Todo parece encajar: Valle se fundó tras del segundo establecimiento de los Enanos en Erebor y se dice que los reyes mandaban a buscar a los herreros Enanos… pero ¿los reyes de dónde? No los de Valle, desde luego, que no fue un reino hasta que, tras la reconstrucción de la ciudad en al año 2944 T.E., Bardo, se convirtió en su primer Rey;[6] hasta entonces no había sido más que «el señorío de Valle». De aquel que había dado muerte a Smaug y que luego fue Rey se dice:
Bardo descendía en línea directa de Girion, Señor de Valle …
El Hobbit, «Fuego y agua», p. 234
Una vez descartado Valle, el siguiente reino candidato a ser la patria de Bladorthin, por proximidad geográfica, es Rhovanion. Pero sólo hay constancia del nombre de un Rey de esas tierras: Vidugavia. En los «Anales de los Reyes y Gobernantes» se dice lo siguiente:
Rómendacil dio muestras de favor especial a Vidugavia, que lo había ayudado en la guerra. Se llamó a sí mismo Rey de Rhovanion, y era por cierto el más poderoso de los príncipes del Norte, aunque su propio reino estaba entre el Bosque Verde y el Río Celduin.
El Retorno del Rey, «Apéndice A», p. 377
Esto sucedió a mediados del siglo XIII de la Tercera Edad, mil quinientos años antes de la época de Bladorthin; pero nada más se sabe del linaje (si es que lo hubo) de Vidugavia, que se autoproclamó Rey aprovechando la amistad de Rómendacil II, decimonoveno Rey de Gondor. La posibilidad de que Bladorthin fuese un lejano descendiente de Vidugavia no es totalmente descartable, aunque ciertamente resulta muy poco probable.
¿Qué queda entonces? En el siglo XXVIII de la Tercera Edad hacía ochocientos años que había muerto el último Rey de Gondor, y novecientos que había caído Arthedain, desapareciendo así el Reino Septentrional. El único reino de Hombres del que existen claras referencias en los últimos siglos de la Tercera Edad (además de Valle y antes de la subida al trono de Aragorn) es Rohan. Pero Rohan estaba considerablemente lejos de Erebor, a más de 700 millas, con el añadido de que no hay registro en el Linaje de los Reyes de la Marca de ningún Rey Bladorthin (y, de hecho, de ningún Rey con nombre élfico).[7]
Llegados a este punto, Bladorthin parece haber sido Rey de… de ninguna parte. Por suerte, hay un lugar casi tan misterioso como el propio Bladorthin, una región que en El Hobbit aparece citada sólo en dos ocasiones (además de algunos comentarios en Las Baladas de Beleriand y en El Camino Perdido) y que cumple una serie de requisitos que debería tener la tierra de Bladorthin; a saber: haber estado bajo la influencia númenóreana, y de ahí el uso de nombres élficos; ser una tierra rica, con grandes ingresos procedentes del comercio con sus vecinos, que permitiese a sus monarcas tener gustos refinados (en materia de armamento, por ejemplo); y, por último, estar relativamente cerca de la Montaña Solitaria, con buenas vías de comunicación, aunque lobastante lejos para que resultase un reino lo suficientemente «enigmático». Ese lugar existe, y se llama Dorwinion, y la primera vez que se cita en El Hobbit es la siguiente:
Tiene que ser un vino muy poderoso el que ponga somnoliento a un elfo del bosque; pero este vino, parecía, era la embriagadora cosecha de los grandes jardines de Dorwinion …
El Hobbit, «Barriles de contrabando», p. 170
La situación geográfica exacta de Dorwinion tampoco está exenta de controversia,[8] aunque todo parece indicar que la más lógica es la comentada en una nota en Las Baladas de Beleriand:
En el mapa decorado por Pauline Baynes Dorwinion está marcado como una región en las costas noroccidentales del Mar de Rhûn. Hay que pensar que éste, como otros nombres del mapa, le fue comunicado por mi padre (véase Cuentos Inconclusos, p. 331, n.), pero su ubicación resulta más bien sorprendente.
Las Baladas de Beleriand, «La Balada de los Hijos de Húrin», p. 37, n.
