Carta 53

Resumen

Últimamente la vida había sido tan ajetreada que Tolkien llevaba semanas sin ver a C. S. Lewis ni a Charles Williams, pero no había mucho que contar: ni diversión, ni entretenimiento, ni ideas nuevas, ni siquiera chistes breves y sin importancia, y hasta los periódicos no hablaban más que del alboroto de Teherán. A Tolkien le hacía una gracia enfermiza que el sanguinario asesino Josef Stalin invitara a todas las naciones a unirse para abolir la tiranía y la intolerancia. Tolkien pensaba que Winston Churchill parecía el mayor rufián en las fotografías.

Tolkien lamentaba que el mundo se estuviera volviendo más pequeño, más aburrido y más plano, y preveía que el saneamiento, el ánimo patriótico, el feminismo y la producción en masa estadounidenses se extenderían por todas partes, lo que al menos reduciría los viajes. El coronel Knox dijo que una octava parte del mundo hablaba «inglés», lo que Tolkien calificó de verdadera lástima. Pidió que la maldición de Babel se abatiera sobre todas las lenguas y se planteó negarse a hablar nada más que el antiguo merciano.

En serio, a Tolkien le aterrorizaba el cosmopolitismo americano. No estaba seguro de que la victoria fuera a suponer una mejora significativa para el mundo en su conjunto. Este era el sentimiento de mucha gente, pero no indicaba falta de patriotismo. Tolkien amaba Inglaterra, pero no Gran Bretaña y, desde luego, tampoco la Commonwealth británica. Sin embargo, si hubiera sido más joven, Tolkien pensaba que estaría quejándose en el ejército, dispuesto a llegar hasta el fin y con la esperanza de que las cosas pudieran salir mejor para Inglaterra.

En la edición ampliada
En el último párrafo, Tolkien relata los acontecimientos de una mañana agotadora, en la que se encontró con un oficial de la Fuerza Aérea polaca que quería «consultar a un filólogo».

Referencias

1. Esta ficha se ha importado inicialmente de TolkienGateway.net el día 27/05/2026.