-¡Hacia Tiempo que no veia una veta como esta! -exclamó Kizgil. Los otros Enanos empezaban a extender las lamparas hacia el interior del maravilloso tunel.
-Cuidado -aconsejó Zandurim-. Se ha dicho que algunos han venido hacia aqui y no han vuelto.
-¡Tonterias!- exclamó alegremente el otro-. Si no han cogido unos cuantos de estos pedruscos y se han largaco a venderlos, ¡Yo soy un elfo!
Avanzó a la parte mas oscura de la caverna y dio un hachazo a la ennegrecida pared. Unos resplandores plateados los deslumbraron y los enanos chillaron excitados.
Cogió el pico y se acercó a la zona mas oscura, escapando a la vista de sus compañeros. Pero al golpear el fondo de una enorme piedra el impacto lo estremeció y cayó al suelo.
-¡Provocaras un derrubamiento! -se quejó Zandurim- ¿Que haces?
La respuesta fue una explosion de llamas que se extendieron por toda la caverna calcinando a muchos. El resto huyo pasaje arriba, gritando palabra de prevencion y auxilio. Doblaron por unas escaleras de madera que se extendian hacia arriba, por un muro que caia a pique. Abajo la gruta se estaba devastando.
Uno a uno los enanos fueron cayendo, mientras el terror sin nombre subia por las escaleras consumiendolas. La llama los perseguia.
-¿Que sucede? -preguntó un enanos que habia salido de una herreria cercana, donde se formaba la plata y el oro antes de darles forma completa.
-¡AVISAD A DURIN! -gritó Zandurim- ¡SOLO EL PODRA ENFREENTARSE A…!
Pero cayó a las fauces abiertas de la llama. La destruccion der Khazad-dum habia empezado…
¡Khazad! -resonaran los gritos para siempre en ecos que nadie oira -¡KHAZAD AI-MENÛ!