Los Silmarils

La sustancia con la que fueron creados los Silmarils recibió el nombre de silima en The Road Goes Ever On, como hemos visto anteriormente. Pero resulta más interesante la diferencia entre ambos textos respecto a las propiedades de las joyas. En El Silmarillion parece que es la bendición de Varda la que les otorga el poder de quemar y marchitar la carne mortal, las manos maculadas y todo aquello maligno. En cambio, en el texto B esa capacidad forma parte de la propia naturaleza de los Silmarils. 

Hay, además, otro aspecto interesante relacionado con la creación de los Silmarils: la posible influencia de los cabellos de Galadriel en Fëanor. Según parece, Fëanor estaba cautivado por ellos, hasta el punto de que pudieron inspirarle la idea de crear sus grandes joyas. 

«[Galadriel] Aun entre los Eldar se la encontraba hermosa, y sus cabellos se consideraban una maravilla sin par. Eran dorados como los de su padre y los de su antecesora Indis, pero más espeso y esplendoroso, porque en su oro había un matiz que recordaba la plata estelar de su madre; y los Eldar decían que la luz de los Dos Árboles, Laurelin y Telperion, había quedado enredada entre sus trenzas. Muchos consideraron que estas palabras hicieron pensar a Fëanor por primera vez en la posibilidad de capturar y mezclar la luz de los Árboles, que más tarde cobró forma en sus manos como los Silmarils. Porque Fëanor contemplaba los cabellos de Galadriel con asombro y deleite. Tres veces le pidió una trenza, pero Galadriel no quiso darle ni siquiera un cabello.» 

Los Pueblos de la Tierra Media, La marca de Fëanor, p.389

Fëanor, hijo de Finwë, el más grande de los Noldor, creó los Silmarils: tres joyas que reunían la luz de los Dos Árboles y que despertaron la codicia de Melkor. Este, mediante mentiras y engaños, consiguió que los Valar desterraran a Fëanor de Tirion y, tiempo después, destruyó los Dos Árboles, mató a Finwë y se apoderó de los Silmarils, que llevó consigo a la Tierra Media. Estos acontecimientos impulsaron a Fëanor y sus hijos a pronunciar un juramento que tendría graves consecuencias. 

«Sea amigo o enemigo, sea puro o impuro, 
engendro de Morgoth o brillante Vala,
Elda, Maia o Después Llegado,
Hombre aún por nacer en la Tierra Media,
ninguna ley, ni amor, ni alianza de espadas,
terror o peligro, ni el propio Destino,
lo defenderá de Fëanor y sus descendientes,
a quien esconda o atesore, o tome en la mano,
conserve o arroje lejos
un Silmaril. Esto juramos todos:
muerte le daremos antes del Día final,
desgraciado hasta el fin del mundo. ¡Escucha nuestras palabras,
Eru Padre de Todos! A la Oscuridad
sempiterna condénanos si nuestro juramento no cumplimos.
En la montaña sagrada escuchad como testigos
y recordad nuestro voto, Manwë y Varda.»

El Anillo de Morgoth, Los Anales de Aman, pp.135-136

Morgoth engarzó los tres Silmarils en una gran corona de hierro que nunca se quitaba, aunque su peso lo oprimía. Las joyas permanecieron mucho tiempo en su poder, hasta que Beren, un Hombre mortal, consiguió arrebatarle una de ellas con ayuda de Lúthien, hija de Thingol y Melian. El Silmaril llegó después a manos de Thingol y, tras su muerte, quedó en poder de Lúthien. Cuando esta murió, la joya pasó a su hijo Dior.

Para entonces, Fëanor llevaba mucho tiempo muerto, pero el juramento de sus hijos seguía vigente. Así se produjo la Segunda Matanza de Parientes: los hijos de Fëanor atacaron a Dior y a los suyos en Doriath, y muchos perdieron la vida. Elwing, hija de Dior, consiguió escapar con el Silmaril y llegó a las Desembocaduras del Sirion.

