¿Quién mató al Rey Brujo?

Macbeth, al igual que el Rey Brujo, se sentía protegido por la profecía; más también aquí se habría de demostrar su error. El siguiente diálogo entre Macbeth y Macduff –noble escocés a cuya familia había dado muerte Macbeth– nos recuerda de nuevo la escena de El Señor de los Anillos entre Éowyn y el Señor de los Nazgûl:

MACBETH

Tu esfuerzo es en vano.
Antes que hacerme sangrar, tu afilado acero
podrá dejar marca en el aire incorpóreo.
Caiga tu espada sobre débiles penachos.
Vivo bajo encantamiento, y no he de rendirme
a nadie nacido de mujer.

MACDUFF

Desconfía de encantamientos:
que el espíritu al que siempre has servido
te diga que del vientre de su madre
Macduff fue sacado antes de tiempo.

La tragedia de Macbeth

Ambas profecías, la de Glorfindel y la de la aparición, eran ciertas; pero al mismo tiempo ambas tenían «trampa». Si en el caso de Éowyn resulta que ésta era mujer, y no hombre, en el de Macduff lo que ocurre es que había sido sacado del vientre de su madre antes de tiempo (una cesárea, se supone, que según parece no era considerada un «nacimiento»). El Rey Brujo y Macbeth no supieron entender la verdad que se escondía en las palabras de las profecías: pudo más su prepotencia y orgullo, y eso les llevó a la derrota.

Pero en el caso de Éowyn hay más que hablar, pues en La Guerra del Anillo (tercer volumen de la «La Historia de El Señor de los Anillos») se puede seguir con claridad la evolución de su enfrentamiento con el Rey Brujo. En un primer esbozo narrativo (que el propio Christopher califica de «texto curioso») Tolkien escribió:

Ella levantó el escudo, y con un golpe veloz y súbito cercenó la cabeza del pájaro. Cayó, las vastas alas extendidas, arrugadas e impotentes en la tierra. Alrededor de Éowyn la luz del día era brillante y clara. Con un clamor de desesperación las huestes de Harad dieron media vuelta y huyeron, y sobre el terreno una cosa decapitada se alejó arrastrándose, gruñendo y gimoteando, desgarrando la capa. Pronto la capa negra también yació informe y quieta, y un largo aullido desgarró el aire y se desvaneció en la distancia.

La Guerra del Anillo, «La Batalla de los Campos del Pelennor», p. 417

Así de sencillo, sin profecía de por medio, sin intervención de Merry… cualquiera con el valor suficiente habría podido abatir al Nazgûl simplemente cortando la cabeza de su montura [cabe señalar que la «cosa decapitada» que se cita aquí es, evidentemente, el Rey Brujo, y es llamado así porque en la descripción que se ha dado de él anteriormente se dice que entre la capa y la corona de hierro no había nada, no porque lo decapitase Éowyn]. Por suerte, este fin tan anticlimático para el Rey Brujo quedó sólo en eso: un esbozo…

En un primer manuscrito («A») del capítulo, muy similar ya al texto final que aparece en El Retorno del Rey, el enfrentamiento de Éowyn con el Rey Brujo se muestra de una forma mucho más elaborada, aunque con un interesante matiz que lo diferencia tanto del esbozo como de la versión definitiva. Sobre ese texto Christopher Tolkien hace los siguientes comentarios:

Cuando el Señor de los Nazgûl le dice a Éowyn «¡Ningún hombre viviente puede impedirme nada!», ella replica, tal como se escribió el texto por primera vez: «No soy ningún hombre viviente. Estás viendo a una mujer. Soy Éowyn, hija de Éomund. Te interpones entre mi pariente y yo. ¡Vete! Pues aunque no he matado a ninguna cosa viviente, mataré a los muertos [> mataré a los Muertos Vivientes]». Esto se basa en la versión anterior de la profecía sobre el Señor de los Nazgûl: «no está destinado a caer ante hombres de guerra o de sabiduría; sino que que en la hora de su victoria será derrotado por alguien que no ha matado a ninguna cosa viviente» (pp. 381-382).

La Guerra del Anillo, «La Batalla de los Campos del Pelennor», pp. 419-420

Aquí ya hay una profecía, aunque sustancialmente diferente de la que figura en la versión final: al Rey Brujo no podría haberle matado cualquiera con el suficiente valor para hacerlo (como sucedía en el esbozo), sino alguien que no hubiese quitado la vida a ninguna criatura viviente con anterioridad… y Éowyn era esa persona.

¿Por qué se incide entonces en el hecho de que Éowyn no era un hombre, si aquí no parece influir en el desenlace? Seguramente la mejor explicación es que, como en otros muchos casos, ésa era la manera de trabajar de Tolkien, con multitud de correcciones, enlazando y desarrollando ideas, tejiendo su particular tapiz.

Pero entonces, ¿quién mató al Rey Brujo? El desarrollo de la narración parece apuntar sin duda hacia Éowyn. La presencia de Merry (excepto en el esbozo) es sin duda importante, y el cuchillo hallado en los Túmulos seguramente más que él mismo; pero aparece siempre en un segundo plano, casi al margen del verdadero enfrentamiento.

¿Habría conseguido Éowyn matar al Señor de los Nazgûl sin la intervención del Hobbit? Pues posiblemente no, porque casi con seguridad habría caído bajo la maza del Rey Brujo, y hay además constancia histórica de que en Rohan se recordaba con honor la ayuda prestada por Merry:

… pero éste [el Rey Brujo] fue aniquilado y de este modo se cumplieron las palabras que mucho antes le dijo Glorfindel al Rey Eärnur: que el Rey Brujo no caería por mano de hombre. Porque se dice en los cantos de la Marca que en este hecho Éowyn recibió ayuda del escudero de Théoden, y que tampoco él era un Hombre sino un Mediano de un país remoto, aunque Éomer le rindió honores en la Marca y le dio el nombre de Escanciador.[2]
[Este Escanciador no era otro que Meriadoc el Magnífico, que fue Señor de los Gamos].

El Retorno del Rey, «Apéndice A», pp. 403-404, n. 37

 

Digamos entonces que la intervención de Merry fue providencial, no le neguemos al Hobbit su gloria; pero quien realmente asestó el golpe mortal, la que en verdad hizo que la profecía pronunciada por Glorfindel se cumpliese fue Éowyn, doncella guerrera de Rohan.

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[1].Véase: J.R.R. Tolkien: Preguntas frecuentes (y no tan frecuentes), «¿Cómo aparecieron los Ents en la obra de Tolkien?», p. 415.

[2].El término «Escanciador», que tan fuera de lugar parece como título honorífico, se trata en realidad un error de traducción. El nombre original es Holdwine, y parece provenir del Inglés Antiguo hold, «fiel, leal», y wine, «amigo», con lo que la traducción tendría que haber sido «Amigo Fiel», sin lugar a dudas mucho más adecuado. Es un error muy similar al que se cometió cuando en algunos casos se tradujo Elfwine como «Elfovino» en lugar de como «Amigo de los Elfos».