Historia privada
Madi, Baya de Mithril y Arsioth Calimehtar
Madi, también llamada la Baya de Mithril, era hija de Maehdros, hombre de Númenor, y Elbereth Elentari Ayshel, cuya procedencia es desconocida. Madi era una alta elfa cuyo rostro poseía tanta belleza y luz, que era imposible describirlo, incluso con los dulces y delicados versos élficos. Su cabello dorado caía como la lluvia que brilla con la luz del sol en amanecer. Sus ojos eran grandes luceros azules que penetraban hasta la más profunda oscuridad. Sus delicadas y diestras manos modelaban gemas y curan heridas. Tenía buen de las armas, sobre todo el arco y la flecha. Su espada llevaba el nombre Kal-Luin que significa “Brillo Azul”, ya que su empuñadura estaba cubierta por zafiros, y tenía un corcel blanco con crinas gris-plata llamado Mellon (Amigo). Solía habitar en Lórien, pero siempre estaba viajando y explorando, aprendiendo de los que más sabían. Siempre vestía de verde oscuro, plateado y blanco. Portaba una diadema forjada por grandes herreros elfos, conformada por cientos de finas cadenas de Mithril (de ahí proviene su nombre) y en el centro tenía una preciosa esmeralda. Pocas veces su rostro no portaba una amplia sonrisa, que podía alegrar los corazones oprimidos.
Luego de que Arioth, elfo Noldor y Nariel, elfa vaynar, concibieron a su primer hijo, Arsioth Calimehtar, recorrieron varias leguas hasta que decidieron habitar en la ciudad de Tirion, en Valinor. Arsioth tenía el cabello largo y brillante como la plata, ojos grises y mirada profunda. Era un elfo noble como ningún otro, sabio y hábil en la palabra, artes que aprendió del pueblo de su madre, y era ágil y fuerte en la batalla, cualidades que heredó de su padre. Vestía de negro, y solía llevar una capa gris o negra. Su espada estaba hecha de mithril, y la llamó Calimmacil y también portaba un arco hecho con Brethil y flechas con la punta de plata. Siempre iba acompañado siempre por su leal corcel Osnim (Fortaleza blanca).
Tan distantes parecen estas dos almas, tantas historias crearon, tantos caminos recorrieron, solitarios y errantes, y nunca nadie fue capaz de imaginar lo que su unión podía provocar. Su historia pertenece a días ya olvidados, pero su amor todavía vive en la tierra, en cada beso, en cada abrazo, en cada sonrisa y gesto amoroso.
Quién sabe bajo la voluntad de qué hechizo, esa noche en la que las estrellas llenaron el cielo, dándole una luz especial, Madi salió de su camino habitual y se desvió al este, embelesada por un resplandor que venía de las profundidades del bosque Galen Baud, que en lengua sindarín significa “Prisión Verde”. Quién sabe por qué sonido extraño, esa noche en la que la luna resplandecía con su máximo esplendor, Arsioth fue maravillado por el sonido provocado por el juego entre las hojas y el viento, y maravillado, cambió su camino y se desvió hacia el oeste, internándose en el bosque. Cuando el resplandor y el sonido cesaron, ambos reaccionaron y se dieron cuenta que estaban extraviados. Caminaron sin rumbo, en silencio y sin saber que se estaban acercando cada vez más.
Ya habían pasado muchas horas, y la Baya de Mithril estaba exhausta. Decidió buscar un lugar para poder descansar y esperar que la luz del día la ayude a encontrar el camino de regreso. En un claro del bosque, reunió hojas que habían caído en el suelo, símbolo de que el otoño ya se acercaba, e hizo un montoncito junto a una gran roca que le brindaba protección. Cuando entró el lo más profundo de los sueños, comenzó a emanar una luz de color plata, como la que Telperion brindó con su rocío muchos años atrás. En ese instante, Arsioth vio la luminosidad, y sin importarle que se estuviera encarcelando más en el bosque, la siguió. Caminó apresuradamente, pero no corrió, pues además de estar hechizado, tenía miedo de su grandeza. Llegó al claro y la vio. Tan débil parecía su cuerpo y tan fuerte era su luz. Quedó en silencio largo tiempo, hasta que sin saber cómo, comenzó a cantar versos que no conocía, y no se imaginaba cómo habían llegado esas palabras y esa melodía a su boca.
