Al leer la última línea, Ingo recordó que su padre le dijo: “si necesitas ayuda y yo no estoy, ve al Fornost y pide consejo al sabio…”
El hobbits corrió a su pieza tomando su mochila y colocando dentro muchas cosas de viaje, tales como: 1 cuerda, sus 2 pipas de una madera muy refinada y particular (las cuales nunca olvidaba en ocasiones de viaje), frutas, callampas y papas cocidas las cuales envolvió en unos paños de colores muy llamativos, y por último lo más importante una cantimplora con agua.
-Lo haré por ti padre- dijo Ingo-
El hobbits fue al estante, saco uno de sus libros, el cual se titulaba: “Mapas”, y lo guardo en su mochila, luego saco una capa de su pieza y se la colocó, era una capa muy particular, su color era gris, muy liviana, con los tonos del crepúsculo bajo los árboles; pero si se le movía o se las ponía en otra luz, eran verdes como las hojas a la sombra o pardas como los campos en barbecho al anochecer o de plata oscura como el agua a la luz de las estrellas. La capa se cerraba al cuello con un broche que parecía una hoja verde de nervaduras de plata.
La capa se la regalo su padre cuando Ingo cumplió la mayoría de edad, a Higno se la dieron los Elfos por regalo de cumpleaños. Se colocó un cinto en dónde puso la espada.
Ingo salió de su agujero dejando atrás la Comarca y luego Hobbiton, su agujero quedo bajo el cuidado de su primo Fhingo. Era un día típico de Laire (verano), era día Dimar 26 (Martes 16) del mes favorito de Ingo, Solmath (Enero), ahora se internó en el camino del sur.
El ambiente fuera de Hobbiton era distinto, el hobbits lo notaba más espeso y molesto. Ingo comenzaba a llegar al Bosque viejo, en el transcurso del camino tomo mucha agua lo cual lo hidrataba dándole energía para seguir. La noche comenzaba a hacerse presente, llegaba el momento de descanso del hobbits. Se sentó a los pies de un gran árbol, sus hojas brillaban a la luz de la luna. El hobbits sacó su pipa la encendió y comenzó a entonar una canción a un tono bajo y decía:
“Caminante verde, caminante bajo, que puedes hacer con tus pies largos, cuando estás cerca de un gran lago, sólo lo pienso y luego lo hago”
La canción hablaba claramente de un hobbits viajero, el cual primero pensaba y luego tomaba sus decisiones. El hobbits comenzó a titubear y luego cayó dormido.
Al siguiente día Ingo despertó muy animado, retornando a su viaje, a medida que avanzaba entonaba su canción. Ahora el aire era menos denso que antes, pero aún seguía molesto. Ingo comenzaba a llegar al Fornost ubicado al sur de la comarca y desde lejos divisaba un árbol más grande y hermoso que diferenciaba de los otros, era allí dónde debía llegar.
3. El despertar de un Elfo y un Hobbits
El camino muy corto del bosque viejo al Fornost, al llegar pudo estar frente a un Mallorn, las ramas del mallorn eran casi horizontales al principio, y luego se curvaba había arriba; pero cerca de la copa el tronco se dividía en una corona de ramas, en ella había construida una plataforma de madera, unos seres llamados elfos la llamaban talan. Un agujero redondo en el centro permitía el acceso a la plataforma, y por allí pasaba la escala. El hobbits se asombro mucho al ver un mallorn (los mallorn de los que él sabía se encontraban en Lothlorien una región élfica) en el Fornost, pero también le gusto mucho por la forma que éste tenía. Ingo comenzó a subir la escala hasta llegar al talan, y allí estaba, era un elfo, tenía la estatura de un hombre, pero era hermoso, alto y erguido, el cabello era de un color oro resplandeciente, su cara era joven y hermosa, libre de temores y sin miedo a nada. Viste con una chaqueta amarrada a la cintura, de un verdoso muy brillante, le llegaba hasta las rodillas, unos pantalones del mismo color y botas cafés y la misma capa que la de Ingo.
-¿Qué se te ofrece? Maese…-dijo el elfo-
-Hobbits, soy un hobbits-respondió Ingo-
-Maese hobbits-dijo el elfo-
-Primero quisiera saber su nombre-dijo Ingo en tono de molestia-
-Mi nombre es Hal´Thet-dijo, inclinándose hacía el hobbits-¿Qué te trae a mi hogar?
-Esto- dijo Ingo sacando la espada del cinturón. Una sombra oscureció por completo el mallorn, y el elfo se cubrió los ojos en forma de desprecio hacía la espada.
