La Única cosa que Tolkien no pudo…

Como un lingüista que conocía las relaciones entre la Indoeuropea *dyeu- y sus descendientes Tyr (un dios noruego de la guerra), Zeus (el rey de los reyes griegos) y el latino Dios, Tolkien entendió muy bien que palabras y tradiciones estaban relacionadas con ello y podían cambiar a lo largo de los siglos. Tyr, Zeus, Júpiter y otras derivaciones están asociados con el cielo, pero Tyr se convirtió en un dios de la guerra de segunda importancia (su aventura más destacada consiste en el sacrificio de su mano derecha en la captura del lobo Fenris, en el cual está indudablemente inspirada la confrontación de Beren con Carcharoth).

Por tanto, Tolkien no debió tener problema con todas esas historias entre historias. En algún lugar de cada una preservó bastante de la leyenda verdadera que el lector puede entender que Tolkien está compartiendo una memoria de lo que realmente ha ocurrido. Pero no está compartiendo la literatura que originariamente preservó esa memoria. Para ser fiel al concepto Tolkien pudo haber tenido que escribir justamente simples versos y narraciones.
Por ejemplo, “La épica de Gilgamesh” es habitualmente citada en la primera gran aventura, pero las traducciones modernas inglesas de ella -lo presentan como trabajos originales- pueden ganar duramente algunos lectores por su absoluto tedio textual:

El que vio algo en los amplios huesos de la tierra, y conoció lo que debía de conocer
que experimentó lo que había sido, y se familiarizó con todas las cosas
Él, a quien la sabiduría se adhirió como un manto, y que habitó junto con la Existencia en Armonía
Él conoció el secreto de las cosas y se tendió con ellas desnudo. Y dijo que antes de la Anegación
en su ciudad, Uruk, él hizo los muros, que formaron una muralla que se extendía
Y el templo llamado Eanna, que fue la casa de An, el dios del cielo
Y también Lanna, diosa del Amor y la Batalla.
Fuente: <http://www.angelfire.com/tx/gatestobabylon/temple1.html>

Es justo reconocer, que una moderna traducción queda abandonada largamente al talento del traductor, pero los modernos lectores tienen la lujuria de comprar libros de bolsillo concisos, mientras que los lectores originales de la épica de Gilgamesh tienen que colgar tabletas de arcilla. El cuento fue preservado de una verdadera tradición oral, también, y muchas de las audiencias no estaban capacitadas para permanecer en la historia con el camino que podían seguir los Hobbits de un libro a otro, noche tras noche, semana tras semana. Las historias verdaderamente grandiosas eran, probablemente narradas en fiestas, bodas y en eventos especiales que se celebraban en las vacaciones.
El antiguo amor por intercambiar historias y esto ha sido sugerido por más de un erudito que muchas mitologías clásicas toman prestado de otras más antiguas. Todas las infidelidades de Zeus, por ejemplo, pueden representar intentos de fusionar varias leyendas sobre un antiguo dios del cielo dentro de una mitología coherente. A lo largo de los siglos, los narradores de historias han acumulado gran sofisticación. La tecnología, lentamente captó la habilidad de la audiencia para absorber más información también. Eventualmente, Herodoto, estuvo capacitado para componer el primer diario extendido. Su “Historia” recoge sus pensamientos acerca de las tradiciones que aprendió de algunas gentes con las que los griegos mantenían contacto. No estaba analizando las tradiciones tanto como preservándolas. Pero sus escritos eran sofisticados aun con los estándares modernos, podía revisitar los temas, algunos capítulos (o libros) después de su introducción.
Muchos de los escritores romanos intentan escribir largas historias, también, pero además desarrollan el arte de escribir historias encapsuladas, una habilidad que pasó a la Iglesia Católica Romana. La historia por sí misma se hace menos importante como la historia contada que retorna a la prominencia. La temprana literatura medieval nos ofrece la Eclessiastical History of England (Historia eclesiástica de Inglaterra) de Bede, que los modernos historiadores pueden a la vez alabar y maldecir. Bede deseaba contar unas pocas y buenas historias y reñir a algunos de los reyes contemporáneos acerca de sus fallos. Al hacerlo, aludió a cosas que hacía mucho que habían sido olvidadas. Pudo haber sido bonito si hubiera ofrecido unas pequeñas notas aclaratorias explicando a qué se había querido referir.

