Historia privada

Un viaje inesperado

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Fragmento 1 por Gondor67

Empezaba a impacientarse. Iba de aquí para allá con el paso característico de los pequeños pero ágiles hobbits. Sus cabellos, de color dorado, matizados por vistosos mechones plateados, se movían agitados por una leve brisa, pero más aún por el nerviosismo que dominaba a aquella figura. La mañana agotaba ya sus últimas horas, el cálido sol se cernía desafiante sobre el cenit. Nuestro amigo habría disfrutado de ese minúsculo edén en que se encontraba, rodeado de antiguos robles, coloridas flores y una gramilla verde y mullida, de no ser por la angustiante espera que lo aquejaba.

-Debería haber llegado– resopló –Le dije que estuviera antes del almuerzo – murmuraba dirigiéndose a sí mismo.

En ese instante una figura se recortó sobre el horizonte, exactamente encima de una de las suaves colinas que recortan el horizonte. El paso cansino que esta traía, hizo que nuestro impaciente espectador arrojase al aire toda clase de epítetos que hubieran hecho sonrojar al más rudo de los marineros. Por supuesto, aquel personaje no pudo oírlo. Lentamente la figura que se divisaba totalmente negra por efecto del contraluz fue tomando forma, color y tamaño. Al comprobar que era la persona a quién estaba esperando se tranquilizó un poco. A pesar de ello y sin aguardar hallarse cara a cara exclamó:

-¡Que te ocurre! no sabes que no podemos retrasarnos. –le dijo airadamente mirándolo con furia.

-¡Lo siento Melvin! –Se excusó rápidamente y con cierta pesadumbre en su alma agregó- , pero me vi retrasado por algunos acontecimientos que podré contártelos con más calma durante nuestro viaje.-

-Muy bien entonces ¡partamos sin demora, Einar! –dijo aceptando sus razones, pero indicando con un ademan su urgencia.

- Sí, sí… claro…-titubeó- ¿Pero a dónde iremos? –Inquirió, con semblante oscuro y una mirada intrigada, Einar.

No menos oscura fue la apariencia de Melvin al escuchar la pregunta. Miró por un momento hacia el noroeste tratando de encontrar con su mirada el destino que les esperaba y que, claro, era imposible, porque se encontraban a más de dos meses de camino de su objetivo. Tardó varios segundos de salir de su abstracción y con voz grave pero firme y decidida le contestó:

-A las montañas que rodean la ciudad perdida de Gondolin.-

Dicho esto colgó su bolsa de viaje al hombro, se ciño el cinturón, tomo el bastón y volcó toda su ansiedad en una marcha veloz y sostenida, dejando atrás a unos veinte metros a un consternado Einar, que recuperado de su sorpresa alcanzó e igualó, no sin esfuerzo, la línea de Melvin.

Era tal el ímpetu de Melvin que Einar no se atrevió a detenerlo para hacerle notar que esta misión sería imposible de cumplir. Cualquier habitante de la Tierra media había escuchado las historias, poemas y canciones que hablaban de los acontecimientos ocurridos en los días antiguos. La tierra había sufrido terribles cambios durante el fin de la segunda edad, toda la región de Beleriand fue sacudida por terremotos y engullida por el mar. Una parte de la antigua cadena montañosa Ered Luin había sobrevivido a las convulsiones y se erguía como limite oeste de la Tierra Media, mientras que la otra había sucumbido bajo las aguas durante los imponentes sismos que habían asolado al este de Beleriand. También las montañas que protegieron Gondolin, ubicadas en el norte de las tierras afectadas, yacían debajo del océano.

La perplejidad contuvo a Einar, era más grande la sorpresa que la necesidad de constatar si Melvin estaba en sus cabales. Continuaron entonces, sin demoras ni retrasos, la travesía.

