Humo y Fuego en el Sur: La División Fëanor

Sorpresa: el campamento Harad era una verdadera fábrica. 2 galpones, 4 hornos, máquinas y gran cantidad de madera. Esto último les llamó la atención. Una guarnición de más o menos 50 Harad y 4 Mûmakil en sus respectivos establos. Rápidamente, Baltdegor llamó a consejo de guerra: “Estamos a 5 días de Pelargir, no tenemos tiempo. Debemos infiltrarnos y capturar el campamento enemigo y conocer sus planes… Derghön, llevarás a 10 hombres y los pondrás al suroeste del campamento, para cortar cualquier escape. Funderen, irás al sur, donde están los Mûmakil. Llevarás 7 hombres. No quiero que el enemigo monte o suelte esas bestias. Ardeting, el Infiltrador, amigo, irás con 4 hombres por el este, donde están los hornos. Reconoce el lugar y después haz tu trabajo. Dethanon, observaremos por el norte. Tú irás con 5 hombres y yo con el resto… Hermanos, observen, sean cuidadosos, utilicemos nuestros conocimientos y entrenamientos de montaraces. El rey Elessar confía en nosotros… Recuerden: si se da la oportunidad, ataquen, capturen o maten. No dejen rastro. Si nos descubren y se da la alarma general… que Elendil nos proteja. En la madrugada nos dispersamos”. De este modo, Baltdegor se reunió posteriormente con cada grupo y les indicó más profundamente cada paso a realizar.

El desplazamiento de las tropas fue según lo estipulado. Derghön se puso en la vanguardia. Casi logró atrapar con vida a 3 guerreros Harad que venían desde Umbar con provisiones, pero se les dio muerte ya que intentaban escapar. Funderen aniquiló a los guardias de los Mûmakil y fijaron las puertas de los corrales. Ardeting llegó a los hornos y vio cómo fundían el metal, que, escurridizo y ardiente, entraba a unas especies de galpón o fábricas, donde se escuchaba el resonar de los golpes al metal. Dethanon y su grupo atacaron al unísono a la guardia que estaba junto a una de las fábricas. Baltdegor arremetió contra la guardia del lado noroeste del emplazamiento. Al cabo de 2 horas, el plan había resultado conforme a lo dictado. Pero todo cambió cuando, desde una de las fábricas, salió un grupo de Harad, alrededor de 10, que conducía a golpes a un grupo de no menos 25 personas. El que dirigía al grupo de guerreros, de nombre Hartgort, los escupía y alardeaba: “Malditos gondorianos, son perezosos. ¿No son los descendientes de Númenor?… Bah, porquerías, buenos para nada”. “Llevamos 2 días trabajando sin parar”, respondió uno. “¿Cómo te atreves?”. Sacando su cimitarra, Hargort le rebanó el cuello al malogrado trabajador. A Sigonor, “el Arquero”, que iba junto a Baltdegor, le fue ordenado clavarle en el cuello su letal flecha. Lo único que sintieron los guerreros Harad fue el silbido de la precisa y mortal saeta, la cual entró por la yugular del despiadado esbirro. Rápidamente, el grupo cerró filas alrededor de los trabajadores gondorianos. Ardeting, que se había desplazado letalmente con su grupo de hombres, abrió fuego disparando una andanada de flechas que se fueron a perder en los pechos y cuellos del enemigo. Por su parte, Dethanon también hizo lo suyo con precisos ataques. El grupo de Harad, al ver cómo caían sus compañeros, empezó a aniquilar a los trabajadores. Dos de los guerreros corrieron hacia una de las barracas, la que estaba más al norte. Funderen y sus hombres trataron de derribar a los dos, pero solo uno cayó. El que logró escapar se perdió dentro de la fábrica. Los que quedaron resistieron hasta caer uno por uno. ¿Qué más podían hacer? Con la oscuridad de la noche no podían ver nada y las antorchas que iluminaban el exterior no hacían mucho.

De los 25 trabajadores gondorianos, solo 9 se salvaron. Rápidamente, Baltdegor reunió a su grupo y pidió a Sigonor que condujera a los compatriotas fuera del campamento. Baltdegor comentó: “Hermanos, contabilizamos alrededor de 50 guerreros enemigos. Nuestro grupo redujo a 5 que estaban apostados”. “Nosotros 3 que venían al campamento desde Umbar”, dijo Derghön. “5, señor”, agregó Ardeting. “6 en los Mûmakil”, sumó Funderen. “4 derribados”, comentó Dethanon. Continuó Baltdegor: “Más estos 9, tenemos un total de 29. Todavía faltan bastantes. Manténganse a cubierto, solo ataques a distancia. Debemos confundir al enemigo; su desorientación será su fin”. En ese instante, todo el lugar quedó en silencio. Baltdegor sintió un hielo que estremecía el lugar. “Algo no está bien. Tranquilos”. Toda la calma se esfumó de súbito cuando, desde la barraca norte, salió un objeto que explotó e iluminó la oscuridad de la noche. El resplandor fue considerable y enceguecedor. Baltdegor y sus hombres quedaron encandilados y sin orientación. Solo escucharon un rechinar de gritos y metales. Desde el interior de la estructura salió un contingente de Haradrim: 30 enfurecidos guerreros blandían sus espadas y escudos. Algunos llevaban alabardas y arcos. Se abalanzaron sobre la desorientada División Fëanor.