Tolkien nos provee de notas al pie… y notas finales… y notas dentro de las notas, indirectas, anécdotas, argumentos, fuera de línea y todo así, incluyendo trozos de papel y garabatos en periódicos de la mañana. Él quería documentar todo lo que pudiera sobre la Tierra Media, pero tuvo demasiado poco tiempo para realizar el proyecto, y crear una literatura para sostener las historias no era su prioridad. Las historias son más importantes que la literatura, justo como las historias de Bede eran más importantes que su historia real, justo como las anécdotas de Herodoto eran más importantes que relatar simplemente los hechos que después conocía.
Las anécdotas de Herodoto son, habitualmente ridiculizadas como una mezcolanza que no debería haber sido incluida en el primer intenta de escribir una historia formal. Pero si Herodoto nos habló de los hermanos egipcios que intentaron robar una tumba, liderado pro el trágico sacrificio de un hermano para salvar al otro, ¿pudo esta historia haber sido la mitad de interesante para leer que lo que realmente es? Había mucho que Herodoto quería preservar y él tuvo que escoger entre cuentos populares y mitos. Entendió bien bastante que parecía increíble para su audiencia contemporánea. También entendió que las siguientes generaciones quizás no creerían cada cosa que tenía que contar.
Sin embargo, la mano de Herodoto es algo evidente en las historias de Tolkien sobre la Tierra Media. Tolkien, como Herodoto, intentó preservar “algo”. Como San Juan viendo el Apocalipsis, Tolkien confiere una visión y se apresura en escribir todo lo que ha visto. Pero Tolkien ve mucho que no puede describir, él no lo puede grabar todo. Se distrae de su cometido una y otra vez. Para Tolkien, la historia sólo se convierte en interesante cuando está atada a una palabra. Una palabra es algo muy simple, y él tiene una larga historia. Las palabras rara vez aparecen, aunque nos parece que las tenemos todo el tiempo. Ellas, las más veces, nos vienen de otras personas, y, habitualmente el delicado cambio que se hace en los usos y los significados de las palabras hace comprimir volúmenes de historia que serán olvidados.
Tolkien habitualmente se detiene en la explicación del origen de una palabra, y eso, por supuesto, conlleva a relatar la historia de una cosa que describe la palabra, que lleva a otras palabras. Como un historiador formal, Tolkien era peor que Herodoto. Herodoto, al menos sigue un plan. Tolkien solía empezar un libro y dejarlo sin finalizar, abandonando el trabajo cerca del final, a la mitad, o cerca del principio, como le diera el capricho. Quizá, alguna vez en todos los planes sin realizar, Tolkien hizo, de hecho, un intento de crear una literatura para la Tierra Media.
Él, ciertamente no careció de argumentos básicos: los hijos de Hurin, Beren y Lúthien, Aldarion y Erendis, Fëanor y al menos media docena de otras historias que actualmente están en proceso de moldearse en las que Christopher Tolkien realmente no necesitó mucho trabajo.
Uno de tales experimento pudo haber sido el “Athrabeth Finrod ah Andreth”. Tolkien dijo que la intención para el “Athrabeth” era “dramática: para exhibir la generosidad de la mente de Finrod, su amor y lástima por Andreth, y las situaciones trágicas a las que deben rebelarse en los encuentros con los hombres y los elfos”. El comentario de Tolkien en “Athrabeth” esclarece que la narrativa es simplemente una perspectiva moderna en las diferencias culturales entre los Eldar y los Edain. Pero no le debió llevar mucho trabajo, desde que la narrativa consiste más que nada en el diálogo, para presentar el “Athrabeth” como una traducción de un texto antiguo. Sin embargo, Tolkien parece tener abandonado el motivo de la traducción de muchos de sus escritos de ESDLA.
El único cuerpo insignificante de las traducciones simuladas fue publicado en “Las aventuras de Tom Bombadil”, pero esa colección de poemas es insatisfactoria, como muchas que fueron escritas independientemente de El Señor de los Anillos y el Silmarillion, y no reflejan mucho de los pensamientos de Tolkien sobre los estilos y voces de los antiguos narradores cuyas tradiciones han desaparecido. Para legitimizarlo, uno debe caer dentro de los textos Quenya y Sindarin, que son insuficientes para representar una literatura. El lamento de Galadriel no cuenta una historia. No relata la historia. Más bien, implica lo mucho que ha pasado, y algunas cosas que pueden ser. Como la alusión de Bede a los reyes contemporáneos, el lamento de Galadriel realmente requiere que el lector posea un considerable conocimiento sobre la vida e historia de Galadriel para entender sobre qué está hablando. De otro modo, su canción es solamente un bonito poema con una gran pena pegada a él.

