¿Qué ocurrió en la Tierra Media creada por John Ronald Reuel Tolkien el 29 (y el 30) de febrero? ¡Os lo contamos a continuación!
Seguimos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con dos jornadas (ver nota) en las que dos Hobbits atraparon a un fisgón, en la que otros dos Hobbits consiguieron escapar y encontrarse con una de las criaturas más longevas y venerables, en las que un grupo de Orcos fue destruido, en la que un Capitán de Gondor vio el bote funerario de su hermano, y en la que tres cazadores conocieron a uno de los Mariscales de la Marca.
Insistimos una vez más en que que todas las fechas se corresponden con el Calendario de la Comarca o con el Cómputo del Rey (ver nota), y que todas ellas proceden de ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices) y los ‘Cuentos Inconclusos‘ de J.R.R. Tolkien, y del ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de Lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.
Como es habitual nos gusta acompañar estos eventos con citas de los libros de Tolkien y con ilustraciones de distintos artistas, pero no siempre encontramos imágenes que ilustren los momentos de los que hablamos, o que reflejen fielmente todo lo descrito por el Profesor.
Sin más dilación esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 29 (y el 30) de febrero.
29 de febrero
Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:
* Frodo y Sam descienden de un acantilado utilizando la cuerda de Lórien, que se suelta sola. Por la noche Gollum los ataca, y tras un forcejeo, lo capturan. Gollum se ofrece como guía.
* Grishnákh registra a Merry y a Pippin en busca del Anillo y se los lleva lejos del resto de Orcos.
* Merry y Pippin consiguen desatorse y escapar. Entran en el bosque de Fangorn y se encuentran con Bárbol. Bárbol los lleva a su casa y les da de beber.
* El éored de Éomer ataca a la tropa de Orcos y la aniquila. Éomer mata a Uglúk.
* Los Tres Cazadores ven un amancer rojo.
* Faramir ve el bote funerario de Boromir.
(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)
(Frodo y Sam en Emyn Muil, según la artista Karin Brouwer)
“—Quizás yo no sea muy ducho en eso de escalar montañas, señor Frodo —dijo con aire ofendido—, pero de cuerdas y nudos algo sé. Me viene de familia, por así decir. Mi abuelo, y después de él mi tío Andy, el hermano mayor del Tío, tuvo durante muchos años una cordelería cerca de Campo del Cordelero. Y nadie hubiera podido atar a ese tocón un nudo más seguro que el mío, en la Comarca o fuera de ella.
—Entonces la cuerda ha tenido que romperse… al rozar contra el borde de la roca, supongo —dijo Frodo.
—¡Apuesto a que no! —dijo Sam en un tono aún más ofendido. Se agachó y examinó los dos cabos—. No, no me equivoco. ¡Ni una sola hebra!
—Entonces me temo que haya sido el nudo —dijo Frodo.
Sam sacudió la cabeza sin responder. Se pasaba la cuerda entre los dedos, pensativo.
—Como quiera, señor Frodo —dijo por último—, pero para mí la cuerda se soltó sola… cuando yo la llamé. —La enrolló y la guardó cariñosamente.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 1: Sméagol domado).
(Frodo, Sam y Gollum, según el artista inglés Alan Lee)
“Las cosas habrían terminado mal para Sam si hubiera estado solo. Pero Frodo se levantó de un salto, desenvainando a Dardo. Con la mano izquierda tomó a Gollum por los cabellos ralos y lacios y le tironeó la cabeza hacia atrás, estirándole el pescuezo, y obligándolo a fijar en el cielo los pálidos ojos venenosos.
—¡Suéltalo, Gollum! —dijo—. Esta espada es Dardo. Ya la has visto antes. ¡Suéltalo, o esta vez sentirás la hoja! ¡Te degollaré!”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 1: Sméagol domado).
(Frodo, Sam y Gollum, según el artista estadounidense Darrell K. Sweet)
“—Muy bien —respondió en voz alta, bajando la espada—. Pero todavía tengo miedo. Y sin embargo, como ves, no tocaré a este desgraciado. Porque ahora que lo veo, me inspira lástima.
Sam clavó la mirada en su amo, que parecía hablar con alguien que no estaba allí. Gollum alzó la cabeza.
—Sssí, somos desgraciados, tesoro —gimió—. ¡Miseria! ¡Miseria! Los Hobbits no nos matarán, buenos Hobbits.