[Editado por gondor67 el 16-10-2007 19:02]

[Editado por gondor67 el 16-10-2007 19:07]

Fragmento 2 por Gondor67

Rodearon un extenso codo del río Entaguas, pues la profundidad en esta zona era mayor a lo aconsejable para atravesarlo sin tener que lamentar la pérdida de los pertrechos que portaban o verse arrastrados por la fuerte corriente y morir ahogados. El hermoso torrente atravesaba vigoroso el corazón mismo del Reino de Rohan,. La mañana había tocado a su fin, el mediodía era cálido, pero no sofocante, recién corrían los primeros días primaverales. El camino estaba delineado a izquierda por las aguas caudalosas y a derecha por un conjunto de viejos sauces que se erguían sobre su flanco, dando el aspecto de una interminable y elegante galería que filtraba el sol y transformaba su intensa radiación en miles de pequeños haces de luz, logrando de la manera mas hermosa y confortable, disminuir el calor y las molestas quemaduras, que a pesar de la época, producía el contacto directo con los rayos solares. Las benignas condiciones que presentaba el clima y el camino no parecía animarlos, en sus caras no se reflejaba ninguna sensación cercana al placer, por el contrario sus miradas eran sombrías.

Debió transcurrir no menos de cuatro horas, de sostenida marcha, para que Melvin decidiera que era ocasión de tomar un descanso y preparar un refrigerio. Se ubicaron sobre un costado del camino, debajo de una arboleda tupida y sobre un acolchado tapiz de césped. Se los veía cansados y agitados. Reposaron, inmóviles, brevemente. Una vez recuperado el aliento extrajeron de sus bolsas la comida. Para estas ocasiones eran ideales las carnes maceradas con sal que con gran habilidad y siguiendo una vieja receta hobbit preparaban en la comarca y que llamaban “secadita”. La carne se mantenía fresca y sabrosa por más de tres meses. Melvin cortó, con su afilada daga, varias rodajas de cerdo y Einar de cordero, ambos acompañaron las “secaditas” con pan negro. Tomaron “ginelar”, un brebaje amargo, preparado con agua y la ralladura de raíces secas de gincar, que traían en un viejo pellejo. Era una bebida muy utilizada en este tipo de viajes, porque tenía propiedades energizantes. No podríamos aseverar que revitalizaban al igual que una porción de “lembas” élficas pero producían un efecto positivo en la recuperación de las energías. El almuerzo, sin embargo, fue demasiado frugal si tenemos en cuenta que no habían tomado el habitual segundo desayuno, que todo aquel que se preciaba de ser un buen hobbit, disfrutaba cerca de las diez de la mañana.

Los viajeros tenían ahora un mejor semblante, la comida, el reposo y una amena charla sobre su añorada Comarca habían hecho olvidar por un momento sus preocupaciones.

Einar era un joven y hábil hobbit, tenía treinta y tres años, era descendiente de Camar “el elegante” de la familia de los Limaranos y del linaje de los Brandigamo, por parte de su madre, sobrina de nuestro conocido Meriadoc. A pesar que sentía un gran apego por su casa y por la esmerada atención que le rendía su querida madre, era muy afecto a realizar pequeñas excursiones por los alrededores de la Comarca, razón por la cual había desarrollado grandes condiciones de explorador. Había conocido a Melvin en una de aquellas tradicionales fiestas que se organizan cada año cuando finaliza la cosecha. Melvin no era lo que se dice una persona popular. Sus continuos y prolongados viajes fuera de la Comarca no eran bien vistos, como tampoco sus actividades desconocidas. A pesar de ello su conducta era intachable, su proceder amable y discreto, nadie podría emitir, en cuanto a su comportamiento, queja alguna. Era un hobbit de mediana edad, que en apenas quince días cumpliría cincuenta y cinco años. Su contextura fornida pero estilizada y su elevada estatura, para la media de su raza, le conferían un aspecto atlético. Sus ojos claros y sus facciones armoniosas hacían de él, el blanco preferido de las miradas furtivas de las chicas de la Comarca. Residía, eventualmente, como se ha dicho, en un agujero hobbit desprovisto de todo lujo y excesivo confort. Einar había oído hablar acerca de sus extraños viajes, y movido, quizás, por su espíritu aventurero se propuso conocerlo. Lo encontró bebiendo una de aquellas exquisitas cervezas que servían en estas fiestas y con su consentimiento se sentó a compartir la velada. Durante al menos tres horas, bebieron alegremente y contaron cada cual sus mejores aventuras. Desde un principio hubo una química especial, los encuentros fueron cada vez más frecuentes y una estrecha amistad quedó sellada entre ellos.