La posición de Dorwinion en la costa noroccidental del Mar de Rhûn resulta ideal: comunicado directamente con Erebor y Esgaroth por medio del Celduin (el Río Rápido), no muy cerca, pero tampoco excesivamente lejos (a unas 450 millas a vuelo de cuervo). Además, y precisamente por su situación, protegido por el Mar de Rhûn por el este, por el Celduin al norte y por un terreno de colinas al sur, estaba considerablemente bien defendido de las diferentes invasiones de pueblos del Este –Aurigas, Balchoth, Orientales–.
La prosperidad económica estaba así mismo asegurada, como no podía ser menos en una tierra que producía un vino de tal calidad que era capaz de satisfacer los paladares élficos más exquisitos; pero ¿y la influencia númenóreana? Los Hombres de Númenor nunca llegaron tan al interior de la Tierra Media durante sus incursiones en la Segunda Edad, pero sí los Gondorianos en la Tercera: a partir del año 500 T.E., y durante los reinados de Rómendacil («Vencedor del Este») y, sobre todo, su hijo Turambar, el domino de Gondor llegó hasta más allá del Anduin; así, al principio del segundo milenio de la Tercera Edad, en la cima de su poder, éstas eran las fronteras de Gondor:
El reino se extendía hacia el norte hasta Celebrant y los bordes australes del Bosque Negro; al oeste hasta el Aguada Gris; al este hasta el mar interior de Rhûn, al sur hasta el Río Harnen, y desde allí a lo largo de la costa hasta la península y el puerto de Umbar.
El Retorno del Rey, «Apéndice A», pp. 375-376
Esta situación se prolongó durante ochocientos años más, hasta que en 1856 T.E. el Rey Narmacil II cayó en batalla luchando contra los Aurigas, tras lo cual Gondor se vio obligado a replegar sus fronteras hasta el Anduin. Es decir, que Dorwinion fue una provincia de Gondor (o, si se prefiere, un «reino tributario», siempre que admitamos que aquellas tierras estaban gobernadas por un rey) durante, con seguridad, más de mil años… un período lo suficientemente largo de «inmersión cultural númenóreana».
El situar a Bladorthin como Rey de Dorwinion no es más que una teoría; pero al menos es una teoría sostenible, sobre todo cuando es prácticamente el único lugar en el que puede llegar a encajar. No se puede descartar a ciencia cierta que Bladorthin fuese un Rey de Rhovanion, lejano descendiente de Vidugavia, o quizá de algún otro reino cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros; pero, con seguridad, nuestro enigmático rey se habría mostrado satisfecho con el reino que hemos intentado encontrarle.
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[1].Este error permaneció desde la primera edición de El Hobbit (febrero de 1982) hasta, al menos, la publicada en diciembre de 1988 (de la que se ha extraído la cita que abre el artículo). Es posible que el error no se corrigiese hasta la publicación de El Hobbit anotado (Ediciones Minotauro, 1990), debido a que, como se verá, en una nota del autor se explica el origen élfico del nombre.
[2].De todas formas, hay que recordar que en el Voluspá, uno de los poemas del Elder Edda del que Tolkien sacó el nombre de todos los enanos, Gandalf es también un enano.
[3].Véase: «¿A qué se debe la rivalidad entre Enanos y Elfos?», p.
[4].Y posiblemente seguían allí, bajo la Montaña, como parte del tesoro custodiado por Smaug: «Detrás, en las paredes más próximas, podían verse confusamente cotas de malla, y hachas, espadas, lanzas y yelmos colgados …» (El Hobbit, «Información secreta», p. 203).
[5].Guía completa de la Tierra Media, p. 68
[6].«La Cuenta de los Años»; El Retorno del Rey, «Apéndice B», p. 426
[7].Los Reyes de la Marca durante el siglo XXVIII de la Tercera Edad fueron Déor, Gram, Helm, Fréaláf y Brytta.
[8].Véase: J.R.R. Tolkien: Preguntas frecuentes (y no tan frecuentes), «¿Qué hay al sur y al este de la Tierra Media en la Tercera Edad?», pp. 387-388.