Madi oyó esa voz, la más tierna y dulce que jamás había llegado a los oídos de ningún ser viviente. Los versos más hermosos que jamás pudieron componerse. Y al despertar, miró a Arsioth a los ojos. Y ambos se encontraron y no se sintieron perdidos. La luna abandonó el cielo, pues estaba satisfecha de lo que había presenciado. Sin darse cuenta, los dos elfos cayeron en el más profundo amor que alguna vez existió en la Tierra Media, o en cualquier otra tierra fuera del alcance de los hombres mortales.
Silenciosamente se acercaron, lentamente se tomaron de las manos. Ambos suspiraron y el fresco aliento de uno rozó suavemente el rostro del otro. Todo sin quitarse la mirada de los ojos, ambos bien abiertos para poder admirar la enorme belleza que tenían delante. Sin hablar dijeron mucho.
Los primeros rayos de sol acariciaron sus rostros, y Arsioth rompió el más extraordinario silencio que cualquiera había presenciado, y dijo:
- Alassë auré, vanya tinta oranor (“Buenos días, hermoso centellante día de sol”)
- Alassë auré, Lindalë galad ar-Ithladin (“Buenos días, música radiante junto a la luna estrellada”)
Sonrieron y sin importar nada, ya que sus corazones se sintieron más regocijados que nunca, se juraron amor eterno, amor que ningún mal corrompería y que las edades no marchitarían, y así fue como empezó la unión, Madi Baya de Mithril del bosque de Lórien y Arsioth Calimehtar de Tirion, unidos por un lazo mas fuerte que la misma sangre...
Caminaron tomados de la mano por el bosque, sin interesarles si se acercaban o alejaban de sus hogares, pues estaban completos. Desde entonces él la llamó Riel, que significa “Doncella Enguirnaldada”, ya que nunca había visto una diadema mejor confeccionada como la que ella portaba. Y ella lo llamó Silme, Luz Estelar, pues sus ojos le hacían recordar las innumerables estrellas que habitaban el cielo en la noche que se conocieron.
[Editado por MADI el 25-02-2005 02:16]
[Editado por MADI el 21-07-2005 23:33]
Fragmento de la cancion que canto Arsioth a Madi aquella noche...
La luna resplandeciente
Se asoma
A la hora de nuestro esncuentro,
Y caen sublimes rayos de luz
Que alumbran tu hermoso rostro,
Que iluminan tu calida mirada
Solo para el deleite de las estrellas
Que nos observan esta noche,
Solo para el ahnelado deseo
De un elfo que espero por ello
Incontables años,
Innumerables horas,
Que hoy llegan a su fin....
[Editado por Arsioth el 26-02-2005 03:16]
Luego de esa canción, un silencio profundo inundó el bosque, pues los pájaros habían dejado de cantar y las hojas habían dejado de jugar con el viento para escuchar este tranquilizante canto, y ellos quedaron dormidos, y durmieron en paz, como nunca lo habían hecho. Cuando el sol casi llegaba a lo más alto del cielo, caminaron y llegaron a los lindes del bosque. Desde allí, se dirigieron a Lothlórien, donde todos los elfos miraban absortos, pues la pareja irradiaba una luz brillante, que inspiraba felicidad. Y Madi le mostró las maravillas del Bosque de Oro: el arroyo Nimrodel, los Mallorn y sus flores amarillas, los majestuosos flet, las constelaciones que brillaban sobre el techo de hojas danzarinas. Madi comenzó a susurrar una dulce melodía contando historias de su país, con una voz clara y triste, pero siempre sin perder su dulzura. Arsioth quedó maravillado, pues solo conocía este país a través de canciones, y estas imágenes superaron los límites de su imaginación. Y también vio que la gente era hermosa, pero ningún rostro superaba la belleza de su Baya de Mithril. Luego Arsioth vio a un elfo poderoso, que sobresalía de los otros, y estaba acompañado de una ostentosa elfa: eran los padres de Madi: Maehdros y Elbereth Elentari. Entonces descubrió que el color oro del cabello de su amada provenía de su padre, y los labios rubí y la tez blanca de su madre, y ambos tenían los ojos de un azul profundo, igual que ella. Cuando Arsioth fue presentado, contó innumerables historias de viajes y hazañas, palabras que dejaron asombrados profundamente a Maehdros y su esposa, los cuales le dieron su bendición inmediatamente.
[Editado por MADI el 27-03-2005 23:47]
[Editado por MADI el 05-05-2005 20:29]
Pasaron varios meses en Lothlorien, hasta que a oidos de Arsioth llegaron noticias del oeste; al parecer habia un enfrentamiento entre enanos y orcos y este sintio que debia ir a ayudar pues tiempo atras el mismo habia vivido y luchado junto aquellos enanos y debia ir a prestar su ayuda...
