¡Adios Eldari!

Nota: Se trata de la desesperada despedida que dedica Endor, la Tierra Media, a Eldari, el Pueblo de los Elfos, cuando estos deciden cruzar las aguas y partir a Valinor para no regresar nunca.

” Grandes penas he sufrido en mis largos años,
que grandes alegrías han sabido curar,
y la más grande de entre todas ellas
es ahora una pena que no puedo soportar.

Mis ojos han contemplado tu eterno rostro,
reflejado sobre las aguas que sacian mi sed,
mostrándome la sabia visión de lo hermoso,
mientras yo te enseñaba a querer.

Mis oídos han escuchado tus dulces cantos,
resonando claros en mis bosques y colinas,
que emulan la bella músca de los Ainur
que algún lejano día me dieron la vida.

Mi callada voz te ha susurrado al oído,
llevada a través del viento revoltoso,
mientras jugaba con sus largos dedos sedosos
entre los finos pliegues de tus vestidos.

Mi rugosa piel ha sentido tu suave tacto
cuando acariciabas con manos delicadas
el regio tronco, curtido en edades pasadas,
de los árboles que Yavanna protegió tanto.

En silencio, he llorado lágrimas de sangre,
por cada rey tuyo que sobre mi ha caído;
he amado a través de tus cinco sentidos
a cada bella dama que de tus hijos nace.

Te he visto despertar, soñando en Cuiviénen.
Te he visto amar, bajo el inmenso firmamento.
He visto tu dolor y compartido tu lamento.
¿Tendré ahora que ver lo que mi alma teme?

Cada paso tuyo es una flor que se murcha,
convirtiéndose en una amarga lágrima
que se derrama en mi anciana y basta piel,
hiriéndome en lo más profundo de mi ser.

Cada huella que tus cansados pies dejan atrás
se marca con fuego en mi corazón herido,
quemándome, desgarrándome por esta verdad,
cuyo daño jamás caerá en mi olvido.

Los ayer queridos grises parajes de Mithlond,
son hoy tu destino y mi desesperación;
y el gran océano que un día te trajo a mi,
eternamente me separará de ti.

¿Quién cuidará de mis solitarios árboles,
y les enseñará el sabio arte de hablar?
¿Quién caminará mis valles, si tu ya no estás?

¿Quién contemplará las blancas estrellas de Varda,
cuando la esplendorosa Arien se oculte,
y el albo navío de Tilion los cielos surque?

¿A quién acudirán las criaturas y los bosques,
a quién Atanari, el Pueblo de los Hombres,
desnudos de tu sabiduría, si tu te vas?

No habrá despedida con blancos pañuelos,
agitándose esperanzadores al viento,
si no el penetrante sonido del silencio.

No habrá sonrisas, ni palabras de consuelo,
por que ningún consuelo calmaría mi tristeza,
y ninguna sonrisa alegrará esta pena.

No volverá Elanor a brillar en Cerin Amroth,
donde la bella Undómiel para siempre dormirá,
pues su brillo contigo el ancho mar cruzará.

Ithilien, Imladris o la hermosa Lothlórien,
te ven ahora partir, y sus raíces lloran,
esperando a que el tiempo su presencia borre.

Los años borrarán tu recuerdo de mi faz,
más nada podrá borrarlo de mi memoria,
que volverá incansable a tus tiempos de gloria.

¡Oh, hermoso barco que hábiles manos crearon!
¿por qué lo alejas de mi? ¡No te lo lleves!
Mi corazón quiere odiarte, pero no puede.

En los Puertos Grises llega el temido final.
No Gandalf, no todas las lágrimas son amargas,
más el dolor de vuestra ida no se calma con palabras.

¡Namárië Eldari! ¡Hermoso Pueblo de los Elfos!
En las lejanas tierras del Oeste, piensa en mi;
yo, aunque a otros vea nacer, siempre pensaré en ti.