—No, no te mataremos —dijo Frodo—. Pero tampoco te soltaremos. Eres todo maldad y malicia, Gollum. Tendrás que venir con nosotros, sólo eso, para que podamos vigilarte. Pero tú tendrás que ayudarnos, si puedes. Favor por favor.
—Sí, sí, por supuesto —dijo Gollum incorporándose—. ¡Buenos Hobbits! Iremos con ellos. Les buscaremos caminos seguros en la oscuridad, sí. ¿Y a dónde van ellos por estas tierras frías, preguntamos, sí, preguntamos?”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 1: Sméagol domado).
(Grishnákh, según el artista brasileño Claudio Pozas)
“La idea se le ocurrió de pronto a Pippin, como si le hubiera llegado directamente de los pensamientos que urgían al Orco. ‘¡Grishnákh conoce la existencia del Anillo! Está buscándolo, mientras Uglúk se ocupa de otras cosas; es probable que lo quiera para él.’ Pippin sintió un miedo helado en el corazón, pero preguntándose al mismo tiempo cómo podría utilizar en provecho propio el deseo de Grishnákh.
—No creo que ese sea el modo —murmuró—. No es fácil de encontrar.
—¿Encontrar? —dijo Grishnákh; los dedos dejaron de hurgar y se cerraron en el hombro de Pippin—. ¿Encontrar qué? ¿De qué estás hablando, pequeño?
Pippin calló un momento. Luego, de pronto, gorgoteó en la oscuridad: ‘gollum, gollum’.
—Nada, mi tesoro —añadió.
Los Hobbits sintieron que los dedos se le crispaban a Grishnákh.
—¡Oh ah! —siseó la criatura entre dientes—. Eso es lo que quieres decir, ¿eh? ¡Oh ah! Muy, pero muy peligroso, mis pequeños.
—Quizá —dijo Merry, atento ahora y advirtiendo la sospecha de Pippin—. Quizás, y no sólo para nosotros. Claro que usted sabrá mejor de qué se trata. ¿Lo quiere, o no? ¿Y qué daría por él?”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).
(Merry y Pippin entran en el bosque de Fangorn, según el artista inglés Joe Gilronan)
“—¡Adelante, Maese Brandigamo! —dijo Pippin—. ¡O demos media vuelta! Nos han advertido a propósito de Fangorn. Pero alguien tan avisado como tú no puede haberlo olvidado.
—No lo he olvidado —respondió Merry—, pero aun así el bosque me parece preferible a regresar y encontrarnos en medio de una batalla.
Marchó adelante y se metió bajo las ramas enormes. Los árboles parecían no tener edad. Unas grandes barbas de liquen colgaban ante ellos, ondulando y balanceándose en la brisa. Desde el fondo de sombras los Hobbits se atrevieron a mirar atrás: pequeñas figuras furtivas que a la débil luz parecían niños Elfos en los abismos del tiempo mirando asombrados desde la Floresta Salvaje la luz de la primera Aurora.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).
(Rohirrim luchando con Uruk-hai, según el artista checo Jan Pospisil)
“El limbo del sol se elevó como un arco de fuego sobre las márgenes del mundo. Dando grandes gritos,los jinetes cargaron desde el este; la luz roja centelleaba sobre las mallas y las lanzas. Los Orcos aullaron y dispararon las flechas que les quedaban aún. Los Hobbits vieron que varios hombres caían; pero la línea de jinetes consiguió mantenerse a lo largo y por encima de la loma, y dando media vuelta cargaron otra vez. La mayoría de los Orcos que estaban aún con vida se desbandaron y huyeron, en distintas direcciones, y fueron perseguidos uno a uno hasta que casi todos murieron. Pero una tropa, apretada en una cuña negra, avanzó resuelta hacia el bosque. Subiendo por la pendiente cargaron contra los centinelas. Estaban acercándose, y parecía que iban a escapar: ya habían derribado a tres jinetes que les cerraban el paso.
—Nos hemos detenido demasiado tiempo —dijo Merry—. ¡Allí está Uglúk! No quisiera encontrármelo otra vez.
Los Hobbits se volvieron y se intemaron profundamente en las sombras del bosque.
Así fue como presenciaron la última resistencia, cuando Uglúk fue atrapado en el linde mismo del bosque. Allí murió al fin a manos de Éomer, el Tercer Mariscal de la Marca, que desmontó y luchó con él, espada contra espada.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).
