Llanto entre el júbilo

Días haciagos nos envuelven,
nieblas grises nos consumen,
el temor está patente en las pupilas
de los ojos que ven saltar los fuegos,
allí, estruendosos, en la lejanía,
vaticinando nuestros muertos

Hombres, y una mujer escondida,
caminando junto a dispares criaturas,
caminando hacia una muerte anunciada,
siguen aferrados a una tenue esperanza

Un hombre entre las filas de Gondor
no tiene en mente ni gloria ni honor,
solo una mirada, una fragancia, una pasión,
volver a verla es su única oración

Las trompetas claman, las puertas se abren,
la horda enemiga por fin se divisa,
palabras de ánimo entre grandes temores,
aquí no hay heroes, sólo hombres en fila

El primer choqué, los gritos todo lo ahogan,
con furia, con brabura, como le dijo su padre,
haz que ellos te teman como tu les temes,
sus palabras resuenan como única ayuda

Luchad por el rey, luchad por la ciudad,
que yo lucharé únicamente por mi libertad,
su espada ya viste de nauseabundo verde,
su escudo cae partido por la maza enemiga,
entre el tumulto una flecha su pecho atraviesa,
cae, atravesado, el cuerpo ahora endeble

Gritos de sorpresa, las águilas han llegado,
el enemigo se sacude por la ayuda de los cielos,
una gran explosión seguida de un estruendo,
las piedras se desacen, la torre esta cayendo

Pero eso no lo pudo ver aquel soldado,
que en ningún libro se vió reflejado,
solo tuvo tiempo de pedir un deseo,
lo último, el poder decirle a ella adios

Las tropas vuelben al fin a casa,
la guerra ya está ganada,
las nuevas recorren las regiones,
y todo el reino estalla en vítores

Pero no todos, una mujer entre otras muchas,
cae rendida sobre la hierba, entre sollozos,
aquel al que ella tanto amaba no ha vuelto,
de nada sirve la victoria para quien lo ha perdido todo

Una brisa, un olor, le recuerdan a su marido,
enredandose como hojas en sus cabellos,
un susurro llega de la nada a sus oídos,
“siempre te querré, hasta pronto mi amor”