En aquel lugar que reposaban, el río salvaba un pequeño salto, generando con el golpeteo del agua sobre las rocas una suave bruma que confería al lugar una frescura agradable. Ya sobre el final de la extensa sobremesa, Einar sintiéndose reconfortado en su espíritu se animó a interpelar a Melvin.

-Necesito que me expliques algunas cuestiones concernientes a nuestro viaje- dijo Einar dejando traslucir en su rostro un sin numero de interrogantes.

-Sí, entiendo tus inquietudes- respondió Melvin en tono compresivo y paternal- Yo mismo las tuve en el momento en que me fue confiada esta misión. Por razones de tiempo te iré informando durante el transcurso de nuestro viaje. Por el momento no te revelaré, pues así me fue ordenado, la razón principal del mismo.- Dijo con voz grave y firme incorporándose levemente y adoptando una postura más ceremoniosa.

Fragmento 3 por Gondor67

Hizo una pequeña pausa, como buscando ordenar sus ideas y prosiguió.-Considero, que será necesario explicarte cómo es posible que nos dirijamos a las montañas de Gondolin, que como, no es difícil intuir, conoces, por las historias que siempre hemos oído, que debería encontrarse bajo las aguas del mar.- nuevamente se detuvo, se ensimismo aun más en sus pensamientos y mirando hacia el oeste buscando un horizonte invisible a sus ojos comenzó un extraño relato:

-En el año vigésimo de la cuarta edad, un hombre llamado Sergan, se hallaba contemplando las aguas desde las costas de Forlindon. Observó como una enorme ave atravesaba el cielo en dirección a las montañas de Ered Luin. No tuvo dudas que se trataba de un águila. Trazando un movimiento semicircular el ave cambió de dirección en su vuelo y descendiendo se dirigió directamente hacia su encuentro, el tamaño y la velocidad que traía lo sobresaltó. Posándose junto al perplejo observador le pidió que le diera algo para comer y beber pues se hallaba extenuada por su extenso vuelo.(Las águilas manejan el lenguaje común de los hombres y los elfos). Sergan luego de complacerla le preguntó su nombre y de donde venía. El águila dijo llamarse Landroval hijo de Thorondor y que venía en viaje desde una isla ubicada unos trescientos kilómetros al oeste de la costa. Sin decir más, partió en la misma dirección que traía anteriormente.- La pausa que hizo Melvin inquietó a Einar, que con sus ojos clavados en él esperaba, impacientemente, la continuación de aquel extraño relato.

Melvin tomó un sorbo de ginelar y retomo la narración de la historia:

