| Descripción del Personaje | Elviondel es un guerrero de mediana edad. Su cabello es largo y negro como el carbón. Vive en medio de un bosque, en un pequeño poblado. Tiene la fuerza de un ejército y le encanta el riesgo. El siempre es el primero en enfrentarse a algún temor. Es tenaz y valeroso. Tiene mucha paciencia, pero cuando se le agota es un guerrero incontrolable. Cree en supersticciones y en Dioses o en seres superiores como su Guardián. Tiene 30 años. Su nombre es …… Elviondel. Tambien llamado El Solitario, El Único, y otros. |
| Historia del Personaje | Me voy a presentar. Soy Elviondel y os voy a contar mi historia. Hace mucho tiempo estaba paseando por el Bosque Oscuro cuando de repente ví una cosa que brillaba en el suelo y fui a ver que era. Era una piedra, ¡y yo pensando que era algo de valor! Seguí caminando, pero al poco rato ¡Puf!, me caí en un hoyo. Ese hoyo era enorme. Yo caí encima de unas hojas con lo que amortiguó en gran parte el golpe, pero al fin al cabo me dolió la caída. Intenté escalar para salir, pero todos mis intentos eran fallidos, no conseguía salir. Yo tan cansado de hacer tanto esfuerzo me tumbé en aquel gran hoyo y me quedé durmiendo. Al despertarmé me ví envuelto de ratas. En un principio dije: – Qué asco. Saqué mi espada e intenté matarlas a todas, pero cuantas más mataba más aparecían. Aparentaban en un principio que ellas no se defendían y guardé mi espada dentro de su baina. Me tumbé en unas piedras y me quedé dormido. Al despertarme me incliné y mire hacia el agujero que estaba allá arriba y ví que cada vez se hacía más oscuro. – Se está haciendo de noche, eso es malo. A ver como salgo yo de aquí. Aburrido, cansado y hambriento me tumbé y empecé a gritar, "AYUDA". – Ayudaaaaaa, necesito ayuda. Estoy en el hoyo. Como no daba resultado, decidí no gritar más y hacer yo un agujero y así poder salir. Me acordé de lo que me había enseñado una vez mi Padre Valider. – Para encender fuego debes de coger dos piedras y frotarlas una contra otra y las chispas que desprenden deben de caer en las ramas. Lo hicé. La verdad es que me costó mucho encender el fuego, pero lo encendí. Ví totalmente la cueva. Era muy larga y ancha. Se oían goteras de agua que salían del techo. -Deberá de haber un río encima de este hoyo. Cogí un palo y lo encendí con fuego y fuí caminando por la cueva. Cada vez que me adentraba más, más frío tenía. Pero mi Madre Loira me dijo una vez: -Camina y camina y saldrás, pero si ves apagarse el fuego escapa, no hay aire y morirás. Seguí caminando y cada poco tiempo me fijaba en el fuego que había prendido en la ramilla. Eso era interminable. Me volví. El hoyo estaba obstruído por árboles. Tenía tanta hambre que decidí hacer una cosa que me daba mucho asco y era comer ratas, pero era lo único que tenía en aquel instante para comer. Cogí a una rata por la cola, la puse encima de una piedra. Saqué la espada y empecé a cortarla a la mitad. La limpié con ayuda de la punta de mi espada. Cerré los ojos y a la boca. No tenía tan mal sabor. Al día siguiente estaba sediento. No tenía agua. Recordé lo que me contó una vez un Anciano muy Sabío llamado Sevas: – Intenta fijarte en las cosas y podrás moverlas de sitio, pero para ello deberás tener fe en que puedes moverlas. Me fijé en una enorme piedra y pensé la puedo mover, la muevo, se mueve, … ¡no se mueve! Lo intenté otra vez. Miré la piedra y tuve fe de que la podía mover y ví con mis propios ojos esa inmensa piedra que se movía hacía mí, muy lentamente, pero se movía. La moví como unos 200 metros. Allí había un charco en donde caían muchas gotas de agua. Allí bebí y dije: – Esta agua está riquísima y muy fresca. Con los pasos de los días estuve pensando como salir de ese oscuro hoyo. Pasaron semanas y semanas y cada vez quedaban menos ramas con las que alumbrar la caberna. Pasaron pocas semanas más, cuando las ramas se agotaron. Me dije: – Este es mi fin. Pero, … una voz me dijo: – Ánimoooooooooo, Elviondel, ánimoooo! Me asusté. Pero le respondí: – ¿Quién eres? Me dijo: – Soy tu guardían. Exclamé: – Déjate