¿Por qué decidió Tolkien cambiar una palabra tan bien documentada por otra de origen tan oscuro? Aparte de que, casi con total seguridad, él tenía muy clara la etimología de la palabra, y que quizá nunca pudo llegar a imaginar hasta que punto iba a ser «diseccionada» su obra, se me ocurre que pudo elegir la palabra Huorn por motivos meramente sonoros: Ornómi, Lamorni y Galbedirs son palabras que suenan muy bien, son muy «élficas» (sobre todo las dos primeras); pero Huorn resulta más gutural, más misteriosa y adecuada para las criaturas que iban a recibir ese nombre. Incluso la errada traducción al castellano ha mantenido parte de ese hálito misterioso.
La segunda posibilidad para explicar la etimología de hu- es muy curiosa, se podría decir que se trata de un ejercicio de interpretación realmente creativo. Y complicado. Patrick H. Wynne, en el ensayo citado anteriormente, propone que el origen (resumiendo mucho sus planteamientos) hay que buscarlo en la raíz KHUG-:
KHUG-ladrido. *khugan:[4] Q huan (húnen) sabueso; N Huan (nombre de perro); Q huo perro; N hû.
El Camino Perdido, «Las Etimologías», p. 422
Poca relación se puede encontrar entre los «árboles con voces» y los perros; pero si seguimos el, sin duda, elegante razonamiento de Wynne la cosa cambia. Para entenderlo mejor debemos repasar primero el que, sin duda, es el mejor ejemplo de esa peculiar forma de pensar de Tolkien respecto a las lenguas y a quienes las hablan: el significado de Quendi, el nombre con el que se designa a todos los Elfos, y que, según El Silmarillion, significa «los que hablan con voces».[5] Christopher hace la siguiente anotación al respecto:
Por tanto, podemos aceptar la etimología de *kwene, *kwn con el significado original de «hablar, hablante, alguien que usa el lenguaje oral». De hecho sería natural para los Elfos, que precisaban una palabra para designar a su propio linaje y distinguirlo de otras criaturas conocidas entonces, escoger el uso del habla como característica principal.
La Guerra de las Joyas, «Los Quendi y los Eldar», p. 456
Si esto lo aplicamos al caso que nos ocupa resulta que, aparentemente, nos encontramos con algo similar: la raíz (KHUG-, «ladrido») se refiere antes al sonido emitido que a quien lo emite (huo, hû, «perro»), con lo que los perros se definirían (en una muy libre interpretación) como «aquellos que se comunican con ladridos».
Lo que supone Wynne es que existe otra raíz, *KHU3- («gritar»), que si hubiera evolucionado de igual forma que otras palabras similares que sí están documentadas, habría derivado hasta llegar a *hû («voz»). Pero, ¿qué nexo hay entre KHUG- y *KHU3-?… pues, según esta teoría, ese nexo no es otro que Huan, el gran sabueso de los Valar que mató a Carcharoth, el terrible lobo de Angband, y que fue a su vez muerto por él. Y es que Huan gozó de un privilegio muy especial, pues…
… comprendía el lenguaje de todas las criaturas dotadas de voz; pero sólo le estaba permitido hablar con palabras tres veces antes de morir.
El Silmarillion, «De Beren y Lúthien», p. 195
Un perro (hû) con voz (*hû)… ¿se trata de una coincidencia?, ¿de un simple juego de palabras?, ¿Huan se llamaba así por ser perro o porque hablaba?, ¿estamos ante una explicación demasiado forzada? Sí, la solución propuesta quizá pueda incluirse en una de estas categorías, o incluso en todas, pero es indiscutible que su galanteo con el lenguaje le proporciona un delicioso «toque Tolkien» que la hace enormemente verosímil. Además, y aunque no sea más que un mal chiste, no deja de resultar gracioso que para resolver un misterio etimológico respecto a seres que tienen la facultad de hablar, hayamos tenido que juntar a unos viejos «amigos» como son árboles y perros.
[1].Horn, en inglés, significa cuerno, corno.
[2].En los números 45 y 46 de la revista Vinyar Tengwar se publicó una exhaustiva revisión por C. Hostetter y P. Wynne del manuscrito de «Las Etimologías», realizada sobre fotocopias del original (Addenda and Corrigenda to the Etymologies, «Añadidos y correcciones a las Etimologías»). Allí se aclara que la lectura correcta de hórea es «impulsivo» (como adjetivo) y no «impulsión» (un sustantivo).
[3].Véase la entrada correspondiente a la raíz OM- (El Camino Perdido, «Las Etimologías», pp. 437).
[4].El significado del asterisco colocado delante de ciertas palabras lo explica Tom Shippey de la siguiente manera: «… es la manera convencional de indicar que una palabra no aparece en ningún registro, pero que (seguramente) debió de existir; por supuesto hay muchas posibilidades de cometer errores al crear *-palabras, y *-cosas.» (J.R.R. Tolkien, autor del siglo, p. 16).