Historia privada

El Susurro de los Aldar

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Fragmento 8 por aratir

Sucedió que, durante el año 1591 de la Segundad Edad, tuvo lugar la dâk'naninnit (batalla entre aguas), la última de las habidas entre Eglamar y Galador. En la desembocadura del río kelornî, cientos de estándartes avanzaron desde la costa en manos de los corsarios de la ciudad secreta mientras que, desde el otro lado, los elfos ondeaban otro tipo de estándartes con motivos arbóreos.

Embistieron ambos ejércitos y, aunque las huestes de Eglamar eran más numerosas, no consiguieron imponerse a los ejércitos aldalântar.

Los elfos y los hombres cayeron y el campo de batalla acabó llenándose nuevamente de sangre que, diluida con el agua del Etyulussê, empezó a ofrecer un espectáculo dantesco. Ya no había delta sino ríos de sangre salpicando entre el barro.

Cayó el frente de las tropas de Eglamar pero también lo hizo las primeras filas del ejército de Galador.

-¡La infantería ha caído! – gritó Tathâral a uno de sus soldados.

El elfo miró a su alrededor y maldijo insolentes palabras esperando que llegasen a Ramjakhîn.

"Algún día nos veremos las caras, miserable".

Bajo la débil luz del atardecer contempló a qué había quedado reducido su compañía. Numerosas eran las pérdidas de ambos ejércitos y la victoria se le escapaba a ambos ejércitos pues ningún frente parecía ceder ante aquella batalla, la que muchos reconocían como la decisiva.

El aldalânta sintió el frio viento golpear su espalda, mojada como estaba por la sangre que manaba de la herida de un hombro y que, a su vez, tapaba el gran tatuaje que tenía en el homoplato derecho.

Entonces se acercó un corsario de Eglamar. Se retiró el casco metálico adornado con formas extrañas e hizo una reverencia. Poseía una barba negra muy poblada y un pelo negro enmarañado. Llevaba al cinto una espada y un hacha, de gran brillantez. La situación era crítica para ambos bandos ya que las bajas habían sido numerosas. Por ello, se acordó dejar la batalla en tablas y las tropas de ambos bandos se dispusieron a retirarse.

Mientras los corsarios de Eglamar se iban hacía sus barcos que les esperaban impacientes en la costa, los elfos recogían los numerosos muertos esparcidos por dóquier.

"¡Ai Nensir! ¿Bêrent Râ!" "¡Ai Nensir! ¿Bêrent Râ?" (Oh, Nensir, ¿por qué?)

Los lamentos se escuchaban por toda aquella tierra pantanosa, salpicada por el agua de los arroyos, mientras el viento azotaba los olmos, que lloraban también por los soldados caídos.

"¡Thorâr are danenollêsâ! ¡Nâyani aret danenollêsâ!" (Detestables son en la ciudad secreta, Malditos sean en la ciudad secreta)

Una sombra sorprendió a Tathâral por la espalda en la oscuridad de la noche que se acercaba. El elfo intentó oponer resistencia pero varios brazos robustos le neutralizaron sus miembros. Un golpe en la cabeza le hizo perder la consciencia.

[Editado por aratir el 08-01-2010 19:03]

Fragmento 9 por aratir

Despertó en un calabozo frío de paredes toscas y desnudas y con la única presencia de la oscuridad. Durante un día completo esperó con rabia por la derrota y por haber sido tomado preso. ¡Maldito Eglamar! Tathâral se hallaba herido, tenía un corte no muy profundo en el hombro y varios rasguños en la cara. Pero el dolor de su orgullo derrotado era más fuerte.

La celda se abrió al siguiente día, supuestamente el sol había aparecido pero, en la oscura celda, nada que no fueran sombras podían llegar. Por eso, cuando abrieron la puerta de hierro del calabozo, Tathâral se sintió cegado por la luz que llegaba del exterior y, por acto reflejo, se tapó los ojos con el brazo derecho. Al otro lado de la puerta había un hombre de facciones rudas y constitución robusta el cual traía unas prendas con él. Miró de arriba abajo a Tath el cual tenía los pantalones raídos por el combate y la coraza y los brazaletes cubiertos de sangre reseca.

- Aquí te traigo ropas limpias. Tendrás una audiencia con el Gran Pirata a mediodía y quiere que estés presentable - dijo mientras le ofrecía las ropas limpias que traía.- Podrás lavarte en una fuente situada en el primer nivel de esta torre.

Siguió al carcelero por unas escaleras de piedra que conducían desde el nivel subterráneo de los calabozos hacia el primer nivel. En una sala, también de piedra, había un banco y una fuente en el fondo de la misma. Cuando el hombre robusto lo dejó sólo, miró alrededor y lo primero que hizo fue dirigirse a la fuente y beber del agua fresca que salía de la misma. Luego se quitó la ropa y se aseó pues a un elfo aldalânta acostumbrado al agua, un día sin sentir el fluido tocar su cuerpo le suponía una inquietante incomodidad. Después se puso la ropa limpia que consitía en una túnica ceñida y unas sandalias cortas pero cómodas. Se sintió recuperado y preparado para enfrentarse a Ramjakhîn, el famoso Gran Pirata.

La reunión tuvo lugar en una torre alta, al que le llevaron con los ojos tapados. Le resultó curioso lo celosos que eran aquellos humanos con su ciudad manteniéndola oculta a cualquier extraño. Nadie sabía nada de la ubicación de la misma, única que se hallaba situada al sur de la desembocadura del Kelornî, pero Tath había podido saber que se ocultaba en el valle de una cordillera en forma de círculo no muy lejos del delta del río.

Cuando le destaparon los ojos se hallaba delante del Gran Pirata. Al principio se rió, pensaba que le tomaban el pelo. Estaba delante de una extraña figura que parecía ser un niño. Pero entonces vio en su mirada algo que le turbó…Era idéntica a la de su difunto hermano Lossîndo.

Ramjakhîn y Tathâral hablaron largo y tendido. Estaban de acuerdo en que aquella Guerra había traído pérdidas tanto económicas como militares. Si ambos pueblos hubieran sufrido el ataque de algún enemigo imprevisto, habrían caído como moscas. Por ello, propusieron un acuerdo de paz. Aunque sabían que el Aratûre, el consejo aldalânta, pondría muchos impedimentos para ese tratado.

Los encuentros diplomáticos que se sucedieron en los años siguientes al fin de la Dâk Naninnit entre Tathâral y Ramjakhîn fueron dando sus frutos pues había una razón intrínseca que actuaba para ello. Primero fueron encuentros secretos ya que el elfo había tenido el privilegio de ser el primer aldalânta que visitaba Eglamar aunque fuera con los ojos tapados para no reconocer el terreno. Las reuniones en la Torre Marengo fueron prolongadas hasta que finalmente llegaron a acuerdos que beneficiaban a ambas partes.

Fragmento 10 por aratir

[Editado por aratir el 08-01-2010 18:59]

Fragmento 11 por aratir

[Editado por aratir el 08-01-2010 19:04]

Fragmento 12 por aratir

[Editado por aratir el 08-01-2010 19:04]

Fragmento 13 por aratir

[Editado por aratir el 08-01-2010 19:05]

Fragmento 14 por aratir

[Editado por aratir el 08-01-2010 19:05]