-Mi bella doncella, he de partir, pero no por mucho. Dijo Arsioth mientras acariciaba el rostro de Madi...
-Pero por que??? acaso hay algo mas importante que yo que ocupe tu tiempo??? pregunto madi desconsolada...
-Claro que no Respondio el elfo, pero debes entender que debo ayudar a los que me tendieron aluna vez la mano. Pero no te preocupes, pues no sera larga mi ausencia, y las estrellas y la imagen de tu hermoso rostro me traeran de regreso cuando Iluvatar asi lo desee... Por ahora sera mejor descansar pues mañana partire... Por cierto, quisiera que me acompañaras hasta los lindes del bosque, asi podre tener tu compañia y no me perdere en las tinieblas que aguardan por muchos como yo...
A la mañana siguiente, muy temprano, cuando el sol se estaba comenzando a asomar en el horizonte, partieron hacia el oeste para atrvezar las minas de moria, donde Arsioth se reuniria con algunos enanos para ir mas tarde a luchar...
-Por que esa cara??? pregunto Arsioth a Madi...
-presiento que no va a resultar nada bueno de esta despedida y no queiro pensar que esto conyevara a una tragedia...Dijo Madi con una lagrima rodando por su mejilla.
-Recuerda que tiempo atras los poderes quisieron reunirnos y no dudo en que nos daran la oportunidad de estar juntos de nuevo...Exclamo Arsioth tratando consolar a su amada...
Pero no llores,
no llores,
por que volvere
y aunque el mismo Morgoth
se atraviese en mi camino,
se que las estrellas me guiaran hacia ti,
aunque se caiga el cielo
y los mares se derramaran,
encontrare la senda
que me llevara hasta tu corazón
y la pasion que se ensendio
la primera vez que vi tu cuerpo desnudo,
me inundara
y me levantare cada vez que caiga,
y si acaso estoy derrotado,
pondre mi cabeza siempre en alto,
y susurrare al viento
hasta que mi voz llegue a tus oidos...
Namarië mi amada,
y no llores por que pronto nos veremos...
Y asi Arsioth dejo a Madi en los limites de lorien y cabalgo como el viento en Osmin su fiel corsel, sin pensar que mas alla lo aguardaba una insospechable aventura...
[Editado por Arsioth el 07-05-2005 05:57]
Atravesó el Valle del Arroyo Sombrío. Sus suaves cabellos flotaban por el aire, y el viento acariciaba su contorno. Verlo cabalgar inspiraba una enorme gloria, la glori de su noble raza. Bordeando el Celerant llegó a las Puertas de Moria. Allí se encontró con un gran grupo de Enanos que le dieron una cálida bienvenida.
- Aiya, Arsioth Calimehtar, Tula ar o elme haara (Salve, Arsioth Calimehtar, ven y siéntate con nosotros)
- Hantale -respondió gentilmente.
En un gran salón vio a los elfos que ya habían llegado, esplendorosos rostro y vestimentas, amables saludos. Uno a uno le dieron la bienvenida, pues era un honor tener alguien de tan alta estirpe entre ellos. Pero observó que había alguien que siempre estaba escondido en la sombra, y que cada vez que Arsioth se le acervaba, huía y no lograba alcanzarlo, pues era veloz como un rayo. Le preguntó a varios por esa sombra, pero nadie parecía haberla visto antes.
Arsioth sentía una extraña atracción, intriga y curiosidad. Entones fue hacia donde descansaban los caballos, para tomar a Osmin y correr por el campo bajo las estrellas, y pensar. Pensar sobre esa sombra, que no dejaba de dar vueltas por su cabeza. Pero al llegar al establo, no vio a Osmin. Desesperado corrió gritando su nombre, hasta que el caballo volvió,pero no solo. Junto a él estaba otro caballo, que le hizo recordar a Mellon, el caballo de Madi. Pues tenían enorme parecido, aunque variara el color, pues Mellon era gris-plata y el que aquí se encontraba tenía la cabellera azabache. Entonces recordó a su amada, y se preguntó qué estaría haciendo, tan lejos y tan cerca a la vez.
Arsioth montó a Osmin, y el caballo azabache los siguió, superando el ritmo que ellos llevaban, y estaba siempre a la delantera. Así pasaron los tres esa noche, y se hicieron grandes amigos. Por la mañana retornaron a Moria.