-¡Que maleficio has traído!-gritó el elfo-
De pronto Hal´Thet tomó al hobbits de un brazo llevándolo de vuelta a la base del mallorn, el hobbits quedó abajo, pero en ese instante el elfo volvió a subir, al bajar traía un arco y un carcaj lleno de flechas. Cuando el elfo bajó, dio un silbido muy suave, apareciendo en el instante un caballo muy hermoso, de color café oscuro, sus pelos entre las orejas eran de color negro. El caballo recibía el nombre de Heru Laure, que significa señor de oro. Hal´Thet montó el caballo, y luego tomo a Ingo y lo subió delante, el caballo no tenía riendas ni silla, sólo lo manejaba de su hermoso pelaje. El elfo le dio una suave caricia y el caballo comenzó a correr, la velocidad era impresionante, corría como una liebre huyendo de su cazador. Dejó el Fornost en tan solo unos segundos. -La fortaleza de Dol Guldur debe ser destruida, en ese lugar se forjo ésta espada -dijo Hal´Thet-lo único que hay que hacer es acabar con Gintahuar, el nigromante- …Ingo no puso mucha atención al elfo ya que se había dado cuenta que a medida que el caballo avanzaba, más era la oscuridad que los cubría. Al Oeste crecía una sombra que resplandecía en el cielo, las nubes negras cubrían cada parte del cielo sin dejar un vacío. La brisa en el aire ya no era la misma, ahora era más espesa y molesta, para los ojos. Los árboles parecían más deprimidos, la mayoría tenía sus hojas caídas, lo que no era de aquella estación. Los animales corrían en busca de un hueco en dónde cobijarse, pero al parecer cada hueco era ocupado por la sombra de la maldad.
Se dirigían al Oeste y la espesa brisa no era un impedimento para el viaje del elfo y el hobbits. Habían pasado por el camino verde y comenzaban a internarse al Tharbard. De pronto tres flechas silbaron en el aire pasando sobre la cabeza de Hal´Thet, rápidamente colocó una flecha en su enorme arco y luego la lanzó sin dirección alguna, al instante se escuchó un gemido de dolor.
-Son orcos-dijo Hal´Thet-
-¿Qué es eso?-preguntó Ingo, con un poco de miedo-
-Fueron elfos-dijo Hal´Thet-elfos que caen en manos de la maldad, puestos en prisión, y por las lentas artes de la crueldad, corrompidos y esclavizados; así se crea la raza de los orcos, por envidia y en mofa de nosotros, de los que fueron después de los más fieros enemigos-
-¡Increíble!-dijo Ingo, con un miedo enorme-
5. El hundimiento de Dol Guldur
Hal´Thet frenó el caballo y al instante Ingo se bajo de éste.-Ahora caerán todas los malditos orcos-gritó Ingo desenvainado la espada-Los ojos del hobbits habían ennegrecido y su mirada ya no era la misma, sus manos parecían pegadas al mango de la espada.-¡¡Ingo mírame!!-grito Hal´Thet-
La mirada penetrante del hobbits se posaba en los ojos del elfo, mientras tanto que la sombra se acercaba cada vez más. De pronto una flecha se precipitó en el tobillo del hobbits. Hal´Thet tomó a Ingo y lo subió al caballo, sangraba y sangraba, pero el elfo no perdía la esperanza de que resistiera. Ahora un valor tremendo se posó en el corazón del elfo, y sólo dijo: lassi surinen! Y el caballo comenzó a correr. Ahora era Hal´Thet y las sombras. De repente una hueste de caballeros a caballo venía en dirección del elfo, al parecer se encontrarían con las sombras.
-¡¡Por Ingo!!-grito Hal´Thet y comenzó a correr en dirección de las sombras.
1, 2, 3, 4, y despertó el hobbits, parecía estar mejor, y sabía que había caído en la brujería de la espada.
-¿Qué sucedió?-se preguntó Ingo, clavando su mirada en dirección de las sombras.
El hobbits golpeó el caballo y comenzó a correr. 1, 2, 3, 4, al parecer era el grito de los hombres los cuales marchaban a Dol Guldur. El caballo lo llevó directamente a dónde estaba Hal´Thet.
-Hal´Thet, Hal´Thet-decía Ingo tomando la cabeza del elfo-¡¡ayúdenme!! Fue el último grito del día Dijov 27, en un mes de Solmath.
Abrió los ojos… y miró hacía arriba… era el mallorn, Hal´Thet estaba con vida y a su lado estaba el hobbits, sano y salvo.
-Que alegría volver a verte-dijo el elfo-
-La alegría es mía-dijo Ingo-
El hobbits sacó su pipa y comenzó a fumar, contándole de su familia y sus ancestros, al parecer se habían olvidado de la espada, la cual seguía en manos de Ingo…
FIN.