Allí Elwing conoció a Eärendil, hijo de Tuor e Idril, quien más tarde emprendió el viaje al Oeste con el Silmaril para solicitar ayuda a los Valar en la lucha contra Morgoth. Su petición fue escuchada y un gran ejército marchó hacia la Tierra Media para enfrentarse al Enemigo. Pero antes los Valar elevaron el navío Vingilot al cielo, con Eärendil al timón y el Silmaril sujeto a la frente.

«… cuando por primera vez Vingilot se hizo a la mar del cielo, se elevó de pronto, refulgente y brillante; y la gente de la Tierra Media lo vio desde lejos y se asombró, y lo tomaron por un signo, y lo llamaron Gil-Estel, la Estrella de la Gran Esperanza. Y cuando esta nueva estrella fue vista en el crepúsculo, Maedhros le habló a su hermano Maglor y le dijo: —¿No es acaso un Silmaril, que brilla ahora en el Occidente?»

El Silmarillion, Del viaje de Eärendil y la Guerra de la Cólera, p.341

El ejército de Occidente derrotó a Morgoth en la llamada Guerra de la Cólera, y recuperó los dos Silmarils que aún conservaba. Sin embargo, Maedhros y Maglor, los últimos hijos de Fëanor que aún vivían, no renunciaron al juramento. Mataron a quienes custodiaban las joyas y se apoderaron de ellas, aunque su posesión duraría poco: 

«Cada uno de ellos llevó uno de los Silmarils […]

Pero la joya quemaba la mano de Maedhros con un dolor insoportable; y entendió que era como había dicho Eönwë, y que no tenía derecho al Silmaril, y que el juramento no servía de nada. Y lleno de angustia y desesperación, se arrojó a una grieta de grandes fauces que despedían fuego, y así llegó a su fin; y el Silmaril que llevaba quedó sepultado en las entrañas de la Tierra.

Y se dice que Maglor no pudo resistir el dolor con el que el Silmaril lo atormentaba; y lo arrojó por fin al Mar, y que desde entonces anduvo sin rumbo por las costas cantando junto a las olas con dolor y remordimiento. Porque Maglor era grande entre los cantores de antaño, y sólo a Daeron de Doriath se nombra antes que él.»

El Silmarillion, Del viaje de Eärendil y la Guerra de la Cólera, p.346

«Y así fue que los Silmarils encontraron su prolongado hogar: uno en los aires del cielo, y uno en los fuegos del corazón del mundo, y uno en las aguas profundas.»

El Silmarillion, Del viaje de Eärendil y la Guerra de la Cólera, p.346

Pero ese no es el destino definitivo de las tres joyas. Según la profecía conocida como la Segunda Profecía de Mandos, después de la Última Batalla, la Dagor Dagorath, los Silmarils serán recuperados. La última versión conservada de este texto dice así:

«Cuando el mundo sea viejo y los Poderes se cansen, entonces Morgoth, viendo que la guardia duerme, regresará por la Puerta de la Noche del Vacío Intemporal, y destrozará el Sol y la Luna. Pero Eärendil descenderá sobre él como una llama blanca y abrasadora y lo expulsará del aire. Entonces se librará la Última Batalla en los campos de Valinor. Ese día Tulkas luchará con Morgoth, y a su derecha estará Eönwë, y a la izquierda Túrin Turambar, hijo de Húrin, y Beren Camlost, regresando del Destino de los Hombres al final del mundo; y la espada negra de Túrin dará a Morgoth la muerte y el final definitivo; y así serán vengados los hijos de Húrin y todos los Hombres. 

Después la Tierra será rota y rehecha, y los Silmarils se recuperarán del Aire, la Tierra y el Mar; porque Eärendil descenderá y entregará la llama que había custodiado. Entonces Fëanor tomará las Tres Joyas y las romperá, y con su fuego Yavanna reencenderá los Dos Árboles, y surgirá una gran luz. Y las montañas de Valinor se nivelarán, de modo que la Luz se extenderá por todo el mundo.»

El Camino Perdido, Quenta Silmarillion, pp.384-385

La Guerra de las Joyas, El Quenta Silmarillion posterior, p.292