Los Silmarils son unas joyas de gran importancia en el legendarium de Tolkien. El libro que conocemos como El Silmarillion, cuyo título podría traducirse como «De los Silmarils», narra su origen y las historias que giran en torno a ellas. Veamos a continuación qué sabemos de estas joyas.
Debemos señalar, en primer lugar, que el plural de «Silmaril», por tratarse de una palabra quenya, debería ser en realidad «Silmarilli». Sin embargo, Tolkien utilizó ambos términos, aunque empleó con mucha mayor frecuencia el primero.
En 1951, en la célebre carta a Milton Waldman, Tolkien tradujo esta palabra como «radiación de luz pura» (Cartas, p.176), pero su significado cambió a lo largo de los años.
En sus primeros escritos la palabra estaba compuesta por la raíz Sil «luna» y marilla «perla» (El libro de los Cuentos Perdidos 1, pp.323-324). Más tarde, en las Etimologías de los años treinta, pasó a ser una combinación de silima «plata, con brillo blanco» y ril «resplandecer» (El Camino Perdido, pp.443 y 445). Años después, Tolkien escribió que silima era el nombre «que Fëanor dio a la sustancia cristalina que él mismo ideó y que solo él era capaz de crear» (The Road Goes Ever On, 1968, p.65), mientras que ril significaba «luz brillante» (La marca de Fëanor, 1968, Los Pueblos de la Tierra Media, p.417, nota 42).
El primer texto conocido en el que Tolkien escribió sobre los Silmarils, aunque su fecha no puede establecerse con exactitud, data aproximadamente de 1920 y forma parte de los Cuentos Perdidos.
«Entonces se puso de pie Fëanor y se encontró con los Solosimpi y les rogó que le dieran una perla de gran tamaño, y obtuvo además una urna llena del más luminoso resplandor fosforescente recogido de la espuma en lugares oscuros, y con todo ello volvió a casa, y cogió todas las demás gemas y las puso a la luz de lámparas blancas y candelabros de plata, y cogió el lustre de las perlas y los débiles semitonos de los ópalos y los [¿bañó?] en la fosforescencia y el radiante rocío de Silpion, y agregó sólo una pequeña gota de la luz de Laurelin, y dando a todas esas mágicas luces un cuerpo de vidrio perfecto, que sólo él podía fabricar, pues ni siquiera Aulë era capaz de urdir otro semejante, tan grande era la esbelta destreza de los dedos de Fëanor, hizo una joya, y brillaba con su propia …. radiación en la completa oscuridad; y estuvo sentado largo tiempo contemplando su belleza. Y luego hizo otras dos, y no tuvo más material; y fue en busca de los demás para que vieran su obra, y todos se llenaron de asombro, y a esas joyas las llamó Silmarilli»
El libro de los Cuentos Perdidos 1, La llegada de los Elfos, p.159
Con el paso de los años y a través de sucesivas versiones, la descripción del origen de los Silmarils fue cambiando considerablemente. El último texto que Tolkien escribió sobre este asunto fue el que Christopher Tolkien identificó como texto B, un manuscrito mecanografiado de 1959. En él encontramos la siguiente descripción:
«En ese tiempo, pero antes de que se le concediera a Melkor libertad en la tierra de Aman, se hicieron las cosas que luego tuvieron más renombre entre todas las obras del pueblo de los Elfos. Porque Fëanor, llegado a la plenitud de su capacidad, había concebido un nuevo pensamiento, o quizás ocurrió que una sombra de presagio le había llegado del destino que se acercaba; y se preguntaba cómo la Luz de los Árboles, la gloria del Reino Bendecido, podría preservarse de un modo imperecedero. Y así inició una faena larga y secreta, y recurrió a toda la ciencia y el poder que poseía y sus sutiles habilidades para hacer unas joyas más maravillosas que cualquiera de las concebidas hasta entonces, cuya belleza duraría más allá del Fin.
Tres joyas hizo, y las llamó Silmarils. En el fuego viviente que ardía en su interior estaba mezclada la luz de los Dos Árboles. Brillaban con resplandor propio, aun en la oscuridad de la cámara más oscura y profunda; sin embargo, todas las luces que caían sobre ellas, por débiles que fueran, las recibían y devolvían en maravillosos colores a los que su propio fuego interior proporcionaba una belleza sin par. Ninguna carne mortal, ni manos maculadas, ni voluntad maligna, podía tocarlas sin quemarse ni marchitarse; ni podía romperlas fuerza alguna en todo el Reino de Arda.»
El Anillo de Morgoth, El Quenta Silmarillion posterior (II), p.315
La descripción que encontramos en El Silmarillion publicado presenta algunas diferencias respecto al texto B. Christopher Tolkien se basó principalmente en los Anales de Aman, un texto anterior al manuscrito B, para elaborar esta parte del relato.
«Los Silmarils tenían la forma de tres grandes joyas. Pero no hasta el Fin, cuando regrese Fëanor, que pereció antes de que el Sol apareciese, y que se sienta ahora en las Estancias de Espera y no vuelve entre los suyos; no hasta que el Sol transcurra y caiga la Luna, se conocerá la sustancia de que fueron hechos. Tenía la apariencia del cristal de diamante, y sin embargo era más inquebrantable todavía, de modo que ninguna violencia podía dañarla o romperla en el Reino de Arda. No obstante, ese cristal era a los Silmarils lo que es el cuerpo a los Hijos de Ilúvatar: la casa del fuego interior, que está dentro de él y sin embargo también en todas sus partes, y que le da vida […]
Todos los que vivían en Aman sintieron asombro y deleite ante la obra de Fëanor. Y Varda consagró los Silmarils, de modo que en adelante ninguna carne mortal, ni manos maculadas, ni nada maligno podría tocarlos sin quemarse y marchitarse»
El Silmarillion, De los Silmarils y la inquietud de los Noldor, p.87-88