Beindir y para mí.” Escuchó al posadero llamar “Señora” a Eleanor y acompañarla a su habitación. Luego salió a la calle en busca del caballo de la dama para meterlo en el establo.

- Beindir… - Raven tiró de la manga del hombre, que había seguido a la mujer con la mirada hasta que desapareció por la puerta- ¿Viste hacia dónde se dirigía esa pelirroja?

- ¿Mmmm? –el hombre retornaba de sus pensamientos- ¡Ah!, creo que la llevó al ala este de la casa, eso me pareció por el ruido de pisadas…

- Perfecto… - Raven se frotó las manos-. Esta noche cogeré su dinero y nos largaremos a otra posada.

- Te esperaré en los callejones que dan a la puerta del Segundo Nivel –le contestó Beindir en voz baja-. Ten cuidado, tiene una espada y parece saber usarla, no como tú… -se burló suavemente.

La joven le propinó un codazo que le hizo caerse del barril. Palabras como “bestia”, “goblin” y “troll” se cruzaron entre ellos, mientras llegaba el atardecer.

Eleanor, por su parte, llegó a su habitación. Esta no era muy grande, pero sí acogedora… y tranquila. Eso lo apreciaba mejor que nada. Una cama limpia y cómoda la esperaba, y la ventana daba hacia una pequeña plaza con una fuente en medio. Esperaba que el ruido del agua le hiciera dormirse pronto…

De repente, algo entró por la ventana. Eleanor sonrió a su mejor amigo: Etnad, un gato de pelo oscuro y ojos tan verdes como los suyos, ronroneaba mientras se frotaba contra sus botas. Eleanor lo acarició. Lo había dejado suelto por la ciudad para que se informara sobre la posada más propicia para ella, y había acertado. Cómo se comunicaba con el animal, sólo ella lo sabía.

- Un último favor, amigo mío –Eleanor le rascó las orejas-: vigila la ciudad esta noche por mí, necesito descansar…

Etnad respondió con un maullido y salió por la ventana rápido como un rayo. Sabía que si lo necesitaba, estaría allí tan rápidamente como se fue.

Eleanor se despojó de su capa y su cinturón, dejándolos en una silla que había cerca de la capa. Sin embargo, tomó los saquillos y los dejó sobre la mesa cerca del cabezal de la cama. Toda precaución es poca…

Antes de que el Sol terminara de esconderse, Eleanor había caído dormida.

[Editado por Eleanor_Ronaele el 13-07-2005 01:14]

Fragmento 2 por Eleanor_Ronaele

Cuando la luna ya se había asomado unas silenciosas pisadas se escucharon gracias al crujido de un escalón.

Eleanor abrió sus ojos,ese leve ruido la había despertado.Silenciosamente mandó a su gato para saber de quién eran esas pisadas

Etnad con el fulgor de sus ojos verdes vio a Raven moverse.

Un maullido fue la señal que alertó a Eleanor acerca de la presencia de la media elfa

Eleanor silenciosamente comenzó a fingir estar dormida....aquella ladrona iba a saber a quién quería robar

Raven entró a la habitación molesta, no había esperado aquella presencia...ese gato podía haber alertado a la media elfa como así había sucedido

La recién llegada se acercó a su “presa” y comenzó a verificar que estuviera dormida sin despertarle

La examinación dio como resultado que aquella semielfa dormía apaciblemente.Por esto Raven comenzó a examinar las bolsitas de tela.

Antes de descubrir que tenían ,en realidad, aquellas bolsitas ella recibió un conjuro.

Eleanor había conjurado un hechizo a los ojos de la ladrona con el polvo que poseían esas bolsitas

Raven se sintió aturdida: aquella semielfa le había lanzado un hechizo a sus ojos haciendo que esto ardieran por esto no podía ver nada

A causa del dolor cayo de rodillas, aturdida

De pronto sintió una que una gran Fuerza se apoderaba de ella....con un grito le devolvió el hechizo a Eleanor, quién quedo mucho más aturdida

Los pensamientos de Eleanor se entre mezclaban en su mente.

“¿Cómo una ladronzuela podía devolverle aquél hechizo? Esa chica no era rival para ella....¿O tal vez sí? “

Poco a poco Eleanor se acerco a la semielfa que intentaba levantarse. Esa ladronzuela tenía sangre élfica en las venas.

“Una triste mestiza como yo ¿Tal vez?”

Extrañamente Raven se irguió mirando a Eleanor a los ojos.

A través del escozor y las lágrimas ella pudo ver que la ladronzuela poseía unos ojos rojos como el fuego. Estos le eran conocidos, familiares.

Los fríos ojos verdes tan característicos en Eleanor se tornaron en confusión y dolor al ver los ojos de Raven. Esta comienza a sentir miedo al ver aquella confunsión,aquel dolor.

Incomoda en aquella mirada tomo una bolsita y salió lo más rápido de allí...quería escapar de esa mirada.

Ella había visto odio en las miradas de otro cuando este veía sus ojos pero jamás había visto que la miraran de aquella manera....jamás la miraron con aquel dolor arraigado de tantos años.

”¿Quién era esa semielfa?”Era la pregunta de ambas .

[Editado por Eleanor_Ronaele el 13-07-2005 02:02]