La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Biblioteca /* Anales del Valle */

Elboron caminaba silencioso por el gran pasillo central de la biblioteca en dirección al gran vesíbulo, absorto en sus pensamientos y solo distraído por el sordo retumbar de sus pisadas en el mármol.

Esa noche se le había hecho tarde repasando los últimos pergaminos llegados de Imladris. Fascinado, el apasionado bibliotecario había devorado las notas enviadas por Erestor ajeno al transcurrir del tiempo y sin darse cuenta de lo tardío de la hora.

Sólo el hambre había podido apartar su vista de los interesantes papeles que un mensajero había traído esa misma tarde. Dispuesto a saciar su apetito fue en busca de Vilmanion, pues el joven druedain aún se encontraría en el edificio y tendría alguna vianda que ofrecerle.

- Lástima que la cocina cerrara tan pronto - se compadeció Elboron en voz alta mientras se palpaba la chaqueta en busca de tabaco para su pipa - Ioreta hace unos pasteles de arándano riquísimos.

Al llegar al vestíbulo central una sorpresa lo aguardaba pues encontró al maestro escriba, mas no acabando los códices que le había encargado, sino acompañado por la dama Árawen y charlando animadamente de forma cariñosa.

- Veo que no soy el único rezagado esta noche - saludó el elfo con una amplia sonrisa - Te hacía en la ciudad ya, Árawen.

La elfa y el druedain se giraron y observaron sorprendios al bibliotecario, que suponían ya en sus aposentos de Ciudad Dragón.

- Aunque... por lo que veo, si soy el único que trabaja esta noche

Arawen y Vilmanion se enderezaron rápidamente, sorprendidos por la subita interrupcion.

--Disculpa--dijo el druedain--Creiamos que estarias en tus aposentos durmiendo.

--He estado estudiando manuscritos hasta tarde y habria seguido de no ser por el rijido de mi estomago. ¿Teneis algo de comer a mano?

--Yo tengo los restos de mi cena en mi despacho, pero deben estar ya muy frios. A parte de eso, ceo que encontraras poco más aqui a estas horas, a no ser que te lo prepares en la cocina.--Dijo Arawen, acercandose Elboron.--Ten aqui las llaves.

--Nosotros pensabamos irnos ya a casa, a no ser que se te ofrezca algo más.-Continuó Vilmanion.

[Editado por montag_f451 el 29-10-2005 22:59]

Elboron cogió el gran aro de llaves de la delicada mano de la elfa a la par que escuchaba al druedain hablar.

- A decir verdad he estado buscando el viejo calendario de la Biblioteca pues quería añadir ciertas anotaciones antes de archivar los manuscritos de Erestor - respondió a la pregunta del escriba - No obstante, a pesar de mis esfuerzos, no lo he encontrado.

Árawen sonrió dulcemente al escuchar las palabras del despistado sabio. No hacía ni dos días que se lo había entregado para que tratara de restaurarlo y ya lo había olvidado.

- Es algo preocupante - continuó el elfo ajeno a los pensamientos de su ayudante - pues en esos manuscritos se guardan todos los hechos acaecidos en el Valle desde su fundación. Sólo los maestros biliotecarios pueden escribir. Tantos años y yo lo he perdido.

- Vamos Elboron - le animó la elfa observando su triste semblante - no recuerdas que me lo entregaste ayer para restaurar las hojas de la época de Falastor.

Elboron alzó los ojos brillantes por la noticia y aplaudió ruidosamente.

- ¡Es maravilloso! - dijo alborozado - Sólo de pensar que se había perdido me temblaba el pulso. Creo que fumar una pipa me sentará bien - y sacando su aterciopelada bolsa de tabaco se sentó en uno de los sillones que adornaban el vestíbulo y se olvidó de sus amigos.

- Ultimamente está muy raro - murmuró Vilmanion al óido de su esposa siguiendo con los ojos al bibliotecario.

- Es posible - reconoció ella...

En medio de la noche, el tintineo de la campanilla sacó a Elborón de su estupor, quién levantándose pausadamente se dirigió a recibir a tan inoportuno viajero. Al abrir la puerta, una sonrisa y una preocupación cruzaron su rostro.

- Aliena!!! pero..que haces aquí? vamos pasa, pasa- Elborón miró a su amiga que sonreía pero con serio semblante.

- Algo está a punto de pasar, algo grave.

- Ven, hablemos en algún lugar más cómodo- Elboron pasó su brazo por los hombros de Aliena haciendola entrar en la estancia.

-De buenas intenciones está el infierno lleno-

-Fiaté tú de las aguas que duermen-

Hacía escasas horas que los amables enamorados que contaba a su servicio se habían marchado de la Biblioteca antes de la irrupción de Aliena.

Elboron frunció el ceño mientras iba en busca de una taza de té para su alterada amiga.

No era habitual verla en tal estado de excitación y si había caminado hasta allí en mitad de la noche el presagio del que hablaba debía ser verdaderamente funesto.

- No te molestes Elboron - oyó decir a Aliena desde el cómodo sillón donde la instaló - estoy bien.

- No lo dudo - repuso él mientras vertía unas gotas de licor en el agua - pero que menos que bebas algo caliente. Ahí fuera hace un frío aterrador y no dejas de ser mi huésped.

Los dos elfos continuaron conversando en la distancia mientras se calentaba el agua en el fogón de la cocina sin abordar el verdadero motivo que había traído a la maga hasta la casa del bibliotecario.

Una vez el agua empezó a hervir vertió varias hojas de té y con la humeante taza volvió al vestíbulo junto a Aliena que, agradecida, bebió la infusión con deleite mientras Elboron fumaba su larga pipa exhalando amplias volutas de humo sumidos en un agradable silencio.

Cuando se hubo tranquilizado y reconfortado, el elfo trató de abordar el inquietante asunto que la maga parecía presagiar.

- Lo cierto es que no esperaba tu visita tan tarde - observó distraidamente esperando la reacción de Aliena.

- En verdad te estuve buscando en tus aposentos de Ciudad Dragón, mas los guardias del palacio me sugirieron que quizá te encontrarías aquí y, a pesar de lo tardío de la hora, creí oportuno contarte algo que se me reveló en sueños.

- Sí... - dijo por toda respuesta Elboron