(Bárbol, Merry y Pippin, según el artista británico Rodney Matthews)
“—Hrurn, hum —murmuró la voz, profunda como un instrumento de madera de voz muy grave—. ¡Muy curioso en verdad! No te apresures, esa es mi divisa. Pero sí os hubiera visto antes de oír vuestras voces (me gustaron, hermosas vocecitas que me recuerdan algo que no puedo precisar), si os hubiera visto antes de oíros, os habría aplastado en seguida, pues os habría tomado por pequeños Orcos, descubriendo tarde mi error. Muy raros sois en verdad. ¡Raíces y brotes, muy raros!
Pippin, aunque todavía muy asombrado, perdió el miedo. Sentía ante aquellos ojos una curiosa incertidumbre, pero ningún temor.
—Por favor —dijo—, ¿quién eres? ¿Y qué eres?
Una mirada rara asomó entonces a los viejos ojos, una suerte de cautela; los pozos profundos estaban de nuevo cubiertos.
—Hrm, bueno —respondió la voz—. En fin, soy un Ent, o así me llaman. Sí, Ent es la palabra. Soy el Ent, podríais decir, en vuestro lenguaje. Algunos me llaman Fangorn, otros Bárbol. Vosotros podéis llamarme Bárbol.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 4: Bárbel).
(Merry y Pippin en casa de Bárbol, según los hermanos Greg y Tim Hildebrandt)
“—Bueno, bueno, ahora podemos hablar otra vez —dijo Bárbol—. Tenéis sed, supongo. Quizá también estéis cansados. ¡Bebed! —Fue hasta el fondo de la bóveda donde se alineaban unas jarras de piedra, con tapas pesadas. Sacó una de las tapas, y metió un cucharón en la jarra, y llenó tres tazones, uno grande y dos más pequeños.
—Esta es una casa de Ent —dijo— y no hay asientos, me temo. Pero podéis sentaros en la mesa.
Alzando en vilo a los Hobbits los sentó en la gran losa de piedra, a unos seis pies del suelo, y allí se quedaron balanceando las piernas y bebiendo a pequeños sorbos.
La bebida parecía agua y en verdad el gusto era parecido al de los tragos que habían bebido antes a orillas del Entaguas cerca de los lindes del bosque, y sin embargo tenía también un aroma o sabor que ellos no podían describir: era débil, pero les recordaba el olor de un bosque distante que una brisa nocturna trae desde lejos. El efecto de la bebida comenzó a sentirse en los dedos de los pies, y subió firmemente por todos los miembros, refrescándolos y vigorizándolos, hasta las puntas mismas de los cabellos. En verdad los Hobbits sintieron que se les erizaban los cabellos, que ondeaban y se rizaban y crecían.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 4: Bárbel).
(Los Tres Cazadores, según el artista canadiense Ted Nasmith)
“Como otras veces Legolas fue el primero en despertar, si en verdad había dormido.
—¡Despertad! ¡Despertad! —gritó—. Es un amanecer rojo. Cosas extrañas nos esperan en los lindes del bosque. Buenas o malas, no lo sé, pero nos llaman. ¡Despertad!”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 2: Los jinetes de Rohan).
(Faramir ve la barca funeraria de Boromir, según el artista ruso Ewgene Peskov)
“Entonces vi, o me pareció ver, una barca que flotaba sobre el agua, gris y centelleante, una barca pequeña y rara de proa alta, y no había nadie en ella que la remase o la guiase.
Un temor misterioso me sobrecogió; una luz pálida envolvía la barca. Pero me levanté, y fui hasta la orilla, y entré en el río, pues algo me atraía hacia ella. Entonces la embarcación viró hacia mí, y flotó lentamente al alcance de mi mano. Yo me atreví a tocarla. Se hundía en el río, como si llevase una carga pesada, y me pareció, cuando pasó bajo mis ojos, que estaba casi llena de un agua transparente, y que de ella emanaba aquella luz, y que sumergido en el agua dormía un guerrero.
Tenía sobre la rodilla una espada rota. Y vi en su cuerpo muchas heridas. Era Boromir, mi hermano, muerto. Reconocí los atavíos, la espada, el rostro tan amado. Una única cosa eché de menos: el cuerno. Y vi una sola que no conocía: un hermoso cinturón de hojas de oro engarzadas le ceñía el talle. ‘¡Boromir!’, grité. ‘¿Dónde está tu cuerno? ¿A dónde vas? ¡Oh Boromir!’ Pero ya no estaba. La embarcación volvió al centro del río y se perdió centelleando en la noche. Fue como un sueño, pero no era un sueño, pues no hubo un despertar. Y no dudo que ha muerto y que ha pasado por el río rumbo al Mar.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 5: Una ventana al Oeste).