-Sergan, que era un avezado marinero, reflexionó durante varios días acerca de aquel extraño encuentro, creía conocer lo suficientemente bien el mar en un radio de trescientos kilómetros como para desconocer una isla ubicada en esa zona. Algo en su interior lo impulsó a buscar una respuesta a su interrogante. En menos de tres días reunió una pequeña tripulación de diez hombres de su mayor confianza y en una pequeña pero versátil nave se hizo a la mar. La travesía gracias a un fuerte viento, que soplaba sobre la popa, se desarrolló con velocidades que variaban entre siete y nueve nudos, lo que permitió en menos de una jornada arribar a la zona donde debían hallar la isla. Sin embargo, no encontraron mas que agua, algunos cetáceos que los acompañaron durante algunas horas y un agobiante sol que se cernía sobre sus cabezas. Durante las próximas seis horas realizaron, sin ningún resultado positivo, un minucioso rastrillaje en un área de 50 kilómetros a la redonda. Ya caía la tarde, el sol se ocultaba en el horizonte, cuando repentinamente se vieron envueltos por una espesa bruma que les impedía ver más allá de la proa de su barco. Ya no soplaba el viento, anduvieron lentamente a la deriva por el término de una hora. De repente un sacudón estremeció la nave. Habían encallado en un acantilado, que se erguía unos treinta metros sobre el agua. Era una enorme pared constituida de innumerables facetas angulosas de roca dura, compacta y color grisácea. La bruma se disipó unos segundos antes de encallar. Sergan supo, por alguna razón, que se trataba de la isla que estaba buscando, en ese instante se sintió cansado, como si un repentino sueño lo hubiera atrapado, quiso pedir ayuda a sus compañeros, pero todos ellos yacían dormidos en cubierta. Una figura magnífica se le presentó parada sobre el gran muro de roca. Su aspecto era increíble, intimidatorio y fascinante a la vez. Con una voz que parecía la de cien hombres, se dirigió a él indicándole que estaban en la isla de Gondolin, que ya no podrían regresar a ella nuevamente y que debería buscar a un mago llamado Grimdan e informarle del hallazgo. El extraño personaje no dió a conocer su nombre, pero Sergan, era un gran conocedor de la historia de la Arda, no dudo que aquel coloso era Ulmo. El sueño se hizo mas profundo y la oscuridad cubrió sus pensamientos. Cuando hubo retornado en sí, despertó a la tripulación y comprobaron que se hallaban en altamar completamente rodeados de agua, no había ningún rastro de la isla. Nunca supieron si lo que les ocurrió fue real o se trató de una especie de alucinación colectiva, sin embargo, Sergan tuvo la certeza en su corazón de que todo había sucedido.-

Melvin detuvo su relato en este punto. Su expresión denotaba el mismo convencimiento que tuvo Sergan de que toda esta historia era verdadera. Einar estaba más asombrado que al principio. No pudo o no supo que decir. –Esto es lo que te contaré por el momento, con ello queda en claro porqué razón nos dirigimos a un lugar aparentemente ya desaparecido.- dijo Melvin dando por finalizada la charla.

Fragmento 4 por Gondor67

Se pusieron en camino para aprovechar las horas de luz que le quedaban al día. Según los cálculos de Melvin, llegarían, antes del anochecer, al puente “Pequeño”, que atraviesa el Entaguas unos cinco kilómetros antes del bosque de Fangorn. Esto resultaría muy ventajoso, puesto que a unos treinta metros del lugar hay un refugio para viajeros donde podrían pasar la noche al abrigo de un techo, preparar una cena más abundante que el almuerzo y reponer fuerzas para emprender una jornada que sin duda resultaría fatigosa. A la madrugada del día siguiente deberían internarse en el extraño bosque. Los hombres de la comarca intuían el gran número de dificultades y peligros que los esperaban a la sombra de los grandes árboles.

– Melvin, ¿Conoces bien el camino que tomaremos para atravesar el bosque?- preguntó Einar, dejando clara su preocupación.

Melvin se detuvo, habría querido mostrar mayor optimismo, pero prevaleció su realismo-Sí, claro que conozco el camino, pero no creo que esto sea suficiente para que nuestro recorrido sea sencillo, presiento que más de un peligro nos espera. También la fortuna deberá acompañarnos. Confío que tus habilidades de explorador y tu aguda vista nos darán una pequeña ventaja sobre los inconvenientes que nos acechen.- Confió, Melvin, con toda sinceridad. Una creciente incertidumbre, que encogía su corazón, se vislumbraba en ese hermoso rostro.