ver, pues. Él me grito diciéndome: – Los Guardianes no nos dejamos ver. Estuve hablando con él horas y horas. Una vez el Guardián me dijo: – ¡Elviondel!, despiertate y mira al fondo de la caberna … Yo dije: – ¿Y para qué? Era capaz de ver en la oscuridad. Mis ojos se habían acostumbrado ya a la oscuridad. Cuando me aburría hablaba con mi Guardián, se llamaba Sanos. Él me dijo: – Caba un hoyo en aquella pared rocosa con ayuda de esa piedra puntiaguda. Con ayuda de esa piedra y de mi poder de mover las cosas, empecé a cavar el agujero por donde salir. Era una roca muy gruesa. Cabé, y cabé, … Pensaba siempre: – Esto es interminable. Y siempre me decía mi Guardián: – ¡ÁNIMO! Comía siempre la misma comida. Las ratas. Al final pensaba que me estaba comiendo un gran manjar. Cada día que pasaba dominaba con más facilidad el poder de mover las cosas. Era rápidisimo en hacerlo. Seguía y seguía excarvando, hasta que de repente, ví un rayo de luz y dije: – ALELUYA. Entré en el hoyo que había construído para salir y excarvé con mis manos. Ví el río, ví las montañas, ví el bosque, … estaba viendo muchas cosas, pero mis ojos no podían con tanta luz. Decidí entrar otra vez en el hoyo y esperar a la noche. Cuando salió la Luna salí y pude ver todo con más claridad. Quería correr, pero me caía. No tenía fuerza en las piernas. Mi Guardián me dijo: – Métete en el Río e intenta mover lo más rápido posible las piernas. Yo lo hice. Mi Guardián me dijo: – Escúchame bien, solo te lo voy a decir una vez. Tus ojos pueden ver en la oscuridad, pero la claridad te daña, pero si llevas puesto un vendaje ligero que mitigue el paso de la luz, podrás ver perfectamente, pero con alguna que otra molestía. Esa molestía se te pasará con el paso de los días. Yo me reía. Él me dijo: – Chico, ¡atíendeme!; es verdad. Puedes ver en la oscuridad y en la claridad, pero los primeros días te dolerán los ojos. No estás acostumbrado a la claridad. Llevas varios años bajo Tierra. Es normal. Otra cosa es qué puedes mover cosas, siempre y cuando tengas fe en que puedas moverlas. Y una última cosa, eres un genio en la espada, eres rápido. Tus piernas son rápidas, pero muy sensibles. ¡Si me necesitas vente a este Río o sino grita mi nombre! Y se fué. Yo le creí, pero me parecía todo muy raro. Salí del agua y corrí a toda prisa. Me comparaba con un guepardo. Era bastante rápido. Movía piedras de un lado para otro sin dificultad. Empezaba a ser de día, cuando me detuve porque me dolían mucho los ojos. Seguí caminando. Pero con mucho dolor en los ojos. Esperé a la noche. Cuando se hizo de noche, volví a correr. Cuando llegué a un pequeño poblado en donde pude leer: – Res, eso lo había puesto yo el mismo día que me caí en aquel hoyo. Era mi pueblo. Me acerqué a la casa de mis padres. Allí estaban ellos, cenando. Susurré: – Acercáos a la ventana. Ni se inmutaron. Les moví la mesa en donde estaban ellos cenando con mi poder. Ellos entonces se acercaron a la ventana, y dije: – Hola Padres. Mis padres me hicieron miles de preguntas, pero no pude entrar en casa por la claridad del fuego. Yo les conté todo lo que me había sucedido, pero no me creyeron. Al día siguiente me fuí a casa del herrero, pero ya había muerto. Me informé de donde podía encontrar un caballo blanco amaestrado. Una anciana me dijo: – Tú debes de ser Elviondel, ¿verdad? ¡Sh! Escucha. Yo te doy mi caballo blanco, pero a cambio debes de enseñarme el camino a tu Guardián. Yo dije: – No sé de que me habla. Ella respondió: – Buen chico, eres fuerte, llévate mi caballo y cuidalo. Me volví a casa y me fuí a buscar a una persona que supiese hacer buenos vendajes. Un vecino me hizo un vendaje a cambio de que le segase el campo. Y acepté. A los tres días me quité el vendaje y podía ver perfectamente durante el día. Apodé a mi caballo: "BLANCO". Con el paso de los días ya podía ver en el día sin la venda. Me entrené mucho para ser más fuerte. Nadie más supo lo que me ocurrió durante aquellos años que estuve desaparecido. Solo lo sabían mis padres pero no me creían. Ahora estoy esperando a que pase algo grande. |