El destino y el libre albedrío en el mundo de Tolkien

“Frodo merecía todo honor porque derramó hasta la última gota de la capacidad de su voluntad y de su cuerpo, y eso fue suficiente para llevarlo al punto destinado y no más allá. Muy pocos, quizá ninguno más de su tiempo, podrían haber llegado tan lejos. El Otro Poder se hizo cargo entonces del control: el Escritor de la Historia (por el que no me refiero a mí mismo), «esa persona siempre presente que nunca está ausente y nunca se la nombra»* (como ha dicho un crítico). Véase Vol.I**

*En realidad, llamado «el Único» en Apéndice A. Los Númenóreanos (y los Elfos) son monoteístas absolutos.

Carta 192. Cartas. p. 297, 518

El Escritor de la Historia no es otro que Eru, el Único, el Dios en el mundo de Tolkien, aquel que se reserva el derecho a meter el dedo de Dios en la historia (Carta 181, p. 276), y fue él quien intervino para salvar a Frodo, pues había llegado al límite de su voluntad y de su cuerpo. Fue una mediación divina que podríamos pensar que es puntual, una muestra de Piedad, pero se nos remite a la conversación entre Gandalf y Frodo en la que aparece la palabra destino (destinado). Creo importante mencionar que las palabras destinado en el texto de El Señor de los Anillos aparecen en cursiva.

**“[palabras de Gandalf a Frodo] Detrás de todo esto había algo más en juego, y que escapaba a los propósitos del hacedor del Anillo: no puedo explicarlo más claramente sino diciendo que Bilbo estaba destinado a encontrar el Anillo, y no por voluntad del hacedor. En tal caso, tú también estarías destinado a tenerlo.”

La Sombra del Pasado. La Comunidad del Anillo. p. 75

Si Bilbo estaba destinado a encontrar el Anillo y Frodo a tenerlo, entonces se puede decir que ciertos acontecimientos que ocurren en la Historia ya están escritos. El destino parece que forma parte del mundo de Tolkien, pero si es así podríamos preguntarnos si no es incompatible con el libre albedrío.

La doctrina filosófica del determinismo en su forma más débil admite el libre albedrío de los individuos dentro de un sistema determinista. En un mundo creado por Tolkien, con sus propias reglas, se podría aceptar que fuera posible la libre elección del individuo, aunque en ciertos momentos supeditada a la voluntad de Eru que se reserva el derecho a meter el dedo de Dios en la historia. Pero también es verdad que esto es aparentemente contradictorio con el propio concepto que da Tolkien de libre albedrío: para que pueda existir [el libre albedrío] es necesario que el Autor lo garantice, suceda lo que suceda, algo que no es posible si ciertos acontecimientos están predestinados a que sucedan. No obstante, este debate acerca de la compatibilidad de destino y libre albedrío no es el propósito de este artículo.

Volvamos a Frodo y aquello que sucede en el Monte del Destino. Hemos visto que fue la participación de Eru lo que posibilitó que se dieran ciertos acontecimientos que acabaron con la caída del Anillo al Fuego. Hay una carta, la carta 246 que habla acerca de esa intervención.

“Frodo había hecho lo que podía y estaba exhausto (como instrumento de la Providencia) y había logrado una situación en la que el objeto de su búsqueda era alcanzable.”

Carta 246, Cartas, p. 380

En este texto se nombra a Frodo como un instrumento de la Providencia (de Eru o Dios) y él mismo se sentía de igual forma, como un instrumento del bien.

“[Frodo] …se veía a sí mismo y a todo lo que había hecho como un fracaso… Eso fue en realidad una tentación venida de la Oscuridad, una última chispa de orgullo: el deseo de haber vuelto como un “héroe”, no contento con ser el mero instrumento del bien.”

Carta 246, Cartas, p. 381-382

El ser un instrumento de algo sugiere que hay un propósito mayor, un plan que debe ser ejecutado o realizado. Un Plan Divino del que también forma parte, por otros motivos, Lúthien, Tuor y sus descendientes.

“…los de Lúthien (y Tuor) y la situación de sus descendientes fue un acto directo de Dios. La entrada en los Hombres de la corriente élfica representa, en verdad parte del Plan Divino para el ennoblecimiento de la Raza Humana, desde el principio destinada a desplazar a los Elfos.”

Carta 153, Cartas, p. 228-229

Sin duda en ese Plan de ennoblecimiento de la Raza Humana habría que añadir el matrimonio de Arwen y Aragorn.

“Hubo tres uniones entre los Eldar y los Edain: Lúthien y Beren; Idril y Tuor; Arwen y Aragorn. Por esta última, las ramas desde tanto tiempo atrás divididas de los Medio Elfos, volvieron a unirse y el linaje fue restaurado.”

Apéndice A, El Retorno del Rey, p. 362

“Lo que se quiere decir es que fue Arwen la que primero pensó en enviar a Frodo al Oeste y rogó por él ante Gandalf… y utilizó como argumento su propia renuencia al derecho de ir al Oeste que ella tenía. Su renuncia y su sufrimiento estaban relacionados y mezclados con los de Frodo: ambos formaban parte de un plan para la regeneración del estado de los Hombres.”

Carta 246, Cartas, p. 381

Tolkien dijo que había libre elección, libre voluntad, pero también estamos viendo que existe un Plan Divino y que ciertos personajes participan en él. Están destinados a hacerlo como instrumento del bien. Personajes como Gildor, el elfo con el que Frodo se encuentra tras salir de la Comarca, podría ser uno de ellos.

“quizá este encuentro no sea del todo casual, pero el propósito no me parece claro y temo decir demasiado.”

Tres es compañía, La Comunidad del Anillo, p. 107

Con todas estas menciones al destino que llevamos observando, no es raro encontrarnos profecías en el mundo de Tolkien. Las profecías no dejan de ser predicciones que se hacen de hechos futuros, y según una acepción de la RAE, por inspiración divina o sobrenatural. De este modo, esas profecías “dicen” el destino de personajes u hechos, como, por ejemplo, la profecía de Glorfindel y el Rey Brujo: “¡No lo persigas! No volverá a esta tierra. Lejos está todavía su condenación, y no caerá por mano de hombre” (El Retorno del Rey, p. 383). Unas profecías que se cumplirán y Él (Eru) intervendrá, si es necesario, para que así sea, pues esa es su voluntad, su Plan.

Para concluir, nada mejor que hacerlo con las palabras de Gandalf a Bilbo.

“¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia, ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!’”.

La última jornada, El Hobbit, p. 360