Partimos para ya no volver
Marchamos lejos de las bienamadas costas
Que se alzan sobre las olas
En orgullosos acantilados o suaves arenales
Y las extensas tierras que nos vieron sufrir
Y luchar con valor desesperado… y morir.
Verdes prados de hierbas ondulantes
Poderosas sierras de picos siempre nevados
Dejamos nuestros hogares de los reinos de los bosques
De los puertos y los valles.
Palido brilla el sol y gris es el color
De los caminos de la tierra media
Grandes tormentos y mayores pruebas
Nos han acechado en estos territorios
Acrecentando nuestro amor por ellas
Namarië endor, namarië
Siempre te llevaremos en el corazon
Y no pueden nuestras lagrimas
Dejar de brotar de nuestros ojos
Y correr por la faz entristecida
Y ya nunca te podremos olvidar
Pues por siempre te amaremos.
Partimos lejos de la devastacion del tiempo,
Lejos de los campos y los tumulos
Donde reposan los cuerpos sin vida
De aquellos q cayeron
En las guerras contra la sombra…
Oh, cuantas veces he deseado yacer con ellos!
Habiendo caido bajo la espada
Libre, por un tiempo, para descansar de los pesares
Y formar parte de aquellas gloriosas canciones.
Recitadas por los bardos mientras rasgan
Con dulzura las cuerdas del arpa
Mas ahora navegamos hacia las costas,
Para nosotros desconocidas, del oeste antiguo
Partimos con la incertidumbre…
¿que encontraremos tras la senda recta?
¿que terribles maravillas y bellezas nos aguardan?
La congoja en el espiritu por abandonaros
¡oh, tierras de aquende! Ni vivir junto a los valar
nos librara de la tristeza a los que, junto a vosotras,
crecimos y vivimos desde edades ya olvidadas.