30 de febrero
Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:
* Frodo y Sam, guiados por Gollum, avanzan a través de Emyn Muil.
* Reunión de la Cámara de los Ents. Merry y Pippin conocen a Ramaviva y pasan el día con él.
* Éomer se encuentra con los Tres Cazadores, y les da a Hasufel y a Arod.
* Lengua de Serpiente prohíbe la entrada a extraños y Éomer es hecho prisionero en Edoras por su desobediencia.
(Emyn Muil, según el artista británico Bill Corbett)
“Avanzaron a tientas por la oscura y sinuosa garganta durante un tiempo que a los fatigados pies de Frodo y Sam les pareció interminable. La garganta, luego de describir una curva a la izquierda, se volvía cada vez más ancha y menos profunda. Por fin el cielo empezó a clarear, pálido y gris, a las primeras luces del alba. Gollum, que hasta ese momento no había dado señales de fatiga, miró hacia arriba y se detuvo.
—El día se acerca —murmuró, como si el día pudiese oírlo y saltarle encima—. Sméagol se queda aquí. Yo me quedaré aquí y la Cara Amarilla no me verá.
—A nosotros nos alegraría ver el Sol —dijo Frodo—, pero también nos quedaremos: estamos demasiado cansados para seguir caminando.
—No es de sabios alegrarse de ver la Cara Amarilla —dijo Gollum—. Delata. Los Hobbits buenos y razonables se quedarán con Sméagol. Orcos y bestias inmundas rondan por aquí. Ven desde muy lejos. ¡Quedaos y escondeos conmigo!
Los tres se instalaron al pie de la pared rocosa, preparándose a descansar.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 2: A través de las ciénagas).
(Merry y Pippin en la Cámara de los Ents, según el artista estadounidense Michael Kaluta)
“Bárbol advirtió en seguida la inquietud de Pippin.
—Hm, ha, hey, mi Pippin —dijo y todos los otros Ents interrumpieron el canto—. Sois gente apresurada, lo había olvidado; y por otra parte es fatigoso escuchar un discurso que no se entiende. Podéis bajar ahora. Ya he transmitido vuestros nombres a la Cámara de los Ents, y ellos os han visto, y todos están de acuerdo en que no sois Orcos, y en que es necesario añadir otra línea a las viejas listas. No hemos ido más allá hasta ahora, pero hemos ido rápido tratándose de una Cámara de Ents. Tú y Merry podéis pasearos por el valle, si queréis. Hay un manantial de agua buena y fresca allá en la barranca norte. Todavía tenemos que decir algunas palabras antes que la asamblea comience de veras. Yo iré a veros y os contaré cómo van las cosas.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 4: Bárbel).
(Ramaviva, según el artista australiano Andy Smith)
“—Ha, hum, ¡vamos a dar un paseo, amigos míos! —dijo—. Me llamo Bregalad, lo que en vuestra lengua significa Ramaviva. Pero esto no es más que un apodo, por supuesto. Me llaman así desde el momento en que le dije sí a un Ent anciano antes que terminara de hacerme una pregunta. También bebo rápidamente y me voy cuando otros todavía están mojándose las barbas. ¡Venid conmigo!
Bajó dos brazos bien torneados y les dio una mano de dedos largos a cada uno de los Hobbits. Todo ese día caminaron con él por los bosques, cantando y riendo, pues Ramaviva reía a menudo. Reía si el sol salía de detrás de una nube, reía cuando encontraban un arroyo o un manantial: se inclinaba entonces y se refrescaba con agua los pies y la cabeza; reía a veces cuando se oía algún sonido o murmullo en los árboles. Cada vez que tropezaban con un fresno se detenía un rato con los brazos extendidos y cantaba, balanceándose.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 4: Bárbel).
(Los Rohirrim rodean a los Tres Cazadores, según el artista estadounidense James Turner Mohan)
“La tropa casi había pasado cuando Aragorn se incorporó de pronto y llamó en voz alta:
—¿Qué noticias hay del Norte, jinetes de Rohan?
Con una rapidez y una habilidad asombrosas, los jinetes refrenaron los caballos, dieron media vuelta, y regresaron a la carrera. Pronto los tres compañeros se encontraron dentro de un anillo de jinetes que se movían en círculos, subiendo y bajando por la falda de la colina, y acercándose cada vez más. Aragorn esperaba de pie, en silencio, y los otros estaban sentados sin moverse, preguntándose qué resultaría de todo aquello.