Einar no respondió, pensaba que sus “habilidades”, no habían sido probadas más allá de la Comarca y, claro está, en circunstancias muy distintas. Trataba de imaginar, construyendo en sus pensamientos distintos escenarios, como reaccionaría ante estos innumerables peligros.

El último tramo de la caminata se consumió en silencio, con todos los interrogantes marcados en las expresiones de sus rostros. De pronto sus semblantes cambiaron. Luego de subir una pequeña estribación del terreno, avistaron el ansiado objetivo. Apuraron el paso, como niños que se rencuentran con su madre, corriendo al encuentro de la primera parada de descanso en su itinerario. Por un instante el cansancio y la pesadumbre habían desaparecido.

Cruzaron el Puente “Pequeño” con ánimo renovado. Comprobaron que su nombre correspondía a la estrechez del mismo y no a su tamaño general, como habían supuesto en un principio. Tenía no más de un metro de ancho, razón por lo que se vieron obligados a cruzarlo en fila india. Estaba construido con un piso de tablas de madera dura y verdosa, una baranda de soga a cada lado y un conjunto de tensores también de soga, pero de mayor diámetro, dispuestos en forma de abanico que nacían en su parte media y que se sujetaban de unos contrafuertes, conformados con troncos redondos y uniformes, ubicados en los extremos del paso. El diseño del puente había sido realizado con la suficiente robustez para desafiar, sin mediar apoyos, el cruce del río, en una extensión de veintidós metros y a una altura aproximada de quince.

Cuando promediaban el cruce divisaron el refugio. Una edificación importante que emergía desde una espesa formación de árboles ubicados sobre una ligera elevación del terreno. Einar se sintió aliviado, le pareció más que adecuado. Pensó incluso que era de una construcción elegante y tamaño excesivo. Se preguntó quién habría dedicado tanto esmero en realizar una obra de esas características, con el solo propósito de utilizarla como albergue temporario. “Bah, qué importa quién lo haya hecho, nos será de gran provecho” reflexionó. Sin embargo, no podía dejar de contemplar la maestría con la que el artista había entrelazado los volúmenes que formaban las paredes de madera, los asimétricos faldones del techo y la prominente y espigada chimenea de piedra. La sorpresa no le resultó menor al trasponer la pesada puerta de roble, el esmero del autor no había menguado en el interior, las habitaciones, los muebles y hasta los accesorios decorativos estaban en impecable armonía. Miró con detenimiento cada rincón, y con un gesto de satisfacción se mostró reconfortado. Este sentimiento nos parecería exagerado, si nos olvidáramos el gran aprecio, particularmente acentuado en Einar, que tienen los hobbits por sus viviendas (los agujeros más lujosos y confortables que puedan existir en la tierra).

Mientras tanto, Melvin, más pragmático, acomodó sus pertenencias sobre una gran mesa polvorienta ubicada en el centro de la sala principal. Su única preocupación en ese instante era revisar los pormenores del trayecto que harían por la mañana para atravesar el bosque de Fangorn. Cuando Einar cerró completamente la puerta, la casa quedó casi a oscuras, la poca luz que le quedaba al día apenas se colaba por pequeñas rendijas e imperfecciones en el cierre de los postigos. Melvin tomó una banqueta de madera que le pareció lo suficientemente solida y se subió a verificar que las lámparas de la araña de hierro, que colgaba por encima de la mesa, tuvieran suficiente aceite. Bajó de un brinco, se acercó a la chimenea y haciendo gala de su habilidad, encendió rápidamente el fuego, con una pequeña ramita en llamas, logró que las lámparas cobraran vida, iluminando cálidamente el refugio. La luz terminó por dibujar la fisonomía de todos los rincones de aquel acogedor lugar. Einar, en apenas veinte minutos, dejó relucientes los lugares, muebles y objetos que les serían de utilidad durante su breve estadía. Miró a su alrededor y se sintió a gusto. “Cómo en casa” pensó.

