Historia privada
En búsqueda de la Gran Música
Daeron cabalgo sin detenerse hasta que todo lo conocido para él quedara atraz y se quedo solo en medio de la extensa llanura de los famosos campos de Pelennor, que mucho tiempo atraz hubiera la más grande batalla de la Tierra Media.
Miro la ciudad que dajaba Minas Tirith, que ahora lucia empequeñecida, tocada por las sombras de la noche que ya cubrian el cielo y parecia un velo profundo que deseaba ocultar toda su belleza.
Nuevamente continuo con la cabalgata un rato más pero esta vez iba despacio sin mucha prisa como si quisiera demorar la partida de su amada tierra, la tierra que lo vio nacer.
Despues de un rato se detuvo de nuevo porque su caballo necesitaba un descanso. Daeron bajo de la montura y dejo que su caballo pastara cerca mientras él caminaba alrededor, no camino mucho cuando escucho el apasible susurro del agua que corria, fue hacia la direccion unos cuantos metros más y pudo notar entre las sombras el pequeño arrollo serpenteante que corria y se perdia en la distancia. En ese arrollo bebio hasta saciarse y se lavo. Despues de mucho rato regreso de nuevo y encontro al caballo ya preparado para la marcha. Daeron al volver traia el rostro mojado por el agua, aunque si una persona lo hubiera visto, habria notado que habia estado llorando.
Daeron se acerco al caballo cuando termino de secarse el rostro y al estar cerca de la bestia lo acaricio.
-¡hay! mi buen Ligero-dijo- tú siempre me acompañastes en mis viajes hacia Rohan y Belfalas. Siempre fuistes incansable e intrepido como el lugar de donde provienes. Ay, querido amigo espero que no te molestes por llevarte a un viaje tan largo.
El animal lo miro como si comprendiera las palabras de su amo y relincho pues parecia que habia aprobado aquel viaje.
-vamos compañero- dijo Daeron mientras tomaba al caballo de las riendas- caminaremos un trecho más y luego buscaremos un lugar para descansar.
Asi empesaron otra vez Daeron adelante tomaba las riendas con firmeza y caminaba despacio mientra veia el cielo ya cubierto de estrellas pues la noche habia llegado al fin. Era una noche fresca, el viento era solo una ligera brisa que envolvia y la oscuridad no era densa porque la luna estaba en lo alto y era palida y clara sin nubes que pudieran ocultarla. Ahi andava Daeron con la mirada al frente viendo la noche, la oscuridad, la luna y empesaba a recordar cada pequeño suceso de como una música que escucho en la niñez habia cambiado por completo su destino.
Capitulo 2: Una Música llega al corazón
-¡Es cierto que iremos a Belfalas! - dijo Daron a su madre lleno de asombro.
- Así es - respondío ella mientras sonreía al comtemplar a su hijo tan dichoso por la noticia que tuvo la impresión que pronto estaría saltando por toda la casa.- ya eres un muchachito grande, por ello me acompañaras a visitar al abuelo, tu padre quiere que lo cuide por unos días mientras se restablece.
- ¿Cuando partimos? - Pregunto
- mañana al amanecer- respondió - tenemos muchos preparativos que hacer antes de la partida.
Daeron casi no podía creer lo que se avecinaba, un viaje, una aventura, eso le decia cada golpeteo de su corazón. Este sería su primer viaje fuera de la ciudad, fuera de la tierra que conocía para internarse a un lugar desconocido pero a la vez maravilloso. sin embargo su mayor felicidad era saber que iría a Belfalas, pues tenía muchos deseos de contemplar el mar que tantas veces su padre le había contado desde que era niño. cada palabra de aquellos maravillosos relatos y leyendas que tenían como tema el mar, quedaron grabados profundamente en su memeria, ya que el padre de Daeron era oriundo de Belfalas, pero cuando ingreso a la guardia del rey se mudo con su esposa a Gondor y ahí nació Daeron y sus dos hermanos y en ese rincon del mundo fueron criados con amor y cuidado. El padre de Daeron inculco el anhelo por el mar, por todas las cosas que le contaba acerca de la ciudad de Belfalas y su amor por aquella visión de la costa y de las aguas que ivan y venían nunca lo olvido y siempre estaba presente en su corazón.
Ahora Daeron a sus escaso 13 añosv vería aquel mar soñado con sus propios ojos.
Toda aquella tarde ayudo a su madre con los preparativos, mientras los pequeños Laeron y Lidia eran cuidados por su tía, que se quedaría a cargo de la familia en la ausencia de la madre. Cuando llego la apasible noche toda la familia ya dormía cansados por los preparativos de la tarde, pero Daeron se encontraba echado en su cama conteplando por la ventana el cielo salpicado de estrellas brillantes, aunque se sentia agotado por todo el trabajo realizado no podía conciliar el sueño, nuevamente se tapo con las mantas y pasaron los minutos lentamente mientras imaginaba que ya caminaba por las calles de Belfalas y que luego corría por la orilla del mar persiguiendo gaviotas y con estos pensamientos tan felices se quedo dormido.