A la mañana siguiente, Arsioth desperto despues de oir el bullicio de algunos enanos, que no paraban de discutir, pues no sabian que camino tomar para ir al norte...
Arsioth no hizo caso y fue a comer un poco, fue entonces que al atravezar la puerta vio un gran numero de orcos que se acercaban a ellos muy sigilosamente, rapidamente se preparo e informo a los demas, entonces corrio, por su caballo y algunos otros lo siguieron.
Cabalgaron rapidamente hacia los orcos, pero vaya sorpresa ya no estaban, de repente las flechas y los gritos comenzaron a rodearlos haciendo un menor numero de soldados aliados, fue entonces que uno de los enanos alcanzo a ver aun lado orcos moviendose y los ataco sin pensarlo dos veces, asi todos los orcos saltaron sobre ellos haciendo que se derramase mucha sangre... Todos se separaron y comenzaron a luchar de forma independiente, pues eran demasiados para ellos, y aun los refuerzos no habian llegado...
Había que buscar alguna forma para reagruparse, para poder abrir un camino entre los orcos, que los lleve al interior de las Minas de Moria, donde sus fuertes muros podrían protegerlos. Arsioth miró a su alrededor: pocos de los suyos quedaban de pie.
Con el alba llegó la esperanza, porque desde el este, junto con el sol, llegaba un sonido conocido: un cuerno, un cuerno que llamaba con eco fuerte y sereno. Todos los enanos acudieron a él, organizándose en forma de círculo, formando una barrera que los orcos no podían traspasar.
Arsioth buscó con su vista y trató de encontrar el punto de donde provenía el sonido. Y vio a una figura luminosa, montada en el caballo que había conocido la otra noche. Su corazón se alegró al verlo, pero a la vez sintió un profundo frío, pues aunque no se encontraba a más de cincuenta pies, los separaba una multitud de horribles criaturas. Quedó pasmado, no podía moverse. Cayó de bruces al suelo. Sintió la humedad del barro en su bello rostro. Vio que unos pies sucios se acercaban. Sintió unas afiladas garras en su cuello, y luego perdió la conciencia.
Cuando despertó se dio cuenta que ya no estaba más en el campo de batalla, pues estaba sentado sobre un duro y frío suelo, y no escuchaba las voces de sus compañeros. Quiso frotarse los ojos, y notó que sus manos estaban atadas. Intentó soltarse, hasta que el ardor en sus muñecas se hizo insoportable. Comenzó a gritar desesperadamente, sin pensar las malas consecuencias que eso podría traerle. Los orcos no tardaron en llegar y cuando vieron que había despertado Arsioth, el más alto le habló al otro con una voz ronca. No sabía que pasaría, pues el orco había utilizado un lenguaje que nunca había escuchado antes. Vinieron tres más, y uno traía una botella en la mano, de la cual intentaron hacer beber a Arsioth. Toda resistencia fue inútil, pues además de estar atado de pies y manos, le habían arrebatado todo su armamento. Cuando el viscoso líquido que contenía la botella rozó su lengua, cayó en un sueño profundo, con horribles pesadillas sobre desventuras de su tierra y su amada Madi.
Mientras tanto, en el campo de batalla, los enanos lograron abrirse camino, y llegar sanos y salvo a Moria. Todos alababan al jinete del cuerno, y le preguntaban su nombre y de qué reino provenía. El jinete ordenó silencio y con un rápido movimiento retiró la capa que lo cubría de pies a cabeza y reveló su identidad.
- Provengo del bosque de Lothlórien, y mi nombre no interesa en este asunto. Soy enviada de la princesa Madi, pues ella hace muchas noches tuvo una visión de lo que hoy sucedió, y me prestó su caballo, el más rápido del todo el bosque, para que los prevenga del desastre. Pero mi trabajo no pudo realizarse a tiempo, ya que varios grupos de hombres y enanos se retrasado, y aún hoy no han llegado.
Los enanos comenzaron a alborotarse y a gritar preguntas y reproches, y la enviada, sin ánimo de discutir, se marchó lentamente. Los enanos callaron al notar su indiferencia, entonces ella, sin dejar de darles la espalda habló nuevamente:
- Sé lo que se están preguntando, y no temáis, pues también fuimos prevenidos de la captura del estimado Arsioth, y ese asunto está siendo resuelto en este instante por la Baya de Mithril en persona.
La enviada calló y con paso lento se retiró a su habitación.