| Descripción del Personaje | Hombre de piel oscura, 1.90 mts., cabello negro de brillo cobrizo. Sus ojos resaltan en una mirada intimidatoria la primera vez, y mucho más amena la segunda. Usa vestimentas ligeras. Es un sabedor de refugios. Además de sentirse extraño en un mundo de pieles más claras, procura hablar lo mínimo posible pero con certeza. Lleva como arma principal un hacha-maza de golpe letal que no usa salvo para asesinar a quien amenaza su vida. |
| Historia del Personaje | Síntesis: Pell’kan proviene de una tribu mestiza del sur lejano. Pertenece a la familia sacerdotal de Yarórmah, la que protege las vidas espirituales de muchas de las familias de la selva. Tras haber recibido de parte de un Vala un secreto, y tras conversarlo con los Sabios, tuvo que dejar a su gente. Su secreto salvaría a los corazones inocentes, si entre los vecinos un impuro decidía terminar con la esperanza, bastaría con saber que él era a quien debía eliminar. En el viaje que emprendió, sirviendo de guía, hacia el norte, la caravana sufrió terribles ataques en las que, a pesar de los esfuerzos, todos murieron. Milagrosamente, Pell’kán pudo sobrevivir, aunque fue dado por muerto por los atacantes, de los cuales dedujo que iban tras él. Siguiendo camino, exploró las zonas y algunos pueblos al norte de Haldanori. En cuanto tuvo conocimiento de lo que el Concilio de Nan-Tasarion representaba, allí se dirigió y pidió asilo, a cambio ofrecería sus servicios como “sabedor de refugios”. ___________________________________________________ Pell’kán desciende de hombres de piel del sur extremo, y hombres de la segunda casa de los Edain del Bosque Sur, de las regiones de los alrededores del Río Gwathló. Hombres del Bosque En los tiempos en que Sauron entablaba relaciones con los elfos herreros de Eregion. Tiempos en que Tar-Aldarion talaba el Bosque Sur. Los hombres que habitaban esas regiones estaban desconcertados, confundidos. Allí, un milenio antes de que el linaje que nos interesa se instituyera y partiera de allí, entre aquellos que se decía eran descendientes de la segunda casa de los hombres, comenzaron entonces las preocupaciones, la desintegración y los exilios. Cerca de cuarenta generaciones antes del alumbramiento que nos incumbe partió una caravana, hacia el sur. Aquella comunidad se guiaba por la fe en sus hombres más intuitivos y perceptivos, quienes sentían ya, que el tiempo comenzaría pronto a oscurecerse. Lo que no sabían era cuánta trascendencia tendría su viaje para el mundo del que ahora escapaban. Hombres de la Selva En el sur lejano habitan hombres negros, grandes y de costumbres “salvajes”. Las distintas familias sacerdotales han educado y cuidado espiritualmente a las tribus de toda la región, evolucionando desde el despertar de los Atani. Poco intervinieron los Valar en las vidas de esta gente, aunque no todas las fuerzas superiores se mantuvieron ajenas a ellos, la mayoría hace referencias al Gran Amigo quien les inculcó los primeros valores. Le dieron el nombre de Mbal-Id, y aunque ya no vive cerca de ellos, se sabe que existe todavía en alguna parte de Arda. Una de las ordenes de sacerdotes, la de Ya’ormâh, predicaba que habría hombres del norte que se hermanarían trayendo consigo saberes que acarrearían grandeza a los pueblos de Y’Ormëa. Algunos siglos habrían de transcurrir. En ese transcurso, dentro de las familias sacerdotales se incluyeron algunos selectos hombres del Gwathló. Sacerdotes y Bastardos Mientras en Númenor se desata definitivamente la guerra interna, también la discordia se había apoderado de Y’Ormëa, aunque no se manifestaría aún hasta los tiempos de la fundación de los reinos de Arnor y Gondor. Fue cuando la señal se hizo clara. En pocas generaciones habría de llegar al sur un importante arma contra la oscuridad que salvaría a los inocentes. Bedamba, el Sacerdote Principal, se unió a Calith “Cabellos de Fuego”, una dama de linajes norteños. Y Lagda, una poderosa mujer de la familia sacerdotal fue prometida a Benurto, hermano Bedamba, también de la casta sacerdotal de los Ya’ormâh. Pero trágico fue el destino cuando la joven se sintió más conmovida por la simpleza de Ozdi-nuat, de linaje druadan. Ambos, maravillados el uno por el otro, escaparon. El tiempo devolvió a Lagda a manos del hombre de cabellos blancos. Aunque ya era algo tarde para revertir lo hecho, ella estaba encinta de Theaskan. Más tarde concebiría a Gra-urah hijo de Benurto y próximo sacerdote principal. De Bedamba y Calith nació Analíssë. Los rencores y el recelo permanecerían rondando entre las familias y los individuos. Theaskan y Analíssë fueron hombre y mujer, uno para el otro. Ellos concebirían a Pell’kán, alrededor del año 3230… De Pell’kán y su refugio en Haldanori Pell’kán se educó como un “sabedor de refugios”. Dícese que Ulmo se presentó a él una tarde y le dio la ubicación de las ruinas de Ormal en el mar al sur. Allí llevaría a todos los inocentes que no se unieran a las filas de Sauron en la Guerra del Anillo, aunque de eso ninguna información se le dio. Más tarde habló al Concejo, como prueba de su encuentro llevaba unas plumas de cisne, animal casi desconocido en esta región. Los cinco sacerdotes pudieron verlas y tocarlas, luego se desvanecieron. Pell’kan sólo les contó que “sé cómo proteger a los inocentes, pero si viviera entre no haría más que ponerlos en mayor peligro”. Aquello último quería decir que, aún no teniendo certeza de quien, si un vecino de alma oscurecida viviera cerca suyo, se estaría poniendo en juego la causa. Por aquello tras la reunión se decidió que Pell’kan partiría. Aquel día en que los inocentes lo requirieran sonaría en el pueblo una percusión, que, estuviese donde fuera, él oiría, y sabría entonces cuándo sería ya el tiempo de volver. Se dijo que Pell’kan se comprometería con una caravana de viajeros que partiría de tierra cercana hacia el norte. Y así fue, el hombre partió con un grupo de vecinos exploradores que iban a tomar conocimiento de los hechos de la Tierra Media. La caravana recorrió pocas semanas de viaje y fue atacada por unos hombres o bestias, no se supo, que se repetían que debían matar a todos, que hablaban del “hombre de las plumas de cisne”. La carnicería que aconteció es preferible siquiera imaginarla. Sólo uno pudo escapar sin que se supiera, esconderse el tiempo necesario y sobrevivir… |