Mientras el hobbit mas joven preparaba una exquisita cena, lo cual era sin duda otra de sus habilidades, Melvin tomó su bolsa, extrajo varios elementos, rebuscó insistentemente y con un claro fastidio y nerviosismo refunfuñó -¿Dónde puse el mapa?- Estoy seguro de haberlo guardado en la bolsa.- Su cara enrojecida, su cuerpo encorvado y las manos tensas apoyadas sobre la mesa, eran un espectáculo que Einar no se permitiría desaprovechar.

-Con ese malhumor no creo que puedas recordar nada- ironizó Einar, haciendo un alto en su tarea culinaria.

Su amigo no se encontraba, en este preciso momento, con muchas ganas de recibir consejos -Sí, claro, voy a aprovechar este viaje para aprender a ser alegre, simpático y de buen talante como tú- Contraatacó, Melvin, con una sonrisita sarcástica. Acto seguido su cara se iluminó, su cuerpo se relajo y una sonrisa se satisfacción devolvió a ese rostro su belleza natural – ¡Por fin! Yo sabía que lo había puesto- festejó con alegría sosteniendo en su mano, como si se tratara de un valioso trofeo, un pequeño pergamino plegado en varias partes.

De cualquier modo Einar no estaba dispuesto a perderse la oportunidad de divertirse de su amigo -¡Muy bien! Veo que has aprendido tu primera lección.- Señaló desde la cocina, blandiendo un cucharón y con cara de severo profesor. Soltando una estrepitosa carcajada agregó. –Sin duda serás un gran alumno, ya lo creo-

El aroma de ese delicioso potaje iba esparciéndose lentamente por la habitación, desconcentrando visiblemente a Melvin. Su estomago vacio prevalecía sobre sus pensamientos. Repasaba una y otra vez con su dedo el recorrido marcado en el mapa con tinta color verde, mientras susurraba con voz ronca alguna de las anotaciones que aparecían a los lados del mismo.

Por fin, las ansiadas palabras mágicas fueron pronunciadas -La comida está lista- anunció Einar

-¡Muy bien! Se alegró Melvin, dejando en claro que su mayor preocupación en ese instante no era ya el estudio del mapa.

-Dime, Einar, a qué pertenece ese irresistible olor con el que mes has torturado la ultima hora.- interrogó, haciendo una mueca de exagerada desesperación.

Einar tomó la marmita de hierro con sus dos manos protegidas por unos gruesos guantes de lana, caminó los diez pasos, no sin esfuerzo, que separan la cocina de la mesa, la apoyó en la mesa, levantó la tapa y con voz profunda y ceremonial, que hizo recordar a Melvin la taberna mas distinguida de Hobbiton, dijo –Guiso de lentejas, con raíces del bosque, especias y cordero.-

El suculento aspecto que tenía, su exquisito aroma y el hambre produjeron en Melvin una de las mas felices expresiones que su rostro nos entregaría en todo el viaje.-Esto si que es comer- Dijo, haciendo alusión al frugal almuerzo de horas antes, aunque, segundos despues, su alegría se vio recortada por una resignada expresión. Comprendía que era más probable que se repitiera la frugalidad de almuerzo antes que esta opípara cena.

Einar leyó los pensamientos de su compañero, y dejando de lado su actitud burlona animó Melvin -Me alegra que te guste, nos dará, junto con un buen descanso, energías suficientes para enfrentar, con éxito, el cruce del bosque de Fangorn- Señaló satisfecho, también, por el honor recibido.

Disfrutaron de la cena y una larga y amena charla durante una hora. Luego Einar preparó las camas mientras que Melvin terminaba, al fin, con el análisis del trayecto indicado en el papiro. Apagaron las luces y descansaron plácidamente.

[Editado por gondor67 el 25-11-2007 12:28]