La historia de Neron y Bediamant

Los árboles buscaban sombras en sus hojas,
pero el calor impactaba sobre el follaje y consumía sus vidas.
La desesperación de las lágrimas élficas
intentaban otorgar alegrías fugitivas;
y el fuego amenazaba la esperanza de Bediamant que estaba perdida.

El amor que ella sentía era inmenso,
apreciaba a Neron más que a si misma,
pero lo estaba perdiendo
bajo la maldad de una herida,
que el egoísmo del pasado
y la traición del orgullo provocaban día a día.

Neron necesitó la mano firme de la ayuda pedida,
pero un rey egoísta le tendió miseria
en aquella hora de traidoras despedidas.
Un reino en llamas lloró la desaparición de vidas,
en aquella historia que el presente había restaurado con injusticia.

La hermosa elfa vio como su padre faltaba
a su amado en aquel momento de desconsuelo;
y sin otorgarle posibilidades de vida
lo empujaba al abismo oscuro y negro
que solo esa guerra ocasionó en ese día.
El corazón se le rompió en mil pedazos y huyó muy lejos.

Pero Neron no había muerto,
luchó con gran maestría aquella guerra inaudita;
y al terminar la batalla fue desterrado del reino.
Los motivos eran mentiras inventadas
que solo el rey conocía en su reino perverso.

Bediamant cayó en el dolor de la pérdida
y lloró largos años hasta llenarse de verdades fallidas.
Fue entonces cuando decidió trabajar el odio
y amenazar las mismas luces de alegría
que la sumieron en una oscuridad infinita.
Creó un ejército lleno de luz maldita.

Su reino era majestuoso y poderoso,
pero su corazón estaba lleno de dolor y odio
que sólo con aquella infame traición conoció.
Lo que no recordaba era que sintió un amor maravilloso
por aquellos bosques llenos de luces y lugares hermosos.

Neron siempre la buscó contra toda desesperanza,
pues ella le había enseñado a soñar y buscar esperanzas.
Luego de aquel destierro caminó errante por la vida
hasta que decidió buscarla en todos los rincones de la Tierra infinita.
No sabía que el dolor la había destruido de forma maligna,
y había trabajado su corazón con odio y mentiras.

Bediamant, hija de rey, estaba creando una guerra asesina,
con el propósito de olvidar aquel dolor que la carcomía.
Pero su ignorancia no sabía que la satisfacción no estaba en la venganza,
sino que la encontraría en el perdón y la alegría
que regalaría a Ihach, su padre, algún día.

Neron supo por los árboles qué pensaba hacer la elfa,
y sabía que debía detenerla antes de que lo hiciera
porque su corazón nunca le perdonaría
haberla dejado en la locura ocasionada por la ira.
Comenzó una búsqueda desesperada
que lo reencontró con la vida que él pensaba perdida.

Se abrazaron en aquel glorioso reencuentro,
y él le confesó que todo cuanto desea era volver a estar con ella.
Ella lo amaba, pero tenía que vengar aquello que le quitaron hacía un tiempo.
De improviso, supo Bediamant, que lo que le quitaron volvía…
Neron estaba con ella y no necesitaba vengarlo.

Él le habló de su destierro pero igual le propuso ir al reino,
la elfa se sintió triste pero mayor era la felicidad que poseía;
decidió ir a ver a su padre, y perdonarlo por aquello,
deseaba ser feliz con Neron y su familia,
comenzar de nuevo junto con su pueblo de elfos
y casarse con aquel elfo errante para otorgarle así, una estancia de alegría.

Así partieron a Galadhlebenlass, su pueblo,
que como su nombre indicaba poseía
un joven árbol de cinco hojas en el centro del reino;
adornado con flores únicas y bellas
que daban vida a aquel tronco nuevo.

Así la princesa se presentó delante del rey descontento,
quien con gran asombro advirtió su regreso,
el corazón de ambos se llenó de alegría frente a tal encuentro
y se disculparon con un profundo arrepentimiento
llenando de gloria los años que siguieron;
y Neron y Bediamant se casaron colmados de un amor eterno.