Pero aunque la arqueología quizás un día prevalezca y nos dé entendimiento a las oscuridades de Bede, estaremos como estrellas en el mundo de Tolkien en su distancia, con los ojos medio cerrados y como errantes a lo largo de un escape mental de prioridades confusas. Nuestro conocimiento de la historia de la Tierra Media y su literatura nos es filtrado como si fueran estudios de Shakespeare, donde sus palabras son el único recurso que ha encontrado para las tradiciones concernientes a Hamlet, Ricardo III, el rey Juan, Enrique V y Julio César.
Shakespeare escribió sobre gente real e imaginaria, y sus más famosas líneas han sido citadas una y otra vez. “Et tu, Brute” puede ser una de las más citadas frases de Shakespeare, y alguna gente dice que él solamente tomó estas palabras de la tradición. Si es así, Tolkien (al que no le gustaba Shakespeare) apunta para sí mismo las reglas del juego de Shakespeare para la Tierra Media. Rescribe las historias con algo nunca escrito, vuelve a contar cuentos nunca contados, e inventa tradiciones que desaparecieron albergadas por generaciones.
La pretensión que Tolkien hizo al copiar estas historias de la antigua literatura, no es realmente original. Alguna gente clama que Atlántida de Platón no es más que una fabricación, una pseudo historia que nunca se tomó en serio. La historia de la Atlántida ha excitado la imaginación a lo largo de 2000 años. Y, de hecho, encontró un lugar en la Tierra Media, porque Tolkien admitió más de una vez que la historia de Númenor es una derivación de la historia de la Atlántida.
Aun el sueño de Faramir de una poderosa ola alzándose en el océano, se debe a una experiencia real. Tolkien mismo confesó haber tenido un sueño. Como cualquier escritor anterior, y como cualquiera posterior, Tolkien puso algo de sí mismo en su creación. Y, por supuesto, Tolkien tomó prestadas cosas de las antiguas tradiciones para contribuir a su propias e imaginarias tradiciones. Desde el sacrificio de una mano de Beren con el lobo, el sueño de Faramir sobre la ola que se acercaba, Tolkien no siente ningún remordimiento al hacer de las tradiciones reales los recursos para su literatura perdida.
Las nuevas historias son ciertamente interesantes en sus propios términos. No merecen lo mismo que las historias viejas. Tolkien exploró un nuevo ángulo en el tema de la muerte y la búsqueda de la inmortalidad. Nosotros iremos desenmarañando estas anécdotas para las generaciones venideras y arguyendo sobre cuál de los héroes ha tenido el mayor impacto en su mundo imaginario. Y sólo el tiempo nos dirá si Tolkien nos ha dado el equivalente de “Et tu, Faramir”.

Michael Martínez.

Traducción de @Krasnaya.