– Es la voz de Radagast el Pardo.- contestó Hasym, sin abrir los ojos.- Me habla a través de las aves.- efectivamente, se oían aves en lo alto. Hubo una pausa y continuó.- Hay problemas- dijo -, y quiere que vaya al Bosque Negro lo antes posible. Como lo sospechaba, en el Sur la Sombra Negra se está extendiendo cada vez más.
– ¿Sombra Negra?- preguntó la joven intrigada.- ¿Saurón?
– ¡No pronuncies ese nombre en estas tranquilas tierras!- exclamó Hasym, dando un respingo de molestia.- Suficientes problemas hay ya, para que su Ojo se pose aquí.
– Lo siento.- se apresuró a decir Mislif, asustándose.- ¿Tan grave está todo?
– Así parece…, y está recién empezando.- contestó el mago sombríamente. Hubo otra pausa, esta vez más larga, y al fin, y trabajosamente, Hasym se puso de pie.- Debo preparar todo.- anunció.- Si vas a venir conmigo arregla todo para esta noche; yo haré lo mismo. No marcharemos con los Enanos, ellos tienen otra misión.
– ¿Otra¿De qué se trata?
– Irán a la Montaña Solitaria.- contestó Hasym con indiferencia; pero luego vio la mirada inquisitiva y anhelante de la joven y agregó.- Darán aviso a los Enanos de allá de lo que ocurre. Tal vez, Elrond realice un Concilio.
– ¿Concilio¿Elrond?- quiso saber Mislif.
– Ya haz preguntado demasiado, jovencita.- gruñó Hasym con desdén.- Si vas a ir conmigo, será mejor que te arregles cuanto antes.
– ¡Muy bien!- exclamó, levantándose de un salto. Luego de despedirse rápidamente del mago, salió corriendo en dirección a su hogar, hasta que una duda la asaltó. Retrocediendo sobre sus pasos, llegó hasta Hasym y le preguntó.- ¿Debo llevar mis dardos?
– Creo que será lo mejor, puesto que ya estás capacitada para usarlos.
– Jeje. ¿Ves que, de todas maneras, igual terminas respondiéndome más preguntas?- rió la joven. Luego echó a correr nuevamente, presa de gran emoción, hasta su hogar. Una vez dentro, encontró a su madre conversando con una mujer gorda y bastante vieja, la llamada “señorita” Tolfin.
– ¡Oh, buenas tardes, joven Mislif!- saludó la mujer con sus sonrojadas mejillas y con una sonrisa idiota.- ¿Paseando a estas horas?- preguntó con un fulgor de astucia.
– Al menos tengo una vida.- susurró Mislif enojándose. Aquella respuesta causó la indignación de su madre y el nuevo color granate del gordo rostro de la señora Tolfin. Mislif subió, a toda prisa, las escaleras y en quince minutos ya tenía un bolso listo con todo lo que necesitaba; además del traje de viaje que Olie le había obsequiado para su cumpleaños. Junto al traje estaban los dardos y unos guantes especiales para lanzarlos, que llegaban hasta el codo.
A las diez de la noche, y bajo una enorme luna, que extrañamente había salido entre las densas nubes de las Montañas Grises, apareció Hasym bajo la ventana de Mislif. Ésta última no había salido de su habitación y sólo había escrito una breve nota para su madre, que decía: “Voy y vuelvo. Mislif”. La escritura nunca había sido su punto fuerte.
– ¡Hey, Estrella del Norte!- susurró Hasym desde abajo.
– Voy enseguida.- contestó la joven con alegría reprimida. Era demasiada emoción, que sentía que, en cualquier momento, estallaría. Se puso rápidamente una capa de viaje y tomó su bolso, nada grande, sobre los hombros. Además se colocó, con entusiasmo, los guantes con dardos.
Bajó las escaleras en unos segundos y, cuando ya estaba en el umbral de la puerta, miró hacia atrás, sintiéndo una extraña nostalgia. ¿Por qué sería, si sabía que regresaría dentro de unos días¿Sería un presentimiento? Si fue aquello, era un pensamiento bastante oscuro, porque sintió que una sombra de miedo le cruzaba por la mente. Como no consiguió respuesta, suspiró y cerró, silenciosamente, la puerta tras sí.
– ¿Estás lista, pequeña?- sonrió Hasym, una vez que la joven estuvo a su lado.
– Completamente.- contestó Mislif, sin poder evitar responderle la sonrisa.
– Muy bien. ¡En marcha!
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(1) Si alguno de ustedes ha visto Rurouni Kenshin, o Samurai X, etc, conocerá la forma en que Misao Makimachi lanza sus dardos. Se me ocurrió que Mislif hiciera lo mismo (tal vez sea algo poco original, pero bueno…).