Varios días habían pasado desde que Malenril abandonara la ciudad. Se encontraba en el bosque próximo meditando los acontecimientos que ocurrieran no hacia demasiado tiempo en su encuentro con aquella anciana. Por mucho tiempo lo había meditado y los antiguos árboles eran testigos mudos de su decisión.
Todo se remontaba a una mañana en principio tranquila dentro de la seguridad que se respiraba en la ciudad. Dirigía sus pasos por las calles para llegar al lugar de reunión de los dirigentes de la Alianza en busca de noticias, mas las encontraría en el lugar y la persona menos pensados.
El bullicio se elevaba en la ciudad con los juegos de los niños y las charlas de los mayores reunidos para hablar de tiempos pasados sobre los que aun no decidían si se les antojaban mejores. Mas de entre la gente surgió una anciana que detuvo la marcha del elfo, mientras caía en el suelo. Era una edain que había vivido ya más inviernos de los que soportaba su propia raza. Llevaba unas ropas raídas por los años de uso, que difícilmente ocultaba bajo un estropeado y sucio manto. Un pañuelo sobre la cabeza cubría sus grises cabellos y le enmarcaba un rostro ahora cubierto de arrugas, donde destacaban unos ojos que recordaban su sufrimiento, pero en los que aun era posible vislumbrar una belleza ya perdida, conservando aun la profundidad de su mirada.
-He de advertiros mi señor.- Sollozaba mientras el elfo intentaba levantarla. El peligro esta cerca. Lo he visto y pronto vendrá y todo se cumplirá desatando un poder mayor que cualquier ejercito conocido.
La gente comenzó a arremolinarse en torno, escuchando unas palabras ante las cuales la respuesta fue una risa contenida mientras un murmullo sobre la locura se extendía a su alrededor. Los guardias de la ciudad pronto se acercaron al tumulto, para ponerle orden y cuando vieron allí a uno de sus dirigentes, rápidamente se acercaron para que la mujer no le molestara, mas él les detuvo. Sentía lastima por la mujer pues en sus pies cubiertos de llagas y sangre mostraban los estragos de un largo viaje, y en el resto de su cuerpo se mostraba la carencia de alimento y de sueño.
-Llevadla a las casas de curación y que reciba los mejores cuidados. Más tarde yo mismo iré a visitarla.
-No hay tiempo. Ya no. Un gran poder se aproxima. Mis ojos lo han visto.
-¿De quien se trata?¿Dónde lo vio?- Pregunto uno de los soldados algo temeroso ante esas ultimas palabras, mientras el silencio se apodero de todos.
-Veo cosas- aclaró ella. Cosas que han de ser y que pronto llegaran. Y vendrá a la ciudad y la ciudad será arrasada.
Los guardias la ayudaron a levantarse y comenzaron a conducirla donde recibiría cuidados, pero aun habló algo más.
-Reclamara vuestra vida, mi señor. Os buscara y hasta que no os encuentre su furia no se detendrá. Tened cuidado.
Fueron estas sus últimas palabras antes de que el cansancio pudiera con ella y fuese llevada en brazos. La calma volvía lentamente a la ciudad, que pronto se olvido de ese comentario que sin duda, como se decía allí, era fruto de la locura y del daño de la edad. Pero el elfo se mostró callado. Algo en los ojos de aquella mujer le decía que todo era cierto, y que pronto las vidas de todos aquellos presentes correrían peligro. Y esa sensación que crecía en su interior pronto fue aumentada por otras sensaciones que aumentaban su temor.
Así había llegado a ese bosque en el que se oculto para evitar un daño a su pueblo que pronto llegaría. Una calma se apodero entonces de todo lo que le rodeaba y el silencio más espectral hizo callar incluso el trino de las aves del cielo. Mas pronto un gran retumbar inundó todos los alrededores.
No podía seguir oculto, mientras su pueblo sufría, pues algo en verdad le buscaba. Debía enfrentarse a su destino, y al cabo, condujo sus pasos hacia la ciudad, cuyas puertas pronto alcanzo.
En su interior los lamentos de los adultos ante lo que no comprendían, contrastaban con el jubilo de los niños más pequeños, que divertidos recordaban aquel divertido movimiento que había estremecido la ciudad y que ahora buscaban imitar subidos en algún carro. Y encima de aquel vocerío, se escuchaban los lamentos de los animales en sus cuadras, que nerviosos buscaban un medio de escapar, mientras los encargados de su cuidado buscaban tranquilizarlos.
Malenril condujo sus pasos hacia la posada pues prontamente conoció de su derrumbe y de que un extraño ser se encontraba en sus inmediaciones. En su interior se sentía vacilar, pero no cabía lugar para la duda ante aquel sufrimiento, así que continuo por la calle ahora desierta que le llevaría hasta la posada. Los soldados se encontraban en las inmediaciones temiendo actuar, pero al ver al capitán se tranquilizaron y mantuvieron sus posiciones.
El espectáculo que allí se presentaba ante sus ojos le dejó impactado. La gran posada se hallaba derrumbada, mientras algunos de sus compañeros conseguían salir pesadamente de sus escombros, aunque nadie aparentemente había sufrido daños graves. Y contemplando la ruina impasible se encontraba, una gran figura embozada, como si de una estatua se tratase. El momento había llegado y el elfo avanzó hasta situarse frente a él esperando su respuesta y que todo terminase, por el bien de su pueblo.