La Verdad sobre Rohan

Ved a los bravos caballeros de Rohan
alegres y hermosos
volviendo de la batalla
con sangre sobre sus bruñidas espadas
y en sus lanzas cabezas de orcos.

¡Oh, los valientes jinetes de Rohan!
Cuando cabalgan al sol de poniente
¡Qué espectáculo más extraordinario!
Con sus largos cabellos rubios
cayendo en cascada sobre sus hombros
protegidos con armaduras brillantes.
Hasta un troll se estremece ante tal maravilla.

El valiente pueblo de Rohan
siempre firme ante sus enemigos
vencedor de terribles batallas
capaz de impresionantes gestas.
¡Cuánto valor!
¡Qué hermoso pueblo el de Rohan!
Reino de campos verdes.

¿Y la belleza de sus damas,
dotadas de un valor similar,
si no superior,
al de los hombres?
¡Qué poemas no poemas merece la hermosura,
blanca y perfecta,
el rubio esplendor de la mujer de Rohan!

¿Y la gallardía y cortesía,
de los nobles de este verde país?
Sin complicados protocolos,
sin normas rígidas.
¡Cuánta fraternidad en su sencillas ceremonias de respeto!
La nobleza de estos grandes gentilhombres,
bien ganada está siempre en los campos de batalla.

¡Qué grandes son los jinetes de Rohan!
¿Cómo no ver la camaradería en sus deportes,
el sano vigor de su juventud,
su amor por la batalla,
y la contienda justa?
Y la mierda de sus caballos
y los desperdicios de sus perros
que yo tengo que limpiar.
Y los palos que me han dado
en ocasiones sólo por placer
(una vez me tiraron un hueso a la cara,
y casi quedo tuerto,
tengo, desde entonces, una gran cicatriz).
Y las veces que me han humillado
cuando pasaba hambre
mientras sus monturas estaban hartas.
A menudo se ríen de mí,
por lo mal que huelo
después de cepillar sus caballerías.

Porque yo no soy un valiente jinete de Rohan.
yo he nacido (eso dicen) para servirlos.
Porque yo no soy hermoso y rubio,
porque yo (aunque también vivo –es un decir- en Rohan,
y de hecho, al parecer, antes que los Eorlingas)
no soy como ellos,
porque soy Dunlendino.