Historia privada
Una anecdota de un servidor de sauron
Cuando era apenas un niño pequeño, mi padre me enseño a luchar con la espada y el escudo, y con el pasar de un par de años, más que un entrenamiento era un juego para mi, según mi padre, mi habilidad era realmente asombrosa comparada con la los demás númenoreanos. Ya había yo cumplido los seis años, y hasta aquel momento no había podido tener una práctica de duelo con alguien distinto a mi padre, hasta que el, me prometió un encontraría un niño de mi misma edad para enfrentarme con él, yo no era muy social, así que no tenía ningún amigo con que jugar en absoluto, tal vez era tiempo de empezar a conocer gente, creía yo.
Una Mañana, mi padre me dijo que había arreglado un encuentro con algún primeo suyo para que luchase con su hijo, me emocione mucho, y esa misma tarde me dirigí a Hyarnustar, llevado por mi madre, ella era una mujer muy hermosa, al menos eso decía mi padre, la comparaba con Melian, la Maia de la primera edad, de la cual me habían contado cuentos hermosos. Al llegar a la plaza blanca, me encontré con el primo de mi padre, tendría unos sesenta años, era regularmente joven, bueno, para nosotros. El me presento a su hija, su nombre era Néliel, su padre me dijo que significaba su nombre, mas lo olvide; esperamos para que mi padre llegara, paro jamás sucedió, esperamos hasta el atardecer cuando llego un muchacho corriendo hacia donde estábamos.
-Han atrapado al señor Aldar –Dijo sofocado – se lo han llevado a una de las torres del castillo de Herunúmen.
-¿Quien? ¿Cuándo? –Dijo el hombre-.
-los hombres del rey –dijo con preocupación el muchacho.
Rápidamente corrimos hacia la plaza de la torre principal, mi padre estaba colgado del cuello con una horca junto con algunos conocidos suyos.
En mi cumpleaños número diez, Hanüvel el amigo de mi padre, quien me había criado en los últimos años, me regalo la espada que algún día hubo de pertenecer a Aldar el de los ojos grises, a quien yo solía decir papá, la persona que mas respete y he respetado en mi vida.
Mi madre, salió corriendo detrás de un rico comerciante de los hombres del rey, y dejo a Hanüvel como mi tutor, el me continuo enseñando el arte de la guerra, pero a mi escasa edad (creo yo) ya le había superado, la única persona quien podía medianamente enfrentar era Néniel, la hija de Hanüvel, era una chica de cabello negro y ojos azules de 11 años de edad, era mayor que yo por unos 15 meses, era excepcionalmente buena en el uso del arco y la flecha, mas en la espada también era bastante talentosa, cuando su madre falleció ella decidió ser una mujer fuerte que jamás perecería en vano.
Un día los dos salimos a comprar en el mercado, distintos viveres que Hanüvel nos encargo, nos acercamos a un estante llego de distintos granos, tomamos lo prudente y llenamos una taleguilla, cuando fui a pagar no encontré a la vendedora e inmediatamente escuchamos:
-¡a pagar impuestos anciana, el rey no se mantiene con disculpas!– digo una fría y gruesa voz a la que le contestaron:
-solo somos vendedores de granos y nada más, a nosotros los fieles nos cobran duros impuestos –dijo una temblorosa y delgada voz- ¿Qué los hombres del rey no pagan acaso?