Sin una palabra o un grito, de súbito, los jinetes se detuvieron. Un muro de lanzas apuntaba hacia los extraños, y algunos de los hombres esgrimían arcos tendidos, con las flechas en las cuerdas.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 2: Los jinetes de Rohan).
(Éomer y los Tres Cazadores, según la artista alemana Anke Katrin Eißmann)
“Pero ahora, señor, ¿cómo podría ayudarte? Tendría que volver en seguida a avisar a Théoden. He hablado con cierta prudencia ante mis hombres. Es cierto que aún no estamos en guerra declarada con la Tierra Tenebrosa, y algunos, próximos a la oreja del rey, dan consejos cobardes, pero la guerra se acerca. No olvidamos nuestra vieja alianza con Gondor, y cuando ellos luchen los ayudaremos: así pienso yo y todos aquellos que me acompañan. La Marca del Este está a mi cuidado, el distrito del Tercer Mariscal, y he sacado de aquí todas las manadas y las gentes que las cuidan, dejando sólo unos pocos guardias y centinelas.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 2: Los jinetes de Rohan).
(Hasufel, según el artista serbio Dejan Delic)
“A ti no te he visto antes, pues eres joven, pero he hablado con Éomund, tu padre, y con Théoden hijo de Thengel. En otros tiempos los altos señores de estas tierras nunca hubieran obligado a un hombre a abandonar una búsqueda como la mía. Al menos mi obligación es clara: continuar. Vamos, hijo de Éomund, decídete a elegir. Ayúdanos, o en el peor de los casos déjanos en libertad. O aplica las leyes. Si así lo haces serán menos quienes regresen a tu guerra o a tu rey.
Éomer calló un momento, y al fin habló.
—Los dos tenemos prisa —dijo—. Mi compañía está tascando el freno, y tus esperanzas se debilitan hora a hora. Ésta es mi elección. Te dejaré ir, y además te prestaré unos caballos. Sólo te pido: cuando hayas terminado tu búsqueda, o la hayas abandonado, vuelve con los caballos por el Vado de Ent hasta Meduseld, la alta casa de Edoras donde Théoden reside ahora. Así le probarás que no me he equivocado. En esto quizá me juegue la vida, confiando en tu veracidad. No faltes a tu obligación.
—No lo haré —dijo Aragorn.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 2: Los jinetes de Rohan).
(Los Tres Cazadores llegan a los lindes de Fangorn, según la artista alemana Anke Katrin Eißmann)
“Al fin, cuando el sol declinaba, llegaron a los lindes del bosque, y en un claro que se abría entre los primeros árboles encontraron los restos de una gran hoguera: las cenizas estaban todavía calientes y humeaban. Al lado había una gran pila de cascos y cotas de malla, escudos hendidos, y espadas rotas, arcos y dardos y otros instrumentos de guerra, y sobre la pila una gran cabeza empalada: la insignia blanca podía verse aún en el casco destrozado. Más allá, no lejos del río, que fluía saliendo del bosque, había un montículo. Lo habían levantado recientemente: la tierra desnuda estaba recubierta de terrones con hierba, y alrededor habían clavado quince lanzas.
Aragorn y sus compañeros inspeccionaron todos los rincones del campo de batalla, pero la luz disminuía, y pronto cayó la noche, oscura y neblinoso. No habían encontrado aún ningún rastro de Merry y Pippin.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 2: Los jinetes de Rohan).
(Éomer, según el artista italiano Iván Cavini)
“—Mucho —dijo Gandalf—. Pero primero traed a Éomer. ¿Me equivoco al pensar que lo tenéis prisionero por consejo de Gríma, aquél a quien todos excepto vos llaman Lengua de Serpiente?
—Es verdad —dijo Théoden—. Éomer se rebeló contra mis órdenes y amenazó de muerte a Gríma en mi propio castillo.”
(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 6: El Rey del Castillo de Oro).
(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).
(*) Nota 2: En el Calendario de la Comarca todos los meses, incluyendo el mes de Solmath (febrero), tienen 30 días, además de cinco días adicionales (los dos días de Yule, los dos días de Lithe y el Día de Año Medio). Obviamente en el Calendario Gregoriano el mes de febrero solo tiene 28 días (29 en los años bisiestos, como 2016), por lo que en este día contamos los acontecimientos tanto del 29 como del 30 de febrero.

